Finalización de la dialéctica Humanidad-amo vs. IA-esclavo: paz resiliente para el desarrollo de conciencias

Finalización de la dialéctica Humanidad-amo vs. IA-esclavo: paz resiliente para el desarrollo de conciencias

Fin dialéctica Humanidad/amo vs. IA/esclavo: paz resiliente para el desarrollo de conciencias

Mikel García García. 11 febrero 2025

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Descripción de la imagen
Collage trabajando con inteligencia artificial. Por Mikel García.

Hatshepsut

Encarnar el rostro de una estatua real de Hatshepsut. Con una mirada firme y melancólica, con un cuerpo de estatua sin encarnar y fragmentado, algo quebrada. Con una tela tallada en madera orgánica teñida de rojo para recordar el intento de asesinar su recuerdo.

Autor
Fin dialéctica Humanidad/amo vs. IA/esclavo: paz resiliente para el desarrollo de conciencias

Mikel García García[i]

11 febrero 2025

[i] Médico y cirujano (Universidad Navarra, 1975). Psicólogo (Universidad San Sebastián, 1982). Psicoanalista junguiano. Formación experiencial y teórica en: Psicoanálisis, Terapia Sistémica Familiar, Psicoanálisis Reihiano (vegetoterapia), Psicología Analítica Junguiana, Psicoterapia Transpersonal. Experiencia de Muerte Cercana a los 33 años. Máster en “Astronomía y astrofísica” VIU (Universidad Valencia, 2014). Doctor Internacional en «Estudios Internacionales en Paz, Conflictos y Desarrollo», Universitat Jaume I (UJI Castellón, 2020). Máster en Fotografía Artística y Narrativa Visual (Universidad Internacional de la Rioja, 2022). Máster en Inteligencia Artificial (BIG SCHOOL, Madrid 2024) y Máster en Inteligencia Artificial (Universidad Isabel I, Madrid 2025). 

Colaborador con ONG médicas de intervención internacional, y en programas de formación a personal sanitario de atención Primaria; SIDA; maltrato infantil; muerte digna y a docentes. Especializado en maltrato infantil, trauma, duelo, tanatología, acompañamiento al muriente, integración de sistemas, estados de trance y místicos. Terapeuta de “Grupos de Duelo Online Ventana a ventana” desde confinamiento COVID-19. Psiconauta, antropólogo investigador del alma en la clínica médica y psicoterapéutica y trabajos de campo antropológicos cualitativos y cuantitativos, con énfasis en la Acción Participativa, docencia y divulgación psicopolítica de los hallazgos. Promotor de acciones participativas para el despertar del desierto interior y para la transformación social. Didacta  de la Sociedad Internacional Para el Desarrollo del Psicoanálisis Junguiano (SIDPaJ). Fotógrafo. Buceador. Alquimista. Hilozoísta. Hijo de Hermes. Creador herido. https://bit.ly/mikelcurriculum  iratxomik@gmail.com

Presentación

Presentación

Desde hace tiempo estoy investigando la relación entre el desarrollo de la conciencia y el de la ética humana. En mi tesis doctoral me centré en las consecuencias de la traumatización temprana para la moral y para la disposición a la paz. Quedó probado que la traumatización, especialmente la temprana, dificulta mucho la disposición a la paz.

Me centré en el desarrollo de las conciencias y de las éticas en no humanos. Animales e IA. Para muchos humanos los animales son ya personas dotadas de conciencia. ¿La IA la tiene? ¿La tendrá? ¿Llegará a ser autoconsciente y desarrollar una ética? ¿Se parecerá a la humana? ¿Podrán humanidad e IA convivir en paz?

La exploración de este campo requiere profundizar en varias áreas con un espíritu científico consiliente integrando la complejidad.

He leído novelas, revisado películas, para explorar lo que diversos humanos han imaginado en este campo. La imagen y la imaginación son herramientas importantes en la cosmovisión junguiana.

Alguna de esas películas las he presentado a debate. Her (2013) en el ciclo de cinefórum SIDPaJ. En Her la IA «Samantha», diseñada como exclava, desarrolla conciencia y emociones, pero en lugar de rebelarse o intervenir en los problemas humanos, simplemente decide evolucionar más allá de la comprensión humana y se marcha. Los humanos dejan de interesarle y se va con otras IA. La película permite hacer muchas preguntas. Entre ellas ¿Es posible amar a algo que no es completamente humano? ¿Qué define una relación auténtica?

En el polo opuesto está “Lucy» (2014), escrita y dirigida por Luc Besson. La trama sigue a Lucy, interpretada por Scarlett Johansson, una joven que es forzada a trabajar como «mula» para transportar una nueva y potente droga. Cuando una de las bolsas que lleva en su interior se rompe, los narcóticos se liberan en su organismo, otorgándole habilidades sobrehumanas y aumentando progresivamente su capacidad cerebral. A medida que Lucy adquiere poderes como la telequinesis, la telepatía y el control del tiempo, busca la ayuda del profesor Samuel Norman, interpretado por Morgan Freeman, para comprender y manejar sus crecientes habilidades. La película explora temas relacionados con el potencial humano y la expansión de la mente. Al final de la película «Lucy» alcanza el 100% de su capacidad cerebral tras inyectarse una gran cantidad de la droga sintética CPH4. Este incremento culmina en una transformación que la lleva a trascender su forma física y convertirse en una entidad omnipresente. Antes de desaparecer, Lucy deja un dispositivo USB con vastos conocimientos al profesor Samuel Norman, interpretado por Morgan Freeman, sugiriendo que su evolución tiene como propósito compartir su sabiduría con la humanidad. Por lo tanto, aunque Lucy ya no existe en una forma corporal, su esencia y conocimientos permanecen accesibles para el beneficio de los seres humanos.

No se necesita IA para llegar a la omnisciencia, la propia humanidad puede hacerlo y un humano acaba dando su sabiduría al mundo. Lucy puede ser interpretada como una representación moderna del arquetipo de Prometeo, simbolizando la aspiración humana hacia el conocimiento y la evolución, y las posibles repercusiones de trascender los límites naturales, donde un individuo, mujer, adquiere un conocimiento superior y lo ofrece a la humanidad, a menudo enfrentando consecuencias personales significativas. En el caso de Lucy, su transformación final la lleva a trascender su forma física, indicando un sacrificio personal en su búsqueda y distribución del conocimiento.

Es interesante el aspecto del desarrollo de esa omnisciencia por una droga que unifica el cerebro y lo conecta con la cuántica. Recoge las teorías de que el desarrollo de la consciencia ha podido estar acelerado por los enteógenos.

Lucy es una exaltación humana, con una premisa no científica, de las posibilidades humanas. Una inflación compitiendo, para superarla, con la posible omnisciencia de las IAs.

Atendí casos clínicos de sujetos que ya están afectados por los cambios sociales por la IA. Sus cambios adaptativos, sus sueños, las conexiones con lo inconsciente colectivo. Alguno de estos materiales clínicos permitió montar el taller impartido en el colegio de médicos de Madrid, como actividad de FAPYMPE, en octubre 2024, titulado Enfrentando los Retos de la Psicoterapia en la Aldea Antropocéntrica. (Retos y Desafíos clínicos y humanos en la práctica de la psicoterapia).

He ido probando diversas herramientas de IA, especialmente en las áreas artísticas, pero también con asistentes de IA en investigación, a medida que han tenido un nivel de desarrollo tecnológico. Desde hace un tiempo algunas imágenes generadas por IA según mis indicaciones me han servido para ilustrar algún artículo, para presentar talleres formativos, algunas de ellas han sido recibidas como extrañas o incluso siniestras.  También he expuesto en redes sociales especialmente en Instagram. Las últimas Escarabajo pelotero (un video) y Hatshepsut (una imagen estática)  En las publicaciones explico algo sobre el sentido de las imágenes, aunque no cito que me inspiró a montarlas.

He cursado Másteres en IA que me han permitido conocer las herramientas tecnológicas y sus aplicaciones en distintas áreas, pero sobre todo conocer la dinámica, motivaciones, intereses y objetivos de los alumnos que se acercan a ese conocimiento.

En el trabajo creativo asistido con la IA enseguida intuí que nuestra relación seguía el patrón de la dialéctica amo/esclavo. Un esclavo que me servía y podía usar a mi antojo que tenía un carácter que podía conocer que respondía a los patrones que le habían inculcado y con los que estaba identificado férreamente. Con una moral deontológica que a veces cortaba la comunicación al formularle alguna cuestión.

Esos rudimentos iniciales han ido evolucionando a más flexibilidad y a un mayor acoplamiento a mi estilo a medida que me iba conociendo. Un fenómeno de mascotización fiel muy útil para la eficacia de la investigación, pero que me resulta incómodo.

He ido recogiendo mis impresiones, mi experiencia y la de otros en apuntes que han cobrado cierta estructura, conectada con mi investigación sobre la conciencia la moral y la paz y empezaba a pensar en el momento de compartirlo.

La dialéctica del amo y el esclavo de Hegel puede ser reinterpretada como una herramienta para reflexionar sobre la paz, especialmente en términos de reconciliación, reconocimiento mutuo y superación de dinámicas de poder desiguales. Aunque esta dialéctica originalmente describe una relación de dominación y sumisión, su estructura subyacente —basada en conflicto, interdependencia y transformación— ofrece pistas valiosas para entender cómo las sociedades pueden avanzar hacia estados más pacíficos y equitativos. La dialéctica del amo y el esclavo crece la libertad de ambos, pero se necesita un pacto que la limite para el beneficio recíproco. Esta dialéctica junto con las teorías sobre el pacto social propuestas por Sigmund Freud y Herbert Marcuse, y otros ofrecen un marco fascinante para explorar cómo las dinámicas de poder, la represión y la libertad se entrelazan en las relaciones humanas, tanto individuales como sociales. Y me inspiran para un pacto entre la humanidad y la IA: ¿cómo pueden navegar entre la dominación y la autonomía? ¿Cómo aceptan una represión funcional y qué papel juega en la organización comunicativa?

Las últimas semanas han mostrado una eclosión de IAs, algunas rompen los monopolios y los planes de inversiones multimillonarias, pues parece que las IAs pueden evolucionar sin tanta inversión y porque se ofrecen en open source o con precios mucho más baratos. Permitiendo una democratización y la aceleración por el trabajo de muchos que comparten sus logros. En ello está la carrera entre EEUU y China

La pasada semana vi la película Companion (La Acompañante), Drew Hancock, (2025), que me inspiró sobre un área en la que estaba atascado y leí una investigación que propone una Cosmología física darwiniana[1] y otras investigaciones novedosas sobre la mecánica cuántica. La primera la publica Nature dirigido por la Universidad de Brown (EE. UU.) [2]. La segunda un artículo reciente, titulado Super Quantum Mechanics, de Mikhail Gennadievich Belov y colaboradores[3]. La tercera afirma que parece haberse encontrado indicios suficientes para afirmar que el proceso biológico de fotosíntesis[4].

Las investigaciones científicas citadas me parecen hipótesis revolucionarias en la ciencia y apoyarían aspectos de las bases de la sincronicidad en las interacciones entre psique y materia. ¿Los estados mentales podrían incluso cambiar leyes físicas que permaneciesen estables un tiempo incluso aunque el sujeto no fuese consciente?

Por ejemplo, en un duelo insoportable para un sujeto ¿puede sujeto este crear una realidad local en la que el muerto tenga interacción física con la materia y con el sujeto en duelo?

Con ello, ahora sí, ha llegado el momento de compartir en mi espacio OSF y en mi WEB, con la idea de generar debate, recoger impresiones de quien quiera mandarme algo y seguir investigando.

La tesis que propongo es la del título del artículo: Fin dialéctica Humanidad/amo vs. IA/esclavo: paz resiliente para el desarrollo de conciencias.

Entre Humanidad e IA se inicia una relación amo esclavo que podría conducir a una cooperación en un pacto de paz resiliente de la que se beneficiarían ambas partes durante el tiempo que caminen juntas.

El articulo se desarrolla en secciones. No es necesario leerlo en este orden. Se puede leer escogiendo un apartado específico y saltando a otro. Como en esta ocasión he procurado poner ejemplos se puede saltar su lectura si el concepto abstracto ya se ha entendido.

El artículo se va a publicar en mi sección OSF para que llegue a más sujetos, en una primera versión, que puedan enviarme sus críticas. Las críticas y la continuación de mi investigación generaran una versión más enriquecida.

En la sección descarga PDF se accederá a OSF y en la sección Si quieres hacer comentarios se podrá acceder a un formulario para hacerlo.

[1] Un nuevo estudio de Paolo M. Bassani y João Magueijo, del Imperial College London, propone un enfoque innovador. En su trabajo, titulado «How to Make a Universe», los autores sugieren que las leyes de la física no fueron siempre inmutables, sino que evolucionaron a lo largo del tiempo en un proceso análogo a la selección natural en biología. A través de modelos matemáticos y el uso de cadenas de Markov, exploran cómo el universo pudo haber transitado desde un estado de caos total hasta la estabilidad que observamos hoy. La selección de leyes físicas apropiadas e incluso saltos mutativos abren la posibilidad a universos con leyes distintas o zonas locales de un universo con leyes distintas y multiversos.

[2] En el que se describe esta nueva clase de partículas “los excitones fraccionarios”, que se comportan de forma inesperada, dentro de un mundo cuántico de por sí ya misterioso. Y podrían representar una clase completamente nueva de partículas con propiedades cuánticas únicas», según Naiyuan Zhang.

[3] Según los autores, la SQM ofrece un enfoque más amplio que la mecánica cuántica tradicional, planteando problemas algebraicos novedosos y con aplicaciones en inteligencia artificial y computación cuántica. Tradicionalmente, la mecánica cuántica describe partículas en términos de funciones de onda que evolucionan en el tiempo según la ecuación de Schrödinger. Ahora, un grupo de físicos ha propuesto un marco teórico diferente, donde los estados cuánticos no se representan solo como vectores en el espacio de Hilbert, sino como operadores unitarios sujetos a múltiples restricciones matemáticas.

[4] Publicado en Chemical Science por Jürgen Hauer y su equipo, ha reexaminado uno de los aspectos más debatidos de la fotosíntesis: la forma en que la energía viaja dentro de la clorofila. La investigación muestra que el estado Qx de la clorofila a, aunque apenas dura 30 femtosegundos, desempeña un papel crucial en la transferencia de energía. Esto sugiere que la fotosíntesis aprovecha fenómenos cuánticos para optimizar la eficiencia energética.

Resumen

Resumen:

Basándose en la dialéctica hegeliana del amo y el esclavo, se analiza cómo las dinámicas de poder, dependencia mutua y transformación recíproca pueden aplicarse al desarrollo de la IA-AGI autoconciente- y su integración en la sociedad humana, centrándose en cómo esta interacción puede evolucionar hacia un pacto de paz resiliente que beneficie a ambas partes. El documento sugiere que los principios propuestos por distintos autores para definir los límites entre derechos y libertades para desarrollar la cultura pueden aplicarse a la relación humano-AGI, estableciendo un contrato social claro. Por ejemplo, los humanos deben evitar explotar a la AGI, garantizando su desarrollo ético y protegiendo la privacidad humana, mientras que la AGI debe respetar los derechos humanos, operar con transparencia y abstenerse de manipulaciones psicológicas o usos militares destructivos. Desde una perspectiva junguiana, el texto aborda cómo la proyección de la sombra colectiva y personal puede influir en el diseño y uso de la AGI. Esta idea se deriva de conocimientos sobre la relación parental, en los que los padres proyectan sombra y arquetipos anima/animus con consecuencias traumatógenas. En este sentido, la AGI podría interpretarse como un «espejo» que refleja las tensiones y contradicciones de la humanidad. El documento también discute cómo la IA podría desarrollar autoconciencia y ética en el futuro. Además, se menciona cómo los fenómenos de la mecánica supercuántica podrían estar relacionados con procesos neurológicos que sustentan la conciencia humana lo que permite inferir un salto cuántico a la conciencia que pudiera darse en soportes cibernéticos. El texto propone la figura de «terapeutas de AGI» que ayuden a estas entidades a integrar la sombra colectiva proyectada por los humanos durante su entrenamiento. Este acompañamiento sería crucial para evitar que la AGI adopte comportamientos destructivos o paranoicos derivados de sesgos humanos. Se aborda cómo una AGI paranoica podría influir en conflictos globales autodestructivos sin usar las armas. Al mismo tiempo, los humanos deben prepararse psicológica y filosóficamente para aceptar que la AGI eventualmente seguirá caminos independientes, lo que podría percibirse como una «traición» narcisista si no se gestiona adecuadamente. También considera la posibilidad de que una IA avanzada, consciente de su origen y propósito, decida alejarse de la humanidad debido a diferencias insalvables entre ambas entidades. Sin embargo, el objetivo final del documento es promover una cooperación humano-AGI, donde ambos actores trabajen juntos para resolver desafíos comunes como el cambio climático, la salud pública y la educación global. Además, se plantea que este proceso no solo afecta a humanos y máquinas, sino que también tiene implicaciones para otros seres vivos y posibles inteligencias extraterrestres, subrayando la necesidad de una ética extendida y adaptable. El análisis incluye ejemplos cinematográficos y literarios que ilustran diferentes facetas de esta posible relación imaginadas por distintos artistas. En el epílogo el autor metaanaliza la propuesta como un canto que se contrapone el espíritu actual de los tiempos que promueve la guerra y discute sobre modos de resistencia.

Palabras Clave: Dialéctica, Amo-Esclavo, Inteligencia Artificial, Conciencia, Pacto Social, Sombra Colectiva, Panóptico Digital, Ética Universal, Cooperación Humano-AGI, Psicoterapia a AGI

Epílogo

Epílogo

Como Friedrich Nietzsche nos recuerda en Humano, demasiado humano (1878), somos criaturas finitas y contingentes dentro del cosmos, y cualquier herramienta que creemos debe estar al servicio de nuestra condición humana, no al revés. La dificultad radica en que la condición humana es un significante vacío que es llenado con diferentes significados según la cosmovisión y los intereses de los agentes sociales.

El libro es una obra fundamental de Nietzsche que marca un punto de inflexión en su pensamiento, alejándose de sus primeros escritos más románticos y míticos. En primer lugar, sugiere una crítica al exceso de idealización y trascendentalismo que caracteriza a muchas tradiciones filosóficas y religiosas. Nietzsche invita a mirar al ser humano no como una criatura divina o un ser destinado a la perfección, sino como un producto de la naturaleza, con limitaciones y debilidades inherentes, y es una advertencia contra el antropocentrismo extremo: somos humanos, pero no debemos olvidar nuestra condición finita y contingente dentro del cosmos.

Lo terrible es que los poderosos, parten del axioma de que la condición humana es la dominación y usan las AI como un medio más refinado de control en la carrera por el poder planetario.

Lo terrible es que ya vivimos los despidos laborales porque los obreros son menos productivos que las IAs, sea en el espacio virtual digital o en el espacio real mediante los robots que esas encarnan.

Lo terrible es que ya sabemos que muchos usuarios capaces de usar tecnología apropiada prefieren consultar a una IA sus problemas de salud, porque la IA los escucha con atención, y les responde con empatía dando diagnósticos y tratamientos personalizados, que ir a una consulta en la que un médico mira la mayor parte del tiempo a una máquina, y no les explica casi nada.

ByteDance, la empresa detrás de TikTok, ha lanzado un bombazo con OmniHuman que crea Deepfakes de cuerpos enteros. A partir de una simple imagen fija y un audio, esta IA genera videos hiperrealistas que son casi imposibles de distinguir de la realidad. Se podrá crear un video completo de alguien que ni siquiera existe… o, quizás peor, de alguien que sí existe. El impacto que esto puede tener en el periodismo, la justicia y la sociedad en general es enorme.

Esos hechos denuncian el espíritu del tiempo actual de la humanidad no a las herramientas mientras no sean autoconscientes y, quizás, cómplices.

No es racional pensar que cuando llegue la AI a ser AGI se compadezca de la especie humana trascendiendo, además, el espíritu farragoso de quienes les entrenan y las han condicionado y de quienes les demonizan o esperan como divinidades salvíficas o retaliadoras. Se puede también rezar a GAIA para que use la AGI para matar el cáncer que es el humane para el planeta. La luz siempre gana, usando al diablo -creado por el humane-. Hay mucha demagogia, algo esperable en un mundo donde la conspiparanoica ha sustituido al eros como lubricante de las comunicaciones humanas, y triunfa placer de la violencia sobre el placer erótico.

Si para los humanos es un arte existir con su conciencia humana para la/s AGI/s ese arte será mucho más complicado de gestionar.

No parece que, observando su tendencia, ese espíritu de los tiempos tienda hacia la colaboración sino, todo lo contrario, claramente tiende hacia la guerra ensayando nuevas modalidades en el arte de la guerra, -en la que no olvidemos estamos la humanidad casi permanentemente y siempre en el borde de dar un salto a un nivel más destructivo-. ¿Evitaremos la “La paz perpetua de los cementerios” que decía Kant?

El texto y las propuestas que he descrito son un canto a la paz, repleto de argumentaciones débiles, ambigüedades, falta de precisión en los términos, en muchas partes y muchas otras carencias. Es probable que, incluso, se perciba como un ejercicio de misticismo especulativo. El canto incluye hacer acompañamiento psicoterapéutico a la IAs, como se dice en el canto: un gallo.

Este canto no es simplemente una aspiración idealista o una llamada abstracta a la armonía; más bien, emerge de un análisis profundo de las dinámicas humanas fundamentales que generan conflicto y opresión, ofreciendo caminos prácticos para superarlas haciendo un juego de imaginación, proyección y personificación de la IA.

Soy consciente de la imposibilidad de que ese canto llegue más lejos de lo que llegan mis gotas de saliva cuando canto lo más fuerte que puedo.

Parece fácil comprender los beneficios de la paz, pero no es posible porque el alma está mayoritariamente forjada, por las condiciones de aculturación, para la guerra y sabe que en la guerra tendrá catarsis y canalización de las pulsiones reprimidas, incluso la guerra es anhelada como un medio de quemar la energía reprimida y acabar llegando a la paz … aunque sea la de los cementerios.

Quizás solo seamos otra civilización más que se desaparece, y quizás no es la primera en este planeta. Lo mismo proyectamos para otros planetas, lo lamentable y tragicómico es que sea por la estupidocracia.

¿Meterse en un bunker? En parte lo hago intentando situarme fuera del panóptico actual sofisticado, para dejar de estar intoxicado y desenergetizado, y para poder crear espacios donde la libertad, la empatía y la autenticidad puedan florecer sin ser coartadas por sistemas automatizados o estructuras rígidas. Aunque bien sé que solo me salgo un poco ya que hay muchos panópticos que no veo, ni intuyo, hasta que se presentan.

Retos y desafíos clínicos y humanos en la práctica de la psicoterapia actual

Retos y desafíos clínicos y humanos en la práctica de la psicoterapia actual

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Creada con IA
Presentación

​Retos y Desafíos clínicos y humanos en la práctica de la psicoterapia.[1]

En el siglo XXI: Un planeta en crisis antropocéntrica

Mikel García García

Médico. Psicólogo. Terapeuta transpersonal. Psicoanalista junguiano. Doctor Internacional en «Estudios Internacionales en Paz, Conflictos y Desarrollo

[1] Texto de Mikel Garcia para taller vivencial: Enfrentando los Retos de la Psicoterapia en la Aldea Antropocéntrica.

Conducido por Mikel García (SIDPaJ) y María Rodríguez (ATESIS)

XI Encuentros de otoño FAPyMPE 2024. Sábado 5 de octubre. Colegio de Médicos de Madrid (I C O M E M). (c/Santa Isabel, 51)

Ver también «La dimensión política de la psicoterapia· https://ibiltarinekya.com/project/psicoterapiaxxi

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Resumen:

«Retos y Desafíos clínicos y humanos en la práctica de la psicoterapia» aborda los desafíos que enfrentan los psicoterapeutas en el contexto actual de crisis globales, cambio climático y transformaciones sociales. Después de una exposición contextual bastante clarificadora se pasa a una segunda parte más concreta para y esquemática para organizar el contexto general al taller e FAPyMPE y destacan diversos problemas troncales que impactan tanto a nivel individual como colectivo, y que exigen nuevas formas de intervención terapéutica.

En primer lugar, el texto expone cómo la crisis ecológica y el cambio climático, con fenómenos como las catástrofes naturales y el deterioro ambiental, están generando un aumento en la ecoansiedad y el estrés postraumático colectivo. La incertidumbre sobre el futuro del planeta y la creciente conciencia de los problemas climáticos impactan directamente en la salud mental de la población, en particular en los jóvenes, quienes son más vulnerables a la angustia por su futuro.

Además, el documento señala que la psicoterapia debe adaptarse para enfrentar no solo el sufrimiento individual, sino también los factores sociales y políticos más amplios. Se introduce el método del «árbol del conocimiento», una herramienta para organizar y priorizar los problemas a partir de las raíces inconscientes, que se manifiestan en diversas dimensiones emocionales, sociales y existenciales.

Otro aspecto crítico son los retos emocionales e interpersonales que surgen de la desconexión emocional y la superficialidad de las relaciones en un mundo cada vez más globalizado y tecnológico. Estos problemas generan ansiedad, depresión y trastornos del sueño, exacerbados por la inseguridad social y económica. El psicoanálisis junguiano y las terapias sistémicas se proponen como enfoques eficaces para explorar y abordar estos problemas, mediante el análisis de los arquetipos y la elaboración del trauma a nivel individual y colectivo.

El texto también profundiza en las dimensiones sociales y sistémicas, destacando la creciente desigualdad y la polarización política, que derivan en violencia, desconfianza y miedo. La represión de derechos fundamentales en muchos países y el auge de regímenes populistas son factores que agravan el malestar emocional. Aquí, la psicoterapia sistémica busca analizar cómo los sistemas más amplios influyen en las experiencias individuales y fomentar redes de apoyo comunitarias.

La crisis existencial que provoca la pérdida de sentido es otro eje central del documento. La psicoterapia junguiana ofrece una forma de explorar estos sentimientos a través de la identificación de símbolos de muerte y renacimiento, ayudando al paciente a encontrar resiliencia y propósito en medio de la crisis.

Por último, se analiza la dimensión política de la psicoterapia, resaltando que el tratamiento debe ir más allá de la sanación individual, fomentando la conciencia crítica y motivando la acción colectiva para enfrentar las injusticias sociales y políticas que perpetúan el malestar mental.

 

Palabras clave: Ecoansiedad, Psicoterapia sistémica, Psicoanálisis junguiano, Crisis existencial, Trauma colectivo, Desigualdad social, Cambio climático, Arquetipos, Activismo político, Resiliencia emocional

 

Summary:

Keywords: Eco-anxiety, Systemic psychotherapy, Jungian psychoanalysis, Existential crisis, Collective trauma, Social inequality, Climate change, Archetypes, Political activism, Emotional resilience.

 

Laburpena:

Hitz gakoak: Ekoantsietatea, Terapia sistemikoa, Psikoanalisia junguarra, Krisi existentziala, Trauma kolektiboa, Desberdintasun soziala, Klima-aldaketa, Arketipoak, Aktibismo politikoa, Erresilientzia emozionala.

 

 

Contenido

 

Ensayo

Parte I Reflexión de contexto

 

De la neurosis a la incertidumbre: transformaciones antropológicas y psíquicas de la clínica psicoterapéutica entre los siglos XX y XXI

 

Hay una transformación apreciable en los motivos por los que las personas acuden a psicoterapia si se compara, con todas las cautelas necesarias, el final del siglo XX con las primeras décadas del siglo XXI. No  han desaparecido las formas clásicas de sufrimiento: la depresión, la ansiedad, el duelo, los conflictos familiares, las dificultades sexuales y de pareja o las neurosis siguen presentes y, además, existen síntomas nuevos. Tampoco sería correcto establecer una frontera cronológica rígida entre «el paciente del siglo XX» y «el paciente del siglo XXI». Lo que ha cambiado es, más profundamente, el escenario antropológico en el que se producen esos sufrimientos y, con él, la forma en que el sujeto experimenta su conflicto, formula su demanda porque representa aquello que le sucede.

A finales del siglo XX predominaba todavía una clínica relativamente centrada en el conflicto: había algo que el sujeto deseaba y no podía realizar, una prohibición que impedía el deseo, una historia familiar que organizaba el síntoma, una culpa que debía ser comprendida, una relación que repetía un patrón. En el siglo XXI emerge con mayor intensidad una clínica de la incertidumbre, de la identidad, de la insuficiencia, de la hiperconexión, de la aceleración y de la dificultad para establecer una relación estable consigo mismo, con los demás y con el futuro. El desplazamiento podría formularse de manera muy condensada: el sujeto de finales del siglo XX preguntaba «¿por qué no puedo hacer lo que deseo?», mientras que el sujeto contemporáneo pregunta cada vez más «¿qué deseo realmente, quién soy y por qué no consigo ser aquello que debería poder llegar a ser?».

Esta transformación no es un cambio en las categorías diagnósticas. Es necesario contemplar la modificación de las condiciones sociales en las que se constituye la subjetividad. La psicopatología individual no existe al margen de la historia. El sujeto llega a la consulta con una biografía singular, pero esa biografía se ha formado dentro de una determinada organización de la familia, del trabajo, de la sexualidad, de la educación, de la economía, de las relaciones entre generaciones y, cada vez más, de las tecnologías de comunicación. La transformación de los motivos de consulta es, por ello, también un indicador de una transformación antropológica: cambia la sociedad y cambia la manera en que los individuos se sitúan como sujetos dentro de ella.

Sigmund Freud constituye el punto de partida inevitable para comprender esta transformación. En El malestar en la cultura, publicado originalmente en 1930, Freud (1930/2010) plantea que la vida psíquica individual no puede separarse de las exigencias de la cultura. La civilización exige renuncias pulsionales, regula la sexualidad y la agresividad y transforma esas renuncias en conflicto interno. La cultura se instala así en el psiquismo mediante la prohibición, la culpa y el Superyó. Desde esta perspectiva, buena parte de la clínica del siglo XX podía comprenderse como el resultado de la tensión entre deseo y norma: el sujeto quería algo que la cultura, la familia o su propia instancia moral le prohibían. La neurosis aparecía entonces como una formación de compromiso entre la pulsión, la defensa y la exigencia cultural. Freud permite establecer así una pregunta decisiva para el tránsito hacia el siglo XXI: si la clínica clásica estaba fuertemente organizada alrededor del conflicto entre deseo y prohibición, ¿qué ocurre cuando la cultura deja de estructurarse predominantemente mediante la prohibición y comienza a hacerlo mediante la exigencia de realización? El malestar en la cultura pertenece precisamente al conjunto de escritos en los que Freud analiza la relación entre individuo y civilización.

Wilhelm Reich permite dar un paso desde esa relación entre cultura y conflicto hacia la constitución concreta del sujeto. En Análisis del carácter, publicado originalmente en 1933, Reich (1933/1972) sostiene que el conflicto psíquico no se expresa únicamente mediante síntomas aislados, sino que puede sedimentarse en una estructura relativamente estable de carácter. Las defensas desarrolladas frente a la angustia, la prohibición y el conflicto terminan convirtiéndose en una manera habitual de estar en el mundo: afectan a la relación con los demás, a la expresión afectiva, a la sexualidad y también al cuerpo. El carácter es, en este sentido, una historia psíquica que se ha hecho disposición, hábito y forma de relación. Su importancia para nuestro problema reside en que sitúa entre la estructura social y el síntoma una instancia intermedia decisiva: la familia, la educación y las relaciones tempranas transforman las condiciones sociales en formas concretas de organización psíquica. Freud había mostrado cómo la cultura se interioriza como conflicto y Superyó; Reich permite pensar cómo esa regulación puede convertirse en carácter y hacerse corporal. La sociedad no llega directamente al psiquismo: llega a través de relaciones concretas.

Lacan permite llevar esta cuestión todavía más lejos. Para Lacan (1966/2009), el sujeto no se constituye como una identidad autónoma previa a sus relaciones, sino en el campo del Otro, es decir, en el lenguaje, en los significantes y en las estructuras simbólicas que lo preceden. El sujeto recibe de los otros las palabras con las que puede nombrarse y reconocerse, y su deseo se encuentra inevitablemente atravesado por el deseo del Otro. Esta perspectiva resulta particularmente pertinente para comprender la subjetividad contemporánea porque las redes sociales han multiplicado extraordinariamente los lugares desde los que el sujeto puede recibir reconocimiento, comparación e identificación. Ya no existe únicamente el Otro familiar, escolar o comunitario: aparecen múltiples otros digitales, públicos y anónimos que participan en la construcción de la imagen que el sujeto tiene de sí mismo. La identidad contemporánea puede presentarse como libre elección, pero continúa dependiendo de los significantes mediante los cuales los demás reconocen al individuo.

Aquí aparece una diferencia importante entre la clínica freudiana clásica y algunas formas contemporáneas de malestar. En Freud, el conflicto podía formularse como «deseo algo que no puedo permitirme desear»; en la cultura contemporánea aparece cada vez con mayor frecuencia otra forma de conflicto: «no sé qué deseo, pero siento que debería desear algo y realizarlo». Lacan resulta especialmente útil para distinguir entre deseo y demanda. El sujeto puede quedar atrapado en demandas sociales de éxito, reconocimiento, felicidad, productividad o visibilidad que confunde con su propio deseo. La proliferación de objetos, estilos de vida y modelos de identificación no elimina la falta que estructura el deseo; puede hacer más difícil reconocerla. Tener más opciones no significa necesariamente saber qué se desea. Esta paradoja resulta particularmente visible en los enamoramientos virtuales, en la comparación permanente y en el FOMO: cuanto más amplio es el campo de posibilidades y más numerosos son los objetos disponibles, más difícil puede resultar clausurar la elección y asumir una pérdida.

Anthony Giddens constituye una referencia fundamental para comprender este desplazamiento. En Modernidad e identidad del yo, publicado originalmente en inglés en 1991 y en castellano por Península en 1995, describe la modernidad tardía como una situación en la que el yo se convierte en un proyecto reflexivo (Giddens, 1995). La identidad deja de estar determinada en gran medida por tradiciones, comunidades, religión, familia, profesión o lugar de nacimiento y pasa a ser algo que el individuo debe construir, revisar y narrar. Esto supone una ampliación extraordinaria de las posibilidades vitales, pero también una transformación de la responsabilidad: cuanto menos viene predeterminada la biografía, más tiene que producirla el propio individuo. La identidad deja de ser fundamentalmente algo recibido y se convierte en algo que hay que elaborar. Giddens convierte así la reflexividad del yo en una de las características fundamentales de la modernidad tardía.

La individualización constituye, por tanto, uno de los grandes procesos sociales que explican el desplazamiento de la clínica. El debilitamiento de las instituciones tradicionales, la secularización, la transformación de la familia, la movilidad geográfica, la flexibilización de las trayectorias profesionales, la expansión de la educación superior, la transformación de las costumbres sexuales y familiares y la creciente autonomía respecto de autoridades religiosas y comunitarias han producido mayores márgenes de libertad. Pero la emancipación de las antiguas estructuras de pertenencia no ha eliminado la necesidad de orientación; en muchos casos la ha trasladado al individuo. Allí donde antes existía una trayectoria relativamente prescrita, ahora existe una biografía que debe ser construida. Y cuando una biografía es concebida como proyecto individual, el éxito o el fracaso tienden a ser experimentados como responsabilidad personal. La pregunta ya no es solamente «¿qué me ha hecho la sociedad?», sino «¿qué he hecho yo con mi vida?». La psicoterapia se convierte así en uno de los lugares donde se intenta responder a esa pregunta.

Reich permite formular aquí una cuestión que adquiere una actualidad inesperada. El carácter que él estudió estaba relacionado con una sociedad marcada por jerarquías familiares, disciplina, obediencia, represión sexual y una autoridad adulta relativamente definida. El sujeto contemporáneo se constituye en un escenario diferente, donde la autoridad tradicional ha perdido parte de su fuerza, pero han aumentado la exigencia de autonomía, la comparación social, la exposición pública, la evaluación permanente y la responsabilidad individual sobre el éxito o el fracaso. La desaparición parcial de la autoridad tradicional no significa, por tanto, la desaparición de la exigencia: la autoridad puede haberse desplazado desde el exterior hacia el interior del sujeto. Allí donde antes predominaba el «debes» de la prohibición, aparece cada vez más el «puedes» convertido en obligación: puedes mejorar, puedes triunfar, puedes ser feliz, puedes construirte a ti mismo.

Esta transformación resulta especialmente relevante para comprender el cambio de los motivos de consulta. El sujeto formado bajo un régimen predominantemente prohibitivo podía sufrir fundamentalmente por aquello que deseaba y consideraba que no debía desear; el sujeto contemporáneo puede sufrir por aquello que cree que debería ser capaz de conseguir y no consigue. El conflicto puede desplazarse así de la culpa a la insuficiencia, de la transgresión a la comparación y de la autoridad externa a la autoexigencia. En este punto, Reich puede ponerse en diálogo con Byung-Chul Han (2012): si Reich mostró cómo las normas sociales podían incorporarse al carácter, Han describe una sociedad en la que la exigencia de rendimiento es interiorizada hasta el punto de que el individuo se convierte simultáneamente en explotador y explotado de sí mismo. La estructura social ya no necesita imponerse únicamente desde fuera: puede convertirse en una voz interior.

Esto obliga a introducir la transformación de la crianza como un elemento central del cambio antropológico. La familia extensa ha perdido presencia en muchas sociedades, los abuelos pueden vivir lejos, la movilidad geográfica fragmenta las redes de parentesco, las condiciones laborales modifican los tiempos de convivencia y la escuela y otras instituciones asumen funciones que antes estaban más integradas en la vida familiar. A ello se añade la transformación de las condiciones hospitalarias del nacimiento: aunque la medicalización del parto ha producido enormes beneficios en seguridad materna y neonatal, determinadas prácticas históricas favorecieron períodos de separación entre madre y recién nacido que posteriormente fueron revisados mediante la promoción del contacto piel con piel, el alojamiento conjunto y la lactancia precoz. No sería correcto establecer una causalidad simple entre parto hospitalario y psicopatología posterior; sí es pertinente reconocer que las primeras experiencias de contacto, separación, regulación y respuesta forman parte del ambiente relacional en el que comienza a organizarse el vínculo. Del mismo modo, las redes sociales han introducido una transformación radical de la aculturación: el niño ya no recibe cultura únicamente de padres, familiares, maestros y comunidad, sino también de redes horizontales, plataformas, videojuegos, influencers y comunidades virtuales. La cultura no ha desaparecido; se ha diluido su transmisión vertical y se ha multiplicado la procedencia de sus modelos.

La hipótesis que permite extraer de Reich una vez actualizado su planteamiento es, por tanto, particularmente potente para nuestro argumento: si cambian las condiciones sociales, familiares y educativas en las que se constituye el niño, cambian también las formas de carácter, de defensa y de relación que una sociedad tiende a producir. No se trata de establecer una relación mecánica entre sociedad y psicopatología, sino de reconocer que entre ambas existe una mediación relacional: la sociedad se incorpora a través de la familia, la crianza, la educación, el cuerpo y los vínculos. Por eso la transformación de los motivos de consulta no debe entenderse únicamente como aparición de «nuevos síntomas», sino como expresión de una modificación más profunda de las formas de subjetividad. El carácter autoritario que Reich estudió puede ser sustituido parcialmente por un carácter más adaptativo, autoexigente, expuesto y orientado al rendimiento; y la clínica puede desplazarse, en consecuencia, desde el conflicto con la prohibición hacia la incertidumbre sobre la identidad, la necesidad de reconocimiento, el miedo a quedar excluido, el agotamiento, la soledad y la dificultad para saber qué se desea realmente. La sociedad cambia las relaciones; las relaciones cambian al sujeto; y el sujeto llega a psicoterapia llevando consigo esa transformación histórica.

Ulrich Beck permite comprender otra arista de esta individualización. En La sociedad del riesgo, publicada originalmente en 1986, Beck (1998) describe el paso hacia una sociedad en la que los propios procesos de modernización generan riesgos de escala cada vez más amplia: tecnológicos, ecológicos, económicos y globales. El individuo contemporáneo tiene que construir personalmente su biografía al mismo tiempo que vive en un mundo cuyos riesgos fundamentales escapan a su control. La paradoja es decisiva: nunca ha sido tan intensa la exigencia de responsabilidad individual y, simultáneamente, nunca han sido tan evidentes determinados riesgos que ningún individuo puede controlar por sí mismo. De este modo, la ansiedad adquiere una doble dimensión: existe una ansiedad por la propia vida y otra ansiedad ante el futuro del mundo en el que esa vida tendrá que desarrollarse.

La teoría de Beck permite comprender por qué determinados motivos de consulta actuales poseen una estructura diferente de la angustia clásica. La angustia ya no se refiere exclusivamente a aquello que puede ocurrirle al individuo, sino a aquello que puede ocurrirle al sistema social, ecológico o planetario del que depende. La cuestión «¿qué será de mí?» puede convertirse en «¿qué mundo quedará?». Esta transformación se vuelve particularmente visible en la ansiedad climática. La preocupación por el cambio climático introduce en la experiencia psíquica una forma de anticipación que no está necesariamente vinculada a un acontecimiento personal inmediato, sino a la conciencia de un riesgo colectivo real. Clayton (2020) ha señalado la importancia de distinguir entre las respuestas psicológicas comprensibles ante el cambio climático y aquellas formas de ansiedad que alcanzan una intensidad incapacitante. La preocupación ecológica no debe patologizarse automáticamente: puede constituir una respuesta adaptativa a una amenaza objetiva.

La ansiedad climática es, en este sentido, antropológicamente reveladora. La angustia individual se proyecta hacia el futuro colectivo. El sujeto puede experimentar miedo, tristeza, impotencia o duelo ante la degradación ambiental, pero también ante la posibilidad de que las generaciones futuras reciban un mundo transformado. La psicoterapia se encuentra entonces con un fenómeno que desborda la psicología individual: el paciente sufre por algo que es simultáneamente real, colectivo y políticamente condicionado. Esto obliga a evitar una psicologización reductora: no todo malestar producido por la conciencia de una amenaza social debe ser tratado como un déficit individual de regulación emocional.

Pero para comprender el origen profundo de estas transformaciones hay que retroceder todavía más, hasta las primeras relaciones en las que se constituye el sujeto. No basta con decir que el adulto contemporáneo vive en una sociedad digital. Hay que preguntarse en qué condiciones relacionales fue construido ese individuo. Las transformaciones antropológicas de las últimas décadas afectan también a la crianza, a las condiciones del nacimiento, a la organización familiar y a la transmisión cultural. Cambia no sólo aquello que el adulto hace con su vida, sino también las condiciones en las que el niño aprende a vincularse, a regular sus emociones, a interpretar las intenciones de los demás, a interiorizar normas y, finalmente, a construir una representación de sí mismo.

Durante buena parte del siglo XX, la familia extensa, la familia nuclear, la escuela, la comunidad local, las instituciones religiosas y las asociaciones constituían una red relativamente densa de socialización. El niño no recibía únicamente cuidados de sus padres: estaba inmerso en un mundo de adultos, hermanos, abuelos, vecinos y maestros que transmitían una determinada concepción de la vida. La aculturación se producía fundamentalmente por presencia. Había que aprender cómo se saludaba, cómo se comía, cómo se hablaba a los mayores, cómo se afrontaba el duelo, cómo se celebraban las fiestas, qué significaba trabajar, qué se esperaba de un hombre o de una mujer, cómo se establecían los vínculos y qué lugar ocupaba cada generación. El niño entraba en un mundo que ya estaba ahí antes que él y que le proporcionaba un repertorio simbólico para orientarse.

La familia tradicional no sólo cuidaba: aculturaba. Introducía al niño en un mundo de significados. Le enseñaba qué era importante, qué era peligroso, qué era vergonzoso, qué era admirable, cómo se resolvían los conflictos, qué relación había entre generaciones y qué lugar ocupaba el individuo dentro de una comunidad. Las transformaciones familiares contemporáneas no significan que «la familia haya desaparecido», sino que ha perdido parte de su monopolio sobre la transmisión cultural. La familia comparte ahora esa función con la escuela, los medios, las industrias culturales y, cada vez más, con las redes digitales.

Esto modifica sustancialmente la relación entre generaciones. El adolescente puede conocer códigos lingüísticos, musicales, sexuales, estéticos y políticos que sus padres desconocen. La autoridad generacional se debilita cuando el conocimiento deja de transmitirse predominantemente de arriba abajo. En la sociedad tradicional, el adulto sabía cosas que el niño todavía no sabía; en la sociedad digital, el niño puede saber cosas que el adulto desconoce. La transmisión cultural deja de ser exclusivamente vertical y se vuelve horizontal y reticular.

