Experiencia de viajeros por Indonesia con los Tana Toraja

Experiencia de viajeros por Indonesia con los Tana Toraja

Experiencia de viajeros por Indonesia con los Tana Toraja

Viaje en la región de los los Tana Toraja, en Sulawesi, para participar de sus rituales funerarios. Relato con reflexiones y comentarios personales que surgen estimulados por lo que observamos. Información de aspectos históricos, costumbres, ritos y mitos. Algunas consideraciones sobre la cosmovisión Tana Toraja en relación a la muerte.
Mikel Garcia Garcia y Carmen Rodriguez González Octubre 2015

Presentacion viaje setiembre 2015

En la planificación previa a nuestro viaje a Indonesia en septiembre-octubre 2015, repasamos las costumbres antropológicas buscando aquellas que antropólogos, psicoanalistas, historiadores, investigadores, habían descrito en esas zonas,… Es lo que hacemos habitualmente en los viajes ya que un objetivo transversal de los mismos es aprender algo más sobre el alma humana y sobre nosotros mismos. Buscamos guías nativos de cada lugar que hablaran suficientemente castellano e inglés, en un viaje bastante privado, para dos, que nos permitía ajustar los planes de un modo muy flexible a lo que surgiera sobre la marcha. Teníamos claros algunos objetivos. En Sulawesi la etnia Tana Toraja y su cosmovisión en relación a la muerte, la etnia bugi en relación a los estudios sobre “el tercer sexo” y “cinco géneros” y en Bali conectar con algún sanador con el que poder tener una entrevista en inglés. Robert Oostvogels: The Waria of Indonesia: A Traditional Third Gender Role, en Herdt (ed.), op cit., 1995. Sharyn Graham: «Sulawesi’s fifth gender», artículo en la revista Inside Indonesia, de abril-junio de 2001. Estos son makkunrai (hombres femeninos) y oroané (hombres masculinos), calabai (mujeres femeninas), calalai (mujeres masculinas) y bissú (sacerdotes con características masculinas y femeninas). Son dificilmente comparables a las ideas occidentales de género. Efectivamente recogimos impresiones sobre el tercer sexo y estuvimos 90 minutos con un sanador en Bali, pero este escrito se centra exclusivamente en los Tana Toraja. La redacción es personal, con partes más completadas por uno u otro de nosotros, trata de relatar el viaje, lo vivido, las experiencias, reflexiones que te van surgiendo. En ocasiones, no siempre, hemos personalizado algunos comentarios o reflexiones indicando a quién de nosotros pertenecen, aportando información de experiencias previas, citas de autores, o lo que nos haya sugerido la experiencia que estamos describiendo. Se documentan algunas partes con material gráfico propio. También tratamos de hacernos preguntas, formular hipótesis,.. Y dejar abiertas muchas cuestiones. Es un escrito inacabado y la primera vez que publicamos algo, así en relación a un viaje, y con ciertas libertades literarias inspiradas en otros relatos de viajeros. Quedará hacer un trabajo posterior de elaboración más a fondo.

 

Mikel García García y Carmen Rodríguez González 26 Octubre 2015
¿VIVIR POR Y PARA LA MUERTE?

La muerte, el principal modo de subsistencia de Tana Toraja, es su fuente de vida. Todo el movimiento en torno a un funeral activa la economía de la región, y la muerte no entiende de crisis. Las montañas las habitan los muertos y los árboles tienen pequeñas puertas que velan cadáveres de bebés fallecidos prematuramente. Las sangrías públicas son motivo de festejo y alegría y de los ataúdes cuelgan huesos y cráneos desvencijados. Una cultura tan lúgubre como hermosa, que se ha convertido en el reclamo turístico de Sulawesi. Flotan las casas y flotan las tumbas. Sarcófagos de madera colgados de cuevas, nichos esculpidos a golpe de cincel en las paredes rocosas en cementerios verticales en Lemo y Suaya, o ataúdes ocultos en las galerías relamidas por el tiempo en las entrañas de la tierra en Londa. Lo macabro de las cuevas llenas de calaveras peladas enmohecidas en contraste con la belleza de su entorno. Escenas idílicas de la vida cotidiana en el campo de Sulawesi: artesanos a pie de carretera trabajando la madera para unos ataúdes en forma de lágrima o los bustos de búfalo que adornarán las casas. Una fórmula constructiva, decorativa y formal, depurada y estilizada se puede repetir hasta el infinito sin cansar al personal. Y campos y bueyes pastando o embarrados hasta las cejas en los barrizales. Y tumbas cinceladas en gigantescas rocas al margen del camino como por casualidad. Gente que se desplaza, de un lugar a otro, montada en una moto…. Mujer de luto

 

El pueblo Toraja tiene uno de los rituales funerarios más complejos en el mundo Tana Toraja es una regencia de Sulawesi en Indonesia, una región montañosa pintoresca que es el hogar de un grupo indígena conocido como los Torajans. Para el pueblo Toraja, la vida gira en gran medida alrededor de la muerte, pero no en un sentido morboso. Para ellos, un funeral es una gran celebración de la vida, como una fiesta de despedida, y es una ocasión en la que toda la familia del fallecido, y todos los miembros del pueblo participan. Sus antiguas tradiciones implican costumbres funerarias que se han practicado durante muchos siglos y que se sabe que son las más complejas tradiciones funerarias en el mundo.

La población de la Toraja es de aproximadamente 650.000, de los cuales 450.000 viven todavía en la regencia de Tana Toraja (“Tierra de Toraja”). La mayoría son cristianos, otros son musulmanes, y una minoría aún conservan las creencias locales conocidos como Aluk Todolo (“Camino de los Ancestros”), que son más visibles durante las festividades funerarias y costumbres funerarias. Toraja es un vergel amable cuyo horizonte aparece moteado por el desparpajo de las cubiertas de sus poblados que asoman entre trozos de jungla. Casas -conocidas como Tongkonan- que flotan sobre pilotes de madera, adornadas con coloridos motivos geométricos figurativos que evocan al búfalo de agua -su animal totémico por excelencia-, con de techos gruesos de bambú, suspendidas a varios metros de altura sobre pilares, fachadas de marquetería pintada a mano con grecas, cenefas y motivos animales y un búfalo de madera que corona la entrada. Aquí conviven todos los miembros de la familia, incluso los difuntos. El búfalo jamás trabaja, se le alimenta y cuida, y tiene asignado una persona para que lo pasee.

Cuenta la leyenda que los Torajans fueron los primeros que se adentraron en Indonesia, antes llamada Bahasa Malayu (debajo de Malasia) en 1928 tomaron su nombre actual, Indonesia (indo de indochina y sia, significa muchas islas). Unas embarcaciones emigraron de Indochina rumbo al sur, tras su paso por las costas de Malasia se adentraron en Sumatra donde conocieron a la tribu de los Batak y decidieron que más tarde llegarían a la costa este de Sulawesi. Hace 25 generaciones venían desde la isla Pongo y remontando el rio Sungay y Sadan arribaron a las entrañas de esas tierras. Al no poder arribar con sus canoas Lembang tuvieron que dormir en sus embarcaciones con la quilla hacia arriba para protegerse. Desmontaron sus barcos y llevaron sus maderas tierra adentro hasta las tierras más fértiles, para más tarde convertir las maderas de sus embarcaciones en su nuevo hogar.

Antes del siglo XX, los Torajans vivían en aldeas autónomas, donde se practicaba el animismo, la visión del mundo en la que las entidades no humanas, incluidos los animales, las plantas, y muchas veces incluso objetos inanimados o fenómenos poseen una esencia espiritual.

Familia en caminata

Los primeros navegantes portugueses llegaron en 1511 a la actual Makasar: y denominaron el paraje como espada de hierro, Un enclave bien situado en la ruta de las especias. En 1596 Hoffman con un ejército holandés entró en Sulawesi.

Eran relativamente inmunes al mundo exterior hasta que los misioneros holandeses llegaron a intentar convertir a los montañeses toraja al cristianismo. Sin embargo, incluso los que siguen otras religiones en Tana Toraja, todavía convergen cuando se trata de antiguas costumbres funerarias. Así que lo típico hoy es ver iglesias junto a tongkonans. Y coexisten varios tipos de cementerios que recogen tradiciones animistas o cristianas.

Existió el canibalismo, buscaban la cabeza del guerreo para incorporar su esencia. También ha entrado la magia negra. A veces se roban huesos para utilizarlos en rituales de magia negra. Cuentan las leyendas que el poder de los huesos ha malogrado a muchos ladrones, en una creencia similar a las maldiciones de los profanadores de tumbas egipcias.

