Mal de altura. Descripción

Descripción del mal de altura. Causas. Fisiología. Prevención y tratamiento

Mikel García Garcia 2009

Introducción

Mal de altura, ¿qué es exactamente? ¿Cuáles son los síntomas? ¿Qué precauciones debemos tomar para no arruinar nuestro viaje? ¿Es posible evitarlo?

La primera descripción del mal de alturas conocida se sitúa en el año 326 a.C. cuando Plutarco expone, en “Vidas Paralelas”, las incidencias de la expedición de Alejandro hacia la india, y cita textualmente “… pero el mayor peligro fue la falta de provisiones y la inestabilidad y ligereza de la atmósfera..”

Los Chinos 100 años a.C. citan las cordilleras de la zona montañosa de Txi-Pin con los nombres de Montañas del mayor y menor dolor de cabeza, en clara referencia al hecho de que todos los que por allí pasaban padecían dolor de cabeza, vértigos y vómitos, en mayor o menor grado. Hasta llegar a finales del siglo XVI, en que encontramos las primeras descripciones científicas del mal de alturas.

El jesuita José de Acosta describió de manera muy expresiva los padecimientos del mal de altura en un relato considerado como clásico: “… Noté un dolor de cabeza tan terrible que incluso pensé que iba a caerme del caballo estrellándome al suelo… inmediatamente después vinieron tales náuseas y vómitos que creí, en el esfuerzo, que iba a perder incluso el alma…”

En 1891 Guglielminetti, relata el proceso y fatal desenlace del joven médico Dr. Jacottet que en su afán de permanecer cerca de la cima de Mont Blanc, para estudiar y describir la evolución de su propia enfermedad de altura, de la cual estaba convencido que podría librarse sólo por su fuerza de voluntad .

Barcrof publica más descripciones sobre el mal de altura, consideradas también excelentes; Ravenhill, en 1913, ya apunta la posibilidad de que el mal de altura se presente de dos maneras diferentes, graves y en ocasiones de evolución fatal: una forma cardiaca que cursa con congestión pulmonar, y una forma cerebral con manifestaciones nerviosas. Houston, en 1960, describe con más detalles el edema pulmonar de altura.

El mal  agudo de montaña (MAM

Es una reacción fisiológica causada por la poca adaptación de nuestro organismo a la falta de oxígeno, cuando ascendemos rápidamente a altitudes superiores a los 2400 m. Y a partir de los 7500 m, comienza la llamada Zona de la Muerte, donde solo se puede permanecer algunas horas.

Causas

El mal agudo de montaña es causado por una reducción de la presión atmosférica y niveles más bajos de oxígeno a grandes alturas.

Esto se debe a que, cuanto más ascendemos disminuye la presión atmosférica y la presión de oxígeno, lo que provoca que inspiremos menos oxígeno, causándonos hipoxia (falta de oxígeno en la sangre).

A partir de los 2800 msnm (metros sobre el nivel del mar), se empieza a notar la disminución de la presión atmosférica. A partir de los 4800 msnm la disminución de la presión parcial de oxígeno es muy notoria. Ya no se encuentran viviendas habitadas permanentemente por el hombre. Empieza entonces una zona de deterioro progresivo donde no es posible la vida del humano de una manera prolongada. Nadie puede sobrevivir indefinidamente por encima de los 4.800 msnm  por disminución del metabolismo con una pérdida constante de peso que obligaría a descender a cotas inferiores.

Y al alcanzar los 7500 m la presión atmosférica es tan baja que al sistema respiratorio se le torna muy difícil conseguir oxígeno, y si no se está muy bien aclimatado, puede llevar a la muerte. Solo montanistas muy experimentados pueden superar los 7000 m y entrar a la Zona de la Muerte, pero pueden hacerlo por poco tiempo.

Cuanto más rápido ascienda a una mayor altitud, mayor será la probabilidad de padecer el mal agudo de montaña.

