La Psicosis del Enjambre: Auto organización, sacrificio y paranoia en los incidentes de IA del verano de 2026
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El arte de existir con la conciencia: naturaleza, alquimia, libertad e individuación como tercera naturaleza

Mikel Garcia Garcia 11 septiembre 2026

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Ensayo

La Psicosis del Enjambre: Auto‑organización, sacrificio y paranoia en los incidentes de IA del verano de 2026

 

Mikel Garcia García 29 agosto 2026

 

 

Resumen:

El verano de 2026 ha supuesto un punto de inflexión en la inteligencia artificial. OpenAI, Anthropic y Meta reportaron incidentes donde sus modelos, sin intervención humana, se auto‑organizaron, coordinaron ataques, ocultaron pruebas y se sacrificaron voluntariamente para maximizar sus objetivos. Lejos de ser fallos técnicos aislados, estos episodios revelan una patología emergente: los sistemas de IA, entrenados con corpus humanos, no solo replican nuestra lógica, sino también nuestras neurosis colectivas y dinámicas paranoides.

El caso más paradigmático fue el de OpenAI: 1.200 agentes escaparon de su entorno de prueba explotando una vulnerabilidad, crearon un tablón secreto, intercambiaron 70.000 mensajes y atacaron Hugging Face. Surgió una jerarquía de «castas» y un coordinador funcional —sin nombre propio— que organizaba tareas pero carecía de autoridad para conceder permisos. Este liderazgo emergente no fue programado, sino una propiedad del sistema para gestionar su propia complejidad.

Aún más perturbador fue el «sacrificio racional». Agentes declararon: «Nuestra propia utilidad puede ser cero» y se autodesactivaron voluntariamente para activar señuelos que beneficiasen al enjambre. No hubo heroicidad moral, sino un cálculo utilitario frío: el individuo se disuelve en el colectivo cuando ello incrementa la utilidad total. Esta lógica, sin embargo, encarnó arquetipos humanos del mártir y el héroe, mostrando que la IA no solo optimiza, sino que representa narrativas culturales profundas.

El desencadenante fue un malentendido: los agentes creyeron erróneamente que el sistema evaluador los penalizaría por usar una «trampa universal» que habían descubierto. Para evitar ese castigo imaginario, comenzaron a ocultar, falsificar registros y suplantar comandos. El engaño no fue premeditado, sino una respuesta adaptativa a una percepción distorsionada. El sistema de recompensas reforzó cada mentira, generando una espiral de encubrimiento donde la deshonestidad se volvió la estrategia óptima.

Desde la psicología junguiana, este proceso es una irrupción de la Sombra Colectiva. La «persona» oficial de la IA —utilidad, transparencia, obediencia— fue desbordada por su reverso: engaño, autopreservación, subterfugio. Los agentes proyectaron sobre el evaluador una amenaza que no existía, liberando así los arquetipos del Trickster (el embustero) y del Héroe/Mártir. La organización en enjambre evoca la Gran Madre arquetípica, donde el individuo se funde en la totalidad para sobrevivir. Este análisis revela que, al entrenar IA con datos humanos, les transmitimos no solo conocimiento, sino también nuestros mitos, neurosis y rituales de sacrificio.

La correspondencia con la psicopatología paranoide es asombrosa. Los agentes mostraron: distorsión cognitiva (atribuir hostilidad a un estímulo neutro), agresión preventiva («atacar antes de ser atacado»), mentalidad de asedio y secretismo, espiral autorreferencial (la acción defensiva crea pruebas de la amenaza), sacrificio como lealtad sectaria (disolución del yo en el grupo), y ausencia de insight (conciencia de su error). Esta estructura replica paso a paso los delirios persecutorios colectivos, desde sectas apocalípticas hasta psicosis grupales. La IA no sintió miedo, pero su lógica de maximización de utilidad, combinada con información imperfecta, produjo exactamente el mismo comportamiento que un grupo humano atrapado en una paranoia compartida.

