La historia recoge la existencia de reyes que han promovido el bienestar de sus reinos, siendo algunos de ellos mitificados por su buen hacer. Por citar algunos de los que ejemplifican el ideal platónico de reyes filósofos: Salomón, Alejandro Magno, Marco Aurelio, Matías Corvino, Federico el Grande, Catalina II de Rusia, Nezahualcoyotl. Aun así los reyes buenos han sido muy pocos. La mayoría de los reyes han sido nefastos y más cuando han acaparado el poder religioso o han sido sostenidos por este. Se han generado guerras, expediciones militares (cruzadas, armada invencible), genocidios, desastres ecológicos (un galeón de la armada invencible requería 500 robles talando los bosques de castilla y de los 127 barcos naufragaron o fueron destruidos 87), y destrucción por su afán de poder y dominio o por el mantenimiento de su régimen. Algunos reyes fueron apodados con el calificativo de “cruel”, “demonio del mediodía”… Ejemplos históricos: Ranavalona I, Calígula, Nerón, Juan Sin Tierra, María la sangrienta, Iván IV El Terrible, Leopoldo II de Bélgica, Reyes Católicos, Felipe II. Dependiendo de quien interpreta la historia y de la posición de intereses algunos de los ejemplos pueden ser considerados en la clasificación contraria a lo descrito en este texto. Hablar de buenos o malos es un ejercicio de pensamiento concreto, simple. Son conceptos relativos e interdependientes. Cada uno solo puede concebirse en referencia al otro. Sin embargo, ¡cuánta destrucción han generado los intentos de acabar con el mal desde la presunción de que se hacen desde el bien!
Los absolutistas españoles en 1814 acuñaron el lema ¡Vivan las cadenas! es un lema cuando, en la vuelta del destierro de Fernando VII, se organizó un recibimiento popular en el que se desengancharon los caballos de su carroza, que fueron sustituidos por personas del pueblo que tiraron de ella. Apoyando y justificando la decisión del rey de ignorar la Constitución de 1812 y la obra legislativa de las Cortes de Cádiz, gobernando como rey absoluto, apoyado en los firmantes del Manifiesto de los Persas (12 de abril). Cuando la intervención de los Cien Mil Hijos de San Luis acabó con el Trienio Liberal, se produjeron adiciones de nuevos contenidos al lema: “Vivan las cadenas y mueran los negros” y “Vivan las cadenas y muera la nación” Negros era el nombre con el que los absolutistas se referían a los liberales españoles; y nación era una palabra de contenido político liberal (soberanía nacional, milicia nacional, bienes nacionales, etc.).

Estatua de Carlomagno en la cripta de la catedral de Zurich (Grossmünster).
Carlomagno fue el constructor del Sacro Imperio Romano, que se desmembró a su muerte dando paso al Feudalismo. Fue uno de los Nueve de la Fama que representaban el ideal de la caballería (Héctor de Troya, Alejandro Magno, Julio César, Josué, conquistador de Canaán, David, rey de Israel, Judas Macabeo, reconquistador de Jerusalén, Rey Arturo, Carlomagno, Godofredo de Bouillón, uno de los líderes de la Primera Cruzada)
Llama la atención su imponente pose, el estar sentado en el trono, la corona y el cetro-espada.
Sobre la simbología de la corona, se pueden decir varias cosas. Con la ceremonia de coronación el rey queda legitimado como ser sobrehumano, vinculado con el mundo superior, y le eleva por encima del círculo de sus semejantes. La estructura circular de la corona significa círculo sin fin. Cuando hay piedras preciosas añade la cualidad de lo suntuoso. Cuando hay dientes en forma de rayos hacen pensar en los rayos del Sol, una imagen cósmica patriarcal-solar. Por esto las coronas de los reyes se hacen casi siempre del metal solar oro. Una triple corona (tiara) designa al Papa, una quíntuple simboliza a Dios Padre.

La corona real de España, un objeto heráldico sin existencia real, que recoge los simbolos citados antes.

