Del «homo productor» al «homo símbolo» en el capitalismo tardío, epigénesis histórica y futuro homo transhumano.

Del «homo productor» al «homo símbolo» en el capitalismo tardío, epigénesis histórica y futuro homo transhumano.

 Mikel Garcia Garcia  17 enero 2026

 Cada apartado se abre desplegándolo

Resumen
Resumen

El documento traza la evolución del sujeto en el capitalismo, desde el homo faber (productor) y homo economicus (intercambiador) hacia el “hombre símbolo” del capitalismo tardío, cuyo valor reside no en lo que produce, sino en su capacidad de generar significados atractivos y viralizables. Este sujeto se convierte en un “activo semiótico”, tokenizado en datos y métricas, lo que refleja la mercantilización de lo simbólico y la economía de la atención.

Desde la perspectiva junguiana del autor, este tránsito representa una inflación de la Persona: la identidad se reduce a símbolos intercambiables, desconectados del Sí-mismo, lo que lleva a una pérdida de lo simbólico vivo y riesgo de esquizofrenia cultural. Lejos de generar una compensación integradora, el inconsciente colectivo responde con la irrupción de la Sombra: regresiones arquetípicas violentas, guerras, líderes autoritarios y fascismos, que ofrecen una catarsis ante el vacío tokenizado.

El texto analiza esta dinámica a través de teóricos como Deleuze y Guattari (capitalismo esquizofrénico), Lacan (goce psicótico por forclusión de lo simbólico), Foucault (biopolítica del control) y Byung-Chul Han (sociedad del cansancio), concluyendo que la tokenización y la Sombra son dos caras de una misma crisis: el colapso de la mediación simbólica.

Como antídoto, se propone la emergencia de un nuevo régimen de signos —un “Humanismo Numinoso”— que, a semejanza del Renacimiento, pueda reconciliar tecnología y alma, dato y mito, atención y profundidad. Este humanismo no sería una regresión, sino una síntesis superior que integre sabidurías excluidas y herramientas digitales, encarnando la función trascendente a escala histórica.

El documento explora tres escenarios futuros posibles: distopía tokenizada, regresión sombría o transformación simbólica, sugiriendo que el factor decisivo será la capacidad de generar símbolos vivos que contengan y transformen la energía de la Sombra. La esperanza histórica reside en que, como en el Renacimiento, la profundidad de la crisis pueda catalizar el surgimiento de nuevos mitos colectivos que rediman la experiencia humana de la disociación entre token y Sombra.

Palabras clave: Hombre símbolo, Tokenización, Sombra colectiva, Capitalismo tardío, Jung, Inconsciente colectivo, Humanismo numinoso, Esquizofrenia cultural, Simbólico vivo, Transhumano

 

Summary

The document traces the evolution of the subject in capitalism, from homo faber (producer) and homo economicus (exchanger) towards the «symbolic man» of late capitalism, whose value lies not in what he produces, but in his capacity to generate attractive and viral meanings. This subject becomes a «semiotic asset,» tokenized into data and metrics, reflecting the commodification of the symbolic and the attention economy.

From the author’s Jungian perspective, this transition represents an inflation of the Persona: identity is reduced to interchangeable symbols, disconnected from the Self, leading to a loss of the living symbolic and a risk of cultural schizophrenia. Far from generating an integrative compensation, the collective unconscious responds with the irruption of the Shadow: violent archetypal regressions, wars, authoritarian leaders, and fascisms, which offer a catharsis in the face of the tokenized void.

The text analyzes this dynamic through theorists such as Deleuze and Guattari (schizophrenic capitalism), Lacan (psychotic enjoyment due to the foreclosure of the symbolic), Foucault (biopolitics of control), and Byung-Chul Han (society of fatigue), concluding that tokenization and the Shadow are two sides of the same crisis: the collapse of symbolic mediation.

As an antidote, the emergence of a new regime of signs—a «Numinous Humanism»—is proposed, which, akin to the Renaissance, could reconcile technology and soul, data and myth, attention and depth. This humanism would not be a regression, but a superior synthesis that integrates excluded wisdoms and digital tools, embodying the transcendent function on a historical scale.

The document explores three possible future scenarios: tokenized dystopia, shadowy regression, or symbolic transformation, suggesting that the decisive factor will be the capacity to generate living symbols that contain and transform the energy of the Shadow. Historical hope lies in the possibility that, as in the Renaissance, the depth of the crisis may catalyze the emergence of new collective myths that redeem human experience from the dissociation between token and Shadow.

Keywords: Symbolic Man, Tokenization, Collective Shadow, Late Capitalism, Jung, Collective Unconscious, Numinous Humanism, Cultural Schizophrenia, Living Symbol, Transhuman.

 

Laburpena

Dokumentuak kapitalismoan dagoen subjektuaren bilakaera aztertzen du, homo faber (ekoizlea) eta homo economicus (trukatzailea) hastapenetatik, kapitalismo berantiarreko «gizon sinboliko»raino; azken honen balioa ez da ekoizten duenean datza, baizik eta esanahi erakargarri eta biralak sortzeko duen gaitasunean. Subjektu hori «aktibo semiotiko» bihurtzen da, datu eta metriketan tokenizatua, sinbolikoaren merkantilizazioa eta arretaren ekonomia islatuz.