Cuernos bufalos

En 1941 Indonesia fue invadida por Japón y a lo largo de toda la ocupación, la población civil fue víctima de numerosas masacres. Cualquier intento o simple sospecha de sublevación ante los nipones era aplastada brutalmente, hubo numerosas ejecuciones y realizadas de manera muy cruel. Los japoneses, preocupados por la defensa militar del país, seleccionaban a jóvenes y niños que eran sacados de sus aldeas y forzados a trabajar. Eran los llamados “romusha“, trabajadores que vivían en condiciones de esclavos. Algunos de ellos seleccionados y deportados a Thailandia, Birmania, Malasia.

A pesar de lo intrincado de la historia reciente como la invasión japonesa en la segunda guerra mundial genocida en la zona, y la posterior recolonización por los holandeses tras la derrota japonesa, su cosmovisión de la muerte no solo no ha sido reducida sino reconocida. Según la UNESCO, la cosmología Torajan representa una antigua cosmología común a las comunidades del sudeste asiático pre-estatales que ahora está desapareciendo.

La independencia de los holandeses fue en 1949 creándose la nación Indonesia. La independencia fue orquestada por la unión entre diversas etnias, comunidades, el aporte del partido comunista indonesio, y del líder nacionalista, el general Sukarno, que se convirtió en su primer presidente.

Este gobierno sería destituido en 1965 cuando el general Suharto dio un golpe de estado y muchos de los miembros y simpatizantes del partido comunista fueron perseguidos y asesinados. El PKI era el mayor partido comunista aparte de los de la URSS y la República Popular China. Su creciente influencia incomodaba a Estados Unidos que propició una durísima represión.

A pesar de los años pasados, es un hecho histórico vigente en la memoria colectiva. Muy poca gente se atreve a hablar de ello por temor a represalias. Los verdugos y sus familias siguen disfrutando de cargos en el poder e incrementando su riqueza con todas las formas de delincuencia organizada, incluida la deforestación ilegal. Considerándoles responsables de la quema de tierras para el interés de sus actividades empresariales en el negocio de la madera y el aceite de palma.

Se asesinó a más de medio millón de personas. Estos hechos se recogen en los documentales de Joshua Oppenheimer “The Act of killing“ y “La Mirada del silencio“. En el primero, los verdaderos ejecutores describen los crímenes: cómo se llevaban a cabo las detenciones, torturas y muertes. Sorprende la manera en que estos improvisados actores, puerilmente, entre risas, escenifican las ejecuciones. En el segundo documental, el hermano de uno de los jóvenes perseguido y asesinado, recorre aldeas visitando a los asesinos y a sus jefes y aquellas personas que participaron en las muertes. El periplo resulta estéril respecto a su objetivo: recibir una disculpa. Podemos ver cómo estos líderes y miembros de los escuadrones de la muerte se defienden ante la cámara, algunos incluso profieren amenazas. Vemos que en sus familias, los integrantes masculinos, también niegan los hechos. Sólo dos mujeres piden perdón al protagonista reconociendo el sadismo y la brutalidad de lo que pasó.

Llama mucho la atención que sólo esa parte que representa lo femenino en esa sociedad se sienta conmovida ¿Sería esto un inicio de reconocimiento? Por el momento no se ha elaborado nada de lo que ocurrió. Podría volver a producirse. Existe el riesgo mientras no se confronte con la destructividad a la que se dejó rienda suelta. Sería necesario que cada individuo, con su familia, considerara su responsabilidad en lo ocurrido.

En los documentales, los asesinos cuentan que tras los asesinatos bebían la sangre de sus víctimas, lo cual es una forma de canibalismo. Lo justifican diciendo que esto los hacía más fuertes, incluso más longevos. Ellos dicen también que beben la sangre para no volverse locos. Lo que podría ser indicativo de una cierta conciencia de la maldad de sus actos, pero que no sólo no pueden reconocer sino que la niegan reforzando el acto mágico del canibalismo, ingieren a la víctima y “viviendo en ellos no la han matado”. Una grandiosidad “narcisismo maligno” destinada a ocultar y bloquear la vulnerabilidad, es decir, un acto psicopático, en el que la escisión niega la pérdida y el “otro” no existe. Seguramente el recurso al canibalismo indica que ya en la cultura existía la práctica, como hemos mencionado antes, y que el mecanismo psicopático lo ha utilizado como recurso.

¿Vivir por y para la muerte? Parece ser que sí, parece ser que en la tierra de los Toraja uno se pasa la vida como el faraón, pensando en el día que se muera y en todo lo que habrá que dejar dispuesto: el ataúd, la tumba, los preparativos, las estatuas, los sacrificios Pero a diferencia del faraón, el muerto queda en el espacio de la casa durante un período. Toda una vida pensando en la muerte de uno, y toda la vida pensando en la muerte de tus mayores a los que deberás honrar. En ahorrar la fortuna necesaria para que el funeral esté a la altura de la posición social de la familia.

La entrada al territorio Toraja está bien señalizada, una enorme construcción Tongkonan entre cuyos pilares transcurre la carretera marca la entrada. Esta puerta está precedida por un macizo montañoso escarpado, con acantilados y rocas totémicas, donde sobre todo se remarca el elemento de Montaña femenina Erotic Mountain” en el monte Buttukabobong, una formación rocosa cubierta de vegetal que remeda la forma de un gran vagina, que se muestra clara, sin pudor, a los ojos del viajero y para cuya mejor contemplación han construido un mirador enfrente.

Territorio Tana Toraja

“Polvo eres y en polvo te convertirás”. Si todo hubiera quedado así la cristiana Tana Toraja sería otra, pero no, todo allí gira en torno a la muerte y es fascinante el hecho de que estas aparentes sombrías costumbres florezcan precisamente en un entorno tan exuberante rodeado de colinas cubiertas de junglas, de bosques de bambú y de claros con terrazas de arroz escalonadas, salpicados de pedruscos oscuros volcánicos, que parecen “huevos fósiles” pues transmiten vida en potencia. Casas cuyas cubiertas se pliegan al cielo como las cornamentas de los búfalos o como la quilla de los barcos. Unas casas que lucen orgullosas en sus fachadas la colección familiar de cuernos de reses sacrificadas en el pasado como muestra de su estatus económico y de su prestigio social en la aldea.

Peñasco

CREENCIAS TORAJA
La religión animista politeísta, es Aluk Todolo. ALUK, o “el camino” (a veces traducido como “la ley”). En el mito de Toraja, los antepasados de los Torajans descendieron del cielo usando escaleras, que luego fueron utilizadas por éstos como medio de comunicación con Puang Matua, el Creador. Creen en tres deidades que se ocupan del orden del cosmos: Deata Tanganalari, dios en el cielo, el mundo superior del cosmos; Deata Kaparabana, dios en la tierra, el mundo del hombre (la tierra); y Deata Tanganapara, dios en el subsuelo, el inframundo. También creen en Tomepalipuan o las almas de los antepasados, que cuidan, atienden y bendicen a sus parientes. Al principio, cielo y la tierra se casaron, luego hubo una oscuridad, una separación, y finalmente la luz. Los Torajans tradicionalmente creen que la muerte no es un evento abrupto repentino, sino un proceso gradual hacia Puya (la tierra de las almas, o más allá). Otros dioses Toraja incluyen Pong Banggai di Rante, Indo ‘Ongon-Ongon (una diosa que puede causar terremotos), Pong Lalondong (dios de la muerte), y el Indo’ Belo Tumbang (diosa de la medicina); hay muchos más. Los animales viven en el mundo subterráneo, que está representado por espacio rectangular rodeado por pilares, la tierra es para la humanidad y el mundo celestial se encuentra por encima, cubierto con un techo en forma de silla de montar. El sistema de creencias Aluk Todolo todavía rige la vida de la sociedad, como lo demuestra la cosmología Toraja, ceremonias, arreglo de liquidación, las casas, las decoraciones, el papel del búfalo de agua, y por supuesto, las costumbres funerarias. Los Torajans consideran que cuando alguien muere, éste alcanza el paraíso y se convierte en semidios; después vuelve para proteger a su familia. Inculcan estos valores a los más pequeños, quienes tienen claro que deben ahorrar toda su vida para costear el funeral de sus padres, tener muchos hijos que les paguen el suyo propio y de esta forma proteger a la familia. Durante su vida, los Torajans trabajan muy duro para acumular riqueza. Pero a diferencia de otras sociedades, los Torajans no guardan su dinero para darse una buena vida. De hecho, son los funerales, no el de la boda, los que marca el estatus de un familiar. Las ceremonias fúnebres son increíblemente importantes para los Torajans y a menudo se llevan a cabo semanas, meses o incluso años después de la muerte de una persona para dar tiempo a la familia del fallecido a recaudar suficiente dinero para los gastos. Mucha gente se adeuda y no es raro que un joven, por miedo de ser acuciado por las deudas, pueda posponer o cancelar su matrimonio si uno de los abuelos de la chica que ama tiene edad suficiente para morir pronto. Los funerales son asuntos que involucran a toda la aldea y tradicionalmente duran días o incluso semanas. Un funeral refuerza el vínculo eterno entre los vivos y los muertos. Tumbas en roca La autoridad terrenal, cuyas palabras y acciones deben ser escuchadas tanto en la vida (agricultura) y la muerte (funerales), está centrada en Minaa (un sacerdote Aluk). Aluk no es sólo un sistema de creencias; es una combinación de la ley, la religión y la costumbre. Aluk rige la vida social, las prácticas agrícolas y rituales ancestrales. Los detalles de ALUK pueden variar de un pueblo a otro. Se discute sobre la etimología de Tana Toraja, los bugis, etnia de pescadores asentada en el sur de Sulawesi, la usaba para designar a “los hombres de arriba, de la montaña”. Nuestro guía, nativo Torajans, cristiano protestante practicante pero que era profundamente animista, trató de expresarnos el significado y nos dijo algo así: La tierra de la gente cuya cultura sigue el Aluk Todolo según el sol y la luna llena” Una ley común es el requisito de que se separen los rituales de muerte y de vida. Los Torajans creen que realizar los rituales de muerte podría arruinar sus cadáveres si se combina con los rituales de la vida. Los dos rituales son igualmente importantes pero cada uno en su sitio y separados. Durante la época de los misioneros holandeses, los Torajans cristianos tenían prohibido asistir o realizar rituales de la vida, pero se les permitió realizar rituales de muerte. En consecuencia, los rituales de la muerte de Toraja todavía se practican hoy en día, mientras que los rituales de la vida han disminuido. Pudimos participar de uno de estos.

