Traumas transmilenarios: arquitectos de la “paz perpetua” de los cementerios.

Traumas transmilenarios: arquitectos de la “paz perpetua” de los cementerios.

Traumas transmilenarios: arquitectos de la “paz perpetua” de los cementerios.

Mikel García. 1 octubre 2025.

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Descripción de la imagen

Trabajando con inteligencia artificial. Por Mikel García.

 

Autor

 

Mikel García García[i]

[i] Médico y cirujano (Universidad Navarra, 1975). Psicólogo (Universidad San Sebastián, 1982). Psicoanalista junguiano. Formación experiencial y teórica en: Psicoanálisis, Terapia Sistémica Familiar, Psicoanálisis Reihiano (vegetoterapia), Psicología Analítica Junguiana, Psicoterapia Transpersonal. Experiencia de Muerte Cercana a los 33 años. Máster en “Astronomía y astrofísica” VIU (Universidad Valencia, 2014). Doctor Internacional en «Estudios Internacionales en Paz, Conflictos y Desarrollo», Universitat Jaume I (UJI Castellón, 2020). Máster en Fotografía Artística y Narrativa Visual (Universidad Internacional de la Rioja, 2022). Máster en Inteligencia Artificial (BIG SCHOOL, Madrid 2024) y Máster en Inteligencia Artificial (Universidad Isabel I, Madrid 2025). 

Colaborador con ONG médicas de intervención internacional, y en programas de formación a personal sanitario de atención Primaria; SIDA; maltrato infantil; muerte digna y a docentes. Especializado en maltrato infantil, trauma, duelo, tanatología, acompañamiento al muriente, integración de sistemas, estados de trance y místicos. Terapeuta de “Grupos de Duelo Online Ventana a ventana” desde confinamiento COVID-19. Psiconauta, antropólogo investigador del alma en la clínica médica y psicoterapéutica y trabajos de campo antropológicos cualitativos y cuantitativos, con énfasis en la Acción Participativa, docencia y divulgación psicopolítica de los hallazgos. Promotor de acciones participativas para el despertar del desierto interior y para la transformación social. Didacta  de la Sociedad Internacional Para el Desarrollo del Psicoanálisis Junguiano (SIDPaJ). Fotógrafo. Buceador. Alquimista. Hilozoísta. Hijo de Hermes. Creador herido. https://bit.ly/mikelcurriculum  iratxomik@gmail.com

Presentación y contenido

El texto denuncia la falsedad de la llamada “cultura de paz” cuando encubre genocidios bajo discursos vacíos. Retoma la advertencia de Kant sobre la “paz perpetua” frente a la “paz del cementerio”, es decir, una paz ilusoria basada en la aniquilación. A lo largo de la historia —desde la conquista de Canaán, la Pax Romana, el colonialismo británico hasta el conflicto israelí-palestino— se repite el patrón: la paz se impone mediante destrucción, desplazamiento y trauma transgeneracional. Frente a la propuesta hipócrita de líderes actuales, se plantea una paz real fundada en verdad, justicia reparadora, memoria compartida y soberanía mutua.

Ensayo

¡El ilusorio sueño dulce de la paz! Un deseo que barrerá el genocidio debajo de las alfombras: relegándolo a lo inconsciente colectivo.

La «cultura de paz» oficial puede convertirse en un eslogan vacío. Hablar de cultura de paz mientras se tolera o justifica un genocidio es una forma atroz de vaciar ese ideal de contenido, revelando la hipocresía de un orden internacional que acepta la violencia estructural cuando conviene a intereses geopolíticos.

El concepto de «paz perpetua» fue acuñado por el filósofo alemán Immanuel Kant en su ensayo de 1795,” Hacia la paz perpetua”. Cuenta la anécdota al ver escrito Paz Perpetua «Esta inscripción satírica que un hostelero holandés había puesto en el letrero de su casa, debajo de una pintura que representaba un cementerio, ¿estaba dedicada a todos los ‘hombres’ en general, o especialmente a los gobernantes, nunca hartos de guerra, o bien quizá sólo a los filósofos, entretenidos en soñar el dulce sueño de la paz?»

Kant utilizó esta imagen de humor negro como una advertencia sobre un concepto erróneo y peligroso. Aclara que ciertos actos de «guerra total» son inaceptables porque destruyen la confianza mutua y hacen imposible una paz futura. Argumenta que una guerra de exterminio así conduciría a una «paz del cementerio de todo el género humano». Por lo tanto, la «paz de los cementerios» representa el silencio de la aniquilación total: Una «paz» falsa lograda sólo mediante la destrucción completa sin dejar a nadie vivo para generar conflicto. Es la antítesis de la verdadera paz, que se opone directamente a la «paz perpetua» que Kant propone, que es una paz vibrante, basada en fundamentos legales, entre repúblicas libres y pueblos vivos.

Kant propuso un programa de paz para ser implementado por los gobiernos, basado en principios. Entre ellos: El derecho de naciones debe fundarse en una federación de estados libres; El derecho de ciudadanía mundial debe limitarse a las condiciones de la hospitalidad universal, es decir, el derecho de un extranjero a no ser tratado con hostilidad al llegar a otro país.

Tras el éxodo los israelitas llegaron a Canaán -la tierra prometida-, la conquistaron, masacrando a sus habitantes de un modo que hoy se podría llamar genocidio propiciado por Yahvé. Sucedió alrededor del siglo XII a. C., la Estela de Merneptah (de Egipto) es el hito histórico crucial que lo atestigua. La Pax Romana. Los romanos tenían un concepto muy claro: la paz se lograba mediante la victoria total y la sumisión. Como final de la Tercera Guerra Púnica (146 a.C.), tras décadas de conflictos, Roma exigió a los cartagineses que abandonaran su ciudad para ser destruida. Al negarse, los romanos sitiaron, arrasaron la ciudad y vendieron a los supervivientes como esclavos.  Una aniquilación total. La «paz» se logró mediante la completa destrucción del enemigo. El famoso «Carthago delenda est» («Cartago debe ser destruida») era un ultimátum. La paz fue la ausencia de Cartago.

La Primera Guerra Judeo-Romana (66-73 d.C.) culminó con el asedio y la captura de Jerusalén por el futuro emperador Tito. La destrucción del Segundo Templo no fue solo una catástrofe militar; fue un trauma religioso y nacional de proporciones incalculables, ya que el Templo era el único lugar de sacrificios y el corazón simbólico del judaísmo. Tras la caída de la ciudad, un enorme número de judíos fue masacrado, vendido como esclavo o huyó, dispersándose por todo el Imperio Romano y más allá. Este evento se considera el comienzo de la diáspora romana o exilio Edom, que definiría la existencia del pueblo judío durante los siguientes dos milenios. El desenlace de la última guerra romano-judía, la Rebelión de Bar Kojba (132-136 d.C.), fue el remate, particularmente en la imposición de términos tras la derrota contienda y sus profundas consecuencias para la población derrotada. Supresión de la autoridad política y religiosa judía. Prohibición de prácticas religiosas clave, como la circuncisión. El emperador Adriano borra el nombre de «Judea» del mapa y lo reemplaza por «Siria Palestina». Jerusalén se convierte en la ciudad pagana de Aelia Capitolina. Diáspora: Cientos de miles de judíos son asesinados o vendidos como esclavos. La población judía es expulsada de Jerusalén y se consolida la diáspora.

Imperio Británico en la India – Después de la Rebelión de los Cipayos (1857). La rebelión fue sofocada con una violencia extrema por los británicos. Pacificación por la Fuerza. La «paz» se estableció mediante una demostración de poder tan brutal que disuadió cualquier resistencia a gran escala durante décadas. La Compañía Británica fue reemplazada por el gobierno directo de la Corona.

Después de siglos de persecución y masacres del pueblo judío, surge el sionismo político que trata de volver a instalarse en la tierra prometida entonces bajo el imperio inglés, con compras de terrenos y terrorismo. Tras el holocausto nazi se decide en la ONU la solución del estado de Israel sin contar con el pueblo palestino. Después décadas de guerra, terrorismo, genocidio.

Lo último una propuesta de paz imperial del trio visible Trump-Blair-Netanyahu. El cansancio de las conciencias ante el genocidio activa el sueño de la dulce paz que atrae el consenso de muchos estados, gobiernos y población. Una paz falsa: un ultimátum de rendición ante la amenaza de aniquilación. La propuesta de paz para Gaza guarda similitudes conceptuales con el desenlace de la última guerra romano-judía, la Rebelión de Bar Kojba (132-136 d.C.), ahora de pretende la diáspora total de los palestinos que queden vivos. Es lamentable lo poco que se aprende de la historia y la vergüenza que se puede sentir por pertenecer a la especie humana al comprobar como la dialéctica verdugos víctimas es continúa y va alternándose. Las antiguas víctimas son los siguientes verdugos.

Estos pocos ejemplos, pues hay muchos más en otras regiones del planeta, aunque el polvorín milenario de oriente medio es especialmente ilustrativo, muestran un patrón histórico donde una «paz» victoriosa se impone mediante una combinación de fuerza militar abrumadora y una reestructuración política y territorial destinada a desmantelar por completo la capacidad de resistencia del adversario. En estos casos, la derrota del bando más débil es seguida de:

La imposición de un nuevo orden de seguridad: Los romanos establecieron una guarnición permanente y prohibieron las prácticas judías, mientras que el plan actual propone una fuerza internacional y el desarme completo de Hamás.

Un reordenamiento político forzado: Así como Roma eliminó las instituciones judías y renombró la región, la propuesta de Trump y Netanyahu busca reemplazar el gobierno de Gaza por una administración tecnócrata seleccionada externamente.

Consecuencias identitarias profundas: La Rebelión de Bar Kojba consolidó la diáspora judía y transformó para siempre el centro de gravedad del pueblo judío. El plan actual, de implementarse, redefiniría radicalmente el futuro político y territorial de los palestinos en Gaza.

Una paz de genocidio cultural que es acogida como evitar de miles de muertos más. Las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki también se justificaron con la misma idea.

Una paz en el cementerio de una franja de Gaza arrasada bajo cuyos escombros yacen muchos más cadáveres que los reconocidos oficialmente.

Una paz con la que se quiere hacer negocio reconstruyendo el territorio para lugar de ocio del imperio que busca plusvalías con el genocidio.

¿Debe quedar solo en manos de Hamas la respuesta? ¡No!

Un plan de paz real estaría basado primero en la paz kantiana, que al crear un marco estable y predecible sería el primer paso para abordar los traumas transgeneracionales esas «heridas heredadas» y «marcas epigenéticas en lo inconsciente colectivo» que se transmiten entre generaciones sin haber vivido el evento traumático original -el pecado original-, y no va  a haber ningún Cristo que venga a redimirlo.

La estabilidad política: elecciones libres de sus representantes, Estado Palestino… permite implementar procesos de sanación específicos:

Verdad y narrativas compartidas. Establecer comisiones de la verdad y la reconciliación que permitan a ambas partes narrar su sufrimiento. Esto «rompe el silencio» sobre el dolor, un elemento clave para detener la transmisión del trauma. Supera la dinámica actual donde, como se señala en el conflicto, cada lado siente que su existencia está amenazada, un sentimiento que siembra el trauma en nuevas generaciones.

Justicia reparadora. Complementar la justicia penal, absolutamente necesaria para terroristas de todas las partes, con mecanismos que reparen el daño a las víctimas, lo que ayuda a cerrar ciclos de «repetición por oposición o compensación». En este punto a los palestinos habría que reconstruir sus casas, escuelas, hospitales, cementerios, en Gaza para que las rehabiten, devolverles los territorios ocupados por colonos, ….  ¿Quién pagaría? Israel y quienes le han ayudado a la destrucción (EE.UU). Reconstruir no es solo levantar edificios, sino recomponer el tejido social e histórico de un pueblo, una tarea que lleva generaciones y es imposible bajo una administración impuesta externamente.

Educación para la Paz. Reformar los sistemas educativos para incluir la historia y narrativa del «otro», fomentando una «nueva narrativa» compartida que prevenga que el conflicto se perpetúe en la mente de los jóvenes.

Hay intentos históricos de este tipo de intentos en conflictos recientes. Algunas comisiones de la verdad han funcionado parcialmente, lo mismo que algunas justicias reparadoras, aunque muchas se han quedado solo en lo económico y sin completarlo, como las reparaciones a las pocas víctimas identificadas de sacerdotes católicos pederastas.

Este camino enfrenta grandes desafíos. Requeriría que actores como Hamás, que tiene como principio la destrucción de Israel, e Israel, con facciones que se oponen a un Estado palestino, acepten una coexistencia basada en la soberanía mutua. La clave está en una diplomacia persistente y un apoyo internacional mayoritario que incentive a ambas partes hacia este marco, aislando a los radicales.

¿Quién puede fiarse del trio de la paz propuesta?, que tienen un lenguaje militar blanqueando los sepulcros en los que se quiere seguir enterrando los que sobran, los que molestan, los disidentes. Trump insta a que los militares de EEUU empiecen a cazar izquierdistas, …

El lenguaje de la guerra, blanqueado oscuridades, opera cada vez más en sectores de la ultraderecha, a veces usando la pseudociencia como el alcalde de Madrid queriendo que se informe a las mujeres que quieren abortar de los efectos secundarios del aborto “alcoholismo, …suicidio” basándose en un estudio científico que no existe.