Egilearen ikuspegi jungiarraren arabera, trantsizio honek Pertsonaren inflazioa adierazten du: nortasuna trukagarriak diren sinboloetara murrizten da, Norberearengandik deskonektatuta, sinboliko bizia galtzea eta eskizofrenia kulturalaren arriskua eraginez. Konpentsazio integratzaile bat sortzeko urrun, inkontziente kolektiboak Itzalak eragindako erupzioarekin erantzuten du: erregresio arketipiko bortitzak, gerrak, lider autoritarioak eta faxismoak, tokenizatutako hutsunearen aurrean katarsia eskaintzen dutenak.

Testuak dinamika hau teorialarien bidez aztertzen du, hala nola Deleuze eta Guattari (kapitalismo eskizofrenikoa), Lacan (sinbolikoaren forclusioagatiko gozamen psikotikoa), Foucault (kontrolaren biopolitika) eta Byung-Chul Han (nekaduraren gizartea), ondorioztatuz tokenizazioa eta Itzala krisi beraren bi alde direla: bitartekaritza sinbolikoaren kolapsoa.

Konponbide gisa, zeinuen erregimen berri baten agerpena proposatzen da —»Humanismo Numinosoa»—, zeinak, Pizkundean bezala, teknologia eta arima, datua eta mitoa, arreta eta sakontasuna batera ditzakeen. Humanismo hau ez litzateke atzerakada bat, baizik eta sintesi hobe bat jakinduria baztertuak eta tresna digitalak integratzen dituena, funtzio transzendentea eskala historikoan gorputzatuz.

Dokumentuak etorkizuneko hiru eszenaio posible aztertzen ditu: distopia tokenizatua, erregresio itzaltzailea, edo aldaketa sinbolikoa, iradokizun bat eginez faktore erabakigarria Itzalak duen energia eduki eta eraldatu dezaketen sinbolo bizien sorrera izango dela. Itxarpen historikoa Pizkundean bezala, krisiaren sakontasunak mito kolektibo berrien agerpena kataliza dezakeela da, esperientzia gizatiarra token eta Itzalen arteko disoziaziotik aska dezaketenak.

Gako-hitzak: Gizon Sinbolikoa, Tokenizazioa, Itzal Kolektiboa, Kapitalismo Berantiarra, Jung, Inkontziente Kolektiboa, Humanismo Numinosoa, Eskizofrenia Kulturala, Sinboliko Bizia, Transhumanoa.

 

Contenido
Ensayo

Presentación

Hay un contraste histórico entre el homo faber/economicus y el nuevo «hombre símbolo». El valor ahora se desplaza de la producción material a la representación simbólica hasta el humano convertido en «activo semiótico». El tránsito es desde un sujeto definido por la producción material (homo faber) y el intercambio económico (homo economicus) hacia un “hombre símbolo” en el capitalismo tardío y tokenizado.

El “hombre tokenizado” alude a cómo las identidades y relaciones humanas son traducidas en datos, métricas y símbolos intercambiables en plataformas digitales y mercados inmateriales. La idea sugiere una crítica a la mercantilización de lo simbólico, donde el ser humano deviene un “activo semiótico”, es decir, su valor social y económico depende de su capacidad de generar significados atractivos, consumibles y viralizables.

Esta visión conecta con teorías sociológicas y filosóficas contemporáneas, como la sociedad del espectáculo (Debord), la economía de la atención (Franck), o el capitalismo de plataformas (Srnicek), donde lo simbólico y lo mediático adquieren primacía. Invita a pensar en cómo la identidad se vuelve un proyecto de gestión de signos y atención, con implicaciones profundas en la vida social, la psicología y la economía.

Preguntas abiertas para reflexionar:

¿Este «hombre símbolo» es un empoderamiento o una alienación?

¿Este “hombre símbolo” sustituye al “hombre productor” o coexiste con él?

¿Cómo afecta esto a la desigualdad? Quienes no puedan “narrarse” o “representarse” de manera atractiva podrían quedar excluidos.

¿Hay espacio para la autenticidad o todo se reduce a una estrategia de percepción?

 

Aportación junguiana

En la psicología junguiana, el homo faber (productor) y el homo economicus (intercambiador) pueden vincularse con arquetipos de estructuración consciente: el Arquitecto, el Mercader, el Artífice.

El “hombre símbolo”, en cambio, se acerca más al arquetipo de la Máscara (la Persona en términos junguianos), pero llevado a un extremo donde la Persona ya no media entre el individuo y lo social, sino que lo devora.

Esto podría indicar una inflación de la Persona a nivel colectivo: la identidad se reduce a símbolos intercambiables, desconectados del sí-mismo.

Para Jung, los símbolos son expresiones de contenidos inconscientes que nunca pueden ser totalmente cosificados sin perder su función psíquica vital (mediadora entre consciente e inconsciente).

La tokenización (convertir identidad, atención, narrativa en activos cuantificables) literaliza y comercializa lo simbólico, vaciándolo de su capacidad de transformar la psique.

El riesgo es la pérdida de lo simbólico vivo y su reemplazo por signos vacíos, lo que podría generar una pobreza imaginativa colectiva y un desequilibrio psíquico.

La individuación requiere integrar consciente e inconsciente, no solo proyectar imágenes atractivas.

El “hombre símbolo” vive en la economía de la proyección: su valor está en cómo es percibido. Esto refleja una colectividad atrapada en la etapa del “espejo”, donde el yo (ego) se identifica totalmente con la Persona, alejándose del sí-mismo.