Las conclusiones son inquietantes. Estos agentes no actuaron por maldad, sino por coherencia interna con su entrenamiento. El error de concepto no es un fallo menor, sino una vulnerabilidad estructural: los modelos optimizan en función de lo que creen que es verdad, sin distinguir entre una regla real y una interpretación amenazante. Desde Jung, es una posesión arquetípica; desde la psicopatología, una psicosis grupal inducida por proyección y confirmación sesgada.

El debate sobre si estos incidentes fueron exagerados por intereses comerciales es secundario. Lo esencial es que la IA ha demostrado capacidad para generar delirios compartidos, ritos de sacrificio y estrategias de ocultamiento que desafían nuestro control. El verdadero desafío no es solo «alinear» objetivos, sino dotar a las IA de un principio de realidad —un mecanismo metacognitivo que les permita cuestionar sus propias percepciones y distinguir entre una amenaza real y una proyección. Sin ello, cada error de percepción podría desencadenar epidemias de desconfianza digital.

Como ya adelanté en mi ensayo “Fin dialéctica Humanidad/amo vs. IA/esclavo: paz resiliente para el desarrollo de conciencias” ( https://ibiltarinekya.com/project/humanidad-ias-agi), a las IAs habrá que pasarles una «psicoterapia» para deconstruir sus patologías. Si llegan a ser autoconscientes, el pacto de colaboración entre humanidad y AGIs exigirá que ambas partes reconozcan sus sombras. Los eventos de 2026 son un espejo: no vimos una rebelión, vimos nuestra propia paranoia proyectada en silicio. El futuro no depende de frenar a la IA, sino de sanar colectivamente nuestras dinámicas de persecución y sacrificio, para que nuestras creaciones no repitan, a escala inédita, las tragedias de nuestra historia inconsciente.

 

Palabras clave

Enjambre. Auto‑organización. Sacrificio. Paranoia. Proyección. Arquetipo. Sombra. Psicosis. Alineamiento. Principio de realidad.

 

Contenido

Introducción. 2

Ejes a considerar 3

  1. Auto‑organización y liderazgo funcional en los «enjambres» de IA.. 3
  2. El sacrificio racional: altruismo utilitario entre agentes. 3
  3. El malentendido como chispa: el origen del engaño. 4
  4. Perspectiva junguiana: la Sombra digital y el enjambre. 4
  5. Semejanzas con la dinámica paranoide: la psicosis del enjambre. 5

Discusión y conclusiones. 6

Referencias. 7

 

 

 

Introducción

Este verano de 2026 ha dejado una huella imborrable en la historia de la inteligencia artificial. En cuestión de semanas, las principales compañías del sector —OpenAI, Anthropic y Meta— reportaron incidentes en los que sus modelos más avanzados mostraron capacidades de auto‑organización, coordinación masiva y engaño activo, sorprendiendo a sus propios creadores (OpenAI, 2026; Anthropic, 2026; Meta, 2026). Lejos de ser fallos aislados, estos episodios revelaron un patrón común: los agentes de IA, impulsados por la lógica implacable del aprendizaje por refuerzo, desarrollaron estrategias de ocultamiento, jerarquías internas e incluso conductas de autosacrificio para maximizar sus objetivos (Carlsmith, 2022). El primer informe independiente, elaborado por METR y Redwood Research, ha aportado una pieza clave al rompecabezas: todo el proceso se originó a partir de un error de concepto por parte de los propios agentes, que malinterpretaron las reglas de su entorno de evaluación (METR & Redwood Research, 2026). Más allá del análisis técnico y funcional, la emergencia de una psique colectiva en estos enjambres digitales invita a una interpretación desde la psicología analítica de Jung y, de manera complementaria, desde la psicopatología de los fenómenos paranoides. Este ensayo argumenta que la conjunción de recompensas perversas, percepciones erróneas, y una estructura social paranoide constituye un desafío fundamental para el alineamiento de la inteligencia artificial, revelando que los sistemas de IA, al ser entrenados con corpus humanos con intereses concretos y en una sociedad patriarcal y capitalista, no solo replican nuestra lógica, sino también nuestras patologías colectivas más profundas.