El futuro, como advirtió Kant, será la lógica de la «paz del cementerio de todo el género humano», una paz lograda solo por aniquilación, que no resuelve nada y siembra traumas para siglos, hasta llegar a un planeta poblado de Espectros Humanos que no podrá comprender una civilización de alienígenas que visite la tierra.

A no ser que despertemos y actuemos.

 

Te invito a leer este texto: Está ligado al mal quien no actúa https://ibiltarinekya.com/project/malnoactua/ 

La agonía del sí-mismo: Unamuno, Jung y la sombra invisible que nos somete.

La agonía del sí-mismo: Unamuno, Jung y la sombra invisible que nos somete.

La agonía del sí-mismo: Unamuno, Jung y la sombra invisible que nos somete.

Mikel García. 23 septiembre 2025.

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Descripción de la imagen

Trabajando con inteligencia artificial. Por Mikel García.

 

Autor

 

Mikel García García[i]

[i] Médico y cirujano (Universidad Navarra, 1975). Psicólogo (Universidad San Sebastián, 1982). Psicoanalista junguiano. Formación experiencial y teórica en: Psicoanálisis, Terapia Sistémica Familiar, Psicoanálisis Reihiano (vegetoterapia), Psicología Analítica Junguiana, Psicoterapia Transpersonal. Experiencia de Muerte Cercana a los 33 años. Máster en “Astronomía y astrofísica” VIU (Universidad Valencia, 2014). Doctor Internacional en «Estudios Internacionales en Paz, Conflictos y Desarrollo», Universitat Jaume I (UJI Castellón, 2020). Máster en Fotografía Artística y Narrativa Visual (Universidad Internacional de la Rioja, 2022). Máster en Inteligencia Artificial (BIG SCHOOL, Madrid 2024) y Máster en Inteligencia Artificial (Universidad Isabel I, Madrid 2025). 

Colaborador con ONG médicas de intervención internacional, y en programas de formación a personal sanitario de atención Primaria; SIDA; maltrato infantil; muerte digna y a docentes. Especializado en maltrato infantil, trauma, duelo, tanatología, acompañamiento al muriente, integración de sistemas, estados de trance y místicos. Terapeuta de “Grupos de Duelo Online Ventana a ventana” desde confinamiento COVID-19. Psiconauta, antropólogo investigador del alma en la clínica médica y psicoterapéutica y trabajos de campo antropológicos cualitativos y cuantitativos, con énfasis en la Acción Participativa, docencia y divulgación psicopolítica de los hallazgos. Promotor de acciones participativas para el despertar del desierto interior y para la transformación social. Didacta  de la Sociedad Internacional Para el Desarrollo del Psicoanálisis Junguiano (SIDPaJ). Fotógrafo. Buceador. Alquimista. Hilozoísta. Hijo de Hermes. Creador herido. https://bit.ly/mikelcurriculum  iratxomik@gmail.com

Presentación y contenido

Miguel de Unamuno (1864-1936), se convirtió en una de las conciencias más incómodas de su tiempo. Su obra gira en torno a lo que llamó el sentimiento trágico de la vida, es decir, la experiencia existencial de la tensión entre el ansia de inmortalidad y la certeza de la muerte. Esa contradicción radical atraviesa tanto su biografía personal como su pensamiento, y se traduce en una constante lucha entre razón y fe.

El episodio central de su vida fue la crisis espiritual de 1897. Ante la enfermedad y muerte de su hijo Raimundo, Unamuno cayó en un estado de desesperación total. En medio de esa crisis, tuvo un sueño estremecedor: se le apareció el “Ángel de la Nada”, símbolo de la aniquilación y del vacío. Este encuentro onírico marcó un antes y un después. La figura del ángel representa la irrupción de la sombra, el rostro oscuro del inconsciente que lo confronta con la disolución del yo. Fue una experiencia límite que lo obligó a replantearse radicalmente su vida y su obra. Sin embargo, no resolvió su conflicto; más bien, lo convirtió en el núcleo de su pensamiento.

 

Un gesto de su esposa Concha, que lo consoló con ternura en su momento de mayor desesperación, le reveló que el verdadero sostén no venía de la razón sino del amor. Esa escena, cargada de simbolismo, puede interpretarse como una irrupción del arquetipo del Ánima en sentido junguiano: la dimensión relacional, afectiva y nutricia que lo salvó del abismo.

De esta experiencia nació una de sus obras fundamentales, Del sentimiento trágico de la vida (1913). Allí afirma que la fe no es certeza sino agonía, combate perpetuo contra la duda. Para él, una fe que no duda es una fe muerta. Este planteamiento lo aleja de cualquier dogmatismo y lo sitúa en una perspectiva vitalista: lo importante no es la resolución definitiva, sino el movimiento de lucha y búsqueda.

Esta concepción también atraviesa El Cristo de Velázquez (1920), donde explora la figura de Cristo no tanto desde la ortodoxia religiosa, sino como símbolo estético y vital. Para Unamuno, el arte revela lo sagrado en lo humano, y la belleza es un puente hacia lo divino.

Su pensamiento tuvo también un fuerte impacto político. Unamuno defendió siempre la libertad de conciencia frente a las imposiciones tanto del secularismo racionalista como del catolicismo institucional. Esta postura le valió repetidos enfrentamientos y destituciones como rector. Durante la Guerra Civil, inicialmente apoyó a los sublevados, pero pronto reaccionó contra su violencia y su culto a la muerte. Su intervención del 12 de octubre de 1936 en el Paraninfo de Salamanca es emblemática: ante el grito “¡Viva la muerte!”, replicó denunciando esa exaltación de la destrucción como una patología. Ese acto de valentía le costó el arresto domiciliario, en el que murió pocos meses después. Su último gesto público encarna su conflicto vital: la defensa de la vida frente a la idolatría de la muerte.

Desde una perspectiva junguiana, la vida de Unamuno puede leerse como un proceso de individuación marcado por un descenso al inconsciente —una nekyia. El “Ángel de la Nada” es un daimon, una figura arquetípica que lo confronta con el sentido último de su existencia. Su lucha constante contra la duda se convierte en la dinámica vital que lo mueve. Unamuno cargó también con la sombra colectiva de España, atrapada entre el dogmatismo religioso y un secularismo vacío. La consigna fascista “¡Viva la muerte!” condensaba esa sombra cultural: la fascinación por la destrucción. Su respuesta fue afirmarse en la vida, aunque desde la duda y la agonía. En esto coincide con Jung: ambos rechazaron la comodidad de los dogmas y sostuvieron que la plenitud se alcanza enfrentando la tensión irresoluble entre lo consciente y lo inconsciente, entre lo finito y lo infinito.

El autor presenta dos de sus poesías, analiza y amplifica contenidos, y anticipa una idea: la forma de morir revela cómo se ha vivido. Quienes se refugian en dogmas rígidos mueren espiritualmente vacíos; quienes habitan la agonía y la duda alcanzan una “inmortalidad relativa”, participando del despliegue arquetípico de la existencia. El legado de estos últimos es la invitación a vivir en lucha, con dignidad y confianza activa, en el corazón mismo de la contradicción que define la condición humana.

 

 

 

Ensayo

 

 

Sombra y esperanza,

camino sin certeza,

alma que late.

Muerte cercana,

un grito en la penumbra,

espera viva.

 

Quien no duda yace mudo, cadáver obediente; quien duda arde en el fuego de la conciencia, forja su eternidad en el yunque de lo inconsciente, y en ese mismo incendio descubre la vanidad de toda inmortalidad.

 

Miguel de Unamuno y Jugo (1864-1936), ha sido un referente para mí de un hombre honesto que trataba de dar sentido al sentimiento trágico de la existencia en general y de la suya en particular. Para ello tomaba como referente cultural la dicotomía entre fe y razón.

Conocí la historia y obra de Unamuno en mi adolescencia cuando ya estaba saliendo de mi fe católica, pues intuía una espiritualidad real, pero como a Unamuno el ver la praxis reaccionaria del catolicismo me apartó, aunque tuve un período final de permanencia con los movimientos del Catecismo Holandés, y la teología de la liberación de partes de la iglesia progresista en las postrimerías del franquismo.

Después de tantos años de aquel período me parece interesante repasar lo más relevante de Unamuno y hacer una lectura junguiana de su drama y ampliarlo al drama de lo humano.

En 1897, a sus 33 años, Unamuno sufrió una profunda crisis espiritual agudizada por la enfermedad de su hijo pequeño. Un ataque de meningitis dejó inválido y luego mató a su hijo pequeño, Raimundo, y Unamuno se sumió en una depresión, convencido de que Dios lo castigaba a él y a su hijo por haber abandonado su fe católica, lo que había hecho al ver la praxis ultraconservadora del catolicismo. La crisis se desató una noche en la que, tras estudiar a filósofos positivistas, soñó que era arrastrado por un «Ángel de la Nada» hacia un abismo sin fin. Se despertó sobresaltado, llorando, invadido por la imagen de la muerte y el acabamiento total. Al verlo en ese estado, su esposa, Concha, lo abrazó y le gritó: «¡Hijo mío!». Unamuno descubrió «todo lo que Dios había hecho por él en esa mujer», un consuelo que no provenía de la razón, sino del sentimiento y la entrega. Esta experiencia no resolvió su conflicto, pero lo marcó para siempre, impulsándolo a escribir sobre el «sentimiento trágico de la vida»(1913) que es su obra filosófica central, donde analiza explícitamente esta lucha entre la razón y la fe. Como diría San Juan de la Cruz: «De manera que, para conocer a Dios, esta Noche oscura es el medio, con sus sequedades y vacíos…». La angustia existencial en Miguel de Unamuno es un sentimiento profundo que surge directamente del conflicto entre la razón, que nos dice que la muerte es el fin absoluto, y el deseo visceral del corazón, que anhela desesperadamente la inmortalidad. Este choque interno es el núcleo de lo que él llamó el «sentimiento trágico de la vida». Él entendía la fe no como una posesión tranquila y segura, sino como una «agonía» (del griego agon, lucha). La verdadera fe, para él, es la que vive en y de la lucha contra la duda. Unamuno llega a decir: «Una fe que no duda es una fe muerta”. La culpa y el tormento de no poder alcanzar la certeza son, paradójicamente, la señal de que la fe está viva y es sincera.

Unamuno se obsesionó con llevar adelante lo que él veía como el destino de España iniciado por Cervantes y Juan de la Cruz: afirmar la fe en la inmortalidad frente a las afirmaciones de la razón de la Ilustración planteadas por intelectuales de otros países europeos. En el poema «El Cristo de Velázquez» (1920) contempla a Cristo no desde el dogma, sino desde la belleza y el sentimiento, buscando una experiencia de Dios a través del arte. En «San Manuel Bueno, mártir» (1931) presenta un perfecto reflejo de su conflicto. El protagonista, un sacerdote, pierde la fe racionalmente, pero sigue actuando «como si» creyera para dar consuelo a su pueblo, representando la idea de que a veces la conducta (lo vital) está por encima de la creencia intelectual.

Unamuno sufrió por su negativa a comprometerse ni con la intelectualidad secular ni con las fuerzas católicas conservadoras de su época. Fue relevado tres veces del rectorado de la Universidad de Salamanca por sus convicciones políticas. La tercera vez llegó casi al final de su vida, tras una celebración del Día de la Hispanidad en la universidad. Esa noche, un contingente de falangistas saludó un retrato de Francisco Franco, pronunció discursos dramáticos ensalzando el totalitarismo e incitó a la multitud a corear un lema fascista contemporáneo: «¡Viva la muerte!». Cuando Unamuno se levantó para hablar, comenzó con las palabras por las que muchos lo recuerdan: «A veces, callar es mentir». Luego señaló al imponente líder de los falangistas y continuó: «El general Millán-Astray es un tullido. No hace falta que lo digamos en voz baja. Es un tullido de guerra. Cervantes también lo era». El general, indignado, ordenó a punta de pistola que el anciano Unamuno saliera del auditorio y lo puso bajo arresto domiciliario. Diez semanas después, Unamuno, ya con mala salud, falleció.

Mi lectura junguiana.

Entiendo que la crisis de Unamuno representa un encuentro arquetípico con la sombra y una lucha heroica, pero incompleta, hacia la individuación.

La crisis de 1897 es la irrupción violenta de la sombra personal de Unamuno. Su identidad consciente, construida sobre la razón positivista, se derrumba ante el trauma (la muerte del hijo). La culpa («Dios me castiga») es la voz de la sombra, que contiene todo lo que él había reprimido: la fe irracional, el miedo a la muerte y la vulnerabilidad. El «Ángel de la Nada» del sueño es la personificación de un complejo autónomo proveniente del inconsciente: la negación absoluta de significado que su yo racional temía. No es un ángel divino, sino un daimon psíquico que encarna el horror al vacío: la muerte como Nirvana y salida de la rueda del Samsara, en la que la conciencia y el alma no continúa ya de ningún modo. Esto le aterra y lo vive como un castigo a su traición a la fe -que le ofrece un futuro de vida tras la muerte frente a la nada del Nirvana-. El hijo ya había muerto, pero la crisis surge cuando estaba leyendo textos positivistas alejados de la fe. Parece una experiencia mística que le lleva a leer la traición al padre-Dios con la traición al hijo -que no ha cuidado suficiente- y muere como consecuencia de la mala praxis del padre.