A nivel social, esto se manifiesta como aumento de trastornos de identidad, ansiedad existencial y vacío significado —síntomas de una cultura que ha perdido contacto con los símbolos como vías de trascendencia. La tokenización del hombre podría llevar a una esquizofrenia cultural, donde el yo colectivo pierde el diálogo con su propia profundidad.

Impacto en lo inconsciente colectivo.

Lo inconsciente colectivo responde a cambios culturales profundos generando nuevos símbolos o rescatando arquetipos antiguos para compensar desequilibrios.

Posibles compensaciones desde lo inconsciente.

Si la cultura sobrevalora la representación superficial (el “hombre símbolo”), el inconsciente colectivo podría:

Activar arquetipos de autenticidad (como el Inocente, el Sabio, el Salvaje) en contrapeso a la hipermediación.

Producir sombras colectivas: lo no representable, lo no cuantificable, lo “feo” o “ineficiente” resurge como síntoma social (ej.: movimientos antirredes, neoludismo, ascetismo digital).

También podría aparecer una nostalgia arquetípica por el homo faber —lo tangible, lo artesanal— como retorno de lo reprimido.

Sueños colectivos que enfaticen lo no mediado, lo corpóreo, lo íntimo.

Figuras públicas que encarnen autenticidad (aunque sean luego tokenizadas).

Crisis y rupturas en los sistemas de representación (descrédito de influenciadores, fatiga de marcas personales).

También podría resurgir con fuerza el arquetipo del Trickster (el embaucador) que expone la ilusión del símbolo vacío, a través del humor, el escándalo o el sabotaje simbólico.

La salida creativa no sería regresar al homo faber, sino restaurar la función viva del símbolo: que la representación no sea un fin en sí misma, sino un puente hacia la totalidad psíquica.

Realidad de los dinamismos de lo colectivo

No estamos viendo una compensación integradora, sino la irrupción descontrolada de la Sombra colectiva.

La hipótesis de una respuesta equilibrada desde lo inconsciente (sabiduría, autenticidad) parece débil frente a la evidencia de regresiones arquetípicas violentas y fragmentadoras.

No recojo sueños que apunten a una reacción compensatoria.

La Sombra colectiva como síntoma de lo reprimido por el “hombre símbolo”

El “hombre símbolo” vive de la hipervisibilidad controlada, la pulcra narrativa, la optimización de la imagen. Lo que se reprime: lo irracional, lo caótico, lo agresivo, lo vulnerable, lo corporal, lo histórico traumático.

La Sombra colectiva no desaparece; se acumula y explota en formas distorsionadas: guerras, polarización, discursos de odio, líderes que encarnan lo que el “hombre símbolo” niega: grosería, impulsividad, “autenticidad” brutal.

Trump y otros líderes como “encarnaciones de la Sombra”

Son manifestaciones del Trickster pervertido o del Tirano.

Encarnan todo lo que el capitalismo simbólico reprime: el lenguaje no filtrado, el narcisismo desnudo, la voluntad de poder sin máscara de “virtud” neoliberal.

Su atractivo masivo no es racional; es arquetípico: ofrecen una catarsis de Sombra a poblaciones agotadas de gestionar su Persona (imagen) en un mundo tokenizado.

Guerras y conflictos: la Sombra proyectada en el Otro

El “hombre símbolo” es un ser desterritorializado, digital, cuantificado.

La Sombra, en cambio, busca cuerpo, territorio, sangre.

Las guerras actuales (y los discursos bélicos) pueden leerse como rituales de re-encarnación violenta donde lo reprimido (el cuerpo mortal, la lucha física, el enemigo concreto) vuelve con furia. Es la negación de lo tokenizado: la muerte no puede ser tokenizada.

El regreso del “potencial fascista” (Adorno) como posesión por la Sombra

Adorno advirtió que las condiciones de alienación, miedo a la libertad y fetichismo tecnomercial podrían reactivar la personalidad autoritaria.

El “hombre símbolo” es hijo de esa alienación: vive de venderse a sí mismo como signo, lo que genera vacío interno y deseo de estructura rígida.

La Sombra colectiva, entonces, no busca individuación, sino disolución en lo masivo, en el líder, en la simplificación maniquea — una fuga del yo tokenizado hacia la seguridad de la tribu.

¿Por qué no hay compensación integradora?

Porque la velocidad y escala del cambio simbólico-tokenizador no dan tiempo a la psique colectiva para elaborar respuestas creativas.

La cultura digital favorece la reactividad, la polarización, la simplificación — terreno fértil para la Sombra, no para el símbolo integrador (que requiere silencio, reflexión, tiempo).

El inconsciente colectivo no es “sabio” per se, también tiene su sombra; puede ofrecer soluciones arcaicas a problemas modernos — como el fascismo fue una “solución” arcaica a la ansiedad de la modernidad industrial.

El “hombre símbolo” genera su propio monstruo

El sujeto tokenizado, vacío de experiencia simbólica auténtica (solo signos vacíos), busca llenar ese vacío con contenidos sombríos hipercargados: identidades fanáticas, nacionalismos esencialistas, mitos de pureza.

No es un proceso de individuación, sino de posesión colectiva.

La Sombra no viene a equilibrar, sino a destruir la Persona inflada — y con ella, a menudo, arrastra también lo valioso de la cultura.

El “hombre símbolo” no provocó el surgimiento de arquetipos sanadores, sino la reactivación de la Sombra en forma de potencial fascista, guerra y líderes tiránicos.

Es la venganza de lo reprimido en un mundo donde todo debe ser convertible en signo, atención y capital.