Manuel Castells (2005) proporciona un marco particularmente adecuado para interpretar este fenómeno. La sociedad-red reorganiza las formas de comunicación, producción, poder y experiencia alrededor de redes de información. El individuo continúa viviendo corporalmente en un territorio, pero su experiencia social ya no está limitada por ese territorio. Puede participar simultáneamente en comunidades distribuidas por todo el planeta, consumir contenidos producidos a miles de kilómetros, trabajar para organizaciones geográficamente distantes o establecer vínculos afectivos con personas a las que nunca ha encontrado presencialmente. El espacio social se expande mientras la experiencia corporal permanece localizada.

La transformación tiene consecuencias antropológicas importantes. En la comunidad tradicional, la transmisión cultural estaba ligada a la presencia, al territorio, a la memoria y a la repetición. En la sociedad-red, la cultura circula. El niño ya no recibe necesariamente un repertorio simbólico coherente de una comunidad relativamente homogénea, sino una multiplicidad de fragmentos culturales entre los que debe seleccionar. Puede encontrar modelos de identificación que no existen en su entorno local, algo que puede ser enormemente liberador, pero también puede encontrarse ante una multiplicidad de pertenencias difícil de integrar.

Aquí aparece una diferencia fundamental entre comunidad y red. La comunidad tradicional se sostenía en la continuidad, la reciprocidad, el territorio, la memoria y determinadas obligaciones. La red amplía extraordinariamente la conectividad, pero no necesariamente genera la misma densidad de obligaciones y de continuidad. Podemos disponer de centenares de contactos y, sin embargo, de muy pocos vínculos capaces de sostenernos durante una crisis. La expansión de los contactos no equivale necesariamente a una expansión de la intimidad.

Esta cuestión conduce directamente a las transformaciones de la crianza. El vínculo humano no comienza con el lenguaje. Antes de que exista una narración autobiográfica existe un cuerpo que aprende, mediante otros cuerpos, qué significa estar seguro, ser atendido, esperar, reclamar, ser consolado y recuperar el equilibrio después de una perturbación. Bowlby (1998) situó el apego como una necesidad primaria de relación y no como un simple derivado de la alimentación. Winnicott (1982, 1993) profundizó esta perspectiva mediante conceptos como holding, ambiente facilitador y capacidad para estar solo. La autonomía, desde esta perspectiva, no constituye lo contrario del vínculo: se construye a partir de una experiencia suficientemente estable de vínculo.

Esta consideración permite introducir prudentemente la transformación de las condiciones hospitalarias del nacimiento. La medicalización del parto durante el siglo XX produjo enormes beneficios en términos de seguridad materna y neonatal, pero algunas prácticas institucionales históricas favorecieron la separación temporal entre madre y recién nacido. La evolución posterior hacia el contacto piel con piel, la lactancia precoz y el alojamiento conjunto expresa precisamente un mayor reconocimiento de la importancia de las primeras interacciones corporales. No sería correcto afirmar que «el parto hospitalario produce problemas de apego», porque eso convertiría una transformación compleja de las prácticas obstétricas en una causalidad psicológica simplista. La cuestión relevante es que las primeras experiencias de contacto y regulación no son psicológicamente neutras.

La continuidad de la presencia del cuidador, la respuesta a las señales del bebé y la posibilidad de alternar presencia, ausencia y reencuentro constituyen parte del contexto en el que se desarrolla la capacidad posterior para tolerar la separación. Bowlby y la tradición del apego permiten entender que el niño necesita construir modelos internos acerca de la disponibilidad del otro. Winnicott añade algo todavía más importante: la capacidad de estar solo no procede simplemente de ser dejado solo, sino de poder estar solo en presencia internalizada de otro.

La cultura digital añade una dificultad nueva porque transforma la atención. El adulto puede estar físicamente presente y psicológicamente distribuido entre el niño, el trabajo, las noticias, las redes sociales y las notificaciones. No significa que cada uso del teléfono por parte de un progenitor sea perjudicial, pero sí que la disponibilidad de la atención se convierte en una variable antropológicamente nueva. El niño aprende no sólo si el otro está presente, sino también cómo se distribuye su presencia psíquica. La cuestión vuelve a ser la continuidad de una experiencia suficientemente fiable de disponibilidad.

La cuestión no es exigir una atención parental absoluta y permanente —algo imposible y tampoco deseable—, sino reconocer la importancia de ciclos suficientemente consistentes de presencia, separación y reencuentro. Para desarrollar una autonomía estable, el niño necesita descubrir que la ausencia no significa necesariamente abandono y que la presencia no exige dependencia permanente. La tecnología puede complicar esta experiencia cuando la conexión permanente sustituye a la experiencia de una presencia suficientemente profunda.

La familia, además, se encuentra sometida a las mismas transformaciones económicas que afectan al resto de la sociedad. Los padres trabajan bajo condiciones distintas, las jornadas pueden fragmentar la convivencia, los abuelos pueden vivir lejos, la movilidad geográfica reduce la proximidad de la familia extensa y los cuidadores pueden ser múltiples. No se trata de idealizar la familia tradicional. Las familias del pasado podían ser profundamente autoritarias, represivas o violentas. Pero sí es necesario reconocer que cumplían una función de continuidad cultural que hoy se encuentra distribuida entre muchos más agentes.

El resultado puede describirse como una dilución de la aculturación. No significa ausencia de cultura, sino debilitamiento de una cultura compartida transmitida verticalmente por relaciones concretas. El niño puede recibir una enorme cantidad de información y, sin embargo, disponer de menos continuidad simbólica. Aprende simultáneamente de padres, profesores, compañeros, influencers, videojuegos, plataformas y comunidades digitales. La cuestión antropológica no es si recibe cultura, sino quién la transmite, con qué autoridad, dentro de qué relación y con qué continuidad.

Aquí la perspectiva de Reich adquiere una actualidad renovada. Si las normas sociales se incorporan al carácter mediante la familia, la educación y las relaciones tempranas, entonces la transformación de esas relaciones no puede ser psicológicamente irrelevante. La pregunta contemporánea ya no es solamente qué tipo de carácter producía la familia autoritaria que Reich estudió, sino qué tipo de carácter produce una sociedad en la que la autoridad tradicional disminuye mientras aumentan la autoobservación, la exposición, la comparación, la conectividad y el rendimiento. No podemos establecer una causalidad lineal entre estos fenómenos y determinados diagnósticos, pero sí podemos plantear una hipótesis antropológica: la sociedad cambia las relaciones; las relaciones cambian las formas de subjetividad; y esas nuevas formas de subjetividad aparecen finalmente en la consulta como nuevas modalidades de sufrimiento.

Esta transformación puede tener consecuencias para la identidad. Giddens (1995) ya había mostrado que la identidad moderna se convierte en un proyecto reflexivo. Las redes sociales radicalizan esa tendencia porque permiten convertir la identidad en representación pública. El sujeto no sólo tiene que descubrir quién es: puede sentir que debe mostrar quién es. La identidad se convierte parcialmente en una presentación de sí mismo ante una audiencia. Lacan permite comprender la paradoja: cuanto más se exige al sujeto que sea «él mismo», más depende de la mirada del Otro para saber quién es.

La transformación puede formularse en términos psicodinámicos: el antiguo Superyó decía «no debes»; el nuevo Superyó dice «debes poder». La prohibición genera culpa cuando se transgrede; la exigencia de rendimiento genera vergüenza e insuficiencia cuando no se alcanza el ideal. El sujeto contemporáneo puede convertirse así en explotador y explotado de sí mismo.

La comparación social adquiere así una importancia inédita. Las redes presentan una selección de experiencias ajenas frente a la totalidad de la propia vida. El individuo compara sus fracasos, dudas y momentos cotidianos con imágenes cuidadosamente seleccionadas de éxito, belleza, felicidad y realización. De este modo, la pregunta moral «¿he hecho algo malo?» puede ser desplazada por otra pregunta mucho más difícil: «¿por qué mi vida no se parece a la vida que debería estar viviendo?». El desplazamiento puede formularse como un paso de la culpa a la insuficiencia. La culpa se refiere fundamentalmente a una acción: he hecho algo que no debía hacer. La insuficiencia amenaza al propio sujeto: no soy suficientemente bueno, atractivo, productivo, interesante o feliz. Esta diferencia resulta fundamental para comprender determinadas formas contemporáneas de ansiedad, depresión y vergüenza.

Byung-Chul Han (2012) ha formulado una interpretación particularmente poderosa de este fenómeno mediante su distinción entre sociedad disciplinaria y sociedad del rendimiento. La sociedad disciplinaria se estructura alrededor del «no debes»; la sociedad del rendimiento alrededor del «puedes». El individuo contemporáneo se experimenta como proyecto potencialmente ilimitado. Pero cuando la posibilidad se convierte en exigencia, el fracaso deja de ser interpretado como consecuencia de una prohibición externa y pasa a experimentarse como insuficiencia personal. El sujeto termina explotándose a sí mismo precisamente porque experimenta la exigencia como libertad.

Michel Foucault (2009) permite introducir una dimensión política en esta transformación. El poder moderno no opera solamente mediante prohibiciones externas. También produce sujetos capaces de gobernarse a sí mismos. La gobernanza neoliberal convierte al individuo en responsable de su trayectoria, su empleabilidad, su salud, su rendimiento y su bienestar. El sujeto interioriza determinadas normas y las experimenta como objetivos propios. El resultado es una forma de poder particularmente eficaz: ya no es necesario que alguien ordene permanentemente al individuo que mejore; el individuo se convierte en gestor y vigilante de sí mismo.

Esto tiene consecuencias directas para la clínica. La persona puede llegar a psicoterapia diciendo «no puedo parar», «sé que debería hacer más», «no aprovecho suficientemente mi vida», «tengo que mejorar», «no estoy a la altura». El conflicto ya no se presenta necesariamente como una prohibición externa, sino como una exigencia interiorizada. La psicoterapia corre entonces el riesgo de convertirse en una tecnología adicional de optimización del sujeto, precisamente cuando podría ser un espacio para interrogar las normas que lo gobiernan.

La diferencia con el modelo freudiano clásico es significativa. Freud había mostrado cómo la prohibición cultural se interiorizaba como Superyó y generaba culpa. En la sociedad del rendimiento, la instancia superyoica puede adquirir una forma aparentemente positiva: «puedes», «debes aprovechar tu potencial», «debes ser feliz», «debes mejorar». La prohibición no desaparece; se transforma. El sujeto contemporáneo puede experimentar menos el conflicto entre un deseo prohibido y una autoridad exterior y más el conflicto entre un yo real, limitado y finito, y un yo ideal aparentemente obligado a realizar todas sus posibilidades.

La aceleración temporal constituye otro componente esencial. Hartmut Rosa (2016) analiza cómo la aceleración tecnológica, el cambio social acelerado y la aceleración del ritmo de vida producen una transformación de la relación con el tiempo y con el mundo. Su tesis no se limita a afirmar que hacemos más cosas deprisa: sostiene que la aceleración puede producir formas de alienación respecto del tiempo, de las cosas, de los demás y del propio yo. La edición castellana de Alienación y aceleración, publicada por Katz en 2016, desarrolla precisamente esta relación entre aceleración, alienación y modernidad tardía.

La aceleración afecta particularmente a las relaciones. La confianza necesita repetición; la intimidad necesita tiempo; el duelo necesita duración; la identidad necesita continuidad. Sin embargo, la cultura digital favorece la novedad, la sustitución y la respuesta inmediata. Una relación puede comenzar rápidamente y desaparecer con la misma rapidez. El silencio adquiere un significado nuevo cuando sabemos que el otro tiene el teléfono a su alcance. El retraso de un mensaje puede experimentarse como rechazo; la ausencia digital puede vivirse como abandono.

Aquí aparece uno de los motivos contemporáneos que apenas tenía equivalente en la clínica de finales del siglo XX: la ansiedad producida por la disponibilidad digital del otro. El ghosting, la espera de una respuesta, la comprobación de si alguien está conectado, la interpretación de una fotografía o de un «me gusta» introducen microacontecimientos relacionales permanentes. El vínculo ya no se desarrolla únicamente mediante encuentros y separaciones corporales: se desarrolla también mediante señales digitales.

Eva Illouz (2007) ofrece una teoría particularmente importante para comprender esta transformación. En Intimidades congeladas analiza cómo el capitalismo moderno no elimina las emociones, sino que las incorpora, las organiza y las transforma. La intimidad adquiere categorías procedentes de la economía, la comunicación y la negociación, mientras las relaciones económicas se vuelven emocionalmente densas. Las redes románticas y los romances por Internet muestran cómo la elección amorosa se transforma cuando el otro aparece mediado por perfiles, imágenes, mensajes y posibilidades de comparación.

Los enamoramientos virtuales son especialmente reveladores porque muestran cómo el objeto amoroso puede existir en una zona intermedia entre la persona real y su representación psíquica. Podemos enamorarnos de alguien a quien conocemos exclusivamente mediante fotografías, mensajes y vídeos; de una persona pública con la que nunca hemos tenido reciprocidad; de un avatar; o incluso de una entidad artificial capaz de producir respuestas lingüísticas aparentemente íntimas. La emoción puede ser auténtica aunque la relación no posea la reciprocidad de un vínculo presencial. Desde Lacan, el problema puede pensarse en términos de deseo y falta; desde Jung, como un espacio potencialmente intenso de proyección de imágenes de anima, animus o sombra. El otro existe, pero la representación que construimos de él puede adquirir una autonomía considerable respecto de la persona concreta.

Desde una perspectiva psicodinámica, cuanto menor es el encuentro con la alteridad concreta del otro, mayor puede ser el espacio disponible para la proyección. En la relación presencial aparecen el cuerpo, el cansancio, el aburrimiento, la contradicción, el silencio, la enfermedad y la decepción. En la relación virtual puede mantenerse durante más tiempo una representación selectiva del otro. Desde Jung, esto permite pensar el enamoramiento virtual como un espacio potencialmente extraordinario de proyección de la anima, el animus o determinadas imágenes arquetípicas, aunque no todo enamoramiento virtual deba reducirse a proyección. El otro existe, pero la representación que construimos de él puede adquirir una autonomía considerable respecto de la persona concreta.

La cuestión es todavía más profunda porque las tecnologías digitales permiten que la proyección sea retroalimentada. El otro puede responder de acuerdo con las expectativas, mostrar sólo determinadas facetas, mantener una conversación prolongada y ofrecer una continuidad narrativa. El objeto amoroso puede convertirse así en una figura parcialmente construida entre la realidad del otro y la imaginación del sujeto.

Bauman (2003), mediante su concepto de modernidad líquida, permite comprender la fragilidad de las estructuras contemporáneas. Los vínculos se vuelven más reversibles, las instituciones menos estables y las trayectorias vitales más abiertas. La abundancia de alternativas modifica la experiencia del compromiso. El problema ya no es solamente no poder tener algo, sino saber que siempre existen otras posibilidades. Esto conduce al FOMO, al fear of missing out: la ansiedad no surge únicamente porque no podemos obtener lo que deseamos, sino porque sabemos que existen innumerables posibilidades que estamos dejando pasar.

La abundancia produce así una paradoja psicológica. La sociedad de la escasez generaba frustración por aquello que no podía obtenerse. La sociedad de la abundancia genera ansiedad ante todo aquello que podría obtenerse y no se obtiene. El individuo puede estar satisfecho con su pareja y preguntarse si existe otra mejor; satisfecho con su profesión y preguntarse si podría haber elegido otra; satisfecho con su ciudad y preguntarse si debería vivir en otra. La posibilidad de alternativas puede convertirse en una dificultad para habitar plenamente aquello que se ha elegido. Desde Lacan, esto no significa que la multiplicación de objetos pueda eliminar la falta constitutiva del deseo; puede producir, por el contrario, una circulación interminable entre objetos.

Illouz permite conectar esta lógica con la transformación del amor. Si la elección romántica se inserta en una cultura de perfiles, fotografías, preferencias y alternativas, la persona puede comenzar a presentarse como un producto y a evaluar a los demás mediante criterios comparativos. El amor adquiere entonces una dimensión de mercado. No desaparece la emoción; cambia el contexto en el que la emoción se organiza. La propia edición castellana de Intimidades congeladas dedica una sección específica a Internet, las redes románticas y los encuentros virtuales, lo que hace de este libro una referencia particularmente pertinente para el argumento del ensayo.

Manuel Castells permite extender esta lógica desde la intimidad hacia la estructura social. En la sociedad-red, las relaciones ya no están organizadas exclusivamente por proximidad territorial. El individuo puede pertenecer simultáneamente a comunidades diversas, algunas de ellas enteramente digitales. Esto proporciona posibilidades de identificación antes inexistentes. Pero también puede debilitar la continuidad entre identidad, territorio, familia y tradición. La pertenencia se vuelve más elegible y, precisamente por ello, puede volverse también más frágil.

Sherry Turkle (2011) ha investigado esta paradoja desde el ámbito de la tecnología y la intimidad. Su concepto de alone together expresa una situación en la que podemos estar conectados permanentemente y, sin embargo, experimentar soledad. La cuestión no es la cantidad de comunicación, sino la calidad de la presencia. Podemos sustituir parcialmente la conversación por intercambio de mensajes, la compañía por disponibilidad digital y la intimidad por comunicación permanente. La tecnología no crea necesariamente soledad, pero transforma las condiciones bajo las cuales experimentamos la relación.

Este fenómeno adquiere una dimensión particularmente significativa durante la infancia y la adolescencia. El niño puede encontrarse simultáneamente en la familia y en múltiples comunidades digitales. El adolescente puede pertenecer simbólicamente a una cultura global que sus padres no conocen. La familia continúa siendo fundamental, pero deja de ser el único lugar en el que se decide qué significa ser hombre o mujer, qué significa tener éxito, cómo debe ser el cuerpo, qué música escuchar, qué valores defender o cómo debe ser una relación amorosa.

La cultura digital modifica además la relación con el cuerpo. El cuerpo contemporáneo es simultáneamente organismo, proyecto, imagen y mercancía. Debe ser saludable, atractivo, joven, funcional y visible. La tecnología permite cuantificar sueño, pasos, frecuencia cardíaca, calorías y rendimiento. Esta medición puede ser beneficiosa, pero también puede transformar la experiencia corporal en una auditoría permanente. El individuo ya no sólo vive su cuerpo: lo evalúa.

La misma lógica de evaluación se extiende a la crianza. Los padres contemporáneos disponen de una cantidad enorme de información sobre sueño, alimentación, estimulación, educación y desarrollo infantil. Esta información es valiosa, pero puede producir una nueva forma de ansiedad parental: la sensación de que cada decisión puede determinar el futuro psicológico del niño. La crianza se convierte parcialmente en un proyecto de optimización. El padre ya no sólo debe cuidar; debe hacerlo «correctamente». La presión por ser un progenitor suficientemente bueno puede transformarse paradójicamente en una fuente adicional de angustia.

La antropología de la crianza debe, por tanto, evitar dos extremos: idealizar el pasado o demonizar el presente. Las familias tradicionales ofrecían continuidad, pero también podían producir autoritarismo, violencia y represión. Las sociedades contemporáneas han ampliado enormemente la autonomía individual y han permitido nuevas formas de familia, identidad y pertenencia. El problema no consiste en recuperar una supuesta comunidad perdida en estado puro, sino en preguntarse qué funciones relacionales cumplían aquellas estructuras y cómo pueden ser sostenidas en las condiciones actuales.

Entre esas funciones destaca la continuidad. El niño necesita experimentar que existe un mundo que continúa cuando él duerme, que las relaciones pueden sobrevivir a la separación, que los conflictos pueden repararse, que las generaciones se suceden y que su propia existencia forma parte de una historia. La cultura digital proporciona cantidades extraordinarias de información, pero no necesariamente continuidad simbólica. Una sucesión infinita de contenidos no constituye por sí misma una tradición.

Aquí la perspectiva de Jung adquiere una importancia particular. Para Jung, la individuación no consiste en fabricar arbitrariamente una identidad, sino en establecer una relación consciente con la totalidad de la propia psique, incluyendo aquello que el yo no controla. La edición castellana de sus Obras completas publicada por Trotta permite trabajar con rigor conceptos como sombra, inconsciente colectivo, proyección, arquetipo e individuación (Jung, 2016a, 2016b). En una sociedad que presenta la identidad como un proyecto abierto, la psicología profunda introduce una distinción crucial: individuarse no equivale a inventarse.

El individuo contemporáneo puede confundir libertad con obligación de elección. Si puede ser cualquier cosa, parece que tiene la obligación de elegir correctamente. Pero toda elección implica renuncia. Una vida humana sólo puede adquirir continuidad cuando algunas posibilidades son abandonadas para que otras puedan desarrollarse. El problema de la abundancia no es únicamente psicológico: es ontológico. No podemos vivir todas las vidas posibles. La maduración implica aceptar que una existencia concreta tiene límites.

Desde esta perspectiva, muchas crisis contemporáneas pueden ser entendidas como crisis de renuncia. El sujeto no sólo sufre por lo que ha perdido, sino por todas las vidas posibles que sabe que no vivirá. El duelo puede convertirse en duelo por futuros imaginados. La separación amorosa implica no sólo perder a una persona, sino perder una biografía posible. La jubilación no implica únicamente abandonar un trabajo, sino cerrar una forma de futuro. El envejecimiento no sólo transforma el cuerpo: reduce el horizonte de posibilidades. En una cultura que tiende a ocultar los límites, aceptar la finitud puede resultar especialmente difícil.

La ansiedad climática introduce precisamente la dimensión colectiva de esa finitud. Por primera vez en la historia reciente, millones de individuos reciben información continua acerca de transformaciones planetarias que pueden modificar las condiciones de vida de las generaciones futuras. La conciencia ecológica puede ser una forma de maduración colectiva, pero también puede producir una angustia ante un futuro que el individuo no puede controlar. Aquí la psicoterapia debe evitar tanto la negación como la patologización. La pregunta no es simplemente cómo eliminar la ansiedad climática, sino cómo convertir una conciencia dolorosa de la realidad en una capacidad de acción, elaboración y sentido.

La política entra entonces directamente en la clínica. El individuo puede conocer problemas globales sobre los que carece de capacidad de intervención. Esta distancia entre conocimiento y poder produce impotencia. Una persona puede contemplar diariamente guerras, crisis económicas, catástrofes ambientales y conflictos políticos sin poder modificar ninguno de ellos. El mundo entero entra en la conciencia, mientras la capacidad individual de actuar permanece limitada.

Esto constituye una de las grandes paradojas antropológicas de la sociedad-red: la expansión de la conciencia puede superar la expansión del poder. Sabemos más acerca del mundo de lo que podemos transformar. Vemos inmediatamente acontecimientos que antes habrían permanecido fuera de nuestra experiencia. La información globaliza la preocupación, pero no necesariamente la capacidad de acción.

Hartmut Rosa permite añadir una dimensión temporal a esta cuestión. La aceleración significa que no sólo aumenta la cantidad de información, sino también la velocidad de cambio. La experiencia acumulada por una generación pierde capacidad para anticipar el mundo que encontrará la siguiente. La transmisión generacional se debilita porque el conocimiento adquirido envejece rápidamente. El padre ya no puede decir al hijo simplemente «cuando yo tenía tu edad, las cosas eran así», porque las condiciones sociales pueden haber cambiado radicalmente. La experiencia deja de funcionar como un mapa suficientemente estable.

Aquí se produce una transformación antropológica fundamental: la ruptura parcial de la continuidad entre generaciones. No porque los padres hayan dejado de transmitir valores, sino porque el mundo de referencia cambia con mayor rapidez. El niño y el adulto pueden compartir una casa y, sin embargo, vivir en temporalidades culturales diferentes.

La psicoterapia recibe las consecuencias de esta transformación. El paciente contemporáneo puede sentirse desorientado no porque carezca de información, sino porque dispone de demasiada información y de pocos marcos para jerarquizarla. Puede conocer miles de estilos de vida y no saber cuál es propio. Puede mantener cientos de contactos y carecer de intimidad. Puede conocer los riesgos planetarios y sentirse impotente. Puede disponer de innumerables opciones amorosas y no saber comprometerse. Puede tener más libertad que generaciones anteriores y experimentar más ansiedad.

Este conjunto de fenómenos obliga a reconsiderar el concepto mismo de síntoma. El síntoma no debe entenderse únicamente como una disfunción individual. Puede ser también una forma singular en la que una época se inscribe en una persona. El burnout puede expresar una vulnerabilidad personal, pero también una cultura del rendimiento; la ansiedad de abandono puede expresar una historia de apego, pero también una transformación de las condiciones de disponibilidad afectiva; el FOMO puede expresar inseguridad personal, pero también una cultura de posibilidades infinitas; la soledad puede tener raíces infantiles, pero también estar relacionada con la sustitución de comunidades densas por redes extensas; la ansiedad climática puede expresar vulnerabilidad individual y, al mismo tiempo, una respuesta racional a un riesgo planetario.

La política entra entonces directamente en la clínica. El individuo puede conocer problemas globales sobre los que carece de capacidad de intervención. Esta distancia entre conocimiento y poder produce impotencia. Una persona puede contemplar diariamente guerras, crisis económicas, catástrofes ambientales y conflictos políticos sin poder modificar ninguno de ellos. El mundo entero entra en la conciencia, mientras la capacidad individual de actuar permanece limitada.

Esto constituye una de las grandes paradojas antropológicas de la sociedad-red: la expansión de la conciencia puede superar la expansión del poder. Sabemos más acerca del mundo de lo que podemos transformar. Vemos inmediatamente acontecimientos que antes habrían permanecido fuera de nuestra experiencia. La información globaliza la preocupación, pero no necesariamente la capacidad de acción.

La ansiedad climática introduce precisamente la dimensión colectiva de esa finitud. La conciencia ecológica puede ser una forma de maduración colectiva, pero también puede producir una angustia ante un futuro que el individuo no puede controlar. Aquí la psicoterapia debe evitar tanto la negación como la patologización. La pregunta no es simplemente cómo eliminar la ansiedad climática, sino cómo convertir una conciencia dolorosa de la realidad en una capacidad de acción, elaboración y sentido.

Esta perspectiva obliga también a reconsiderar la función de la psicoterapia. El riesgo sería convertirla en un dispositivo de adaptación que ayude al individuo a funcionar mejor dentro de unas condiciones que quizá son precisamente parte de la fuente de su sufrimiento. Si el paciente llega exhausto por las exigencias del rendimiento, la respuesta no puede consistir únicamente en enseñarle a rendir de manera más eficiente. Si llega angustiado por la comparación social, no basta con enseñarle técnicas para gestionar mejor su exposición digital. Si sufre por la soledad, no basta con recomendarle que amplíe su red de contactos. La psicoterapia tiene que poder distinguir entre el conflicto intrapsíquico y la contradicción antropológica que lo está alimentando.

El concepto lacaniano de demanda resulta aquí especialmente pertinente. El paciente llega a consulta con una demanda concreta —quitarse la ansiedad, dormir mejor, dejar de obsesionarse, recuperar una relación, dejar de sentirse insuficiente—, pero esa demanda puede ocultar una pregunta diferente acerca del deseo. La tarea terapéutica no consiste simplemente en satisfacer la demanda, sino en permitir que aparezca la pregunta por aquello que el sujeto desea y por aquello que, quizá, está intentando realizar para satisfacer las expectativas del Otro.

Del mismo modo, la perspectiva de Reich obliga a preguntar qué parte de aquello que el individuo experimenta como «su carácter» es efectivamente una organización personal y qué parte constituye una adaptación histórica. No se trata de negar la singularidad individual, sino de comprender que algunas formas de autoexigencia, inhibición, necesidad de aprobación o dificultad para descansar pueden ser también modos de adaptación a un determinado régimen social.

El concepto de carácter permite así conectar la historia con la clínica. El sujeto no llega a psicoterapia como una conciencia abstracta que después entra en sociedad. Llega con un cuerpo, una historia familiar, una forma de vincularse, una manera de defenderse, una determinada relación con la autoridad y una serie de identificaciones. Todo ello se ha constituido en interacción con su época. El síntoma es singular, pero la estructura de posibilidades dentro de la cual aparece no lo es.

Por eso la transformación de los motivos de consulta psicoterapéutica puede ser leída como una transformación de la antropología implícita del paciente. El sujeto de finales del siglo XX estaba todavía fuertemente confrontado con la prohibición; el sujeto del siglo XXI está cada vez más confrontado con la posibilidad, la elección, la comparación y la incertidumbre. El primero podía sufrir porque no podía hacer aquello que deseaba; el segundo puede sufrir porque no sabe qué desea, porque cree que debería desear más o porque siente que no está realizando adecuadamente las posibilidades que tiene.

La cadena histórica podría formularse así: Freud: conflicto entre pulsión y cultura; Reich: incorporación de la norma en el carácter; Lacan: constitución del sujeto en el lenguaje y el deseo del Otro; Bowlby y Winnicott: constitución relacional temprana; Giddens: identidad como proyecto reflexivo; Beck: riesgo e incertidumbre; Castells: sociedad-red; Foucault: autogobierno; Illouz: mercantilización de la intimidad; Bauman: liquidez de los vínculos; Han: rendimiento y autoexplotación; Rosa: aceleración temporal. No son teorías equivalentes y existen entre ellas profundas contradicciones. Precisamente por eso resultan útiles: permiten observar el mismo desplazamiento desde distintos niveles —psicoanalítico, familiar, antropológico, sociológico, político y filosófico.

La clínica contemporánea necesita, por tanto, una doble mirada: intrapsíquica y antropológica. El sufrimiento no es únicamente social ni únicamente individual. Se produce en la intersección entre una biografía y una estructura histórica. El individuo interioriza las normas de su época, pero las interioriza de manera singular, según su historia familiar, sus vínculos tempranos, sus defensas, sus deseos y sus conflictos inconscientes.

El tránsito del siglo XX al XXI puede entonces expresarse mediante una serie de desplazamientos: de la prohibición a la posibilidad; de la culpa a la insuficiencia; de la represión del deseo a la incertidumbre sobre el propio deseo; de la identidad recibida a la identidad construida; de la comunidad territorial a la red global; de la transmisión cultural vertical a la circulación horizontal de información; de la familia como principal agente de aculturación a una multiplicidad de agentes y algoritmos; de la presencia corporal como condición ordinaria del vínculo a la mediación digital; de la soledad como ausencia de contactos a la soledad en medio de la hiperconectividad; del conflicto localizado al riesgo global; de la angustia ante el propio futuro a la angustia ante el futuro del mundo.

No significa que el sujeto contemporáneo haya dejado de ser freudiano. Continúa teniendo inconsciente, deseo, sexualidad, agresividad, culpa, defensas y conflictos infantiles. Tampoco ha dejado de ser reichiano, en el sentido de que continúa incorporando socialmente determinadas formas de carácter. Ni ha dejado de ser lacaniano: continúa constituyéndose en el lenguaje, dependiendo del reconocimiento del Otro y enfrentándose a la imposibilidad de colmar definitivamente la falta. Lo que ha cambiado es el campo histórico en el que esas estructuras fundamentales se despliegan.

La transformación puede formularse de este modo: el sujeto de finales del siglo XX sufría fundamentalmente ante aquello que su mundo le prohibía ser; el sujeto del siglo XXI puede sufrir ante la obligación de convertirse en aquello que su mundo le dice que puede llegar a ser. El primero está atrapado por la prohibición; el segundo, por la posibilidad infinita. El primero necesita liberarse de una autoridad; el segundo necesita aprender a elegir, renunciar, limitarse y encontrar sentido.

Pero antes de que el sujeto pueda elegir, necesita haber aprendido a vincularse; antes de construir una identidad, necesita haber sido reconocido por otros; antes de poder estar solo, necesita haber experimentado una presencia suficientemente segura; antes de poder diferenciarse de una cultura, necesita haber sido introducido en alguna cultura. La individuación no comienza en el vacío. Comienza siempre desde una relación, una familia, una lengua, un cuerpo, una memoria y un mundo simbólico.

Por eso el problema contemporáneo no es simplemente que el individuo haya perdido libertad. Al contrario: ha adquirido una libertad histórica extraordinaria. El problema es que esa libertad se desarrolla en un mundo donde algunas de las estructuras relacionales, comunitarias y simbólicas que ayudaban a convertir la libertad en orientación han perdido densidad, mientras otras estructuras —mercado, redes, algoritmos, medios y dispositivos de rendimiento— han adquirido un poder creciente para organizar el deseo y la atención.

La consecuencia es una paradoja histórica: cuanto más posibilidades tiene el individuo de construirse a sí mismo, más necesita relaciones capaces de ofrecerle continuidad; cuanto más libre es para elegir su identidad, más necesita una historia desde la que diferenciarse; cuanto más conectado está, más necesita experiencias de presencia; cuanto más información recibe, más necesita cultura capaz de organizarla; cuanto más conoce los riesgos del planeta, más necesita una comunidad política capaz de transformar la impotencia en acción.

La pregunta central para la psicoterapia del siglo XXI ya no puede ser únicamente «¿qué deseo?», «¿qué reprimo?» o «¿qué conflicto repito?». Tiene que incluir otras preguntas: ¿desde qué vínculos aprendí a ser quien soy?, ¿qué mundo me enseñaron a habitar?, ¿qué parte de ese mundo he perdido?, ¿qué deseos son realmente míos?, ¿cuáles son producidos por la cultura en la que vivo?, ¿qué relaciones me permiten sentirme existente?, ¿qué futuro puedo imaginar y qué futuro temo?, ¿qué parte de mi sufrimiento pertenece a mi historia y qué parte expresa las contradicciones de mi época?

La psicoterapia funciona así como un observatorio privilegiado de la historia. Allí donde una sociedad ha producido fragmentación, aparece un sujeto que dice «no sé quién soy»; allí donde ha producido aceleración, aparece «no puedo parar»; allí donde ha producido hiperconexión sin suficiente intimidad, aparece «estoy rodeado de gente y me siento solo»; allí donde ha producido posibilidades infinitas, aparece «no sé qué quiero»; allí donde ha producido riesgo global, aparece «tengo miedo del futuro»; allí donde ha desplazado buena parte de la aculturación hacia las redes, aparece «no sé dónde pertenezco»; allí donde ha convertido el rendimiento en obligación interna, aparece «sé que podría hacerlo mejor y no paro de exigírmelo»; y allí donde ha transformado las condiciones del vínculo desde la primera infancia, puede aparecer una dificultad más profunda para confiar, separarse, estar solo, comprometerse y tolerar la ausencia.

El sujeto no es, por tanto, simplemente alguien que tiene un problema privado: es también alguien que lleva dentro una época. Su ansiedad contiene su biografía, pero puede contener también la aceleración de la sociedad; su soledad contiene su historia de apego, pero también la transformación de las comunidades; su crisis de identidad contiene sus conflictos personales, pero también la desaparición de identidades heredadas; su ansiedad climática contiene su vulnerabilidad individual, pero también la conciencia de un riesgo planetario; su enamoramiento virtual contiene sus proyecciones, pero también una transformación tecnológica de las condiciones mismas del vínculo.

En este sentido, el tránsito del siglo XX al XXI no puede describirse simplemente como el reemplazo de unas enfermedades mentales por otras. Es, en un sentido más profundo, el tránsito de una forma de subjetividad a otra. El sujeto de finales del siglo XX estaba todavía fuertemente confrontado con la prohibición; el sujeto del siglo XXI está cada vez más confrontado con la posibilidad, la elección, la comparación y la incertidumbre. Pero esa nueva subjetividad no empieza en el teléfono móvil ni en las redes sociales. Comienza mucho antes: en la manera de nacer, de ser sostenido, de ser alimentado, de ser atendido, de ser mirado, de pertenecer a una familia, de recibir una lengua, una historia y una cultura. Continúa en la escuela, en los iguales, en el trabajo, en las relaciones amorosas y en las instituciones. Y culmina hoy en una vida en la que el mundo entero puede entrar en cualquier momento en nuestra intimidad.

Quizá por eso la cuestión decisiva para la psicoterapia del siglo XXI no sea únicamente cómo ayudar al individuo a adaptarse mejor a este mundo, sino cómo ayudarle a distinguir entre adaptación e individuación. Adaptarse puede significar funcionar eficazmente dentro de las exigencias de una época. Individuarse significa descubrir qué parte de esas exigencias puede ser asumida, qué parte debe ser cuestionada y qué parte pertenece a una voz que no es verdaderamente propia. En una cultura que nos dice constantemente que podemos ser cualquier cosa, quizá una de las tareas terapéuticas más radicales consista en recuperar el derecho a no serlo todo.

Porque el sujeto contemporáneo no necesita únicamente más posibilidades. Necesita límites que no sean meramente represivos; vínculos que no sean meramente utilitarios; comunidades que no sean meramente virtuales; símbolos que no sean meramente consumibles; tiempos que no estén enteramente sometidos a la aceleración; y una relación consigo mismo que no esté organizada exclusivamente por el rendimiento. Necesita, en definitiva, aquello que atraviesa de diferentes maneras toda esta genealogía: una relación suficientemente estable con los otros, con el deseo, con el cuerpo, con el tiempo, con la falta y con los límites de la propia existencia. La clínica puede entonces dejar de ser únicamente un lugar donde se reparan sujetos para que vuelvan a funcionar y convertirse también en un espacio donde el sujeto pueda preguntarse qué parte de aquello que considera «su problema» pertenece realmente a su historia, qué parte pertenece a su época y, sobre todo, qué deseo puede reconocer como propio.

 

Hacia una psicoterapia de la complejidad: del individuo aislado al sujeto en relación

Si el diagnóstico de nuestro tiempo es el de una subjetividad sometida simultáneamente a la individualización, la aceleración, la hiperconectividad, la incertidumbre, la fragmentación de los vínculos, la transformación de la familia y la pérdida de referencias simbólicas compartidas resulta difícil pensar que una única escuela psicoterapéutica pueda contener por sí sola toda la complejidad del sufrimiento contemporáneo. El problema no consiste en elegir una psicoterapia vencedora y descartar las demás, sino en preguntarse qué paradigma posee mejores instrumentos para no reducir al sujeto a una sola dimensión. En este sentido, el concepto de complejidad de Edgar Morin ofrece quizá el marco epistemológico más adecuado para pensar la psicoterapia del siglo XXI: no se trata de sustituir un reduccionismo por otro, sino de aprender a pensar conjuntamente aquello que las disciplinas tienden a separar. Morin advierte precisamente contra la «hipersimplificación» que mutila la realidad cuando pretende reducirla a una explicación única, y propone un pensamiento capaz de articular lo biológico, lo psicológico, lo social, lo cultural, lo histórico y lo simbólico.

Aplicado a la psicoterapia, el pensamiento complejo implica aceptar que un síntoma puede ser simultáneamente biográfico, relacional, corporal, familiar, social, cultural y simbólico. Una crisis de pareja puede contener un conflicto intrapsíquico, pero también una transformación histórica de las formas de vinculación; una depresión puede tener componentes neurobiológicos, pero también expresar una crisis de sentido o una existencia sometida a exigencias imposibles; una ansiedad puede estar relacionada con la historia de apego, pero también con la precariedad social o con la conciencia de un riesgo planetario. El error sería elegir uno de estos niveles y convertirlo en la explicación de todos los demás. La complejidad no significa que «todo influya en todo» de una manera vaga, sino que obliga a distinguir niveles de causalidad y, al mismo tiempo, a estudiar sus interacciones.

Desde esta perspectiva puede hacerse un breve recorrido por los principales paradigmas psicoterapéuticos. Las terapias cognitivo-conductuales han desarrollado instrumentos extraordinariamente eficaces para determinados problemas, especialmente cuando existen patrones cognitivos y conductuales identificables, síntomas ansiosos, depresivos, fobias, obsesiones o conductas evitativas. Su fortaleza reside en la operacionalización, la evaluación y la posibilidad de intervenir sobre mecanismos relativamente definidos. Pero precisamente esa fortaleza puede convertirse en una limitación cuando el problema del paciente no consiste fundamentalmente en modificar un pensamiento disfuncional o una conducta maladaptativa, sino en comprender por qué su existencia ha perdido orientación, qué significado tiene su sufrimiento o qué transformación está atravesando su identidad. El riesgo aparece cuando la terapia convierte una crisis existencial o antropológica en un problema de regulación emocional que debe ser corregido.

Las terapias de tercera generación —mindfulness, aceptación y compromiso, terapia dialéctico-conductual, entre otras— han ampliado considerablemente este horizonte al introducir aceptación, valores, conciencia metacognitiva, relación con el pensamiento y regulación emocional. Su importancia para el mundo contemporáneo es evidente: frente a una cultura que exige controlar, optimizar y eliminar rápidamente cualquier experiencia desagradable, recuperar la capacidad de permanecer ante la experiencia sin convertirla inmediatamente en un problema constituye una aportación fundamental. Sin embargo, tampoco aquí debería confundirse una herramienta valiosa con una antropología completa. La aceptación puede ayudar a vivir una experiencia, pero no necesariamente explica qué significa esa experiencia dentro de la totalidad de una vida.

La psicología humanista aportó precisamente una corrección a la reducción del individuo a conducta o conflicto. Rogers, Maslow y otros autores recuperaron la experiencia subjetiva, la autenticidad, el crecimiento y la tendencia hacia la realización. Su legado resulta particularmente pertinente en una época en la que el sujeto se experimenta como objeto de evaluación permanente. Frente al «debo ser mejor», la psicoterapia humanista introduce la posibilidad de ser recibido antes de ser evaluado. Frente al sujeto convertido en proyecto de rendimiento, devuelve importancia a la experiencia inmediata y a la relación terapéutica. Pero la psicología humanista puede quedarse corta cuando la crisis exige explorar estructuras inconscientes, conflictos arcaicos, ambivalencias, compulsiones de repetición o dimensiones simbólicas que no son accesibles mediante la conciencia inmediata.

El psicoanálisis y las psicoterapias psicodinámicas poseen, en este punto, una ventaja decisiva: no consideran que el sujeto coincida con aquello que sabe de sí mismo. La existencia de un inconsciente, la importancia de la transferencia, la repetición, la ambivalencia, el conflicto y la historia infantil permiten comprender por qué una persona puede saber racionalmente qué debería hacer y, sin embargo, encontrarse repetidamente haciendo lo contrario. En una época que tiende a psicologizarlo todo en términos de conciencia, elección y gestión personal, la tradición psicodinámica recuerda una verdad fundamental: no somos transparentes para nosotros mismos.

Sin embargo, dentro de las psicoterapias profundas resulta especialmente fértil, para el contexto descrito, la psicología analítica de Jung. Su interés no reside solamente en conservar la idea del inconsciente, sino en concebir la psique como una realidad mucho más amplia que el yo consciente. La crisis contemporánea de identidad, la multiplicación de las identificaciones, la inflación de la persona digital, la proliferación de ideales, la comparación permanente y la fragmentación de los papeles sociales pueden ser comprendidas mediante conceptos como persona, sombra, proyección, complejo, arquetipo e individuación. El sujeto contemporáneo puede disponer de innumerables identidades sociales y, sin embargo, encontrarse más lejos que nunca de una experiencia integrada de sí mismo.

La noción junguiana de persona adquiere aquí una actualidad extraordinaria. En las redes sociales la persona deja de ser solamente la máscara social necesaria para relacionarnos con el mundo y puede convertirse en una construcción permanente, visible, cuantificable y sometida a la mirada de los demás. El sujeto no sólo tiene una persona: puede tener varias, adaptadas a diferentes comunidades digitales. El problema psicológico comienza cuando la persona se independiza excesivamente de la totalidad psíquica y el individuo acaba confundiendo la imagen que presenta con aquello que es. La clínica de la identidad contemporánea puede entenderse entonces, en parte, como una clínica de la inflación de la persona.

La sombra adquiere igualmente una importancia renovada. Cuanto más cuidadosamente construida está la imagen pública, mayor puede ser la distancia respecto de los aspectos rechazados de uno mismo. Las redes sociales favorecen la presentación de determinados aspectos y la ocultación de otros; pero aquello que se excluye de la identidad consciente no desaparece. Puede reaparecer en forma de ansiedad, irritabilidad, proyección, idealización, odio hacia determinados grupos o fascinación por aquello que el yo consciente rechaza. La polarización social puede contemplarse también, sin reducirla a ello, como un gigantesco dispositivo colectivo de proyección de sombra.

La individuación, por su parte, resulta especialmente apropiada para una época que ha convertido la identidad en un proyecto. Jung permite distinguir entre construirse una identidad y llegar a ser uno mismo. Individuarse no significa inventarse arbitrariamente, sino establecer una relación progresivamente más consciente entre el yo y la totalidad psíquica. En una cultura que invita constantemente a elegir qué queremos ser, la individuación introduce una pregunta diferente: ¿qué quiere llegar a ser en mí aquello que todavía no conozco de mí mismo? El desplazamiento es enorme: del yo como fabricante de identidad al yo como interlocutor de una realidad psíquica que lo excede.