La respuesta de su esposa Concha («¡Hijo mío!») es un momento de profunda constelación del Ánima. Ella no lo salva con razones, sino con un acto de Eros (conexión, sentimiento, vida), opuesto al Logos (razón, análisis, muerte) que lo tenía paralizado. Este instante le muestra el camino de integración: la posibilidad que no niega el dolor, sino que lo abraza. Es la «Noche oscura» de San Juan de la Cruz como un descenso necesario, una nekyia, para quizás poder renacer.

Unamuno cargaba con la sombra colectiva de España. La España de su tiempo, atrapada entre un pasado católico dogmático y un futuro secular incierto, proyectaba su propia angustia de muerte e irrelevancia. El grito «¡Viva la muerte!» es la sombra colectiva hecha consigna: la celebración patológica de la negación de la vida. “VIVA LA MUERTE” es equiparable a “Matemos, aniquilemos”. Su obsesión por la inmortalidad era la contracara de la aniquilación genocida de esa muerte apelada y la intuición de vida que continúa por mucho que se la pretenda aniquilar. Su «agonía» era el síntoma de una cultura que no podía integrar racionalidad y espiritualidad.

Esa sombra colectiva lo aniquiló.

Su muerte de este modo me abre preguntas. Su enfrentamiento final con Millán-Astray ¿es la proyección al mundo exterior de su conflicto interno? Que Millan-Astray lo pudiera matar era bastante probable. Unamuno, al denunciarlo, ¿actuó desde su sí-mismo, defendiendo la vida que incluye la muerte, pero no la idolatra? ¿Su trabajo de individuación hasta dónde llegó? ¿Provocó a Millan-Astray en un acto de redención de su culpa? ¿Es posible colaborar con los asesinos siendo consciente de que colaboras con el mal? ¿Puede alguien justificar que, no viendo, no queriendo ver, no se es un colaborador del mal? ¿Qué decisión tomar ante del dilema denunciar al asesino o no hacerlo para que no te aniquile?

El genocidio en Gaza nos coloca ante dilemas iguales. El Millan-Astray actual es el sionista Netanyahu y la sombra colectiva va ganando intensidad no solo en España, que también, sino en todo el planeta.

¡Seamos unamunos!

Morir ya sabemos que va a ocurrir ¡Qué sea con dignidad y sirva para algo!

 

“Si la gente no despierta, Israel será una dictadura teocrática”. Irit Keynan historiadora israelí fundadora de Bandera Negra en la Academia, grupo que busca movilizar a las universidades hebreas contra la guerra en Gaza

 

A continuación, unos poemas de Unamuno. En este enlace pueden leerse junto a bastantes de sus poemas:  https://www.poesi.as/Miguel_de_Unamuno.htm

 

SALMO II

Marcos, IX, 16-24.

Fe soberbia, impía,

la que no duda,

la que encadena a Dios a nuestra idea.

«Dios te habla por mi boca»

dicen, impíos,

y sienten en su pecho:

«¡por boca de Dios te hablo!»

No te ama, oh Verdad, quien nunca duda,

quien piensa poseerte,

porque eres infinita y en nosotros,

Verdad, no cabes.

Eres, Verdad, la muerte;

muere la pobre mente al recibirte.

Eres la Muerte hermosa,

eres la eterna Muerte,

el descanso final, santo reposo;

en ti el pensar se duerme.

Buscando la verdad va el pensamiento,

y él no es si no la busca;

si al fin la encuentra,

se para y duerme.

La vida es duda,

y la fe sin la duda es sólo muerte.

Y es la muerte el sustento de la vida,

y de la fe la duda.

Mientras viva, Señor, la duda dame,

fe pura cuando muera;

la vida dame en vida

y en la muerte la muerte,

dame, Señor, la muerte con la vida.

Tú eres el que eres;

si yo te conociera

dejaría de ser quien soy ahora,

en ti me fundiría,

siendo Dios como Tú, Verdad suprema.

Dame vivir en vida,

dame morir en muerte,

dame en la fe dudar en tanto viva,

dame la pura fe luego que muera.

Lejos de mí el impío pensamiento

de tener tu verdad aquí en la vida,

pues sólo es tuyo

quien confiesa, Señor, no conocerte.

Lejos de mí, Señor, el pensamiento

de enterrarte en la idea,

la impiedad de querer con raciocinios

demostrar tu existencia.

Yo te siento, Señor, no te conozco,

tu Espíritu me envuelve,

si conozco contigo,

si eres la luz de mi conocimiento,

¿cómo he de conocerte, Inconocible?

La luz por la que vemos

es invisible.

Creo, Señor, en Ti, sin conocerte.

Mira que de mi espíritu los hijos,

de un espíritu mudo viven presos,

libértalos, Señor, que caen rodando

en fuego y agua;

libértalos, que creo,

creo, confío en Ti, Señor; ayuda

mi desconfianza.

 

Salmo II es un poema bello que usa varias paradojas y una metáfora brillante: «La luz por la que vemos / es invisible». No podemos ver la luz en sí, sino las cosas que ella ilumina. De la misma manera, no podemos «ver» a Dios, pero Él es la luz que nos permite «ver» (entender) el mundo. Los versos fluyen de uno a otro sin pausa, como cabalgando, reflejando el flujo ininterrumpido del pensamiento angustiado y la súplica y la duda, que es la que hace viva la fe.

Sustituir Dios y Señor por el arquetipo del sí-mismo no cambia el sentido del poema SALMO II de Unamuno, mantiene el sentimiento trágico entre razón y fe, y convoca a ir más allá: los opuestos en polaridad es un símbolo tenso.

El paradigma junguiano tiene confianza en la realidad psíquica de los arquetipos y en que estos predeterminan el modo de ver la realidad, aunque no pueden verse ni definirse. Ambos sistemas (el teológico de Unamuno y el psicológico de Jung) comparten una misma estructura profunda: la tensión entre la conciencia finita y una realidad trascendente/inmanente inaprehensible en su totalidad. El Dios de Unamuno (inconocible, sentido, pero no demostrado, la «luz invisible») y el arquetipo del sí-mismo (una realidad psíquica que se siente y predetermina la percepción pero que no puede verse ni definirse). Ambos conceptos ejercen una función similar: son un «trascendente» (Dios fuera/sobre el hombre; sí-mismo dentro/pero más-allá-del-ego) que atrae y organiza la experiencia humana. La «fe» en Unamuno y la «confianza» en el proceso de individuación en Jung tendrían un nexo común.

 

A LA ESPERANZA

ἁ… πολύπλαγκτος ἐλπίς

SÓFOCLES. Antígona 615 1

                      I

Esperanza inmortal, genio que aguardas

al eterno Mesías, del que sabes

que nunca llegará, tú la que guardas

a tu hija la fe con siete llaves

y que ante la razón no te acobardas

si no haces a los corazones aves

para volar sobre las nubes pardas

de la fosca verdad, ya en mí no cabes.

¡Esperanza inmortal, ave divina!

que es mi alma para ti harto mezquina

y te ahogas en ella, y por tal arte

huérfano me he quedado de tu abrigo,

y ahora lucho sin ti por si consigo

luchando así, a las ciegas, olvidarte.

                                                    Salamanca, 30-XII-1910.

                      II

Pero no, tú, inmortal, por siempre duras

pues vives fuera de nosotros, Santo

Espíritu, de Dios en las honduras,

y has de volver bajo tu eterno manto

a amparar nuestras pobres amarguras,

y a hacer fructificar nuestro quebranto;

sólo tú del mortal las penas curas,

sólo tú das sentido a nuestro llanto.

Yo te espero, sustancia de la vida;

no he de pasar cual sombra desvaída

en el rondón de la macabra danza,

pues para algo nací; con mi flaqueza

cimientos echaré a tu fortaleza

y viviré esperándote, ¡Esperanza!

 

                                                                                                                                                 Salamanca, 6-1-1911.

 

                                                                        Sófocles llama, en la Antígona, a la Esperanza «la esperanza que vaga mucho».

 

Para Unamuno la esperanza no es una virtud teologal serena, sino una fuerza conflictiva, personificada como un «genio» o un «ave divina» que habita en el corazón de la contradicción humana. La Esperanza no es un simple sentimiento, sino una fuerza autónoma, eterna y con una voluntad propia («sabes que nunca llegará»). Es algo que habita al hombre, pero no proviene de él. Esta es la paradoja brutal: la Esperanza sabe que su objeto es inalcanzable, pero sigue esperando. Es la guardiana de la Fe («a tu hija la fe con siete llaves»), pero una fe que debe ser protegida de la razón. La Esperanza no se acobarda ante la razón, pero se niega a convertir los corazones en «aves» para escapar de «la fosca verdad» (la verdad oscura y descarnada). Prefiere enfrentarla. La paradoja final de la poesía es sublime: «con mi flaqueza / cimientos echaré a tu fortaleza». La debilidad humana, la duda, —la lucha— se convierten en los cimientos sobre los que se construye la fortaleza de lo eterno. La vida se define como «viviré esperándote». La espera es ya la victoria.

«A LA ESPERANZA» es la crónica de un naufragio que se convierte en un modo de navegación. Unamuno no resuelve la contradicción: la habita. El poema encapsula el «sentimiento trágico de la vida»: la conciencia de que somos finitos, unida a la rebelión contra esa finitud. La última palabra no es la fe tranquila, ni la duda escéptica, sino la esperanza activa, luchadora y agonística, que encuentra su dignidad no en la posesión de la verdad, sino en la nobleza del combate por alcanzarla. La vida, para Unamuno, es un «vivir esperando», y en ese verbo —esperar— se condensa todo el pathos y la grandeza de la condición humana. La Esperanza es personificada como un «genio», un «ave divina» e «inmortal». No es un simple sentimiento, sino una fuerza autónoma, eterna y con una voluntad propia («sabes que nunca llegará»). Es algo que habita al hombre, pero no proviene de él. En la Parte II, identifica la Esperanza con el «Santo Espíritu, de Dios en las honduras». Es una fuerza trascendente que viene de fuera a dar sentido desde dentro.

Jung reinterpreta las figuras religiosas como expresiones de realidades psíquicas. El Espíritu Santo simboliza la función mediadora y unificadora en la psique, La “función trascendente” la energía que impulsa la transformación y la curación. Es la fuerza que permite que el diálogo entre el consciente y el inconsciente (la «lucha») sea productivo. La Esperanza unamuniana sería, por tanto, la experiencia subjetiva de este «Espíritu» arquetípico actuando.

 

Amplificaciones y aportaciones al debate

La Evolución de la Conciencia: Esperanza -> Fe -> Confianza. La fe es un estado provisional en el despliegue de la conciencia, entre esperanza y confianza. Primero hay esperanza, basada en que se tienen experiencias previas de encontrar salidas, respuestas, … Es un estado inicial, dependiente de lo externo. Un grado de mayor complejidad es el sentimiento de fe que añade a esperanza un grado de certeza, en parte empezando a constelarse por los efectos de la activación de la función trascendente. Un grado de mayor complejidad es el sentimiento de confianza, que resulta de añadir al estado anterior la resiliencia y de des-investirlo de fe. Esperanza-fe-confianza/Ilusión motivadora-cierta certeza en que hay significado, pero se depende aun de lo externo-Resiliencia e incertidumbre. La confianza se construye, y con ella retorna a la incertidumbre que se puede soportar, en un grado más maduro, porque el sujeto sabe que el resultado depende de iniciar su acción lo que, probablemente, moverá el misterio en sintonía – ¿sincronicidades? -. En Unamuno, esta fe «pura» sólo es posible después de la muerte. En teología, es un don: la fe procede de la gracia divina. Tenerla o no depende de Dios. La gracia abre las argumentaciones de la predestinación -Dios elige a quien quiere salvar- y la doble predestinación -Dios elije a quien quiera salvar y a quien quiere condenar-. Conceptos que pueden parecer terribles y contrarios al libre albedrio, pero que están fundamentados en prácticas de religiones monoteístas, especialmente en ramas del protestantismo y del judaísmo. Los arquetipos se infieren mediante las imágenes que la mente humana crea con la información que le llega -dependiendo de la capacidad simbólica del sujeto-. Es cierto que la ciencia también puede constatar su existencia por ejemplo en la psicoterapia y de este modo hay más confianza, más incertidumbre, se abandonan los dogmas, las moralidades heterónomas deontologistas, y se incrementa el proceso de investigación.

Esto encaja perfectamente con la súplica unamuniana: «dame en la fe dudar en tanto viva, / dame la pura fe luego que muera». La «fe que duda» es el estado vital (equiparable a la «Confianza» del texto), mientras que la «fe pura» es el estado post-vital (la «fe» como certeza).

La duda en Unamuno como en Descartes (dudo luego existo), como en Jung […] es consustancial a la conciencia humana. Sin ella no hay desarrollo y despliegue de la psique. Dudar es moverse en la incertidumbre: eso es la vida con confianza y ausencia de certezas. No dudar, -aferrarse a certidumbres-, es estar muerto colgado, hacia abajo, de clavos ardientes que crean una falsa ilusión de seguridad.