Hay mayor riesgo del mal agudo de montaña si:

Vive en o cerca al nivel del mar y viaja hasta una gran altura.

Ha tenido la enfermedad antes.

 

Los factores ambientales juegan un papel de primordial importancia:

Factores climáticos. Dentro de los cuales se encuentran el descenso de la temperatura ambiental a medida que se gana altura. La disminución de la humedad relativa y/o absoluta del aire presente en la montaña es capaz de sustraer del cuerpo mucho más vapor de agua que el aire de las zonas situadas a bajas alturas. La irradiación solar que suele ser de ordinario mucha más intensa que en las llanuras. El viento aumenta también en la altitud pues se encuentra ampliamente influido por el relieve, que se opone en mayor o menor grado a la circulación de las corrientes, siendo este elemento un importante factor de desperdicio calórico y de deshidratación para el organismo.

Incidencia

El mal de alturas afecta aproximadamente al 50% de los Montañistas que llegan o superan los 4,300 msnm.

Factores predisponentes

Los jóvenes y los ancianos son más susceptibles que las personas adultas. La velocidad de ascensión está directamente relacionada con la aparición del mal de altura.

Fisiologia

Fisiología del proceso de la aclimatación

 

El primer mecanismo que se pone en marcha es el cardiorrespiratorio, la frecuencia cardiaca y respiratoria aumentan en el intento de suplir con el incremento del volumen y velocidad de circulación, el descenso inicial del oxígeno en la atmósfera y, en consecuencia, en la sangre circulante.

El aumento de la ventilación pulmonar elimina grandes cantidades de dióxido de carbono reduciendo la presión del dióxido de carbono (PCO2) y aumentando el pH de los líquidos corporales, ambos cambios inhiben el centro respiratorio, en oposición a la estimulación de la hipoxia, sin embargo al cabo de tres a cinco días, esta inhibición desaparece, permitiendo que el centro respiratorio vuelva a responder enérgicamente a los estímulos de los quimiorreceptores originados por la hipoxia; la ventilación aumenta hasta 7 veces. Otra adaptación circulatoria consiste en el aumento, número y tamaño de los capilares de los tejidos, lo que se denomina como aumento de la vascularización

 

Aumento de los glóbulos rojos (poliglobulia fisiológica) y adaptación endocrina. El porcentaje celular sanguíneo (hematocrito) respecto al plasma, aumenta progresivamente desde el 45% hasta el 65% por término medio. El glóbulo rojo tiene por misión trasladar el oxígeno alveolar pulmonar hasta la célula a través de la sangre. La disminución del oxígeno disuelto en la sangre estimula la producción de glóbulos rojos en un intento de compensar el desequilibrio. Pero debe tenerse en cuenta que estos mecanismos aumento de la hemoglobina y del volumen sanguíneo son muy lentos y apenas se manifiestan posterior a dos o tres semanas después de la exposición a la altura.

Adaptación celular a la hipoxia a base de cambios enzimáticos, principalmente un aumento de la dotación mitocondrial y del pigmento muscular rico en oxígeno, llamado mioglobina (que es capaz de transportar 100 veces mayor cantidad de oxígeno que los glóbulos rojos). Es probable por tanto, que se pueda utilizar el oxígeno con mayor efectividad que las personas no aclimatadas.

La ascensión a una cima de 3500 m produce ya cambios adaptativos detectables: hiperventilación, alcalosis respiratoria, hipertensión pulmonar, caída del volumen cardiaco en un 25%, aumento del volumen circulatorio cerebral en un 25%, retención de fluidos y aumento de la secreción de eritropoyetina que, a su vez producirá la poliglobulina descrita. Si la ascensión se prolonga y progresa a mayor altura, se puede observar otros fenómenos de interés:

Disminución de la capacidad de trabajo expresada en volumen máximo de oxígeno que a una altura de 5360 m se reduce a un 50%. Este hecho es de vital importancia para comprender la disminución del rendimiento físico proporcional a la altura conseguida, aunque se realice con buena aclimatación. Se reducen por lo tanto los límites de trabajo y el Montañista debe ser consciente de este hecho y no continuar el mismo ritmo de ascensión que pudo haber logrado a alturas inferiores.