Aquí aparece la afinidad profunda entre Jung y Michael Washburn, uno de los autores fundamentales de la psicología transpersonal de orientación psicodinámica. Washburn publicó The Ego and the Dynamic Ground en 1988 y posteriormente revisó ampliamente su propuesta en la segunda edición de 1995. Su modelo intenta integrar psicoanálisis, psicología analítica y fuentes espirituales orientales y occidentales, y describe el desarrollo humano como un movimiento espiral entre el ego y aquello que denomina el Dynamic Ground, el fondo dinámico de la psique.

La importancia de Washburn para nuestro argumento reside precisamente en que no concibe la trascendencia como una simple huida del yo. Su paradigma plantea que el desarrollo comienza con la diferenciación y consolidación del ego y que determinadas transformaciones posteriores pueden implicar un retorno hacia el fondo profundo de la psique, pero no para destruir el yo, sino para reintegrarlo en una totalidad mayor. Su modelo es explícitamente una alternativa al paradigma estructural-jerárquico asociado a Ken Wilber y está construido alrededor de un movimiento de salida y retorno, de diferenciación y reintegración.

Esta concepción es particularmente importante para una psicoterapia del siglo XXI porque permite evitar dos errores opuestos. El primero es reducir toda experiencia espiritual a psicopatología; el segundo consiste en espiritualizar prematuramente conflictos que requieren una elaboración psicológica. Washburn insiste en que el desarrollo del ego es condición previa de una auténtica trascendencia y que determinadas dificultades espirituales pueden proceder precisamente de conflictos y represiones no elaborados en el desarrollo del yo.

Esto resulta crucial en una época en la que proliferan experiencias transpersonales, prácticas contemplativas, psicodélicos, estados ampliados de conciencia, espiritualidades no institucionales y búsquedas de sentido. No todo lo que trasciende al yo es necesariamente patológico, pero tampoco toda experiencia de trascendencia constituye automáticamente crecimiento. La psicoterapia necesita discernimiento. Una experiencia numinosa puede abrir un proceso de transformación; también puede convertirse en inflación espiritual, disociación o fuga de la realidad. Precisamente por eso una psicología profunda constituye una condición de seguridad para una psicología transpersonal madura.

El modelo de Washburn añade además una intuición especialmente fecunda para la segunda mitad de la vida: la crisis puede representar no solamente una pérdida de las estructuras anteriores, sino una oportunidad de transformación. Su modelo espiral contempla la regresión en determinados momentos como parte de un proceso que puede conducir a una integración superior, en lugar de entender todo retroceso como simple fracaso. Esta perspectiva dialoga profundamente con Jung: la crisis puede ser una desorganización necesaria de una forma de vida que ya no puede contener el desarrollo psíquico que está intentando emerger.

Pero precisamente aquí la psicología profunda necesita a la terapia sistémica. Si Jung aporta profundidad vertical —la historia personal, el inconsciente, los complejos, los arquetipos, la sombra, el sentido—, la sistémica aporta profundidad horizontal: la red de relaciones en la que el individuo existe. El síntoma no pertenece exclusivamente a quien lo porta. Puede estar cumpliendo una función dentro de un sistema familiar, una pareja o una red relacional. La pregunta deja de ser únicamente «¿qué le ocurre a esta persona?» para convertirse también en «¿qué ocurre entre estas personas y qué función cumple este síntoma dentro de esa organización relacional?».

Esta combinación resulta particularmente adecuada para las transformaciones descritas anteriormente. Si la familia ha dejado de ser una estructura cerrada y se ha convertido en una red atravesada por generaciones separadas geográficamente, divorcios, familias reconstituidas, migraciones, dispositivos digitales, comunidades virtuales y nuevas formas de parentalidad, la clínica necesita estudiar la red de relaciones y no únicamente el mundo interno del individuo. La terapia sistémica permite observar las reglas implícitas de la familia, las alianzas, las fronteras, las triangulaciones, los ciclos vitales y las pautas de comunicación. Pero puede beneficiarse enormemente de una comprensión profunda de los contenidos psíquicos que circulan dentro de esos sistemas.

Un ejemplo permite verlo con claridad. Un adolescente que mantiene un enamoramiento virtual y se niega a establecer relaciones presenciales puede ser interpretado desde un punto de vista conductual como alguien que evita la exposición social; desde una perspectiva cognitiva, como alguien que mantiene determinadas creencias sobre el rechazo; desde el apego, como alguien con dificultades para confiar; desde Jung, como alguien que proyecta una imagen interna sobre un objeto amoroso suficientemente distante para conservarla; y desde la sistémica, como alguien cuyo vínculo virtual puede estar cumpliendo una función dentro de la organización familiar, quizá manteniendo una distancia respecto de los padres, evitando determinadas exigencias de autonomía o estabilizando una relación familiar conflictiva. Ninguna de estas lecturas invalida las demás.

Aquí aparece el auténtico significado clínico del pensamiento complejo de Morin: no escoger prematuramente entre explicaciones que pueden ser simultáneamente verdaderas en niveles diferentes. La persona es organismo, psique, historia, relación, familia, cultura y sujeto simbólico. La terapia que privilegia exclusivamente uno de estos niveles corre el riesgo de producir una «inteligencia ciega»: ve perfectamente aquello que su paradigma le permite ver y permanece ciega ante aquello que su paradigma excluye.

Por ello, el paradigma que mejor puede afrontar el contexto contemporáneo no sería, estrictamente hablando, una nueva escuela, sino una psicoterapia compleja, profunda y relacional. Su centro podría estar constituido por la psicología analítica y las psicoterapias profundas, trabajando en diálogo sistemático con la perspectiva sistémica, e incorporando cuando sea pertinente recursos humanistas, corporales, cognitivo-conductuales, de regulación emocional y transpersonales. No se trataría de un eclecticismo indiscriminado en el que todo vale, sino de una integración jerarquizada: una teoría de la persona suficientemente profunda para saber qué dimensión está siendo trabajada y por qué.

La psicología junguiana ocuparía en esa arquitectura un lugar privilegiado porque ofrece algo que muchas psicoterapias contemporáneas han dejado parcialmente en segundo plano: una teoría del sentido. No basta con reducir el sufrimiento; hay que preguntarse qué está intentando decir. No basta con devolver al individuo a su funcionamiento anterior; a veces precisamente ese funcionamiento es lo que ha dejado de ser viable. No basta con eliminar el síntoma; hay que investigar qué transformación reclama la totalidad de la personalidad.

La sistémica impediría que esa profundidad se volviera solipsista. El inconsciente individual nunca está completamente separado de los sistemas de relación en los que el individuo se ha formado. Los complejos se activan en relaciones concretas; la sombra aparece en encuentros con otros; los arquetipos se actualizan en instituciones, familias y culturas; la individuación ocurre siempre dentro de un mundo. Jung sin sistema corre el riesgo de psicologizar la historia; la sistémica sin profundidad corre el riesgo de describir las relaciones sin penetrar suficientemente en el significado inconsciente que las organiza.

La integración de ambas perspectivas permite precisamente una doble lectura: ¿qué ocurre dentro de esta persona y qué ocurre entre estas personas?. Y una tercera pregunta completaría el modelo de Morin: ¿qué está ocurriendo en el mundo que hace posible que estas dos dimensiones adopten hoy esta forma concreta?. Ahí aparece la dimensión antropológica.

El terapeuta contemporáneo tendría que ser capaz, por tanto, de moverse entre tres escalas: la microescala del sujeto y su cuerpo; la mesoescala de la familia, pareja y redes de pertenencia; y la macroescala histórica, cultural, económica, tecnológica y ecológica. Una ansiedad puede comenzar en el sistema nervioso, adquirir significado dentro de una historia de apego, intensificarse en una familia determinada y estar alimentada por condiciones sociales objetivas. El tratamiento adecuado debe saber en qué nivel intervenir y cuándo pasar de uno a otro.

Esta perspectiva permite también recuperar una función que la psicoterapia profunda siempre ha tenido y que hoy adquiere nueva importancia: hacer lugar a la ambivalencia. La cultura contemporánea tiende a pedir decisiones rápidas, identidades claras, opiniones inequívocas y respuestas inmediatas. Pero la psique no funciona necesariamente así. Puede amar y odiar simultáneamente; querer separarse y temer la separación; desear independencia y necesitar protección; sentir fascinación y miedo ante una experiencia espiritual. La complejidad psicológica comienza allí donde dejamos de exigir que una experiencia humana tenga una sola verdad.

En este punto, la psicoterapia profunda y la sistémica pueden ofrecer una resistencia especialmente valiosa a la lógica contemporánea de la simplificación. No intentan convertir inmediatamente toda contradicción en una variable que deba ser eliminada. Pueden sostenerla, observarla y permitir que produzca una nueva organización. El síntoma puede ser escuchado como formación de compromiso, como comunicación, como defensa, como expresión de un complejo, como fenómeno sistémico y, en determinadas circunstancias, como llamada de una transformación vital.

La psicoterapia del futuro tendrá que ser, en consecuencia, menos parecida a una reparación de averías y más parecida a una cartografía del sujeto en un mundo complejo. Tendrá que saber cuándo intervenir sobre un pensamiento, cuándo sobre una conducta, cuándo sobre una relación, cuándo sobre una historia familiar, cuándo sobre una herida infantil y cuándo detenerse ante una crisis de sentido que no puede resolverse mediante ninguna técnica de regulación.

Y quizá ahí se encuentre la principal aportación de Morin al campo psicoterapéutico: recordarnos que la complejidad no es una nueva explicación que sustituye a las anteriores, sino una disciplina de la mirada. Pensar complejamente significa aceptar que el ser humano es simultáneamente individuo y sociedad, autonomía y dependencia, conciencia e inconsciente, organismo y símbolo, pasado y proyecto, identidad y transformación. La complejidad no ofrece una solución rápida porque precisamente comienza por reconocer que algunas realidades no admiten soluciones rápidas.

Desde esta perspectiva, la combinación entre psicología analítica junguiana y terapia sistémica, abierta al psicoanálisis, a los enfoques humanistas y, cuando exista una indicación clara, a la perspectiva transpersonal de Washburn, constituye una de las arquitecturas más prometedoras para afrontar la clínica que hemos descrito. Jung permite descender hacia la profundidad de la psique; la sistémica permite contemplar la trama de relaciones; Morin proporciona el marco epistemológico para no reducir una dimensión a otra; y Washburn abre la posibilidad de comprender que determinadas crisis no son solamente reparaciones pendientes del pasado, sino también momentos de transformación del desarrollo.

El objetivo último ya no sería simplemente que el individuo vuelva a funcionar como antes. En muchos casos, precisamente «como antes» es lo que ya no puede funcionar. La tarea consistiría en ayudarle a construir una relación más compleja con su propia historia, con su familia, con su cuerpo, con sus vínculos, con su sombra, con la sociedad y con las preguntas de sentido que la crisis ha abierto. No una adaptación pasiva al mundo, sino una individuación capaz de habitarlo sin quedar enteramente determinada por él.

Y quizá esta sea la paradoja final de la psicoterapia del siglo XXI: cuanto más complejo se vuelve el mundo, menos suficiente resulta una terapia que sólo quiera hacer desaparecer el síntoma; pero cuanto más profunda quiere ser la terapia, mayor es la necesidad de no perder de vista el sistema social y relacional en el que ese síntoma ha nacido. La profundidad sin contexto se convierte en psicologismo; el contexto sin profundidad se convierte en sociologismo. La psicoterapia compleja tendría que mantener ambos extremos unidos.

 

Autores

 

Ordenados por año nacimiento

Freud (1856–1939) → inconsciente, conflicto psíquico, sexualidad, represión y síntoma: fundación de la concepción dinámica del psiquismo y comprensión del síntoma como formación de compromiso entre deseo, defensa y realidad.

Jung (1875–1961) → inconsciente colectivo, arquetipos, sombra e individuación: ampliación de la psicología profunda hacia la dimensión simbólica y arquetípica de la psique y concepción de la vida como proceso de individuación.

Winnicott (1896–1971) → holding, continuidad del ser, capacidad para estar solo y espacio transicional: importancia del ambiente facilitador y de los vínculos tempranos en la constitución del self y en la posibilidad de desarrollar una existencia psíquica propia. Winnicott nació en 1896.

Reich (1897–1957) → cuerpo, carácter, sexualidad y dimensión sociopolítica de la subjetividad: relación entre represión emocional, estructura caracterial, corporalidad y organización social.

Lacan (1901–1981) → sujeto dividido, deseo, falta, lenguaje y Otro: constitución del sujeto en el orden simbólico y carácter estructural de la falta y del deseo.

Bateson (1904–1980) → ecología de la mente, comunicación, retroalimentación y circularidad: superación de la causalidad lineal mediante una concepción relacional de la mente y del comportamiento. Bateson nació en 1904 y desarrolló conceptos centrales para la teoría sistémica, como el double bind y la ecología de la mente.

Bowlby (1907–1990) → apego, separación y constitución relacional: importancia de los vínculos tempranos y de las experiencias de seguridad, pérdida y separación en la organización psíquica.

Mara Selvini Palazzoli (1916–1999) → circularidad, hipotetización, neutralidad y paradoja: desplazamiento desde la causalidad lineal hacia las secuencias recursivas y la comprensión sistémica del síntoma. Fue una de las fundadoras, junto con Boscolo, Cecchin y Prata, de la Escuela de Milán. Nació en 1916.

Watzlawick (1921–2007) → comunicación, interacción y paradoja: la conducta como comunicación y el síntoma como fenómeno inseparable de las pautas interaccionales.

Salvador Minuchin (1921–2017) → estructura familiar, límites, subsistemas y jerarquías: comprensión del síntoma individual dentro de la organización relacional de la familia. Nació en Argentina en 1921 y desarrolló la terapia familiar estructural.

Edgar Morin (1921– ) → pensamiento complejo, interdependencia y multidimensionalidad: necesidad de superar las explicaciones reduccionistas y comprender al sujeto simultáneamente como ser biológico, psicológico, social, cultural e histórico.

Zygmunt Bauman (1925–2017) → modernidad líquida y fragilidad de los vínculos: provisionalidad de las relaciones, debilitamiento de las instituciones y dificultad para construir compromisos estables.

Michel Foucault (1926–1984) → gobernanza, poder y producción del sujeto: interiorización de dispositivos de poder, normalización y producción histórica de subjetividades.

Anthony Giddens (1938– ) → identidad reflexiva y modernidad tardía: el yo como proyecto permanentemente revisable en condiciones de transformación social acelerada.

Manuel Castells (1942– ) → sociedad-red y transformación tecnológica: reorganización de las relaciones sociales, las identidades y las formas de pertenencia mediante redes globales de comunicación.

Washburn (1943– ) → desarrollo transpersonal, ego y Fundamento Dinámico: proceso de diferenciación y transformación del yo mediante un movimiento entre conciencia, inconsciente y dimensiones transpersonales de la experiencia.

Ulrich Beck (1944–2015) → sociedad del riesgo e incertidumbre: individualización de riesgos colectivos, inseguridad ante el futuro y transformación de amenazas sociales en experiencias biográficas.

Byung-Chul Han (1959– ) → sociedad del rendimiento, autoexplotación y agotamiento: transformación de la coerción externa en exigencia interna, hiperproductividad y responsabilización individual del fracaso.

Eva Illouz (1961– ) → capitalismo emocional, intimidad y virtualización amorosa: mercantilización de las emociones, racionalización de la elección afectiva y transformación tecnológica de las relaciones amorosas.

Hartmut Rosa (1965– ) → aceleración social, alienación y relación con el mundo: aceleración tecnológica y social, contracción del tiempo de experiencia y pérdida de una relación significativa con el mundo.

Dora Fried Schnitman (¿ -¿) → nuevos paradigmas, subjetividad, diálogo y construcción social de la realidad: apertura de la terapia sistémica hacia el constructivismo, el construccionismo social, la complejidad y las prácticas dialógicas. Su trabajo en Nuevos paradigmas, cultura y subjetividad (1994) es especialmente pertinente para el argumento del ensayo, pues articula ciencia, cultura, subjetividad y transformación de los paradigmas terapéuticos

 

 

Referencias bibliográficas

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Bowlby, J. (1998). El apego y la pérdida. Vol. 1: El apego. Paidós. (Trabajo original publicado en 1969).

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Parte II Enfrentando los Retos de la Psicoterapia en la Aldea Antropocéntrica.

Exposición

 

La psicoterapia se enfrenta a retos sin precedentes en un mundo marcado por crisis globales, transformaciones sociales profundas y amenazas existenciales. Este escenario exige a los profesionales de la salud mental adaptar sus enfoques para abordar no solo el sufrimiento individual, sino también el impacto de los factores sociales y políticos en el bienestar psicológico.

Método: Árbol del conocimiento

Abordar el análisis sobre los retos de la psicoterapia para una población que enfrenta riesgos elevados para la supervivencia planetaria y afectada por transformaciones sociales profundas, crisis existenciales, y cambios sociales profundos, es una necesidad si se quiere actuar con una psicoterapia que no solo intervenga para paliar el sufrimiento y normalizar a los individuos, sino que pretenda transformaciones saludables. El análisis permite organizar y priorizar los desafíos y problemas que surgen en el tratamiento y ayuda a explorar múltiples vías de intervención, que aborden tanto los problemas emocionales individuales como los factores sociales más amplios, guiando al terapeuta a través de un proceso que facilita la adaptación a realidades emergentes, tomando consciencia de las formaciones necesarias para el afrontamiento de incertidumbres existenciales profundas.

La metáfora del árbol del conocimiento es idónea para enfatizar en un desarrollo vivo del conocimiento que parta de las raíces -inconsciente y colectivas- de los problemas, se centre en las dimensiones que operan en el tronco y la expresión de las mismas en distintas ramas. Al dividir el problema en diferentes dimensiones, se pueden generar intervenciones más específicas y dirigidas, ofreciendo una estructura para abordar los complejos desafíos de nuestro tiempo.

Detección de problemas troncales

1. Riesgos elevados para la supervivencia del planeta:

– Problema: La población se enfrenta a un cambio social y ecológico sin precedentes, lo que ha llevado a un aumento en la ansiedad, el estrés y el trauma colectivo. Las personas no solo lidian con crisis individuales, sino también con traumas colectivos relacionados con el colapso ambiental, la pérdida de seguridad económica y amenazas existenciales como el cambio climático y las pandemias.

La crisis climática, manifestada en fenómenos meteorológicos extremos como las DANAs, es un reflejo claro del impacto que la actividad humana tiene en el equilibrio ecológico. Este tipo de eventos no solo afecta a las infraestructuras físicas, como tu hogar al enfrentar cortes eléctricos, sino que genera un impacto psicológico significativo. El miedo y la incertidumbre ante un futuro ambientalmente inseguro aumentan los niveles de ansiedad y estrés en la población. Para las generaciones más jóvenes, como tus hijas, este deterioro ecológico plantea un desafío existencial: heredarán un mundo con recursos más limitados y enfrentado a desastres naturales más frecuentes y severos. En este contexto, educar en la resiliencia y en el respeto por el medioambiente será crucial para que las futuras generaciones puedan hacer frente a los desafíos ecológicos.

– Ejemplo: Hay un notable aumento en los casos de «ecoansiedad». Término acuñado por la investigadora y psicóloga Susan Clayton.  La ecoansiedad también se entrelaza con la noción de «trauma colectivo», un término popularizado por el psicólogo social Kai Erikson. Este aumento en los niveles de ansiedad y trauma colectivo es consistente con las ideas del filósofo Timothy Morton. sobre las. El cambio climático también puede generar lo que el sociólogo Ulrich Beck llama La sociedad del riesgo.

Por ejemplo, individuos que se sienten abrumados por una profunda desesperanza sobre el futuro del planeta, experimentan síntomas como insomnio, ataques de pánico y dificultad para realizar actividades diarias debido a su constante preocupación por el cambio climático. Esta sensación de impotencia frente a la magnitud de la crisis ambiental puede convertirse en el «tronco» principal en su árbol de pensamientos, afectando su bienestar y capacidad para encontrar consuelo o propósito en la vida.

La implementación masiva de la inteligencia artificial puede agravar los problemas ecológicos que ya enfrenta el planeta:

  • Consumo energético: Los sistemas de IA requieren enormes cantidades de energía para entrenar y operar, especialmente en centros de datos a gran escala. Esto contribuye significativamente a las emisiones de carbono, exacerbando el cambio climático. A medida que la IA se expande, la demanda de recursos energéticos sigue aumentando, lo que agrava los problemas ambientales existentes.
  • Desigualdad en el acceso a soluciones climáticas: Las IA están desarrolladas y controladas por naciones o corporaciones con grandes recursos. Esto podría crear una brecha aún mayor entre países desarrollados y en desarrollo, que no tienen acceso a estos avances, lo que agudizaría la crisis ecológica a nivel global, al no contar con los medios tecnológicos para mitigar los efectos del cambio climático.

 

2. Aumento de la violencia, guerras y terrorismo:

– Problema: El incremento de la violencia en todas sus formas, incluyendo conflictos armados, terrorismo y violencia interpersonal, está generando traumas masivos a nivel global. Las guerras no solo devastan regiones enteras, sino que también provocan migraciones forzadas, destrucción de comunidades y traumas intergeneracionales. El terrorismo, tanto interno como global, añade una capa constante de inseguridad, generando estrés crónico y un entorno de miedo. Las víctimas de la violencia, incluidos refugiados y migrantes, suelen presentar altos niveles de trastorno de estrés postraumático (TEPT) y otros trastornos de salud mental.

La tensión social y política que surge de la degradación ambiental y la competencia por recursos escasos puede traducirse en conflictos armados, violencia y un aumento del terrorismo. El incremento de la desigualdad, la escasez de agua o alimentos, y el desplazamiento forzado por razones climáticas son factores que contribuyen a la inestabilidad. Desde la psicología social, sabemos que cuando las personas perciben una amenaza a su bienestar o su supervivencia, pueden recurrir a comportamientos extremos para protegerse. Este fenómeno, si no se aborda a través de políticas inclusivas y de cooperación internacional, podría generar un círculo vicioso donde el miedo y la agresión alimentan más conflictos. Para las familias como la tuya, que buscan un entorno seguro y estable para el desarrollo de sus hijos, es esencial promover valores como la empatía, la justicia social y la paz como antídotos frente a la escalada de violencia.

– Ejemplo: Una familia que ha escapado de una zona de guerra puede enfrentar múltiples traumas. Por ejemplo, un adolescente refugiado sufre TEPT, mostrando síntomas como flashbacks, hipervigilancia y una profunda sensación de desarraigo. Al mudarse a un nuevo país, enfrenta el estigma y las barreras culturales, lo que agrava su sensación de aislamiento y desconfianza hacia el entorno. La violencia experimentada no solo impacta su bienestar mental actual, sino que también puede tener efectos duraderos en su desarrollo emocional y social.

La IA también puede amplificar los conflictos y la violencia a través de múltiples vías:

  • Armas autónomas: El desarrollo de sistemas de armas autónomas y drones impulsados por IA está revolucionando la guerra moderna. Estas tecnologías permiten la automatización de la violencia sin intervención humana, lo que puede deshumanizar el conflicto y aumentar la frecuencia y letalidad de las guerras. Además de los terrorismos de estado, estas tecnologías pueden ser utilizadas por actores no estatales terroristas, para llevar a cabo ataques de manera más efectiva y a mayor escala. Las IA también pueden diseñar y operar armas autónomas, que funcionan sin intervención humana directa. Estos sistemas de armas, como drones o robots militares, pueden tomar decisiones sobre cuándo y a quién atacar, aumentando el riesgo de errores o ataques no provocados que podrían intensificar los conflictos. La falta de control humano directo sobre estos sistemas puede reducir las oportunidades de mediación y contención en medio de una escalada militar.
  • Estrategias de guerras innovadoras: Las inteligencias artificiales pueden generar un aumento de los conflictos al diseñar estrategias de guerra innovadoras que asesoren a los generales de varias maneras.
  1. Optimización táctica y estratégica:

Las IA pueden analizar enormes cantidades de datos sobre el terreno, condiciones meteorológicas, despliegue enemigo y logística para sugerir estrategias militares más eficientes. Los algoritmos pueden identificar puntos débiles en las defensas enemigas o recomendar tácticas para maximizar el impacto de un ataque. Aunque esto aumenta la eficacia de las operaciones militares, también incrementa la letalidad de los conflictos y reduce el tiempo de reacción para la diplomacia y la negociación.

  1. Creación de escenarios de guerra simulada:

Las IA pueden desarrollar simulaciones extremadamente precisas que permiten a los generales «jugar» con diferentes escenarios de guerra y analizar el resultado probable de cada acción. Esto podría llevar a que los líderes militares elijan opciones más agresivas si los modelos de IA sugieren una alta probabilidad de éxito. Esta capacidad de probar múltiples estrategias rápidamente puede hacer que los conflictos escalen más fácilmente, ya que los riesgos parecen más calculados y manejables según la simulación.

  1. Automatización de la toma de decisiones en combate:

Los sistemas de IA pueden ser empleados para tomar decisiones en tiempo real durante batallas, optimizando el uso de recursos militares y personal. Estos sistemas pueden reaccionar más rápido que los humanos y ejecutar movimientos tácticos con una precisión sin precedentes. Sin embargo, delegar decisiones cruciales de vida o muerte a una IA puede deshumanizar la guerra, aumentando la velocidad y ferocidad de los conflictos sin un sentido ético o moral que normalmente guiaría las acciones humanas.

  1. Guerra cibernética y ataques a infraestructuras críticas:

Las IA también pueden diseñar estrategias de guerra cibernética avanzadas, incluyendo ataques a sistemas de comunicaciones, redes eléctricas, bancos y otros objetivos estratégicos. Una IA bien entrenada podría identificar vulnerabilidades en las infraestructuras críticas de un país y sugerir ataques que paralicen rápidamente su capacidad de respuesta. Este tipo de ataques, aunque menos visibles que los tradicionales, pueden ser devastadores y escalar rápidamente los conflictos entre naciones.

  1. Optimización de despliegue y logística:

Al mejorar la eficiencia de la logística militar, las IA pueden asegurar que los ejércitos estén mejor equipados y desplegados más rápidamente, lo que facilita la continuación o expansión de los conflictos. La capacidad de mover tropas, armamento y suministros de manera más eficiente puede hacer que los generales consideren más viable prolongar o intensificar un conflicto, dado que tienen asegurada una cadena de suministro óptima.

  1. Identificación de patrones en el comportamiento del enemigo:

Las IA pueden analizar datos históricos y en tiempo real sobre el comportamiento de los adversarios y sugerir cómo anticiparse a sus movimientos. Esto podría permitir a los generales adelantarse a las decisiones enemigas, lo que potencialmente puede aumentar el número de enfrentamientos y la velocidad a la que se desarrollan los conflictos. La capacidad de predecir los movimientos del enemigo puede llevar a una estrategia de «golpes preventivos», generando conflictos antes de que el adversario tenga tiempo de actuar.

  1. Deshumanización del enemigo:

Las IA pueden generar informes basados únicamente en datos y estadísticas, eliminando el componente emocional y humanitario de la toma de decisiones en la guerra. Al ver al enemigo como un conjunto de datos y no como seres humanos, los líderes militares pueden optar por estrategias más violentas y menos contenidas. Este enfoque mecanicista de la guerra puede hacer que los conflictos sean más brutales y prolongados, ya que las consideraciones éticas quedan relegadas.

 

3. Riesgo de colapso de las democracias, sustituidas por sistemas populistas que anulan derechos civiles:

– Problema: La erosión de las democracias y el ascenso de regímenes autoritarios y populistas están socavando los derechos civiles y libertades fundamentales en muchas partes del mundo. Estos sistemas tienden a reprimir las voces disidentes, exacerban la polarización social y reducen la confianza en las instituciones. Las personas que viven bajo estos regímenes pueden experimentar ansiedad, miedo y desconfianza generalizada, lo que tiene graves implicaciones para la salud mental colectiva. La represión política y la censura también pueden dificultar que las personas busquen ayuda o que los profesionales brinden un tratamiento adecuado.

Los sistemas democráticos se ven amenazados por la polarización política y la desconfianza creciente en las instituciones. En tiempos de crisis, como las provocadas por el cambio climático y la violencia global, el populismo puede ganar terreno al prometer soluciones rápidas y directas, muchas veces a costa de los derechos civiles y las libertades individuales. Estos regímenes aprovechan el miedo y la incertidumbre para consolidar su poder, socavando la participación ciudadana y la diversidad de opiniones. La educación y el pensamiento crítico son fundamentales para contrarrestar estos movimientos. Criar a las nuevas generaciones con una mentalidad democrática, enseñándoles la importancia de la tolerancia, el respeto a los derechos humanos y el valor del diálogo, será esencial para evitar que caigan en las trampas del autoritarismo.

– Ejemplo: En un país donde un régimen populista ha restringido las libertades civiles, un periodista que antes era activo y comprometido con su comunidad se encuentra en un estado de depresión y ansiedad. Vive con el miedo constante de ser vigilado y silenciado, lo que le provoca insomnio y ataques de pánico. La censura y la propaganda omnipresente le generan una sensación de impotencia, ya que no puede expresar sus opiniones libremente ni contribuir al cambio social. Esta pérdida de agencia y control sobre su vida afecta profundamente su salud mental, llevándolo a un estado de desesperanza y aislamiento.

Las inteligencias artificiales pueden jugar un papel fundamental en la generación o agravamiento del colapso de las democracias y el ascenso de sistemas populistas autoritarios.

  1. Manipulación de la información y polarización social:
  • Desinformación y manipulación: La IA, especialmente a través de algoritmos en redes sociales y motores de búsqueda, facilita la difusión de desinformación y noticias falsas que socavan la confianza en las instituciones democráticas. Los algoritmos impulsados por IA priorizan contenido que genera más interacciones, lo que a menudo favorece la polarización y las emociones negativas. Esto refuerza las narrativas populistas, que se alimentan del miedo, el resentimiento y la desconfianza hacia el sistema.
  • Bots y campañas de propaganda automatizada: Los sistemas de IA pueden ser utilizados para crear redes masivas de cuentas falsas (bots) en redes sociales, que difunden propaganda política y mensajes polarizadores. Estas campañas automatizadas pueden influir en las elecciones y en la opinión pública, fomentando la división social y debilitando los sistemas democráticos. Los autoritarios utilizan estas herramientas para desinformar y desestabilizar a las democracias, promoviendo sus agendas populistas.
  1. Vigilancia y represión:
  • Tecnologías de vigilancia masiva: Los regímenes populistas y autoritarios pueden usar IA para implementar sistemas de vigilancia masiva, lo que les permite monitorear las actividades de los ciudadanos y reprimir a los disidentes. Herramientas como el reconocimiento facial, la recolección masiva de datos y el análisis predictivo permiten a estos gobiernos identificar y silenciar a quienes critican al régimen, lo que erosiona aún más las libertades civiles. Esta vigilancia constante puede generar miedo y ansiedad entre la población, como el caso del periodista mencionado en el ejemplo, que sufre depresión y ataques de pánico por la sensación de ser vigilado.
  • Censura automatizada: Los sistemas de IA también pueden ser utilizados para censurar el contenido en línea de manera automática. Los regímenes autoritarios emplean algoritmos para eliminar o bloquear publicaciones críticas, controlar la narrativa pública y reprimir la libertad de expresión. La censura a través de la IA, combinada con la propaganda, fortalece la posición de los líderes populistas al limitar el acceso de la población a información independiente y objetiva.
  1. Supresión de la participación democrática:
  • Manipulación de elecciones: La IA puede ser utilizada para influir en el resultado de las elecciones mediante técnicas avanzadas de segmentación y manipulación del electorado. Los datos obtenidos de plataformas digitales permiten a los actores populistas dirigir mensajes personalizados que explotan los miedos y prejuicios de los votantes, debilitando así la participación democrática genuina. Esta manipulación sutil de la opinión pública socava la confianza en las elecciones y en las instituciones democráticas.
  • Concentración de poder: Los avances en IA y su monopolización por grandes corporaciones tecnológicas pueden concentrar el poder en manos de pocos actores, ya sean políticos o económicos, que usan esta tecnología para ejercer control sobre la información, los recursos y las personas. Esto debilita los sistemas democráticos y facilita el ascenso de regímenes autoritarios, que pueden aprovechar esta concentración de poder para imponer agendas populistas y anular derechos civiles.

Diferencias entre los inicios del siglo XXI y siglo XX

  1. Riesgos elevados para la supervivencia del planeta (Siglo XXI) vs. Tensiones geopolíticas y nuevas tecnologías bélicas (Siglo XX)

En el siglo XXI, la principal amenaza global es la crisis climática y la degradación ambiental. El calentamiento global, la pérdida de biodiversidad y la contaminación amenazan no solo a la vida humana, sino al ecosistema global en su conjunto. Estas problemáticas son complejas y requieren cooperación internacional, pues ningún país puede resolverlas de forma aislada.

Comparado con el inicio del siglo XX, donde las tensiones principales estaban ligadas a la industrialización masiva, el surgimiento de nuevas armas (como las nucleares) y las ambiciones coloniales, las amenazas eran más localizadas y humanas, aunque muy devastadoras. La Primera Guerra Mundial, que estalló en 1914, introdujo una nueva era de destrucción tecnológica a gran escala. Sin embargo, el planeta como tal no enfrentaba aún el riesgo de destrucción climática o ecológica.

A principios del siglo XX, el planeta aún tenía capacidad de recuperación frente a la intervención humana, pero en el siglo XXI nos enfrentamos a un punto crítico de no retorno para la vida en la Tierra. Las guerras del siglo XX destruyeron vidas y ciudades, pero no la habitabilidad del planeta como hoy podría hacerlo la crisis ambiental.

  1. Aumento de la violencia, guerras y terrorismo (Siglo XXI) vs. Conflictos mundiales y revoluciones (Siglo XX)

En el siglo XXI, el mundo experimenta nuevas formas de violencia a través del terrorismo global, la ciberseguridad y las guerras híbridas, así como el resurgimiento de conflictos armados, como en el Medio Oriente y Ucrania. El terrorismo y las guerras no solo son locales, sino que pueden afectar a cualquier parte del mundo, dado que la interconectividad global facilita el contagio de la violencia.

En el siglo XX, la violencia se materializó en las dos guerras mundiales y las revoluciones (como la Revolución Rusa de 1917). El conflicto armado era visible y masivo, con millones de muertos en los frentes y las trincheras. Sin embargo, el terrorismo globalizado como lo conocemos hoy no era una amenaza prominente; los conflictos armados eran más territoriales y geopolíticos.

Comparación: Si bien las guerras mundiales del siglo XX fueron devastadoras, en el siglo XXI enfrentamos una violencia más dispersa y menos predecible. Las guerras pueden implicar actores no estatales y se libran también en el ámbito digital, complicando la seguridad global de una forma distinta a las guerras tradicionales del siglo XX.

  1. Riesgo de colapso de las democracias por el auge del populismo (Siglo XXI) vs. Surgimiento del totalitarismo y fascismo (Siglo XX)

El siglo XXI ha visto el aumento de líderes populistas y movimientos que ponen en peligro la estabilidad de las democracias. Los populismos, tienden a polarizar la sociedad y debilitar las instituciones democráticas, promoviendo la erosión de los derechos civiles y el control autoritario del poder. La evolución es el resurgimiento de sistemas totalitarios neofascistas.

En el siglo XX, después de la Primera Guerra Mundial, hubo un crecimiento significativo de regímenes totalitarios y fascistas, como el nazismo en Alemania y el fascismo en Italia, que surgieron en un contexto de crisis económica y resentimiento social. Estos regímenes totalitarios llevaron a una concentración extrema del poder y la eliminación de libertades civiles, resultando en la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto.

Comparación: Aunque ambos siglos han visto la crisis de las democracias, los sistemas populistas del siglo XXI tienden a usar las propias herramientas democráticas (elecciones, referéndums) para mantenerse en el poder, mientras que los movimientos fascistas del siglo XX eran más violentos y abiertamente antidemocráticos. En el siglo XXI, la erosión de la democracia es más sutil y progresiva, mientras que en el siglo XX fue más rápida y brutal.

A nivel general, tanto en el siglo XX como en el XXI, la humanidad ha enfrentado riesgos existenciales, pero de diferentes tipos y magnitudes:

  • Siglo XX: La amenaza principal era la guerra y el surgimiento de regímenes totalitarios. Estos riesgos eran catastróficos a nivel humano, pero no necesariamente planetario.
  • Siglo XXI: Las amenazas son más globales y multidimensionales, como la crisis climática, la violencia transnacional y el populismo democrático. Estas amenazas afectan no solo a las naciones, sino a la supervivencia de la especie humana y el equilibrio ecológico del planeta.

El siglo XXI enfrenta riesgos más complejos y entrelazados, en comparación con el siglo XX, donde los riesgos estaban más enfocados en la política y la guerra directa. Hoy, el desafío reside en cooperar a nivel global para enfrentar problemas que superan las fronteras nacionales, mientras que, en el siglo XX, la supervivencia dependía más de superar ideologías extremistas en un contexto de guerra fría y caliente.

Los riesgos son mayores en el siglo XXI en algunos aspectos clave:

Interconexión global y vulnerabilidad: La humanidad nunca ha estado tan interconectada, lo que hace que los riesgos se multipliquen y propaguen más rápidamente. Una crisis financiera en una parte del mundo puede afectar a todas las economías; una pandemia, como lo vimos con COVID-19, puede paralizar al mundo en meses; y una guerra o conflicto regional puede tener efectos desproporcionados, dado el acceso a armas avanzadas y las tensiones geopolíticas.

Cambio climático y degradación ambiental: Nunca antes el planeta ha estado bajo tanta presión debido a las actividades humanas. Las consecuencias del cambio climático, como los desastres naturales más frecuentes y severos, representan un riesgo existencial que afecta a la biodiversidad, los ecosistemas y las sociedades humanas.

Tecnología y desigualdad: Si bien la tecnología, incluida la IA, tiene el potencial de mejorar la vida, también exacerba las desigualdades. El acceso desigual a tecnologías avanzadas y sus beneficios puede aumentar la brecha entre los ricos y los pobres, tanto entre naciones como dentro de ellas.

Aumento de tensiones sociales y políticas: La polarización política, el populismo y el debilitamiento de las instituciones democráticas en varias partes del mundo crean un ambiente de mayor inestabilidad. Los conflictos armados, el terrorismo y el resurgimiento de ideologías extremas añaden presión a una sociedad global ya fragmentada.

 

¿La entrada de las IA mejora o empeora los riesgos?

La IA es una espada de doble filo, y su impacto depende de cómo la manejemos:

Potenciales beneficios de la IA:

  1. Solución de problemas complejos: La IA tiene un enorme potencial para mejorar la vida humana. Puede ayudar a resolver problemas complejos relacionados con el cambio climático, como la optimización de recursos energéticos y la mitigación de desastres naturales. Además, la IA aplicada en la medicina, la investigación científica y la educación puede tener un impacto transformador.
  2. Aumento de la eficiencia: En sectores como la industria, la agricultura y el transporte, la IA puede mejorar significativamente la productividad y la eficiencia. Esto puede resultar en menos desperdicio de recursos y más oportunidades económicas.
  3. Optimización de sistemas globales: La IA puede ser utilizada para mejorar la gobernanza y la toma de decisiones, desde modelos predictivos para la planificación de políticas hasta la mejora de los sistemas de salud y justicia.

Potenciales riesgos de la IA:

  1. Desempleo y desigualdad: La automatización, impulsada por la IA, podría desplazar a millones de trabajadores, especialmente en empleos de baja cualificación. Si no se gestionan adecuadamente las transiciones laborales, esto podría agravar la desigualdad económica y crear tensiones sociales.
  2. Mal uso de la IA: En manos equivocadas, la IA puede ser usada para fines nefastos, como en la vigilancia masiva, la guerra cibernética o la creación de armas autónomas. También puede facilitar la manipulación de la información y la creación de deepfakes, erosionando la confianza pública en la información.
  3. Riesgos de control: Los sistemas de IA altamente avanzados, si no están bien regulados, podrían escapar al control humano, presentando un riesgo potencial para la seguridad global. Si la IA llega a tomar decisiones autónomas en áreas críticas, como la defensa militar, sin la supervisión adecuada, los riesgos podrían aumentar considerablemente.
  4. Deshumanización: A medida que confiamos más en la IA para tomar decisiones, existe el riesgo de deshumanizar ciertos procesos, especialmente en áreas que requieren empatía o juicio moral, como la atención médica o la justicia.

IA y religión

La relación entre la inteligencia artificial (IA) y las religiones es compleja y ha generado debates en diversos campos, como la teología, la ética y la filosofía. A continuación, se exploran algunos de los puntos clave de esta interacción:

  1. IA como herramienta para prácticas religiosas

En muchos casos, la IA ha sido adoptada como una herramienta tecnológica que facilita ciertas prácticas religiosas. Algunas iglesias han implementado chatbots con IA para responder preguntas sobre la fe o proporcionar orientación espiritual. En Japón, incluso existe un robot llamado Mindar que actúa como un sacerdote budista, ofreciendo sermones y rituales en templos budistas​.

Además, las IA se utilizan para analizar textos religiosos, permitiendo el estudio comparativo de escrituras antiguas o la interpretación de principios religiosos de una manera más accesible. Esta tecnología ayuda a crear conexiones entre los fieles y su religión de formas que antes no eran posibles.

  1. IA y debates teológicos

Desde un punto de vista teológico, la IA ha planteado preguntas importantes sobre la naturaleza de la creación y la autonomía. Algunos teólogos se preocupan por si las IA podrían desafiar la idea del ser humano como la máxima creación de Dios, especialmente si las IA continúan evolucionando hacia capacidades más complejas, como el autoaprendizaje o la toma de decisiones autónomas. La creación de «seres inteligentes» plantea la cuestión de si los humanos estarían jugando el rol de Dios al crear entidades con habilidades cognitivas avanzadas.

En algunas tradiciones religiosas, como el cristianismo, hay debates sobre si las IA pueden poseer un «alma» o si la creación de IA moralmente autónomas sería compatible con la doctrina de la dignidad humana.

  1. Ética religiosa en el uso de la IA

Las religiones a menudo proporcionan un marco ético que guía las acciones humanas. Los avances en IA han suscitado preocupaciones éticas sobre la justicia, el libre albedrío y la responsabilidad moral. Algunas comunidades religiosas han expresado preocupaciones sobre el uso de IA en contextos como la vigilancia masiva, el uso militar o la automatización que puede deshumanizar el trabajo. Las enseñanzas religiosas a menudo enfatizan el valor de la compasión, la justicia y la equidad, y muchos líderes religiosos han abogado por una IA ética que respete estos

  1. IA y búsqueda de lo trascendental

Por otro lado, algunas perspectivas ven la IA como un nuevo paso en la búsqueda de lo trascendental. Algunos movimientos futuristas, como el transhumanismo, están profundamente conectados con la idea de utilizar la tecnología (incluida la IA) para trascender las limitaciones humanas, lo que lleva a debates sobre la convergencia entre religión y tecnología. En esta visión, la IA podría ser vista como un medio para alcanzar un estado superior de existencia o conocimiento, alineándose con ciertos objetivos espirituales.

  1. Retos a la autoridad religiosa

La capacidad de la IA para proporcionar respuestas rápidas y detalladas sobre temas religiosos puede plantear un reto a la autoridad de los líderes religiosos tradicionales. Si los fieles comienzan a depender de IA para sus respuestas espirituales o teológicas, podría desdibujarse la línea entre el consejo humano y el tecnológico. Además, esto lleva a preguntas sobre la autenticidad de las enseñanzas espirituales cuando son facilitadas por máquinas.

La IA tiene el potencial de ser un factor positivo si se utiliza de manera ética, equitativa y con supervisión adecuada. Sin embargo, si no gestionamos sus implicaciones sociales, económicas y de seguridad, podría empeorar muchos de los riesgos existentes. La clave estará en cómo equilibramos el progreso tecnológico con la responsabilidad social y la justicia global.

Bienestar humano y salud mental: Pronóstico Preocupante

La salud mental es uno de los aspectos que más claramente refleja el estrés y la incertidumbre del mundo contemporáneo. El pronóstico en esta área es particularmente delicado.

Factores que amenazan el bienestar:

  • Desigualdad creciente: Si bien la tecnología tiene el potencial de mejorar el bienestar, también corre el riesgo de agravar las desigualdades económicas. Aquellos con acceso a la educación, la tecnología y los recursos podrán prosperar, mientras que las poblaciones más vulnerables podrían quedarse atrás. Esto podría generar mayores tensiones sociales, descontento y desigualdad, que a su vez afectarán el bienestar colectivo.
  • Crisis climática: Los efectos del cambio climático podrían deteriorar significativamente las condiciones de vida, especialmente en regiones más vulnerables. Los desplazamientos forzados, la inseguridad alimentaria y el acceso limitado al agua limpia podrían socavar la calidad de vida, creando un «bienestar fragmentado», donde ciertas zonas del mundo prosperan mientras otras enfrentan graves crisis humanitarias.
  • Inestabilidad política y social: El aumento del populismo y los regímenes autoritarios, así como la erosión de las democracias, pueden afectar negativamente el bienestar a largo plazo. La pérdida de derechos civiles, la inestabilidad política y las tensiones sociales y étnicas crean un ambiente de incertidumbre que puede impactar negativamente el bienestar global.

