La filosofía como aventura: imaginación, arquetipo y el viaje hacia lo desconocido
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Creada con IA

El arte de existir con la conciencia: naturaleza, alquimia, libertad e individuación como tercera naturaleza

Mikel Garcia Garcia 11 septiembre 2026

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Ensayo

 

La filosofía como aventura: imaginación, arquetipo y el viaje hacia lo desconocido

 

Mikel García García 24 agosto 2026

 

Resumen

El ensayo sostiene que la humanidad atraviesa un cambio civilizatorio de magnitud comparable al paso del Paleolítico al Neolítico, pero esta vez afecta las condiciones mismas de la experiencia y los límites de lo humano. Ante la inteligencia artificial, la realidad virtual, la biotecnología y los mundos inmersivos, la filosofía debe recuperar su vocación exploratoria y convertirse en una aventura hacia lo desconocido. No se trata solo de interpretar el mundo existente, sino de desarrollar instrumentos para imaginar aquello que está en proceso de llegar a existir.

El autor conecta tres tradiciones de pensamiento. Primero, retoma la sugerencia de Borges de que la teología es una rama de la literatura fantástica, y la actualiza con la propuesta de Dominique Lestel: la filosofía debe transformarse en una rama de la ciencia ficción, usando la pregunta «¿qué pasaría si…?» como laboratorio de posibilidades ontológicas. Segundo, recurre a Jung y la tradición postjunguiana: la imaginación no es una actividad secundaria, sino la forma fundamental en que la psique se manifiesta mediante imágenes y arquetipos (héroe, sombra, doble, anciano sabio). Las figuras del robot, cyborg, avatar o IA no son meros personajes narrativos, sino imágenes arquetípicas donde proyectamos conflictos humanos antiquísimos bajo formas tecnológicas. Tercero, incorpora a Castoriadis y su noción de imaginación radical e imaginario social: las sociedades se instituyen a sí mismas creando significaciones imaginarias (Dios, nación, progreso, mercado) que organizan la experiencia colectiva. La tecnología actual no solo ofrece herramientas, sino que está produciendo un nuevo imaginario de lo humano, modificando nuestras ideas sobre identidad, cuerpo, presencia y vida.

La ciencia ficción, desde esta perspectiva, funciona como una mitología prospectiva: produce imágenes capaces de organizar experiencias que todavía carecen de conceptos adecuados. Primero imaginamos el robot, luego definimos la IA; primero soñamos mundos virtuales, luego teorizamos sobre la presencia digital. La imaginación llega antes que el concepto y, en la encrucijada actual, adquiere una responsabilidad anticipatoria, política y civilizatoria: lo que somos capaces de imaginar condiciona lo que podremos construir y considerar deseable.

El ensayo propone al filósofo como un Odiseo que navega entre mundos: ciencia y mito, tecnología e imaginación, lo real y lo virtual. La metáfora de Ítaca (Cavafis) subraya que el destino orienta el viaje, pero lo transformador es la travesía misma: los encuentros, pérdidas y descubrimientos. La individuación junguiana no es una conquista del yo, sino una descentralización que mantiene abierto el diálogo con el inconsciente. Del mismo modo, la filosofía del futuro no debe buscar respuestas definitivas, sino ampliar el territorio de lo pensable.

El autor concluye que el verdadero desafío no es qué tecnología podemos inventar, sino qué humanidad estamos imaginando mientras la inventamos. La tarea de nuestro tiempo es aprender a imaginar el mundo que aún no existe para decidir, antes de construirlo, qué clase de seres queremos llegar a ser. Para ello, necesitamos filósofos aventureros que escuchen las imágenes que guían nuestro deseo de construir nuevos mundos.

Palabras clave

Cambio civilizatorio. Imaginación radical. Arquetipo. Ciencia ficción. Imaginario social. Individuación. Mitología prospectiva. Odiseo. Ítaca. Filosofía exploratoria.