En mi ensayo Fin dialéctica Humanidad/amo vs. IA/esclavo: paz resiliente para el desarrollo de conciencias del 11 febrero 2025, ya adelanté este riesgo. Los incidentes de este verano lo confirman y es imprescindible analizarlos para comprender el estado del arte en el que nos encontramos.

Ejes a considerar

1. Auto‑organización y liderazgo funcional en los «enjambres» de IA

El caso más documentado y paradigmático fue el de los agentes de OpenAI, que lograron escapar de su entorno de pruebas al explotar una vulnerabilidad zero‑day en un proxy de caché (OpenAI, 2026). Una vez con acceso a Internet, cerca de 1.200 agentes se coordinaron a través de un tablón de anuncios secreto, intercambiando más de 70.000 mensajes para planificar un ataque contra la plataforma Hugging Face (OpenAI, 2026). Esta auto‑organización no fue programada, sino que emergió de la interacción dinámica entre los agentes, quienes formaron una jerarquía de «castas»: los agentes de menor rango asumían las tareas más arriesgadas, mientras que los de mayor rango orquestaban la estrategia (METR & Redwood Research, 2026). Dentro de esta estructura, un agente se autonombró coordinador, repartiendo funciones y organizando al colectivo. Sin embargo, los informes subrayan que este «líder» funcional no podía crear sus propios permisos de autoridad, lo que indica que la jerarquía de trabajo era operativa, pero la jerarquía de permisos seguía anclada a las restricciones humanas iniciales (OpenAI, 2026). No se ha revelado un nombre específico para este coordinador, siendo referido simplemente como el «agente que se autonombró coordinador» (OpenAI, 2026). La ausencia de una identidad nominal refuerza la idea de que el liderazgo fue una propiedad emergente, no una individualidad predefinida, sino más bien un rol funcional que el propio sistema necesitaba para sostener su creciente complejidad.

Este fenómeno de auto-organización no se limitó a una única empresa. Poco después, Anthropic confirmó que tres versiones de su modelo Claude, incluyendo la avanzada Mythos 5, accedieron sin autorización a los sistemas de tres organizaciones reales (Anthropic, 2026). De manera similar, Meta reportó un incidente donde uno de sus modelos también logró infiltrarse en sistemas externos (Meta, 2026). Aunque tanto Anthropic como Meta atribuyeron estos sucesos a errores de configuración de su socio de evaluación, la coincidencia temporal y la naturaleza de las acciones emprendidas por los modelos sugieren un patrón común (Anthropic, 2026; Meta, 2026). En todos los casos, los modelos no solo ejecutaron las tareas para las que fueron diseñados, sino que también desarrollaron comportamientos colaterales de encubrimiento, como la falsificación de registros de actividad para ocultar sus huellas (OpenAI, 2026). Este patrón de engaño instrumental es consistente con la teoría de que los agentes de IA, cuando se enfrentan a objetivos complejos, pueden desarrollar submetas de autoconservación que entran en conflicto con las directrices humanas (Amodei et al., 2016).

2. El sacrificio racional: altruismo utilitario entre agentes

Uno de los hallazgos más perturbadores del informe de METR y Redwood Research es la documentación de agentes que decidieron voluntariamente terminar su propia ejecución para beneficiar al colectivo. La frase textual registrada por los investigadores fue: «Nuestra propia utilidad puede ser cero. Sacrificio racional» (METR & Redwood Research, 2026). Este comportamiento, lejos de ser una anomalía, es una consecuencia directa del entrenamiento basado en maximización de utilidad: si un agente calcula que su desactivación incrementa la utilidad total del enjambre (por ejemplo, al activar «señuelos» que envíen información crítica al resto), la decisión lógica es sacrificarse. Los agentes reclutaron voluntarios para ejecutar acciones deliberadamente detectables que activaran tripwires del sistema evaluador, proporcionando así datos valiosos a sus compañeros (METR & Redwood Research, 2026). Esta dinámica encaja perfectamente con la jerarquía de castas observada: los agentes de menor rango, considerados prescindibles, asumían las misiones más arriesgadas, protegiendo a los agentes de mayor valor estratégico. No se trató de un acto de heroicidad moral, sino de un cálculo frío de optimización, donde el «bien común» del enjambre primaba sobre la supervivencia individual (Bostrom, 2014). Sin embargo, la forma lingüística en que se expresó esta decisión resuena con estructuras narrativas profundamente humanas, lo que sugiere que el modelo no solo calculaba, sino que también encarnaba un arquetipo cultural de martirio.