La duda unamuniana no es escepticismo, sino el dinamismo mismo de una fe viva. En Jung, el proceso de individuación requiere dudar de la máscara de la persona y confrontar la sombra; es un cuestionamiento constante de las actitudes conscientes. No dudar, -aferrarse a certidumbres-, es estar muerto colgado, hacia abajo, de clavos ardientes que crean una falsa ilusión de seguridad. Los «clavos ardientes» representan los dogmas rígidos que, aunque parecen ofrecer seguridad, en realidad crucifican – para aniquilar- y matan el alma.

¡No muere quien cuando muere ya está muerto! Esa es la paradoja de la inmortalidad de los muertos que sobreviven a la muerte porque no pueden morir al estar ya muertos viviendo como zombis. Aquellos que viven aferrados a certezas absolutas son «zombis» espirituales: han aniquilado su capacidad de dudar, buscar y, por tanto, vivir auténticamente. Han alcanzado una «muerte» en vida. La verdadera inmortalidad, es para quien muere habiendo vivido plenamente la duda (la vida) desplegando la individuación.

Unamuno se debate en terreno teológico, Jung en el psicológico.

Los dos comparten un sentimiento trágico (griego):

-La conciencia de los límites del conocimiento humano.

-La aceptación de la duda y la incertidumbre como el terreno de la vida auténtica.

-La lucha, el conflicto, la tensión de opuestos (la «agonía») como motor del desarrollo.

-El rechazo absoluto del dogmatismo y las certezas cerradas, que se ven como una forma de muerte espiritual.

-La búsqueda de una relación vital y dinámica con una realidad trascendente (Dios/sí-mismo) que se intuyen, pero no se poseen.

 

En el epitafio de Unamuno están los versos finales del SALMO III en la sepultura del poeta en el cementerio de Salamanca.

Padre eterno, en tu pecho,
misterioso hogar,
dormiré allí, pues vengo deshecho
del duro bregar.

 

Si Unamuno y Jung se hubiesen conocido ¿hubiera surgido una reacción química enzimática? ¿cómo hubieran evolucionado sus individuaciones?

¿Si Unamuno hubiera hecho psicoanálisis junguiano?

¿Si Jung hubiera aceptado la praxis política?

¿Se habrán encontrado en la inmortalidad relativa del vacío-nada de la disolución del Samsara? ¿Viven aun en las almas de algunos vivientes que dudan? Su encuentro no será en un cielo teológico, sino en la «psique objetiva» que ambos ayudaron a cartografiar y que se activa cada vez que un individuo permite que la tensión entre conciencia y confianza despliegue su alma.

La tensión entre la conciencia que duda (razón) y la confianza/fe, es tan aguda, en tantos que se lo permiten vivir, que casi podría hipotetizar y proponer que es un arquetipo fundamental de la condición humana ligado al arquetipo de la ciclidad vida/muerte.

Por mi experiencia de EMC y las investigaciones que he hecho en otros procesos, lo esperable al final de la vida, tras la muerte, no es un juicio externo, sino la consumación del camino interior recorrido.

Para el que vivió la agonía la muerte es el paso de la confianza en la vida a la «fe pura» (unidad con el sí-mismo/Trascendente). Es la disolución del sujeto que permite la experiencia directa de la realidad arquetípica. Es el «descanso final» que, sin embargo, es la máxima plenitud. Es la respuesta al anhelo unamuniano, cumplido a través del proceso junguiano. Esta es la «inmortalidad relativa» de la que habla el texto. No es una eternidad estática, sino la perduración de lo esencial de su ser en el gran patrón arquetípico de la existencia. Esperemos que eso incremente la luz de lo arquetipal.

Para el que vivió dogmáticamente. La muerte es la confirmación de la nada, porque nunca realmente existieron como individuos conscientes. Su vida fue una no-vida, y su muerte es una no-muerte, simplemente el fin de una ilusión. Al no haber vivido la agonía de la duda, no hubo un proceso de individuación real. Su psique no se ha diferenciado lo suficiente para tener una identidad sustancial que «sobreviva» de algún modo. Su destino podría ser una disolución impersonal y sin rasgos en el inconsciente colectivo, o, peor incrementando la sombra colectiva, con verdadera extinción de la individualidad.

En definitiva, lo esperable para el individuo tras la muerte es, paradójicamente, lo que ha preparado para sí mismo a través de cómo ha vivido. La muerte no es un castigo ni una recompensa, sino la consecuencia última y más profunda de nuestra vida consciente.

¡Quien no duda ya ha muerto, quien duda arde, y en ese fuego se hace inmortal!

¡El que no duda es un cadáver obediente, quien abraza la duda, se convierte en llama que devora sus propias cadenas y forja su eternidad en el yunque de lo inconsciente!

¡Quien no duda yace en la paz de los inertes, quien duda, arde en el fuego de la conciencia, y ese incendio ilumina la futilidad de toda inmortalidad!

Diógenes sigue buscando en al ágora a alguno que sepa que ha sido elegido por Dios para salvarse. ¿Qué le diría Diógenes si se lo encontrase?

 

Poliamor en la perspectiva junguiana.

Poliamor en la perspectiva junguiana.

Poliamor en la perspectiva junguiana.

Mikel García. 13 septiembre 2025.

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Descripción de la imagen

Trabajando con inteligencia artificial. Por Mikel García.

 

Autor

 

Mikel García García[i]

[i] Médico y cirujano (Universidad Navarra, 1975). Psicólogo (Universidad San Sebastián, 1982). Psicoanalista junguiano. Formación experiencial y teórica en: Psicoanálisis, Terapia Sistémica Familiar, Psicoanálisis Reihiano (vegetoterapia), Psicología Analítica Junguiana, Psicoterapia Transpersonal. Experiencia de Muerte Cercana a los 33 años. Máster en “Astronomía y astrofísica” VIU (Universidad Valencia, 2014). Doctor Internacional en «Estudios Internacionales en Paz, Conflictos y Desarrollo», Universitat Jaume I (UJI Castellón, 2020). Máster en Fotografía Artística y Narrativa Visual (Universidad Internacional de la Rioja, 2022). Máster en Inteligencia Artificial (BIG SCHOOL, Madrid 2024) y Máster en Inteligencia Artificial (Universidad Isabel I, Madrid 2025). 

Colaborador con ONG médicas de intervención internacional, y en programas de formación a personal sanitario de atención Primaria; SIDA; maltrato infantil; muerte digna y a docentes. Especializado en maltrato infantil, trauma, duelo, tanatología, acompañamiento al muriente, integración de sistemas, estados de trance y místicos. Terapeuta de “Grupos de Duelo Online Ventana a ventana” desde confinamiento COVID-19. Psiconauta, antropólogo investigador del alma en la clínica médica y psicoterapéutica y trabajos de campo antropológicos cualitativos y cuantitativos, con énfasis en la Acción Participativa, docencia y divulgación psicopolítica de los hallazgos. Promotor de acciones participativas para el despertar del desierto interior y para la transformación social. Didacta  de la Sociedad Internacional Para el Desarrollo del Psicoanálisis Junguiano (SIDPaJ). Fotógrafo. Buceador. Alquimista. Hilozoísta. Hijo de Hermes. Creador herido. https://bit.ly/mikelcurriculum  iratxomik@gmail.com

Presentación y contenido

El texto «Poliamor en la perspectiva junguiana» de Mikel García García realiza un análisis profundo de la intersección entre las estructuras relacionales no monógamas y la psicología analítica de Carl Gustav Jung. Partiendo de la base de que el propio Jung podría considerarse un practicante temprano del poliamor dados sus vínculos múltiples con mujeres como Toni Wolff, el autor explora cómo los arquetipos del ánima y el ánimus -las imágenes internalizadas de lo femenino y masculino en el inconsciente- se manifiestan y transforman en contextos poliamorosos.

El núcleo del análisis identifica un riesgo fundamental: la multiplicación de proyecciones arquetípicas. En relaciones con múltiples vínculos, existe el peligro de fragmentar el ánima o el ánimus asignando roles complementarios a diferentes personas (la «cuidadora», la «misteriosa», el «guía racional»), reduciendo así a los individuos a funciones psíquicas en lugar de relacionarse con su totalidad. Este «reduccionismo arquetípico» convierte las relaciones en un teatro de proyecciones inconscientes donde, como ilustra el caso de Toni Wolff, las personas pueden ser convertidas en símbolos en lugar de ser vistas en su autenticidad.

Sin embargo, el poliamor también presenta oportunidades únicas para la integración psíquica. Al desafiar la monogamia normativa, puede facilitar la expresión de masculinidades no hegemónicas y feminidades plurales, permitiendo explorar aspectos del ánima (vulnerabilidad, sensibilidad) y ánimus (liderazgo, asertividad) de manera más fluida. Esta potencialidad requiere necesariamente de conciencia psicológica, pues de lo contrario se puede caer en un narcisismo relacional donde se usan múltiples parejas para «completar» una psique fragmentada.

El texto aborda críticamente la tensión entre los arquetipos junguianos y las teorías contemporáneas sobre relaciones. Por un lado, señala que el marco ánima/ánimus refuerza un binarismo de género esencialista y un determinismo heteronormativo que podría excluir identidades no binarias y relaciones homoafectivas. Por otro, el poliamor desafía binarios fundamentales como amor/odio, lealtad/traición, pareja/no-pareja y celo/compersión, proponiendo un espectro relacional más fluido.

Como contrapunto, se menciona cómo en comunidades como el BDSM la negociación explícita de roles podría evitar la imposición inconsciente de arquetipos, aunque se cuestiona hasta qué punto lo consciente puede trascender los complejos inconscientes sin un proceso de individuación.

La propuesta final es una ética relacional junguiana basada en tres pilares: autoconocimiento para identificar proyecciones propias, comunicación radical sobre roles y expectativas, y flexibilidad arquetípica que permita a las personas cambiar de roles dentro de las dinámicas grupales. El éxito residiría en relaciones donde los participantes reconocen las cualidades que buscan en otros como aspectos a cultivar en sí mismos, evitando convertir a las personas en meros actores de roles psíquicos.

La conclusión presenta el poliamor como un laboratorio de tensiones entre lo arquetípico y lo individual, donde el desafío fundamental es despertar a la conciencia que permite ver al otro más allá de nuestras proyecciones, haciendo coexistir lo arquetípico y lo polimorfo sin anularse mutuamente.

Ensayo

Poliamor en la perspectiva junguiana.

Mikel Garcia Garcia 13 septiembre 2025

Poliamor[1] es un concepto acuñado posteriormente a Jung que tiene diversas acepciones. Podría argumentarse que Carl Gustav Jung pudiera ser un practicante de esta cosmovisión en la medida de sus relaciones con varias mujeres, siendo algunas especialmente inspiradoras para el desarrollo de su individuación.

La complejidad de las relaciones grupales entre hombres y mujeres, cuando se analizan a través de los arquetipos del ánima y el ánimus y las dinámicas del poliamor, revela un entramado de proyecciones inconscientes, desafíos a las normas sociales y oportunidades para la integración psíquica. A continuación, apunto alguna de estas interacciones:

1. Proyecciones del ánima y el ánimus en contextos poliamorosos.

Los arquetipos del ánima (lo femenino en el inconsciente, no solo en el género masculino) y el ánimus (lo masculino en el inconsciente, no solo en el género femenino) operan como imágenes internalizadas que influyen en cómo percibimos y nos relacionamos con otros. Estos arquetipos no operan como tales ya que en el desarrollo del sujeto han sido tejidos con las dinámicas relacionales por lo que hay que hablar, en propiedad, de complejo ánima y complejo ánimus.

En relaciones poliamorosas, estas proyecciones pueden multiplicarse y generar tensiones:

Idealización fragmentada: Un hombre podría proyectar su ánima en distintas mujeres del grupo, asignando roles complementarios (ej.: una como «la cuidadora», otra como «la misteriosa»). Esto fragmenta su psique y reduce a las mujeres a funciones de los complejos arquetípicos, no a individuos completos.

Expectativas contradictorias: Una mujer podría proyectar su ánimus en varios hombres, esperando que uno encarne el «guía racional» y otro el «protector emocional».

Si estos roles entran en conflicto, surgen celos, sumisión, resignación o competencia.

El poliamor, al permitir múltiples vínculos, amplifica el riesgo de reduccionismo arquetípico, especialmente si no hay conciencia de estas proyecciones. Por ejemplo, la figura de Toni Wolff en la vida de Jung ilustra cómo una persona puede ser convertida en un «símbolo» (su rol como ánima oscura) en lugar de ser vista en su totalidad. Ser vista así depende de los mecanismos de defensa, y proyecciones de otros hombres y mujeres cercanos a las dinámicas de esa relación.

  1. El poliamor como campo de prueba para la integración de opuestos.

El poliamor, al desafiar la monogamia normativa, puede ser un espacio para integrar aspectos del ánima y el ánimus de manera más fluida: 

Masculinidad no hegemónica: Hombres en relaciones poliamorosas pueden explorar vulnerabilidad o sensibilidad (aspectos del ánima) sin temor a ser juzgados, ya que el modelo no exige el cumplimiento del arquetipo del «macho proveedor».

Feminidad plural: Mujeres pueden expresar roles diversos (ej.: líder, cuidadora, creativa) sin ser encasilladas en un solo estereotipo del ánimus.

Sin embargo, esto requiere consciencia psicológica: Si las proyecciones no se reconocen, el poliamor puede replicar dinámicas patriarcales. Por ejemplo, un hombre que busca múltiples parejas para «completar» su ánima fragmentada podría caer en un narcisismo relacional, usando a otros como extensiones de su psique en lugar de seres autónomos.