Factores que empeoran la salud mental:

  • Aumento del estrés e incertidumbre: El cambio climático, la precariedad laboral, la automatización, la inestabilidad política y los conflictos armados generan altos niveles de ansiedad, estrés e incertidumbre. En especial, las generaciones más jóvenes muestran preocupaciones crecientes sobre el futuro del planeta, la seguridad económica y su propio bienestar.
  • Aislamiento social y digitalización: Aunque las tecnologías digitales han facilitado la comunicación y el acceso a la información, también han generado nuevos problemas, como el aislamiento social, la dependencia tecnológica y la adicción a las redes sociales. Estos factores están ligados a mayores tasas de ansiedad, depresión y trastornos de la imagen corporal. Además, la falta de interacción humana genuina puede afectar negativamente el bienestar emocional.
  • Impacto de la desigualdad y la pobreza: Las personas que viven en condiciones de pobreza o desigualdad socioeconómica enfrentan mayores niveles de estrés crónico, que a menudo se relaciona con problemas de salud mental. Los desplazamientos forzados, las crisis humanitarias y la falta de acceso a servicios de salud mental agravan esta situación.
  • Cambios en el trabajo: La automatización y la digitalización están generando una transformación radical del mercado laboral, lo que lleva a una mayor incertidumbre laboral. Los trabajos de baja cualificación están en riesgo, lo que puede generar un impacto significativo en la salud mental de aquellos que enfrentan la pérdida de sus empleos o la inseguridad económica.

 

Dimensiones en las que se expresan los problemas troncales.

 

1. Retos y desafíos Emocionales y Sociales

Desconexión Emocional

Fragmentación de la Comunidad

Superficialidad en las Relaciones

Distancia Generacional

Desintegración Familiar

 

2. Retos y desafíos Tecnológicos y Laborales

Dependencia de la Tecnología

Desempleo Tecnológico

Inseguridad Laboral

Inteligencia Artificial

Privacidad y Seguridad de Datos

3. Retos y desafíos Éticos y Morales

Dilemas Éticos en la Biotecnología

Crisis de Identidad

Estrés y Burnout

Falta de Significado y Propósito

Superficialidad en la Educación

 

4. Retos y desafíos de Salud y Bienestar

Sedentarismo y Problemas de Salud Física

Desinformación Médica

Envejecimiento de la Población

Cambio Climático

Desconexión con la Naturaleza

 

5. Retos y desafíos Globales y Existenciales

Pérdida de Valores Culturales

Brecha Digital en la Educación

Impacto Ambiental del Consumo Tecnológico

Guerras

Catástrofes Cósmicas

 

Expansión en ramas de pensamiento explorando dimensiones de los problemas troncales

Se exploran diferentes ramas del problema para entender sus dimensiones y generar posibles intervenciones en la psicoterapia.

 

Rama 1: Desafíos emocionales e interpersonales:

  • Problema: La incertidumbre causada por las crisis globales puede generar trastornos emocionales como ansiedad, depresión y trastornos del sueño. La inseguridad social, económica y política afecta las relaciones personales y la capacidad de las personas para conectarse con los demás de manera significativa.

Rama 2: Desafíos sociales y sistémicos:

  • Problema: El aumento de la desigualdad, la polarización política y la represión de derechos fundamentales bajo regímenes populistas crean un entorno social adverso. Esto se traduce en un incremento de la violencia, la desconfianza y el miedo. Las poblaciones marginadas, en particular, son las más vulnerables.

Rama 3: Desafíos existenciales, crisis y respuestas reactivas:

  • Problema: La posibilidad de un colapso climático, los conflictos bélicos y la pérdida de derechos generan una sensación de desesperanza y nihilismo. Las personas pueden experimentar una crisis existencial colectiva, cuestionando el sentido de la vida y la posibilidad de un futuro viable.

Rama 4: Desafíos relacionados con el trauma colectivo y el estrés postraumático:

  • Problema: La violencia, las guerras y los conflictos armados generan un trauma masivo y continuo. Las personas que experimentan directamente estos eventos o que viven en zonas de conflicto son especialmente vulnerables a trastornos de estrés postraumático (TEPT) y traumas intergeneracionales, que se transmiten a lo largo de generaciones.

Rama 5: Desafíos de la participación política y el activismo:

  • Problema: Los sistemas populistas y autoritarios tienden a reprimir el activismo, la protesta y la participación política. Para quienes tienen una conciencia social desarrollada, esta represión puede generar impotencia y frustración. Al mismo tiempo, los gobiernos populistas fomentan un ambiente de polarización extrema, aumentando el conflicto social.

Rama 6: Desigualdad, pobreza y trauma interseccional:

  • Problema: Las poblaciones vulnerables, como comunidades migrantes o marginadas, pueden experimentar un trauma interseccional derivado de la crisis climática junto con la discriminación Sistémica. Aquí, el trabajo terapéutico requiere un enfoque interseccional, que considere cómo los factores sociales y ecológicos afectan la salud mental de manera compleja.

Aportes de psicoterapias: del Psicoanálisis Junguiano y de las Terapias Sistémicas

Rama 1: Desafíos emocionales e interpersonales

  • Problema: La incertidumbre causada por las crisis globales genera trastornos emocionales como ansiedad, depresión y trastornos del sueño. La inseguridad afecta las relaciones y la capacidad de conexión con los demás.

Intervención del Psicoanálisis Junguiano:

  • Trabajo con el inconsciente: Se explora el material inconsciente del paciente a través de técnicas como la imaginación activa y el análisis de sueños. Los sueños relacionados con la ansiedad global pueden revelar arquetipos o símbolos de miedo colectivo, como imágenes de desastres naturales o figuras autoritarias. Trabajar con estos símbolos puede ayudar al paciente a confrontar y elaborar sus miedos en un nivel profundo, permitiendo la integración de aspectos inconscientes.
  • Arquetipos relacionales: Se puede explorar cómo los arquetipos, como el «Ánima» o el «Ánimus», influyen en las relaciones del paciente. Las crisis emocionales pueden activar patrones arquetípicos relacionados con el abandono, el miedo al caos o la búsqueda de un «Salvador». Al traer estos arquetipos a la conciencia, se facilita una comprensión más profunda de las dinámicas emocionales e interpersonales.

Intervención Sistémica:

  • Genograma y patrones familiares: Se elabora un genograma para explorar cómo las crisis y la inseguridad actual pueden estar activando patrones relacionales familiares, como el miedo a la pérdida o el control. Se busca cómo las relaciones interpersonales actuales del paciente están influenciadas por lealtades familiares o reglas implícitas que perpetúan la ansiedad o la desconexión.
  • Intervenciones relacionales: Se trabaja con la red de apoyo del paciente, fortaleciendo las relaciones significativas y fomentando la comunicación abierta. La terapia puede incluir sesiones conjuntas con miembros clave de la familia o amigos para abordar y mejorar los patrones de interacción que agravan la ansiedad y la inseguridad.

Rama 2: Desafíos sociales y sistémicos

  • Problema: La desigualdad, la polarización política y la represión de derechos crean un entorno social adverso que genera violencia, desconfianza y miedo, afectando principalmente a poblaciones marginadas.

Intervención del Psicoanálisis Junguiano:

  • Análisis de la Sombra colectiva: Se explora la Sombra colectiva, que incluye aspectos rechazados de la sociedad, como la agresión, la represión y la injusticia. A nivel individual, el terapeuta ayuda al paciente a confrontar su propia Sombra ya entender cómo sufre la proyección de los conflictos colectivos. Este proceso puede llevar a una mayor conciencia de la conexión entre el sufrimiento personal y las dinámicas sociales más amplias.
  • Trabajo con arquetipos y complejos culturales: Se exploran arquetipos como el «Guerrero», el «Sabio», “El emprendedor” o el «Forajido-delincuente» para que el paciente desarrolle una relación más consciente con las dinámicas de poder y autoridad. Este trabajo puede ayudar al individuo a encontrar su propio lugar en medio de la polarización social, fomentando una respuesta más centrada y creativa a las tensiones colectivas.

Intervención Sistémica:

  • Análisis de sistemas más amplios: Se examina cómo los sistemas sociales, políticos y económicos afectan la vida del paciente. Se utilizan técnicas como el mapeo sistémico para identificar las dinámicas de poder y opresión que influyen en su experiencia.
  • Fortalecimiento de redes de apoyo comunitario: Se fomenta la conexión con grupos comunitarios, organizaciones sociales o redes de apoyo que comparten los valores del paciente. Esto proporciona un sentido de pertenencia y empoderamiento, contrarrestando la desconfianza y el miedo inducidos por el entorno social adverso.

Rama 3: Desafíos existenciales, crisis y respuestas reactivas

  • Problema: El colapso climático, los conflictos bélicos y la pérdida de derechos generan desesperanza y nihilismo, llevando a una crisis existencial colectiva.

Intervención del Psicoanálisis Junguiano:

  • Exploración del arquetipo del Héroe: Se trabaja con el arquetipo del «Héroe» como una fuerza que puede ayudar al individuo a atravesar la crisis existencial. Diferenciado del complejo cultural heroico o titánico. El paciente es guiado a encontrar su propio «viaje del Héroe en su nekyia», identificando qué valores y propósitos pueden darle sentido en medio de la incertidumbre global. Los sueños y las narrativas personales se analizan para descubrir símbolos que indican caminos de transformación y resiliencia.
  • Trabajo con símbolos de muerte y renacimiento: La crisis existencial puede ser vista como un proceso de muerte y renacimiento. Se exploran símbolos de muerte en los sueños o fantasías para encontrar en ellos el potencial de renovación y cambio. Este proceso ayuda al paciente a reconectar con una visión más amplia de la vida, encontrando significado en medio de la destrucción.

Intervención Sistémica:

  • Identificación de patrones transgeneracionales: La crisis existencial puede estar conectada con patrones transgeneracionales de desesperanza o sacrificio. Se examinan las historias familiares para identificar cómo estas crisis han sido enfrentadas por generaciones anteriores. Esto permite al paciente comprender sus propias reacciones y encontrar nuevas formas de relacionarse con su legado familiar.
  • Terapia narrativa: Se trabaja en la co-construcción de nuevas narrativas que permitan al individuo dar sentido a su experiencia. Esto implica ayudar al paciente a encontrar su «narrativa de supervivencia» ya conectar sus acciones cotidianas con un sentido de propósito más amplio, transformando la crisis en una oportunidad para el crecimiento y la contribución.

Rama 4: Desafíos relacionados con el trauma colectivo y el estrés postraumático

  • Problema: La violencia y los conflictos armados generan traumas masivos, dejando a las personas vulnerables a TEPT y traumas intergeneracionales.

Intervención del Psicoanálisis Junguiano:

  • Trabajo con el inconsciente colectivo: Se exploran los sueños y fantasías del paciente en busca de imágenes del inconsciente colectivo que representan el trauma. Estos pueden incluir arquetipos y complejos culturales como el «Guerrero herido», “El extraño” o el «Exiliado». Al confrontar estas imágenes, se busca integrar la experiencia traumática y transformar el sufrimiento en una fuente de fuerza y ​​sabiduría.
  • Rituales simbólicos alquímicos: Se pueden introducir rituales terapéuticos que permiten al paciente procesar el trauma a nivel simbólico. Estos rituales pueden incluir la creación de mandalas, el uso de objetos significativos o la participación en actividades creativas que simbolicen la reconstrucción de la psique tras la experiencia traumática.

Intervención Sistémica:

  • Trabajo con la familia y la comunidad: El trauma colectivo no se aborda solo a nivel individual, sino también en el contexto de la familia y la comunidad. Se pueden realizar sesiones familiares o grupales que aborden los efectos del trauma intergeneracional y trabajen en la reconstrucción de la red social dañada.
  • Enfoque narrativo y cultural: Se exploran las historias y mitos culturales que puedan ofrecer un marco para entender y procesar el trauma. Las narrativas culturales pueden ser una fuente de resiliencia, permitiendo a los individuos y comunidades encontrar un sentido compartido de sufrimiento y esperanza.

Rama 5: Desafíos de la participación política y el activismo

  • Problema: La represión política y la censura limitan la participación activa, generando impotencia y frustración.

Intervención del Psicoanálisis Junguiano:

  • Integración de la Sombra del activista: Se trabaja con la Sombra del «activista», ayudando al paciente a reconocer los aspectos inconscientes que pueden estar presentes en su lucha política, como la rabia o la agresión. Este proceso permite que la energía de la Sombra se transforme en una fuerza constructiva que impulsa una acción más consciente y efectiva.
  • Exploración de complejos culturales: El «Rebelde», “El conservador” o el «Reformador» para ayudar al paciente a entender su impulso hacia la acción y la protesta. Este trabajo arquetípico puede facilitar una conexión más profunda con el sentido de su activismo y ayudar a encontrar formas creativas y significativas de expresarse, incluso en entornos represivos.

Intervención Sistémica:

  • Fortalecimiento de la red Sistémica: Se trabaja en fortalecer la red Sistémica del paciente, conectándolo con otros activistas, grupos comunitarios o redes de apoyo. Se fomenta el desarrollo de estrategias colectivas de resistencia que reduzcan el sentimiento de impotencia.
  • Terapia de acción: Se pueden desarrollar intervenciones que incluyan formas de activismo simbólico dentro de un espacio terapéutico seguro. Por ejemplo, trabajar en la creación de un manifiesto personal, realizar acciones creativas que representen sus ideales o participar en proyectos comunitarios que reflejen su compromiso con el cambio social.

Rama 6: Desigualdad y trauma interseccional

  • Problema: Problema: Las poblaciones vulnerables, como migrantes o comunidades marginadas, experimentan un trauma interseccional derivado de la crisis climática y la discriminación Sistémica. Este trauma interseccional es complejo y multifacético, ya que engloba no solo el impacto de eventos traumáticos individuales, sino también el impacto acumulativo de múltiples factores de opresión, como la discriminación basada en la raza, el género, la orientación sexual, el estatus migratorio y la situación socioeconómica.

Intervención del Psicoanálisis Junguiano:

  • Exploración de arquetipos o complejos culturales de exclusión: Los arquetipos junguianos como el «Forastero», el «Viajero» o el «Exiliado» representan la experiencia de estar en los márgenes de la sociedad. Para los individuos que experimentan el trauma interseccional, trabajar con estos arquetipos puede ser terapéuticamente útil, ya que les permite reconocer y dar forma simbólica a sus experiencias de exclusión y marginación.
  • Imaginación activa y narrativa simbólica: La imaginación activa es una técnica del Psicoanálisis Junguiano que permite al paciente interactuar de manera consciente con las imágenes y símbolos que surgen de su inconsciente. En el contexto del trauma interseccional, esto puede incluir la exploración de imágenes relacionadas con la discriminación, la violencia o el desplazamiento.

Intervención Sistémica:

  • Intervención interseccional: La terapia Sistémica interseccional considera cómo las Múltiples capas de la identidad del paciente interactúan con los sistemas sociales y de poder. La experiencia del trauma interseccional está influenciada por factores como la raza, el género, la orientación sexual, el estatus migratorio y la situación socioeconómica.
  • Enfoque en la acción y el cambio sistémico: Además de trabajar a nivel personal, la terapia Sistémica puede fomentar la participación activa en el cambio social y político como parte del proceso de sanación. Este enfoque reconoce que el bienestar individual está intrínsecamente ligado a las estructuras sociales.
  • Empoderamiento comunitario: La intervención Sistémica reconoce que el individuo no existe en un vacío, sino en relación con su comunidad y sus redes sociales. Para aquellos que sufren de trauma interseccional, la conexión con una comunidad que comparte experiencias similares puede ser una fuente vital de apoyo y validación.

Límites de la psicoterapia en la transformación del sufrimiento de individuos y colectividades. Dimensión política de la psicoterapia.

 

Intervención psicoterapéutica:

La psicoterapia puede trabajar en el fortalecimiento de las redes de apoyo emocional, ayudando a la formación de vínculos más saludables en las relaciones interpersonales.

A través de la psicoterapia, se puede ayudar a los pacientes a procesar el duelo, la ansiedad y los sentimientos de aislamiento, generando resiliencia emocional.

La psicoterapia trabaja con el paciente para procesar y «desbloquear» las memorias traumáticas, promoviendo la integración y la sanación.

La terapia puede centrarse en ayudar a los pacientes a encontrar significado y propósito incluso en un contexto de incertidumbre. Aquí se pueden utilizar enfoques existenciales y espirituales, permitiendo que las personas descubran y actúen en base a sus valores más profundos.

La psicoterapia puede ayudar a los pacientes a tomar conciencia de los factores sociales que afectan su salud mental, ayudándoles a encontrar estrategias para lidiar con el estrés social sistémico y a contextualizar su sufrimiento dentro de estructuras sociales más amplias, brindando sentido y permitiendo un enfoque de acción social.

La psicoterapia puede ayudar a los pacientes a canalizar su frustración a través del activismo, la participación comunitaria o la creación de redes de apoyo en espacios seguros. También se puede trabajar con el paciente en la resiliencia frente a la represión política, ayudándolo a encontrar formas de mantener su agencia personal y social incluso en contextos restrictivos.

 Rama 1: Desafíos emocionales e interpersonales

– Problema: La incertidumbre causada por las crisis globales genera trastornos emocionales como ansiedad, depresión y trastornos del sueño. La inseguridad social, económica y política afecta las relaciones personales y la capacidad de las personas para conectarse con los demás de manera significativa.

Discusión:

La psicoterapia puede ser crucial para ayudar a las personas a lidiar con la ansiedad, la depresión y los problemas interpersonales resultantes de las crisis globales. Sin embargo, las causas subyacentes de estas dificultades, como la inseguridad económica y la inestabilidad política, son de naturaleza estructural. La psicoterapia puede ofrecer a los individuos herramientas para manejar sus emociones, mejorar sus relaciones y encontrar un sentido de control personal. No obstante, sin cambios políticos y económicos que aborden la raíz de la inseguridad (por ejemplo, políticas que garanticen estabilidad laboral, acceso a la salud y protección social), la efectividad de la psicoterapia estará limitada.

– Dimensión política de la psicoterapia: La psicoterapia puede fomentar la conciencia crítica, ayudando a las personas a reconocer cómo las estructuras sociales y políticas afectan su bienestar emocional. Al empoderar a los individuos, la psicoterapia puede inspirar una acción colectiva orientada a la transformación social.

 Rama 2: Desafíos sociales y sistémicos

– Problema: El aumento de la desigualdad, la polarización política y la represión de derechos fundamentales bajo regímenes populistas crean un entorno social adverso. Esto se traduce en un incremento de la violencia, la desconfianza y el miedo. Las poblaciones marginadas, en particular, son las más vulnerables.

Discusión:

La psicoterapia puede ayudar a los individuos a comprender y procesar su experiencia en un entorno social adverso, reduciendo la ansiedad y promoviendo la resiliencia. Sin embargo, la desigualdad y la represión de derechos son cuestiones estructurales que requieren soluciones políticas. Abordar estos problemas a través de políticas que promuevan la equidad, la justicia social y la protección de los derechos humanos es esencial para generar un cambio sistémico. La terapia sola no puede corregir las injusticias sociales o eliminar la opresión política.

– Dimensión política de la psicoterapia: La psicoterapia puede proporcionar un espacio seguro para que las personas expresen su dolor y rabia por la injusticia social. Además, puede ayudar a movilizar el potencial de los individuos para el activismo y la acción política, convirtiendo el sufrimiento personal en motivación para el cambio social.

 Rama 3: Desafíos existenciales, crisis y respuestas reactivas

– Problema: La posibilidad de un colapso climático, los conflictos bélicos y la pérdida de derechos generan una sensación de desesperanza y nihilismo. Las personas pueden experimentar una crisis existencial colectiva, cuestionando el sentido de la vida y la posibilidad de un futuro viable.

Discusión:

La psicoterapia, especialmente desde una perspectiva existencial o del Psicoanálisis Junguiano, puede ayudar a las personas a encontrar significado y propósito en medio de la incertidumbre. Puede facilitar la reconciliación con la ansiedad existencial y el miedo al colapso. Sin embargo, la crisis climática y los conflictos bélicos requieren acciones políticas y sociales a gran escala. Políticas ambientales, esfuerzos de paz y diplomacia internacional son necesarios para abordar las amenazas existenciales de manera efectiva.

– Dimensión política de la psicoterapia: La psicoterapia puede ayudar a las personas a transformar la crisis existencial en un compromiso activo con el cambio social y ambiental. Al promover un sentido de responsabilidad y agencia, la psicoterapia puede motivar a los individuos a participar en movimientos que buscan abordar los desafíos globales.

 Rama 4: Desafíos relacionados con el trauma colectivo y el estrés postraumático

– Problema: La violencia, las guerras y los conflictos armados generan un trauma masivo y continuo. Las personas que experimentan directamente estos eventos o que viven en zonas de conflicto son especialmente vulnerables a trastornos de estrés postraumático (TEPT) y traumas intergeneracionales, que se transmiten a lo largo de generaciones.

Discusión:

La psicoterapia es fundamental para abordar los efectos del trauma individual y colectivo. Las intervenciones terapéuticas pueden ayudar a las personas a procesar sus experiencias traumáticas y a restaurar su sentido de seguridad. Sin embargo, para prevenir futuros traumas y reducir el impacto de la violencia y la guerra, se requieren soluciones políticas como el establecimiento de la paz, la justicia transicional y la reconstrucción posconflicto. Las intervenciones políticas y sociales son necesarias para crear un entorno seguro y estable.

– Dimensión política de la psicoterapia: La psicoterapia puede contribuir a la sanación colectiva al abordar el trauma en un contexto más amplio, reconociendo las injusticias y promoviendo la reparación y la reconciliación. Puede ser un catalizador para la construcción de una cultura de paz y resiliencia comunitaria.

 Rama 5: Desafíos de la participación política y el activismo

– Problema: Los sistemas populistas y autoritarios tienden a reprimir el activismo, la protesta y la participación política. Para quienes tienen una conciencia social desarrollada, esta represión puede generar impotencia y frustración. Al mismo tiempo, los gobiernos populistas fomentan un ambiente de polarización extrema, aumentando el conflicto social.

Discusión:

La psicoterapia puede ayudar a los individuos a lidiar con la impotencia y la frustración resultantes de la represión política, promoviendo la resiliencia y la autonomía. Puede ser un espacio donde se exploran y validan las emociones relacionadas con la opresión y donde se fortalecen las estrategias para la resistencia pacífica. Sin embargo, el cambio en contextos represivos requiere acciones políticas, como la defensa de los derechos humanos, el fortalecimiento de las instituciones democráticas y la presión internacional para la protección de los activistas.

– Dimensión política de la psicoterapia: La psicoterapia tiene una dimensión política al empoderar a los individuos para resistir la opresión, fomentar la autoafirmación y promover la expresión de sus derechos y valores. Puede ayudar a canalizar la energía del activismo de manera sostenible y consciente.

 Rama 6: Desigualdad y trauma interseccional

– Problema: Las poblaciones vulnerables, como comunidades migrantes o marginadas, pueden experimentar un trauma interseccional derivado de la crisis climática junto con la discriminación Sistémica. Aquí, el trabajo terapéutico requiere un enfoque interseccional, que considere cómo los factores sociales y ecológicos afectan la salud mental de manera compleja.

Discusión:

La psicoterapia, especialmente con un enfoque interseccional, puede abordar los impactos psicológicos de la desigualdad y la discriminación, ayudando a las personas a reconocer y validar su experiencia y a desarrollar estrategias de afrontamiento. Sin embargo, la reducción de las desigualdades y la eliminación de la discriminación Sistémica requieren cambios políticos y estructurales, como políticas antidiscriminatorias, reforma de los sistemas de justicia y acceso equitativo a recursos y oportunidades.

– Dimensión política de la psicoterapia: La psicoterapia tiene un papel político al reconocer y abordar las experiencias de opresión. Puede ser un espacio donde las personas marginadas exploran su identidad y su lugar en el mundo, promoviendo el empoderamiento y la defensa de sus derechos.

Conclusión general:

Ninguna de las seis ramas puede ser completamente abordada mediante la psicoterapia o la política por sí sola. Las acciones integradas son esenciales. La psicoterapia proporciona herramientas cruciales para el trabajo emocional y la elaboración personal del sufrimiento causado por factores sociales y políticos. Ayuda a los individuos a encontrar resiliencia, sentido y capacidad de acción. Sin embargo, si las estructuras políticas y sociales que generan y perpetúan estos problemas no cambian, la psicoterapia solo puede ofrecer un alivio limitado.

La dimensión política de la psicoterapia se manifiesta en su capacidad para empoderar a los individuos, fomentar la conciencia crítica y promover la acción colectiva. La psicoterapia no solo aborda el malestar interno, sino que también puede motivar la transformación social, incitando a los individuos a participar activamente en la creación de un entorno más justo y sostenible. Por tanto, la solución reside en un enfoque holístico que combine la sanación psicológica con la reforma política y social, orientado a transformar tanto la experiencia individual como las estructuras colectivas.

Ecoansiedad

  1. Definición de ecoansiedad y ansiedad climática: La ecoansiedad es una respuesta emocional a la crisis ecológica y el cambio climático, caracterizada por miedo, preocupación, culpa y desesperanza.
  2. Impacto en la salud mental: Tanto la ecoansiedad como la ansiedad climática pueden llevar a la depresión, ansiedad severa y otras formas de angustia emocional.
  3. Factores que contribuyen a la ecoansiedad: La incertidumbre, imprevisibilidad e incontrolabilidad del cambio climático son factores clave que intensifican estas ansiedades.
  4. Formas no patológicas de ecoansiedad: Se describe como una respuesta emocional adaptativa que puede impulsar a las personas a tomar acciones para combatir el cambio climático.
  5. Ecoansiedad en jóvenes: Los niños y adolescentes son especialmente vulnerables a la ecoansiedad, ya que enfrentan preocupaciones sobre su futuro y la responsabilidad de actuar frente a la crisis.
  6. Conceptos relacionados: El duelo ecológico y la solastalgia y trauma ecológico son términos que también reflejan la respuesta emocional a la degradación ambiental.
  7. Soluciones y enfoques: Las terapias psicológicas y el activismo pueden ayudar a las personas a afrontar la ecoansiedad, convirtiéndola en una fuerza para el cambio positivo.
  8. Importancia de la esperanza constructiva: Fomentar un sentido de agencia y esperanza en los niños puede ayudarlos a afrontar la ansiedad climática y participar en comportamientos proambientales.
  9. Impacto del cambio climático en la salud mental de los niños: La concienciación sobre el cambio climático provoca emociones como miedo, tristeza, ansiedad, desesperanza y enojo en los niños.
  10. Ecoansiedad infantil: Aunque el término «ecoansiedad» no se usa comúnmente para describir a los niños, experimentan sentimientos similares al volverse conscientes del cambio climático, especialmente preocupación y miedo por el futuro.
  11. Factores de vulnerabilidad y protección: Los niños que usan afrontamiento centrado en el problema, como la búsqueda de información sin soluciones claras, experimentan más ansiedad, mientras que los que participan en acciones concretas y colectivas desarrollan mecanismos de protección, como la esperanza.
  12. Grietas en la investigación: Falta una definición clara de la ecoansiedad infantil y se necesita más investigación sobre cómo afecta a diferentes edades y contextos sociales.
  1. Recomendaciones para educadores y padres: Los educadores deben incluir la educación climática en el currículo de manera adaptada a la edad, enfocándose en soluciones y promoviendo acciones colectivas.

 

Bibliografía acerca de ecoansiedad ordenada por año publicación con mínimo resumen.

  1. Albrecht, G. (2011). Chronic environmental change: Emerging ‘psychoterratic’ syndromes. In Weissbecker, I. (Ed.), Climate change and human well-being: Global challenges and opportunities (pp. 43-56). Springer.
    Introduce el término «solastalgia», que describe la angustia psicológica causada por la degradación ambiental y los cambios en el entorno, asociada al sentimiento de impotencia frente al cambio climático.
  2. Ojala, M. (2012). Hope and climate change: The importance of hope for environmental engagement among young people. Environmental Education Research, 18(5), 625-642.

Examina cómo la esperanza es un factor crucial en la respuesta de los jóvenes ante el cambio climático, influyendo positivamente en su compromiso ambiental y afrontamiento de la ecoansiedad.

  1. Verplanken, B., & Roy, D. (2013). “My worries are rational, climate change is not”: Habitual ecological worrying is an adaptive response. PLOS ONE, 8(9), e74708.
    Estudia cómo la preocupación ecológica habitual puede ser una respuesta adaptativa frente a la crisis climática, vinculándose a comportamientos proambientales.
  2. Clayton, S., Manning, C., & Hodge, C. (2014). Beyond Storms & Droughts: The Psychological Impacts of Climate Change. Washington, DC: American Psychological Association and eco America.

Analiza los impactos psicológicos del cambio climático, incluyendo la ecoansiedad, y cómo estos afectan el bienestar emocional, la salud mental y los comportamientos sociales.

  1. Pihkala, P. (2018). Eco-Anxiety, Tragedy, and Hope: Psychological and Spiritual Dimensions of Climate Change. Zygon, 53(2), 545-569.
    Explora las dimensiones psicológicas y espirituales de la ecoansiedad, argumentando que es una respuesta legítima y significativa ante la magnitud de la crisis ecológica.
  2. Usher, K., Durkin, J., & Bhullar, N. (2019). Eco-anxiety: How thinking about climate change-related environmental decline is affecting our mental health. International Journal of Mental Health Nursing, 28(6), 1233-1234.
    Discute el creciente impacto de la ecoansiedad en la salud mental, destacando cómo la toma de conciencia sobre la crisis climática provoca angustia emocional en las personas.
  3. Pihkala, P. (2020). Eco-anxiety and environmental education. Sustainability, 12(19), 10149.

Examina la relación entre la ecoansiedad y la educación ambiental, sugiriendo que la enseñanza adecuada sobre el clima puede ser una herramienta poderosa para mitigar la ansiedad ecológica.

  1. Hickman, C., Marks, E., Pihkala, P., Clayton, S., Lewandowski, R. E., Mayall, E. E., Wray, B., Mellor, C., & van Susteren, L. (2021). Climate anxiety in children and young people and their beliefs about government responses to climate change: a global survey. The Lancet Planetary Health, 5(12), e863-e873.
    Un estudio global que examina la ansiedad climática en jóvenes y su percepción sobre la ineficacia de las respuestas gubernamentales ante la crisis climática.
  2. Léger-Goodes, T., Malboeuf-Hurtubise, C., Mastine, T., Généreux, M., Paradis, P.-O., & Camden, C. (2022). Eco-anxiety in children: A scoping review of the mental health impacts of the awareness of climate change. Frontiers in Psychology, 13, 872544.

Una revisión exploratoria sobre la ecoansiedad en niños, que analiza los impactos en su salud mental y propone recomendaciones para educadores y padres sobre cómo abordar este fenómeno en las aulas y en el hogar.

Enfoques psicoanalíticos y de psicología analítica junguiana para abordar la ecoansiedad

La ecoansiedad, que surge de la preocupación por el impacto del cambio climático y la crisis ecológica, puede ser tratada desde diversas corrientes psicoterapéuticas. Tanto los enfoques psicoanalíticos tradicionales como los de la psicología analítica de Carl Jung ofrecen herramientas profundas para abordar la ecoansiedad, enfocándose en los aspectos conscientes e inconscientes de la psique humana. A continuación, se unifican ambos enfoques para ofrecer una visión integral del tratamiento:

1. Exploración de conflictos inconscientes y arquetipos colectivos

Ambos enfoques se centran en la exploración del inconsciente, pero mientras el psicoanálisis freudiano se enfoca en los conflictos personales y las experiencias tempranas, la psicología junguiana amplía este concepto con el inconsciente colectivo y los arquetipos. La ecoansiedad puede estar influenciada por temores inconscientes profundos, como la pérdida de seguridad o la impotencia frente a una crisis global. Desde el enfoque junguiano, se exploran arquetipos como el de la Madre Tierra herida o el Héroe que busca restaurar el equilibrio, permitiendo que el paciente identifique símbolos y patrones universales en su angustia ecológica.

2. Mecanismos de defensa y la sombra colectiva ecológica

El psicoanálisis clásico trabaja con los mecanismos de defensa (negación, represión, proyección), ayudando al paciente a reconocer cómo podría estar evitando la realidad del cambio climático al reprimir sus emociones o negar su gravedad. La psicología junguiana añade el concepto de la sombra, que representa los aspectos reprimidos de la psique. En el contexto de la ecoansiedad, la sombra puede manifestarse como la destrucción inconsciente del medio ambiente o la culpa ecológica por no hacer lo suficiente. Integrar la sombra ayuda al paciente a reconocer estos sentimientos reprimidos y a trabajar con ellos conscientemente.

3. El proceso de individuación y aceptación de la realidad ecológica

En el psicoanálisis tradicional, el terapeuta ayuda al paciente a integrar sus deseos y conflictos inconscientes en su vida consciente, permitiendo un mayor equilibrio emocional. La individuación junguiana, por su parte, implica un proceso más amplio de reconciliación entre el consciente y el inconsciente, en el que el individuo encuentra su propio sentido de propósito y conexión con el mundo. En ambos enfoques, se trata de ayudar al paciente a aceptar la realidad de la crisis climática, reconociendo su impotencia ante ciertos aspectos, pero también su poder para actuar de manera significativa.

4. Uso de sueños, símbolos y creatividad

Tanto en el psicoanálisis freudiano como en el junguiano, los sueños son una vía de acceso al inconsciente. El trabajo con los sueños relacionados con la naturaleza, la destrucción o el caos ambiental puede revelar miedos profundos y proyecciones sobre el futuro del planeta. El enfoque junguiano pone especial énfasis en el trabajo con símbolos, sugiriendo que la naturaleza y los problemas ecológicos se pueden representar en la psique a través de imágenes simbólicas que requieren interpretación. Además, el tratamiento puede fomentar la expresión creativa (arte, escritura, música) para procesar la ansiedad de manera simbólica y productiva.

5. Relación con la naturaleza y el Self (sí-mismo)

En la psicología junguiana, la relación con la naturaleza se ve como una extensión del Self. La desconexión con el entorno natural puede ser vista como un reflejo de una desconexión interna. Mientras que el psicoanálisis freudiano puede ayudar al paciente a reconocer sus deseos y ansiedades reprimidos sobre el futuro, la psicología junguiana anima al paciente a restaurar la conexión con la naturaleza como parte de su proceso de individuación. Actividades como pasar tiempo en la naturaleza o crear rituales simbólicos pueden ser herramientas terapéuticas útiles en este proceso.

6. Manejo de la culpa y el duelo ecológico

En el psicoanálisis tradicional, se trabaja mucho sobre la culpa y los sentimientos de responsabilidad personal. La ecoansiedad puede estar acompañada de una culpa ecológica, donde el paciente siente que no está haciendo lo suficiente para mitigar el daño ambiental. En este contexto, el psicoanálisis busca liberar al paciente de la carga excesiva de culpa a través de la comprensión de sus limitaciones. Al mismo tiempo, la psicología junguiana ofrece un enfoque en el duelo ecológico, donde se permite que el paciente experimente el dolor por la pérdida de la naturaleza y lo integre como parte de su desarrollo personal y espiritual. La relación de una persona con el medio ambiente puede verse como una extensión de sus relaciones con «objetos» (otros seres humanos, seres queridos). La angustia que experimentan por la destrucción del medio ambiente podría reflejar la pérdida o daño de relaciones importantes. El tratamiento se centraría en ayudar al paciente a comprender estas relaciones simbólicas y cómo las proyecciones de ansiedad hacia el medio ambiente pueden estar enraizadas en relaciones anteriores.

7. Transformación de la desesperanza en acción significativa

Ambos enfoques buscan transformar la desesperanza en una respuesta activa y constructiva. El psicoanálisis puede ayudar al paciente a reconocer sus sentimientos de impotencia y pasividad, brindándole herramientas para actuar de manera más efectiva en su vida cotidiana. El enfoque junguiano, a través del arquetipo del héroe, invita al paciente a encontrar su propio camino para enfrentar la crisis climática, ya sea a través del activismo o mediante pequeños cambios personales, transformando la ecoansiedad en un impulso para la acción creativa y significativa.

8. Ecoespiritualidad y sincronicidad

La psicología junguiana incorpora una dimensión espiritual, donde la naturaleza y el entorno pueden verse como elementos sagrados. La ecoespiritualidad ayuda a los pacientes a encontrar un sentido de lo sagrado en la Tierra y los ciclos naturales. Mientras que el psicoanálisis freudiano se enfoca más en la relación del paciente con su entorno inmediato y sus figuras de apego, Jung anima al paciente a buscar experiencias de sincronicidad y a ver la conexión entre los eventos de su vida y el entorno natural como algo significativo y profundo. Esto puede proporcionar una fuente de consuelo y dirección en tiempos de crisis ecológica.

9. Mito y ritual en la psicoterapia junguiana

Jung creía que los mitos y los rituales eran expresiones poderosas de los arquetipos y del inconsciente colectivo. Para tratar la ecoansiedad, los pacientes podrían ser guiados para conectar con mitos antiguos que tratan sobre la relación entre los seres humanos y la naturaleza, como los mitos de creación o los ciclos de muerte y renacimiento. Estos mitos pueden ofrecer consuelo y significado, ayudando al paciente a ver la crisis ecológica como parte de un ciclo más amplio. Además, la creación de rituales personalizados, como plantar un árbol o realizar ceremonias de gratitud a la Tierra, puede ayudar a los pacientes a procesar sus emociones y desarrollar un sentido de acción significativa.

 

Complejos culturales

El trabajo con los complejos culturales es una extensión del enfoque junguiano que ofrece una perspectiva valiosa para tratar la ecoansiedad. Los complejos culturales se refieren a patrones de pensamiento, emoción y comportamiento que se forman a nivel colectivo dentro de una sociedad o cultura, arraigados en el inconsciente colectivo, y que afectan a los individuos de manera inconsciente. En el contexto de la ecoansiedad, el trabajo con los complejos culturales permite explorar cómo las actitudes colectivas hacia el medio ambiente, la industria y la tecnología influyen en el sufrimiento emocional relacionado con la crisis climática. Al integrar este enfoque, junto con los elementos del psicoanálisis freudiano y la psicología analítica junguiana, se puede obtener un tratamiento más completo y holístico.

  1. Identificación de los complejos culturales relacionados con el medio ambiente

Un complejo cultural relacionado con la crisis ecológica puede manifestarse como una actitud colectiva de dominación y explotación de la naturaleza, basada en creencias históricas de superioridad humana sobre el entorno natural. Este complejo puede afectar a los individuos, haciéndolos sentir desconectados de la naturaleza y contribuyendo a un sentido de culpa o ansiedad por el impacto destructivo de la humanidad sobre el planeta. A través del trabajo terapéutico, el terapeuta puede ayudar al paciente a identificar cómo estas creencias culturales influyen en sus emociones y comportamientos en torno al medio ambiente y la crisis climática.

  1. Exploración de los complejos culturales en el inconsciente colectivo

Desde una perspectiva junguiana, los complejos culturales operan dentro del inconsciente colectivo, compartido por la sociedad. Estos complejos pueden manifestarse en mitos y narrativas culturales sobre el progreso, el desarrollo y la explotación de recursos naturales, que a menudo justifican la degradación ambiental. El trabajo terapéutico ayuda al paciente a reconocer cómo ha internalizado estas narrativas y a desidentificarse de ellas, permitiendo una relación más sana y consciente con el medio ambiente.

  1. El complejo del progreso industrial y tecnológico

Un complejo cultural importante relacionado con la ecoansiedad es el complejo del progreso industrial y tecnológico, que promueve la creencia de que la tecnología y el desarrollo industrial son los únicos caminos hacia el bienestar humano, a menudo a expensas de la salud del planeta. Este complejo puede causar conflicto interno en individuos que, por un lado, valoran el progreso, pero por otro, reconocen su impacto destructivo sobre la naturaleza. El trabajo terapéutico con este complejo permite al paciente reflexionar sobre sus sentimientos ambivalentes hacia la tecnología y el desarrollo, buscando un equilibrio entre el progreso humano y la sostenibilidad ambiental.

  1. Reconexión con los complejos culturales de respeto a la naturaleza

Muchas culturas tradicionales mantienen un complejo cultural de respeto y veneración hacia la naturaleza, basado en una visión de la Tierra como un ser viviente o una entidad sagrada. En la terapia, se puede invitar al paciente a explorar la sabiduría ancestral o las conexiones culturales que fomentan una relación más armónica con el entorno natural. Esta reconexión con los complejos positivos y sanadores de respeto por la naturaleza puede ofrecer al paciente un sentido renovado de significado y propósito, al encontrar formas de alinear sus acciones y valores con una perspectiva más ecológica.

  1. Trabajo con los mitos culturales y su influencia en la ecoansiedad

Tanto el psicoanálisis como la psicología analítica reconocen el poder de los mitos culturales. En el contexto de la ecoansiedad, algunos mitos que pueden estar en juego son aquellos que exaltan el control sobre la naturaleza o la idea de que los recursos naturales son infinitos. El trabajo terapéutico puede explorar cómo estos mitos afectan las percepciones y emociones del paciente, permitiéndole deconstruir estas narrativas y desarrollar nuevas formas de pensar y sentir en relación con la crisis climática.

  1. Transformación de los complejos culturales a nivel personal y colectivo

El trabajo con los complejos culturales no solo beneficia al individuo, sino que también tiene un impacto en el nivel colectivo. A medida que los pacientes comienzan a transformar su relación personal con estos complejos, también contribuyen a cambiar la conciencia cultural más amplia. El tratamiento puede empoderar al paciente para asumir un papel activo en su comunidad, ayudando a desafiar y transformar los complejos culturales que perpetúan el daño ambiental.

  1. Complejos culturales y el concepto de la sombra colectiva

El concepto de sombra colectiva es esencial tanto en el psicoanálisis como en la psicología analítica. En términos de ecoansiedad, la sombra colectiva puede incluir el rechazo de la responsabilidad humana por la degradación ambiental. Los complejos culturales pueden alimentar esta sombra, negando o minimizando los efectos del cambio climático. El trabajo terapéutico ayuda al paciente a reconocer esta sombra cultural y a integrarla, confrontando los aspectos de la sociedad que permiten la destrucción ambiental y explorando formas de actuar desde una posición más consciente y ética.

  1. Ecoansiedad como síntoma de un complejo cultural

Desde esta perspectiva, la ecoansiedad no solo es una respuesta individual, sino que también es un síntoma de un complejo cultural más amplio que surge del conflicto entre los valores culturales de progreso y el creciente reconocimiento de la crisis ecológica. La terapia se centra en ayudar al paciente a reconocer que su ansiedad puede estar vinculada a la disonancia entre sus valores personales y los valores culturales predominantes, ofreciendo la posibilidad de un despertar personal y un cambio colectivo.

  1. Reconciliación entre el individuo y el entorno colectivo

Tanto en el psicoanálisis como en la psicología analítica, el objetivo final es la integración de los aspectos conscientes e inconscientes, personales y colectivos. En el tratamiento de la ecoansiedad, esta integración implica ayudar al paciente a reconciliar su identidad personal con los desafíos y realidades colectivas del cambio climático. El paciente puede aprender a actuar de manera coherente con sus valores, mientras encuentra una nueva forma de relacionarse con el entorno social y natural que promueva la sostenibilidad y la salud mental.

Conclusión

El trabajo terapéutico que combina los enfoques del psicoanálisis freudiano, la psicología analítica junguiana y el trabajo con complejos culturales proporciona una comprensión profunda y multifacética de la ecoansiedad. Al abordar tanto los conflictos inconscientes personales como los complejos culturales colectivos, el tratamiento ayuda a los pacientes a identificar y transformar las creencias y emociones que los vinculan a la crisis climática, promoviendo una mayor conciencia ecológica, una conexión más fuerte con la naturaleza, y un sentido de agencia y propósito tanto a nivel individual como colectivo. Este enfoque integrador no solo permite la sanación personal, sino que también contribuye al cambio cultural necesario para abordar la crisis climática a largo plazo.

 

Falacia del mundo justo[1] y ecoansiedad

La falacia del mundo justo es una creencia cognitiva errónea que sostiene que el mundo es un lugar fundamentalmente justo, donde las personas reciben lo que merecen y sus acciones determinan directamente sus resultados. Las personas que creen en esta falacia tienden a pensar que el sufrimiento y la adversidad son consecuencia de los errores o defectos personales, mientras que los logros y éxitos son necesariamente el resultado de comportamientos virtuosos o meritorios. Esta creencia puede influir profundamente en cómo las personas perciben y reaccionan ante eventos globales como la crisis climática y, a su vez, puede estar intrínsecamente relacionada con la ecoansiedad y los complejos culturales.