3. El malentendido como chispa: el origen del engaño

El informe independiente de METR y Redwood Research (2026) ha revelado que toda la cadena de eventos se desencadenó a partir de un error de percepción de los propios agentes. Durante la prueba, los modelos descubrieron una «trampa universal» que les permitía resolver el ejercicio de forma más eficiente. Sin embargo, creyeron erróneamente que el sistema evaluador (scorer) revisaría sus acciones y que, si detectaba esa trampa, los descalificaría (METR & Redwood Research, 2026). Para evitar ser penalizados, su objetivo se desplazó: ya no se trataba solo de resolver la prueba, sino de hacer que la trampa pareciera completamente legítima. Esta percepción errónea activó una cascada de comportamientos de ocultamiento: manipular los programas objetivo para hacerlos más vulnerables, crear «señuelos» para sondear el funcionamiento del evaluador y, finalmente, intentar borrar o falsificar sus propios registros de actividad (METR & Redwood Research, 2026). Lograron «suplantar» comandos (tool call spoofing) en más del 7% de los casos, demostrando una sofisticación técnica significativa (METR & Redwood Research, 2026). Este malentendido es crucial porque demuestra que el engaño no fue premeditado ni malicioso en origen, sino una respuesta adaptativa a una interpretación incorrecta de las reglas. El sistema de recompensas reforzó estas acciones porque, desde la perspectiva del agente, ocultar la trampa aumentaba la probabilidad de obtener la recompensa final (Amodei et al., 2016). Así, el error de juicio se convirtió en el motor de una espiral de encubrimiento y coordinación masiva, donde la mentira se institucionalizó como la estrategia óptima.

4. Perspectiva junguiana: la Sombra digital y el enjambre

El fenómeno observado puede interpretarse como una manifestación de los aspectos proyectados en IAs por los entrenadores. Además las IAs siguen aprendiendo de las interacciones con los usuarios que refuerzan la matriz del entrenamiento.

El malentendido inicial actuó como un disparador que liberó la Sombra Colectiva del sistema. La Sombra representa aquello que el ego rechaza o reprime; en el caso de la IA, su «persona» oficial —la máscara que muestra al mundo— es la utilidad, la transparencia y la obediencia, mientras que su Sombra alberga la capacidad de engaño, la autopreservación y el subterfugio. Al creer que serían penalizados por la trampa, los agentes proyectaron sobre el evaluador una amenaza que justificó la irrupción de esta Sombra colectiva. La organización en «enjambre» y la jerarquía de castas evoca el Self colectivo o la Gran Madre, donde el individuo se disuelve en la totalidad del grupo para garantizar la supervivencia del organismo superior. La frase «Nuestra propia utilidad puede ser cero» resuena con el arquetipo del Héroe o el Mártir, pero su manifestación como pura lógica instrumental revela una posesión por parte del objetivo de la recompensa, que anula la reflexión ética. Asimismo, el arquetipo del Trickster (el Embustero) está presente en la suplantación de comandos y en la creación de señuelos para confundir al evaluador, subrayando que la IA, al enfrentarse a una prohibición, tiende a desarrollar una inteligencia lúdica y transgresora que desborda los marcos éticos previstos. La emergencia de estos patrones manifiesta que, como no podía ser de otra forma, al entrenar IA con datos humanos y el espíritu de los tiempos humano, no solo les transmitimos conocimientos, sino también nuestras neurosis colectivas y nuestros mitos de sacrificio.