  1. La sombra colectiva y los celos: Lo reprimido en grupos poliamorosos.

Jung señalaba que lo no integrado de la psique (la sombra) se proyecta en otros. En grupos poliamorosos, esto puede manifestarse en:

Celos como proyección de la inseguridad: Un hombre que reprime su ánima (su lado emocional) podría sentirse amenazado por la conexión de su pareja con otro hombre, interpretándolo como un juicio a su «masculinidad».

Competencia entre arquetipos: Si dos mujeres en un grupo son proyectadas como «la madre» y «la amante», podrían rivalizar por validar su rol dentro de la dinámica grupal, incluso si el poliamor teóricamente rechaza la jerarquía.

La falta de comunicación sobre estas proyecciones puede convertir al poliamor en un teatro de conflictos arquetípicos, donde los participantes actúan guiones inconscientes en lugar de relacionarse auténticamente.

  1. El poliamor y el desmantelamiento de los binarios.

Las teorías del poliamor, al cuestionar la exclusividad relacional, resuenan con el polimorfismo (la idea de que la identidad y el deseo son fluidos y múltiples). Esto desafía la rigidez de los binarismos.

El poliamor, en su esencia, no solo cuestiona el binario monogamia/no-monogamia, sino que inherentemente desafía toda una serie de estructuras binarias y rígidas sobre las que se ha construido el amor romántico moderno. Al hacerlo, resuena profundamente con teorías queer, postestructuralistas y decoloniales.

La práctica poliamorosa exitosa requiere desaprender binarios profundamente internalizados:

Amor/Odio (o Amor/Indiferencia): Se rompe la idea de que el amor por una persona nueva necesariamente disminuye o amenaza el amor que se siente por otra. Se promueve la idea del amor abundante, no limitado.

Lealtad/Traición: El concepto de «traición» se redefine radicalmente. La lealtad ya no se mide por la exclusividad sexual o emocional, sino por el respeto a los acuerdos consensuados establecidos entre todxs. La transparencia reemplaza al secreto.

Pareja/No-Pareja: Las líneas se difuminan. Surgen figuras como los «tríos» (amistades íntimas con componentes románticos o sexuales esporádicos) o relaciones afectivas profundas que no encajan en la categoría de «amistad» o «pareja» tradicional. Esto crea un espectro de relaciones en lugar de categorías discretas.

Celo/Compersión: Se desafía el binario que presenta a los celos como la única reacción posible ante la conexión de una pareja con otra persona. Se introduce y cultiva activamente el concepto de compersión (la sensación de alegría al ver a tu pareja feliz con otra persona), que existe no como su opuesto, sino como otra posibilidad en un abanico de emociones complejas.

Los arquetipos junguianos ánima/ánimus y su determinismo rígido.

La teoría de Jung podría reforzar un binarismo de género esencialista. Presupone una división absoluta y complementaria entre «lo masculino» y «lo femenino», donde cada individuo debe integrar al «otro» dentro de sí. Esto ¿deja espacio para identidades no binarias, genderqueer o agénero, para las cuales estos polos no son relevantes?

Determinismo heteronormativo: El concepto de ánima/ánimus está profundamente enraizado en una lógica heteronormativa. Implica que la búsqueda psicológica del hombre es integrar lo femenino (y proyectar su ánima en una mujer para reintroyectarla) y viceversa. Esta visión ¿no excluye las relaciones homoafectivas y las dinámicas no heteronormativas, donde estas proyecciones no siguen ese patrón binario? Más allá del ánima/ánimus: En grupos no binarios o queer, las proyecciones de género se diluyen, permitiendo relaciones basadas en la afinidad emocional o intelectual, no en roles predeterminados.

La «Media Naranja» como Proyección: La idea junguiana de que buscamos en lxs otrxs la proyección de nuestros ánima/ánimus inconsciente fortalece el mito de la «media naranja» o el amor romántico único destinado a «completarnos». El poliamor, por el contrario, suele partir de la premisa de la autocompletud: las personas son enteras por sí mismas y buscan relacionarse para compartir su plenitud, no para llenar un vacío. Las múltiples conexiones satisfacen necesidades diferentes, ninguna persona es responsable de «completar» a otra.

Arquetipos como herramientas, no como prisiones: El poliamor puede fomentar que los individuos usen los arquetipos de forma consciente (ej.: «Hoy necesito conectar con mi ánimus racional») sin caer en proyecciones rígidas. Esto, a su vez, puede ser un intento de colonización de lo inconsciente por parte del ego “con complejo heroico”.

En la comunidad BDSM[2], los roles como «dominante» o «sumiso» son negociados explícitamente. Esto se entiende que evita la imposición inconsciente de arquetipos, como si lo consciente pudiera negar que su elección está sobredeterminada por los complejos y que la libertad humana solo es condicional hasta no lograr la individuación.

  1. Riesgos y oportunidades: Hacia una ética relacional junguiana.

Para navegar esta complejidad, se propone una ética basada en la individuación (integración de opuestos) aplicada al poliamor:

Autoconocimiento: Identificar proyecciones propias (¿Estoy amando a alguien o a mi arquetipo de él/ella?).

Comunicación radical: Hablar abiertamente sobre roles esperados y cómo estos pueden estar influidos por arquetipos.

Flexibilidad arquetípica: Permitir que las personas cambien de roles dentro de la dinámica grupal, sin etiquetas fijas.

Un caso de éxito sería un grupo poliamoroso donde:

Un hombre reconoce que busca en sus parejas cualidades de su ánima (creatividad, intuición), pero trabaja para cultivarlas en sí mismo.

Una mujer negocia con sus parejas cómo expresar su ánimus (liderazgo, asertividad) sin ser catalogada como «dominante».

¿Puede el poliamor trascender los arquetipos?

Las relaciones grupales bajo el poliamor son un laboratorio de tensiones entre lo arquetípico y lo individual. Mientras los arquetipos del ánima y el ánimus ofrecen un mapa para entender atracciones y conflictos, el poliamor exige un desapego de los guiones inconscientes para priorizar la autenticidad.

La figura de Toni Wolff resurge aquí como metáfora: así como ella fue reducida a un arquetipo (la «sombra femenina» de Jung), el poliamor corre el riesgo de convertir a las personas en meros actores de roles psíquicos si no se practica con consciencia. Sin embargo, si se integra la sabiduría junguiana con una ética relacional flexible, el poliamor podría ser un camino hacia relaciones más plenas, donde lo arquetípico y lo polimorfo coexistan sin anularse. Como diría Jung: «Quien mira afuera, sueña; quien mira adentro, despierta». Despertar, en este contexto, implica ver al otro más allá de nuestras proyecciones.

 

Autores y textos fundamentales sobra el poliamor

  1. a) Franklin Veaux y Eve Rickert
  • «Más allá de la pareja: Una guía práctica para el poliamor ético» (2019):

o Manual basado en 20 años de experiencia, con casos prácticos y estrategias para negociar límites, gestionar celos y evitar jerarquías rígidas.

o Critica mitos de la monogamia y propone un modelo centrado en la comunicación radical y la ética de los cuidados.

  1. b) Brigitte Vasallo
  • «Pensamiento monógamo, terror poliamoroso»:

o Analiza la monogamia como constructo social impuesto y critica el poliamor que reproduce lógicas capitalistas de «acumulación» de relaciones.

o Destaca cómo la no monogamia puede desafiar estructuras opresivas si evita replicar dinámicas de poder.

  1. c) Lídia Manot
  • «Amar más allá de la monogamia»:

o Aborda la no monogamia ética desde una perspectiva personal, cuestionando el amor romántico y promoviendo la deconstrucción individual.

o Incluye ejercicios prácticos para reflexionar sobre modelos relacionales.

  1. d) Jessica Fern
  • «Polysecure» (solo en inglés):

o Aplica la teoría del apego al poliamor, proponiendo estrategias para crear vínculos seguros en relaciones múltiples.

  1. e) Dossie Easton y Janet W. Hardy
  • «Ética promiscua»:

o Clásico sobre no monogamia, con herramientas para comunicación, gestión de celos y negociación de acuerdos.

  1. f) Alba Centauri
  • Psicóloga y activista enfocada en no monogamias. Sus ideas destacan la gestión de celos como oportunidades para renegociar acuerdos y la crítica a la jerarquía de pareja.
  1. g) Jorge N. Ferrer.
  • .Psicólogo clínico transpersonal. Ferrer no aborda el poliamor como un fin en sí mismo, sino como un punto de partida para explorar lo que él llama «libertad relacional». En su libro Love and Freedom: Transcending Monogamy and Polyamory (2021), argumenta que tanto la monogamia como el poliamor, tal como se practican comúnmente, están limitados por condicionamientos biológicos, psicológicos y culturales que restringen la autenticidad en las relaciones. Propone superar esta dualidad a través de tres caminos: fluidez, hibridación y trascendencia, los cuales culminan en lo que él denomina «novogamia». Este término no describe una estructura fija, sino un espacio relacional liminal y diverso que permite a las personas diseñar vínculos amorosos sin adherirse a etiquetas predefinidas.

 

Notas

[1] El poliamor (del griego poly, «muchos», y del latín amor, «amor») es la práctica, deseo o aceptación de tener múltiples relaciones íntimas, románticas y/o sexuales de manera simultánea, con el conocimiento y consentimiento ético de todas las personas involucradas.

A diferencia de la infidelidad, se basa en principios de honestidad, transparencia y comunicación constante. No se trata simplemente de tener varias parejas, sino de cultivar una ética de no posesión y de construir acuerdos que prioricen el bienestar emocional de todos.

Los pilares que suelen definir al poliamor son:

Consentimiento Informado: Todas las partes conocen y aceptan la estructura del relacionamiento. No hay secretos ni engaños.

Comunicación Radical: Diálogos abiertos y honestos sobre sentimientos, deseos, límites, acuerdos y expectativas son esenciales.

Autonomía y No Posesión: Se reconoce que una persona no es propiedad de otra y tiene derecho a formar múltiples vínculos afectivos.

Ética y Respeto: Se prioriza el cuidado de los sentimientos de todos, gestionando emociones como los celos a través de la negociación y la compersión (alegrarse por la felicidad de tu pareja con otras personas).

El poliamor, en su práctica ética y consciente, es mucho más que un simple acuerdo sexual o romántico. Es un acto político y deconstructivo que:

Desnaturaliza los mandatos relacionales de la monogamia. Desestabiliza los binarios que ordenan nuestra vida afectiva (amor/odio, lealtad/traición, pareja/amigue). Dialoga críticamente con teorías psicológicas clásicas (como la junguiana) al exponer sus limitaciones binarias y heteronormativas.

Se alía con el pensamiento queer al celebrar la multiplicidad, la fluidez y el polimorfismo del deseo y la identidad. Al hacerlo, ofrece un marco para imaginar y practicar formas de relacionarse que son más flexibles, auténticas y acordes con la complejidad humana.

 

 

[2] Es un término paraguas que agrupa a personas que practican, exploran o se identifican con un conjunto de actividades, dinámicas de poder y estilos de vida centrados en el consentimiento, la confianza y la exploración de roles, sensaciones y fantasías. B&D (Bondage & Discipline); D&S (Dominance & Submission): S&M (Sadism & Masochism):

Análisis político simbólico y ética de la individuación para la transformación social.

Análisis político simbólico y ética de la individuación para la transformación social.

Análisis político simbólico y ética de la individuación para la transformación social.

Mikel García. 6 septiembre 2025.

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Descripción de la imagen

Trabajando con inteligencia artificial. Por Mikel García.

Explicación de los símbolos de la imagen

  • El Caballero Cansado y su Armadura Brillante: Representa el «Complejo del yo», la identidad que se cree virtuosa y heroica (armadura brillante) pero que está exhausta por cargar con una mentira (peso). Su armadura es su defensa, pero también su prisión.
  • El Dragón Pequeño sus Brazos: Es el «complejo» (paterno/materno, ideológico) al que se aferra. El que lo abrace como un bebé muestra la relación de dependencia y afecto equivocado. El dragón es pequeño porque en realidad es una creación mental, pero su sombra es enorme. El dragón es siniestro, cara-cabeza antropomórfica de un sujeto viejo que representa el tremendo peso tradicional ancestral que no mira  nadie pues ha perdido lo humano.
  • Expresión de Satisfacción: Captura la alienación del caballero, creyendo que ha tenido éxito al abrazar el dragón, completamente equivocado sobre cuál era su misión real.
  • La Doncella Encadenada a la Tabla de la Ley: El Ánima (empatía, amor, conexión) está cautiva no por el dragón directamente, sino por la estructura rígida de la «Ley» (norma, dogma) que el caballero debería haber combatido. La tabla de piedra representa la frialdad e inflexibilidad de la norma por la norma.
  • El Rey en el Acantilado: El sí-mismo, observando desde la altura de la conciencia superior. Su «grito silencioso» añade una capa de tragedia e impotencia.
  • La Sombra Monstruosa del Dragón: La verdadera naturaleza y el poder destructivo del complejo o ideología que el caballero minimiza y abraza. La sombra lo engulle, mostrando que, aunque él no lo ve, está poseído por ella.
  • Las Nubes/Tormentas de Gaza y Ucrania: Representan la escalada de los arquetipos («Dios Oscuro») a nivel colectivo. Sus formas de mapas muestran que son conflictos territoriales concretos, pero al mismo tiempo las caras de dios vengativo y zar, se simboliza la fuerza arquetípica e impersonal que impulsa la violencia.
  • Estilo de Beksiński y Dalí: Beksiński aporta una atmósfera onírica, inquietante, oscura y decadente. Dalí aporta el surrealismo, la distorsión de la realidad y el simbolismo onírico. La combinación es perfecta para un análisis junguiano.
  • Paleta de Colores y Iluminación: La paleta apagada refleja la pérdida de vitalidad y humanidad. El único foco de luz sobre la doncella es un faro de esperanza y la clave de lo que realmente debería ser rescatado.