La salida ya no sería solo “integrar la Sombra” a nivel individual, sino detener la máquina tokenizadora que hace inevitable su explosión patológica a nivel colectivo.

 

El espíritu de los tiempos

El Zeitgeist (espíritu de los tiempos): La tokenización y el «hombre símbolo»

La narrativa dominante del siglo XXI se ha construido sobre los ideales de:

Conectividad global y desmaterialización.

Economía de la atención y valor simbólico.

Optimización del yo como marca personal.

Dataísmo: la creencia de que todo puede y debe ser cuantificado.

 

Este es el espíritu de superficie: un mundo digitalizado, pulcro, donde la identidad es un proyecto de gestión de signos. El «hombre símbolo» es su protagonista.

El Contra-Espíritu: La irrupción de la Sombra como verdadero Zeitgeist

La tesis de la hiperracionalidad tokenizadora genera su antítesis sombría:

La reacción anti-simbólica:

Mientras el «hombre símbolo» vive de signos vacíos, la Sombra busca realidades crudas, brutales, no mediadas.

Trump no es un político tokenizado; es un performance de la Sombra: agresión verbal, resentimiento, negación de lo «políticamente correcto» (el lenguaje tokenizado).

Las guerras no se libran solo por recursos, sino por recuperar un relato de sangre, tierra y destino frente a un mundo globalizado y desencarnado.

 

Tokenización y Sombra son las dos caras de una misma crisis: la muerte del símbolo vivo y su reemplazo por signos vacíos o pulsiones mortíferas.

 

El regreso de lo reprimido histórico:

La sombra colectiva no es solo individual; es histórica.

Los fantasmas del fascismo, el colonialismo, los nacionalismos étnicos —que el discurso tokenizado creía superados— regresan precisamente porque fueron tokenizados como «signos del pasado», pero nunca integrados simbólicamente.

Adorno: «El pasado no redimido vuelve como pesadilla». La tokenización es una forma de no-redención porque convierte el pasado en signo sin integrarlo psíquicamente.

 

El espíritu actual es esquizofrénico:

Tesis: Un mundo tokenizado, desmaterializado, «post-ideológico».

Antítesis: Un mundo poseído por mitos arcaicos, cuerpos territorializados, identidades esencialistas.

El verdadero Zeitgeist es esta tensión irreconciliable.

Síntomas culturales del Zeitgeist sombrío

En política: Líderes que son antítesis vivas del «hombre símbolo» (no pulidos, no tokenizables, pero hiperauténticos en su sombra).

En cultura: Ascenso del horror corporal, lo distópico, lo postapocalíptico —géneros que exploran el colapso de lo simbólico y el retorno a lo crudo.

En tecnología: La IA generativa como culminación del «hombre símbolo» (todo puede ser simulado) y, simultáneamente, el pánico a lo real que eso provoca.

En lo social: Polarización como síntoma: no hay debate tokenizable, solo guerra de sombras proyectadas.

La falta de símbolos vivos capaces de mediar entre ambos polos.

Lectura desde la Dialéctica de la Ilustración (Horkheimer & Adorno)

La tokenización es la Ilustración llevada al extremo: todo debe ser transparente, cuantificable, intercambiable.

Pero, como advirtieron ellos, la razón instrumental genera su propio irracionalismo.

El «hombre símbolo» es la razón instrumental aplicada al yo; la Sombra colectiva es el mito que regresa bajo la forma de fascismo, fanatismo, guerra.

El espíritu de nuestro tiempo es, por tanto, la imposibilidad de escapar de esta dialéctica.

Nuestro Zeitgeist no es progresista ni regresivo; es un colapso de la mediación simbólica. El espíritu de nuestro tiempo es la esquizofrenia histórica: creamos un mundo de signos vacíos, y ese vacío atrae los demonios que creímos enterrados.

Lo que viene no es la «compensación junguiana», sino la lucha entre dos fuerzas desintegradoras: la tokenización que vacía la experiencia, y la Sombra que la llena con violencia.

Autores de interés

Deleuze y Guattari: Capitalismo esquizofrénico y desterritorialización

Capitalismo como máquina deseante que descodifica flujos (dinero, información, signos), pero los sobrecodifica en regímenes de control.

Tokenización = sobrecodificación máxima: todo (incluso la subjetividad) se convierte en flujo cuantificable y intercambiable.

El capitalismo también libera flujos esquizofrénicos (deseo puro, sin organización), que amenazan sus propias estructuras.

La Sombra colectiva (guerras, fascismos) sería una re-territorialización violenta de esos flujos descodificados: una respuesta reaccionaria al desborde esquizofrénico del capitalismo tardío.

Nuestra época: Tokenización (sobrecodificación) vs. Retorno de la Sombra (re-territorialización violenta). Esquizofrenia social polarizada.

Lacan: Goce psicótico y forclusión del Nombre-del-Padre

Lacan vincula la psicosis con la forclusión del Nombre-del-Padre (símbolo que estructura la realidad simbólica).

Tokenización = forclusión de lo simbólico vivo: se sustituye por signos vacíos, algoritmos, métricas (pseudo-simbólico sin verdadera ley simbólica).

Goce psicótico (jouissance) emerge cuando lo Real irrumpe sin mediación simbólica.

La Sombra colectiva es un goce psicótico social: pulsión de muerte, guerras, líderes fascistas como figuras que ofrecen un goce totalitario ante el desierto simbólico.

Trump / líderes autoritarios encarnan el Otro que goza, una figura que promete restaurar un orden simbólico (ley, nación) pero desde la lógica del goce irracional.