COSTUMBRES FUNERARIAS ÚNICAS

INMEDIATAS A LA MUERTE, ANTES DEL FUNERAL

Cuando un Torajan muere, se requiere que los familiares de los fallecidos lleven a cabo una serie de ceremonias fúnebres, conocidos como Rambu Soloq, a lo largo de varios días. Durante este tiempo, el fallecido no está enterrado, pero es embalsamado, antes con preparados herbales, conservandolo con hielo o con nitrógeno y actualmente inyectando formol en sus venas. Antiguamente el cadáver era colocado en la cocina de la casa con una caña hueca clavada en el suelo atravesando su cuerpo a fin de que los fluidos corporales abandonaran esta lo antes posible. Estas técnicas requieren personas especializadas en esos menesteres. El cadáver se coloca vestido o envuelto con sudarios en una de las habitaciones de la casa tradicional bajo el mismo techo con su familia. Hasta que las ceremonias fúnebres se han completado, la persona no se considera realmente muerta sino que simplemente sufre una enfermedad. El pariente muerto se denomina “una persona que está enferma” o “el que está dormido”. Sorprendentemente, esto incluso hasta pasados ​​varios años después de la muerte, dependiendo de cuánto tiempo le toma a la familia recaudar dinero. Durante este tiempo, el difunto está simbólicamente alimentado, cuidado y es una parte muy importante de la vida de su familia. Sigue “viviendo” y compartiendo espacio con el resto de la familia. Se sienta al lado en las comidas, presencia alguna boda e incluso duerme con el viudo o la viuda. Es costumbre cuando alguien acude de visita a la casa pasar también a saludar al difunto y despedirse de él al término de la reunión. Morir para los Toraja es pasar a existir a otro plano, distinto del nuestro pero en estrecho contacto: nadie se fue, todos siguen aquí. Están para quedarse y para influir –para bien o para mal- en la vida y los destinos de los vivos. De acuerdo con el antiguo sistema de creencias Toraja, el espíritu de una persona muerta debe regresar a su pueblo de origen. Así que si una persona murió en un viaje, la familia debería ir al lugar de la muerte y acompañar la vuelta a casa del difunto, caminando de vuelta a la aldea. Cuenta la leyenda, que los habitantes de Tana Toraja eran temerosos de morir lejos de su lugar natal, ya que la dificultad de los caminos obligaba a contratar a un mago que los resucitase para que ellos mismos anduviesen hasta su propia tumba.

FUNERAL TORAJA
Un funeral toraja puede llegar a costar 100.000 euros para las familias pudientes, pues se sacrifican como mínimo 24 búfalos. El funeral concreto está ligado a las castas de Toraja y a las edades y formas de muerte. Es una estructura muy compleja. La sociedad se divide en castas y esto determinará el tratamiento que ha de darse al difunto en su ritual funerario. Para las castas inferiores: Tanakarunun. Tana (casta) Karunum (palmera) la casta más baja o de los esclavos el funeral tendrá una duración de 1 día. Esta casta no mata animales. El grado menor ritual consiste en que en la procesión de enterramiento se colocan un grupo de cerdos cerca de un abrevadero, y se les golpea el lomo. En un nivel superior se entierran huevos de pato en la tierra, y no son recuperados para uso alimentario. No pudimos extraer una información más precisa de otras formas de ritual y en qué circunstancias se aplicaban. Sí que existe un sacrificio del dolor de apaleamiento de los cerdos o de la ofrenda de los huevos. La función de psicopompo de los animales muertos no está presente en esta casta. Para las castas medias: Tanabasi hierro o los nobles del nivel bajo el funeral será de entre 1 y 3 días y se sacrificarán de 10 a 14 búfalos. Para las castas superiores: Tanagulan oro o los nobles del nivel alto el funeral puede durar de 5 a 7 días y los búfalos sacrificados serán entre 14 y 24. Area ceremonia funeraria Las relaciones familiares estaban atadas estrechamente con la casta social. Había tres estratos: nobles altos, plebeyos o nobles bajos y esclavos. La esclavitud fue abolida en 1909 por el gobierno de las Indias Orientales Holandesas. Por lo que es de presumir que actualmente las castas forman parte de la identidad de los clanes, pero no tienen poder ejecutivo ni diferencias de derechos. La casta es heredada a través de la madre. Era tabú casarse con una mujer de clase baja. Por otra parte, casarse con una mujer de clase alta podría mejorar la situación de la siguiente generación. Los nobles, que se creían descendientes directos de la persona que bajó del cielo, vivían en tongkonans, mientras que los plebeyos vivían en casas (chozas de bambú llamadas Banua). Los esclavos vivían en pequeñas chozas, construidas alrededor del tongkonan de su propietario. Los esclavos en la sociedad Toraja eran propiedad de la familia. A veces un Torajan se convertía en esclavo por incurrir en una deuda, comprometiéndose a trabajar como pago. Pudiendo así comprar su libertad. Tardan un mínimo de dos meses en engalanar la aldea y construir casas provisionales para los invitados que llegan de lejos, un funeral Toraja dura al menos 4 días y tienen que estar cómodos. Familiares e invitados, llevaran regalos a la familia, cerdos, búfalos, cartones de tabaco, semillas…estos quedaran apuntados en un libro y la familia estará en deuda con ellos, deberá devolver el mismo regalo en un futuro funeral. Además las ofrendas que se hacen de cerdos y búfalos entre familias pasan a engrosar una especie de deuda que deberá ser saldada más adelante, incluso por los descendientes si fuera necesario, quedando todo debidamente anotado y registrado para la posteridad y las relaciones entre familias. Cada búfalo cuesta 13 millones de rupias indonesias y los cerdos 1,5 millones de rupias. Los búfalos: Estos animales son señal de riqueza y los familiares de los fallecidos buscan el más idóneo para dar sentido a la muerte. Suelen proceder de las islas de Borneo, Java o la más lejana Sumatra, aunque también los hay del norte de la misma Sulawesi. Los búfalos albinos son los más valiosos, pudiendo duplicar o triplicar el precio de un búfalo corriente de agua. Los búfalos se crían para este tipo de celebraciones. Durante la celebración también se sacrifican cientos de cerdos y gallinas y acude gente de pueblos lejanos. Las familias toraja son muy numerosas, ya que los hijos son los que se encargan de pagar el funeral de sus padres; muchos de ellos se van a trabajar fuera para ahorrar dinero durante toda su vida; no es de extrañar que el 75% de los ingresos de la región provenga de las familias que trabajan fuera. Visita regalos Existe un sistema de intercambio con el conjunto de regalos y sacrificios. Los familiares llevan animales de regalo para la ceremonia, los regalos se contabilizan, los animales se sacrifican y los anfitriones reparten la carne entre los asistentes. Cuando muera un familiar que ha acudido a un funeral, la familia sabrá qué regalos aportó y cuando vayan a su funeral llevarán los animales equivalentes para equilibrar los regalos.