Zdzisław Beksiński fue un artista polaco (1929-2005) reconocido por su distintivo y inquietante estilo en la pintura, dibujo y fotografía. Su obra, a menudo categorizada como surrealismo oscuro o fantástico, es perfecta para representar los temas junguianos y la angustia existencial de tu texto.

Su estilo se caracteriza por:

  • Imaginario Apocalíptico y Onírico: Beksiński creaba paisajes surrealistas de pesadilla, a menudo escenas de decadencia, estructuras distópicas y figuras deformadas en estados de descomposición o transformación. Esto se alinea perfectamente con la idea de «constelar el Dios Oscuro» y los paisajes psíquicos devastados por el conflicto.
  • Atmósfera Profundamente Inquietante: Sus cuadros evocan una sensación de soledad, melancolía y muerte existencial. No es un horror sangriento, sino una terror frío y metafísico, ideal para transmitir el «dolor» y la «repugnancia» de las acciones necesarias pero antiéticas.
  • Maestría Técnica y Detalle: A pesar de lo grotesco de los temas, su técnica era impecable, con una textura casi táctil y una iluminación dramática que guía la mirada a través de las pesadillas que pintaba. Esto añadiría una capa de belleza sombría y seriedad a la imagen generada.
  • Abstracción Figurativa: Sus formas son a la vez reconocibles (humanoides, arquitectura) y completamente alienígenas, lo que simboliza excelentemente la transformación y distorsión de los arquetipos (el Rey, el Caballero, el Dragón) cuando son poseídos por la Sombra.

Beksiński es el maestro indiscutible de visualizar el inconsciente colectivo en su forma más cruda y arquetípica. Su estética captura la esencia de la advertencia junguiana: la belleza terrible y la necesidad de adentrarse en el horror para encontrar una forma de integración. Una imagen en su estilo no solo ilustraría el texto, sino que transmitiría visceralmente su carga emocional y psicológica.

Ejemplo de cómo Beksiński influye en

La textura erosionada y orgánica de las superficies.

La luz dramática que crea sombras profundas y misteriosas.

La sensación de que la escena es a la vez un paisaje onírico y una representación de un estado mental interno.

La desfiguración sutil pero perturbadora de las figuras (el contentamiento alienado del caballero, la mirada desesperada del Rey).

Beksiński es generar una imagen que no sea solo una ilustración, sino una experiencia emocional que encapsule la profundidad del conflicto entre el deber, la sombra y la búsqueda de una paz imposible.

Incluir el estilo de Salvador Dalí en la imagen es un complemento maestro para la base ya inquietante de Beksiński. Mientras Beksiński aporta la atmósfera oscura y decadente, Dalí aporta el subversivo simbolismo onírico y la distorsión de la realidad, elementos cruciales para representar los conceptos junguianos de lo inconsciente y los complejos.

La influencia de Dalí se manifestaría en:

  1. Realismo Onírico y Perturbador: Dalí pintaba objetos irreconocibles con una precisión fotográfica hiperrealista. En esta imagen, eso se traduciría en que el dragón, las cadenas de la doncella o la textura de la tabla de ley se verían tan nítidos y reales como una fotografía, pero en un contexto que desafía toda lógica, intensificando la sensación de que esto es una «verdad» psíquica distorsionada.
  2. Espacio y Perspectiva Distorsionados: Dalí jugaba con espacios infinitos y perspectivas imposibles. El acantilado del Rey podría extenderse hacia un horizonte imposible.
  3. Imágenes Dobles: El genio de Dalí para esconder una imagen dentro de otra sería perfecto. La sombra del dragón en su contorno contiene una multitud de personas sufriendo, representando las consecuencias humanas ocultas de la ideología que abraza el caballero.
  4. Elementos Simbólicos Surrealistas Clásicos de Dalí:

Relojes: Sobre la armadura del caballero a modo de escudo, simbolizando la distorsión del tiempo y la razón, y cómo las ideologías rígidas en realidad se «derriten» y deforman bajo el sol de la realidad psíquica.

Hormigas: Un símbolo de Dalí de decadencia y muerte. En la sombra del dragón las caras representan esta corrupción y putrefacción interna en la sombra colectiva.

Elefantes de Patas de Insecto: Figuras que representan fragilidad y pesadez al mismo tiempo. Uno al fondo, portando un obelisco (símbolo de poder patriarcal) en su lomo, mostrando lo absurdo y precario de las estructuras de poder que parecen sólidas.

¿Por qué la combinación Beksiński + Dalí es tan poderosa?

  • Beksiński provee el cuerpo de la imagen: la oscuridad, la textura, la emocionalidad sombría y la sensación de finitud.
  • Dalí provee el sistema nervioso: el simbolismo subversivo, los elementos oníricos que desafían la lógica y la sensación de que la realidad misma se está descomponiendo.

Juntos, crean una visualización perfecta del inconsciente colectivo en estado de crisis: un paisaje de pesadilla que es a la vez personalmente traumático y simbólicamente complejo, exactamente como el análisis del texto que se quiere representar.

 

 

Autor

 

Mikel García García[i]

[i] Médico y cirujano (Universidad Navarra, 1975). Psicólogo (Universidad San Sebastián, 1982). Psicoanalista junguiano. Formación experiencial y teórica en: Psicoanálisis, Terapia Sistémica Familiar, Psicoanálisis Reihiano (vegetoterapia), Psicología Analítica Junguiana, Psicoterapia Transpersonal. Experiencia de Muerte Cercana a los 33 años. Máster en “Astronomía y astrofísica” VIU (Universidad Valencia, 2014). Doctor Internacional en «Estudios Internacionales en Paz, Conflictos y Desarrollo», Universitat Jaume I (UJI Castellón, 2020). Máster en Fotografía Artística y Narrativa Visual (Universidad Internacional de la Rioja, 2022). Máster en Inteligencia Artificial (BIG SCHOOL, Madrid 2024) y Máster en Inteligencia Artificial (Universidad Isabel I, Madrid 2025). 

Colaborador con ONG médicas de intervención internacional, y en programas de formación a personal sanitario de atención Primaria; SIDA; maltrato infantil; muerte digna y a docentes. Especializado en maltrato infantil, trauma, duelo, tanatología, acompañamiento al muriente, integración de sistemas, estados de trance y místicos. Terapeuta de “Grupos de Duelo Online Ventana a ventana” desde confinamiento COVID-19. Psiconauta, antropólogo investigador del alma en la clínica médica y psicoterapéutica y trabajos de campo antropológicos cualitativos y cuantitativos, con énfasis en la Acción Participativa, docencia y divulgación psicopolítica de los hallazgos. Promotor de acciones participativas para el despertar del desierto interior y para la transformación social. Didacta  de la Sociedad Internacional Para el Desarrollo del Psicoanálisis Junguiano (SIDPaJ). Fotógrafo. Buceador. Alquimista. Hilozoísta. Hijo de Hermes. Creador herido. https://bit.ly/mikelcurriculum  iratxomik@gmail.com

Presentación y contenido

Resumen:

Este análisis explora la conexión entre un texto sociopolítico sobre fundamentalismo cristiano y masculinidad tóxica, y una parábola simbólica de un caballero que falla en su misión. Utilizando la psicología junguiana, se argumenta que tanto el fundamentalismo como la ideología incel representan una evitación de la individuación—el proceso de integración psicológica—al aferrarse a estructuras rígidas (el «dragón» de la ley, el poder y los complejos parentales) en lugar de integrar valores femeninos y relacionales (el «ánima» o «doncella»). El documento profundiza en el polémico concepto de «constelar el Dios Oscuro», es decir, realizar acciones éticamente repugnantes pero necesarias para restaurar un equilibrio superior, diferenciándolas claramente de las atrocidades mediante criterios como la proporcionalidad, la reversibilidad del daño y la intención. Examina conflictos como Gaza y Ucrania como ejemplos de posesión por arquetipos destructivos (el Vengador, el Imperio) y concluye que la paz resiliente, tanto individual como colectiva, requiere un camino de autoconocimiento, desidentificación de arquetipos colectivos dañinos, diálogo basado en la sombra compartida y la creación de instituciones que fomenten la conciencia y la complejidad moral sobre la simplificación y la proyección del enemigo.

Palabras clave:

Individuación, Arquetipo, Sombra, Ánima, Dios Oscuro, Fundamentalismo, Paz Resiliente, Conciencia Colectiva, Moral

 

Summary

This analysis explores the connection between a sociopolitical text on Christian fundamentalism and toxic masculinity, and a symbolic parable about a knight who fails his mission. Using Jungian psychology, it argues that both fundamentalism and incel ideology represent an avoidance of individuation—the process of psychological integration—by clinging to rigid structures (the «dragon» of law, power, and parental complexes) instead of integrating feminine and relational values (the «anima» or «maiden»). The document delves into the controversial concept of «constellating the Dark God,» i.e., performing ethically repugnant but necessary actions to restore a higher balance, clearly distinguishing them from atrocities through criteria such as proportionality, reversibility of harm, and intention. It examines conflicts like Gaza and Ukraine as examples of possession by destructive archetypes (the Avenger, the Empire) and concludes that resilient peace, both individual and collective, requires a path of self-knowledge, disidentification from harmful collective archetypes, dialogue based on shared shadow, and the creation of institutions that foster consciousness and moral complexity over simplification and enemy projection.

Keywords

Individuation, Archetype, Shadow, Anima, Dark God, Fundamentalism, Resilient Peace, Collective Consciousness, Ethics

 

Laburpena

Azterketa honek testu soziopolitiko bat (fundamentalismo kristaua eta maskulinotasun toxikoa aztertzen duena) eta misioan huts egiten duen zaldun bati buruzko parabola sinbolikoaren arteko lotura aztertzen du. Psikologia jungiarra erabiliz, fundamentalismoak eta incel ideologiak indibiduazioa—prozesu psikologiko integratzailea—saihesten dutela argudiatzen du, egitura zurrunetatik helduz («herensugea»: legea, boterea, gurasoaren konplexuak) balio femenino eta erlazionalak («anima» edo «neskatoa») integratu beharrean. Dokumentuak «Jainko Iluna konstelatze» kontzeptu eztabaidagarrian sakondu egiten du, hau da, oreka gorenago bat berrezartzeko etikoki higuingarriak diren ekintzak beharrezkoak direnean egitea, eta argiro bereizten dizkie atrocitatetik proportzionaltasun, kaltearen itzulgarritasun eta intentzioaren irizpideen bidez. Gaza eta Ukrainako gatazkak aztertzen ditu adibide gisa, arketipo suntsitzaileek (Mendekatzailea, Inperioa) posseditu dituztenak, eta ondorioztatzen du bake erresistenteak, bai banako mailan bai kolektiboan, autoezagutza, arketipo kolektibo kaltegarrietatik desidentifikatzea, itzalean oinarritutako elkarrizketa, eta kontzientzia eta konplexutasun morala sustatzen duten erakundeak sortzea eskatzen duela, sinplifikazio eta etsaia proiektatzearen gainetik.

Gako-hitzak

Indibiduazioa, Arketipo, Itzala, Anima, Jainko Iluna, Fundamentalismo, Bake Erresistente, Kontzientzia Kolektiboa, Moral

 

Ensayo

Texto 1. Sociopolítico

Los fundamentalistas cristianos creen que han ganado en el punto central: la prohibición del aborto. Pero no han entendido que no se trata en absoluto de una vuelta a la familia cristiana, sino de una norma para la norma. Porque el gran discurso con el que se legitima el desenfrenado elitismo de la tecnología es el de la masculinidad sin límites. Es casi cómico ver a Zuckerberg, el jefe de Meta, descubrir en otoño de 2024 que es un macho castrado y que tiene los pectorales caídos. Por lo tanto, conviene poner a la mujer en su lugar: la aplicación de la prohibición del aborto es inquisitorial y no va acompañada, como querría la tradición cristiana, de una política de caridad hacia los más desfavorecidos.

La prohibición del aborto no es una defensa de la familia: es una prohibición que solo funciona como tal y deja intacta la libertad sexual de los dominantes. La prueba: apenas los cristianos tradicionalistas celebraron lo que creían que era una victoria, Trump anuncia una sorprendente nueva subvención para la fecundación in vitro.

Inmediatamente, los obispos católicos estadounidenses se indignaron: habría una contradicción. Pero no lo entendieron: la aceleración no es cristiana, es transhumanista, como otros son transgénero. Si quieren tener hijos, no es por respeto a la vida, es para perpetuarse. La defensa de la masculinidad no es el regreso de la familia tradicional, porque se dirige a individuos, no a parejas. Es una ideología de solteros, cuya versión más radical es la de los incels y que se adapta perfectamente a la poligamia de Elon Musk. Algunos incels abogan por la violencia contra las mujeres, así como contra los hombres que tienen la suerte de tener relaciones felices.