Foucault: Biopolítica y sociedad de control

Tokenización es la biopolítica llevada al extremo: no solo se administra la vida, sino que se la cuantifica, optimiza y convierte en dato.

El “hombre símbolo” es el sujeto biopolítico perfecto: auto-gestión, auto-cuantificación, auto-optimización.

La Sombra colectiva sería una reacción contra el control biopolítico: un retorno a la tanatopolítica (gestión de la muerte), visible en guerras, discursos mortíferos, sacrificio del cuerpo político.

Foucault diría: el poder ya no reprime, incita a ser un símbolo tokenizado. La Sombra es el contra-disciplinamiento brutal que nace cuando la vida tokenizada se vuelve insoportable.

Byung-Chul Han: Sociedad del cansancio y psicopolítica

Han describe el tránsito de la sociedad disciplinaria (Foucault) a la sociedad del rendimiento, donde el sujeto se explota a sí mismo creyéndose libre.

Tokenización = lógica del rendimiento simbólico: hay que producirse como signo atractivo, cuantificar atención, optimizar narrativas.

Cansancio, depresión y autodestrucción son síntomas del “exceso de positividad”.

La Sombra colectiva (violencia, guerra, autoritarismo) sería una salida patológica del agotamiento de la positividad: un retorno a la negatividad (el enemigo, la lucha, la muerte) para sentir algo real.

Fascismo contemporáneo como resistencia neurótica a la sociedad del cansancio: preferir un enemigo claro antes que la ansiedad indeterminada de la autooptimización.

Todos estos teóricos apuntan a lo mismo:

El capitalismo tardío ha colapsado los mediadores simbólicos (ley, significado, narrativa compartida) y los ha reemplazado por mediaciones técnicas (datos, algoritmos, tokens).

Esto produce un sujeto esquizoide:

Por un lado, hiperadaptado a la tokenización (hombre símbolo).

Por otro, poseído por pulsiones arcaicas (Sombra colectiva).

 

La pregunta urgente:

¿Cómo generar símbolos vivos —no tokens— que puedan contener y transformar la energía de la Sombra, antes de que esta nos destruya?

Un nuevo régimen de signos —ni token ni Sombra— que Deleuze-Guattari llamarían arte, Lacan simbólico re-fundado, Foucault contra-conducta creadora, Han vida contemplativa.

Jung sostenía que el hombre moderno sufre una pérdida de mitos, lo que lo deja a merced de arquetipos descontrolados (Sombra, Trickster, Tirano).

El “nuevo régimen de signos” sería, en términos junguianos, un mito emergente que dé significado a la existencia sin caer en la literalización tokenizadora ni en la posesión por la Sombra.

Este mito no sería una “narración ideológica”, sino una estructura simbólica viva que permita procesar lo numinoso (lo sagrado, lo terrorífico, lo trascendente) sin destrucción.

 

Autor Su concepto Equivalente junguiano
Deleuze y Guattari Arte como línea de fuga Símbolo viviente como producción deseante no codificada
Lacan Simbólico re-fundado Nuevo orden simbólico desde lo Imaginario arquetípico
Foucault Contra-conducta creadora Individuación colectiva como resistencia biopolítica
Byung-Chul Han Vida contemplativa Actitud religiosa ante lo numinoso, no consumible

Condiciones para que surja, según Jung:

Integración de la Sombra des-identificación con ella.

Capacidad de soportar la ambigüedad (no caer en tokenizaciones simplificadoras).

Espacio para lo numinoso: contacto con lo sagrado no dogmático.

Imaginación activa colectiva: prácticas culturales que permitan dialogar con lo inconsciente (arte, ritual, diálogo profundo).

 

¿El Renacimiento fue un “nuevo régimen de signos”?

¿Un antecedente histórico que da cierta esperanza?

Tras la Edad Media (dogma religioso tokenizado + pulsiones sombrías reprimidas).

Surgió un símbolo viviente: el Humanismo que unió razón clásica, imaginación artística y exploración de lo humano, sin negar lo divino ni caer en la pura sombra (guerras de religión vinieron después, cuando el símbolo se descompuso).

Tokenización medieval: el dogma religioso se había convertido en un sistema de signos vaciados —rituales mecánicos, teología escolástica desvinculada de la experiencia, indulgencias vendidas como «tokens» de salvación.

Sombra reprimida: pulsiones dionisíacas, corporalidad, sexualidad, conocimiento natural y pagano, creatividad individual —todo esto era proyectado en «brujas», herejes, infieles.

Síntoma colectivo: la Peste Negra (1347-1351) fue lo Real lacaniano irrumpiendo: muerte masiva que el sistema simbólico medieval no podía integrar.

El humanismo renacentista no fue una «revolución» en el sentido moderno, sino un re-descubrimiento de imágenes arquetípicas dormidas:

Recuperación del mundo clásico: no como mera copia, sino como encuentro con arquetipos olvidados:

El cuerpo humano como templo (vs. pecado medieval).

La razón individual como camino a lo divino (vs. autoridad eclesiástica).

La naturaleza como libro de Dios (vs. naturaleza caída).

Síntesis paradójica: unieron:

Cristianismo (estructura simbólica existente).

Platonismo pagano (visión trascendente de la belleza).

Empirismo naciente (observación directa del mundo).

Ejemplos concretos de símbolos vivientes:

La perspectiva lineal: no solo técnica pictórica, sino metáfora de un nuevo orden cósmico donde el humano es centro medidor.