“Un gasto enorme en cada ocasión, pero parece que existe un equilibrio apropiado en la distribución de la riqueza, teniendo en cuenta la dimensión temporal, los pudientes acumulan plusvalías económicas. La función que si cumple es la de mantener y reforzar su estatus al cual también están esclavizados. Dudo sobre si tanta carne de golpe no pueda suponer un exceso alimentario que genere problemas, pero quizás todo depende de hasta dónde se distribuya y qué le toque a cada uno. Hace décadas en nuestros caseríos se mataban cerdos cuya carne y grasa duraba y se repartía mucho sin producir acúmulos” (Mikel) “Y en la mayoría de pueblos españoles, cada año por San Martín, en casi todas las casas se mataba el cerdo, se repartía y servía de alimento para todo el año. Los famosos mantecados, en Estepa, un pueblo de Sevilla, tienen su origen en la intención de dar salida al excedente de manteca de cerdo, que se producía con la matanza de todos los inviernos.” (Carmen)

Lo que te venden los guías es que no puedes asistir a un funeral por tu cuenta. La realidad es que sí. Simplemente, mediante el hostal, la oficina de turismo o algún viajero te informas del lugar con celebraciones para los próximos días y al llegar a la plaza del pueblo, averiguas la familia anfitriona, le ofreces tu regalo generalmente azúcar o cigarrillos, y a cambio te invitarán a sentarte en la caseta VIP de bules (extranjeros blancos etimológicamente “albino”, no tiene un uso peyorativo) desde donde podrás ver todo lo que pasa en la plaza, te servirán té o café, dulces y algo de nasi campur (arroz con verduras, carne y/o pescado) de picoteo. Sin embargo todo se facilita si tienes un guía y, como en nuestro caso, un chófer que conocía a la familia anfitriona y sabía en qué día del funeral estaba la celebración. La ceremonia tiene cuatro períodos o días claves

  1. Primer día: Napalau
  2. Segundo día
  3. Tercer día
  4. Cuarto día. Enterramiento.
Primer día: Napalau
El primer día de ceremonia es quizás el menos impactante y más agradable. Procesión del funeral. Sobre las 9–10 h la familia cercana saca el ataúd y lleva el cadáver desde la casa a una construcción elevada una torre llamada Lakian, una especie de balcón, un altar orientado al norte donde vive el dios animista Puan Matua. El féretro se orienta con la cabeza del cadáver (Tomate) hacia el norte sobre una estructura abierta por los costados y de techo similar a los tongkonans, llamada Sarrigan o Buliang Tomate, que es la que se usa para transportar posteriormente el féretro en la procesión del cuarto día para la sepultura. Se coloca su foto frente al colorido ataúd de forma redondeada, que mira a todos y cada uno de los asistentes. Lakian La gente se sienta en diferentes zonas según su estatus social, los jefes en el centro. Algunos visten con una tela negra, pero todos ríen, beben y festejan la muerte. Empezarán a llegar los invitados y llegarán a sacrificar hasta un par de búfalos y media docena de cerdos. El difunto preside la escena desde lo alto.
Segundo día
El segundo día, fue el día en que asistimos nosotros en el funeral de Maoki, una anciana de la aldea Rembom, que falleció a los 71 años de edad, y permaneció 24 meses esperando. Desde lo alto de su Lakian el cuerpo de Maoki vigilaba su festejo mientras su alma deambula por el espacio ceremonial. Debajo del altar, el sacerdote, a izquierda y derecha los palcos donde se sentarán familiares e invitados y en frente de ellos los graneros reservados para las castas más altas. El segundo día es el día más concurrido en el que acuden todos los invitados, la familia extensa, vecinos, amigos y el día de la matanza del cerdo por excelencia, pudiendo llegar a matar cientos de cerdos. Algunos los cocinan, otros los despiezan repartiéndolos entre los invitados, hacen desfiles y cánticos y reparten vino de palma entre los que allí se reúnen. Comienza el funeral y el sacerdote ordena sacrificar primero una serie de cerdos para agasajar la memoria del fallecido y dar de comer a los cientos de invitados, llegados desde muy lejos. En la hora del submit sale a escena un búfalo, encadenado a través de una hebilla en el hocico, agarrado con una simple cuerda, comienza el  desfile dando vueltas en círculos en frente del féretro. Los familiares están obligados a sacrificar búfalos y cerdos, ya que creen que el espíritu del muerto vivirá en paz a partir de entonces, sin dejar de pastorear los búfalos que han venido a reunirse con él o ella. Comienza la matanza, el búfalo es ajusticiado con un firme machetazo en el cuello, los cerdos reciben una puñalada directa en el corazón. Fuimos invitados a pasar, el guía facilita todo, nos descalzamos, y nos sentarnos en uno de los galpones dispuestos para recibir a los invitados, donde comen, conversan y pasan el calor. Todos están descalzos y sonrientes en cubículos marcados con números, donde se asienta cada grupo familiar, hombres mujeres, niños,.. Hombre Hemos comprado unos paquetes de tabaco que regalamos al familiar presente. Es claro que los adultos mayores son los más respetados. Por razones obvias de barrera idiomática, no podemos mantener una fluida conversación, pero eso no evita que nos comuniquemos por gestos, sonrisas, nos demos la mano, nos faciliten a hacer fotos y vídeos y nos mantengan con comida y bebida en la mano. Pastelitos, arroz negro, café, agua, el zumo de aguacate con chocolate y la carne de cerdo. Esta última, en sate (brocheta) estupendísima, mientras que en su plato tradicional, cocinada en bambú (curanto), demasiado seca. El zumo de aguacate con chocolate, ¡exquisito! De una fruta enorme de árboles cercanos a Lemo llamada Pani, cortan su carne en tiras finas y se deja a secar (kaloco Pani) que se usa para condimentar carne o pescado, el hueso del Pani es negro, duro y dentro tiene una sustancia Pamarrasan que se deja secar al sol y se hace polvo, usándose como condimento que da un sabor agridulce y coloración negra a los guisos de carne de cerdo o pescado. El cerdo con Pamarrasan estaba delicioso. Gente en galpon Todos son bien recibidos al funeral, lo clave es transmitir una actitud de respeto. Favoreces con ello a conservar la armonía que subyace en cada acto de la ceremonia si vas vestido de negro, utilizando el Sorong negro cubriendo las piernas, aceptas su modo de estar, siendo espontáneo, fuera de encorsetamientos y comunicando alegría, satisfacción de participar y agradecimiento ante sus atenciones, en su idioma toraja: “kurre sumanga” significa gracias, y “pole paraya”, de nada. Es todo una fiesta. Sin duda la aceptación de lo que ocurre supone no estar escandalizado ante los sacrificios de animales, no se andan con monsergas, la carne tiene rostro y no se esconde tras el anonimato del celofán. Lo que en occidente ocultamos se muestra tal cual y no sorprende a nadie. El espectáculo de la muerte, que como la vida misma, es crudo e implacable. Llegaron al galpón 3 franceses, una madre con su hija y la pareja de ella. Hablamos, en francés, la madre y yo. Dijo que residía en Tailandia y que no podía soportar la brutalidad de las muertes porque era vegana. Esa inquietud le impidió estar y sobre todo relacionarse con la gente. Su hija llevaba un miniblusón corto, tan mini que al moverse se le veía el tanga o mejor dicho, las nalgas y las mujeres del habitáculo cruzaban entre ellas miradas interrogantes y compartían expresiones de disgusto. LLegada En medio de los aledaños de la plazoleta tiene lugar el sangriento sacrificio. Los gritos de los cerdos, colgados de la patas en palos de bambú, se entremezclan con el jolgorio de la fiesta. Los charcos de sangre riegan el contenido de los estómagos de los animales que yacen tendidos en el barro y riegan la tierra. El fuego omnipresente por todo lado. Hogueras solitarias salteadas con otras muy ocupadas, en las que templan cuchillos. Tal fuego aparece, en forma artística, como la abismal contradicción entre dilatación máxima de la fuerza analítica del intelecto y la voluntad de mirar el mundo con ‘ojo solar’, pero en lo pragmático usan lanzallamas conectadas a bombonas de gas, para quemar la piel del animal antes de descuartizarlo. Sacrificio Tras horas de matanza, el jefe con micrófono en mano, procede a repartir la carne entre todos los asistentes. Los niños corretean por medio de las pieles ensangrentadas y juegan a arrancarles el rabo a los animales descuartizados. En pequeñas montañas cárnicas separan los cuernos, que más tarde lucirán en la entrada de sus casas, los corazones, las patas, costillas, etc. Unos 25 ó 30 cerdos y no menos de cinco búfalos yacían en el epicentro de la fiesta. Otros tantos estaban siendo ya preparados para dar de comer a los invitados. Aperitivos, comida, bebida, te, de nuevo bebida, comida… Todo el mundo era bienvenido allí y los familiares y ayudantes desfilaban con cuanta comida, bebida y tabaco fuera necesario para agradecer la visita a los invitados. Los gritos de los agonizantes cerdos se ahogaban con las músicas de los “mabadongs” (cantos y danzas tradicionales interpretadas por hombres), componiendo una sinfonía sin terminar de entender si alcanzaba a disfrutar.