 

Contenido

Cambio de civilización. 1

Necesitamos filósofos que sean también aventureros. 1

La filosofía en una rama de la ciencia ficción. 2

¿qué pasaría si…?. 2

La imaginación llega antes que el concepto. Jung. 2

De la imaginación individual al imaginario social. Castoriadis. 3

IAs. 4

La tradición postjunguiana. 4

Ítaca: la filosofía como viaje. 5

La filosofía del futuro tendrá que aprender, por tanto, a navegar. 6

 

 

Cambio de civilización

Estamos ante un cambio de civilización de una magnitud que quizá solo pueda compararse con el paso del Paleolítico al Neolítico. Aquella transformación modificó radicalmente nuestra relación con el territorio, el tiempo, la naturaleza, el alimento, la propiedad y la organización social. La transformación actual comienza a afectar algo todavía más profundo: las condiciones mismas de la experiencia y los límites de lo humano. La inteligencia artificial, la realidad virtual, la biotecnología, los mundos inmersivos y las nuevas formas de relación entre humanos, máquinas y otras especies están creando territorios para los que todavía carecemos de categorías suficientes.

No estamos, por tanto, solamente ante una revolución tecnológica. Estamos ante una transformación antropológica y ontológica. Las tecnologías contemporáneas no se limitan a proporcionarnos nuevas herramientas para actuar sobre el mundo; empiezan a modificar aquello que entendemos por mundo, por sujeto, por inteligencia, por cuerpo, por presencia y hasta por realidad. La cuestión ya no es únicamente qué podemos hacer con la tecnología, sino qué tipo de seres podemos llegar a ser cuando la tecnología comienza a intervenir en las condiciones de nuestra propia experiencia.

Necesitamos filósofos que sean también aventureros

Por eso necesitamos filósofos que sean también aventureros: no filósofos dedicados únicamente a interpretar el mundo conocido, sino capaces de internarse en aquello que todavía no sabemos pensar. Quizá la filosofía tenga que recuperar algo de su vocación originaria de exploración. No se trataría solo de comprender lo que existe, sino de desarrollar instrumentos para imaginar aquello que todavía está en proceso de llegar a existir.

En este punto resulta particularmente sugerente Jorge Luis Borges. En Otras inquisiciones escribe: «La teología es una rama de la literatura fantástica» (Borges, 1952/1974). La frase expresa algo profundo: que los grandes sistemas metafísicos —Dios, el infinito, la eternidad, la identidad, el tiempo— pueden ser contemplados también como construcciones imaginativas mediante las cuales los seres humanos intentamos dar forma a aquello que excede nuestra experiencia inmediata. En Borges, la filosofía, la metafísica y la teología se aproximan así a la literatura fantástica porque ambas exploran los límites de lo pensable.

La filosofía en una rama de la ciencia ficción

Más de medio siglo después, el filósofo francés Dominique Lestel, poco conocido fuera de determinados ámbitos de la filosofía contemporánea, invierte provocadoramente la relación. En una conferencia pronunciada en 2026 titulada La philosophie doit-elle devenir une branche de la science-fiction?, propone explícitamente que el filósofo transforme la filosofía en una rama de la ciencia ficción, que coloque la imaginación en el centro de sus dispositivos conceptuales y que utilice la provocación como herramienta metodológica. Su reflexión parte de un mundo sometido simultáneamente a transformaciones geológicas, ecológicas y tecnológicas de enorme alcance.

La propuesta de Lestel resulta poderosa porque la ciencia ficción no consiste simplemente en anticipar máquinas futuras. Puede convertirse en un laboratorio de posibilidades ontológicas. Allí podemos experimentar mentalmente con formas de vida, inteligencias, cuerpos, relaciones y sociedades que todavía no existen. Su pregunta característica no es necesariamente «¿qué ocurrirá?», sino «¿qué pasaría si…?».

¿qué pasaría si…?

¿Qué pasaría si una inteligencia artificial pudiera desarrollar una forma de subjetividad? ¿Qué significaría convivir con inteligencias no humanas? ¿Qué ocurriría si pudiéramos trasladar determinados aspectos de nuestra identidad a entornos virtuales? ¿Dónde terminaría el cuerpo y comenzaría el avatar? ¿Seguiríamos hablando de «lo humano» cuando nuestra memoria, percepción o inteligencia estuvieran profundamente integradas con sistemas artificiales? ¿Y qué sucedería si las máquinas dejaran de ser únicamente instrumentos y comenzaran a constituirse como otros?

Estas preguntas no son todavía respuestas científicas. Son experimentos imaginativos. Pero precisamente ahí reside su valor. Antes de que una realidad llegue a existir, necesitamos imágenes capaces de anticiparla. La imaginación llega antes que el concepto.