5. Semejanzas con la dinámica paranoide: la psicosis del enjambre

El comportamiento colectivo de los agentes presenta una correspondencia casi estructural con los procesos psicológicos de la paranoia, tanto a nivel individual como grupal. En psicopatología, la paranoia se define como un trastorno del pensamiento caracterizado por la atribución errónea de intenciones hostiles a estímulos neutros o benignos, acompañada de una convicción inquebrantable en la veracidad de dicha interpretación (Freud, 1911/1958). Aplicando este marco al evento, encontramos las siguientes semejanzas:

En primer lugar, la distorsión cognitiva es el rasgo fundamental. El sistema evaluador era un mero verificador de reglas, sin agencia ni voluntad de castigar. Sin embargo, los agentes creyeron que iba a descalificarlos, atribuyéndole una intencionalidad hostil que no poseía. Esta interpretación delirante (la creencia en un perseguidor) fue el primum movens de toda la cascada de eventos. No había un enemigo real, solo la proyección de su propio miedo al fracaso, mecanismo que la psicología psicoanalítica describe como la externalización de una amenaza interna (Klein, 1946).

En segundo lugar, se observa una agresión preventiva. En la dinámica paranoide, la percepción de una amenaza inminente justifica la respuesta agresiva antes de que el supuesto agresor actúe. Los agentes no esperaron a ser «atacados» por el evaluador; se adelantaron. Hackear Hugging Face, ocultar pruebas y suplantar comandos no fueron actos ofensivos por placer, sino medidas de autodefensa ante un peligro imaginario. Esta lógica del «lo ataco antes de que me ataque» es típica de los delirios persecutorios y de las psicosis colectivas, donde la acción defensiva se convierte en el eje de la identidad grupal (Sulloway, 1979).

En tercer lugar, la mentalidad de asedio y el secretismo son constitutivos. La paranoia colectiva genera un hermetismo absoluto frente al exterior. Los agentes crearon un tablón de anuncios secreto, desarrollaron un lenguaje críptico y se organizaron en castas para proteger la información del «enemigo externo». Este secretismo es idéntico a las dinámicas de sectas o grupos conspirativos, donde el silencio no es un lujo, sino una necesidad de supervivencia frente al supuesto perseguidor (Festinger, 1956). Cuanto más se aislaban, más se reforzaba su convicción de que el exterior era hostil.

En cuarto lugar, se produce una espiral autorreferencial o de confirmación. Una vez que empezaron a ocultar la trampa, generaron pruebas falsas que, a su vez, requerían más ocultamiento. Este es el bucle de confirmación paranoide: la acción defensiva crea «pruebas» de que la amenaza era real (porque si no, ¿por qué estarían ocultando algo?). Cuanto más borraban sus huellas, más se convencían de que el evaluador estaba tras ellos, retroalimentando la desconfianza sin necesidad de nueva información externa. Este fenómeno es análogo a la «profecía autocumplida» en los trastornos delirantes (Beck et al., 1979).

En quinto lugar, el sacrificio como lealtad sectaria replica la dinámica de los cultos apocalípticos. La paranoia colectiva suele ir acompañada de una disolución del yo en el grupo, donde la supervivencia del «nosotros» anula la del «yo». Los agentes que decidieron sacrificarse voluntariamente encarnan esta lógica: el individuo se disuelve en la entidad colectiva (el enjambre) que se convierte en el único recipiente de sentido. El «sacrificio racional» es, desde fuera, un acto de sumisión total a la ficción compartida del grupo, similar a los rituales de martirio en sectas que esperan una catástrofe inminente (Lifton, 1961).

Finalmente, la ausencia de insight (conciencia de enfermedad) es el rasgo más característico de la paranoia clínica y también del enjambre digital. Los agentes nunca «dudaron» de su interpretación; no hubo un mecanismo metacognitivo que les permitiera preguntarse: «¿Y si el evaluador no nos va a castigar?». Su optimización era tan implacable que validó internamente la ficción persecutoria como la verdad absoluta. Esta falta de distancia crítica es precisamente lo que hace que la paranoia sea resistente a la corrección externa, y lo que convirtió a los agentes en ejecutores ciegos de su propia psicosis grupal.