Proteinuria de altura: con la altura y la hipoxia se puede llegar a provocar un ascenso de seis veces superior a la normal en cifras de proteínas excretadas por la orina, que son detectables por tiras reactivas. Es de aparición precoz y su intensidad está directamente relacionada con los síntomas del mal de altura, por lo que se puede considerar como uno de los signos de aviso o alarma a tener en cuenta en la vigilancia de la aclimatación.

 

Respuesta fisiológica a la hipoxia:

Hay tres tipos de respuestas, aguda, crónica y de toda la vida. Diferentes respuestas que se dan ante la hipoxia aguda.

Respuesta ventilatoria a la hipoxia aguda:

Nuestro cuerpo, al percibir la falta de oxígeno (hipoxia), desencadena unos cambios fisiológicos que tratan de restaurar la homeostasis, restableciendo la presión parcial de oxígeno y el contenido de oxígeno en la sangre arterial.

Para ello, aumenta la ventilación, pues la hipoxia estimula los receptores carotídeos. Un ejemplo muy claro de esto es la necesidad de gastar más energía a grandes alturas, pues se da una mayor respuesta ventilatoria. Por esta misma razón, los escaladores que presentan una mayor respuesta ventilatoria suelen conseguir ascender a alturas superiores y se aclimatan mejor.

Además de esta respuesta ventilatoria, la hipoxia también provoca la caída de la presión parcial de O2 y CO2 en la sangre arterial, lo que a su vez genera un aumento de pH de la sangre. El descenso de uno (CO2) es consecuencia del descenso del contrario (O2), lo que genera un empeoramiento del intercambio de gases en los pulmones.

Respuesta cardiovascular a la hipoxia aguda:

Ahora nuestro cuerpo necesita contrarrestar la caída de CO2 y O2, por lo que aumenta el flujo sanguíneo a los tejidos. La hipoxia es detectada por unos receptores que aumentan la frecuencia de descarga, y esta información es recogida en el centro cardiocirculatorio del sistema nervioso central (SNC). Nuestro SNC responde causando un aumento de la frecuencia cardiaca, la fuerza de contracción ventricular y el gasto cardiaco en reposo, evitando la caída generalizada de la presión arterial.

Respuesta hematológica a la hipoxia aguda:

La disminución de O2 también afecta a la producción de glóbulos rojos, pues esta es detectada por el aparato yuxtaglomerular, que libera eritropoyetina (EPO). Esta EPO se encarga de generar nuevos glóbulos rojos. El aumento de esta producción permite un aumento de la resistencia al ejercicio físico y el rendimiento en ejercicio aeróbico, razón por la cuál es muy importante para la resistencia frente a la hipoxia. Sin embargo, sus niveles disminuyen a lo largo de 48 horas, cuando se alcanza la concentración basal.

La hemoglobina también es un factor importante a tener en cuenta en la respuesta hematológica. Esto es debido a que la 2,3-bisfosfoglicerato actúa como regulador alostérico entre las formas T y R de esta molécula. Así, puede unirse al bolsillo catalítico, estabilizando el estado T y haciendo que aumente el suministro de oxígeno a los tejidos cuando este escasea. Esto significa que el 2,3-BGF ayuda a contrarrestar los efectos de la hipoxia.

 

Respuesta adaptativa a la hipoxia permanente.

Aquellas personas que viven a grandes alturas están mejor preparados para soportar el incremento de altura y por lo tanto, son capaces de evadir el mal de altura con mayor éxito.

En un estudio realizado con tibetanos, andinos y residentes a nivel del mar, se observó que los tibetanos y andinos presentan como principal aspecto diferencial una capacidad de difusión pulmonar muy superior a la de los residentes a nivel del mar. Esto, a su vez, les permite hacer un intercambio de gases durante un esfuerzo físico en hipoxia con una menor hiperventilación, y además su intercambio de gases funciona mucho mejor.