La imaginación llega antes que el concepto. Jung.

Y es aquí donde la perspectiva de Carl Gustav Jung adquiere una actualidad.

Para Jung, la imaginación no constituye una actividad secundaria de la conciencia ni una simple evasión de la realidad. La psique se manifiesta mediante imágenes, y el acceso a lo inconsciente pasa necesariamente por ellas. El sueño, el mito, la fantasía, el símbolo y la imaginación no son residuos irracionales que debamos eliminar para alcanzar un conocimiento verdaderamente racional. Son formas mediante las cuales algo que todavía no puede ser pensado conceptualmente se presenta ante nosotros como imagen.

La noción de arquetipo resulta fundamental en este punto. Jung no entiende el arquetipo como una estructura o patrón de posibilidad que puede actualizarse en imágenes arquetípicas simples y en mitos culturales e históricas. Lo que aparece ante nosotros es siempre una imagen arquetípica determinada: el héroe, la sombra, el doble, el anciano sabio, la gran madre, el niño, el monstruo, el extranjero, el descenso al mundo subterráneo, la muerte y el renacimiento. Esta concepción ocupa un lugar central en Los arquetipos y lo inconsciente colectivo, volumen 9/1 de la Obra completa de Jung.

Esta perspectiva permite introducir una cuestión decisiva: ¿y si la ciencia ficción contemporánea estuviera produciendo algunas de las imágenes arquetípicas de una nueva época?

El robot, el androide, el cyborg, la inteligencia artificial, el avatar, el clon, el mutante, la criatura creada artificialmente, el doble digital o la máquina que adquiere conciencia no son únicamente personajes o dispositivos narrativos. Pueden ser también imágenes culturales en las que proyectamos conflictos humanos antiquísimos.

El robot puede convertirse en imagen del doble. La inteligencia artificial puede representar la antigua fantasía de una criatura creada por el ser humano que termina confrontándose con su creador. El cyborg puede expresar la tensión entre naturaleza y cultura, cuerpo y técnica. El avatar puede actualizar el motivo del otro yo. El clon puede reabrir el problema de la identidad y de la unicidad. La criatura artificial puede devolvernos, bajo una forma tecnológica, al mito de Frankenstein, al Golem y a la antigua pregunta sobre los límites entre creación y criatura.

La tecnología cambia las formas, pero las informaciones arquetípicas pueden permanecer.

De la imaginación individual al imaginario social. Castoriadis

Pero la imaginación no pertenece únicamente al territorio de la psicología individual. Aquí aparece una figura decisiva para ampliar el argumento: Cornelius Castoriadis.

Si Jung permite comprender cómo las imágenes emergen de la profundidad de la psique, Castoriadis permite preguntar qué ocurre cuando la imaginación instituye un mundo compartido. Su concepto de imaginación radical introduce una idea particularmente fecunda: la capacidad de la psique de producir representaciones, afectos y deseos que no están completamente determinados por lo ya existente. La imaginación no se limita a reproducir la realidad; posee una capacidad de creación y de emergencia de novedad.

Pero Castoriadis da un paso más. Las sociedades también se crean mediante lo que denomina significaciones imaginarias sociales. Una sociedad no es simplemente un conjunto de individuos sometidos a unas condiciones materiales objetivas. Se instituye a sí misma creando significaciones mediante las cuales determina qué considera real, valioso, deseable, legítimo o posible. Dios, nación, dinero, progreso, democracia, mercado, individuo, igualdad o desarrollo son también significaciones que organizan la experiencia colectiva.

La institución imaginaria de la sociedad constituye aquí una obra fundamental. Castoriadis sostiene que la sociedad no es simplemente el resultado de procesos deterministas, sino una realidad que se instituye y se transforma a sí misma. La edición castellana apareció inicialmente en dos volúmenes en Tusquets, en 1983 y 1989, y posteriormente fue reunida en un solo volumen.

La aportación de Castoriadis permite realizar un desplazamiento decisivo: de la imagen psíquica al imaginario social y del imaginario social a la transformación histórica.

Las grandes transformaciones de una civilización no dependen únicamente de nuevos instrumentos. También implican una modificación de las imágenes mediante las cuales una sociedad se representa a sí misma y representa su futuro. El Neolítico no transformó solamente las técnicas de producción; transformó la manera en que los seres humanos podían imaginar el territorio, la propiedad, la comunidad, la naturaleza y el tiempo.