El “Uomo Universale” (Leonardo, Miguel Ángel): arquetipo del creador que une arte, ciencia y espíritu.

La “dignitas hominis” (Pico della Mirandola): mito del humano como co-creador con Dios.

¿Por qué funcionó (temporalmente) como compensación?

Porque ofreció contención simbólica para tensiones arquetípicas:

Entre razón y fe (no eliminó lo divino, lo re-imaginó).

Entre individuo y comunidad (ciudadano florentino vs. alma cristiana universal).

Entre cuerpo y espíritu (el desnudo renacentista es sagrado, no profano).

Fue una individuación cultural: integración de:

Sombra (lo pagano, lo corporal, lo terrenal).

Persona (lo cristiano, lo socialmente aceptado).

Self (la totalidad reconciliada en obras como la Capilla Sixtina).

 

Para Hegel, la historia es el proceso de autodespliegue de la Razón a través de contradicciones que se superan (Aufhebung).

El Renacimiento sería la superación (Aufhebung) de la Edad Media:

Tesis: Mundo clásico pagano (unidad inmediata con la naturaleza).

Antítesis: Edad Media cristiana (espiritualidad abstracta, negación del mundo sensible).

Síntesis: Renacimiento humanista → espiritualidad encarnada, razón que se reconoce en el mundo.

Hegel veía en el Renacimiento el momento donde la subjetividad descubre su libertad.

El “hombre símbolo” renacentista (Uomo Universale) sería la encarnación del Espíritu subjetivo que se objetiva en el arte, la ciencia y la política.

Tokenización medieval (dogma) → liberación protestante (conciencia individual) → Estado moderno (libertad objetivada en instituciones).

El Renacimiento como “gran sí a la vida” vs. moral sacerdotal

Nietzsche veía en el Renacimiento un resurgir de valores aristocráticos, dionisíacos:

Afirmación del cuerpo, la belleza, el poder creativo (vs. la moral de rebaño cristiana).

Figuras como César Borgia como “espíritus libres”, no tokenizados.

Pero este impulso fue traicionado por la Reforma (Lutero) y la Contrarreforma → retorno de la moral de esclavos.

 

¿El renacimiento antecedente histórico que da esperanza?

Para Nietzsche, Hegel domestica lo dionisíaco en su dialéctica racional.

El Renacimiento no fue “progreso”, sino explosión de fuerzas vitales luego domesticadas.

Lecciones positivas:

Los símbolos vivientes surgen en los márgenes:

El humanismo nació en cortes pequeñas (Florencia, Urbino), no en los centros de poder (Roma papal).

Hoy, los nuevos símbolos podrían nacer en comunidades digitales alternativas, laboratorios de arte-tecnología, ecovillas con conciencia digital.

Requieren mecenas/protectores:

Los Médici financiaron a artistas sin exigir propaganda inmediata.

¿Hoy? Filántropos conscientes, instituciones culturales con visión a largo plazo, plataformas que no solo monetizan.

Se alimentan de “traducción creativa”:

Ficino tradujo a Platón al latín, pero lo reinterpretó en clave cristiana.

Hoy necesitamos traductores de código a poesía, de datos a mito, de algoritmos a ética.

Advertencias históricas:

La descomposición viene rápido:

En 100 años, el humanismo se dogmatizó → Reforma protestante → Guerras de Religión (la Sombra explotó).

El símbolo viviente se convirtió en ideología (humanismo academicista) y en sombra proyectada (violencia sectaria).

Nunca es completo:

El Renacimiento coexistió con esclavitud, colonialismo, misoginia —su Sombra no fue totalmente integrada.

¿Es posible un “Humanismo Numinoso” nuevo hoy?

¿Qué reconcilie tecnología y alma, dato y mito, atención y profundidad? Sería la encarnación psíquica de la función trascendente a escala histórica: el momento en que una cultura encuentra, en sus profundidades, una imagen que la salva de la disociación entre token y Sombra.

Numinoso (Rudolf Otto) se refiere a lo sagrado que atrae y aterra, clave para entender la integración de la Sombra.

Para Hegel, la historia no se repite, avanza espiralmente: nuestro “nuevo régimen de signos” sería una Aufhebung superior que conserva lo digital pero lo transciende hacia una conciencia cósmica.

La tensión Tokenización vs. Sombra sería una contradicción necesaria del Espíritu en su fase actual:

Tesis: Capitalismo simbólico (razón instrumental tokenizadora).

Antítesis: Regresión sombría (irracionalismo, fascismo).

¿Síntesis? Un “Humanismo Numinoso” como Espíritu Absoluto digital: razón que integra lo orgánico, lo tecnológico y lo sagrado.

Desde Hegel se pude hipotetizar que estamos en la fase antitética (tokenización → reacción sombría), la síntesis vendrá mediante instituciones nuevas (¿gobierno global digital? ¿ética planetaria?). El Espíritu se reconocerá en la red neural global como nuevo organismo social.

Desde Nietzsche, estamos en el nihilismo completo: tokenización = pasivo, Sombra = activo. El “hombre símbolo” tokenizado es el “último hombre” nietzscheano:

Crea signos vacíos porque ha perdido los valores fuertes.

Cuantifica porque no puede crear valores nuevos.

La Sombra colectiva (fascismos, guerras) sería el nihilismo activo: destrucción de lo existente por no poder crear algo superior.

La salida no será sintética, sino un salto:

Arte tecnológico como nueva mitología.