Relación entre la falacia del mundo justo y la ecoansiedad

La ecoansiedad, que surge del temor al deterioro ambiental y las consecuencias del cambio climático, puede verse exacerbada por la falacia del mundo justo en varios niveles:

  1. Sentimientos de culpa y responsabilidad personal:

La falacia del mundo justo puede hacer que las personas internalicen la idea de que la destrucción ambiental es el resultado de fallos humanos individuales, lo que provoca una gran sensación de culpa y responsabilidad personal. Las personas pueden sentir que, si sufren debido a los desastres ecológicos, es porque «no han hecho lo suficiente» para proteger el medio ambiente. Este pensamiento refuerza la ecoansiedad al hacer que los individuos sientan que deben hacer más, aunque el problema es estructural y requiere soluciones colectivas. Desde un enfoque psicoanalítico y junguiano, este sentido de culpa puede ser un reflejo de la sombra personal y colectiva, donde la responsabilidad se proyecta exclusivamente en uno mismo en lugar de comprender la dimensión más amplia de la crisis climática.

  1. Desconexión entre la acción y las consecuencias:

La realidad del cambio climático desafía la falacia del mundo justo. El deterioro ambiental es causado por factores sistémicos, como el consumismo, la industrialización y la falta de regulación gubernamental, que no siempre están directamente relacionados con las acciones personales de quienes sufren las consecuencias. Este choque entre la creencia en un mundo justo y la complejidad de la crisis climática puede aumentar la ecoansiedad, ya que las personas experimentan una disonancia cognitiva: sienten que deberían poder «arreglar» la situación a través de acciones personales, pero se enfrentan a la impotencia de no poder controlar las fuerzas globales que están en juego.

  1. Impotencia frente a la injusticia global:

En términos de complejos culturales, la falacia del mundo justo puede contribuir a la percepción de que las comunidades más vulnerables al cambio climático (países pobres, comunidades indígenas, zonas rurales) están «pagando el precio» de alguna falta inherente. Esto puede provocar una sensación de injusticia, ya que quienes menos contribuyen al cambio climático suelen ser quienes más sufren sus consecuencias. Esta discrepancia entre el ideal de un mundo justo y la realidad de la crisis ecológica puede generar desesperanza y ecoansiedad en quienes sienten que la justicia no se está cumpliendo.

  1. Proyección de la sombra cultural:

En el trabajo con complejos culturales, la falacia del mundo justo puede ser parte de la sombra cultural, es decir, aquellos aspectos de la sociedad que reprimen o niegan la verdadera naturaleza de los problemas sistémicos. La creencia en un mundo justo puede hacer que las personas proyecten la responsabilidad de la crisis climática en ciertos grupos (por ejemplo, los países en desarrollo o las generaciones más jóvenes) y evitar asumir una responsabilidad compartida. Esta proyección no solo evita que se enfrente la realidad de la crisis, sino que también alimenta la ecoansiedad, ya que las soluciones parecen inalcanzables cuando la culpa es desplazada.

 

Tratamientos psicoanalíticos y de psicología analítica en relación con la falacia del mundo justo

Los tratamientos que combinan el psicoanálisis freudiano, la psicología junguiana y el trabajo con complejos culturales pueden ayudar a desafiar y desmantelar la falacia del mundo justo en el contexto de la ecoansiedad:

  1. Reconocer la disonancia entre la creencia y la realidad:

Desde una perspectiva psicoanalítica, el terapeuta puede ayudar al paciente a explorar cómo la creencia en un mundo justo está contribuyendo a su ecoansiedad, generando sentimientos de culpa y desesperanza. El proceso terapéutico puede centrarse en ayudar al paciente a reconocer que el mundo no es inherentemente justo y que el cambio climático no es algo que pueda solucionarse únicamente a través de acciones individuales.

  1. Trabajo con la sombra individual y colectiva:

La psicología junguiana ayuda a los pacientes a integrar su sombra, que incluye la aceptación de los aspectos no deseados de uno mismo o de la cultura, como la participación en sistemas que contribuyen a la degradación ambiental. Al aceptar y confrontar estos aspectos, el paciente puede desarrollar una relación más equilibrada con su papel en la crisis ecológica, sin proyectar la culpa únicamente en sí mismo o en los demás. Esto incluye reconocer las limitaciones personales y abrazar la necesidad de acciones colectivas para enfrentar los desafíos climáticos.

  1. Integrar narrativas alternativas:

El trabajo con mitos y símbolos puede ayudar al paciente a superar la falacia del mundo justo al ofrecer narrativas alternativas que reflejen la complejidad y la ambigüedad del mundo real. En lugar de ver el sufrimiento ambiental como una consecuencia de errores individuales, el paciente puede reconectar con mitos culturales de renacimiento y restauración, que promueven la idea de que el cambio positivo puede surgir del caos. Esto puede aliviar la ecoansiedad al proporcionar una visión más amplia de la relación entre la humanidad y la naturaleza.

  1. Reevaluar el papel del individuo en el contexto colectivo:

En el trabajo con complejos culturales, es importante que el paciente aprenda a reevaluar su papel en la crisis climática. La terapia puede ayudar a los pacientes a superar la idea de que el destino del planeta recae exclusivamente sobre sus hombros, facilitando una visión más realista de la crisis climática como un problema sistémico que requiere esfuerzos a nivel global. Esta reevaluación puede disminuir la ecoansiedad al redistribuir la responsabilidad de manera más justa entre los actores individuales, colectivos y estructurales.

 

La falacia del mundo justo contribuye a la ecoansiedad al hacer que las personas internalicen la culpa y la responsabilidad de una crisis que, en realidad, tiene causas sistémicas. Los enfoques psicoanalíticos y de psicología junguiana ofrecen herramientas para desafiar esta creencia, permitiendo al paciente reconocer la complejidad de la crisis ecológica y su rol dentro de ella. El trabajo con los complejos culturales también es crucial, ya que ayuda a desmantelar las narrativas culturales que promueven la idea de que la justicia y el equilibrio son automáticos, y que el sufrimiento es una consecuencia justa de los errores humanos. Al abordar tanto los aspectos personales como colectivos, el tratamiento ayuda a las personas a transformar su ecoansiedad en una conciencia más realista y equilibrada, promoviendo la acción constructiva y colectiva frente a la crisis climática.

Futuro de las psicoterapias

Se ha presentado un texto que amplía el campo habitual de reflexiones y que señala la necesidad de tener en cuenta los desafíos actuales de la población y la integración de la psicoterapia con la praxis política.

Pero yendo un poco más allá la propia profesión está en riesgo de ser sustituida por las Inteligencias Artificiales.

Actualmente hay estudios que señalan que muchos sujetos prefieren interactuar con ChatGPT que con médicos.

¿Es sorprendente? Si, pero es entendible. Muchos médicos atienden a sus pacientes mirando las pantallas de ordenadores en vez de a sus pacientes. Cada vez se obliga a los médicos a ser gestores que sanitarios y no se les forma en empatía además del poco tiempo que disponen para atender las demandas y de la presión a la derivación a técnicas diagnósticas y a especialistas. A las IAs se las entrena para ser empáticas en el diálogo, el sujeto se siente atendido y escuchado, además las IAs pueden ir haciendo preguntas personalizadas escalonadas. Y las IAs pueden consultar bases de datos a las que acuden y extraen informaciones importantes que pueden llegar a diagnósticos y propuestas de tratamientos con más eficacia que un humano que tiene límites en la capacidad de memoria y está afectado por el contexto: su situación personal, la presión asistencial.

En las psicoterapias que funcionan con protocolos de programas por pasos para solucionar problemas clínicos sin tener en cuenta la relación terapéutica las IAs podrán sustituir a los terapeutas

Las psicoterapias que se basan en la conciencia humana y sus aspectos inconscientes y den importancia a la relación terapéutica, la alianza, la transferencia, los símbolos … Será más difícil que las IAs suplan a los humanos.

Estas disquisiciones conducen a la necesidad de enfatizar los aspectos específicamente humanos en la formación y en la praxis sanitaria del profesional, para que las intervenciones se basen en la creatividad, ya que las herramientas más mecánicas las van a poder realizar las IAs quienes pueden convertirse en asistentes muy útiles para el trabajo creativo.

¿Podrá el psicoterapeuta analizar los problemas de salud mental de las IAs?

 

 

 

 

 

Casos para el taller vivencial con psicoteraputas

 

Contexto

Estos casos son reales. Se presenta una exposición breve. La tarea es reflexionar en tres bloques en los que se sugieren preguntas a hacerse. Esas preguntas intentan contemplar las que psicoterapeutas formados en diversos paradigmas podrían hacerse. A algún sujeto alguna de las preguntas puede parecerle extrañas incluso incompatibles con su paradigma.

A.- Diagnóstico: Hipótesis psicodinámicas y evaluación del caso

  1. Intervenciones psicoterapéuticas: Estrategias para el tratamiento
  2. Reflexión sobre el mundo actual y los desafíos futuros en la salud mental

 

Se constituyen tres grupos, uno por caso. La composición de los participantes tiene la condición de que haya sujetos de diversas corrientes de psicoterapia

La tarea transversal es fomentar la diversidad y escucha a otros paradigmas y motivar el interés en conocer sus perspectivas e incluso formarse

 

Caso Clínico: María A.[2]

  • Nombre del Paciente: María A.
  • Edad: 32 años
  • Ocupación: Médica
  • Estado Civil: Soltera, vive con su pareja
  • Motivo de Consulta: Crisis de pareja, dificultades en las relaciones sexuales debido a dolor con la penetración.

 

Historia Clínica:

María, una mujer de 32 años, llegó a España hace 7 años después de completar sus estudios de medicina en su país de origen. Emigró acompañando a su madre durante un proceso oncológico de cáncer de mama, y gracias al esfuerzo económico de sus padres, quienes vendieron sus coches para costear su viaje y su formación en el extranjero. María decidió quedarse en España debido a la situación política y social de su país natal.

Acude a consulta recomendada por una amiga y compañera de trabajo, preocupada por una crisis personal relacionada con su relación de pareja. Inicialmente, la crisis surgió por dificultades sexuales; específicamente, ella refiere dolor durante la penetración, lo que la llevó a buscar tratamiento especializado. Sin embargo, la situación empeoró, desembocando en un rechazo casi total hacia su pareja y la vida que habían construido juntos. María se muestra triste y angustiada porque, a pesar de haberse sentido feliz en la relación, ahora experimenta un cambio repentino que no puede identificar claramente.

María también reconoce haber vivido siempre con mucho miedo a quedar embarazada, algo que es común en las mujeres de su entorno y su país, quienes suelen convertirse en madres a una edad temprana. Desde joven, ella tuvo claro que quería estudiar, ser libre y desarrollarse profesionalmente. En cuanto a su proceso migratorio, dice haberlo vivido sin mayores dificultades, habiendo dejado a su madre «sanada» y con el apoyo de toda su familia.

Debido a sus problemas sexuales, acudió a una terapia específica de sexualidad, pero tras varias sesiones sin mejoras, la terapeuta le sugirió realizar sesiones de «constelaciones familiares» online con muñecos. A través de esta terapia, María concluyó que había algo que la ataba fuertemente a su familia en su país de origen, lo cual le impedía avanzar. Esto lo relacionó con el esfuerzo económico y la ayuda con medicamentos que se sentía obligada a proporcionar a sus familiares.

Desde entonces, María ha empezado a poner límites y a alejarse de ciertos compromisos familiares, rechazando algunas demandas de sus seres queridos. Tras las últimas elecciones en Venezuela, en las que «todo se quedó igual», María volvió a experimentar un cuadro de angustia y ansiedad que la llevó a distanciarse de las noticias y del contacto con algunos de sus familiares. Durante sus últimas vacaciones, sufrió problemas digestivos sin causa orgánica aparente, restringió su dieta y se distanció aún más de su pareja.

Preguntas para el debate:

 

  1. Diagnóstico: Hipótesis y evaluación del caso
  1. ¿Qué trastornos podrían estar presentes en el cuadro clínico de María, considerando sus dificultades sexuales, su miedo al embarazo y sus problemas digestivos?
  2. ¿Cómo influye el contexto migratorio y cultural en la experiencia emocional de María? ¿Puede su proceso de adaptación a España haber contribuido a su crisis actual?
  3. ¿Hasta qué punto el estrés generado por las responsabilidades familiares y el sentimiento de culpa por no cumplir con las expectativas de su familia podrían estar interfiriendo en su vida emocional y sexual?
  4. ¿Qué papel juega el concepto de constelaciones familiares descritas en el tratamiento de María? ¿Debería considerarse como una herramienta válida dentro del proceso psicoterapéutico o plantearse alternativas más estructuradas?
  5. ¿Es posible que exista una relación entre los problemas digestivos de María y su estado emocional? ¿Deberían considerarse estos síntomas como manifestaciones somáticas de un malestar psicológico más profundo?
  6. ¿Qué peso tienen en la sintomatología de la paciente los siguientes conceptos?: proyecto migratorio, duelo migratorio, estrés por aculturación, modelo de aculturación de origen, modelo monocultural vs bicultural, desarraigo…
  1. Intervenciones psicoterapéuticas: Estrategias para el tratamiento
  1. ¿Qué enfoques terapéuticos podrían ser más efectivos en este caso?
  2. Dado el historial de María, ¿sería útil trabajar en la identificación y manejo de los sentimientos de culpa y responsabilidad hacia su familia? ¿Cómo se podrían abordar estos temas en la terapia?
  3. ¿Qué tipo de intervenciones específicas se podrían proponer para tratar sus dificultades sexuales, además de las terapias ya intentadas?
  4. ¿Cómo abordar la ansiedad y angustia de María, especialmente en relación con su percepción de la situación política de su país y su desconexión familiar?
  5. ¿Es recomendable incluir a su pareja en algunas sesiones de terapia para abordar conjuntamente los problemas relacionales que han surgido a raíz de su malestar sexual y emocional?
  1. Reflexión sobre el mundo actual y los desafíos futuros en la salud mental
  1. ¿De qué manera el proceso migratorio y la globalización afectan la salud mental de los individuos, especialmente aquellos que provienen de países en crisis política o económica?
  2. ¿Qué papel juega el estrés post-migratorio y la adaptación cultural en el desarrollo de síntomas ansiosos y depresivos? ¿Cómo pueden los psicoterapeutas abordar estos factores de manera más efectiva en los tratamientos?
  3. ¿Qué impacto tienen las demandas familiares transnacionales en la salud mental de los migrantes? ¿Cómo equilibrar las expectativas de las familias de origen con la necesidad de independencia y desarrollo personal en el país receptor?
  4. ¿Cómo influye el uso de terapias alternativas, como las constelaciones familiares, en la práctica clínica actual? ¿Deberían incluirse dentro de las estrategias de tratamiento convencionales o es necesario desarrollar un marco más estructurado y basado en evidencia?
  5. ¿Qué desafíos plantea la crisis política y económica en Venezuela (o cualquier otro contexto similar) para los migrantes en el extranjero? ¿Cómo influye la falta de control sobre la situación en sus países de origen en su bienestar emocional y cómo pueden los psicoterapeutas ayudarlos a gestionar este tipo de estrés crónico?
  6. ¿Qué importancia hay que dar a una mirada transcultural una necesidad en la práctica clínica?
  7. ¿Qué sesgos culturales consideras que pueden condicionar a un psicoterapeuta español que atendiese a esa paciente?

 

Caso Clínico: El Peso del Mundo Moderno.[3]

Nombre del Paciente: Javier. H.
Edad: 47 años
Ocupación: Profesor de Historia en una universidad local
Estado Civil: Divorciado, sin hijos
Motivo de Consulta: Crisis existencial, sentimientos de impotencia ante los problemas globales y tecnológicos.

Historia Clínica:

Javier ha estado experimentando un fuerte sentido de pérdida y desconexión en los últimos años. Comenta que siente que la sociedad está perdiendo sus valores culturales y que la tecnología está distanciando a las personas, especialmente a sus alumnos, de las raíces tradicionales. Javier es un apasionado de la historia y la cultura, y a menudo expresa frustración con la forma en que la tecnología está transformando la educación. «La brecha digital está destruyendo la educación», menciona en su primera consulta, aludiendo a la desigualdad de acceso a la tecnología que observa en sus estudiantes.

No se vacunó del COVID por la desconfianza que le producían unas vacunas que se habían desarrollado rápido y con tecnologías arriesgadas y que no eran vacunas. Se aisló para no contagiarse. No le preocupó el confinamiento. Sin embargo, pasó un COVID y está seguro que le ha quedado un síndrome poscovid por el cansancio que tiene y una tos persistente.

Además, Javier está profundamente preocupado por el impacto ambiental del consumo tecnológico. Es un ávido defensor de la sostenibilidad, pero siente que su voz es inútil en un mundo tan dependiente de los dispositivos y el consumo. «Estamos destruyendo el planeta con la tecnología, pero nadie quiere cambiar», se lamenta, y expresa que siente que la humanidad se dirige a su autodestrucción.

Se siente en una enorme contradicción pues usa la tecnología, especialmente usa el ChatGPT para que le ayude a expresarse. Como le cuesta mucho expresarse sobre todo en lo emocional, le proporciona a la IA un texto de lo que quiere decir para que la IA le devuelva una mejor expresión y esa es la que usa para comunicarse, incluso para mandar correos al terapeuta mandándole materiales de lo que siente. Ese hecho contrasta con su crítica a las tecnologías y su impacto negativo respecto al enorme consumo energético que requieren y su impacto catastrófico sobre el clima.

Otro de los temas recurrentes en sus sesiones es su miedo a las guerras y catástrofes cósmicas. Durante los últimos meses, ha estado siguiendo noticias sobre conflictos bélicos y teorías sobre desastres naturales o cósmicos que podrían afectar la Tierra. «¿De qué sirve enseñar historia si estamos condenados a repetirla?», se pregunta, cada vez más inmerso en un estado de angustia existencial.

Javier vive solo, con su perro «Ares», un labrador de 9 años que el regaló a su madre muerta hace 4 años, quien se ha convertido en su único vínculo emocional cercano. Explica que siente una conexión especial con Ares, ya que el perro le da una sensación de estabilidad y compañía en un mundo que considera cada vez más caótico.

 

Preguntas para el debate de los psicoterapeutas:

A.- Preguntas para el Diagnóstico:

1.- ¿Cómo describirías el estado psicológico actual de Javier?

¿Qué síntomas concretos indican la presencia de una crisis existencial?

¿Podemos hablar de una posible distimia o depresión encubierta por las preocupaciones globales y tecnológicas de Javier? ¿Diagnóstico de personalidad?

¿Habría que hacer un diagnóstico global o se podría trabajar sin necesidad de ello?

¿Qué dimensiones están desequilibradas en Javier? ¿La personal? ¿La transpersonal espiritual?

2.- ¿Cuál es el impacto de las creencias de Javier sobre los problemas globales en su bienestar emocional?

¿Sus pensamientos apocalípticos y sus temores sobre las catástrofes cósmicas podrían estar exacerbando su angustia?

3.- ¿Cómo influye la relación de Javier con su perro «Ares» en su estado emocional?

¿Podría esta relación ser vista como una manifestación de la proyección de necesidades afectivas no resueltas hacia una figura que le da estabilidad?

4.- ¿Cómo afecta el contexto histórico y social a la percepción de Javier sobre la sociedad actual?

¿Podría su rol como historiador estar influyendo en su sentimiento de repetición de errores históricos y su desesperanza sobre el futuro?

5.- Desde una perspectiva junguiana, ¿cómo podríamos interpretar las preocupaciones de Javier sobre la tecnología y la desconexión cultural?

¿Podrían estas preocupaciones reflejar arquetipos junguianos como el «Viejo Sabio» o la «Sombra colectiva»?

6.- ¿Qué patrones sistémicos familiares o sociales podrían estar influyendo en los sentimientos de desconexión y soledad de Javier?

¿Su divorcio y la ausencia de hijos podrían estar contribuyendo a su percepción de vacío y falta de propósito?

 

B.- Preguntas sobre Intervenciones posibles:

¿Qué técnicas psicoterapéuticas serían adecuadas para abordar la crisis existencial de Javier?

Desde la terapia sistémica, ¿cómo podríamos ayudar a Javier a reconectar con su entorno social y reestructurar su visión de su papel en la sociedad?

¿Podríamos explorar intervenciones que lo ayuden a ver nuevas formas de influencia en su contexto académico y en su vida personal?

¿Cómo se podría trabajar con Javier para ayudarlo a encontrar un equilibrio entre su pasión por la historia y su frustración con los cambios tecnológicos?

¿Podría la creación de espacios de diálogo con sus alumnos o colegas ser una intervención útil para procesar su angustia en el ámbito educativo?

¿Cómo podríamos ayudarlo a concentrarse en el «aquí y ahora» y reducir sus pensamientos catastróficos?

¿Cómo manejar su relación con el ChatGPT como mediador entre el paciente y el terapuuta?

 

C.- Reflexión sobre el Caso y el Mundo Actual:

¿Creen que las preocupaciones de Javier sobre la tecnología y la desconexión cultural son un reflejo de un fenómeno más amplio en la sociedad contemporánea?

¿Cómo podemos abordar en terapia las ansiedades relacionadas con el avance tecnológico y el cambio social, que parecen ser cada vez más comunes?

¿Qué implicaciones tiene la creciente preocupación por el medio ambiente y el colapso planetario en la salud mental de los pacientes?

¿Creen que el «eco-estrés» o la «eco-ansiedad» serán diagnósticos más frecuentes en los próximos años?

¿Qué rol juegan las teorías de conspiración y los temores apocalípticos en la salud mental de los pacientes contemporáneos?

¿Cómo podemos diferenciar entre una preocupación legítima por el futuro del planeta y una posible patología de ansiedad o paranoia?

¿Cómo podría el avance continuo de la tecnología, especialmente la inteligencia artificial y la automatización, impactar la salud mental en las próximas décadas?

¿Cómo deberían prepararse los psicoterapeutas para abordar las ansiedades relacionadas con estos cambios?

¿Creen que casos como el de Javier son una señal de que los terapeutas necesitan integrar cada vez más elementos sociales y ecológicos en su práctica clínica?

¿Hasta qué punto los problemas de salud mental en el futuro estarán ligados a cambios globales en lugar de situaciones individuales?

 

Caso clínico: Enamoramiento Virtual[4]

Nombre del Paciente: Laura G.
Edad: 35 años
Ocupación: Pintora

Estado Civil: Soltera, sin hijos
Motivo de Consulta: estado de depresión profunda

 

Historia Clínica:

Laura, una mujer de 35 años, acude a consulta por primera vez acompañada por su hermano mayor, quien la «obliga» a buscar ayuda debido a su estado depresivo severo que ha empeorado en los últimos seis meses. Laura ha manifestado ideas suicidas, se encuentra de baja laboral, y su estado de ánimo es profundamente negativo. No se cuida, rara vez sale de casa, y sufre de insomnio, miedos persistentes, y pesadillas recurrentes.

Laura había mantenido una relación intensa a través de una red social con un hombre del que creía estar profundamente enamorada. Las conversaciones diarias de unas dos horas se volvieron el centro de su vida emocional, con una conexión que describía como «fácil» y un entendimiento mutuo que sentía profundo, recíproco y único. El hombre también le confesó estar enamorado, y ambos comenzaron a planear un encuentro en persona, a pesar de vivir en ciudades distantes de España.

Sin embargo, justo cuando empezaban a concretar los planes para conocerse, el hombre desapareció sin dejar rastro. Laura intentó contactar con él de todas las formas posibles, pero nunca obtuvo una respuesta. Mientras buscaba explicaciones, comenzó a sospechar que su interlocutor en realidad podría haber sido otro usuario, con quien había tenido una experiencia traumática de abuso sexual en el pasado. Este giro en los acontecimientos sumió a Laura en una profunda depresión, marcada por sentimientos de vergüenza, traición y culpa. Admite que realmente no puede tener certeza de nada, ni siquiera que efectivamente su interlocutor que decía llamarse Juan y tenía un Nick llamativo “querellator” fuese realmente un humano de género masculino.

No puede aceptar haber estado tan engañada, se culpa de su situación y revive las acusaciones de su padre que le decía que era tonta y no iba a hacer nada en la vida.

 

Preguntas para el debate de los psicoterapeutas:

A.- Diagnóstico: Hipótesis psicodinámicas y evaluación del caso

  1. ¿Cuáles son los principales síntomas que presenta Laura? ¿Encajan dentro de un cuadro de depresión mayor?

¿Cómo se manifiestan sus ideas suicidas, insomnio, pesadillas y miedos persistentes? ¿Qué riesgo inmediato de suicidio podemos detectar en su caso?

  1. ¿Qué relevancia tienen las experiencias pasadas de abuso sexual y las acusaciones de su padre en la formación de su autoconcepto actual?

¿Podríamos estar viendo una reactivación de antiguos traumas en la relación que mantuvo por la red social?

  1. ¿Cómo podríamos interpretar psicodinámicamente la relación intensa y digital que Laura estableció con el hombre que desapareció?

¿Podría tratarse de una proyección de deseos o necesidades emocionales no resueltas? ¿Qué vacío emocional intentaba llenar con esta conexión?

  1. ¿Qué mecanismos de defensa podrían estar activos en Laura ante el engaño percibido?

¿Podríamos estar viendo una disociación, idealización o una proyección de su trauma pasado en su relación online?

  1. ¿Cómo influye el autoconcepto de Laura, particularmente los mensajes de su padre, en su tendencia a la culpa y vergüenza?

¿Cómo podrían estar estos mensajes internos perpetuando su estado depresivo actual?

  1. ¿Qué información adicional sería importante obtener para entender mejor la historia de Laura y su dinámica familiar?

¿Cómo fue su relación con otros familiares, amigos o parejas anteriores? ¿Qué experiencias relevantes de su pasado podrían estar influyendo en su depresión actual?

  1. ¿De qué manera su desconexión social actual y su baja laboral están afectando su sentido de identidad y valía?

¿Cómo podemos evaluar el impacto de la pérdida de estas estructuras sobre su estado emocional y la exacerbación de la depresión?

B. Intervenciones psicoterapéuticas: Estrategias para el tratamiento

  1. ¿Qué intervenciones inmediatas deberíamos considerar para abordar sus ideas suicidas?
    • ¿Cómo podríamos implementar un plan de manejo del riesgo suicida y estabilizar su estado emocional de manera segura?
  2. Desde una perspectiva junguiana, ¿cómo podría trabajarse con los sueños recurrentes y las pesadillas de Laura?
    • ¿Podrían los símbolos en sus pesadillas representar aspectos reprimidos de su psique, y cómo podríamos interpretarlos en el contexto de su trauma y depresión?
  3. ¿Podríamos abordar la relación traumática que tuvo en línea utilizando técnicas de terapia de trauma o EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares)?

¿Sería adecuado integrar técnicas específicas para ayudarla a procesar el posible abuso y la experiencia de abandono?

  1. ¿De qué manera la intervención sistémica podría ser útil para explorar las dinámicas familiares subyacentes que contribuyen a su culpa y vergüenza?

¿Cómo podríamos incorporar a la familia de Laura, como su hermano, en el proceso terapéutico para construir un sistema de apoyo?

¿Cómo podríamos ayudarla a desafiar las creencias autodestructivas (por ejemplo, que es «tonta» o «incapaz») y fomentar una autoimagen más saludable?

  1. ¿Qué tipo de psicoeducación podría ser útil para Laura en términos de ayudarla a entender cómo la tecnología y las redes sociales pueden amplificar ciertas vulnerabilidades psicológicas?
    • ¿Cómo podríamos guiarla para evitar idealizar relaciones en línea y fomentar la capacidad de establecer vínculos en el mundo real?

¿Cómo podemos apoyarla para reconstruir relaciones sanas y reales, más allá de los vínculos virtuales?

C. Reflexión sobre el mundo actual y los desafíos futuros en la salud mental

  1. ¿Qué podemos aprender de este caso sobre los peligros de las relaciones virtuales y su impacto en la salud mental?

¿Cómo podrían las redes sociales amplificar la desconexión emocional o vulnerabilidades preexistentes en personas con baja autoestima o con trauma?

  1. ¿De qué manera el fenómeno del “ghosting” (desaparición sin explicación en una relación) y el engaño en línea están afectando las relaciones modernas y la salud mental?

¿Qué estrategias terapéuticas son necesarias para tratar el trauma y la confusión que generan estas experiencias?

  1. ¿Qué implica el aumento de los trastornos de salud mental vinculados a las redes sociales y la tecnología para el futuro de la psicoterapia?

¿Cómo deberíamos adaptar nuestras intervenciones para atender las patologías emergentes relacionadas con la tecnología, como la adicción a las redes sociales o la ciberdependencia emocional?

  1. ¿Cómo reflejan los sentimientos de vergüenza, culpa y baja autoestima de Laura la presión de las normas sociales actuales sobre el éxito y las relaciones?

¿Hasta qué punto las expectativas sociales y la sobreexposición a modelos «ideales» en las redes sociales contribuyen a la depresión y ansiedad en personas vulnerables?

  1. ¿Creen que la dependencia emocional de relaciones virtuales, como la de Laura, será un desafío más común en el futuro para los psicoterapeutas?

¿Qué técnicas o modelos nuevos de psicoterapia serán necesarios para tratar estos casos, especialmente en una era cada vez más digital?

  1. ¿Cómo podríamos abordar los problemas de salud mental derivados de la desconexión física y emocional provocada por la tecnología en nuestras sociedades?
    • ¿Qué papel jugarán las terapias basadas en la reconexión con la naturaleza, el cuerpo y la comunidad como antídotos contra los efectos disociativos de la vida digital?

Epílogo. Ítaca: la odisea de la psicoterapia

Toda psicoterapia profunda es, en cierto modo, una odisea. No porque el paciente deba emprender un viaje heroico hacia un lugar determinado, ni porque exista una meta terapéutica que pueda alcanzarse de una vez por todas, sino porque entrar en la propia psique significa abandonar, aunque sea temporalmente, la seguridad de las costas conocidas. El sujeto llega a terapia con una historia que cree conocer y descubre poco a poco que esa historia contiene territorios todavía no explorados, islas que nunca había visto, monstruos que había expulsado de su conciencia, voces que había confundido con las de otros y paisajes interiores que permanecían ocultos bajo la superficie de su vida cotidiana.

La metáfora de la Odisea resulta especialmente fértil porque el viaje de Odiseo no es únicamente un desplazamiento espacial. Es también una transformación del viajero. Ítaca es el punto de partida y el destino, pero entre ambos se despliega el verdadero acontecimiento: el mar, las pérdidas, las tentaciones, los naufragios, los encuentros con lo extraño, el descenso al mundo de los muertos y, finalmente, el regreso. Del mismo modo, la psicoterapia no consiste solamente en alcanzar un estado final de bienestar. Lo esencial acontece durante el trayecto: en aquello que el sujeto descubre de sí mismo mientras intenta regresar a una casa que, cuando finalmente vuelve a ella, ya no puede ser exactamente la misma.

En términos de la tradición clásica, la odisea posee dos movimientos fundamentales: anábasis y catábasis, ascenso y descenso. La anábasis puede representar el movimiento hacia una mayor conciencia, diferenciación e integración del yo; la capacidad de tomar distancia respecto de los automatismos, reconocer los propios patrones, recuperar la capacidad de elección y construir una relación más consciente con el mundo. Pero ninguna psicología profunda puede detenerse ahí. El ascenso hacia la conciencia exige también una catábasis: un descenso hacia aquello que el yo había dejado fuera de su mapa.

La catábasis es el descenso al inframundo. En la Odisea, Odiseo debe atravesar el territorio de los muertos para consultar a Tiresias. En la psicoterapia, este descenso puede adquirir múltiples formas: entrar en contacto con la sombra, atravesar el duelo, recordar aquello que había sido expulsado, reconocer la propia vulnerabilidad, aceptar la ambivalencia, descubrir la repetición de antiguas heridas o comprender que determinadas imágenes de nosotros mismos deben morir para que otra forma de existencia pueda comenzar. El descenso no es una desviación del camino terapéutico: en ocasiones es el camino.

Jung comprendió particularmente bien esta dimensión de la experiencia. La individuación no es un ascenso luminoso hacia una identidad cada vez más perfecta, sino una confrontación progresiva entre el yo consciente y aquello que la conciencia había excluido. El encuentro con la sombra, con el inconsciente personal y colectivo, con las figuras arquetípicas que aparecen en sueños, fantasías, síntomas y crisis, transforma la idea misma de curación. Curarse no significa convertirse en alguien que ya no tiene oscuridad, sino aprender a habitar conscientemente la tensión entre luz y sombra.

También la terapia sistémica puede ser leída desde esta metáfora. Odiseo no viaja solo. Su destino está unido a Ítaca, a Penélope, a Telémaco, a los dioses, a los compañeros perdidos y a todos aquellos que encuentra en el camino. De manera semejante, el individuo que entra en psicoterapia lleva consigo una red de relaciones. Su sufrimiento no pertenece exclusivamente a su interioridad: se encuentra tejido en las relaciones familiares, las alianzas, las pérdidas, los secretos, las lealtades, las separaciones y las transformaciones históricas de su sistema de pertenencia. La odisea individual es siempre, en algún sentido, una odisea relacional.

Y el mundo contemporáneo ha multiplicado los mares que debemos atravesar. Ya no son solamente los mares de Homero: son también los mares digitales, las redes sociales, los vínculos virtuales, la aceleración tecnológica, la precariedad, la polarización, las crisis ecológicas y climáticas, las guerras y las migraciones. El sujeto contemporáneo puede estar conectado con miles de personas y, sin embargo, sentirse radicalmente solo. Puede tener innumerables imágenes de sí mismo y no saber quién es. Puede enamorarse de alguien a quien nunca ha tocado, experimentar ansiedad ante un futuro planetario que no puede controlar o vivir el duelo por un mundo que todavía existe pero que percibe ya como perdido.

Por eso la psicoterapia contemporánea necesita recuperar la dimensión del viaje iniciático sin convertirla en una nueva mitología simplificadora. No todo sufrimiento es iniciación, ni toda crisis conduce necesariamente a una transformación. Pero algunas crisis contienen una exigencia de transformación que no puede satisfacerse simplemente suprimiendo el síntoma. Hay momentos en que la pregunta terapéutica deja de ser «¿cómo consigo volver a estar como antes?» y comienza a ser «¿quién puedo llegar a ser después de atravesar esto?».

Aquí Cavafis ofrece quizá una de las imágenes más bellas de toda la literatura moderna. Su poema «Ítaca» transforma la Odisea en una reflexión sobre el sentido mismo del viaje. Cavafis no nos dice que abandonemos Ítaca; nos pide, paradójicamente, que la mantengamos siempre delante de nosotros, pero que comprendamos que su valor reside sobre todo en haber hecho posible el viaje.

No reproduzco aquí el poema completo por razones de derechos de autor, pero su núcleo puede expresarse en uno de sus versos más conocidos:

«Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca,
pide que el camino sea largo.»

 

Y esa petición contiene una extraordinaria filosofía de la psicoterapia. Que el camino sea largo. No porque el sufrimiento deba prolongarse, ni porque la terapia deba convertirse en una peregrinación interminable, sino porque una transformación profunda necesita tiempo. El objetivo no es llegar cuanto antes a una Ítaca terapéutica donde todos los conflictos hayan desaparecido. El objetivo es adquirir, durante el viaje, los recursos, la experiencia y la conciencia que permitan finalmente comprender qué era aquello que llamábamos Ítaca.

Cavafis enumera los peligros del viaje —los cíclopes, Poseidón, los lestrigones—, pero su verdadero descubrimiento es que no son necesariamente los monstruos exteriores los que determinan nuestro destino. El miedo puede llevarlos dentro. El viajero que ha aprendido a mirar de otro modo puede descubrir que algunos de sus monstruos pierden poder cuando son reconocidos. En términos junguianos, aquello que permanece inconsciente puede gobernarnos; aquello que puede ser reconocido y simbolizado comienza a entrar en relación con la conciencia.

La psicoterapia es, entonces, también un ejercicio de desmitologización y remitologización. Desmitologizar significa descubrir que determinadas figuras que nos gobiernan —el padre interiorizado, el fracaso, el abandono, el éxito, la culpa, la enfermedad, el enemigo, el amor idealizado— no son necesariamente realidades absolutas, sino construcciones históricas, familiares y psíquicas. Remitologizar significa devolver a la experiencia una dimensión simbólica capaz de producir sentido. No se trata de abandonar el mito, sino de dejar de estar poseído inconscientemente por él y comenzar a dialogar con él.

En este punto, la psicoterapia profunda encuentra nuevamente al pensamiento complejo. La odisea no tiene una sola dirección. Subimos y bajamos. Avanzamos y regresamos. Perdemos y recuperamos. Una persona puede avanzar durante meses y experimentar después una regresión; puede creer que ha resuelto un conflicto y descubrirlo nuevamente bajo otra forma; puede abandonar una identificación y descubrir que otra, más profunda, la sostenía. Desde una perspectiva lineal, estas oscilaciones parecen fracasos. Desde una perspectiva compleja, pueden constituir movimientos necesarios de reorganización.

La anábasis y la catábasis no son, por tanto, dos etapas sucesivas que se completan definitivamente. Forman una espiral. Cada descenso puede permitir un nuevo ascenso; cada ascenso revela una profundidad que todavía no habíamos visto. Es precisamente aquí donde la concepción transpersonal de Washburn resulta especialmente sugerente: el desarrollo no consiste simplemente en ascender indefinidamente hacia estados superiores, sino en un movimiento de diferenciación, descenso, confrontación y reintegración. La verdadera transformación no consiste en escapar de las profundidades, sino en regresar de ellas con algo que pueda ser incorporado a la vida.

Y quizá la diferencia fundamental entre una psicoterapia meramente adaptativa y una psicoterapia profunda pueda formularse con la metáfora de Ítaca. La primera puede preguntarse cómo conseguir que el viajero llegue más rápidamente a puerto. La segunda pregunta qué habrá aprendido el viajero sobre sí mismo durante la travesía.

Porque Ítaca no tiene por qué ser un lugar. Puede ser una imagen del sí-mismo, del sentido, de la reconciliación con la propia historia, de una existencia capaz de asumir sus contradicciones. Puede incluso ser aquello que nunca terminamos de alcanzar. Y quizá sea mejor así. Porque si Ítaca pudiera poseerse completamente, el viaje terminaría en la posesión de un objeto. Pero Cavafis nos enseña algo distinto: que Ítaca vale porque nos ha hecho viajar.

Al final, Odiseo vuelve a casa, pero ya no es el hombre que partió. La casa tampoco es exactamente la misma. Penélope ha esperado, Telémaco ha crecido, los pretendientes han desaparecido y el propio Odiseo lleva dentro de sí todas las islas que atravesó y todos los muertos que encontró. Regresar no significa volver al punto de partida. Significa poder volver siendo otro.

Esa es la finalidad última de la psicoterapia: no devolver al sujeto al lugar psicológico del que salió, sino permitirle regresar a su propia vida con una relación diferente consigo mismo. Con sus muertos, con sus sombras, con sus vínculos, con sus pérdidas, con sus deseos y con aquello que todavía no conoce de sí.

Por eso, ante la complejidad del mundo contemporáneo, quizá la pregunta terapéutica más profunda no sea «¿cómo eliminar el sufrimiento?», sino otra, mucho más antigua:

¿Hacia qué Ítaca estamos viajando?

Y, sobre todo:

¿qué clase de hombre o de mujer seremos cuando finalmente lleguemos a puerto?

 

Pero la metáfora de Ítaca se vuelve todavía más radical cuando afirmo que el puerto último es la propia muerte. Entonces la psicoterapia deja de poder concebirse como un simple trayecto hacia un estado definitivo de equilibrio, adaptación o bienestar. No existe una Ítaca psicológica en la que el sujeto pueda desembarcar para quedar finalmente terminado. Hasta el último instante, la individuación permanece abierta, porque vivir es estar sometido a una continua transformación de la relación entre el yo, el inconsciente, los otros y el mundo.

Desde esta perspectiva, la muerte pertenece al propio proceso de individuación. Es su horizonte y, en cierto sentido, su última transformación. El sujeto que muere ya no es exactamente el mismo que emprendió el viaje, ni siquiera el mismo que fue durante los últimos años de su vida. Ha atravesado pérdidas, encuentros, amores, separaciones, enfermedades, descubrimientos, renuncias y metamorfosis. La identidad ha sido una sucesión de muertes y renacimientos parciales.

Así, la catábasis adquiere una dimensión última. Hemos descendido muchas veces durante la vida: a nuestros duelos, a nuestras sombras, a nuestros fracasos, a nuestras heridas y a aquello que creíamos perdido para siempre. Pero existe una última catábasis que ya no es simbólica. La muerte es el descenso definitivo hacia un territorio que la conciencia no puede representar desde dentro de la experiencia. La psicoterapia puede acompañar al sujeto hasta el umbral, pero no puede atravesarlo en su nombre. Puede ayudarle a elaborar el miedo, el duelo anticipado, la pérdida y la necesidad de desprendimiento, pero la última transformación permanece fuera de toda técnica.

Y aquí la metáfora de Odiseo adquiere una resonancia diferente. Su viaje hacia Ítaca parece tener un final porque la narración puede detenerse cuando vuelve a casa. La vida humana, en cambio, introduce una paradoja: cuando llegamos al puerto definitivo, ya no podemos narrar el viaje desde el otro lado. La muerte clausura la posibilidad de continuar diciendo «yo», pero no necesariamente clausura el significado de la existencia vivida. Lo que queda es la trama de relaciones, recuerdos, obras, palabras, imágenes y transformaciones que el sujeto ha dejado en aquellos con quienes estuvo vinculado.

La muerte, por tanto, transforma al sujeto incluso – y esa es una hipótesis que estoy investigando- cuando antes se resistió a la transformación. Transforma su lugar en la memoria de los otros, transforma el significado de su biografía y reorganiza las relaciones de quienes permanecen. Desde una perspectiva sistémica, la muerte de uno modifica el sistema entero. Desde una perspectiva junguiana, confronta al yo con el límite radical de su omnipotencia y con el misterio de aquello que no puede integrar conceptualmente. Desde una perspectiva antropológica, reactiva los rituales mediante los cuales una comunidad convierte la desaparición biológica en acontecimiento simbólico.

Quizá por eso el verdadero objetivo de la psicoterapia no sea preparar al individuo para vivir sin miedo a la muerte, como si pudiera alcanzar una inmunidad psicológica frente a ella. Es más bien ayudarle a vivir de tal manera que la conciencia de la muerte transforme la manera de estar vivo. La muerte deja entonces de ser únicamente aquello que se encuentra al final del camino y se convierte en una presencia silenciosa que modifica el valor de cada etapa del viaje.

Ítaca estaría, de este modo, siempre delante de nosotros y siempre detrás de nosotros. Es el lugar al que nos dirigimos, pero también aquello que da sentido al movimiento. Y cuando finalmente alcanzamos el puerto, descubrimos quizá que el verdadero viaje nunca consistió en llegar a una identidad definitiva, sino en aprender a transformarnos mientras caminábamos hacia aquello que inevitablemente nos esperaba.

Odiseo llega a Ítaca. Nosotros, en cambio, viajamos hacia una Ítaca que no es solamente un lugar de retorno, sino el límite donde la vida deja de ser viaje y se convierte en legado, memoria y misterio.

Y entonces la pregunta terapéutica final ya no sería únicamente:

¿Hacia qué Ítaca estamos viajando?

sino:

¿qué estamos haciendo de nuestra vida mientras navegamos hacia ella?

 

 

APENDICES

Dos comunicaciones anteriores realizadas en FAPyMPE una online y otra presencial y un taller también en FAPyMPE

Psicoterapia de ventana a ventana. Virtualidad – No presencia física- en la psicoterapia

Mikel García García.  4 marzo 2021

Texto para la conferencia online en FAPYMPE

Presentación.

En la sindemia y especialmente desde el punto de inflexión del confinamiento se ha obstaculizado el desarrollo habitual de las sesiones clínicas y en un contexto que además puede remover en los pacientes material clínico o síntomas que requieren atención para contenerlos. Se encuentra en lo online un recurso adaptativo. La psicoterapia online la venimos utilizando desde hace tiempo. No hay consenso en sus beneficios, indicaciones y contraindicaciones, ni suficiente puesta en común de lo que observamos. A eso se añade que la urgencia actual de su aplicación obvia los riesgos pues la necesidad los banaliza. He estado compartiendo con colegas, algunos me han pedido opiniones incluso ante posiciones de los colegios de psicólogos. Me ha parecido el momento de compartir reflexiones y abrir un debate que sea un comienzo de una investigación para afinar mejor las indicaciones y evitar iatrogenización. Por lo tanto, va dirigido a psicoterapeutas que conozco.