“La esencia secreta de la naturaleza no pertenece al arte. El poeta miente demasiado. El arte es, en Nietzsche, metáfora total del Anticristo. El arte que Zaratustra quiere es arte pagano. Este arte adora las apariencias, concibe a los dioses únicamente en su proceder en el mundo, por lo tanto, como felices azares o combinaciones, sujetos al cielo cósmico común. “Creería sólo en un dios que supiese danzar” está escrito en el Zaratustra” (Mikel).

Las matanzas de sacrificios. Esta parte de la tradición Toraja no deja de provocar sensaciones encontradas. Se puede apreciar la manera natural en que ellos lo viven. Los hombres son los encargados de la matanza, mientras las mujeres se dedican a cocinar y servir. Los búfalos son respetados y codiciados, siendo símbolo de opulencia. Están de pie, cogidos por un anillo en el hocico, esperando su turno, su posición es digna. Sin embargo, los cerdos son apelotonados a pleno sol, arrastrados, dejados en cunetas, sujetos a cañas de bambú, atados, sin poder moverse y muchas veces chillando. No vimos a nadie maltratarles pero estaban abandonados a su suerte en la espera, captándose su sufrimiento. Cerdos esperando

“Recordaba la época en que trabajé en una fábrica de embutidos. Los sábados matábamos 200 cerdos. En aquella época el maltrato animal no se tenía en cuenta, yo me lo pasaba mal. Sin embargo en esa escena Toraja no llegaba a sentir tanto malestar como en la fábrica. Sobre todo porque el momento concreto de la muerte era rápido y limpio, una puñalada directa en el corazón atestada por un solo hombre. En la fábrica había un trato más vejatorio. También es más ligero que en las matanzas en caseríos donde se sostiene al animal entre varios hombres, para que el matarife clave el cuchillo en la yugular y lo desangre. Hay mucha tensión previa, nerviosismo, temor a la reacción del animal que pudiera escaparse, la escena dura mucho y es tensa” (Mikel). “Ese contraste enorme entre la alegría de los humanos junto al sufrimiento de los animales, la vida que fluye en unos alimentada por la que se arrebata a otros, no me evoca crueldad ni nada parecido al vitoreo y aplauso de la plebe que presencia ajusticiamientos o quemas de brujas en hogueras, en esos casos todos los presentes están muriendo. Lo que nos toca del sufrimiento es su falta de sentido, lo que nos hace esclavos y mata es su sinsentido. Vivir implica ubicar el sufrimiento en su punto adecuado para el despliegue de la conciencia. El veneno es la ignorancia. ¿Incluir en el rito una mirada de agradecimiento al animal que va a ser sacrificado por su sacrificio no le daría aún más sentido? ¿O eso sería una irrupción rompedora de un estado de participación mística colectiva que no se pueden permitir en el rito? Disimuladamente, tras el objetivo de la cámara, pude mirar con ternura y agradecimiento a un cerdo en el momento de ser apuñalado” (Mikel). “¿Existe consideración hacia el animal en estos ritos? ¿Qué tipo de relación se mantiene con él desde que se le cría hasta que se le da muerte en el funeral? ¿Hay un reconocimiento hacia el animal y la colaboración que presta para el rito? ¿Podríamos comparar esta actitud con la que se tiene en occidente con los animales en las fiestas?” “No conocí en profundidad a los toraja, pero en los campos, se les veía comportarse de forma muy natural con los animales, en los funerales, no estoy segura de si llegan a preguntarse sobre si el animal sufre o no. Pero sí percibo algo distinto de lo nuestro, pues creo que se ha perdido el papel original que podía tener el animal, que servía a las tradiciones siendo respetado y que ahora se ha convertido, en general, en un deseo de triunfo humano sobre él, con intención de controlarlo y dominarlo.” “El animal, simbólicamente representa nuestro instinto y la manera en que nos relacionamos con él. En ocasiones cuando aparece en los sueños con un animal este deseo de control y dominio, expresa un complejo de poder, tras el cual existe una dificultad para escuchar y entablar relación con nuestro propio instinto. (Carmen)”

El alma de estos animales muertos en el funeral son psicopompos que llevarán en volandas la del fallecido a la vida eterna junto a todos los animales muertos en todos los días de la ceremonia funeral. La gente Toraja cree que la persona fallecida necesitará los búfalos para hacer el viaje a Puya, al mundo de las almas, así que los cadáveres de los búfalos, incluyendo sus cabezas, se alinean en espera a la persona fallecida para marchar al más allá. Hemos visto hacer lo mismo con las cabezas de los cerdos. Cabezas de cerdos El olor metálico de la sangre se huelo poco en medio de la cantidad de preparaciones que se realizan alrededor: bebidas con y sin alcohol, verduras, otras carnes. Pero inevitablemente se pisa al deambular por el terreno. La sangre copiosa y esparcida sin cortapisas, es omnipresente y también se puede beber en cañas de bambú para adquirir la fuerza de las bestias. Actualmente está función es más reservada a unos iniciados y al chamán oficiante, y se sustituye por otras bebidas. Allí nos ofrecieron “balok”, un fuerte vino de palma que probamos directamente en cañas de bambú. No estaba muy bueno, demasiado ácido, ¡si no se bebe en fresco se oxida y avinagra rápidamente! Pero seguramente no pretenden la calidad del brebaje sino medirse con la sangre de la palma. Y mientras tanto allí, desde lo alto de una estructura, el cuerpo del fallecido vigilando su festejo. Físicamente metido en su ataúd pero con el alma preparándose para caminar al cielo como ellos querían. Distribuye carne Apenas un par de metros más allá, la voz de un “speaker” salía a todo volumen por unos altavoces como si de una verbena de pueblo se tratara. El locutor gritaba nombres de invitados, su procedencia, obsequios que habían traído a la familia… Junto a él, en otra de las estructuras que la familia ha de construir para la fiesta, varias personas cortaban la carne de los animales ya sacrificados. Otros ayudantes chamuscaban la piel de los cerdos y preparaban la comida con la carne de cerdos y búfalos. Ataviadas con sus mejores galas, las mujeres de las distintas tribus llevan altos zapatos de cuña, a pesar de lo irregular del terreno. Muchas de ellas cargan cacerolas con exquisitas preparaciones que han traído desde sus aldeas, las que entregan a los familiares de los festejados en procesión. Si asomas por la cocina verás que no sólo es centro de trabajo, también punto de reunión sobre todo de mujeres, que hablan de sus cosas, hacen bromas y ríen. Te sientes bien observándolas en esta actitud abierta, sin recelos, rivalidades ni competencias. Eres extranjera pero te acogen de manera natural, te ofrecen dulces, rollitos de arroz envuelto en hojas. Puedes conversar con alguna de ellas en inglés, te preguntan por tu origen, dónde vives, si tienes marido, si tienes hijos. No parece un intencionado interrogatorio, es su manera de darte la bienvenida, te reciben y te incluyen como una más de sus relaciones. Más allá, los hombres, enfundados en sus sarong, realizan danzas tradicionales en un gran círculo y, a pesar del griterío que tienen los chanchos a punto de pasar a mejor vida, nada parece capaz de acallar los cánticos. Mujeres en Ceremonia Afuera, en los alrededores de cada actividad, siempre están los niños curiosos. Se acercan, exploran, quien jugar. Si los tocas, o haces cosquillas, se ríen, si juegas a perseguirles siguen el juego. Algunos con sus ropas de juego, otros con trajes ceremoniales para el desfile y las procesiones que hacen los visitantes. A los niños les gusta fotografiarse y, cada vez que pueden, se acercaban a mí y con señas me pedían que les hiciera a un retrato, que luego querrán ver en la pantalla de la cámara. Si lo haces acaban viniendo más y no se cansan de poner posturas,… cuando tienes que cortar tú, porque ya es suficiente, lo aceptan bien. No son pesados. Ningún adulto les ha frenado.

Todos los estímulos citados chocan mucho con lo apolíneo que es lo que nuestra cultura nos propone como lo adecuado. Shiva-Dionysos, sin embargo, ‘liberan’ las propias formas de la lógica del sentido. En este cosmos, del eterno retorno, del tiempo del funeral rito, el ritmo está totalmente al servicio del singular evento que nada esconde: ningún fundamento, sustancia, sujeto, o más allá del sujeto, y que a nada alude. Por eso es difícil de soportar y pone en crisis al espectador, al convocarle a dejar fluir lo escondido o a arrastrarle hacia ello quiera o no quiera. La idea del aforismo nietzscheano, de que la hegeliana muerte del arte apolíneo no es más que el efecto de la disolución del cosmos teofánico, transmutando la manifestación del dios en algo humano, o incluso, demasiado humano. (Mikel).