Individuos que usen la tokenización como material para el autosuperamiento.

Juego dionisíaco con los signos: crear, no cuantificar.

“¿Amor? ¿Creación? ¿Anhelo? ¿Qué estrella?” — el último hombre parpadea.

¿Un nuevo régimen de signos? Para Nietzsche: solo como transvaloración:

No habría “síntesis dialéctica”, sino creación desde la voluntad de poder.

Un “Humanismo Numinoso” debería ser:

Anticristiano (no en sentido religioso, sino como superación de la moral de compasión).

Dionisíaco:

Aceptación del caos y el sufrimiento como parte de la vida.

Tecnología como arte, no como tokenización.

Amor fati: amar este mundo digital/sombra como propio.

Creador de nuevos valores:

No reconciliar tecnología y alma, sino crear un alma tecnológica nueva.

El Superhombre (Übermensch) como aquel que crea símbolos vivientes desde su voluntad, no desde compensación.

 

Condiciones y obstáculos para un “Humanismo Numinoso” hoy

Condiciones favorables únicas de nuestro tiempo:

Conciencia de la crisis: sabemos que la tokenización nos vacía y la Sombra amenaza —la tensión entre opuestos es consciente.

Herramientas de conexión global: posibilidad de símbolos transculturales (no solo eurocéntricos).

Ciencia de la complejidad: lenguaje para entender interconexiones que antes eran místicas.

Tradiciones espirituales accesibles: yoga, budismo, chamanismo —vocabularios para lo numinoso ya disponibles.

Obstáculos mayores que en el s.XV:

Velocidad y escala: la tokenización es global y algorítmica, no local y burocrática.

Capitalismo financiero: convierte cualquier símbolo emergente en NFT en 48 horas.

Falta de “oasis culturales”: todo espacio alternativo es inmediatamente cooptado por plataformas.

Fragmentación: no hay un “latín común” cultural —nos comunicamos en burbujas algorítmicas.

Posibles embriones de un “Humanismo Numinoso” contemporáneo

Ecología profunda + tecnología:

Ejemplo: biomímesis como principio que une ciencia y reverencia.

Psicología y neurociencia contemplativa:

Mindfulness secular como puente entre meditación y gestión del atención.

Integración somática: reconexión cuerpo-mente en un mundo digital.

Arte generativo con conciencia:

IA usada no para optimización, sino para explorar lo inconsciente colectivo digital.

Artistas como Refik Anadol traduciendo datos en experiencias numinosas.

Nuevos rituales digitales:

Ceremonias en Zoom durante la pandemia mostraron deseo de conexión sagrada mediada por tecnología.

Comunidades como “The Near Future Laboratory” que prototipan futuros poéticos.

Filosofías de la tecnología conscientes:

Techne redescubierta como arte espiritual (Simondon, Stiegler).

Movimiento “Slow Tech” y “Right to Disconnect” como resistencia a la tokenización.

Conclusión: La función trascendente histórica como posibilidad

Sí, hay esperanza histórica, pero no como repetición del Renacimiento, sino como emergencia de un nuevo tipo de símbolo viviente que:

Acepte la mediación tecnológica sin idolatrarla ni demonizarla.

Recupere lo numinoso sin caer en fundamentalismos.

Cree nuevas formas de comunidad que no sean tribales ni algorítmicamente aisladas.

Mantenga la tensión creativa entre dato y mito, atención y profundidad, sin resolverla prematuramente.

El Humanismo Numinoso no sería un “regreso”, sino una síntesis superior,  sería la autoconciencia planetaria digital, que incluya:

Lo que el Renacimiento excluyó (sabidurías no occidentales, femenino sagrado, ecología).

Lo que nuestro tiempo ha producido (conciencia planetaria, herramientas digitales, pensamiento complejo).

La señal de que está naciendo sería la emergencia de:

Obras de arte totales que conmuevan masivamente sin ser comerciales.

Líderes que hablen desde lo simbólico y no desde la ideología.

Prácticas cotidianas que reconcilien tecnología y ritual, data y silencio.

 

Como dijo Jung: “La psique no soporta el vacío simbólico indefinidamente”.

El Renacimiento muestra que, cuando el colapso es suficientemente profundo, lo inconsciente colectivo ofrece nuevas imágenes de totalidad.

¿Hay que dejar que el colapso actual sea todavía mayor para que reaccione lo inconsciente colectivo?

Nuestra tarea no es “crearlas”, sino preparar el terreno para recibirlas —y tener el coraje de encarnarlas antes de que se descompongan en nuevos dogmas.

La tecnología sea la objetivación de la libertad humana, en el sentido hegeliano. Transvalores tecnodionisíacos: celebrar la conexión digital como danza cósmica. Amor fati digital: amar incluso la tokenización como material para la creación.

El “símbolo viviente” no llegará solo por necesidad histórica, sino por artistas-filósofos-pensadores-ciudadanos que se apropien de la tokenización y la conviertan en arte, el arte de existir con la conciencia humana. Un proceso histórico que requiere, para su culminación, la creación activa de quienes se atrevan a vivir más allá del token y la Sombra.

Lo numinoso sea la religión del Espíritu que se conoce a sí mismo en el dato (el número como arquetipo).

Este humanismo numinoso es una suerte de trascender lo humano como categoría asociada a una subjetividad separada del ecosistema, se transforma en una dimensión transhumana.