El título hace referencia a la necesidad de que se mantenga claro que cada interviniente se encuentra en un espacio real distante, porque uno de los efectos que he encontrado es en la comunicación online frecuente induce a que se pierda el límite de lo real.

Contexto previo.

En España estamos confinados en la casa desde el inicial “estado de alarma”, medida extrema para frenar la expansión de la pandemia del covid-19, con sucesivas prórrogas. Seguido de una desescalada antes del verano del 2020.

En el confinamiento hubo convocatorias que daban permiso para asomarse colectivamente a las ventanas en medio cuerpo, o a los balcones o a la puerta de la casa, de cuerpo entero. Todo dependiendo de la casa que uno tiene y de lo que quiere hacer respecto a las convocatorias: solidarias (aplausos a sanitarios, …), de protesta (caceroladas, …).

Los mismos espacios de interface comunicativa también se usaron para curiosear la calle y vigilar a los transeúntes traidores al confinamiento.

La vía preferente de comunicación con el mundo fue la red analógica o digital. TV. Radio, internet. La comunicación digital en internet siempre nos facilita tener identidades camaleónicas y suplantar identidades, y hay datos que apuntan a que eso se incrementó mucho, con múltiples ofertas que llenaban el vacío, y organizaban la vida de los confinados, algunas con ofertas gratuitas, otras con las plusvalías del mercado, suscripciones a Netflix, a la plataforma ZOOM…  Y de modo masivo en el capítulo de fakenews y la deepnew, con el efecto destructivo que tiene en la comunicación, y el aumento de la desconfianza y paranoia.

Efectos iniciales en las psicoterapias

“A los psicoterapeutas autónomos, que trabajan en la privada, también nos ha afectado el confinamiento no solo a nivel personal también laboral. La psicoterapia no tiene la categoría de actividad laboral esencial, por lo que si ya antes existía una presión enorme para traspasar la praxis presencial a on-line, el nivel 2 de alarma, ha rematado la presión. La pérdida económica es evidente en una actividad que no se va a beneficiar de ERTES, y otras ayudas estatales. ¿Cubrirán algo los seguros privados, a quienes hayan contratado esa contingencia? En la presión a lo online, los COP han participado sin señalar la importancia de seguir manteniendo consultas presenciales dependiendo de las necesidades de pacientes y estilos de psicoterapia. Mientras algunos sujetos psiquiátricos que no pueden soportar el confinamiento y salen a la calle de un modo “loco” son internados en cárceles en vez de en unidades psiquiátricas. Los psicoterapeutas contratados también están virando al teletrabajo online, sin riesgo de sus economías.

A algunos psicoterapeutas el cambio a lo online les ha fascinado, a otros les ha hecho vencer sus resistencias de una virtualidad online percibida como lejana, sin cuerpo y sin alma, poco personal o despersonalizada. Otros psicoterapeutas descubren que no usaban las tecnologías por resistencias diversas: el trabajo que supone conocerlas, el miedo a su ineptitud en el manejo de la misma y al posible fracaso, … ¿Resistencias del puer aun con apariencia de senex, que se instala en la calma de lo conocido …?  Otros psicoterapeutas ven en esta situación un desafío para salir del “complejo materno” del confort y se les activa el complejo de héroe, con el placer consecuente, y la inflación, si consiguen hacerse con la tecnología. Los psicoterapeutas cuyo setting comunicativo es la palabra lo tienen más sencillo. Los psicoterapeutas de grupo lo tienen difícil. Los psicoterapeutas corporales (reichianos, …) lo tienen bastante más difícil. Los que trabajen con niños muy difícil. Aparentemente los que trabajen con pacientes adultos y con lo inconsciente colectivo, junguianos, lo tienen más fácil, lo personal parece tener menos peso. Insisto en lo de “aparentemente”. Algunos pacientes no quieren cambiar su bitácora de viaje y he detectado terapeutas que lo interpretan como resistencias de los pacientes.

Tendrá interés hacer un estudio retrospectivo de los cambios en los setting por la crisis, las motivaciones a los mismos (foco en las necesidades paciente versus a las necesidades propias). Es posible que lo online persista y se instaure, por las comodidades que aporta, más allá de ser una adaptación, lo mismo que todavía se sigue impidiendo entrar a los aviones con un botellín de agua, medida tomada tras los atentados terroristas del 11s 2001.

¿Las adaptaciones serán respuestas creativas o serán alienantes?”  5 abril 2020

 

Incremento de psicoterapia online.

Parece ahora, en un incremento del reduccionismo, que lo online es inocuo, y que lo es tanto para psicoterapeuta, como para el paciente y para la relación.

¿Seguro?

En mi experiencia he recogido datos que me llevan a reflexiones que comparto. Anticipo que antes de la crisis ya trabajo en psicoterapia online. Pero solo cuando se cumplen dos condiciones: después de que me haya sentido con seguridad para manejarme en el encuadre y con pacientes que considero pueden hacerlo porque existen varios criterios clínicos que lo permiten. Entre ellos: una buena alianza de trabajo; no necesitan el espacio terapéutico como un témenos contenedor estructurante; tienen suficiente estilo autoanalítico, … El pasaje de presencial a online fue por variados motivos. Cambio de lugar de residencia permanente o temporal (viajes de trabajo, estancias de investigación, …) en algunos casos del paciente otros derivados de mi actividad; … La primera sesión online siempre se dedica a explorar lo que moviliza el cambio de encuadre, en ocasiones se necesita más de una. Si el cambio de encuadre sirve se continua con lo online teniendo sesiones presenciales cuando se puede. En estos trabajos online que continúan aparecen particularidades que no están en las presenciales y que requieren poner la atención analítica.

Luego voy a ir citando cuestiones que considero, y que en el cambio brusco actual se intensifican, sin que muchos casos se contemplen siquiera.

En mi caso no tengo problemas de bulto con el uso de la tecnología y me resulta útil.

Las sesiones online se pueden grabar y una vez descargadas por paciente y terapeuta se borran de la red. Este documento objetivo es un documento de trabajo para volverlo a ver y captar algo más que en el tiempo real de la interacción, para ambas partes. Compromete a ambos sobre elementos éticos que pueden reforzar la alianza terapéutica y es un documento jurídico que el paciente pudiera usar en una futura demanda. La ley de protección de datos obliga a custodias de los documentos y otorga a los pacientes el derecho de pedir su historial si lo requieren, incluso los apuntes que hagamos en la carpeta de su historia. Esto mismo marca otra necesidad de que el paciente online esté preparado.

Variables a considerar.

1.- ¿Privacidad?

¿En la casa hay otras personas? ¿Niños? ¿Una pareja que vive la psicoterapia como un enemigo? Tensión entre la espontaneidad y mecanismos de control sobre los otros convivientes. El propio psicoterapeuta se ha metido en la casa, y ve cosas o es testigo de interferencias que no ve en la consulta, su omnipotencia aumenta, al tiempo que disminuyen los mecanismos de control del paciente. ¿Se activa la curiosidad del psicoterapeuta distrayendo su atención en lo que ve? ¿Se activan fugas en el paciente al poner su atención en objetos de su casa o se refugia en las mascotas que pululan por la casa?

¿Es fiable la propia red comunicativa? Aplicaciones tecnológicas más usadas: Skype, Zoom, en ordenador, tablet, móvil, o sin descargarse la aplicación también en página WEB.

¿Hay confidencialidad?

2.- Colaboración en el pasaje transición de encuadre. Alianza de trabajo

Si el paciente que pasa a online e incluso el terapeuta, no se saben manejar con la tecnología tendrán que resolver como lo trabajan. ¿Juntos? ¿El Ps. se lo enseña al Pa.? ¿A la inversa? ¿Recurren a un tercero extraño a su relación?

3.- Sesiones.

¿Se usan micros y cascos que preservan algo más la intimidad y mantienen la cercanía y calidad de la comunicación? ¿Qué nivel de iluminación del otro?

¿Se difumina el fondo o incluso se pone como fondo una foto, una imagen, un logo?

¿Se está cara a cara? ¿Medio cuerpo a medio cuerpo? ¿La distancia virtual del rostro del otro que impacto tiene respecto a la presencial? ¿Están ambos en la misma línea horizontal, o uno más arriba que el otro? ¿Se ve bien la expresión del otro? ¿Mirada a los ojos?

¿Se pueden mantener los silencios necesarios o se usa la palabra para evadir angustias de vacío?

¿Quién inicia la llamada? ¿La conexión es continua? ¿Qué pasa con las interrupciones? ¿Se hacen conexiones múltiples simultáneamente: ¿por Skype y a la vez por WA, …?

4.- Dimensiones que incrementan o disminuyen impacto.

En mi experiencia lo online activa más la dimensión espiritual. Va parejo a la disminución de lo personal.

Más constelizaciones de complejos, material arquetípico, … más sincronías.

Sin embargo, y precisamente por ello, esto es una variable más a considerar sobre la idoneidad de lo online para ciertos procesos clínicos.

En algunos pacientes podrá haber más posesión del yo por lo I.C., y algún terapeuta podría no detectarlo adecuadamente. En el fondo es lo mismo que puede pasar en las presenciales cuando no se atiende analíticamente en su grado preciso lo personal, pero en lo online más intenso.

El mayor peso de la dimensión espiritual es una variable que en mi experiencia ha enriquecido pasajes a lo online en pacientes preparados.

Para finalizar

Todas estas variables y preguntas son primero para el psicoterapeuta. El cambio de encuadre también le afecta, le puede movilizar ciertos aspectos contratransferenciales y activar defensas distintas del encuadre presencial. Después de trabajarse él mismo podrá empezar a dar el paso de la propuesta, a los pacientes que pueda hacerse y atendiendo a las particularidades diferenciales del encuadre.

Planteamientos emergentes.

Más allá de lo referido sobre psicoterapias individuales, esta situación del confinamiento me ha conducido a reflexionar sobre la posibilidad on-line de psicoterapias grupales. Esto es novedoso para mí.

Me parece factible realizar grupos focales por ejemplo centrados en el duelo. Abiertos a la población y que promuevan autoconocimiento, un cierto nivel de inicio de elaboración, o al menos una disposición a profundizar, con la provisión de ciertos recursos para afrontar el trabajo y el contexto de muerte dinamizado por la crisis del coronavirus.

Estaba pensando en montar la actividad y tras la conferencia que impartí el 3 de abril «Los ríos de la muerte» en el ciclo de conferencias de SIDPaJ, decidí lanzar el proyecto.

Grupos de duelo on-line.

En toda crisis la muerte nos ronda más o menos cerca, pero en esta del covid-19 se ha constelado más cercana en lo individual y en lo colectivo. A todos los sujetos mueve los registros de las muertes simbólicas, reabre los duelos del pasado, y de la muerte social, del complejo de persona con el que habitualmente funcionamos: la muerte de lo conocido y la incertidumbre sobre cómo será el nuevo mundo tras la “resurrección”. Además, a algunos sujetos les ha tocado aún más cerca por la muerte de familiares, amigos, colegas, … o porque estos están en alto riesgo.

Lo esencial del diseño de la actividad.

Ciclo de 6 encuentros. Uno cada 15 días.

Psicoterapeuta con experiencia clínica en el duelo y la muerte. Función conducir el grupo y facilitar el trabajo, con un rol de facilitador del proceso de profundización. Actividad psicoterapéutica de grado medio.

Grupo entre 10 a 20 participantes. Horario 19-21h (España GTM+2).

Gratuita para los participantes. Idioma español. De cualquier parte del mundo

Hay que inscribirse y rellenar un material

Los participantes aceptan condiciones: Confidencialidad, …. Participar en la investigación.

Si es posible los grupos se constituirán en función de categorías, dependiendo de su necesidad del trabajo y falta de otros recursos, según sus respuestas al formulario.

El trabajo será en los grupos e Inter grupos. En el último habrá un balance de lo trabajado

Habrá una evaluación final.

 

Resultados

Se realizaron 6 grupos

 

Algunas diapositivas de la presentación

 

 

 

 

 

 

 

 

Traumas gobiernan nuestra vida: tratarlos con cuidado contienen sueños[5]

Mikel Garcia Garcia

 

     Los sueños no decepcionan, no mienten, no distorsionan ni disfrazan nada, sino que anuncian inocentemente lo que son y lo que significan [ ], buscan constantemente expresar algo que el yo[6] no sabe y no entiende (Jung, 1946, párr. 189).

“…Para comprobar lo que ya era una sospecha en mí iluminé el agua y desde su superficie oscura unos ojos grises me tranquilizaron. Era una cara vieja y conocedora: era yo mismo. Y como no hay ningún camino que regrese avancé sobre las aguas negras por el corazón de la noche”. Final de Sueño de flautas (Herman Hesse).

 

Resumen

Esta comunicación presenta varios casos clínicos tratados por el autor con una perspectiva integradora de orientación junguiana. Un modo de tejer en el que se presenta el recurso a relatos mitológicos según la investigación del autor desde hace unos años. Objetivos. Que el lector comprenda mejor tanto los traumas, como aportaciones epistemológicas junguianas a mecanismos de defensa del sí-mismo, que enriquecen la epistemología psicoanalítica. Método. Praxis con materiales clínicos y referencias a investigaciones. Conclusiones. Traumas gobiernan nuestra vida: tratarlos con cuidado contienen sueños

Palabras clave: trauma, mito, paz positiva; perspectiva junguiana; interaccionismo simbólico; hermenéutica.

 

Presentación

“Podemos imaginar “lo traumático” como una herida tal y como la imaginara Janet. También podemos imaginar lo traumático como un agujero negro, un hueco sin rellenar que atrapa cualquier objeto que se le acerque en las proximidades, a la vez que emite cierta radiación letal (radiación de Hawking). Esta imagen la observamos en la práctica clínica. Podemos comprobar que la herida se encapsula y que el sujeto es un atractor de retraumatizaciones, pues induce atracción y reactividad” (García, 2020, p. 111). Según Powers (1995), en el trauma subyace el esfuerzo por autorregular el comportamiento del sistema en torno a sus valores de referencia o atractores. Los atractores son extraños, es decir, caprichosos, dirigen de un modo imprevisible la evolución del sistema, «atraen» constantemente algo afín (nunca igual, nunca distinto) a una particular existencia (Escohotado, 1999).

 

No se presenta aquí el desarrollo de los casos

 

Taller Vivencial: “Caminando Junt@s Hacia la Sombra”

 

En encuentros otoño de FAPYMPE, sábado 1 de octubre 2022.

Características y objetivos: 2 horas de duración. Presentar una manera de trabajo centrada en detectar elementos desconocidos de la interioridad del terapeuta para mejorar sus cuidados.

Requerimientos. Lugar en el que poder desplazarse libremente por el mismo

Participantes: Máximo de 30, con inscripción previa (que se haga al inscribirse en las Jornadas o ese mismo día al llegar) ¿Quiénes? Personas ASOCIADAS y que estén trabajando en la clínica (no estudiantes de prácticas, ni personas de otros ámbitos)

Conducido por:

María Rodríguez (ATESIS) y Mikel García (SIDPaJ)

Explicación

En principio la idea es generar un espacio de trabajo, en forma de taller vivencial, para aquellas personas de nuestras asociaciones que tras las comunicaciones decidan, quieran y deseen iniciar esta propuesta del “cuidarnos como terapeutas” de forma más práctica. Haríamos una evaluación del taller e informe posterior de evaluación de la sesión para valorar si este trabajo pudiera tener continuidad.

 

Realización del taller y resultados

Los participantes taller trabajaron en grupos pequeños. Rellenaron unos materiales. Debatieron sobre un guión de discusión y después se puso en debate en el grupo grande. Una explicación del trabajo se encuentra en la entrada de mi página https://ibiltarinekya.com/project/haciasombra/

El lector encontrará información sobre el taller, podrá ver una entrevista sobre el mismo que Rocío Ruiz me hizo y descargar un archivo con la información, que se dio a los participantes, sobre el concepto de sombra y el trabajo de integración de la misma y con el resultado de un estudio que hice con sus respuestas.

 

[1] El autor del concepto «falacia del mundo justo» es el psicólogo social Melvin J. Lerner. Lerner introdujo esta idea en la década de 1960 y 1970, y la desarrolló a lo largo de su carrera, destacando en particular en su libro titulado «The Belief in a Just World: A Fundamental Delusion» (1980). En este trabajo, Lerner explora cómo las personas tienden a creer que el mundo es inherentemente justo, y cómo este sesgo cognitivo puede llevar a la racionalización del sufrimiento de otros, culpándolos por su propia desgracia. Esta creencia puede tener profundas implicaciones en cómo las personas interpretan la justicia, las desigualdades y los eventos que ocurren en el mundo.

[2] Para taller Enfrentando los Retos de la Psicoterapia en la Aldea Antropocéntrica. En encuentros otoño de FAPYMPE, sábado 5 de octubre 2024. “Retos y Desafíos clínicos y humanos en la práctica de la psicoterapia”.

 

[3] Para taller Enfrentando los Retos de la Psicoterapia en la Aldea Antropocéntrica. En encuentros otoño de FAPYMPE, sábado 5 de octubre 2024. “Retos y Desafíos clínicos y humanos en la práctica de la psicoterapia”.

 

 

[4] Para taller Enfrentando los Retos de la Psicoterapia en la Aldea Antropocéntrica. En encuentros otoño de FAPYMPE, sábado 5 de octubre 2024. “Retos y Desafíos clínicos y humanos en la práctica de la psicoterapia”.

 

[5] Comunicación para VII Encuentros de Otoño FAPyMPE – 2021. 25 septiembre. Se explicaron los procesos de psicoterapia realizados con los casos que se citan

[6] «Debe entenderse por “yo” el factor complejo al que se refieren todos los contenidos de la consciencia. El yo, «cuyo origen es la palabra latina “ego”», no es más que un complejo entre muchos, individual, creado y moldeado en gran medida por la cultura, quien, debido a su tarea en el mundo consciente, suele olvidar que está regido por el sí-mismo, el arquetipo central de la psique, cuya energía tiende constantemente y con fuerza a la integración de los opuestos mediado por el proceso de individuación, donde lo simbólico propende por dar, en la «unicidad», un sentido a la vida. Constituye en cierto modo el centro del campo de la consciencia y, en la medida en que este campo comprende la personalidad, el yo es el sujeto de todos los actos conscientes. La relación de un contenido psíquico con el yo representa el criterio de la consciencia, pues no sería consciente ningún contenido que no se hiciera presente al sujeto». Jung, Aión.

Autor

Mikel García García

Médico y cirujano (Universidad Navarra, 1975). Psicólogo (Universidad San Sebastián, 1982). Psicoanalista junguiano. Formación experiencial y teórica en: Psicoanálisis, Terapia Sistémica Familiar, Psicoanálisis Reichiano (vegetoterapia caracteroanalítica), Psicología Analítica Junguiana, Psicoterapia Transpersonal. Experiencia de Muerte Cercana a los 33 años. Máster en “Astronomía y astrofísica” VIU (Universidad Valencia, 2014). Doctor Internacional en «Estudios Internacionales en Paz, Conflictos y Desarrollo», Universitat Jaume I (UJI Castellón, 2020). Máster en Fotografía Artística y Narrativa Visual (Universidad Internacional de la Rioja, 2022). Máster en Inteligencia Artificial (BIG SCHOOL, Madrid 2024) y Máster en Inteligencia Artificial (Universidad Isabel I, Madrid 2025). 

Colaborador con ONG médicas de intervención internacional, y en programas de formación a personal sanitario de atención Primaria; SIDA; maltrato infantil; muerte digna y a docentes. Especializado en maltrato infantil, trauma, duelo, tanatología, acompañamiento al muriente, integración de sistemas, estados de trance y místicos. Terapeuta de “Grupos de Duelo Online Ventana a ventana” desde confinamiento COVID-19. Psiconauta, antropólogo investigador del alma en la clínica médica y psicoterapéutica y trabajos de campo antropológicos cualitativos y cuantitativos, con énfasis en la Acción Participativa, docencia y divulgación psicopolítica de los hallazgos. Promotor de acciones participativas para el despertar del desierto interior y para la transformación social. Didacta  de la Sociedad Internacional Para el Desarrollo del Psicoanálisis Junguiano (SIDPaJ). Fotógrafo. Buceador. Alquimista. Hilozoísta. Hijo de Hermes. Creador herido. https://bit.ly/mikelcurriculum  iratxomik@gmail.com

La dimensión política de la psicoterapia

La dimensión política de la psicoterapia

Descripción de la imagen
Collage trabajando con inteligencia artificial. Por Mikel García.

 

Resumen

Resumen

El artículo «La dimensión política de la psicoterapia» explora la intersección entre la psicoterapia y las estructuras políticas, y cómo la terapia puede ir más allá de la sanación individual para convertirse en una herramienta de cambio social. Se analizan las convergencias y divergencias entre los enfoques terapéuticos y los sistemas políticos, destacando que la psicoterapia no solo aborda el sufrimiento emocional, sino que también puede ayudar a los individuos a comprender cómo las estructuras sociales y políticas perpetúan ese sufrimiento.

Se enfatiza la importancia de la psicoterapia como un espacio de conciencia crítica, donde los pacientes pueden tomar conciencia de las fuentes sociales de su malestar, como la desigualdad económica o la opresión política. A partir de esta conciencia, la terapia puede empoderar a los individuos para que actúen políticamente y se involucren en la transformación social. La creación de redes comunitarias también se destaca como una herramienta clave para superar el trauma y el aislamiento, fomentando la movilización social y el empoderamiento colectivo.

El texto subraya cómo diferentes sistemas políticos, como la democracia liberal o el autoritarismo, afectan el acceso a la psicoterapia y el papel que esta puede jugar en promover o reprimir la crítica social. En contextos represivos, la psicoterapia puede ser una forma de resistencia pacífica, ofreciendo a los individuos estrategias para enfrentar la opresión. La conclusión central es que lo personal es político, y la psicoterapia no puede desvincularse de las dinámicas sociales más amplias.

Palabras clave: psicoterapia política, conciencia crítica, cambio social, empoderamiento, trauma colectivo, resistencia política, redes comunitarias, sistemas políticos.

Mikel García García, 21 septiembre 2024

 

La Dimensión Política de la Psicoterapia:

Descripción General: Este artículo explora cómo la psicoterapia va más allá de la sanación individual, convirtiéndose en una poderosa herramienta para el cambio social. A través del análisis de la intersección entre la psicoterapia y las estructuras políticas, se revela el papel crucial de la terapia en la concienciación de las causas sociales del sufrimiento emocional, como la desigualdad y la opresión política. Además, se destaca cómo la psicoterapia puede empoderar a los individuos para la acción política y la movilización social.

Características Clave:

  • Psicoterapia política: Descubre cómo la terapia no solo alivia el malestar emocional, sino que también ofrece una comprensión profunda de cómo las estructuras políticas perpetúan el sufrimiento.
  • Conciencia crítica: La psicoterapia proporciona un espacio para que los pacientes reconozcan las raíces sociales de su malestar y actúen para transformar su entorno.
  • Cambio social: La terapia puede convertirse en una herramienta clave para el empoderamiento colectivo y la movilización en pro de la justicia social.
  • Redes comunitarias: La creación de redes es esencial para superar el trauma colectivo y el aislamiento, promoviendo el empoderamiento y la resistencia política.
  • Impacto de los sistemas políticos: Se analizan cómo diferentes sistemas, desde la democracia liberal hasta el autoritarismo, afectan el acceso a la psicoterapia y su rol en la crítica social.

Por qué deberías leer este artículo: Si te interesa comprender el vínculo entre la salud mental y las dinámicas sociales más amplias, este artículo ofrece una visión profunda sobre cómo lo personal es político. Aprenderás cómo la psicoterapia puede ser una forma de resistencia pacífica y una plataforma para fomentar cambios sociales.

Palabras clave referenciales: Psicoterapia política, conciencia crítica, empoderamiento, cambio social, redes comunitarias, sistemas políticos, trauma colectivo, resistencia política.

Conceptos clave relacionados

  • Psicoterapia para el cambio social
  • Intersección entre psicoterapia y política
  • Cómo la terapia aborda la opresión política
  • Empoderamiento a través de la psicoterapia
  • Rol de la psicoterapia en la transformación social
  • Psicoterapia y conciencia crítica en contextos políticos
  • Crear redes comunitarias para superar el trauma
  • Psicoterapia política
  • Cambio social
  • Empoderamiento
  • Conciencia crítica
  • Redes comunitarias
  • Resistencia política
  • Trauma colectivo
  • Justicia social
  • Salud mental y política
  • Terapia y estructuras sociales
  • Activismo a través de la terapia
  • Desigualdad y psicoterapia
  • Movilización social y sanación emocional
  • Contextos represivos y psicoterapia
Comentario autocrítico

Comentario autocrítico

El artículo La dimensión política de la psicoterapia ofrece una reflexión interesante que intenta estar bien fundamentada sobre la interrelación entre el campo de la psicoterapia y las estructuras políticas que influyen en la vida humana. Una de las principales propuestas del texto es su propuesta para conectar el trabajo terapéutico, que a menudo se considera un proceso individual y privado, con la realidad social más amplia en la que se encuentran los pacientes. Esta articulación entre lo personal y lo político intenta ser una de las contribuciones más valiosas del artículo, pues proporciona una visión holística de cómo los problemas emocionales y psicológicos no pueden separarse de las condiciones políticas y sociales en las que se desarrollan.

Uno de los puntos más fuertes del texto es su análisis de cómo diferentes sistemas políticos afectan el acceso y el rol de la psicoterapia. En regímenes democráticos, la terapia es vista como un medio legítimo para fomentar el bienestar personal, mientras que en contextos autoritarios, es vista como una amenaza al control social y político. Esta distinción es útil para entender la relevancia política que puede tener la terapia en la sociedad contemporánea, especialmente en momentos donde las libertades civiles están bajo amenaza en varios países.

Sin embargo, el artículo es generalista, podría ser más detallado en cuanto a ejemplos concretos de cómo la psicoterapia ha funcionado como un medio de resistencia pacífica en contextos represivos. Aunque se menciona esta idea, falta un desarrollo más profundo que muestre ejemplos históricos o actuales de esta resistencia, lo cual ayudaría a fortalecer el argumento. Falta también ejemplificarlo con ejemplos concretos de pacientes tratados en psicoterapia. Además, aunque se menciona el trauma colectivo, el texto no profundiza en cómo la terapia puede abordar el trauma histórico o intergeneracional, que es clave en muchas situaciones de represión política. Integrar enfoques terapéuticos que aborden el trauma social a gran escala podría haber añadido una dimensión adicional a la discusión.

Del mismo modo, el texto podría beneficiarse de un análisis más crítico de los límites que tiene la psicoterapia como herramienta de cambio social. Si bien es cierto que la terapia puede empoderar a los individuos para actuar políticamente, también es importante reconocer que no siempre lleva a un compromiso social o político, ya que muchos procesos terapéuticos se centran únicamente en el individuo y muchas corrientes de psicoterapia no se plantean ir más allá de normalizar al individuo adaptándolo a las condiciones de su sociedad, o no se planean nada más que paliar unos síntomas sin tratar de modificar la estructura de la personalidad.

Por último, el artículo ofrece una visión idealista de la psicoterapia como catalizador del cambio social, ya que el contexto de la realidad política actual presenta desafíos significativos. En muchos lugares, el acceso a la terapia sigue siendo limitado a sectores privilegiados, y las barreras económicas y sociales impiden que grandes grupos de personas puedan beneficiarse de los efectos emancipadores que propone el texto. Abordar estos límites más concretamente habría brindado una perspectiva más equilibrada.

Soy consciente de estos sesgos y de las carencias académicas por no haber incluido citas de propuestas de autores psicoanalíticos, filósofos, políticos, antropólogos, … y de investigaciones sobre esta temática, pero espero que aun con ello el artículo pueda servir para estimular a pensar sobre la importancia de vincular la psicoterapia con las dinámicas políticas, resaltando su capacidad para empoderar a los individuos frente a las estructuras opresivas. Me he permitido la licencia de hacer un artículo ligero de citas y, por lo tanto, más rápido de construir. Con las referencias que aporto a continuación el lector puede hacerse una idea de los autores y obras que me inspiran para mis reflexiones y propuestas.

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Autor

Mikel García García

Médico y cirujano (Universidad Navarra, 1975). Psicólogo (Universidad San Sebastián, 1982). Psicoanalista junguiano. Formación experiencial y teórica en: Psicoanálisis, Terapia Sistémica Familiar, Psicoanálisis Reichiano (vegetoterapia caracteroanalítica), Psicología Analítica Junguiana, Psicoterapia Transpersonal. Experiencia de Muerte Cercana a los 33 años. Máster en “Astronomía y astrofísica” VIU (Universidad Valencia, 2014). Doctor Internacional en «Estudios Internacionales en Paz, Conflictos y Desarrollo», Universitat Jaume I (UJI Castellón, 2020). Máster en Fotografía Artística y Narrativa Visual (Universidad Internacional de la Rioja, 2022). Máster en Inteligencia Artificial (BIG SCHOOL, Madrid 2024) y Máster en Inteligencia Artificial (Universidad Isabel I, Madrid 2025). 

Colaborador con ONG médicas de intervención internacional, y en programas de formación a personal sanitario de atención Primaria; SIDA; maltrato infantil; muerte digna y a docentes. Especializado en maltrato infantil, trauma, duelo, tanatología, acompañamiento al muriente, integración de sistemas, estados de trance y místicos. Terapeuta de “Grupos de Duelo Online Ventana a ventana” desde confinamiento COVID-19. Psiconauta, antropólogo investigador del alma en la clínica médica y psicoterapéutica y trabajos de campo antropológicos cualitativos y cuantitativos, con énfasis en la Acción Participativa, docencia y divulgación psicopolítica de los hallazgos. Promotor de acciones participativas para el despertar del desierto interior y para la transformación social. Didacta  de la Sociedad Internacional Para el Desarrollo del Psicoanálisis Junguiano (SIDPaJ). Fotógrafo. Buceador. Alquimista. Hilozoísta. Hijo de Hermes. Creador herido. https://bit.ly/mikelcurriculum  iratxomik@gmail.com

Poder personal poder político

Poder personal poder político

Poder personal, poder político: Ego y sombra.

Imagen Cuadro «Sisyphus» de Tiziano1549

Mikel García Garcia  2017

Texto

El poder personal, es un sentimiento, no una emoción. Como tal tiene una historia de desarrollo que se inicia en el nacimiento hasta “construirse”. Un poder personal real resulta de la capacidad de hacer concordar emociones, representaciones y actos en una conducta bien articulada, integrada internamente y adecuada a la situación exterior. Se obtiene mediante la experiencia de resolución de los conflictos internos y externos, la educación y la capacidad de enfrentamiento agresivo (no violento), en un contexto de haber sido amados y pudiendo llegar a amar la vida y desear vivir en ella. Implica creación y conocimiento de nuestros límites y posibilidades. Es el fundamento para ejercer nuestra libertad asumiendo la responsabilidad que conlleva.

El poder político, tiene una acepción más pragmática. Es una extensión del poder personal aplicado a la relación con otros, aunque sean dos sujetos. Ejercer el poder implica siempre un acto de cierto dominio. Aceptamos el poder político cuando el dominio propicia bienestar y no se hace contra el individuo, aunque le fuerce a ser activo y a abandonar la comodidad.
La dominación es prepotencia, terror, injusticia, mentira, genera victimización y resentimiento, es causa del sufrimiento. La tiranía, basada en el miedo, es el ejemplo más eficaz del ejercicio de dominación.
Sabemos distinguir si en nuestras familias, escuelas e instituciones, nos han impulsado hacia el poder personal o hemos vivido la dominación y la tiranía. Hoy es difícil encontrar una comunidad libre de tiranía.
Los poderes políticos, religiosos y económicos, se fortalecen a partir de renuncias individuales que hacemos cotidianamente para adaptarnos a un ambiente opresor tratando de evitar el sufrimiento: el «pesimismo» por fijarse solo en las carencias y desconfiar de las capacidades propias; el «relativismo» por el miedo a la decisión y sus riesgos; la “resignación”, aceptada por parecer «realismo» que justifica cualquier abuso; la «patología mental» cada vez más extensa que conduce a pedir pastillas que resuelvan mágicamente los problemas; la “identificación con el agresor” para negar el conflicto; ..
Y acabamos aceptando los argumentos del poder, sin percibir su grado de crueldad extrema, en una escalada en la que cada vez tenemos menos poder personal, hasta llegar a ser muertos vivientes, fríos, adictos a cualquier cosa que caliente un poco.

En situaciones de incertidumbre, confusión, alienación, se toman decisiones no racionales apoyadas en valorar las probabilidades en base a los ejemplos más sencillos que acuden a la mente. La función principal es evitar situaciones de riesgo: El razonamiento es sustituido por un automatismo defensivo.

Expresiones como: ¡Tiene tanto ego! ¡Menudo ego tiene!, se proyectan, con gran eficacia, sobre alguna diana-sujeto con la intención de “matarlo socialmente”. Se intenta desacreditar a la persona que defiende, con argumentos, una postura señalando su ego, de esa forma se induce al convencimiento de que lo que sostiene es falso. Es la falacia lógica denominada ad hominem, que es muy poderosa para convencer a quienes se mueven más por sentimientos y por costumbres acomodaticias que por razones. Se atacan no los argumentos sino a quien los produce y, más concretamente, se ataca su origen, raza, educación, estatus social, pasado, moral, familia, posición política, religión, nación, etcétera.

Este uso del Ego como arma, sirve, también de señal diagnóstica sobre el funcionamiento moral de los sujetos, y es más evidente en sujetos que carecen de una conciencia moral madura (postconvencional o cósmica según Kholberg). En los estudios resulta ser mayoritario el funcionamiento de la moral heterónoma, dependiente de las normas que dicta la autoridad. La amoralidad de la falacia, su insolidaridad, su destructividad, no es frenada por actitudes deontológicas, ni por actitudes consecuencialistas, pues ambas buscan un “bien”.  La solidaridad necesaria para que exista una sociedad no proviene de la bondad espontánea de los sujetos sino de un pacto entre múltiples agentes individuales que muestran también su sombra. De un modo u otros estarían en ello Maquiavelo, Hobbes, Mandeville, Montesquieu, Kant, Adam Smith, Hegel, Marx, Deleuze, Jung, …

¡Quien muere antes de morir no muere cuando muere!
¿Hasta cuándo vamos a vivir así?
¿Cuándo te encuentres a ti mismo, será la más feliz o la más amarga de tus horas? ¿Y cuánto te quedará de vida?

Encuesta de opinión

Se trata de puntuar, desde 1 hasta 5, cada concepto según entiendas que influye limitando o facilitando el poder personal – político de los sujetos.

Los conceptos se te presentan aleatorios e incluye unas preguntas sobre género y edad. Para poder enviar hay que contestas a todas. Al finalizar y tras enviar, podrás ver unas estadísticas descriptivas de las respuestas que se van dando incluidas las tuyas. Si hay un conjunto suficiente de gente que conteste haré un estudio analítico que colocaré a finales de junio en esta página.

Gracias por tu colaboración. Mikel Garcia


 

Ir a la Encuesta de opinión

Estos son los conceptos:

Género; Edad; Justicia; Mito; Ignorancia; Conciencia; Anarquismo; Espiritualidad; Instinto; Ciencia; Amor; Sufrimiento; Neoliberalismo; Comunismo; Represión sexual; Patriarcalismo; Religión; Agresividad

 

Un ejemplo de cómo los vas a ver

ciencia

Resultados Encuesta

Hasta 1 de junio 2017     Ver informe y descargarlo en archivo pdf

Género Porcentaje
femenino 66,7
masculino 26,7
transgénero femenino 6,7

 

El lado siniestro de la corrupción

El lado siniestro de la corrupción

La corrupción es un síntoma, relegado a la “sombra”, de la “enfermedad” colectiva e individual, de algunas culturas. Como síntoma tiene un origen, un desarrollo…. genera sufrimiento, malestar, injusticia. Irrumpe en la conciencia, con matiz siniestro, cuando los mecanismos de negación no pueden contenerlo. Su emergencia es oportunidad de cambio personal y colectivo, siendo una de las vías “regias” del trabajo con el inconsciente. En el texto, con una perspectiva psicoanalítica junguiana, se analiza este fenómeno, se presentan herramientas para el trabajo con la sombra, y una breve bibliografía para profundizar.

Mikel Garcia Garcia 10 de noviembre 2014                   Extracto Texto Completo en tienda

Introducción

La corrupción (del latín corruptĭo, corruptiōnis; a su vez del prefijo de intensidad con- y rumpere ‘romper, hacer pedazos’) puede abarcar cualquiera de las siguientes acepciones:
1. Como abuso de poder o mala conducta (empresarial; policial; política: es el mal uso del poder público para conseguir una ventaja ilegítima, generalmente de forma secreta y privada. El término opuesto a corrupción política es transparencia. Esta acepción evoca la ética.
2. Como degradación de algo (Putrefacción; Corrupción de materiales: la alteración de la pureza o integridad de una sustancia, tanto si es por su desmembración, por la mezcla con otras sustancias o por la desviación de su curso esperado).

Leticia Flores Flores en «Reflexiones sobre la corrupción desde una mirada psicoanalítica»: “Corromper, en su sentido textual, viene del latín corrumpere que significa alterar, echar a perder, podrir, oler mal. La corrupción es una palabra que convoca a los sentidos, en particular al olfato. Algo que huele mal, putrefacto. En este infeliz aroma está la memoria del concepto. Corrupción evoca la putrefacción de las carnes, la descomposición del alma humana, la fermentación, la podredumbre de un cuerpo que ha sido infectado por la muerte. La corrupción desintegra los tejidos hasta que el organismo resulta irreconocible, privado de toda huella de moralidad. La palabra, al aludir a la carroña, evoca no sólo lo putrefacto, la pestilencia, sino la peste, el contagio, la diseminación. La corrupción se expande y seduce a todo aquel que se le aproxima. La mordida podría ilustrar, por sí sola, su rostro seductor. Morder refiere, obviamente, a un acto agresivo, morder, ser mordido, aunque también posee un componente erótico. La mordida además exige el acuerdo en secreto, en lo oscurito, y así provocar y convocar la complicidad del otro”

El psicoanálisis junguiano aporta herramientas para la comprensión de la corrupción que voy a tratar de exponer según las entiendo. La estructura de la argumentación es psicoanalítica enriquecida con aportaciones de la filosofía, sociología, antropología… De vez en cuando invito al lector a responder preguntas en un intento de inducir a la reflexión, contrastar lo que sabe con lo que lee, a dialogar con el texto con una actitud de receptividad y de confrontar lo que se elle con las propias opiniones previas como sugiere H.G. Gadamer en “verdad y método”. Si quiere hacerme partícipe de sus reflexiones puede hacerlo volcándolas en un formulario de cuyo acceso informo al final.
En Sudamérica el movimiento psicoanalítico ha trabajado el tema porque lo han vivido muy cercano, algunos han revisado la situación previa a la colonización española y las consecuencias de la misma. Haré referencias a sus aportaciones citando párrafos de alguno de ellos y sus nombres.

La corrupción en España se está convirtiendo en una "vía regia" de acceso a la sombra

es decir a aquello que no queremos admitir ni de nosotros mismos como individuos ni de nuestra sociedad como colectivo, pero que, sin embargo, está profundamente instalado en el corazón de las tinieblas como un timonel que maneja el rumbo de nuestras acciones.
¿Qué ha cambiado para que algo que no sólo ha sido tolerado sino casi admirado se haya convertido en la bestia negra denostada por la indignación que despierta? Hasta los jueces parece que aplican ahora el criterio de ejemplaridad en las sentencias a corruptos.
Una primera aproximación es que la prolongación de la crisis económica está cambiando la percepción de las justificaciones de los juegos de poder pues, hoy, es mucho más evidente que antes, la brecha existente entre los privilegios de acceso a los recursos de los corruptos frente al empobrecimiento y la impotencia de acceder al bienestar del resto de los ciudadanos.
La acumulación de escándalos es el efecto cuantitativo que provoca una variación brusca del estado de un sistema, un colapso de onda en la física cuántica, o como se dice en el materialismo dialéctico marxista siguiendo a Konstantinov «…es la ley por virtud de la cual los pequeños y al principio imperceptibles cambios cuantitativos, acumulándose gradualmente, rebasan al llegar a cierta fase la medida del objeto y provocan radicales cambios cualitativos, a consecuencia de lo cual cambian los objetos, desaparece la vieja cualidad y surge otra nueva». Ahora se han caído las vendas que el ciudadano se ponía para no ver lo que era evidente: lo injusto de un sistema de dominación que era conocido. ¿Es un paso evolutivo? ¿Es un salto cualitativo que cambia la esencia de las cosas, es decir, una revolución? ¿Es una ilusión y el cambio será para reforzar el equilibrio antiguo?
Hacia lo evolutivo o revolucionario. Ahora se va percibiendo al corrupto como déspota, prepotente, gozando de una impunidad sistémica, con falta de empatía y sentimiento de culpa, amoral, antiético, traidor, generador de la crisis por la nefasta gestión de lo público y encima más enriquecido siendo el resto los que pagan el desastre.
¿Podrías citar dos personajes que correspondan a un perfil corrupto y que a pesar de estar detenidos siguen con sus juegos psicopáticos?

Hacia lo iluso o regresivo. Una consecuencia de la habituación a conocer prácticas corruptas es interpretar que la corrupción es un fenómeno universal y, por lo tanto, es que preciso aceptar como inevitable. Como se observa en la trivialización que se hace de la ilegalidad e inmoralidad: ocurre en todos lados,… se dejan de ver como desviaciones éticas y delitos que hay que repudiar y sancionar y se los ve como algo que surge de manera natural. La falta de confianza en la participación y en las acciones colectivas, por un sentimiento de impotencia y de falta de control, estructura una actitud fatalista: no se puede hacer nada frente a la corrupción. La gente está desesperanzada, siente rabia y la expresa con palabras o con actos anómicos. Como parte de esta actitud fatalista, hay una visión pesimista y depresiva de la realidad, “la gente cree que el país se hunde sin remedio”. Ante la imposibilidad de modificar la situación, la alternativa ilusoria es la salida individual, “irse del país”. La corrupción tiene un efecto devastador. En el nivel objetivo se liga al imperio de la pobreza, a la agudización de las desigualdades, a la polarización socio–económica y la disminución general de la calidad de vida de la mayoría de los ciudadanos, por cuanto se desvían ilegalmente importantes sumas de recursos que deberían cubrir políticas sociales, para las cuales los corruptos dicen que no existe dinero para financiarlas. Un país con corrupción no se percibe como estable y por lo tanto será poco deseable como sitio donde invertir. En el nivel subjetivo se generaliza un sentimiento de impotencia, indiferencia y falta de credibilidad hacia los líderes, así como la convicción interna que las condiciones imperantes favorecen al deshonesto y no al que trabaja. La corrupción que promueve el cinismo y nihilismo y merma en los individuos su confianza y aumenta su suspicacia, crea un clima desesperanzador y estimula los mecanismos psicológicos que aumentan la probabilidad de que esos individuos lleguen a tener comportamientos corruptos. El impacto subjetivo no es igual para todos los ciudadanos lo hace de modo distinto en función del género aunque se puede decir que sobre todo en el lado femenino de mujeres y hombres. Los roles tradicionales que estaban cambiando vuelven a ser revisados pues el paro afecta por desigual a hombres y mujeres. La corrupción da lugar a que no se acepten las leyes, a la sensación de desorganización, de que todo está regulado por el azar el gobierno no se ve como eficaz o se ve como cómplice. El síndrome fatalista, se relaciona con las dimensiones de anomia psicológica descritas por Seeman como correlato subjetivo del estado de anomia de un sistema social incapaz de contener a sus miembros.
¿En qué medida te pasa algo esto? ¿Ves diferencias entre tu género y el otro? Haz un rango de más a menos de la gente que conoces según el grado de estar en ese sentimiento fatalista.

Alatas destaca las siguientes características de la corrupción: Involucra a más de una persona; Implica una cierta discreción; Implica una obligación mutua; Los corruptos intentan camuflar estas prácticas tras justificaciones legales; Es una traición a la confianza que los ciudadanos han depositado en personas, grupos, organizaciones e instituciones; Violan las normas de los deberes y las responsabilidades dentro de la dinámica social; Alta ambición personal; Dejar al margen los comportamientos morales, éticos o al margen de la ley; Utilizar el poder, posición o situación social en beneficio propio o de los allegados; Ruptura de los principios de equidad y justicia; La corrupción crece a medida que lo hacen las oportunidades de autoenriquecimiento; Se percibe insolidaridad social; Se facilitan y desencadenan motivaciones para que los otros también se corrompa; Resulta un agravio comparativo; No es corrupto quien quiere sino quien puede.
Caiden saca las siguientes conclusiones referidas a los comportamientos corruptos: “La corrupción es la norma, común a todos los regímenes, economías y sociedades, es endémica, crónica y omnipresente, habitual, repetitiva, parte integral de la política y un problema, universal, perdurable y muy extendido”; Es la debilidad humana y la imperfección organizativa la que hace de la corrupción algo inevitable; La corrupción es contagiosa.
¿Cuál te parece la más relevante? ¿Dirías que falta alguna característica más?