Niños

Tercer día
El tercero es el de más peso, es el día de la matanza de búfalos. Desde pronto en la mañana, recuentan los búfalos, seleccionan algunos para ser subastados, matan los búfalos al mismo tiempo y los descuartizan. La ceremonia comienza cuando los visitantes a los funerales asisten a un campo de búfalo-sacrificio. Antes de ser sacrificado de acuerdo con un procedimiento estrictamente definido, los animales participan en pruebas de fuerza conocida como silaga tedong. Bufalo muerto La sangre de los búfalos, a veces decenas, brotando a borbotones de gargantas o del corazón en el caso de los cerdos y empapando la tierra de color escarlata, en un ambiente que huele a muerte en un aire enrarecido por las nubes de moscas negras plañideras, una hecatombe al más puro estilo homérico. Los cuerpos sin vida de búfalos o cerdos, despellejados yacen sobre la hierba verde encharcada en sangre. Ojos sin párpado mirando al vacío, estupefactos, gargantas de búfalo abiertas a golpe de machete, cuelgan las cornamentas de estos animales sagrados para los Toraja. En una esquina se disponen a tratar las pieles para curtirlas. En las tribunas dispuestas alrededor de la explanada central esperan los vecinos de la aldea y los familiares llegados para la ocasión de toda Indonesia, o de otras regiones del mundo. Esto, a pesar de parecer una fiesta, no deja de ser un funeral. Como siempre comida, carne y alcohol de palma. Nos invitan a sentarnos con ellos. Cabeza bufalo Resulta impactante presenciar un espectáculo tan crudo rodeado de un ambiente de fiesta, con nenes jugando y corriendo y la gente mayor charlando y bebiendo, mientras los ojos de los búfalos siguen sin pestañear, clavando su mirada en la nada, como pillados por sorpresa. Al grito del maestro de ceremonias cuadrillas de hombres salen de sus tribunas y de disponen a trocear las piezas. Vísceras desparramadas sobre el césped, vientres abiertos en canal, intestinos reventados rebosantes de excrementos. Los búfalos son tan enormes que son necesarios hasta 4 adultos para darles la vuelta. Muchos golpes sordos de machete para trocearlas. Las cornamentas vestirán la casa del clan, las carnes y las pieles se distribuirán entre los invitados o se venderán en el mercado, y para el difunto quedará esta orgía de carne, sangre y fasto. Después del sacrificio, la carne se distribuye a los visitantes funerarios de acuerdo con sus posiciones en la comunidad, y el espíritu de los difuntos también tiene derecho a una porción de carne por lo que se colocan algunos trozos cerca de su féretro. Las cabezas de los búfalos se devuelven a lo que se conoce localmente como puya (un sitio para el alma o el espíritu de la persona muerta) y sus cuernos son colocados delante de la casa de los parientes. Cuantos más cuernos adornan el frente de la casa, más alto es el estado de la persona fallecida. En el viaje comprobamos que actualmente las iglesias protestantes cercanas también reciben una parte del reparto. Uno de los búfalos, un único superviviente, que mira los restos desparramados de sus compañeros con desconcierto, es perdonado y será donado a la iglesia, o es subastado para donar parte del dinero a la iglesia. Bufalo ceremonia
4 día o fase. Enterramiento. Tipos
Estas celebraciones pueden durar varios días, y terminan cuando llevan al difunto a su tumba. Una vez realizadas las anteriores ceremonias, queda la sepultura. Hay tres maneras diferentes de ser enterrado, si podemos designarlo literalmente así. Una es colgar el ataúd en una peña o acantilado, otra es dejar el ataúd en la oscuridad de una cueva o un hueco en las piedras o meter el féretro en una tumba de piedra tallada, en un árbol, o en una construcción de madera de estructura similar a los barcos. (Con la forma de los tongkonan). Transporte cuerpos El cuerpo no es enterrado hasta el undécimo día de la ceremonia, aunque no son técnicamente enterrados sino sepultados. El alma del difunto se cree que se queda por el pueblo hasta que se complete la ceremonia fúnebre, después de lo cual comienza su viaje a la tierra de las almas. Los toraja excavan, con martillos rudimentarios, las verticales rocas de cuevas o precipicios para introducir dentro al difunto. Sellan la entrada con una puerta de madera y visitan el lugar a menudo. Le llevan cigarrillos, paraguas, biblias e incluso ventiladores. Este tipo de tumbas en la roca vertical albergan varios miembros de la misma familia, a modo de panteón. Tumbas en roca Una efigie tallada en madera llamada tau tau, que reproduce la imagen de la persona muerta se coloca en el balcón de la tumba para representar a los muertos y vigilar sus restos. Son sus nuevos cuerpos: retratos esculpidos en madera, o más recientemente, en auténticas copias a escala de los antepasados. Tienen las dos manos extendidas: una recibiendo honores y ofrendas de los vivos y la otra dando bendiciones a cambio. Los descendientes vendrán al menos una vez al año a cambiar los ropajes que envuelven los esqueletos, y vendrán a charlar con sus antepasados, y les traerán cigarrillos. Por desgracia, muchas efigies tau tau han sido robadas para ser vendidas a los turistas. Gruta tau tauEn una región, conocida como Ke’te ‘kesu’, los muertos no son colocados en tumbas cavadas en los acantilados, sino en ataúdes de madera que cuelgan del lado de los acantilados. Los ataúdes están bellamente decorados con formas geométricas, pero con el tiempo la madera comienza a pudrirse y los huesos blanqueados del difunto quedarán al aire. Los ataúdes con forma de barco o búfalo quedan suspendidos y los sujetan con dos maderas; al cabo de los años los ataúdes caen contra el suelo y los huesos se desparraman. La tradición dice que en la parte más alta se ubica a los miembros de familias nobles; el resto del pueblo se acomoda donde sea, más cerca de la tierra. Hay cráneos y huesos humanos repartidos por todas partes, féretros abiertos, muchos de ellos acompañados aún de sus ofrendas, como cigarrillos o con las ropas ya arrugadas sobre los cuerpos que ya son sólo huesos. La respuesta a semejante desastre es que los ataúdes son dejados en donde puedan acomodarse, pero nada ni nadie garantiza que no se caerán. Si caen, pues allí se dejan. Huesos craneosEl más pequeño de los cementerios Toraja es el árbol Tarra o árbol de la vida donde se coloca al niño que muere antes de haber comenzado la dentición. Visitamos uno famoso en Kambira. El bebé está envuelto en un paño y se coloca en posición fetal dentro de un espacio excavado en el tronco de un árbol que crece, y tapado con una puerta de fibra de palma. Se cree que la savia blanca de este tipo de árbol, a modo de leche materna, alimenta a los pequeños y éstos siguen creciendo a pesar de estar muertos. La creencia es que a medida que el árbol empieza a sanar, la esencia del niño se convertirá en parte del árbol. Decenas de bebés pueden ser enterrados dentro de un solo árbol. Son devueltos a la naturaleza. En estos árboles de las Almas es donde reposan los cuerpos y los espíritus de los murieran demasiado pronto, y es desde allí que vuelven a la vida. La procesión de enterramiento es especial. Solo llevan el cadáver los hombres. Las mujeres se quedan en la casa. Este significativo hecho parece tener una explicación: el niño, al morir tempranamente, no ha cumplido el tiempo de separación de la madre, continúa formando parte de ella, simbiotizado, y, por extensión unido todavía a la madre naturaleza, sin haber entrado en el mundo de lo humano. El padre, al tener un papel y una función diferente a la de la madre en la relación con el niño, no participa de esta simbiosis, está libre de ella y se encuentra inscrito en la cultura. Es por esto que es el indicado para conducir y devolver al bebé a su primer estado para que pueda renovarse el ciclo, transformándose el cadáver en nueva vida. Arbol niños ¿Y qué pasa si el árbol muere? Nada, todo está en orden, ha cumplido su función. Sin embargo hacen lo que pueden para que el árbol esté cuidado y fuerte. El que vimos tenía más de 100 años, rodeado de una verja que le protegía y le daba una dimensión sagrada al espacio. Permanecerán sus espíritus dentro de los árboles y crecerán con ellos. Dentro de los grandes troncos morarán para siempre estas almas. ¿Se les protege de vagar eternamente por el limbo? ¿Es un modo de dejar que el cuerpo se disuelva y funda en el cuerpo del árbol? Parece que es exclusivo de esta circunstancia, niños inocentes. A partir de la dentición el cuerpo del muerto se conserva, embalsama se lo tiene presente, se hacen Tau Tau, también cuerpos de madera, que son sustitutos individuales aunque el enterramiento sea común. El árbol y el cuerpo de los bebés es uno, ¡un tótem! ¿Masculino-femenino?