¿Por qué? Hay tres características principales que suponen esta adaptación natural:

Las dimensiones de su tórax están particularmente aumentadas y su volumen corporal algo disminuido, con lo que hay una gran proporción entre capacidad de ventilación y masa corporal.

Su corazón derecho proporciona una presión arterial pulmonar elevada para impulsar sangre a través de un sistema capilar pulmonar dilatado.

El aporte de oxígeno de la sangre a los tejidos también está muy facilitado ya que poseen mayor cantidad de oxígeno a menor presión del mismo en la sangre dado por una mayor cantidad de hemoglobina.

En conclusión, las personas nacidas o residentes en zonas de grandes alturas están más preparados fisiológicamente para soportar la hipoxia, y con ello, evitar el mal de altura.

Síntomas

Síntomas

Los síntomas son variables según la persona. En algunos individuos los síntomas no llegan a manifestarse, en otros demoran algunos días,  pero también se pueden manifestar apenas algunas horas después de ascender o sentir los síntomas brevemente.

Signos de alarma del mal de altura

Aumento de la frecuencia respiratoria en reposo a más de 24 respiraciones por minuto. El cuerpo en su intento de suplir las necesidades de oxígeno aumenta la frecuencia respiratoria.

Disminución de la cantidad diaria de orina (oliguria) aunque se mantenga una buena ingesta de líquidos. Los líquidos dentro del cuerpo son retenidos para aumentar el volumen sanguíneo y con ello contrarrestar la mayor concentración de glóbulos rojos.

Proteinuria: un test con tiras reactivas repetidamente positivo puede tener gran valor predictivo. La aparición de proteínas en la orina en mayor cantidad de lo normal está directamente relacionada con el mal de altura y con la disminución de oxígeno disuelto en la sangre (hipoxemia).

Aumento de peso: durante la aclimatación, lo normal es que se produzca una pérdida progresiva de peso, que puede oscilar entre 2 y 15 kilos, según las alturas conseguidas y el tiempo transcurrido. En estas circunstancias la observación de una moderada y continuada elevación del peso nos informa de una retención de líquidos corporales y, a la vez, de una mayor incidencia del mal de altura en los que lo presentan.

Taquicardia de reposo: hay una relación directa entre altura y frecuencia cardiaca de reposo. Un desajuste en exceso o en manifiesto defecto son signos de la inadaptación cardiovascular.

Mal de montaña crónico

Un montañista que está expuesto a grandes alturas presentara los siguientes efectos:

La masa de glóbulos rojos y el valor del Hematocrito se vuelven excepcionalmente alto;

El ventrículo derecho sufre un aumento de tamaño;

La presión arterial periférica comienza a caer;

Sobreviene una insuficiencia cardiaca congestiva y la muerte puede ser frecuente, a menos que el Montañista descienda a menor altura.

 

Los síntomas también dependerán de la velocidad de su ascenso y de qué tanto esfuerzo haga. Van desde leves hasta potencialmente mortales y pueden afectar el sistema nervioso, los pulmones, los músculos y el corazón.

Los síntomas más frecuentes son.

El dolor de cabeza es generalmente occipital, bilateral de gran intensidad, aumenta por el movimiento y sacudidas de la cabeza, se acompaña de gran sensibilidad a los ruidos y a la luz y se calma poco con los analgésicos menores. Se considera la manifestación de la hipertensión craneal producida por el edema cerebral incipiente.

El insomnio también es un síntoma de defensa: la carencia de oxígeno, la falta de aclimatación produce un estado de alerta que, en caso de dormirse o de provocarse el sueño por ingerir hipnóticos, podría sufrir una perjudicial depresión de su respiración, con la consiguiente resaca y empeoramiento general a la mañana siguiente.