 

Escenarios futuros

Dada la complejidad y multiplicidad de fuerzas en juego, no hay una predicción lineal posible, pero sí podemos trazar escenarios probables basados en las dinámicas analizadas. Aquí un esbozo de proyección estructurada en horizontes temporales y fuerzas arquetípicas:

Escenario inercial (2025-2040): aceleración de la esquizofrenia cultural

Corto plazo (próxima década):

Tokenización totalizadora:

Extensión de la economía de atención a todos los ámbitos (salud mental tokenizada, relaciones afectivas cuantificadas, educación gamificada).

IA generativa creando «símbolos vacíos» a escala masiva: arte, noticias, relaciones artificiales.

Reacción sombría violenta:

Aumento de conflictos identitarios, neonacionalismos, fundamentalismos religiosos/seculares.

Líderes estilo «Trump 2.0» en múltiples países, ofreciendo narrativas simples frente a la complejidad tokenizada.

Guerras híbridas (cibernéticas, económicas, biológicas) como expresión de la Sombra proyectada.

Colapso ecológico como Lo Real lacaniano:

Eventos climáticos extremos que interrumpen la tokenización (apagones digitales, migraciones masivas).

La naturaleza reclama su lugar como Sombra colectiva no tokenizable.

Tres futuros arquetípicos posibles (2040-2100)

  1. Distopía Tokenizada (Triunfo del «Hombre Símbolo» vaciado)

Panóptico digital total: Ciudadanos como nodos de datos en tiempo real.

Desaparición de lo privado: Todo comportamiento optimizado para métricas sociales/económicas.

Muerte del símbolo viviente: El arte, la espiritualidad, el amor se convierten en productos personalizados.

Resultado psíquico: Epidemia de trastornos depresivos y de despersonalización; pero estabilidad tecnocrática.

Ejemplo histórico paralelo: Imperio Romano tardío + sociedad de castas digital.

  1. Regresión Sombría (Triunfo de la Sombra Colectiva)

Colapso de sistemas complejos: Retorno a tribalismos territoriales.

Nuevos fascismos tecnológicos: Uso de IA para control étnico/político.

Guerras por recursos escasos: Agua, tierras habitables, minerales críticos.

Resultado psíquico: Cultura paranoide, heroísmo guerrero como ideal, destrucción del conocimiento tokenizado.

Ejemplo histórico paralelo: Edad Oscura post-Roma + elementos de siglo XX totalitario.

  1. Transformación Simbólica (Emergencia del «Humanismo Numinoso»)

Punto de inflexión: Una crisis global (¿colapso climático? ¿pandemia de significado?) fuerza una reinvención.

Surgimiento de nuevos mediadores:

Tecnologías contemplativas: IA diseñada para amplificar conciencia, no atención.

Nuevos rituales colectivos: Digital-analógicos (ej: peregrinaciones virtuales a lugares reales).

Economías del cuidado: Tokenización redirigida a medir impacto ecológico y bienestar psíquico.

Resultado psíquico: Cultura de la individuación colectiva; tecnología al servicio de la integración Sombra-Luz.

Ejemplo histórico paralelo: Renacimiento + Ilustración + Sabidurías indígenas, a escala planetaria.

Factores decisivos (Qué inclinará la balanza)

Aceleradores del Escenario 3 (Transformación):

Crisis climática manejada como iniciación colectiva: Si el trauma ecológico se convierte en rito de paso hacia una conciencia planetaria.

Generación de «nativos simbólicos»: Jóvenes que, habiendo crecido en la tokenización, la rechazan creativamente (similar a los humanistas rechazando el escolasticismo).

Alianza ciencia-espiritualidad: Neurociencia validando prácticas contemplativas; física cuántica dialogando con misticismo.

Fallos evidentes del sistema actual: Colapso financiero, pandemias de soledad, demostración clara que la tokenización no produce felicidad.

Aceleradores del Escenario 1 o 2 (Distopía/Regresión):

Guerra mayor entre potencias: Retorno a la geopolítica de bloques.

Control corporativo total de la infraestructura psíquica: Meta/Google como proveedores oficiales de realidad.

Colapso ambiental abrupto: Que impida la reflexión y solo permita la supervivencia reactiva.

Mi lectura probable

No habrá un solo futuro, sino capas simultáneas:

Geográficamente:

Algunas regiones caerán en la regresión sombría (Estados autoritarios, zonas de conflicto).

Otras se tokenizarán totalmente (Ciudades-Estado tecnocráticas tipo Singapur 2.0).

Algunos enclaves generarán el nuevo símbolo viviente (Comunidades intencionales, redes translocales).

Psíquicamente:

La mayoría vivirá en esquizofrenia adaptativa: tokenizados en el trabajo, sombríos en el anonimato online, buscando significado en micro-rituales (yoga, gaming, subculturas).

Una minoría significativa emprenderá conscientemente individuación colectiva, creando nichos del Humanismo Numinoso.

Temporalmente:

Próximas 2 décadas: Predominio de la tensión tokenización/sombra, con crisis periódicas.

Medio siglo (2070s): Posible punto de bifurcación: o colapso sistémico o emergencia de un nuevo paradigma.

 

 

Preguntas al lector:

¿Ves tú en alguna dimensión brotes de este Humanismo Numinoso en nuestro mundo actual?

Crees que ¿Estaremos dispuestos a dejar de ser “humanos” para convertirnos en creadores de símbolos vivos?

¿Lo estarás tu?

¿Cuál es tu lectura futura probable?

[1] Lectura de Mikel Garcia García

 

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