“Un encuentro con una pareja de viajeros de Vitoria, frente al árbol que simboliza la fusión del lactante con la naturaleza viviendo en ella, evoca otro tótem: el Gernikako Arbola, roble que simboliza las libertades de los vascos. También es difícil situar este respecto a su masculinidad o feminidad. ¡Unas palabras con ellos y agur!” (Mikel)

Queda el desarrollo más a fondo de este tipo de enterramiento: árbol de la vida que haremos en el apartado reflexiones. Sólo unos pocos toraja, cinco familias, siguen la tradición de los rante. Se lleva a cabo el mismo procedimiento ceremonial: embalsamamiento, sacrificio y enterramiento; pero, además, se coloca un enorme megalito en la parte central del tongkonan: el rante. Al igual que los tau tau. Son panteones familiares y conllevan un sacrificio de hasta 537 búfalos por megalito, es por esta razón que solo los nobles tienen acceso a las tierras y hoy en día es una tradición que se está perdiendo.

Encuentro fortuito
No habíamos localizado una ceremonia en su cuarto día de enterramiento pero nos encontramos por el camino un funeral que estaba en su cuarto día. Lo encontramos cuando llevaban el cuerpo de una mujer en procesión en un palanquín para enterrarlo. Un hombre hacía de maestro de la ceremonia. A hombros de jóvenes, acompañados de músicos que tocaban un gong enorme, que corrían a veces, otras andaban zigzagueando, otras en línea recta, incluso retrocedían, chillaban cantaban y si te ponías cerca para fotografiarlos aceleraban el paso como jugando a pillarte de un modo muy divertido, subían por el monte hasta llegar al cementerio, visitando casas por el camino, parándose en algunas de ellas, cuando había alguien que quería despedirse y presenciamos momentos emotivos de mujeres abrazadas al féretro y cuyo llanto llenaba el espacio que el silencio de voces, gongs y otros sonidos de la naturaleza habían dejado. A la señal del maestro ceremonial se reanudaba la marcha, el ruido, la música, el juego, retomaban su turno y el féretro se arrancaba de las mujeres abrazadas que quedaban mirando cómo se alejaba. El colorido es la regla básica para un funeral Toraja en el que muy raramente se desprenden lágrimas. Sólo cuando el cadáver es transportado para ser depositado en alguna cueva cercana u otro tipo de enterramiento, las emociones de los familiares se parecen más a las que podemos sentir en la cultura occidental. Cuarto dia

“No podía evitar sentirme incómodo como extranjero fotografiando un ritual tan íntimo, pero comprobar la trivialidad con la que los asistentes abordaban el proceso, me hacía entender que no distorsionaba. Había personas ofreciendo cigarros y café a los presentes” (Mikel) “Llegamos a una colina donde había una construcción de madera en la que se iba a poner el féretro. Me acerque a una mujer, que se apartó al ver que quería fotografiar la foto de la difunta y que parecía un familiar cercano, para saludar y transmitirle el respeto a su ceremonia, y que más allá de fotografiar y documentar lo que pasaba, me hacía cargo de lo que estaba pasando. Era la hija de la difunta, vivía en Holanda y hablamos en inglés. Me contó que había muerto hacía 8 meses. Al decirle que soy médico me relató que era una mujer fuerte con malaria crónica y que se le diagnosticó un cáncer linfático. La hija trató de coordinar desde Holanda interconsultas médicas entre los médicos indonesios y los holandeses tratando de buscar tratamientos eficaces. Parece que el hígado no soportaba la situación por su degeneración por la malaria y que no se pudo hacer nada. Sin embargo me expresaba sus dudas sobre si habría hecho lo suficiente o pudiera haber hecho más. Da igual estar en una medio rural vasco, indonesio, nicaragüense, o en una gran cuidad de cualquier parte del mundo, ante la muerte, a los vivos se les mueven sus dudas, su psicología. Captaba en esta mujer una cierta culpabilidad quizás porque estaba lejos, en un estatus elevado en un país desarrollado, y pudiera querer compensar con su acción su falta de presencia física. Solo podía reforzarla en la convicción de que el diagnóstico, pronóstico y su actuación habían sido los correctos, y a eso me dedique un poco, dándole explicaciones convincentes, y mientras me escuchaba hablar pensaba “el fin justifica los medios, si hay que hacer un relato que llegue tiene que ser un logos que penetre investido de eros” y estaba atento a si el relato la calmaba. Pareció que sí y nos despedimos con el mamaste con la mano derecha en el corazón.

El encuentro con esa mujer me dejó pensativo sobre la efectividad de los ritos Toraja respecto a la resolución de los duelos. Desconozco si ella era cristiana y alejada del animismo Toraja. En mi experiencia con otras culturas animistas he visto formas más eficaces de resolverlo, los yanomami” (Mikel)

Ma'Nene
Habitualmente en agosto, tiene lugar un ritual llamado Ma’Nene (La ceremonia de Limpieza de los cadáveres) en el que se exhuman el cuerpo de los fallecidos que es lavado, peinado y vestido con ropa nueva, reponiéndose incluso lentes si las tuviera rotas. Cajas dañadas son arregladas o reemplazadas. Las momias son luego paseadas alrededor de la aldea, siguiendo un camino de líneas rectas, que es, quizá, la parte más importante de la ceremonia. Según el mito, estas líneas están conectadas con Hyang, una entidad espiritual con un poder sobrenatural. Como esta entidad sólo se mueve en línea recta, el alma del cuerpo del difunto debe seguir el camino de Hyang. Ma’Nene es un ritual funerario mucho menos popular y muy poco común. Momia femenina Si los cadáveres están encerrados en cuevas, los primeros días del ritual se dedicaban a la construcción de escaleras de bambú, obtenido en los bosques cercanos. A continuación, las familias exhuman cuidadosamente a sus familiares para limpiar los ataúdes por dentro y por fuera. A veces tenían que desechar por completo los ataúdes podridos y los sustituían por mortajas de tela con las que cubrían los decrépitos cuerpos. Al amanecer del último día del ritual, volvieron a cerrar las tumbas y retiraron las escaleras de bambú. Se sacrificaron varios animales para la comida. A continuación, para marcar el final del ritual, puede haber una competencia de Sisemba, una especie de combate tradicional a base de patadas. Momia Masculina
CEREMONIA INAUGURACIÓN DE UN NUEVO TONGKONANS

En la aldea Erodon. Es una ceremonia de la alegría, el polo opuesto al de la tristeza que es el de las ceremonias funerales. Se hace mucho menos. El tongkonans inaugurado era para uso de la comunidad.

Nuestro guía, cristiano, no podía asistir el mismo día a esta ceremonia de la casa y a una ceremonia funeraria, se lo impedía Aluk Todolo. Los misioneros holandeses toleraron las ceremonias funerarias y trataron de prohibir las de la alegría.

El ambiente era muy parecido al de la ceremonia de funeral, respecto a que también había muchos sacrificios, pero en esta solo de cerdos. Especialmente uno colocado en un palanquín que presidía la plazoleta, con un nombre escrito en el lomo con tiza blanca, era muy grande y viejo con colmillos bien desarrollados y retorcidos. El palanquín estaba adornado con flores.

Fue el primero de la matanza y luego se sacrificarían unos 100 más. Cerdo palanquin

La gente estaba más desinhibida que en la del funeral, muchas mujeres me pedían que les hiciera fotos y posaban con coquetería. Las mujeres mascan betel, los hombres fuman tabaco. Vestían ropa colorida y diversos adornos.

Sentado entre los familiares cercanos, un hombre anciano hojea un cuaderno apaisado y parece rememorar personas y anécdotas de la vida. En sus manos el árbol genealógico recoge detalladamente en anagramas a todos los miembros de la familia actual y sus antepasados.

A primera vista, como observadores externos, parecería que esta escena es un ejemplo de que la relación, y el vínculo, siempre están presentes, de que la conexión con el pasado que conforma el presente, la muerte y la vida permanecen en el espíritu de todos y trasciende a la realidad expresada en estas situaciones. Tendríamos que preguntarnos si esto es realmente así o es una apreciación provisional nuestra. (Carmen)

“Este es el único momento en el que se me impide acceder a lo que pasa. Me quiero relacionar, ver el libro, apreciar el árbol genealógico, pero se apartan, lo colocan de modo que no puedo observar las hojas, y me hacen sentir que sobro. No me echan ni emiten señales agresivas, lo hacen con delicadeza, con un mensaje diáfano. Siento que tienen en sus manos la esencia del clan, el linaje de sus sujetos, y lo protegen, ¿temen de algún modo que mi presencia distorsione algo? ¿Me viven como una amenaza, les cuesta integrar a otro vivo que no es igual que ellos?, ¿temen que les arrebate algo con mi mirada o mi objetivo fotográfico? ” (Mikel).