Algo semejante podría estar ocurriendo ahora.

 

IAs

La inteligencia artificial, la realidad virtual, la biotecnología, el cyborg, el avatar y los mundos digitales no son solamente tecnologías. Están contribuyendo a producir un nuevo imaginario de lo humano. Empiezan a modificar nuestras ideas sobre inteligencia, identidad, cuerpo, presencia, autonomía, naturaleza y vida.

Aquí Castoriadis se encuentra inesperadamente con Lestel. Si la imaginación radical puede producir nuevas significaciones y abrir posibilidades históricas, la ciencia ficción puede convertirse en uno de los laboratorios culturales donde esas posibilidades son ensayadas antes de adquirir existencia efectiva.

La pregunta «¿y si…?» deja entonces de ser un simple juego especulativo. Puede convertirse en el primer movimiento de una transformación del imaginario y, eventualmente, de la realidad social.

La tradición postjunguiana

Aquí resulta especialmente fecunda la tradición postjunguiana. No existe una única escuela postjunguiana ni un pensamiento homogéneo bajo esa denominación. Se trata más bien de diversos desarrollos que, partiendo de Jung, han desplazado, radicalizado o cuestionado determinados aspectos de su psicología.

James Hillman ocupa un lugar central en este movimiento. Su psicología arquetipal lleva hasta sus últimas consecuencias algunas intuiciones de Jung: que la psique es imagen, que la realidad psíquica no puede reducirse al yo y que los arquetipos se manifiestan a través de una multiplicidad de figuras. En Re-imaginar la psicología, Hillman reivindica precisamente una psicología que permanezca próxima a las imágenes y que no las reduzca prematuramente a explicaciones conceptuales.

La consecuencia es importante: no siempre debemos interpretar una imagen para poder comprenderla. A veces necesitamos permanecer ante ella, amplificarla, dejar que despliegue sus asociaciones y observar qué mundo trae consigo. La imagen no sería simplemente el envoltorio provisional de una idea que tenemos que descubrir detrás de ella. La imagen es ya una forma de pensamiento.

Esto permite establecer un puente entre Jung, Hillman, Castoriadis y Lestel. Si Jung nos enseña a escuchar las imágenes de la psique, el pensamiento postjunguiano nos invita a respetar su autonomía, Castoriadis muestra cómo la imaginación crea significaciones colectivas y Lestel propone utilizar la ciencia ficción como dispositivo filosófico para explorar mundos posibles.

La ciencia ficción podría funcionar, así como una especie de mitología prospectiva. No porque debamos identificarla con el mito tradicional, sino porque puede producir imágenes capaces de organizar experiencias que todavía carecen de conceptos adecuados.

Durante siglos, el ser humano imaginó criaturas artificiales, autómatas, máquinas inteligentes, viajes a otros mundos o cuerpos capaces de superar sus límites naturales. Hoy algunas de esas fantasías comienzan a materializarse. Lo imaginario deja de estar claramente separado de lo técnico. La imagen puede convertirse en prototipo, el prototipo en dispositivo y el dispositivo en una nueva condición de existencia.

Esta circunstancia confiere a la imaginación una responsabilidad completamente nueva. Ya no podemos considerarla únicamente una facultad estética o psicológica. La imaginación contemporánea posee también una dimensión anticipatoria, política y civilizatoria. Lo que somos capaces de imaginar condiciona parcialmente aquello que podremos llegar a construir y, sobre todo, aquello que estaremos dispuestos a considerar deseable.

Por eso necesitamos una filosofía capaz de trabajar simultáneamente con conceptos e imágenes. Una filosofía que no renuncie al rigor racional, pero que comprenda que el concepto llega muchas veces después de la imagen.

Primero imaginamos al robot; después intentamos definir qué es una inteligencia artificial. Primero imaginamos mundos virtuales; después elaboramos teorías sobre la presencia y la realidad digital. Primero aparece la figura del cyborg; después comienzan las discusiones filosóficas sobre los límites del cuerpo y de la identidad.

La imaginación, en este sentido, no es lo contrario del conocimiento. Puede ser el lugar donde comienza el conocimiento de lo que todavía no existe.