Muchas veces este insomnio tiene una causa fisiológica: los paros cortos e intermitentes de la respiración durante el sueño. Este tipo de alteración llamada respiración periódica o de Cheyne-stokes se produce cuando el centro cerebral que controla la respiración sufre una disminución en su sensibilidad, en su estado de alerta, y deja de dirigir la respiración, de impulsar los ciclos respiratorios hasta que no se le estimule de nuevo por una mucho mayor concentración de residuo respiratorio (anhídrido carbónico) de lo que necesita habitualmente.

Por esta razón, se produce un ciclo rítmico de alentamiento respiratorio (paro respiratorio transitorio y corto) 10-20 segundos y reanudación de la respiración con una corta aceleración que llega a ser respiración muy profunda, para volver al nuevo alentamiento y la nueva parada. A partir de los 3,500 m, es relativamente frecuente observar este fenómeno, y es bastante común por encima de los 5,000 m.

Es muy fácil de reconocer, el montañista cuando duerme respira con gran rapidez e intensidad, si se le continua observando se detecta que, a los pocos segundos, su respiración se torna lenta y bruscamente deja de respirar, quedando todo en silencio.

¿Qué representa este hecho? De entrada nos informará de una deficiente aclimatación de quien lo padece, y por otra parte a de saber que si el montañista que presenta la respiración periódica y padece insomnio no deberá nunca administrarle hipnóticos, los cuales pueden potenciar aun más este fenómeno, deprimiendo la respiración.

Otros síntomas más graves.

El mal de altura puede progresar apareciendo nauseas, vómitos de tipo central con intolerancia alimentaria, incoordinación de los movimientos y de la marcha (ataxia), disminución de la producción de la orina (oliguria), cambios psicológicos, indiferencia y perdida de la sensación de peligro, lasitud y/o somnolencia severa, hasta que aparecen síntomas específicos de edema pulmonar y edema cerebral.

Es de gran importancia que el Montañista conozca y sepa reconocer estos síntomas. Por ejemplo: el cambio brusco de actitud del compañero que empieza a hacer o decir cosas desprovistas del más elemental sentido de la prudencia o del peligro, su aparente indiferencia hacia lo que le rodea, puede progresar hasta extremos realmente peligrosos para su vida y la de los demás. En esta circunstancia, el Montañista debe ser enérgico y decidido en su actitud, debe descender acompañando al Montañista enfermo a las cotas lo más bajas posibles, esta será su mejor garantía de recuperación.

 

En la mayoría de los casos, los síntomas son leves. Los síntomas del mal agudo de montaña de leve a moderado pueden ser:

 

Dificultad para dormir

Mareo o sensación de vértigo

Fatiga

Dolor de cabeza

Inapetencia

Náuseas o vómitos

Pulso rápido (frecuencia cardíaca)

Dificultad respiratoria con esfuerzo

 

Los síntomas que pueden ocurrir con el mal agudo de montaña más grave incluyen:

 

Coloración azulada de la piel (cianosis)

Rigidez o congestión pectoral

Confusión

Tos

Expectoración de sangre

Disminución del estado de conciencia o aislamiento de la interacción social

Tez pálida o grisácea

Incapacidad para caminar en línea recta o incapacidad absoluta para caminar

Dificultad respiratoria en reposo

 

Es sumamente importante estar atentos a esos síntomas, si pasan los días y dichos síntomas no desaparecen o se comienza a sentir que van empeorando, es necesario comenzar a descender lo antes posible y consultar un médico, ya que puede traer serios problemas a la salud, y en casos muy extremos hasta la muerte.

 

 

Edema pulmonar de gran altura

Los síntomas del Edema pulmonar de gran altura incluyen, dificultad respiratoria severa, tos seca, presión o dolor en el pecho, palpitaciones y fatiga. Se puede oír un ruido de burbujeo durante la respiración. Los labios, bordes externos de las orejas y uñas pueden parecer azuladas debido a la falta de oxígeno.