Gente alegria

Nos dieron de comer, de una variedad grande de platos. En gran parte de Indonesia el animal estrella es el ayam (pollo) y el ikan (pescado). En Sulawesi se come carne de lo más exótica, siendo el murciélago y por supuesto, el búfalo, los más típicos. No sabíamos que estábamos comiendo y era difícil reconocer los ingredientes por las especias. Pero todo estaba sabroso. Apareció una orquesta infantil de unos 35 niños y niñas de 9 a 12 años. Tocaban flautas de bambú caseras, les dirigía un adulto y eran acompañados por dos adultos más con instrumentos de percusión. Oqruesta Estaban por allí el gobernador y su mujer en campaña electoral, y colocaron al nieto para que cantara con la orquesta. Me encontré con cuatro viajeros de Pamplona que viajaban por su cuenta, dos parejas experimentadas en viajar por el mundo. ¡Una sorpresa! Charlamos y compartimos impresiones de lo que habíamos vivido en el viaje.

CAMINATA
Los caminos de un pueblo a otro son sencillamente extraordinarios, donde se alternan una arquitectura tradicional insólita con los preciosos paisajes de arrozales. Los “tongkonans” son de varios tipos: están los tradicionales y también otros van siendo readaptados para ser más funcionales, habitables, y baratos. El techo de bambú se sustituye por cinc. Los tejados alcanzan una altura realmente impresionante y tienen forma de barco (de silla de montar a caballo para otros). Los primeros sostienen su teoría afirmando que recuerdan la manera en que los toraja llegaron a la isla. Aldea caminata Su construcción lleva años y mucho dinero; es por eso que suele construirse entre varias familias. Su decoración, a pesar de su tamaño, es muy minuciosa. Bajo los techos, la madera tallada dibujando motivos religiosos se extiende hasta los pilares. No faltan los cuernos de búfalo por todos lados, animal decisivo para esta comunidad, tanto en vida como en el más allá. Los tongkonans son, en definitiva, el centro de la vida social de los toraja y, desde luego, la imagen más reconocible de su cultura. Encontramos cuevas y rocas donde los toraja hacen sus enterramientos definitivos, donde los familiares vuelven cada verano para adecentar a sus muertos. En ellos indistintamente hay huesos, calaveras decoradas, pequeños tongkonans como féretros y hasta balcones incrustados en roca donde se entierra a la realeza. Es costumbre para los toraja volver cada verano a los nichos y adecentar a sus muertos, decorarlos si es necesario y, por qué no, dejarles un cigarro metido en la boca. Desde luego, la muerte en esta parte del mundo se nos presenta en la más particular de sus versiones. Seguimos camino por Ketekesu, Lokomata, Batutumonga. Son pueblos de cuento, seguramente los más bonitos de cuantos vimos. Pero hay un lugar por encima de todos: el mirador de Tinimbayo. Una sola casa. Un solo bar en lo alto. La morada de los sueños de todo viajero, donde Sulawesi se abre a tus pies y tu mente sueña con el siguiente destino. Más allá de sus casas tradicionales, que ya son una obra de arte, los Toraja trabajan el arte del telar. Pudimos ver textiles hechos a mano con dos de sus técnicas, ikat –técnica de teñido por reserva sobre hebras antes de tejer la tela y tannun, técnica empleando hilo de la planta de la piña para tejer. Todavía hoy se encuentran mujeres en el norte y el oeste de Toraja que hilan a mano y tiñen con hojas, raíces y cortezas, pero desgraciadamente son menos. Niño escomdido Otra de la artesanía por excelencia de los Toraja es el tallado a mano en madera. El idioma toraja sólo se habla, no se escribe, por lo que para expresar conceptos sociales o religiosos tallan madera, llamándola Pa’ssura (el escrito) a menudo en forma de animales y plantas simbolizando alguna virtud o Tau Tau, pequeños clones de los difuntos con la función de vigilar su tumba. Inicialmente la caminata iba a ser de dos días durmiendo una noche en una vivienda local. Pero dado que teníamos un tiempo limitado lo redujimos a uno, bastante aprovechado y apretado, con la finalidad de poder asistir a la ceremonia de la alegría de la casa antes mencionada. El calentamiento global ha afectado este año un retraso en la época de lluvias y sobre todo un descenso notable de lluvia en los meses previos. La sequía era notable, los arrozales no iban a poder dar su segunda cosecha este año, salvo en los campos cercanos a las riberas de los ríos. El paisaje muy contrastado entre sequía, calvas verdes de arrozales, búfalos metidos en ciénagas para sacudirse el calor, halcones tratando de cazar manadas de los patos que se alimentan de los rastrojos… Paisaje El contraste entre polos antitéticos estaba muy marcado y le confería una singular belleza. Se palpaba la preocupación entre la gente. Era un día de celebración de los musulmanes por lo que la escuela estaba cerrada, lo mismo ocurre cuando otras religiones tienen una fiesta propia. Los niños estaban en las casas y pueblos. Eran casi los únicos que se acercaban, entre otras cosas porque el guía les anunciaba “Gula, Gula” que significa caramelos. Ellos se acercaban esperándolos. No nos resultó agradable este proceder. Es importante para nosotros que niños y grandes se puedan relacionar desde su espontaneidad, no motivados por el interés y menos movidos por una recompensa. Un grupo de adolescentes custodiaba un búfalo en un establo. Afirmaban que era un campeón en las luchas silaga tedong. El animal era imponente pero menos que su orgullo. También buscaban gula-gula y con mucha picardía trataban de obtener extras haciéndose los tontos, en un juego de risas, pues eran pillados. En un tongkonan, descansamos a la sombra, y se acercaron una adolescente que cuidaba un niño más pequeño y finalmente el padre. Este estaba interesado en conocer cómo vivíamos en nuestra casa, cómo era la crianza en nuestro país de origen, las expectativas de los hijos, la educación. Fue una conversación rica de intercambio de experiencias, de esas que te hacen constatar que todos los humanos nos preguntamos las mismas cosas. Familia CaminataEn una caminata similar que hicimos años antes en Nepal la relación con la gente fue más intensa, más fluida, el interés en contrastar, más manifiesto, te invitaban a tomar brebajes o probar alimentos que estaban cocinando. En Tana Toraja el paseo fue más paisajístico, más introvertido. Salvo la excepción del padre referido, la gente se escondía más, incluso cerraban cortinas o ventanas al extranjero.
ALGUNAS CONSECUENCIAS SOBRE LA MUERTE ENTRE LOS TORAJA
Todo lo opuesto que en occidente. Nada de susurros, nada de ceremonias rápidas ni funerales discretos. Todo a la luz del día, en comunidad y fiesta. Toda una vida por y para la muerte. En todas las fiestas de funeral nos sentimos bienvenidos e incluso, diríamos más, pudimos sentir el orgullo y agradecimiento hacia nosotros por parte de la familia por el simple hecho de habernos desplazado para asistir a su gran fiesta. Parece evitarse el contacto con la tierra en polvo. Se usan cuevas, se excavan rocas, se construyen edificaciones elevadas sobre el suelo. Dicen que eso servía para dejar libre la tierra para los cultivos. O los muertos están en casa viviendo con los vivos o en lugares donde no interfieren los cultivos. Esa explicación es muy simple aunque sea una verdad parcial. Los cuerpos no abonan los campos y también es evidente el intento de poner los muertos a salvo de los demonios del inframundo que deambulan por la tierra. El cuerpo dura mucho, su descomposición es lenta, aún después de “enterrado” ya que previamente fue momificado. Al sujeto se le entierra con las pertenencias que más apreciaba y es cuidado, hasta que sus vivos mueren y ya no pueden cuidarlos más, entonces, los huesos desbordan los féretros carcomidos de madera y aparecen visibles. Para entonces también los Tau Tau, nuevo cuerpo, están deteriorados aunque perduran más tiempo. Está relacionado con las creencias mitológicas del origen. Los antecesores de los Torajans descendieron del cielo por escaleras y volvieron a subir. El lugar celeste superior distinto de la tierra sin polvo y más eterno e inmutable es el que tratan de construir escavando rocas vivas para sepultar los cuerpos en nichos. No todo sujeto tiene un destino similar en el otro mundo y en función de su casta su funeral es más ostentoso, y tiene o no psicopompos para acompañar al alma en su viaje. Los que proceden a usar sistemas cristianos de enterramiento, sobre todo panteones, son criticados ya que los colocan en lugares visibles, cruces de caminos, y limitan la movilidad o el espacio de cultivo. En el apartado “reflexiones” del blog presentamos un estudio, a modo de ensayo, en el que formularemos unas hipótesis sobre el sentido de la muerte y sus rituales en esta etnia, de la que sentimos haber aprendido cosas aplicables en nuestro entorno.

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