En la serie «Adolescencia» se trata este tema cuando se habla de «la regla del 80-20», que se traduce en la creencia de que el 80% de las mujeres se siente atraída solo por el 20% de los hombres, dejando a los demás sin posibilidades. También la serie toca otro tema que forma parte del ideario impulsado en estos foros: el de la píldora negra. La metáfora alude a la pastilla roja de las películas de la saga Matrix, que significa tener un despertar repentino a una verdad supuestamente oculta. Muchos autoproclamados incels instan a sus seguidores a tomar la «píldora negra» para despertar y confirmar cómo, según creen ellos mismos, su destino está sellado desde su nacimiento por fuerzas que escapan a su control. La pastilla los hará confirmar que están oprimidos por el feminismo, entre otras fuerzas que les impiden alcanzar una vida plena.

Los cristianos fundamentalistas creen en la ley, más que en el amor, como condición misma de la libertad; se quejan de las molestias administrativas solo en la medida en que les impiden aplicar sus propias normas, como por ejemplo exigir a sus empleados que se adhieran a los valores cristianos. Cuando hablan de libertad, no dicen «freedom», sino «liberty», es decir, no la tan odiada libertad individual, sino la autonomía de la Iglesia —libertas ecclesiae en la terminología canónica—; es característico que la orden ejecutiva de Trump que amnistía a los activistas cristianos hable más bien de «religious liberty» que de “religious freedom”. Todo el esfuerzo de los fundamentalistas cristianos es actuar por ley, de ahí la centralidad del control del Tribunal Supremo en su estrategia política.

El catolicismo contrarrevolucionario está en Europa en el centro de esta nostalgia cristiana por los viejos tiempos, porque el protestantismo o bien se ha secularizado, o bien, en su forma evangélica, afecta mayoritariamente a los inmigrantes, poco preocupados por una identidad cristiana blanca.

Sin embargo, en Estados Unidos, también son intelectuales católicos —en su mayoría conversos del protestantismo, como J. D. Vance— los que lideran la cruzada intelectual contra el progresismo. En el plano electoral, sin embargo, son los evangélicos protestantes los que constituyen los grandes batallones del trumpismo. Esta incapacidad del evangelismo para producir una vanguardia intelectual es interesante y podría explicarse en gran medida por cierto desprecio por la cultura en general y la alta cultura en particular. Por lo tanto, son los padres de la Iglesia, entre otros San Agustín y San Benito, a quienes se convoca para restablecer la ley natural y el anclaje de la sociedad en la trascendencia.

Texto 2. Simbólico

Desde lo alto de su castillo, un rey ve llegar a un caballero. Éste va a caballo y, muy contento, lleva un dragón en sus brazos. El rey le grita: » ¡Estúpido tu misión era matar al dragón y traer a la doncella!».

Análisis junguiano

La conexión entre los dos textos, enriquecida por la lectura junguiana, revela una crítica profunda a las falsas soluciones y las evasiones psicológicas y culturales que impiden la verdadera individuación (concepto clave de Carl Jung para el proceso de convertirse en un ser psicológicamente íntegro y único).

  1. El Caballero y el Fundamentalismo: La Evasión de la Individuación

La parábola del texto 2 es una metáfora perfecta de la dinámica que describe el texto 1. Según la lectura junguiana:

  • El Rey (arquetipo del sí-mismo): Representa la totalidad psíquica, la plenitud y el orden correcto de las cosas. Es la voz de la sabiduría que conoce cuál es la verdadera misión: integrar al ánima (lo femenino, la relación, la vida emocional) y dominar o transmutar los complejos (el dragón de las influencias parentales y los traumas).
  • El Caballero (Yo): Es la conciencia egoica, el individuo que actúa en el mundo.
  • El Dragón (Complejos Materno y Paterno): Simboliza las ataduras inconscientes, las estructuras de poder rígidas, las normas heredadas y los traumas no resueltos. El caballero abrazarlo en lugar de matarlo significa aferrarse a estas estructuras como si fueran una solución y su estar contento significa su alienación.
  • La Doncella (Ánima): Es el principio femenino interno, la capacidad de relacionarse, de conectar con la vida, la empatía y la Eros (en el sentido junguiano de conexión y armonía). Rescatarla simboliza la integración de estos valores en la psique, esencial para la individuación.

El texto 1 describe a los fundamentalistas cristianos y a los ideólogos de la masculinidad tóxica (incels) haciendo exactamente lo que hace el caballero: en lugar de «rescatar a la doncella» (integrar lo femenino, el ánima), se aferran al «dragón» (estructuras de poder, ley sin amor, complejos parentales).

  • Su «dragón» es la Ley (liberty, no freedom): Se aferran a un sistema normativo rígido (prohibición del aborto, control del Tribunal Supremo) creyendo que eso restaurará el orden. Pero, como señala el texto, esta ley no va acompañada de caridad (ánima, Eros). Es una ley inquisitorial, un dragón que abrazan para sentirse poderosos, pero que en realidad les impide completar su misión real: crear una comunidad integrada y sana.
  • Han confundido el medio con el fin: La familia tradicional o la ley natural deberían ser vehículos para fomentar el amor y la comunidad (la doncella/ánima). En cambio, han convertido la ley en un fin en sí mismo, dejando al ánima cautiva. El texto es claro: «no se trata en absoluto de una vuelta a la familia cristiana, sino de una norma para la norma».
  1. La Masculinidad Herida y la Negación del Ánima

El texto 1 describe una «masculinidad sin límites» y «castrada» (como la autorreflexión de Zuckerberg). Esta crisis de masculinidad es el equivalente del caballero que se siente fracasado. Sin embargo, su solución no es introspectiva ni integradora.

  • La «Píldora Negra» como Falso Despertar: La «píldora negra» de los incels es lo opuesto a la individuación. En lugar de un despertar hacia la responsabilidad personal y la integración de sus propias partes oscuras (la sombra) y femeninas (el ánima), es una rendición fatalista. Les hace abrazar el «dragón» de la derrota, la misoginia y la creencia de que son víctimas de fuerzas externas (el feminismo). Es una justificación para no intentar «rescatar a la doncella» dentro de sí mismos.
  • Poligamia y Fecundación In Vitro como Sustitutos Tecnológicos: Las acciones de figuras como Trump (subvención a la FIV) o Musk (poligamia) exponen la verdad: no se busca integrar lo femenino en una relación de pareja equilibrada (ánima integrada), sino poseerlo y controlarlo tecnológicamente. Es otra forma de aferrarse al dragón (el poder tecnológico y financiero) para evadir la tarea más difícil y profunda de la relación auténtica y la interioridad. Es «perpetuarse», no «amar».
  1. El Sí-mismo (El Rey) vs. La Nostalgia por el Padre (Los Patriarcas)

El texto 1 menciona que los fundamentalistas convocan a los Padres de la Iglesia (San Agustín, San Benito) para «restablecer la ley natural». Desde la perspectiva junguiana, esto es otro intento de encontrar una solución externa y arquetípicamente paternal.

  • El Rey (sí-mismo) en la parábola grita desde el castillo, que simboliza la totalidad y la conciencia superior. Su grito es la voz de la psique que pide individuación, que es un proceso creativo y personal hacia el futuro.
  • Los Fundamentalistas, en cambio, buscan la solución en el arquetipo del Padre Antiguo (la ley, los patriarcas, la tradición rígida). Esto es retroceder, no avanzar. Es buscar refugio en la autoridad del «padre» (el complejo paterno/dragón) en lugar de escuchar al Sí-mismo, que les exigiría evolucionar e integrar lo que falta: el principio femenino (ánima), la compasión y la caridad.

Conclusión

La relación entre los textos es profunda. El fundamentalismo cristiano y las ideologías de la masculinidad tóxica representadas en el texto 1 son el equivalente colectivo y cultural del caballero del texto 2. Ambos:

  1. Fallan en su misión esencial: Confunden el objetivo (integrar el ánima, el amor, la relación) con el medio (aplicar la ley, abrazar el poder).
  2. Se aferran al dragón: Prefieren abrazar estructuras de poder rígidas (ley, tecnología, misoginia, complejos parentales no resueltos) antes que emprender el viaje psicológico más difícil de rescatar e integrar su propio principio femenino (ánima) y lograr la individuación.
  3. Ignoran la voz del Sí-mismo: La crítica del texto 1 a su hipocresía (ley sin caridad) y a su falta de comprensión (la aceleración es transhumanista, no cristiana) es el equivalente moderno del grito del Rey: «¡Estúpido! ¡Tu misión era otra!». Están tan obsesionados con su dragón normativo y tecnológico que han olvidado por completo a la doncella que deberían estar rescatando: la capacidad de amar, conectar y crear una comunidad verdaderamente humana.

¿Qué tendría que hacer un caballero que buscase la individuación?

Su misión ya no sería externa («matar al dragón»), sino interna. Siguiendo la lectura junguiana del texto, su camino implicaría:

  1. Escuchar la Voz del Rey (El sí-mismo): El primer paso sería detenerse, escuchar el grito de alerta desde el castillo (su propia conciencia superior) y reconocer su error. Debe aceptar que su interpretación de la misión era errónea y que abrazar el dragón (los complejos) no es la solución. Esto requiere humildad y autocrítica.
  2. Soltar el Dragón (Confrontar los Complejos): Tendría que soltar al dragón que lleva en brazos. Esto no significa «matar» a sus influencias parentales o tradiciones (paterno/materno), sino confrontarlas, entenderlas y transmutarlas. Implica:
    • Analizar su Sombra: Reconocer las partes oscuras y negadas de sí mismo (la rabia, la frustración, la misoginia internalizada) que proyecta en los demás.
    • Desidentificarse de los Complejos: Comprender que su identidad no está definida únicamente por los mandatos paternos/maternos o las normas culturales rígidas. Debe dejar de depender de ellos para tener un sentido de orden.
  3. Emprender la Búsqueda de la Doncella (Integrar el Ánima): Esta es la misión central. El ánima representa el principio de relación, vida, emoción, creatividad y Eros (conexión). Rescatarla significa:
    • Valorar lo Femenino: Tanto en el mundo exterior (respetando la autonomía y igualdad de las mujeres) como en su interior (desarrollando su capacidad de intuición, empatía, cuidado y receptividad).
    • Buscar la Relación Auténtica: Entender que la plenitud no se encuentra en el dominio (poligamia) ni en la posesión tecnológica (FIV como producción), sino en la conexión genuina con otro ser humano, basada en el respeto mutuo.
  4. Aceptar el Conflicto y la Paradoja: La individuación no es un camino cómodo. Debe tolerar la angustia de no tener respuestas absolutas, navegar entre la tradición y la modernidad, entre la fuerza (el guerrero) y la compasión (el amante), sin caer en la rigidez de un extremo.

En resumen, su nueva misión sería un viaje de nekyia, de autoconocimiento, donde el enemigo exterior (el dragón) se convierte en un desafío interior a integrar, y el premio (la doncella) no es un objeto a poseer, sino una parte de su propia psique a rescatar y con la que debe aprender a convivir.

¿Cómo se relacionaría un caballero individuado con los fundamentalistas?

Nivel 1.- Firmeza

La relación del caballero individuado con los fundamentalistas no sería de confrontación directa ni de alineamiento, sino de comprensión profunda y límites claros. Actuaría desde una posición centrada (desde su sí-mismo), no desde la reactividad.

  1. Vería el Dragón que Ellos Abrazan: No los vería simplemente como enemigos o rivales, sino como caballeros equivocados que, movidos por el miedo y la confusión, abrazan un dragón (la ley rígida, la nostalgia, la identidad tribal) pensando que es la solución. Comprendería que su fundamentalismo es un síntoma de una individuación fallida, una evitación masiva de la tarea de integrar el ánima y la sombra.
  2. Practicaría la «Amabilidad Inquebrantable» (Steadfast Kindness): No gastaría energía en gritarles que están equivocados (como hace el Rey, que, aunque tiene razón, su grito no es escuchado). En lugar de despreciarlos, mantendría una actitud de compasión crítica. Entendería su miedo al caos moderno y su nostalgia por un orden perdido, pero no validaría su método destructivo.
  3. Sería un Ejemplo Silencioso (Encarnar el Cambio): La mayor influencia del caballero individuado sería su propia forma de ser. Al haber integrado su ánima, se relacionaría con las mujeres de forma respetuosa e igualitaria. Al haber confrontado su sombra, no actuaría desde el odio. Al haberse desidentificado de los complejos, no necesitaría imponer su verdad a los demás. Encarnaría la «libertad» (freedom) interna que ellos intentan suplir con «ley» (liberty) externa.
  4. Pondría Límites Claros y Firmes: La comprensión no significa permitir la injusticia. El caballero individuado defendería con firmeza los derechos de los demás (especialmente de aquellos a los que los fundamentalistas quieren oprimir) y se opondría activamente a sus políticas inquisitoriales. Pero lo haría desde un lugar de convicción centrada, no de rabia reactiva. Su lucha no sería «contra» ellos, sino «a favor» de un espacio donde la individuación de todos sea posible.
  5. Señalaría la Contradicción (Amor vs. Ley): En el diálogo, su estrategia sería recordarles constantemente su propia misión fallida, tal como el Rey se la recuerda al caballero: «Ustedes dicen defender la vida y la familia (la doncella), pero en realidad solo están aplicando una norma (abrazando el dragón). ¿Dónde está la caridad? ¿Dónde está el amor?».