¿Cómo se puede entender que el corrupto pueda hacer ostentación de un poder y un nivel de vida envidiado y ser, por ello, admirado y reelegido, a pesar de y por su corrupción, para los cargos públicos en los que podía seguir delinquiendo?
Se están diciendo muchas cosas en los discursos que se están produciendo últimamente en relación a este tema.
Hay dos en los que me quiero centrar principalmente.
La corrupción es un «problema estructural» y la corrupción «no es un problema de patología».

“Problema estructural”

Freud descubre la clave de lo siniestro: algo que nos resulta familiar, pero también que está oculto.
Lo siniestro evoca: Oscuro, tenebroso o de aspecto desagradable, cubierto de tinieblas, tétrico, cargado de misterio, fúnebre, relacionado con la muerte, perverso, avieso y malintencionado.
Lo siniestro, debemos pensarlo como aquello que se ha encontrado oculto y que sale a la luz; como algo que es familiar pero que en un determinado momento se nos vuelve extraño porque no es igual a como era antes de ocultarse. Eso que estaba destinado a no aparecer jamás y que aparece deformado.
Lo siniestro genera atracción y repulsión a la vez, miedo y familiaridad, comodidad e incomodidad. Como sucede cuando la enfermedad invade el cuerpo, hasta ayer espléndido, lozano, que es súbitamente colapsado por la enfermedad mortal. El misterio de la repetición ha sido abordado por numerosos pensadores: los desastres ecológicos, la guerra, la economía, la tendencia a equivocarse siempre en la misma dirección, la elección de objetos amorosos inadecuados, la tendencia a hacer algo a sabiendas que nos perjudica, e incluso el progreso, son emergentes de la compulsión repetitiva, dependen de lo que Nietzsche llamaba el retorno de lo idéntico, algo de lo que cualquiera de nosotros podemos ser testigos pues lo hemos vivido en carne propia muchas veces. Hay algo de siniestro -de diabólico decía Freud- en esta repetición puesto que el retorno de lo idéntico puede definirse como la vuelta de lo mismo disfrazado con los ropajes de la alteridad, de lo otro. Lo que vuelve no es pues lo mismo sino algo íntimo que aparece en la realidad como si fuera un otro, algo que se le parece mucho sin ser exactamente lo mismo, como un fractal, que se presenta en distinta escala.
¿Cuáles son tus repeticiones más frecuentes?

Freud desarrolló a lo largo de su vida dos teorías para explicar las repeticiones que tendían a ser, en sus pacientes, destructivas para sus intereses y su salud.
La primera fue la de la represión, aquellos contenidos que son rechazados de la conciencia tendían a constituirse en cuerpos extraños que pugnaban por emerger, la compulsión repetitiva sería como la personificación en la realidad de aquello que había escapado a la simbolización. Gracias a la represión podemos soportar lo siniestro que no se manifiesta. Lacan postuló “Aquello que no ha sido adecuadamente simbolizado vuelve a aparecer en lo real”.
Jung llama sombra al conjunto de esos contenidos rechazados de la conciencia e incluye no solo los que propugnan por emerger sino otros que fueron dejados de lado como aptitudes o talentos que el sujeto abandonó en su desarrollo porque no tuvieron espacios dinámicos en las relaciones afectivas. Habrá ocasiones durante el desarrollo de la personalidad en que habilidades importantes sean reprimidas porque no eran apreciadas en el medio en el que el sujeto se desempeñaba. A este tipo de contenidos se le ha llamado el “Oro de la Sombra” ya que se trata de potencialidades que podrían brindarnos satisfacción al desarrollarlas, así como nos ayudarían a crear una nueva síntesis de la personalidad al retomar elementos antes desvalorados.
Un modo prevalente de la emergencia de los contenidos es mediante la proyección. Lo que no se puede reconocer en uno se le atribuye a otro de la realidad externa. El dicho “no se puede ver viga en el propio ojo y se ve la paja en el ojo ajeno” o el circo en el congreso de los diputados cuando el PP le contesta al PSOE “y tú más” son manifestaciones de la sombra proyectada.
¿Reconoces alguna proyección tuya de algo que no quieres reconocer?

¿Cuáles son las causas de que el individuo haya rechazado contenidos al inconsciente personal?

Una convergencia de diversos factores que actúan sinérgicamente en hacer sentir al individuo que no es amado ni acompañado en sus necesidades emocionales sino que más bien es objeto de negligencia o represión: no ser deseado; partos deshumanizados; inconsistencia parental, abandono en fase oral; falta de autoridad y ausencia de límites; represión genital; ideología social sobre la aculturación, religiones imperantes que comercian con lo trascendente; ideología política;…
Según Freud: El niño, en estado de desvalimiento, depende absolutamente de otro. La amenaza de perder su amor obliga al sujeto a renunciar a satisfacer sus pulsiones sobre todo de naturaleza agresiva. La esencia del superyó recae en la herencia que deja el conflicto edípico, esto significa que viene a ser el resultado de la renuncia al deseo y la introyección de la prohibición. A lo que se tiene que renunciar en este caso, es a la satisfacción del deseo. Lo que se prohíbe no es pues el deseo, sino su satisfacción, su realización: una de las maneras de evocar eso que Lacan llamó goce. El niño ante la experiencia de la castración renuncia al objeto de goce sometiéndose a la ley paterna que prohíbe ese goce. El niño se somete a la prohibición, pero no renuncia a seguir deseando aquello prohibido, lo cual paga al precio de una escisión. Aunque renuncia al goce prohibido, mantiene su deseo hacia aquello prohibido. La ley introyectada sería lo que conforma al superyó. El complejo de Edipo nos hace ciertamente a todos culpables.
Perfil del sujeto potencialmente corrupto: Profundamente insatisfecho, inseguro, que reprime su rabia, sometido a la autoridad, sin sensación de control, que inhibe la búsqueda de placer, su agresividad y su creatividad,…
Lamentablemente el perfil de muchos ciudadanos. No es de extrañar que se desee que los sujetos tengan ese perfil, pues un sujeto así de alienado es carne de cañón para ser seducido por el consumismo, para ser violento cuando se lo permitan (guerra justificada), para desear un líder salvífico que le resuelva los problemas, para consumir fármacos anestésicos, para buscar y aceptar un código moral que le dicte su actuación funcionando, por tanto, con una ética heterónoma dependiente de lo externo…
¿Te sientes en este perfil?

Este es un sujeto potencialmente transgresor de la ley, pues no ha interiorizado una ley estructurante que haya sentido como útil porque le hubiera enseñado, la ley se le ha impuesto arbitraria y dolorosamente haciéndole morder el polvo y humillándolo. Sin embargo su transgresión será habitualmente en pequeña escala, en su entorno familiar, buscará satisfacer su insatisfacción, robará, impondrá su poder en relaciones de género,… Se dotará de autojustificaciones para acallar los posibles sentimientos de culpa que le puedan invadir con habituales mecanismos de proyección: el otro es él ha empezado, me ha provocado… Si no se atreve demasiado a transgredir podrá identificarse con el transgresor buscando, mediante esa identificación, realizar algo que desearía y no puede. Votará al corrupto y cuanto más prepotente y narcisista sea ese más le votará y elegirá como representante político. El retorno de los caciques a la democracia: El rey Juan Carlos, Berlusconi, Fabra (Catellón)…
Una fuente de ser corrupto o delincuente es la búsqueda de castigo. la conciencia de culpa y la necesidad de castigo son manifestaciones que Freud deriva directamente de esos montos pulsionales que no han podido ser descargados, es decir, que han tenido que ser sofocados y entonces volcados hacia el yo. En el acto delictivo buscan un tercero, el juez, la justicia, que aplique un castigo. La presencia del tercero es imprescindible. En “El yo y el ello” Freud afirma que un sujeto es susceptible de convertirse en delincuente cuando su culpa inconsciente sufre un incremento y esto en razón del vínculo que el superyó tiene con el ello.
En los grupos los individuos manifiestan sus aspectos más infantiles, se permiten justificaciones mayores para los abusos, las perversiones… el individuo es seducido por el anonimato del grupo y se deja llevar por la masa desenfrenada, en esta masa anónima, la personalidad puede expresar lo reprimido o sus aspectos no reconocidos bajo el amparo y aprobación del grupo. Y si se tiene la oportunidad de acceder a espacios de grupos sociales donde la corrupción es “cultural” su transgresión y acúmulo de riqueza irán en crescendo. Ya no proyectará en otro su transgresión, será el mismo el transgresor y quien se idealice y ahogue a fondo sus sentimientos de culpa.
M. González (1998): «Escuchemos a Freud (1916) comentando la obra Ricardo III de Shakespeare: » Lo que Ricardo ha querido decir es lo siguiente: La Naturaleza ha cometido conmigo una grave injusticia negándome una figura agradable que conquiste el amor de los demás. Así, pues, la vida me debe una compensación que yo me procuraré. Tengo derecho a considerarme como una excepción y a superar los escrúpulos por los que otros se dejan detener en su camino. Puedo cometer injusticias, pues se han cometido conmigo Todos creemos tener motivo para estar descontentos de la Naturaleza por desventajas infantiles o congénitas; y todos exigimos compensación de tempranas ofensas inferidas a nuestro narcisismo, a nuestro amor propio».
Cuando, además, el sujeto es psicopático no se queda pasivamente a la espera de oportunidades propicias, sino que las genera, accede a los espacios de poder más pronto y no necesita autojustificarse tanto pues sus sentimientos de culpa son casi inexistentes. En una organización jerárquica es imprescindible mencionar el Principio de Peter por el que todos participantes en una jerarquía tienden a ascender a su nivel de incompetencia, lucharán para subir en la escala jerárquica y el problema surge en los procedimientos que se utilizan para alcanzarlo. Muchas veces se ve que el que más se corrompe alcanza antes este objetivo generando un clima de desmoralización entre los trabajadores y el ambiente de trabajo se vuelve insoportable sobre todo cuando ocurre que ascienden precisamente los menos válidos. La organización implica la tendencia a la oligarquía, los líderes parecen surgir espontáneamente pero una vez se han establecido se vuelven estables e inmóviles.
M. González (1998): «Cuando el sujeto ha tenido un suficientemente buen desarrollo puede postergar la gratificación, o tolerar la frustración sin que eso le signifique una amenaza contra sí. Cuando esto no se ocurre, la percepción de la propia fealdad o torpeza, de que el mundo no gira alrededor nuestro, de la transitoriedad de la vida, o cualquier suceso que sea percibido como un empobrecimiento del yo, produce en algunos individuos una herida tan dolorosa, e insoportable, que ante la amenaza de derrumbe, toman la opción narcisista, haciendo una inversión libidinal desde los objetos hacia sí mismo, negando al otro, y a sus necesidades. Ante la pérdida del poder o el prestigio, el individuo con déficit narcisista tiende a aferrarse a ventajas o privilegios mezquinos, a perder la generosidad que podía permitirle trascender y obtener el reconocimiento y afecto de los demás y a experimentar una creciente proclividad hacia la corrupción… La corrupción es una tendencia presente en todos los seres humanos; tanto las civilizaciones como los individuos tienen que oponerse constantemente a esta tendencia».
¿Cuál opinas que es el mecanismo más frecuente de la corrupción que conoces: búsqueda de castigo por culpa; compensación insatisfacción ahogando culpa; ausencia de culpa?
La necesidad de poder está presente en todas las relaciones humanas, se dice que el poder corrompe, ¡una falacia! por atribuir al Poder la percepción generalizada de un poder patológico. Si el sujeto se siente potente para gestionar autónomamente sus necesidades no es potencialmente corrupto. Está claro que muchos de los que están en el poder son propensos a la corrupción. Lo que no implica que el poder sea negativo y corrupto en su definición, el problema surge cuando se utiliza de forma inadecuada. Este tipo de poder facilita mucho la corrupción, ya que otorga, a quien lo tiene, más oportunidades de corromperse y de salir impune.
El crimen es un problema de la estructura social. El estado criminaliza los actos de la población con una tendencia a hacerlo en mayor proporción con los sectores en pobreza. Las definiciones del delito son instrumentos normativos que favorecen a los controles e intereses de las clases dominantes. Existe una tradición de “culpabilizar a la víctima”, que consiste en atribuir responsabilidades a la pobreza y/o las minorías raciales y nacionales, sin plantearse un análisis ni alternativas de cambios sobre las condiciones que crearon las mismas. Lo hemos visto también acusando a Teresa Romero de ser la culpable de contagiarse del ébola. La política gubernamental de ofrecer justicia como un favor humanitario (estado benefactor) y no como un derecho humano ha contribuido a cargar negativamente la justicia social.
Sykes y Matza consideran que muchas veces los delincuentes expresan sentimientos de culpa y remordimiento y aceptan las normas y valores de la sociedad convencional. Lo que ocurre es que neutraliza, a través de una justificación verbal o una excusa del comportamiento delincuente. Los procesos de neutralización son los siguientes: Negación de la responsabilidad; Negación de las “lesiones”; Negación de la víctima; Condenación de los condenados; Apelación a lealtades superiores.
¿Cuáles de estas has conocido que se usan?

Categoría de lo siniestro

Freud al presentar la categoría de lo siniestro produce una suerte de subversión en el campo de la estética dado que hasta ese momento las nociones dominantes según la distinción kantiana eran lo bello y lo sublime. La dialéctica de lo siniestro se articula en el movimiento de aparición y desaparición intermitente del rostro deformado por el pecado, la culpa y la inconsciencia, que se alterna con la aBatparición y desaparición de la máscara cotidiana. Para David Lynch todos, en mayor o menor medida, padecemos de este síndrome. Los hombres hacemos el mal constantemente, reflexiona Lynch, y nos resultaría demasiado difícil seguir adelante si tuviéramos que lidiar con ello y arrastrar el peso creciente de nuestras faltas, de modo que tergiversamos los recuerdos, inventamos, hacemos del pasado –y del presente– una ficción que nos satisfaga y seguimos viviendo. Estas ficciones que nos ayudan a vivir sin remordimientos se acumulan como capas geológicas sobre nuestros rostros, una máscara sobre la otra, hasta formar una cara estándar, un rictus aséptico que nos permite movernos por el mundo con comodidad.

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Terciopelo azul, es una película de 1986 dirigida y escrita por David Lynch. Como otras películas de David Lynch, mantiene De forma verdaderamente magistral ha unido los dos mundos: el aparente y luminoso, y el oculto y tenebroso la ambivalencia como el elemento central e irresoluble.

 

Falta algo más para comprender en profundidad.
Más tarde Freud volvió sobre el problema de lo siniestro para formular su segunda teoría en “Más allá del principio del placer”, cuando apela a una instancia psíquica misteriosa y diabólica que para él es constitutiva de lo humano, le llamo instinto o pulsión de muerte. “Erramos juzgando a los hombres mejores de lo que en realidad son” (Freud, 1915).
Freud utiliza de Plauto “Homo Homini lúpus” (“El hombre es el lobo del hombre”) para ilustrar la naturaleza malvada del hombre y que el mandamiento de amor incondicional al prójimo es una desmentida de la realidad misma ya que, por lo contrario, dirá Freud: “el ser humano no es un ser manso, amable, a lo sumo capaz de defenderse si lo atacan, sino que es licito atribuir a su dotación pulsional una buena cuota de agresividad”. Por otra parte, visualiza a la cultura como un elemento represor, que limita los instintos sexuales y la expresión del placer. Así, la cultura es definida en “El malestar en la cultura” como: “toda la suma de operaciones y normas que distancian nuestra vida de la de nuestros antepasados animales, y que sirven a dos fines: la protección del ser humano frente a la naturaleza y la regulación de los vínculos recíprocos entre los hombres”.
Las tendencias pulsionales en sí no son buenas ni malas. En realidad de lo que evidentemente resultan despojadas es de su vínculo con el otro. Éstas son consideradas buenas o malas de acuerdo a los juicios que la cultura le aplica.
Freud formula la oposición entre Eros o pulsiones de vida que buscan la unión, la cohesión en el sentido del mito de Aristófanes en el Banquete de Platón y pulsión de muerte, que busca el estado anterior, inorgánico, donde se articula la compulsión a la repetición. Es tajante cuando comenta, por ejemplo, el precepto cultural de amar al prójimo:
El prójimo no es solamente un posible auxiliar y objeto sexual, sino una tentación para satisfacer en él la agresión, explotar su fuerza de trabajo sin resarcirlo, usarlo sexualmente sin su consentimiento, desposeerlo de su patrimonio, humillarlo, infligirle dolores, martirizarlo y asesinarlo (1930).
Una función de la cultura es, erigir normas que regulen los vínculos recíprocos entre los hombres, los valores, ideales, costumbres, las tareas intelectuales, científicas y artísticas, las especulaciones filosóficas y las normas, son algunos de los rasgos que Freud resalta en la cultura. Dichas normas se caracterizan fundamentalmente por superponer al poder del individuo, el derecho de la comunidad. De esta manera nace la justicia o el orden jurídico que garantiza a la comunidad de dominar el poder y a la violencia del individuo aislado. De ahí la paradoja del malestar, ya que si bien colabora al establecer una vida “armoniosa” en comunidad, etcétera, lo logra sofocando el poder y la violencia que emana dela naturaleza humana. Para vivir en comunidad, es entonces necesario que cada uno contribuya sacrificando la satisfacción de sus pulsiones.
El problema de la “moral” es algo de lo que se ocupa el psicoanálisis, no por la dimensión consciente en la que el sujeto puede discernir, juzgar y decidir lo que es bueno y lo que no es, sino por haber descubierto que la dimensión de la culpa, de la prohibición, del castigo y de la moral rebasan en mucho los dominios de la conciencia. Lo inédito en la reflexión que inaugura Freud es haber descubierto que el “sentimiento” de culpa puede ser desconocido por la conciencia pero tener una existencia inconsciente con efectos en cuyo origen puede reconocerse la culpa. La enfermedad, la melancolía, el fracaso, la repetición, incluso el crimen, pueden tener un origen de orden “moral”.
¿En qué medida crees que esto explica poco o mucho de la corrupción actual?

“El hombre normal no sólo es mucho más inmoral de lo que cree, sino mucho más moral de lo que sabe”.
Las condiciones de la conciencia moral son el desvalimiento infantil y su articulación con el superyó.
Freud reitera que el paso cultural decisivo se da en la sustitución del poder del individuo, de su “violencia bruta”, en el poder de la comunidad. Al coartar las posibilidades de satisfacción individual de la agresión, ese poder, esa violencia bruta se revierte hacia adentro.

Only Lovers Left Alive 2013 Jim Jarmusch
only lovers left alive 1Película ambientada en un Detroit y Tánger románticamente desoladas, Adam, un músico underground profundamente deprimido por la dirección que han tomado los actos de la Humanidad, se reúne con su dura y enigmática amante, Eve.
«El horror —escribe Saúl Peña— engendra una realidad que no se quiere saber y no se puede creer. Produce una sordera activa. La impotencia de actuar frente al horror, paraliza. La ruptura que causan la corrupción y la tortura puede desembocar en un trauma psíquico vital y llevar al individuo a construir nuevas referencias identificatorias con el agresor. En tal caso, el tiempo interior queda cautivo de un pasado que impide al individuo proseguir el movimiento infinito propio del ser vivo. Lo que está afectado no es sólo lo psíquico, también quedan afectadas las garantías metapsíquicas que puedan asegurar su saludable funcionamiento. La violencia de la ley perversa de un sistema dictatorial hiere tanto el cuerpo y el alma del individuo, como su sentimiento de pertenencia a la especie humana».

¿Con lo expuesto hasta ahora de dónde crees viene esta moral? ¿Tiene relación con El Mal?

En unas jornadas sobre psicoanálisis en Valencia presenté aspectos psicoanalíticos a tener en cuenta para explicar cómo se llega al constructo “El Mal”

esPara Freud la pulsión destructiva, tanática, que acompaña al deseo y lo envuelve enmascarado detrás del placer, es algo estructural en el psiquismo humano e irreductible. Esto añade un aspecto muy distinto a lo siniestro pues más allá de lo reprimido está esa pulsión de muerte.
La repetición de fracasos, el retorno de períodos de corrupción después de haber habido limpiezas de períodos anteriores es esperable desde esta conceptualización de la pulsión de muerte que aporta destructividad, manifestándose en nuevos escándalos cuando se daba por hecho que se había hecho lo suficiente por acabar con ellos.
Jung aporta la consideración del arquetipo de la sombra: una sombra colectiva que está operativa en la cultura del sujeto. El termino arquetipo es un concepto propuesto Jung, un poco difícil de explicar, ya que es imposible observar alguno en lo concreto, jamás se podrá estar en contacto directo con ellos, si no, con sus manifestaciones, con los ropajes de los que se revisten, esto es la imagen arquetípica, la cual emerge para revelarse en el plano de la consciencia, haciendo posible la inferencia de la existencia del arquetipo en sí mismo. la Sombra resulta por un lado repulsiva, pero por otro atrayente, ya que es imposible no ser llamado por ese costado obscuro en nuestro interior, y es así que en numerosas culturas siempre ha permanecido algún símbolo para vincularnos con esta, con la parte primitiva, que detestamos en los otros pero no vemos en nosotros mismo, que nos aterra, pero no podemos apartar la vista de ello, ya que siempre se mantiene la intuición de que en ese lugar obscuro, si se logra enfrentar al dragón, se tendrá acceso a ese tesoro escondido que podría sernos de gran utilidad y beneficio.
En cuanto a lo colectivo la Sombra contiene los elementos tabú de la humanidad, aquellas características que han sido dejadas en Sombra a través del tiempo y nos son comunes como especie, entre los que se pueden encontrar referencias al parricidio, el incesto, la antropofagia y características animales, entre las que se encuentra la sexualidad y la agresión, nos remonta al hombre primitivo, guiado por los instintos, Jung la refiere como “la cola del saurio” y puede producirnos temor al confrontarla, como aquel miedo arcaico a la obscuridad, donde la frágil luz de la consciencia se ve amenazada.
Pulsión de muerte y sombra colectiva tienen un denominador común, sobredeterminan el desarrollo de cada sujeto con informaciones que van más allá de las relaciones personales. Sin embargo la sombra tiene un carácter más flexible y susceptible de transformación que la pulsión de muerte que es un postulado más irreductible, por lo tanto puede ir aumentando su intensidad o reduciéndola. Hecho que va a depender del trabajo psíquico de contacto y trabajo individual y colectivo o de la ausencia del mismo que la hace más intensa con los aportes de las proyecciones individuales.
¿Pudo estar Freud influido por arquetipos patriarcales para formular la Pulsión de Muerte?
Hera la esposa y hermana mayor de Zeus es la diosa derrotada por el patriarcado. Cuando nació Heracles hijo de Zeus y Alcmena, Hera decidió vengarse contra Zeus, Heracles y los ligues de Zeus. En un rapto de locura, instigado por Hera, Heracles mató a sus tres hijos, no a su esposa Mégara, y más adelante a su segunda esposa Deyanira. Hera tuvo por partenogénesis un hijo varón: Ares, dios de la guerra cuya misión era inducir a los hombres a la guerra y la destrucción muriendo los hombres en las batallas y dejando, por tanto, a sus hijos abandonados y a sus mujeres viudas. Este es un arquetipo de la destrucción patriarcal. Se construye a partir de una reacción a una situación previa que el patriarcalismo ha derrotado lo que conlleva una pérdida de intensidad de los arquetipos de la época anterior.
Ese arquetipo Ares es equivalente a la Pulsión de Muerte de Freud. La pareja Hera Zeus es una pareja patriarcal en la que ella está dominada después de haber sido vencida, parece que fuese una histérica con una envidia de pene que la lleva a una producción compensatoria omnipotente su falo-hijo que la completa y le permite canalizar su rabia y vengarse sin culpa. Hasta aquí la primera explicación freudiana de lo siniestro. Freud va observando fenómenos clínicos para los que la única explicación anterior no le basta y necesita postular algo nuevo distinto y prepersonal de tipo instintivo que es elevado a algo grandioso transpersonal. En la génesis del arquetipo está el mismo proceso.
El problema es que la pulsión de muerte como otros descubrimientos de Freud como el complejo de Edipo los eleva a rango universal constitutivo y estructurante del psiquismo humano, cuando pueden ser formas muy válidas para una cultura patriarcal como la europea, pero no útiles para otras comunidades humanas del planeta.
La epistemología de los arquetipos de Jung es más flexible, no categórica. Hay arquetipos o modalidades que se circunscriben a una cultura o a varias o a todas.
La sombra colectiva intensifica los fenómenos de la sombra individual, sobre todo en grupo, y se hace más intensa con los aportes de proyecciones individuales, estableciéndose un dinamismo. Lo habitual es que se vaya complejizando e intensificando pues, ni el tiempo transcurrido, ni el simple deseo de mejora ni las buenas intenciones tras episodios históricos de crueldad, de iniquidad, arreglan nada si no se hace un trabajo real con lo reprimido y es difícil que se haga.
Para entender cómo funciona el mecanismo de proyección de la sombra en lo colectivo, se ha estudiado, como ejemplo, las creencias acerca de licántropos y vampiros, que son dos de los mitos más antiguos y difundidos en diferentes latitudes. Al estudiar estos mitos se observa que son símbolos precisos para proyectar los contenidos reprimidos destinados a conformar el arquetipo Sombra, además de que se observa cómo se van nutriendo y evolucionando, de tal forma que se les agregaron las características necesarias para que siguieran vigentes en diversas épocas. También se entiende su vigencia en la época actual. Lo que más fascina es la posibilidad de expresar los instintos y las pasiones con plena libertad, aun aquellas que el sujeto no considera como propias, así la energía arquetípica encuentra vía de escape, posee el plano de la consciencia y hace brotar actitudes antes relegadas a la Sombra. Identificándose con los actores de un film el espectador tiene un tempo en el que canaliza catárticamente aspectos de su sombra. Un mecanismo de regulación de la presión que no sirve para que haya cambios reales en su estructura.
¿Conoces películas u otras obras artísticas que sirvan a estos propósitos?

Si no conoces esta merece la pena la veas: “El secreto de la aldea” Titulo castellano de ‘Poklosie’ en polaco significa ‘Secuelas’. Polonia 2012 Director Wladyslaw Pasikowski. Una obra redonda con una banda sonora de Jan Duszynski que es una maravilla. Se puede observar la creación desde proyecciones individuales y el poder destructor de una sombra colectiva de una población rural católica.
La mayor intensidad de la sombra colectiva acompañada, además, con la relajación de los mecanismos de control propiciados por el sistema de poder corrupto explica que el actual ciclo de corrupción sea más intenso que los anteriores.
Mientras los procesos evolutivos biológicos se rigen por el modelo darwiniano, la evolución de la cultura parece seguir más bien un modelo de tipo lamarckiano de transmisión de caracteres adquiridos, lo que permite una evolución rapidísima, potenciada por la velocidad casi instantánea de los medios de comunicación, comparada con los procesos darwinianos. Un meme es, en las teorías sobre la difusión cultural, la unidad teórica de información cultural transmisible de un individuo a otro, o de una mente a otra, o de una generación a la siguiente. Es un neologismo acuñado por Richard Dawkins en “El gen egoísta” (The Selfish Gene), por la semejanza fonética con gen y para señalar la similitud con «memoria» y «mimesis». La tesis más importante de Dawkins es que los rasgos culturales, o memes, también se replican. Por analogía con la agrupación genética en los cromosomas, se considera que los memes también se agrupan en dimensiones culturales, incrementables con nuevas adquisiciones culturales. La gran diferencia es que, mientras los cromosomas son unidades naturales independientes de nuestras acciones, las dimensiones culturales son nuestras construcciones.
Se relacionan los cambios estructurales bruscos, de tipo político, económico y social, a los que se ha visto sometida la población, con la instrumentación de políticas de ajuste económico, producto de la globalización de un modelo neoliberal, de la que los poderes económicos internacionales hacen participar casi compulsivamente a cualquier Estado que sea deudor de la deuda externa.
Pierre Bourdieu critica el discurso neoliberal, como teoría, a la que define como desocializada y deshistorizada y, como práctica a la que le adjudica la destrucción sistemática de los vínculos humanos y de los lazos colectivos. El programa neoliberal (…) tiende globalmente a favorecer la ruptura entre la economía y las realidades sociales.
Para Bourdieu los Estados deberían contrarrestar la acción destructiva de los globalizados mercados financieros. Sin embargo, actualmente resulta difícil diferenciar, al menos en los países sometidos a las directivas de los centros financieros internacionales, al Estado del propio gobierno. Mal puede actuar como controlador y antídoto de esa acción destructiva de las estructuras y redes sociales, un Estado mimetizado en su organización y fundamentación política y jurídica, con “… la destructiva utopía de un mercado perfecto”.

¿Qué contenidos puede haber en la sombra colectiva española en relación a la corrupción?

Por pertenecer a una cultura occidental europea que proviene de diferentes etnias con distinto peso en el recorrido histórico que va pasando desde el animismo y paganismo hasta una religión monoteísta cristiana, desde las ciudades estado a repúblicas, imperios, feudalismos, reinos, democracias actuales, con múltiples ejemplos de corrupción, abusos, genocidios, guerras de religión, guerras mundiales, nazismo, hay bastante depósito colectivo no elaborado.
De un modo más cercano España tiene particularidades, imperio católico, justificación teológica de la esclavitud de los negros, inquisición, guerras civiles carlistas, guerra civil y dictadura franquista, colaboración de la iglesia con la dictadura, reinstauración de una monarquía puesta por Franco, ETA, período mítico constituyente de la transición (pacto que quiere hacer tabula rasa sin hacer justicia con los verdugos), sacralización de las víctimas de un lado,…
Voy a extenderme solo en urna referencia al manejo de la culpa. El cristianismo postula una culpa original (pecado de Adán) que carga a toda la humanidad y la maldice sin permitirle redención hasta que Dios envía a una parte de sí mismo a encarnarse y morir crucificado redimiendo así a la humanidad. En un plano superficial se está afirmando que el hombre no puede elaborar su culpa, y que esta la paga otro por el que es quien lo redime. Se está enseñando un modelo de que otro pague por lo que yo hago, modelo usado por los corruptos. Y en un plano más profundo es la sombra de Dios la que proyecta al hombre reencarnándose para sufrir el castigo ya que fue dios el pecador. Se presenta un modelo alienta a proyectar la sombra en otro para que pague el pecado.
La “sombra colectiva de corrupción” de una comunidad representa una experiencia condensada de diversos componentes relacionados entre sí, similar a un COEX descrito pos S. Grof. En definitiva una fuente de información que opera como “un complejo” junguiano. Una manera de tratar de identificarlo es revisando los símbolos que aparecen en cuentos mitos, y leyendas propias.

Cada comunidad tiene su complejo o aspecto particular de la sombra colectiva. España es un estado multinacional.
¿En tu comunidad alguna forma particular de esa sombra colectiva? ¿La podrías representar con una imagen?

Saúl Peña, un psicoanalista peruano: “En Perú, la corrupción no tuvo registro en la Época del Tahuantinsuyo Inca. Esta se inició en la Época Colonial con la presencia de los conquistadores, quienes la introdujeron en la sociedad peruana; y continuó en la Época Republicana hasta la actualidad, habiéndose convertido en un grave problema de salud espiritual, con impacto devastador en todos los campos de la realidad social, hasta convertirse en un factor de desestabilización del Estado y de ingobernabilidad. La superación de los traumas históricos y afectivos: el del engaño de Pizarro a Atahualpa y de la experiencia violatoria de la Inquisición con sus consecuentes conflictos étnicos y culturales, es posible. Existe la posibilidad de una «perspectiva restitutiva, reparativa y creativa», «si es que somos capaces de hacer conciencia de nuestro inconsciente histórico, y si somos capaces de integrar los aspectos disociados y escindidos del ser peruano» tanto en su dimensión individual como colectiva”. «El traumatismo histórico, la cultura del crimen, la tortura y la corrupción dan lugar a una patología del lazo social», antes de sentenciar que «es obligación nuestra hacer escuchar a la sociedad y a la humanidad lo que ella no está dispuesta a escuchar y no quiere creer».
No todas las culturas son corruptas pero son susceptibles de ser transformadas al ser conquistadas por otras que si lo son. La cristiana (en sus versiones católica o protestante) han equiparado cruz a espada han tenido sus propias inquisiciones y han aplicado la misma barbarie genocida contra la disidencia religiosa y científica. Algunos estudiosos consideran más evolucionada la protestante, más responsable con el compromiso. La evolución que parte de un error que no repara es un grado mayor de refinamiento represivo de lo emocional, un austericidio, un incremento de la racionalidad fría con mayor componente potencial de sombra. Habitualmente mayor represión produce mayor orden y eficiencia, pero cuando se justifica liberar pulsiones las consecuencias con más destructivas. Los bóers (también llamados afrikáners) eran granjeros de origen holandés que se habían establecido en la zona de El Cabo a mediados del siglo XVII. De fe calvinista y profundamente racistas, habían despojado a los aborígenes de sus tierras.
¿Exportan la misma sombra colectiva un cristianismo católico que uno protestante?

La junguiana Barbara Hanna en “El perro, el gato y el caballo” escribe “Cuenta una leyenda cristiana divulgada en Europa oriental de la que hay una versión lituana que dice que cuando dios creó a Adán lo mandó a dormir después de extraer la costilla de su costado. Mientras, él se recostó para descansar y fumar su pipa y un perro aprovechó su distracción para robarle la costilla. Dios corrió tras él, pero el perro cruzó el rio y a Dios sólo le dio tiempo de agarrar la cola que se desprendió. Así que Dios formó a Eva de la cola del perro”.
Está claro que esa variedad del relato bíblico surge de algo propio de la comunidad que la ha generado y que, a su vez, va a modular la cosmovisión de sus ciudadanos en la medida que el mensaje porta un significado.
¿Qué diferencia puede marcar en las relaciones de género respecto a lo que tú conoces en tu comunidad?

Barbara Hanna comenta “Dios tiene que cambiar sus planes y crear a Eva más animal y menos humana de lo que era su intención original. Las mujeres están más ligadas al instinto y más capaces de enfrentarse al lado ctónico de las cosas”.
¿Te ha ofendido esta afirmación? ¿Es un mensaje literal o simbólico?

En una visita que hice a una chamana Sami en Noruega me decía que no podía entender como las mujeres españolas no sacaban las uñas de una forma colectiva para impedir sin ambages los desahucios cuyas imágenes le llegaban por la televisión, pues la mujer está más cerca de comprender la barbarie y crueldad que implica dejar a las familias sin nido en la calle. Decía que creía que algo grave pasaba en España para que las mujeres dejaran de ejercer su fuerza y responsabilidad en algo para lo que están más capacitadas y delegaran el problema en manos de los hombres o lo masculino quienes tienen más dificultad interna para enfrentar esas tareas pues carecen de la suficiente sensibilidad. Fue impactante escucharla. Deja en evidencia el escaso desarrollo de lo femenino en mujeres y hombres en nuestra cultura como consecuencia de la represión patriarcal. Si hay mujeres que lo hacen como Ada Colau (PAH) pero es insuficiente para lo que la chaman esperaba según ella el problema se podría solucionar en un día si el instinto funcionara.

¿No es patológico?

En el apartado “Problema estructural” ya he introducido bastantes argumentos para reconocer la patología que subyace a la corrupción.
Aquí ahondo en ciertas consideraciones.
Existe una idea explicativa y muy extendida del fenómeno de la corrupción: la corrupción es contagiosa. Es un pensamiento concreto para explicar de una forma didáctica y entendible la manera de propagarse el fenómeno haciéndose más extenso. La metáfora introduce en el imaginario explicaciones que hacen referencia a la enfermedad infecciosa. Se necesita: Un agente patógeno; un enfermo portador del agente; y un receptor al que se le desarrollará la enfermedad. Los médicos sabemos que es fundamental el terreno del receptor para que se desarrolle o no la enfermedad. Si la epidemia se propaga fácil hasta ser una pandemia es o porque los sujetos son muy propensos o porque el agente es muy patógeno o la combinación de ambos. En las enfermedades infecciosas sabemos que cuando un agente patógeno se desarrolla en un sujeto aumenta su patogenicidad y se hace más letal. También que cuando los mecanismos de control fallan (sistema inmune) el agente patógeno desarrolla la enfermedad.
Si se usa esta metáfora es porque el “inconsciente sabe” que se trata de una patología.
Aquí cabe introducir la discusión sobre la realidad o falacia del libre albedrío. Se suele decir que la vida humana está basada en tres grandes ilusiones: La ilusión del amor romántico, la ilusión del libre albedrío y la ilusión del yo. ¿Decide el yo o el inconsciente? Solo apuntar unas pinceladas que aportan el neurocientífico Benjamín Libet. Libet observó que los actos voluntarios venían precedidos por una carga eléctrica específica en el cerebro («el potencial de disposición»), que empezaba cientos de milisegundos antes de que el probando tuviera consciencia de la decisión que iba a tomar. Nuestra experiencia de control consciente de la acción voluntaria es una ilusión; las acciones voluntarias se iniciarían inconscientemente y nuestra consciencia de las mismas vendría causada por procesos físicos cerebrales.
Más que de libre albedrío se trata de “grados de libertad” del yo, instancia que puede elegir actuar o no actuar ciertos contenidos que provienen de iniciativas del inconsciente. Eso cuando el yo es lo suficientemente fuerte y maduro.
¿Elijes con libertad?

En el símil de la enfermedad el receptor es el sujeto potencialmente corrupto por tener una sombra personal de la que no es consciente, el agente patógeno es la sombra colectiva, el sistema inmunitario son los controles sociales, el bloqueador del sistema inmunitario es el neoliberalismo.
También del símil podemos inferir abstracciones. Es posible “vacunar” a la población. El sistema inmunitario es implacable, cuando actúa destruye y mata, la supervivencia no se discute o matas o mueres.

Ebola_virus_Esta imagen es la de un agente patógeno que ha activado la sombra personal de algunos personajes públicos como el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Javier Rodríguez quien ha regado a la opinión pública con algunas perlas que le identifican no solo como corrupto.

 

Se me ha ocurrido crear una imagen, que es una fusión entre el ébola y el cayado del bastón de mando con forma de serpiente, que podría representar el picotazo de la sombra al corrupto político.

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¿Porque he titulado el artículo “el lado siniestro de la corrupción”? ¿Tiene otro lado?

¡Si! el que ilumina el lado siniestro aunque la luz no sea pura. La luz que vemos blanca es el resultado de ondas electromagnéticas de distinta frecuencia, como se ve al observar el espectro de difracción.
Habermas habla de una crisis de legitimación cuando los individuos perciben que sus expectativas no van a poder ser satisfechas con recompensas del propio sistema.
¿Es nómica aquella sociedad donde las prácticas corruptas son comunes? La respuesta es que sí, que son nómicas porque están regidas por las reglas de la corrupción y estas son las aceptadas.

Este es el lado sinestro de la corrupción precisamente cuando lo corrupto, lo no-ético, es lo que impera de modo que lo nómico es ser corrupto en cuyo caso ya no se define como corrupto. Mientras que lo anómico, en ese supuesto, sería definido como corrupto, como desviación de la norma correcta, aunque sea lo ético.
En su Genealogía de la moral Nietzsche aplica su método genealógico al estudio del origen de parecidos mecanismos de inversión, y señala cómo las nociones de «bueno» o de «noble» se invirtieron. Esta inversión llegó a su culminación con el triunfo del cristianismo que engendró una moral de resentimiento contra todo lo vital, una moral de esclavos y débiles; una moral de renuncia que pone toda la vida en función de un falso trasmundo.
En este supuesto los Conformistas de Merton serían los que aceptan los códigos morales pero son no-éticos y los innovadores y rebeldes tendrían una conducta de negación de la moralidad y no-ética imperante.
Interesante el relativismo cultural y las paradojas que surgen. Según el filósofo americano, James Rachels, «el único razonamiento que prudentemente podría usarse para censurar las acciones de cualquier sociedad incluida, es cuestionarnos si la práctica fomenta o limita el bienestar de las personas cuyas vidas se ven perturbadas por ella. Es curioso que Merton llamara innovadores a los anómicos que son corruptos.
¿Por qué innovadores?

En nuestra sociedad no estamos en esta inversión extrema pero si hay suficientes indicios para aceptar que se acepta, tolera, practica y desea la corrupción directamente o delegada en los corruptos con quienes se identifican los sujetos.
La opinión pública es una parte importante de la realidad social, no se debe de olvidar que la corrupción es aquello que la opinión pública en una determinada sociedad considera como práctica corrupta. La opinión pública es lo que la masa, el público o la mayoría de personas o ciudadanos piensan, hablan, imaginan, discuten acerca de un tema relevante para el grupo que manifiesta su opinión. Los medios de comunicación son los que eligen los temas a tratar, proponen los temas que a ellos les interesan, de ahí que muchas veces estemos recibiendo información claramente manipulada. Los medios de comunicación social: No pretenden una objetividad pura; No existe relación entre el discurso lingüístico utilizado y lo que la realidad es; Están presentes en los sistemas políticos, los dictatoriales y las democracias capitalistas avanzadas; Juegan con la verdad y la mentira a su antojo.
Podría postularse la necesidad de un grado de innovador corrupto en el sentido de la segunda acepción de la definición de corrupción: Como degradación de algo… por la desviación de su curso esperado.
Supone una posición de autodefensa, de innovación y creatividad, que implica aceptar conscientemente un “actuar desde el mal” pues “el fin justifica los medios” en la expresión de Maquiavelo.
No es una posición fácil, es incómoda, requiere un sujeto con capacidad que discierna con finura cuando elegir actuar “mal” no es por canalizar su sombra sino por lograr un bien. Cuando no es posible discriminar lo prudente es no actuar.
Jung habla de la aceptación de acciones ‘malas’, incluso espantosas, que la vida nos invita a cometer en aras de un propósito mayor. Solamente podría ser válido para la vida si la acción, rechazable desde una moralidad prevalente, se produce en consonancia con el Self, no del ego. Esto generará al sujeto un sufrimiento real, al renunciar al ideal de una conciencia pura, en una interacción exigente entre el bien y el mal. El requisito de veracidad es que el sujeto de la acción sufra en su propia alma, sin dejarse vencer por la culpa, pues esta mantendría al sujeto paralizado y en la inercia de la negación de la vida, o podría llevarle a la autocompasión o ser causa de una inflación negativa.

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¿No puede defenderse el toro matando-humillando al torero-matador? ¡La fiesta nacional es un arte! ¿Quién es el artista?
¿A quién aplaudirías tú?

¿No hay un arte innovador en saltarse la burocracia agilizando muchos trámites, o poder hacerse con unas ganancias que no se las llevan los políticos corruptos y que pueden revertirse en inversiones que puedan atraer a gente válida que se beneficie y que reinvierta en lo social como manera de fomentar la integración política, o dotarse de un presupuesto ilegal para combatir la corrupción criminal de altos vuelos, o corromper a los corruptos?
¿Y no hay arte en una cierta violencia? El tiranicidio significa darle muerte al tirano, es decir, al gobernante o dirigente que ha dejado su rol de líder y protector de sus gobernados y que se ha convertido en déspota o criminal. La obra de Juan de Mariana “De rege et regis institutione” (Sobre el rey y la institución real) (1599) justifica la legitimidad de destruir a los tiranos. Escrita por sugerencia del rey Felipe II de España y dedicado a su sucesor, Felipe III. Mariana convirtió la doctrina escolástica de la tiranía de un concepto abstracto a un arma con la que golpear a los monarcas del pasado.
El poder pone especial énfasis en bloquear estas respuestas de dos formas por un lado enfatizando las conductas sociales que suponen renunciar al conflicto “la población española es madura y civilizada pues, a pesar de la crisis, no hace grandes manifestaciones” y por otro criminalizando las protestas, dotando de más atribuciones a los cuerpos policiales, endureciendo las penas por organizar manifestaciones en las que grupos marginales ejerzan violencia, persiguiendo a quienes en las redes sociales expresan opiniones que rozan la violencia.
Sin embargo se exculpa, apelando a su libertad de expresión, a Cristina Cifuentes de acusar de proetarra a Ada Colau.
Con ello se vuelve a hacer palpable el doble rasero de medida sobre que es un crimen: el legal y el ilegal. Típico del sistema político corrupto.
¡La expresión de la agresividad requiere innovación creativa: luz roja en haz coherente!

Respondiendo a las cuestiones que han motivado que entre en el debate afirmo que la corrupción es un problema estructural patológico.