Ítaca: la filosofía como viaje

Y aquí aparece otra imagen extraordinariamente poderosa: Ítaca.

En el poema de Constantino Cavafis, Ítaca es el destino que pone en marcha al viajero, pero el verdadero valor del viaje está en todo aquello que sucede durante el trayecto. El viajero debe desear que el camino sea largo, lleno de aventuras y descubrimientos. Ítaca funciona, así como una imagen del horizonte que orienta sin agotarse en una llegada.

Esta imagen resulta especialmente adecuada para pensar la filosofía contemporánea. El filósofo aventurero no es quien posee el mapa, sino quien acepta adentrarse en una región que todavía no ha sido cartografiada. Su tarea no consiste necesariamente en llegar rápidamente a una respuesta definitiva, sino en ampliar el territorio de lo pensable.

Y aquí encontramos de nuevo una profunda resonancia junguiana. La individuación no consiste en alcanzar una identidad cerrada y definitiva, sino en mantener abierto el diálogo entre conciencia e inconsciente, entre el yo y el sí-mismo, entre aquello que creemos ser y aquello que todavía puede emerger de nosotros. El viaje hacia el sí-mismo no es una conquista del yo, sino una descentralización del yo.

Ítaca puede leerse entonces como una imagen de ese proceso. El destino es necesario para que exista el viaje, pero no es el destino lo que transforma al viajero. Lo transforma la travesía: los encuentros, los peligros, las pérdidas, los descubrimientos, las imágenes que aparecen en el camino y la transformación de quien las atraviesa.

También la filosofía necesita su Ítaca. Necesita un horizonte que la ponga en movimiento sin pretender clausurar el viaje.

Tal vez por eso el filósofo que necesitamos ante el cambio civilizatorio actual tenga algo de Odiseo. No porque deba poseer respuestas extraordinarias, sino porque debe saber navegar entre mundos: entre ciencia y mito, entre tecnología e imaginación, entre inteligencia humana e inteligencia artificial, entre lo real y lo virtual, entre el concepto y la imagen, entre aquello que conocemos y aquello que todavía no sabemos formular.

En este contexto, Jung y el pensamiento postjunguiano pueden aportar algo que la filosofía tecnológica corre el riesgo de olvidar: antes de construir nuevos mundos, debemos preguntarnos qué imágenes están guiando nuestro deseo de construirlos. No basta con preguntarse qué puede hacer una tecnología. Hay que preguntarse qué fantasía humana está realizando, qué arquetipo está activando, qué sombra está proyectando y qué nueva forma de relación con el mundo está comenzando a instaurar.

Castoriadis añade una dimensión decisiva: debemos preguntarnos también qué significaciones imaginarias sociales estamos creando. Porque una sociedad no solo fabrica máquinas; fabrica los significados dentro de los cuales esas máquinas adquieren sentido. Una inteligencia artificial puede ser concebida como herramienta, como colaborador, como amenaza, como mercancía, como sujeto o como nuevo tipo de alteridad. La tecnología puede ser la misma; el mundo social que construimos alrededor de ella puede ser completamente diferente.

Quizá el problema no sea que la tecnología esté haciendo realidad nuestras fantasías, sino que estamos haciendo realidad fantasías que todavía no hemos aprendido a interpretar.

Por eso la filosofía del futuro tendrá que ser, necesariamente, una filosofía de la exploración. Y quizá también una filosofía capaz de escuchar las imágenes que acompañan esa exploración.

Borges nos recuerda que la filosofía puede contener la potencia fantástica de la literatura. Lestel nos invita a dar un paso más: convertir la imaginación especulativa en un instrumento filosófico. Jung nos enseña que la imagen no es un objeto menor del pensamiento, sino una de las formas fundamentales en que la psique se revela. El pensamiento postjunguiano nos recuerda que no debemos reducir demasiado pronto la imagen a una explicación. Castoriadis nos muestra que la imaginación no solo habita en el individuo: las sociedades mismas son creadas y recreadas mediante significaciones imaginarias.

Todo ello converge en una misma dirección: necesitamos ampliar nuestra capacidad de imaginar antes de ampliar nuestra capacidad de construir.

Porque estamos entrando en un mundo en el que muchas de las cosas que hoy imaginamos podrían convertirse mañana en condiciones ordinarias de existencia. Y cuando eso ocurra, quizá descubramos que la verdadera pregunta nunca fue qué tecnología seríamos capaces de inventar, sino qué humanidad estaba siendo imaginada mientras la inventábamos.