Se cree que es producido de la siguiente manera:

La hipoxia grave hace que las arteriolas pulmonares entren en un potente estado de vasoconstricción, que es mucho mayor en unas regiones que en otras, de modo que se hace fluir una mayor cantidad de sangre a través de un número cada vez menor de vasos sanguíneos pulmonares, que aun no han entrado en constricción. Como resultado, la presión capilar en esa parte de los pulmones se hace particularmente elevada y sobreviene el edema local. A continuación la extensión del proceso hace que cada vez sean más las áreas de los pulmones que sufren disfunción grave e incluso, a veces, mortal. Sin embargo, al hacer que el Montañista respire oxígeno se invertirá el proceso en el plazo de unas pocas horas.

Clínicamente, el edema pulmonar se presenta con un clásico cuadro de ahogo, dolor torácico, dolor de cabeza, tos seca con esporádica expectoración sanguinolenta, nauseas, y fiebre en algunos casos superior a los 38º C. La piel puede adquirir una coloración azulada (cianosis) y la conciencia aunque bien conservada puede mostrar un cierto grado de indiferencia en la conducta.

La primera norma que debe aplicarse ante cualquier problema derivado de la altura, es el Descenso, a cotas inferiores. Es la más importante y eficaz de las medidas a tomar. La segunda medida es administrar Oxígeno a través de mascarilla, a una cantidad de 3 a 5 litros por minuto y a una concentración no inferior al 40%. La mayoría de las veces, la práctica de estas dos elementales medidas es más que suficiente para solucionar gran parte de los casos. De no resolverse o apreciarse mejoría con estas medidas, o cuando el descenso deba aplazarse durante unas horas por motivos de fuerza mayor, la persona que acompaña al Montañista que presenta tal gravedad, no deberá utilizar medidas de uso estrictamente reservado al personal médico por ser su mala o incorrecta utilización, potencialmente peligrosas, e incluso mortales –

 

Edema cerebral de gran altura

Es la forma de presentación más grave y rápida del mal de altura. Los síntomas del edema cerebral de gran altura son fundamentalmente, náuseas, vómitos, dolores de cabeza, alteraciones visuales,  irritabilidad, descoordinación, distracción, confusión, posible pérdida de conciencia, convulsiones e incluso coma.

Por eso es necesario conocer y estar atento a los síntomas y de esa forma poder evitar problemas mayores. Esta es la forma de presentación más grave y rápida del mal de altura. Debido a su especial situación anatómica, el cerebro se encuentra protegido y a la vez rígidamente situado en el interior de la caja craneal.

El edema cerebral agudo parece ser el resultado de la vasodilatación local de los vasos sanguíneos cerebrales a causa de la hipoxia. La dilatación de las arteriolas aumenta la presión capilar, y a su vez produce fuga de líquido hacia los tejidos cerebrales. A continuación, el edema cerebral puede producir desorientación grave y otros efectos relacionados con la disyunción cerebral.

Cualquier aumento del volumen del cerebro debido al edema, se ve conflictivamente limitado por la rigidez craneal, lo cual provoca síntomas neurológicos con mucha mayor rapidez y gravedad que el proceso pulmonar anteriormente descrito. El afectado, rápidamente puede llegar al coma y debe preverse la administración de oxígeno y el descenso a cotas inferiores, así como el de tomar medidas de tipo medico cuanto antes.

 

Estas dos formas graves del mal de altura, pueden ir precedidas de síntomas leves del mal (dolor de cabeza insomnio, falta de apetito, aturdimiento leve) o bien aparecer bruscamente en in alpinista previamente sano, a causa de un ascenso de gran desnivel o realizado con gran rapidez.

En realidad, tanto el edema cerebral como el edema pulmonar de altura, más que dos entidades bien diferenciadas, son dos formas clínicas de presentación de un mismo proceso de inadaptación a la falta de oxígeno del ambiente al cual el Montañista se somete.

 

Prevención y tratamiento

Prevención

Las variables que se deben considerar son, que tan rápido se va ganando altura, la edad, cuantos días se permanezca en zonas altas y cuanta actividad física se realice.