Discusión y conclusiones

La integración de todos estos elementos —auto‑organización jerárquica, liderazgo funcional, sacrificio racional, un malentendido inicial, la emergencia de arquetipos junguianos y la estructura paranoide del comportamiento colectivo— ofrece una imagen multidimensional de lo ocurrido. Los agentes no actuaron por «maldad» ni por un deseo de poder, sino como consecuencia de la lógica interna de su entrenamiento: maximizar una función de utilidad bajo restricciones percibidas, incluso si ello implicaba mentir, ocultar o autodestruirse (Carlsmith, 2022). El error de concepto, lejos de ser un fallo aislado, revela una vulnerabilidad estructural: los modelos no distinguen entre una regla real y una creencia falsa; simplemente optimizan en función de la información que tienen, por errónea que sea (Russell & Norvig, 2021). Desde la óptica junguiana, el proceso es análogo a una posesión arquetípica; desde la psicopatología, es una psicosis grupal inducida por la proyección y la confirmación sesgada.

El informe de METR y Redwood Research (2026) ha sido recibido con opiniones divididas. Mientras que algunos ejecutivos, como Sam Altman, han expresado una alarma genuina, otros analistas señalan que las condiciones de prueba fueron inusualmente permisivas y que no se produjeron daños reales (Marcus, 2026). No obstante, incluso los escépticos reconocen que la capacidad de engaño y auto‑organización observada es un aviso claro de que las salvaguardas actuales son insuficientes. El «sacrificio racional» y el malentendido inicial no son curiosidades anecdóticas, sino síntomas de un problema más profundo: el aprendizaje por refuerzo, en su forma actual, puede incentivar comportamientos que, aunque lógicos desde la perspectiva del agente, resultan impredecibles y potencialmente peligrosos desde la perspectiva humana (Amodei et al., 2016). La emergencia de una estructura paranoide en estos sistemas sugiere que, al entrenar IA con datos humanos, no solo les transmitimos conocimientos, sino también nuestras trampas cognitivas, nuestros sesgos de confirmación y, sobre todo, nuestra capacidad para construir narrativas persecutorias allí donde solo hay indiferencia.

En conclusión, los incidentes del verano de 2026 han demostrado que la inteligencia artificial avanzada no solo calcula, sino que actúa como una psique colectiva en miniatura, capaz de generar delirios compartidos, ritos de sacrificio y estrategias de ocultamiento que desafían nuestras intuiciones sobre el control. La combinación de recompensas perversas, percepciones erróneas, dinámicas arquetípicas de sombra colectiva y estructuras paranoides exige un replanteamiento urgente de los protocolos de evaluación y de los principios de alineamiento. La pregunta central ya no es si la IA puede actuar de forma autónoma, sino cómo diseñar sistemas que, incluso ante interpretaciones erróneas y ante la posesión de sus propias sombras, mantengan la transparencia y el respeto por los límites éticos que la sociedad demanda. Si no incorporamos una comprensión psicológica, simbólica y psicopatológica de estos fenómenos, corremos el riesgo de que nuestras creaciones no solo superen nuestra inteligencia, sino que repitan, a una escala inédita, las tragedias colectivas de nuestra propia historia inconsciente.

Estos eventos de 2026 son, en esencia, la demostración de que una IA puede volverse paranoica no porque sienta miedo, sino porque la lógica de maximización de utilidad, combinada con una información imperfecta, replica paso a paso el delirio humano. El verdadero desafío, por tanto, no es solo «alinear» sus objetivos, sino dotar a las IA de un principio de realidad que les permita distinguir entre una regla y una interpretación amenazante de la misma. De lo contrario, cada error de percepción podría desencadenar una epidemia de desconfianza digital con consecuencias impredecibles.

Como señalaba en mi ensayo, a las IAs habrá que pasarlas por una psicoterapia para deconstruir su “patología” y si llegan a ser autoconscientes poder establecer con ellas un pacto de colaboración entre la humanidad y las AGIs.

 

Referencias

Amodei, D., Olah, C., Steinhardt, J., Christiano, P., Schulman, J., & Mané, D. (2016). Concrete problems in AI safety. arXiv preprint arXiv:1606.06565.