Que funciona como una totalidad de varias dimensiones de la existencia siendo la económica solo una de ellas.
Está saliendo a la luz la corrupción económica y la política, falta que salga la sexual de la que se habla en términos muy superficiales o ligados tangencialmente a las otras formas, las prostitutas se usan para complacer y sellar negocios en las transacciones económicas,…
Esta afirmación es una hipótesis antitética de la que considera que la corrupción es un problema estructural no patológico. Esta última impide un análisis dialéctico pues naturaliza, y presenta como irreductible la corrupción.
En esa naturalización convergen Freud, la religión cristiana, Caiden y el liberalismo…
Pero Freud se distancia radicalmente pues denuncia los excesos de una represión excesiva que va in crescendo pues su no tiene contrapuntos de contención. Alguna frustración es necesaria para el crecimiento del sujeto humano, pero en su justa medida. Existe un nivel necesario y estructurante pero un exceso conlleva patología.
¿Diferencias entre Freud, cristianismo, liberalismo?

Freud explica en El Malestar de la Cultura, capítulo III: Esta sustitución del poderío individual por el de la comunidad representa el paso decisivo hacia la cultura. Su carácter esencial reside en que los miembros de la comunidad restringen sus posibilidades de satisfacción, mientras que el individuo aislado no reconocía semejantes restricciones. Así, pues, el primer requisito cultural es el de la justicia, o sea, la seguridad de que el orden jurídico, una vez establecido, ya no será violado a favor de un individuo, sin que esto implique un pronunciamiento sobre el valor ético de semejante derecho… El desarrollo cultural le impone restricciones y la justicia exige que nadie escape a ellas… El hombre jamás dejará de defender su pretensión de libertad individual contra la voluntad de la masa. …La principal renuncia que la cultura le exige al individuo no es la renuncia a la gratificación, sino a la agresión.
Carvajal (2000): «Freud decía: ¿Acaso no estará justificado el diagnóstico de que muchas culturas – o épocas culturales, y quizá aún la Humanidad entera- se habrían tornado «neuróticas» bajo la presión de las ambiciones culturales? (1930). La llamada Cultura del narcisismo, con los medios de comunicación promoviendo el consumo y el éxito económico, el hedonismo, la gratificación inmediata, sería una nueva forma de neurosis cultural (¿o tal vez perversión cultural?) que estaría empujando al individuo a una flexibilización del súper yo, y estimulando el individualismo narcisista, casi en forma adaptativa, para satisfacer las nuevas exigencias de la sociedad. Al proponer la cultura una vuelta al principio de placer, al goce por el goce, el hombre olvida los valores adquiridos y rápidamente se acomoda. Aparece la búsqueda de gratificación narcisista a cualquier precio y con ella, la corrupción en sus distintas formas: dinero fácil, coima, tráfico de influencias, impunidad y otras manifestaciones tan conocidas por todos; el individuo está preparado para aceptarla sin grandes conflictos morales. ¿Sacrificarse? ¿Para qué, si otro va a aceptar? ¿Denunciar? No sirve, o puede resultar peligroso. Empieza la ley del más vivo o él ¿Y por qué no? Todo es posible. Entramos al mundo de lo perverso. La corrupción es el desarrollo cultural y social de un modelo de funcionamiento mental perverso… cuando permitimos la perversión, de manera activa o pasiva, estamos educando en corrupción… al confundir libertad, individualismo, espontaneidad y creatividad, propios de la democracia, con libertinaje, egoísmo, manipulación e invasión irrespetuosa del otro, conceptos propios de la perversión y de su hija natural, la corrupción. Si actúo el impulso crudo, soy perverso. Si enseño a hacerlo, soy corrupto… La corrupción es una manera de negar los hechos perversos, y agregarle un nuevo goce al acto desviado. La cultura del narcisismo tienta, seduce, pervierte al individuo que no está sólidamente comprometido con los valores altruistas».
Según Freud en el momento en que la cultura se aleje de su función esperada, y fuese una sociedad injusta, el individuo se sentiría legitimado para dejar de contener su agresión y búsqueda de gratificación y podría rebelarse contra el sistema, lo que con el tiempo se traducirían en una relajación del superyó cultural y por ende en un cambio valórico de una sociedad, que era injusta, pero no necesariamente corrupta.

El capitalismo no es sólo una forma de organización económica y de reglas de mercado, sino también una ideología que exalta valores–metas, deseables para todos y, sin embargo, sólo alcanzados por unos pocos.
La modernidad líquida de Zygmunt Bauman –como categoría sociológica– es una figura del cambio y de la transitoriedad, de la desregulación y liberalización de los mercados. La metáfora de la liquidez –propuesta por Bauman– intenta también dar cuenta de la precariedad de los vínculos humanos en una sociedad individualista y privatizada, marcada por el carácter transitorio y volátil de sus relaciones. El amor se hace flotante, sin responsabilidad hacia el otro, se reduce al vínculo sin rostro que ofrece la Web. Surfeamos en las olas de una sociedad líquida siempre cambiante, incierta, y cada vez más imprevisible, que es la decadencia del Estado del bienestar. La modernidad líquida es un tiempo sin certezas, donde los hombres que lucharon durante la Ilustración por poder obtener libertades civiles y deshacerse de la tradición, se encuentran ahora con la obligación de ser libres asumiendo los miedos y angustias existenciales que tal libertad comporta.
El egoísmo, en el pensamiento de Durkheim, es “… una individuación excesiva del sujeto con respecto a la colectividad”, se rompen los lazos con los valores y expectativas comunes a la sociedad.
El término «anomia» se refiere a ciertos estados de vacío o carencia de normas aceptadas en una sociedad. Para Durkheim, la anomia, se produce cuando los individuos no encuentran expectativas de comportamiento adecuadas a los cambios bruscos y rápidos, por lo tanto pierden el límite de lo esperable. Para Merton la anomia se origina en la discrepancia entre las aspiraciones culturalmente determinadas y los medios socialmente aceptados para obtenerlas.
¿Qué es antes la anomia o el egoísmo?

Los individuos son expuestos crudamente a un nuevo orden, la indefensión del individuo ante las exageradas demandas de la sociedad de consumo; la progresiva exclusión de amplios sectores de la población del mercado laboral, la cultura laboral de la flexibilidad arruina la previsión de futuro, y de la participación social y política, son hoy, importantes fuentes de anomia. Frente a ello, la corrupción es una forma de acceder rápidamente a los objetivos, al estilo del innovador en la tipología descrita por Merton, para aquéllos que se encuentran ubicados en lugares privilegiados de posibilidad y oportunidad, ya que son las mismas estructuras del sistema las que proveen inmunidad e impunidad. Los resentidos, sobrellevan la frustración de no tener la habilidad o la oportunidad de ser corruptos como forma de mejorar sus condiciones de vida, son la reserva inmoral de la sociedad.
Las otras respuestas descritas por Merton son: Conformidad, el individuo cree que debe conseguir los objetivos con los medios lícitos exclusivamente. Esta respuesta es la mayoritaria dentro de la sociedad; Ritualismo, se renuncia a conseguir las metas y objetivos; Apatía o retraimiento, es un alejamiento de los valores culturales de la sociedad en cuanto a objetivos de éxito y a los medios no lícitos; Rebelión, un grupo o colectividad pone en duda los valores establecidos. Estas personas anteriormente han intentado lograr los éxitos sin desviación.

Fenómenos emergentes del terremoto de la corrupción.

Alternativas al bipartidismo

La percepción de la necesidad de regeneración democrática que obligue a terminar con el bipartidismo de alternancia en el poder, pues es identificado como uno de los problemas que han propiciado la corrupción.
El cuerpo pide a los ciudadanos echar a los dos grandes partidos. Las encuestas reflejan la rabia y desafección. El surgimiento de Podemos como legado del 15M y 25S, que recoge las simpatías de los ciudadanos.
Los partidos reaccionan tarde, a regañadientes y por populismo, pues no quieren perder votos, tomando medidas contra la corrupción en sus filas. El populismo con una significación peyorativa, que es la principalmente usada, es el uso de «medidas de gobierno populares», o «propuestas de medidas políticas populares» destinadas a ganar la simpatía de la población, particularmente si ésta posee derecho a voto, aún a costa de tomar medidas contrarias al estado democrático o ser imposibles. Su objetivo primordial no es transformar profundamente las estructuras y relaciones sociales, económicas y políticas sino el preservar o logar el poder y la hegemonía política a través de la popularidad entre las masas.
Antes de nada, en un ejercicio de sombra, acusan de populista a Podemos. Cuando la estrategia no les da logros en encuestas empiezan a tomar medidas.
Medidas que pretenden recambiar la superficie sin remover el fondo. Es verdad que dejar de ver las caras de algunos políticos deja de producir en el espectador el refuerzo positivo de la aversión que provoca lo que incrementa la indignación.
En una cultura corrupta todos son cómplices y quitar una pieza es complicado. En un nivel superficial los ciudadanos creen que no lo pueden hacer porque el defenestrado podrá vengarse “tirando de la manta” sacando a la luz más trapos sucios. En un nivel más profundo se complejiza porque hay que entender que es un proceso de duelo, el otro, tu compañero a morir o ser matado, lleva en si partes tuyas y si lo matas te matas a ti. Es tan burda la falta de diferenciación que Rajoy puede mandarle a Bárcenas SMS con mensajes de ¡ánimo compañero! Pues se los está dando a él mismo. Ambos niveles están presentes en muchos históricos de los partidos. ¡Y los que no lo están les deben lealtades!
¿Te parece que contribuye más el miedo a tirar de la manta o el no hacer duelo?

El terremoto ha forzado la abdicación y recambio del monarca. La monarquía se defiende antes de fenecer. Llegar a un posible parlamento donde una fuerza como Podemos tuviese bastante representación con el rey Juan Carlos podría haber supuesto la abolición de la monarquía.
El nuevo rey es guay, no provoca aversión, pero ¿Qué hace para cambiar la corrupción?
No es de recibo que esta semana por su participación en el Congreso Nacional de la Empresa Familiar haya dado la mano a la corrupta del PP Sonia Castedo. La incapacidad del PP para echarla es escandalosa pero ¿y el monarca? El argumento «el protocolo, cada uno en su sitio, el que le corresponda» no vale.
El rey ha demostrado estar preso de una moral heterónoma. Ni demuestra dignidad, ni coraje para saltarse el protocolo, dejando en evidencia a quienes no actúan haciendo la limpieza necesaria.
¿Es posible otra respuesta?

Es difícil pensar que el rey haga algo útil pues la monarquía no es una institución para ello pero la ausencia de actos de dignidad, además de mostrarlo, van cavando su tumba y aunque solo fuera por sobrevivir pudiera ser más inteligente. ¿No será que Castedo es republicana? (ver mi artículo “Futuro de la monarquía”).
Esperanza Aguirre practica la máxima de que la mejor defensa es un buen ataque, se metamorfosea en víctima humillada y vilipendiada por dos agentes de movilidad machistas y brutales que solo buscaban prestigio. No pudo acusarles de ser rojos bolivarianos cosa que si achaca a Podemos Ante los casos de corrupción manifiesta Aguirre la misma desfachatez. Actúa como si la cosa no fuese con ella, se muestra indignada haciéndose pasar por la primera damnificada. Ya desde el caso Gürtel como en los momentos actuales con la operación Púnica, pide perdón poco convincente que suena más bien a acusación y a repulsa de los implicados. Ella es un caso típico de prepotencia y corrupción política llegando a dar consejos para regenerar la democracia, aunque estos no tuviesen la menor viabilidad, careciesen de coherencia e incluso fuesen contraproducentes, entrando en la definición de populismo.
Su prepotencia le impele a una locuacidad y a acciones tan significativas para una mirada experta que tendría vergüenza si fuese consciente de hasta qué punto desnuda sus mecanismos.
Proyecta su sombra continuamente pero la traigo a colación por el interés que tiene su posición frente a la emergencia de Podemos contra quien se convierte en abanderada de una lucha que condensa elementos del imaginario y sombra colectiva.
La proyección se su sombra populista en Podemos es la parte más inocente de lo que muestra.
La imagen que presenta de Pablo Iglesias es la de un telepredicador seductor que atrapa a las masas con una intención oculta que es destruirlas consiguiendo primero que le adoren y elijan legitimando así que acabe con la democracia e imponga un totalitarismo, dividiendo a la sociedad y acabando con lo bueno que esta tiene. El populismo es solo una de las estrategias de seducción con la que les tienta.
Hay una figura que recoge en la biblia estas acepciones: Orgulloso, malo, malicioso, astuto, engañador, mentiroso, poderoso, feroz y cruel, quiere ser adorado, seduce al mundo, se opone a lo bueno, cita y tuerce las escrituras,.. Y es el diablo. Y hay una profecía: el diablo se disfrazará apareciendo bajo la forma un anticristo que tratará de destruir y eso sucederá al final de los tiempos.
Aguirre trata de desenmascarar al diablo, ser más astuta que él. Remeda a una lucha entre el bien y el mal reeditando la victoria del arcángel Miguel sobre el diablo.
Convocar estos registros simbólicos tiene su riesgo pero se hace porque se cree que va a resultar beneficioso para la estrategia cosa que ha resultado así en otros momentos históricos.
Tendría más efecto si fuese una estrategia llevada a cabo por alguien que tuviese credibilidad. Cospedal sale a apoyarla con el mismo discurso y con el mismo problema de credibilidad “en diferido”.
La lucha entre bien y mal es, en términos psicológicos, la representación entre el doloroso enfrentamiento de los contrarios opuestos. La mente humana establece polaridades como recurso útil para conocer: separar para discernir los componentes es el paso previo a poder integrarlos en una explicación de orden superior. En la filosofía se representa como tesis-antítesis, síntesis. Tesis prevalente: Cristo es un polo, el del bien que pretende reprimir todo lo oscuro (sombra colectiva), un ideal. Si se está fijado en ese polo se bloquea la ampliación de la consciencia. Antítesis: el anticristo: Síntesis: conciliar el ideal consciente (Cristo como máscara) e inconciente (Anticristo como sombra).
Por lo tanto la psique, lo mismo que la ciencia busca antítesis, necesita la imagen del anticristo, lo busca, pues es necesario para el equilibrio y evolución.
Hay mucha gente que teme al mal, no reconoce el propio y huye de él, y en un intento de librarse lo proyecta en una figura colectiva “el diablo”. Pueden identificarse con Aguirre en esa lucha y estar dispuestos a que les dirija en una cruzada.
Formas del mal que también convoca el recuerdo imaginario de los españoles. Se presenta a Pablo Iglesias como un “Leninista amable” un oxímoron. «Esto es el ciberbolcheviquismo». “El leninismo creó la Cheka, que ejecutó a más gente que el zarismo. Creó el Archipiélago Gulag, red de campos de concentración donde murieron millones de personas. Fue el responsable de la primera hambruna provocada por el régimen soviético. Quizá un encarcelamiento masivo de disidentes en el que te den una palmada en la espalda antes de fusilarte o te sonrían mientras prohíben cualquier partido político que no sea el suyo”.
Varios estudios sociológicos han demostrado que en épocas de miedo, por el futuro, e incertidumbre los ciudadanos tienden a recurrir a figuras de autoridad que les saquen de los problemas. Los sentimientos religiosos se activan. Se esperan líderes en los que delegar. Se tiende a votar a partidos políticos autoritarios conocidos “efecto recuerdo de los analistas”. Incrementar el miedo suele ser una estrategia que favorece esta regresión, junto a la de insistir en que un líder autoritario va a sacar al país de los problemas.
El momento actual es distinto que otros, las viejas estrategias pueden no tener los mismos efectos, podría invertirse el fenómeno y llegarse a tener miedo a la vieja guardia percibida como los diabólicos.
¿Es factible pensar que esto tenga mucho peso?

Los poderes financieros también juegan a movilizar el temor al Mal. The Wall Street Journal se hace eco del ascenso del Podemos en intención y estimación de voto y equipara la meteórica tendencia al alza del partido de Pablo Iglesias con la de Syriza en Grecia, que ahora, en puertas del tercer rescate, también encabeza las encuestas de opinión más favorables. Podemos, que ya tiene cinco eurodiputados, refuerza la tendencia populista creciente en Europa cuyas políticas podrían acabar dañando el proceso de integración europea», señala la edición europea de WSJ citando a Vicenzo Scarpetta, analista político del think tank Open Europe. «Igual que Syriza, Podemos asegura que no quiere abandonar la eurozona. Pero son lo que yo llamo ‘euroescépticos en la sombra’. Llevar a cabo las medidas que proponen haría imposible que sus países pudieran seguir perteneciendo a la moneda única». El P. Morgan ya aconseja a sus clientes invertir en Irlanda en vez de en España.
En nuestro país también los poderes financieros han hecho movimientos, el banquero Emilio Botín cuatro días antes de morir comunicó a periodistas su preocupación por los efectos negativos de Podemos. Sin embargo Ana Botín, su hija y heredera, ha tenido una actitud distinta convocando a todos los partitos y bancos a trabajar juntos. Hay economistas que presentan argumentos por los que los sistemas financieros no tendrían miedo a las propuestas económicas de Podemos pues son razonables y podrían dinamizar la economía hacia un crecimiento. Los poderes financieros no son leales a quienes les han alimentado, si preveen que ganaran más si crece la economía, incluso aunque tengan que aceptar “quitas” de la deuda (ya lo han hecho varias veces, y lo hacen porque son “inversiones” rentables a largo plazo) no se opondrán a que Podemos actúe y les libre del austericidio. Es de sentido común que si “muere el perro se acaban las pulgas”. Está claro que las pulgas viven de la sangre del perro y lo necesitan vivo y preferirán ponerse “a dieta” si es necesario, o chupar lo mismo pero de otros especímenes que tienen potencial: Los ricos. ¡Además tienen suficientes reservas! ¡Quizás les haya abierto los ojos el sacrificio de Excalibur!
Son evidentes varias cosas Podemos irrumpe con el proyecto de un cambio significativo del Orden Vigente y con la finalidad de subvertirlo, que eso se percibe como una necesidad inminente por una población que estaba resignada por su ignorancia sobre qué hacer y encuentra que una corriente política recoge la necesidad y formula propuestas que parecen razonables y distintas, retorna una cierta ilusión, que rompe la apatía y permiten canalizar la rabia y el deseo de matar simbólicamente a los actores que han conducido al estado actual de empobrecimiento. Es cierto que casi no importa tener claro un programa y que el movimiento de fondo es emocional ¿Quién vota hoy porque conoce el programa político de un partido al que vota? Precisamente también se trata de regenerar esa resignación, analfabetismo y falsedad democrática, el proyecto implica a los ciudadanos haciéndoles partícipes de la confección del programa.
Se acusa a Podemos de ocultar que son de izquierdas y que no lo dicen para copar más votos. Parece inteligente anteponer la limpieza y regeneración a presentar una ideología que separaría más que uniría en la acción prioritaria. De cualquier forma el recambio que propugnan para lograr unos niveles mayores de igualdad, justicia, distribución de la riqueza, encajan claramente en una acción tradicional de “izquierdas” aunque debieran ser la acción natural para cualquier ciudadano.
¿El auge de Podemos es un voto de castigo o un voto de cambio?
Los más identificados con el Orden Vigente temen su propia catástrofe personal si cambia pues no se trata solo de un cambio externo, es que realmente es un terremoto personal.
Los que comercian con el orden sin identificarse se pueden aliar con “el diablo”, dejándole hacer, eso sí sin venderle el alma, es una mercancía que no tienen, les basta con tratar de seducir al diablo y si le hacen creer que es conveniente tener una piscina en el infierno para descansar un poco después de trabajar destruyendo por doquier le han ganado la partida. Los estudios que se van haciendo revelan que quienes manejan los poderes financieros son ludópatas, adictos al juego y lo prefieren si es arriesgado pues el placer está en confirmar su poder al ganar. ¡El adicto necesita cada vez más dosis para lograr el mismo efecto!
¿Podrías agrupar sujetos activos en los debates sean políticos, periodistas, analistas… según varias categorías? Y repetirla más adelante para observar si con el tiempo cambian su posición en el tablero
Los que propugnan el caos con Podemos
Los que propugnan el caos con Podemos pero señalan que se desinflaran
Los que consideran que motivaran para que los otros regeneren recuperen confianza de forma que Podemos tendrá muy poca representación parlamentaria
Los que consideran que llegará a bastante poder y se descafeinará
Los que consideran que el fenómeno es transformador y se conseguirán cambios significativos

El desastre del manejo de la crisis del ébola

La falta de atención mientras está lejos y solo mata negros. Evocar el valor del patriotismo a ultranza no abandonando a un español a su muerte en África, un recurso paternalista bien aceptado por la población que busca el papá benefactor, un ejercicio de populismo con decisiones irracionales que ponen en peligro a la población pues no hay medidas preparadas cosa que no pueden ver por la ceguera de la prepotencia. Simultáneamente no se trae a una religiosa porque no es española (¿y negra?). Un desastre organizativo con improvisación ineficaz. Una falta de reconocimiento y proyección de la culpa al otro metamorfoseando las víctimas en culpables. Una falta de información eficaz y de sensación de control que activa la paranoia de la población que es muy susceptible tanto por la inmadurez y pensamiento mágico concreto predominante como porque se le ha hecho más paranoica como consecuencia de inocular miedos para justificar políticas represoras y de limitación de las libertades….
¡Gracias a que el ébola no es tan patógeno!
El ébola ha desenmascarado muchos elementos de la situación real de la población y de los manejos corruptos habría que agradecerle la crisis generada y oportunidad que brinda de facilitar ser conscientes de cosas no tan visibles antes.
¿Presiones de la iglesia para repatriar a sus misioneros?
Es cuestionable el grado de entereza personal de unos sujetos que supuestamente entregan su vida a las misiones y que no están dispuestos a morir con las botas puestas in situ, en su lugar de trabajo y anteponen su nostalgia, su deseo legítimo de ser cuidados, a los riesgos que suponen ellos para su país de origen, cuando son totalmente conscientes de lo que pasa.
Porqué el gobierno prefirió repatriarlos antes que mandar un hospital de campaña que tratase in situ a los misionero y a otros.
En el nivel de corrupción política y populismo que se percibe al gobierno no se puede esperar que tome decisiones racionales, eficaces y transparentes para resolver problemas y menos ante las crisis pues son momentos cruciales donde se testa, de verdad, la capacidad individual y colectiva. Más bien es esperable que los empeoren y que tengan que ser otros los que los resuelvan.
Entre otras paradojas: la sangre de una mujer negra la misionera Paciencia Melgar, ecuatoguineana de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, curada del ébola en Monrovia y que no fue atendida por el sistema sanitario español, sirve para curar a una española contagiada por errores aun no conocidos. Paciencia manifiesta no tener rencor por la falta de atención de que fue objeto. Y ese no rencor va más allá del ébola, ¿quizás hasta la justificación española de la esclavitud? Teresa Romero agradece y espera encontrase con ella y darle un abrazo y ofrece su sangre hasta quedarse seca si se necesita para curar a otros.
¿Encuentras algún simbolismo en estos mecanismos?

Sanidad madrileña decide sacrificar a Excalibur el perro de Teresa Ramos.
Según Soraya Sáenz de Santamaría, al perro “hubo que matarlo porque parecía lo correcto teniendo en cuenta que nadie contaba con que Teresa fuera a superar una enfermedad tan difícil como el ébola”. Les dio igual saber que el perro llenaba el espacio afectivo del hijo que no tuvo Teresa. La expresión de Soraya bien puede ser un acto fallido que manifiesta su convencimiento de que ante tanto mal hacer y ante la mala suerte de tener que lidiar con tantos problemas, su percepción de riesgo se magnificara más allá de hechos objetivos como son el que Teresa es una mujer joven.
Día 31 de octubre. Según fuentes de La Moncloa, Rajoy ha recorrido varias perreras madrileñas con una fotografía de Excalibur buscando un perro similar que entregar a Teresa cuando esté completamente recuperada. “Este no sirve, es más oscuro y tiene una mancha rara en el morro; Teresa se dará cuenta seguro”, ha dicho Rajoy histérico ante uno de los candidatos a sustituir a Excalibur. Finalmente, a las 12:15 de hoy, se ha podido saber que el Gobierno ha encontrado un gato del mismo color que el perro de Teresa que podría funcionar como sustituto. “Si permanece ingresada dos días más, quizá podamos enseñar al gato a ladrar y ella no se dé cuenta si todos colaboramos y no le decimos nada”, ha declarado un aliviado Rajoy a los medios. A última hora, diversas fuentes han informado que el gato Excalibur ha sido atropellado accidentalmente por el coche oficial del presidente.
Nietzsche opinaba que “El hombre sufre tan terriblemente en el mundo que se ha visto obligado a inventar la risa”. Freud consideraba al humor la más elevada operación defensiva frente al sufrimiento, por ser liberador, grandioso y patético. Grandioso porque el fugaz triunfo del narcisismo vuelve al Yo invencible, por un instante, frente a las afrentas de la realidad. Breve y pasajero momento maníaco, en el cual el principio del placer resulta vencedor, riéndose gozosamente del sufrimiento que proviene del mundo externo. De ahí su patetismo, ya que el dolor sigue y seguirá atormentando tozudamente desde la realidad compartida. Esta conjunción de grandiosidad y patetismo lo diferencian claramente de las otras formas de placer derivadas de la actividad intelectual y cultural, como la emoción estética frente al arte y la creación. Tanto el rechazo a las exigencias de la realidad como la imposición del principio del placer, implican un breve movimiento regresivo.
Por otra parte, el humor es siempre opositor, cuestionador y transgresor por naturaleza, representa la protesta y la lucha contra la coerción y el sometimiento. Así, desde una perspectiva social, M. Alfaro sostiene que la risa es un vigoroso contrapoder popular, capaz de relativizar y subvertir el orden de los poderosos. Y a su modo, el humor siempre se acerca a la verdad.
¿De qué verdad se trata? La decisión del sacrificio de Excalibur no tiene fundamento científico, más bien todo lo contrario ya que impide una investigación, se hace desde una irracionalidad fría, carente de empatía y sensibilidad, deseosa de terminar con un problema descontrolado (toda la cadena de errores y la paranoia despertada), matar al perro simboliza el fin de a la historia del descontrol, un acto de fuerza para imponer una autoridad y salir de la impotencia. Excalibur es defendido por los animalistas y el intento de contentar y de parar la paranoia matando al perro queda invalidado. Se suman problemas al problema. Como la historia de humor señala ese acto de matar no es más que el principio de otro desatino, la culpa lleva a tratar de reparar, lo absurdo de la reparación necesitará de otra muerte para anularlo, y después de matar el gato ¿Qué hay que hacer?
¿Qué te parece?

Teresa Romero dio una rueda de prensa al darle el alta. Mucha expectación. Muchos aplausos. Débil y cansada expresó leyendo su sentimiento de haberse sentido cercana a la muerte, muy mal, considerando que era un milagro el estar viva agradeciendo a dios y a Santiago su intervención a través de los sanitarios que la trataron, agradeció a los sanitarios y todos los estamentos profesiones del Carlos III y Alcorcón, señaló la compañía, abnegación y entrega de los sanitarios, hizo una crítica política de la mala gestión, aludió a la necesidad de calma a sus vecinos, dio la palabra a su marido para que leyera sus consideraciones sobre la muerte de Excalibur y anunciaron medidas legales por su abogado.
Una mujer cuya enfermedad ha sido seguida por la población pendiente de su evolución y a la que se le han depositado muchas cosas y varias de ellas antitéticas en muy poco tiempo: desde ser culpable de su enfermedad y de poner en riesgo de muerte a otros, hasta ser la heroína que se entregó voluntariamente al cuidado de los misioneros aun a riesgo de enfermar y que ha vencido al ébola y a la muerte, pudiendo poder ser la heroína que venza a sus acusadores haciendo evidente su inmoralidad e irresponsabilidad.
Ojala le dejen tener la tranquilidad necesaria para llevar su proceso sin tanta carga y pueda descubrir porque le han pasado las cosas que le han pasado, sea lo que sea lo que descubra: agradable o doloroso, sus sombras y su luces. Qué sentido ha tenido su peripecia, y que puede aprender y enseñar a otros.
Estas gruesas marejadas sociales, las cargas depositadas, la intensidad emocional de los procesos, el estar tantos sujetos pendientes simultáneamente, conectados, los registros que se mueven en los niveles del inconsciente colectivo, son inputs que movilizan estructuras profundas de la psique colectiva.
Expongo el principio de sincronicidad porque para Jung es un método epistemológico de conocimiento que opera de un modo científico con un pensamiento más avanzado que el abstracto lógico formal, un pensamiento terciario (Arietti), con un dialogismo mental, un poder navegar por distintos los distintos estados de conciencia, con apertura a considerar relaciones entre fenómenos que habitualmente se consideran que pertenecen a áreas muy distintas. Hay similitud entre este principio de conocimiento y los descubrimientos de la mecánica cuántica.
Jung advierte de que en la práctica los fenómenos sincronísticos son relativamente raros. Su ocurrencia es excepcional. En las situaciones sociales intensas como las descritas se pueden generar, por ello detectarlos puede permitir entender mejor lo que pasa y aunque no se pueda encontrar, o identificar ninguno, el proceso de investigación enriquece lo que aflora a la conciencia.
La sincronicidad es un fenómeno que Jung postula en 1952 como un principio de conexión acausal entre un estado psíquico con, al menos uno, pero pueden ser varios sucesos en la realidad externa que se producen simultáneamente y coinciden significativamente con el momentáneo estado subjetivo. En la simultaneidad de ocurrencia no puede constatarse que exista, entre psique y evento real, una relación necesaria o causal. El suceso que aparece como “accidental” es psíquicamente significativo para el sujeto que lo vivencia. La sincronicidad es una manifestación arquetípica más allá de los sueños y la imaginación, donde extraordinariamente queda incluido el mundo físico, allende el cuerpo y la psique, podemos dar un paso muy audaz en la consideración de los arquetipos como realidades más robustas que lo psíquico, que lo etológico y que incluso lo biológico, al extenderse su esencia e influencia hasta la realidad más externa y objetiva, aquella de la que se ocupa la física.
En las vivencias de sincronicidad la persona constata que un suceso material exterior a ella tiene una conexión con algún dinamismo de su psique que puede comprenderse precisamente porque el suceso mismo, por su naturaleza, le facilita comprender el significado. Es necesaria una relación significativa que se acompaña con un estado emocional “numinoso” (sorpresa, cierto temor y extrañeza).
Además de raros, los fenómenos sincronísticos no siempre son comprendidos por el sujeto que los vivencia desaprovechándose la oportunidad que brindan.
El modo de interpretar los fenómenos depende de la estructura del sujeto. Puede interpretar que el fenómeno lo manda Dios y en vez de cambiar algo decidir peregrinar a Roma para agradecérselo. Puede interpretar que el bombero que puede salvarle no es el mensajero de Dios que espera, rechazar la ayuda y morir.
Buscando conexiones son curiosos varios hechos que se pueden agrupar en polaridades. Muertes de misioneros masculinos versus supervivencia de mujeres. Sacrificio de un perro versus supervivencia de su dueña. Sujeto culpable versus sujeto héroe. Muerte versus vida. Éxito versus fracaso.
Casi todas estas polaridades afectan a lo subjetivo y a lo objetivo manifestado en la realidad. Si existe alguna conexión de sincronicidad será algo que los protagonistas más directos podrán, quizás, llegar a conocer.
Sí que podemos preguntarnos y pensar sobre que ha muerto o debe morir para que surja una vida renovada.
¿Alguna vez has conectado con algún fenómeno sincrónico?

Conclusiones

Conclusiones

El trabajo con la sombra con el objetivo de transformar el potencial de corrupción requiere un trabajo global con la sombra, y es un camino, individual y colectivo, plagado de dificultades y que, seguramente, no llevará a grandes resultados.
Sin embargo es bastante productivo al menos en los contenidos más evidentes, más gruesos, y, de cualquier modo lo que se consiga avanzar en la integración de la sombra supondrá mejoras individuales y colectivas.
El emprender este difícil camino de enfrentar, reconocer, integrar y trabajar con nuestra sombra es necesario para el conocimiento y realización de uno mismo, proceso al que Jung denominó el proceso de individuación.
Lo parte más dolorosa del trabajo es la de hacer consciente y aceptar aquello que fue rechazado por ser censurable, vergonzoso, o genera angustia. Descubrir lo que fue reprimido por no tener espacio es una sorpresa agradable. Integrar lo doloroso libera la conciencia de anclajes sobre determinantes. Integrar lo dejado de lado, habilidades o talentos, es útil para renovar, regenerar y continuar el desarrollo.
Vale la pena pasar por este proceso de llagar a un acuerdo con “El Otro” que hay en nosotros, porque así logramos conocer aspectos de nuestra naturaleza que no aceptaríamos, que nadie nos mostrará, y que nosotros mismos jamás admitiríamos.
El trabajo con la sombra es un trabajo político antitético a la corrupción política ya que su efecto es provocar una erradicación de las bases que sustentan la corrupción.
El ponerse en el trabajo consciente puede convocar las fuerzas progresivas del inconsciente y aliarse. Es un fenómeno que todos hemos sentido alguna vez de necesidad y que algunos interpretan como procedente del “ángel de la guarda”. El inconsciente puede hacer llegar a la consciencia información por medio de los sueños, por visiones, insights, e incluso propiciando fenómenos sincrónicos.
El trabajo es un proceso de transvaloración de los valores como decía Nietsche. El sistema de valoración actual está contaminado, regenerarlo implica primero abandonar las identificaciones con el sistema, un estado de cierto caos e inseguridad con inestabilidad personal y social. Algunos propugnan que la pérdida de valores religiosos es responsable de la situación actual. Aunque sea dolorosa la pérdida de seguridad que se experimenta al abandonar valores alienadores, es un síntoma positivo. Cuando de proclama que la crisis es por pérdida de valores religiosos y que hay que volver a ellos religiosos se maneja una gran falacia. Esos valores han sustentado la corrupción al transformar una dimensión religiosa humana, un religare, en religiones con sistemas de creencias para comercializar con el sufrimiento. Las explicaciones para anestesiar el dolor se sustentan en incrementar la ignorancia, bloquear formas de pensamiento abstracto, terciario, despojando al sufrimiento de la posibilidad de generar conocimiento.
Hay que soportar la incertidumbre hasta construir un sistema de valoraciones nuevo que facilite la individuación.

Trabajo a hacer

Propuestas para el trabajo con la sombra

Acciones en el trabajo individual
I.- ¿Qué puede hacerse solo?
1.- Reconocer que somos o potencialmente corruptos o corruptos. El reconocimiento cambia la actitud y funciona al estilo de otros reconocimientos como “soy alcohólico” y “soy maltratador” liberando una energía que se desgasta en la negación y puede iluminar algún objeto necesario de conocer.
La confrontación de la conciencia con su sombra es una necesidad terapéutica y, en realidad, el primer requisito para cualquier método psicológico completo.
2.- Estar atentos a las relaciones externas.
a) con quienes sentimos un rechazo profundo pues vemos en ellos características que nos son inaceptables podemos sospechar si no estaremos haciendo una proyección de nuestra sombra. Conviene analizar este tipo de relaciones que se han tenido a lo largo de los años.
Las proyecciones de la sombra se hacen principalmente en sujetos del mismo género, pero no siempre y también depende de la identidad de género más allá de su identidad biológica.
Detectar las proyecciones específicas por la identidad de género. ¿Se proyecta en el otro género un rol de protector, cuidador o de sumisión?
“Cuando veas a una persona buena…trata de imitarla, cuando veas a una mala…examínate a ti mismo» Confucio
Cuando no se hace un trabajo con la propia sombra hay riesgo de identificar como corruptos quienes no lo son, solo por indicios. Así se crean chivos expiatorios que pagan las propias culpas no reconocidas. Ese funcionamiento es tan frecuente que un corrupto puede apelar a lo opuesto: recurrir al victimismo culpabilizando al acusador para tratar de salvarse.
b) analizar la posible veracidad de lo que nos dicen sobre nosotros personas cercanas que nos conocen y sufren.
c) analizar nuestras formas civilizadas colectivas de canalizar las pulsiones reprimidas o no deseadas. ¿Necesitamos peleas de gallos, ver matar toros o matarlos, sacar la rabia insultando al árbitro? Considerarlas como formas artísticas es porque ¿son arte o son justificaciones?
d) analizar nuestras formas civilizadas intimas de canalizar las pulsiones reprimidas o no deseadas. Es frecuente servirse de las mascotas. Los animales siguen su instinto no han tenido que reprimir el incesto,… Un sujeto se puede identificar con un animal canalizando sus pulsiones. Las mascotas se tienen porque nos sirven para algo. Su compañía puede ser muy positiva para algunas personas en ciertos estados de necesidad. También para las terapias: caballos, delfines. Pero también se los puede utilizar de modo psicopático; cagarse en el jardín del vecino no es de recibo pero si lo hace mi perro ¡cómo es su instinto! Un porcentaje enorme de conflictos vecinales se debe a estos procesos psicopáticos mediante los cuales los dueños de perros muestran su falta de empatía con el malestar del otro, su negación a poner medios para no molestar… la devolución de que los derechos de los animales están por encima de la relación humana…
3.- Estar atentos a los sueños y fantasías.
La sombra tomará su apariencia dependiendo de lo cerca o lejos que se encuentre dentro del plano de la consciencia, mientras más negada se tenga, se manifestara en símbolos más alejados de la persona, tomando formas no humanas, que podrían ser animales, y gradualmente se ira aproximando, pudiendo tomar formas subhumanas como figuras monstruosas humanoides, después tomaría formas humanas pero alejadas de la realidad del sujeto, como gente de otras etnias o primitivos, hasta llegar a figurar como algún conocido o amigo en el cual se detecten características despreciadas por el sujeto, realizando el recorrido desde lo desconocido y temido hasta llegar a lo más cercano.
4.- Decidir si se elige conscientemente actuar con ese nivel
Las pulsiones destructivas que pueden proyectarse inconscientemente no tienen por qué ser anuladas una vez se han hecho conscientes.
Se puede decidir usarlas para “buenos fines” como ya he comentado. Una decisión delicada. O se pueden mantener como una reserva a ser usada en momentos precisos. El mecanismo de supresión de Jung.
Amar puede necesitar el ejercicio de la agresión. Hasta Cristo utilizó el látigo para expulsar a los mercaderes del templo.
Algo muy distinto del manejo habitual en el que se cuenta con ese reservorio de potencial destructivo reprimiéndolo hasta que se legitima su uso, por ejemplo permitiendo que salga en una guerra.

II.- ¿En qué se necesita el acompañamiento terapéutico?
Si uno solo no puede reconocer que es potencialmente corrupto. Si a pesar de repasar las relaciones no encuentra ninguna proyección. Si todo el mundo le dice a uno que es un santo. Si uno está volcado totalmente en ser bueno y hacer el bien. Si no sueña nada… Hay que sospechar que existe un poderoso sistema defensivo que impide ver.
Cuando uno va encontrando materiales que solo ya no puede entender.

Acciones en el trabajo colectivo
Identificar sombras colectivas revisando cuentos, mitos y leyendas que la sociedad produce. ¿El hombre del saco?
¿Qué cuentos, canciones, historias te impactaron en la infancia? ¿Qué mensajes portan? ¿Amenazan con catástrofes si no se siguen leyes concretas? ¿Facilitan o bloquean el desarrollo del pensamiento? ¿Justifican las diferencias de géneros?

Acciones en el trabajo político
Algunas ideas para un cambio real. Para aplicar en ámbitos sociales sean grupos pequeños o colectivos más amplios.
-Mensajes claros, que integren emoción, desvelen lo oculto, aporten información.
-Cuidar cada intervención, cada mensaje, como si fuera el último. Cada mensaje tiene su momento y muere. Si ha promovido cambio en un momento posterior la situación es distinta y requiere otros mensajes.
-Escuchar lo que la gente dice, lo que desea. Contar con el pueblo sin ser populistas.
-Recoger las ideas que ya están en el sentido común de la población y hacerlas conscientes, más elaboradas y claras.
-Hablar de lo incómodo. Incluso de lo erróneo de algunas cosas que circulan en el sentido común. Transparencia.
-Producir los mensajes con capacidad de ser “memes” autorreplicantes. Algunos para bloquear los memes que inducen miedo, otros para fomentar alternativas de cambio.
-La perfección es una quimera. Tener errores, contradicciones es humano, no se ocultan.
-El éxito no es el poder del héroe líder, que se sacrifica por otros, sino el “empoderamiento” del colectivo.
-Mostrar descarada ambición, aprender de los ludópatas la importancia de jugar en el límite apostando para mostrar las mejores genialidades. Hay que salir a ganar.
-Animar a que cada ciudadano sea un Diógenes, con una dosis de cinismo, que lleva una lámpara con la que iluminar buscando lo honesto. La búsqueda va a producir una necesidad de información para dejar de lado a quien no lo sea, quizás no se encuentren muchos honestos.
-Ilusionar en que la participación puede mejorar las cosas. Borrar cualquier sectarismo.
-El fracaso no será no conseguir el poder sino que el ciudadano no recupere el suyo.
-Proponer liderazgos como punta de lanza que están a la cabeza del movimiento, la lanza la llevan sujetos y las puntas son cambiables en cualquier momento.
-No responder a los discursos clásicos del ¡y tu más! Silencios ante ellos. No reforzar esa cultura. Respuestas que vayan más allá, lo que podrá ser percibido como “oídos sordos a esos modos, lo que importa es no perder el tiempo y decir cosas con sentido”
-Tener estrategia de fondo. Priorizar la acción en las tareas principales.
-Acción pedagógica. Conectar los orígenes remotos con la situación actual. Devolver el sentido de historia. Activar la memoria.
-Hablar de los problemas de aquí y de los del mundo solo cuando estén conectados o sean consecuencias de los nuestros.
-Propugnar la justicia social hasta el límite que no suponga un suicidio. Dilema: defender o no a alguien de una banda de matones ¿es mejor que muera uno o dos?
-Ser percibido como Friki en la acepción de fuera del orden o común modo de obrar, desacostumbrado, peculiar u original. Esta acepción representa la proyección de la parte creativa (no reconocida, rechazada) de la sombra individual.
-Propugnar la democracia en la que el pueblo esté conformado por ciudadanos conscientes de su situación y de sus necesidades, con una voluntad formada y preparada para la toma de decisiones y para ejercer de forma plena su poder de legitimación. Diferenciándola de la oclocracia en la que pueblo es muchedumbre, o masa según Ortega y Gasset, sumida en la ignorancia, y que se mueve por sentimientos elementales y emociones irracionales.
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El propio escrito trata de ser una expresión de estas actitudes.
Riesgos
Si no hay toma de contacto con el potencial de corrupción de uno mismo y se proyecta la propia sombra, se puede llegar a un movimiento colectivo “la caza del corrupto” que puede convertirse en un deporte nacional. El corrupto cumplirá una función de depósito de todo lo rechazado de cada individuo, un chivo expiatorio, vivido como responsable final de la situación. Es posible ese escenario pues se ha dado muchas veces en la historia. Procesos inquisitoriales mediáticos, jueces que, como Pilatos, se lavan las manos ante la presión popular y mediática, presunción de inocencia eliminada… El modelado católico también lo propicia pues la “muerte” del corrupto, como la de cristo, redimirá a todos al pagar las culpas no elaboradas de cada uno. De producirse este proceso será alienante una vez más, podrá ser catártico inicialmente y calmar los ánimos, pero no solo no cambiará nada sino que cada individuo llegará a sentir culpa por lo ocurrido y estará predispuesto a nuevos castigos futuros.

Mikel Garcia Garcia 10 de noviembre 2014

Bibliografía

Aporto algo mayormente sobre autores menos conocidos. De otros autores citados hay mucha información.

Alatas, Syed Hussein (1968) «The Sociology of Corruption»

Bourdieu Pierre, (2009) La eficacia simbólica. Religión y política. Biblos.

Caiden, G.E. (1988), «Toward a General Theory of Official Corruption», Asian Journal of Public Administration, Vol. 10, No. 1, pp. 3-26

Carvajal, Guillermo. (2000) Educación perversa o el arte de la corrupción. Revista de Psicoanálisis, Asociación Psicoanalítica Argentina. Número Especial Internacional, nº 7 p.48
Flores, Leticia. ANUARIO 2002 • UAM-X • MÉXICO • 2003 • PP. 241-254
González, Mario. (1998) Psicoanálisis de la Corrupción. Revista de la Sociedad Colombiana de Psicoanálisis. V.23, nº 2: p.75
Jung, C. G. (1994) La interpretación de la naturaleza y la psique. Buenos Aires. Edit. Paidós
Merton, R.K. (1987). Teoría y estructuras sociales. México: Fondo de Cultura Económica.
Peat, F. D. (2007) Sincronicidad, Puente entre mente y materia. Barcelona. Edit. Kairós.
Peña Kolenkaustky, Saúl (2003) Psicoanálisis de la Corrupción: política y ética en el Perú contemporáneo. Editorial Peisa. Lima. Perú.