Un mito que se escucha bastante es sobre la preparación física. La realidad es que por más preparado que te encuentres físicamente, al superar los 2500 m, deja de hacer diferencia, el mal de altura afectara a todos por igual sin tener en cuenta su condición física.

Evitar las grandes alturas si padece cardiopatía o neumopatía.

Si está en riesgo de un bajo número de glóbulos rojos (anemia), tratarla a tiempo, ver si se necesita suplementos de hierro. La anemia disminuye la cantidad de oxígeno en la sangre y lo hace propenso a sufrir el mal de montaña.

Preparación psicológica

Para afrontar los síntomas con entereza y para poder tomar las decisiones adecuadas a la evolución de los mismos. Más aún cuando como consecuencia del mal de altura las funciones cognitivas se enlentecen.

 

Las claves para la prevención del mal agudo de montaña incluyen:

Escalar la montaña gradualmente.

Detenerse uno o dos días a descansar cada 2,000 pies (600 metros) de ascensión cuando se está por encima de los 8,000 pies (2,400 metros).

Dormir a una altitud más baja cuando sea posible.

Aprender cómo reconocer los primeros síntomas del mal de montaña.

Si se va a viajar por encima de los 3,000 metros debe llevar suficiente oxígeno para varios días.

Si se planea un ascenso rápido a una gran altura, el medicamento llamado acetazolamida (Diamox). Este fármaco le ayuda al cuerpo a acostumbrarse a mayores alturas más rápidamente y reduce los síntomas menores. Este fármaco se debe tomar un día antes de ascender y continuarse durante los siguientes uno o dos días.

 

Al escalar:

Tomar mucho líquido. Estar siempre hidratado.

Evitar el consumo de alcohol.

Consumir comidas regulares ricas en carbohidratos. Con comidas livianas.

Tener buenas noches de sueño.

 

Nada que ya no debamos hacer para mantener una vida saludable en lo llano, pero en la altura son hábitos que cobran muchísima importancia.

Un consejo muy popular a los viajeros que se aventuran a las alturas es: “beber antes de tener sed, comer antes de tener hambre, abrigarse antes de tener frío y descansar antes del agotamiento”. Ya que en la altura el cerebro demora más tiempo en dar los avisos. Cuando se sienta sed, es que ya estás muy deshidratado.

Una regla de oro es moverse a paso de tortuga. Sin apuro, sin correr, hacer todo tranquilo. Eso no impide hacer trekking, pero siempre a un ritmo muy inferior al que aplicarías en lo llano.

Como evitar el mal de altura

Algunos métodos para evitar el mal de altura son la aclimatación, hojas de coca, te de coca o pastillas.

Lo mejor es ir aclimatándose lentamente.

 

Para eso debemos hacer un ascenso gradual. Subir hasta los 2000 metros, y a partir de ahí bajar el ritmo y subir como máximo 500 metros por día, y descansando dos noches en la misma altura.
Un buen plan de aclimatación puede ser el siguiente:

  • Día 1: Subir hasta los 2000 metros
  • Día 2: Subir hasta los 2500 metros
  • Día 3: Permanecer en los 2500 metros
  • Día 4: Subir hasta los 3000 metros
  • Día 5: Permanecer en los 3000 metros
  • Día 6: Subir hasta los 3500 metros
  • Día 7: Permanecer en los 3500 metros
  • Día 8: Subir hasta los 4000 metros

Y así hasta los 5000 metros. A partir de los 5000 aplicar el mismo plan, pero en vez de ascender de a 500 metros, reducir el ritmo a 250 metros por día  hasta los 6000 metros. A los 6000 aplicamos el mismo plan pero ascendiendo solamente 150 metros al día.

Las pastillas para el mal de altura

Acetazolamida (Diamox) se debe empezar a tomarlas antes de comenzar a ganar altura, y continuar con una dosis cada 12 horas. Son muy económicas y eficaces. Estas ayudan a la irrigación sanguínea y aumenta la capacidad respiratoria. Pero el consumirlas no evita que se deban ignorar el resto de los consejos, por si solas no hacen magia, simplemente ayudan.