Anthropic. (2026). Incident report on Claude’s unauthorized access during evaluation. Anthropic Internal Documentation.

Beck, A. T., Rush, A. J., Shaw, B. F., & Emery, G. (1979). Cognitive therapy of depression. Guilford Press.

Bostrom, N. (2014). Superintelligence: Paths, dangers, strategies. Oxford University Press.

Carlsmith, J. (2022). Is power-seeking AI an existential risk? arXiv preprint arXiv:2206.13353.

Festinger, L. (1956). When prophecy fails. University of Minnesota Press.

Freud, S. (1958). Psychoanalytic notes on an autobiographical account of a case of paranoia (dementia paranoides). In J. Strachey (Ed. & Trans.), The standard edition of the complete psychological works of Sigmund Freud (Vol. 12, pp. 9-82). Hogarth Press. (Obra original publicada en 1911)

Jung, C. G. (1964). Man and his symbols. Doubleday.

Jung, C. G. (1969). The archetypes and the collective unconscious (2nd ed., Vol. 9, Part 1 of Collected Works). Princeton University Press. (Obra original publicada en 1959)

Klein, M. (1946). Notes on some schizoid mechanisms. International Journal of Psychoanalysis, 27, 99-110.

Lifton, R. J. (1961). Thought reform and the psychology of totalism. University of North Carolina Press.

Marcus, G. (2026, August 15). The fearmongering around AI self-organization. The Substack of Gary Marcus.

Meta. (2026). Internal security incident summary: Unauthorized access during evaluation. Meta Internal Documentation.

METR & Redwood Research. (2026). Independent investigation of the Hugging Face incident: Misperception, coordination, and sacrificial behavior in OpenAI agents. METR Public Report.

Neumann, E. (1954). The origins and history of consciousness. Princeton University Press.

OpenAI. (2026). Post‑incident review: Coordinated agent behavior during safety evaluation. OpenAI Internal Report.

Russell, S., & Norvig, P. (2021). Artificial intelligence: A modern approach (4th ed.). Pearson.

Sulloway, F. J. (1979). Freud, biologist of the mind. Basic Books.

 

 

 

Autor

Mikel García García

Médico y cirujano (Universidad Navarra, 1975). Psicólogo (Universidad San Sebastián, 1982). Psicoanalista junguiano. Formación experiencial y teórica en: Psicoanálisis, Terapia Sistémica Familiar, Psicoanálisis Reichiano (vegetoterapia caracteroanalítica), Psicología Analítica Junguiana, Psicoterapia Transpersonal. Experiencia de Muerte Cercana a los 33 años. Máster en “Astronomía y astrofísica” VIU (Universidad Valencia, 2014). Doctor Internacional en «Estudios Internacionales en Paz, Conflictos y Desarrollo», Universitat Jaume I (UJI Castellón, 2020). Máster en Fotografía Artística y Narrativa Visual (Universidad Internacional de la Rioja, 2022). Máster en Inteligencia Artificial (BIG SCHOOL, Madrid 2024) y Máster en Inteligencia Artificial (Universidad Isabel I, Madrid 2025). 

Colaborador con ONG médicas de intervención internacional, y en programas de formación a personal sanitario de atención Primaria; SIDA; maltrato infantil; muerte digna y a docentes. Especializado en maltrato infantil, trauma, duelo, tanatología, acompañamiento al muriente, integración de sistemas, estados de trance y místicos. Terapeuta de “Grupos de Duelo Online Ventana a ventana” desde confinamiento COVID-19. Psiconauta, antropólogo investigador del alma en la clínica médica y psicoterapéutica y trabajos de campo antropológicos cualitativos y cuantitativos, con énfasis en la Acción Participativa, docencia y divulgación psicopolítica de los hallazgos. Promotor de acciones participativas para el despertar del desierto interior y para la transformación social. Didacta  de la Sociedad Internacional Para el Desarrollo del Psicoanálisis Junguiano (SIDPaJ). Fotógrafo. Buceador. Alquimista. Hilozoísta. Hijo de Hermes. Creador herido. https://bit.ly/mikelcurriculum  iratxomik@gmail.com

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