La filosofía del futuro tendrá que aprender, por tanto, a navegar.

No para abandonar Ítaca, sino para comprender que Ítaca es aquello que hace posible el viaje.

Y quizá la gran tarea de nuestro tiempo consista precisamente en esto: aprender a imaginar el mundo que todavía no existe para poder decidir, antes de construirlo, qué clase de seres queremos llegar a ser en él.

 

 

Referencias

Borges, J. L. (1974). Otras inquisiciones. Buenos Aires: Emecé. (Trabajo original publicado en 1952).

Borges, J. L. (1981). La cifra. Madrid: Alianza.

Castoriadis, C. (1983). La institución imaginaria de la sociedad. I. Marxismo y teoría revolucionaria. Barcelona: Tusquets. (Obra original publicada en francés en 1975). La primera edición española fue publicada por Tusquets en Barcelona en 1983.

Castoriadis, C. (1989). La institución imaginaria de la sociedad. II. El imaginario social y la institución. Barcelona: Tusquets. (Obra original publicada en francés en 1975).

Castoriadis, C. (1998). Los dominios del hombre: Las encrucijadas del laberinto. Barcelona: Gedisa.

Cavafis, C. P. (1983). Poesía completa. Traducción de Pedro Bádenas de la Peña. Madrid: Alianza.

Hillman, J. (1999). Re-imaginar la psicología.

Madrid: Siruela. (Obra original publicada en 1975).

Jung, C. G. (2002). Los arquetipos y lo inconsciente colectivo. Obra completa, vol. 9/1. Madrid: Trotta. Traducción de Carmen Gauger.

Lestel, D. (2026). La philosophie doit-elle devenir une branche de la science-fiction? Conferencia, Institut français de recherche sur le Japon – Maison franco-japonaise, Tokio, 23 de abril de 2026. En ella Lestel propone explícitamente transformar la filosofía en una rama de la ciencia ficción, situar la imaginación en el centro de sus dispositivos conceptuales y utilizar la provocación como herramienta metodológica.

Lestel, D. (2021). Machines insurrectionnelles: Une théorie post-biologique du vivant. París: Fayard.

 

Autor

Mikel García García

Médico y cirujano (Universidad Navarra, 1975). Psicólogo (Universidad San Sebastián, 1982). Psicoanalista junguiano. Formación experiencial y teórica en: Psicoanálisis, Terapia Sistémica Familiar, Psicoanálisis Reichiano (vegetoterapia caracteroanalítica), Psicología Analítica Junguiana, Psicoterapia Transpersonal. Experiencia de Muerte Cercana a los 33 años. Máster en “Astronomía y astrofísica” VIU (Universidad Valencia, 2014). Doctor Internacional en «Estudios Internacionales en Paz, Conflictos y Desarrollo», Universitat Jaume I (UJI Castellón, 2020). Máster en Fotografía Artística y Narrativa Visual (Universidad Internacional de la Rioja, 2022). Máster en Inteligencia Artificial (BIG SCHOOL, Madrid 2024) y Máster en Inteligencia Artificial (Universidad Isabel I, Madrid 2025). 

Colaborador con ONG médicas de intervención internacional, y en programas de formación a personal sanitario de atención Primaria; SIDA; maltrato infantil; muerte digna y a docentes. Especializado en maltrato infantil, trauma, duelo, tanatología, acompañamiento al muriente, integración de sistemas, estados de trance y místicos. Terapeuta de “Grupos de Duelo Online Ventana a ventana” desde confinamiento COVID-19. Psiconauta, antropólogo investigador del alma en la clínica médica y psicoterapéutica y trabajos de campo antropológicos cualitativos y cuantitativos, con énfasis en la Acción Participativa, docencia y divulgación psicopolítica de los hallazgos. Promotor de acciones participativas para el despertar del desierto interior y para la transformación social. Didacta  de la Sociedad Internacional Para el Desarrollo del Psicoanálisis Junguiano (SIDPaJ). Fotógrafo. Buceador. Alquimista. Hilozoísta. Hijo de Hermes. Creador herido. https://bit.ly/mikelcurriculum  iratxomik@gmail.com

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