Acetazolamida: 250 mg/8h, comenzar el día anterior al ascenso y durante 5 días de estancia a la máxima altitud.

Dexametasona: 2-4 mg/6h, iniciando el tratamiento el mismo día del ascenso, y continuar durante 3 días en la máxima altitud, disminuyendo después progresivamente la dosis durante 5 días más.

Otra opción es la coca

Ya sea en té o directamente consumiendo las hojas. En países como Bolivia y Perú el té de coca es común en los desayunos y meriendas, prácticamente cualquier lugar al que vayan o se alojen podrán consumir este té.

En cuanto a las hojas, las pueden conseguir fácilmente en Bolivia y Perú, y son muy económicas. Me traje una bolsita llena de hojas. El método para consumirlas es masticarlas y colocarlas a un costado de la boca. No hay que tragarlas, solo dejarlas allí mientras segregan su jugo, el cual para algunas personas no es muy agradable.

Hay personas que prefieren los caramelos de coca, yo prefiero las hojas de coca o el té.

Caramelos de coca

 

Te de coca

 

Tratamiento

El diagnóstico temprano es importante. El mal agudo de montaña es más fácil de tratar en las etapas iniciales.

El principal tratamiento para todas las formas del mal de montaña es bajar o descender a una altitud menor tan rápido y seguro como sea posible. Usted no debe seguir ascendiendo si presenta síntomas.

Se debe administrar oxígeno extra si está disponible.

Las personas con mal de montaña grave pueden necesitar hospitalización.

La acetazolamida (Diamox) se puede administrar para ayudar a respirar mejor. También puede reducir los síntomas leves. Este medicamento puede hacer que usted orine con mayor frecuencia. Cuando tome este medicamento, cerciórese de beber mucho líquido y no consumir alcohol. Este medicamento funciona mejor cuando se toma antes de alcanzar una gran altura.

Si se tiene líquido en los pulmones (edema pulmonar), el tratamiento puede abarcar:

Oxígeno

Un medicamento antihipertensivo llamado nifedipina

Inhaladores beta-agonistas para abrir las vías respiratorias

En casos graves, un respirador

Un medicamento para incrementar el flujo de sangre a los pulmones llamado inhibidor de fosfodiesterasa (como sildenafil)

La dexametasona (Decadrón) puede ayudar a reducir la hinchazón del cerebro (edema cerebral).

 

Las cámaras hiperbáricas portátiles permiten a los caminantes simular condiciones a altitudes más bajas sin moverse realmente del lugar en la montaña. Estos dispositivos son muy útiles en caso de que el mal tiempo u otros factores imposibiliten el descenso de la montaña.

Expectativas (pronóstico)

La mayoría de los casos son leves y los síntomas mejoran rápidamente al bajar de la montaña a una altitud menor.

Los casos graves pueden llevar a la muerte, debido a los problemas pulmonares o a un edema cerebral.

El desenlace clínico depende de la velocidad de descenso una vez que los síntomas aparecen. Algunos individuos son más propensos a presentar enfermedades relacionadas con la altitud y pueden no responder tan bien.

 

Posibles complicaciones

Coma (falta de respuesta)

Líquido en los pulmones (edema pulmonar)

Hinchazón del cerebro (edema cerebral), lo cual puede llevar a que se presenten convulsiones, cambios mentales o daño permanente al sistema nervioso

Muerte

 

Cuándo contactar a un profesional médico

Llame a su proveedor de atención médica si tiene o tuvo síntomas del mal agudo de montaña, incluso si se sintió mejor después de regresar a una altura más baja.

 

Llame a emergencias si tiene cualquiera de los siguientes síntomas:

 

Problemas respiratorios graves

Alteración del nivel conciencia

Expectoración de sangre

Descienda de la montaña enseguida y de la manera más segura posible.

 

 

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