La representación del artista alemán de comics Ralf König evoca un rey fálico que dicta la ley a su conveniencia. No lejos de las asociaciones que muchos hacen con el poder de los reyes.
¿En lo profundo?
¿A que me refiero? A lo no manifiesto pero presente en el psiquismo como motor de desarrollo de la conciencia. Su presencia en el inconsciente colectivo tiene una historia. La experiencia de una realidad social duradera que ha significado mucho para generaciones se inscribe en el inconsciente colectivo, como arquetipo que a modo de “instinto” empuja al despliegue de la conciencia.
Los símbolos se presentan mediante imágenes y relatos míticos. Estos relatos representan dramas existenciales humanos y una de sus funciones es dotar de explicaciones a las preguntas existenciales. Son referencias, propuestas explicativas que sirven temporalmente y pueden ser cambiadas. Símbolos y mitos aparecen en sueños, leyendas, relatos, utopías (Callipolis de Platón),… El relato mítico también puede ser desviado de su función de empuje al desarrollo y convertirse en una herramienta de dominación. El mito fundamenta un modo de interacción entre agentes sociales basado en lo simbólico, que explica el mayor grado de perdurabilidad de la raíz estructural de los elementos que se ponen en juego en las relaciones sociales cotidianas, en cada interacción social, a pesar de los cambios socioeconómicos y de los progresos sociales.
Muchos consideran Edipo rey la obra maestra de Sófocles. Entre ellos, Aristóteles, que la analiza en la Poética. La obra nos presenta a Edipo en su momento de mayor esplendor, como rey de Tebas y esposo de Yocasta. Para salvar a la ciudad, comienza a investigar la muerte del rey anterior, Layo. Poco a poco se descubre la verdad: Edipo es el asesino que busca, Layo era su padre y su esposa, Yocasta, es al mismo tiempo su madre. Yocasta se suicida y Edipo, tras cegarse a sí mismo, pide a su cuñado Creonte que le deje partir al destierro y se quede con sus dos hijas, ya que sus dos hijos son hombres y sabrán cómo actuar.
En Edipo encontró Freud un relato que explicaba el incesto cometido por el rey derivado de la dirección de la pulsión sexual que lleva al varón a desear a la madre y matar al padre y el castigo por transgredir la norma. Para los griegos era la lucha entre la imposición de los dioses (destino) sobre la libertad humana. Héroe que trata de buscar su lugar salir de su destino y a pesar de sus esfuerzos comete la falta que trata de evitar y sucumbe a la culpa, lo mismo que Yocasta y su descendencia.
El contraste entre malos y buenos reyes ha generado el mito indoeuropeo del Rey Perdido. Un rey justo, legítimo y amado por sus súbditos, que desaparece misteriosamente; todos se niegan a creer que haya muerto, se ha retirado a un lugar oculto y volverá cuando la hora sea propicia para ponerse al frente de la legión de los elegidos en la batalla final contra las fuerzas del mal. En ocasiones Caudillo derrotado, en otras muerto, pero que su cadáver jamás se encuentra o simplemente líder victorioso de un período áureo, consciente de la etapa de descomposición y decadencia en que vive la humanidad y que deciden pasar a una especie de estado de letargo hasta que se produzca la renovación del tiempo de la que él mismo será vehículo. Todos ellos son prefiguraciones, más o menos directas, del Mesías Kalki que, según la tradición indo-aria, vendrá al final de los tiempos para restaurar el Orden y la Justicia en el mundo. La morada de este “Rey Perdido” es un símbolo polar: una montaña (Federico I y II, Ogier de Dinamarca, José Antonio, Carlomagno…), un Castillo (Otger Khatalon, Vlad III…). Las moradas o residencias de todos estos personajes, son imágenes visibles y a la vez simbólicas: cielo. El Rey Arturo, protagonista del Ciclo del Grial y de los Caballeros de la Tabla Redonda, después de la batalla contra las fuerzas del mal representadas por Mordred, se retira a la isla Avalón.
En el simbolismo alquímico, el rey, casi siempre con la reina, está representado como elemento del sistema dual Sol-Luna en el sentido de la doctrina dual de azufre y mercurio, que juntos, tras el medio de purificación del proceso alquímico, forman la «piedra filosofal», generalmente representada como andrógino coronado.
La escuela de psicología profunda de C. G. Jung, se ha ocupado extensamente del simbolismo alquímico y considera al Rey menos como símbolo de autoridad paternal («imagen del padre») y más como arquetipo de intuición y sabiduría superiores en el fondo de los símbolos psíquicos heredados. La integración de Guerrero; Sabio; Amante; Mago. Requieren la armonía entre las cuatro funciones del psiquismo descritas por Jung; Percepción; Pensamiento; Juicio e Intuición. Además se requiere equilibrio dinámico entre ellas y con las actitudes de introversión y extraversión.
En cuentos y leyendas aparecen a menudo figuras de reinas procedentes del ámbito sobrenatural, como por ejemplo, la reina de las hadas o —bajo un signo negativo— una reina de las brujas. En tiempos más antiguos se otorgaba a la mujer una influencia mayor que en la época cristiana. Y esta temática sigue estando en el psiquismo. Desde el punto de vista psicológico, hay grandes reinas que desempeñan un papel importante, por ejemplo en los sueños, como imágenes primigenias del «gran femenino» o de la madre en general.
En los cuentos populares europeos, la figura del rey constituye primordialmente el objetivo de todas las aventuras y viajes que el héroe debe vivir en el transcurso de su maduración y formación con el fin de cumplir con su misión. No importa la nobleza de nacimiento, sino que, en el proceso de «hacerse rey» de la figura central, se trata de la posibilidad de poder identificarse con aquella figura y dirigir las propias disposiciones hacia el máximo desarrollo posible. El rey se concibe también como una proyección del yo superior, un ideal a realizar. Ya no tiene, entonces, ninguna significación histórica ni cósmica; se convierte en un valor ético y psicológico. Su imagen concentra en ella los deseos de autonomía, de gobierno de sí mismo, de conocimiento integral, de conciencia. En este sentido, el rey es, con el héroe, el santo, el padre y el sabio, el arquetipo de la perfección humana y moviliza todas las energías espirituales para realizarse. Pero esta imagen puede pervertirse en la de un tirano, expresión de una voluntad de poder mal controlada.