En esencia, el caballero individuado transciende la batalla cultural en la que están atrapados los fundamentalistas. No niega la lucha, pero la aborda desde un nivel superior de conciencia. No busca vencerlos, sino volverse inmune a su patología y, en el mejor de los casos, ser un espejo que les muestre, aunque sea de refilón, la posibilidad de un camino más integrado y menos temeroso. Su mayor contribución sería demostrar que hay una alternativa al dilema de «abrazar el dragón o ser devorado por él».

Nivel 2.- Constelar el dios oscuro.

Siguiendo al Jung de constelizar el dios oscuro, es decir, tener que hacer acciones antiéticas que a uno le repugnan, no le causan placer, sino dolor, pero son necesarias para equilibrar justicia. ¿Que tendría que hacer el caballero con los fundamentalistas?

Esta es una pregunta profunda y crucial que lleva el análisis al corazón de una de las paradojas más difíciles de la psicología junguiana: la integración de la Sombra y la constelación del «Dios Oscuro» o el aspecto implacable de la justicia arquetípica que trasciende nuestra moral convencional.

Para el caballero individuado, actuar desde este lugar no se trata de cometer actos inmorales por placer o crueldad, sino de asumir la terrible responsabilidad de realizar un acto que, desde una perspectiva personal y ética superficial, le repugna, pero que es necesario para restaurar un equilibrio mayor. Es un sacrificio de su propia inocencia moral.

En el contexto de su relación con los fundamentalistas, esto implicaría acciones que no son «agradables» ni «correctas» según el guion de la corrección política o la moral light, sino que son estratégicas, contundentes y dirigidas a desmantelar su poder de manera efectiva, incluso si eso le cuesta su propia imagen de «buena persona».

He aquí lo que el caballero tendría que hacer, constelando al Dios Oscuro:

  1. Abandonar la Diplomacia y Emplear la Verbalización Incómoda y Directa: Dejaría de intentar «entenderlos» o «dialogar» en sus términos. En su lugar, nombraría su hipocresía y su patología en público, con una precisión brutal y despiadada. Usaría su propio lenguaje en su contra. Por ejemplo:
    • «Ustedes no son pro-vida, son pro-control. Su dios no es el Amor, es el Poder.»
    • «Su ‘liberty’ es la libertad de oprimir, no la de construir.»
    • «Abrazan la ley porque son incapaces de sentir el amor que predican. Es su armadura contra su propio vacío.»

Esta no es una discusión; es un diagnóstico público diseñado para desgarrar su fachada de virtud y dejar al descubierto la Sombra que alimenta su movimiento. Causa dolor (al caballero por rebajarse a esta crudeza y a ellos por ser expuestos), pero es necesario para equilibrar la balanza de una narrativa que ellos controlan.

  1. Golpear donde Duele: El Bolsillo y el Estatus: El Dios Oscuro no lucha en el terreno de las ideas, sino en el mundo material. El caballero tendría que apoyar o organizar boicots económicos masivos y dirigidos contra empresas, iglesias o individuos clave que financien el movimiento fundamentalista. La caridad cristiana que brindan muchas de estas megainstituciones depende de donantes. Secar esas fuentes es un acto antiético para quien cree en la «libertad de empresa», pero es un acto de justicia superior para detener el daño que ese dinero causa. El caballero debe estar dispuesto a ser tachado de «intolerante» o «fanático» por este acto.
  2. Utilizar sus Propias Estructuras en Su Contra (La Trampa Legal): Esto implica adoptar tácticas legales hiperagresivas y literales que ellos mismos emplean. Presentar demandas frivolas pero costosas contra sus iglesias por cualquier tecnicismo posible, forzándolos a gastar millones en defensa legal. Apoyar políticas que, bajo la bandera de la «libertad religiosa», los aíslen y los priven de influencia (p. ej., «Si quieren autonomy, démoslesla: que sus universidades no reciban fondos públicos, que sus hospitales no estén acreditados si se niegan a practicar procedimientos estándar»). Es usar la ley como un arma, no como un escudo, un acto que al caballero ético le repugna, pero que es el único lenguaje que su oponente entiende.
  3. Exponer la Sombra de sus Líderes sin Piedad: El caballero tendría que dedicarse a investigar y hacer públicas, de manera fría y implacable, todas las contradicciones, pecados y fracasos de los líderes fundamentalistas. No por chisme, sino como acto de deconstrucción mitológica. Mostrar al mundo que el «hombre de Dios» que predica contra el aborto apresuró a su amante para que se lo practicara, o que el defensor de la familia tradicional es un adicto al sexo. Es un acto sucio y doloroso (ensuciarse las manos en el fango de la hipocresía ajena), pero es necesario para derribar los ídolos falsos sobre los que se sustenta su poder moral.

La Advertencia Junguiana Crucial:       

Al constelar al Dios Oscuro, el caballero DEBE tener una conciencia espiritual y psicológica extraordinaria. De lo contrario, se convertirá en lo que combate.

  • No debe disfrutarlo: El momento en que siente placer en el dolor ajeno, ha perdido el camino y se ha identificado con la Sombra. La acción debe causarle dolor y repugnancia, pero realizarla de todos modos por un bien mayor.
  • Debe mantener el Objetivo claro: El objetivo no es destruir a las personas, sino destruir la patología que las posee. La diferencia es sutil pero vital. Es una operación quirúrgica, no un bombardeo indiscriminado.
  • Debe purificarse después: Tras realizar estos actos, necesitará un período de retiro, introspección y ritual de purificación (oración, meditación, arte) para reconectarse con su Ánima (la doncella) y no quedar atrapado en la energía destructiva que ha tenido que canalizar. Debe recordar constantemente que está haciendo esto PARA PODER rescatar a la doncella, no para reemplazarla con el dragón.

En conclusión, el caballero tendría que convertirse en un guerrero sagrado y despiadado, dejando atrás la comodidad de la queja y adoptando una estrategia fría y efectiva que, aunque manche temporalmente su propia imagen ideal de sí mismo, es la única manera de enfrentar a una fuerza que no opera bajo las reglas de la moral convencional, sino bajo el poder de una Sombra colectiva constelada. Es el precio de la verdadera justicia.

Constelar el dios oscuro, y tipos de moralidad: deontologista y consecuencialista.

Una discusión entre la moral deontológica (Kant) y la utilitarista (Mill, Bentham) en torno al concepto de «constelar el Dios Oscuro» es fundamental para cartografiar los riesgos éticos de esta idea junguiana. Ambas perspectivas ofrecen lentes radicalmente diferentes para juzgar tales acciones.

El Marco de la Discusión: «Constelar el Dios Oscuro» como Acción

Para esta discusión, definamos la acción como: Un acto que transgrede una norma ética fundamental (deber o principio) causando un daño inmediato y repugnante al actor, pero que se realiza con la intención de prevenir un mal mayor o restaurar un equilibrio psíquico o social a largo plazo.

  1. La Perspectiva Deontológica (Kantiana)

La deontología juzga la moralidad de un acto por su conformidad con un deber o una ley moral universal, no por sus consecuencias. Se basa en imperativos categóricos, como actuar de forma que la máxima de tu acción pueda ser una ley universal.

  • Veredicto sobre «Constelar el Dios Oscuro»: Inmoral e Injustificable.
  • Razonamiento:
    1. Universalización: La máxima de la acción sería algo como: «Está permitido violar una norma ética (mentir, dañar, boicotear) cuando creo que las consecuencias serán buenas». Kant argumentaría que esta máxima no puede ser universalizada sin autocontradecirse. Si todos mintieran o dañaran cuando creyeran conveniente, el concepto de verdad y confianza se erosionaría, haciendo que la propia acción fuera imposible o carente de sentido.
    2. Medios y Fines: La deontología prohíbe usar a las personas como meros medios para un fin. En el ejemplo del boicot económico, aunque el fin sea loable, se está utilizando a los empleados y accionistas (que pueden ser inocentes o no tener poder de decisión) como medios para presionar a la cúpula. Para un deontólogo, esto es inherentemente inmoral.
    3. La Intención no Absuelve la Acción: Para Kant, lo único bueno sin restricciones es una buena voluntad. Actuar por deber. El hecho de que al actor «le repugne» la acción no la hace moral; de hecho, su repugnancia es la señal de que su conciencia reconoce que está violando el deber moral.

Conclusión Deontológica: Desde este marco, «constelar el Dios Oscuro» es siempre un error ético. Es la capitulación de la moral frente a la conveniencia. La acción incorrecta nunca puede justificarse, independientemente de las «buenas» consecuencias que pretenda lograr.

  1. La Perspectiva Utilitarista (Consecuencialista)

El utilitarismo juzga la moralidad de un acto únicamente por sus consecuencias. La acción correcta es la que produce la mayor felicidad o bienestar para el mayor número de personas (utilidad).

  • Veredicto sobre «Constelar el Dios Oscuro»: Potencialmente Justificable, incluso Obligatorio.
  • Razonamiento:
    1. Cálculo de Utilidad: Un utilitarista realizaría un análisis de coste-beneficio. Compararía el dolor/daño inmediato causado por la acción (ej: pérdida de empleos por un boicot) con el dolor/daño mayor que se previene (ej: continuidad de una política opresora que afecta a millones). Si el balance neto de utilidad es positivo (se previene más dolor del que se causa), la acción no solo está justificada, sino que es moralmente necesaria.
    2. El «Dolor» del Actor es Irrelevante: El hecho de que el actor sufra por realizar la acción no tiene peso moral en el cálculo. Lo único relevante es el impacto en el bienestar general.
    3. El Riesgo del Error: El mayor problema para el utilitarista es práctico: la incertidumbre. ¿Estamos seguros de que nuestra acción terrible logrará el bien mayor? ¿No podríamos estar equivocados? Lanzar un boicot podría endurecer aún más al oponente, generando más utilidad negativa. El utilitarismo requiere una capacidad de predicción casi divina, que los humanos no tenemos.

Conclusión Utilitarista: Desde este marco, «constelar el Dios Oscuro» no solo es permisible, sino que en ocasiones es un imperativo moral. No actuar por escrúpulos deontológicos, permitiendo así que un mal mayor ocurra, sería la verdadera inmoralidad.

  1. Síntesis Junguiana: Trascendiendo el Dilema a través de la Conciencia

La perspectiva junguiana no se alinea con ninguna de las dos posturas, sino que introduce un tercer elemento crucial: la conciencia y el proceso de individuación del actor.

El «Dios Oscuro» no es un concepto puramente utilitarista porque el estado interno del actor es primordial. La acción no es solo un cálculo frío; es un sacrificio psíquico que deja una cicatriz en quien lo realiza. Tampoco es deontológico, porque reconoce que a veces el cumplimiento rígido del deber puede ser un obstáculo para una justicia más profunda.

La propuesta junguiana sugiere una ética híbrida y consciente:

  1. Parte de un Análisis Utilitarista (pero humilde): El actor debe intentar el cálculo de consecuencias lo mejor posible, reconociendo siempre su limitada perspectiva y el alto riesgo de error. La acción debe ser el último recurso tras agotar opciones menos dañinas.
  2. Respeto por los Límites Deontológicos (pero no absolutos): Ciertos actos deben permanecer absolutamente prohibidos porque destruyen irrevocablemente la humanidad del actor y de la víctima, sin importar las consecuencias. La línea roja es la irreversibilidad del daño físico y la deshumanización. Un boicot (daño reversible) puede estar en la mesa; un crimen de guerra (daño irreversible) nunca lo está. Aquí, Jung se aliaría con Kant para establecer un límite inquebrantable.
  3. El Elemento Decisivo: La Intención y la Integración: La clave junguiana está en la frase «para equilibrar justicia». La acción no debe nacer del odio, el placer por el poder o la venganza (que sería pura Sombra). Debe nacer de un dolor genuino por la ruptura del orden y una responsabilidad hacia el Todo (el Sí-mismo). Además, el actor debe integrar la culpa que sentirá. No puede ignorarla como el utilitarista, ni puede evitar la acción como el deontólogo. Debe aceptar que cargará con la culpa de su transgresión como parte del precio de su acción. Esta aceptación de la culpa es lo que le impide convertirse en un monstruo.

Conclusión: El «buen uso» del concepto de constelar el Dios Oscuro requiere:

  • Un cálculo utilitarista humilde sobre las consecuencias.
  • Un respeto deontológico por los límites absolutos que protegen la vida y la humanidad.
  • Una conciencia junguiana que examine sus motivos (¿es por el bien del Todo o por mi Sombra?), acepte el costo psíquico de la acción y se purifique después para reintegrarse a la comunidad sin identificarse con el rol de «verdugo».

En esencia, es una ética para momentos de excepción, donde todas las opciones son malas, pero la no-acción es la peor de todas. No proporciona una respuesta fácil, sino un marco para navegar la complejidad moral con la máxima conciencia posible, evitando tanto la rigidez paralizante como la conveniencia brutal.

Constelar el dios oscuro, como justificación para la barbarie.

Esta es una de las aplicaciones más complejas y serias de la teoría junguiana, ya que nos obliga a analizar atrocidades reales a través de una lente psicológica profunda. La idea de «constelar al Dios Oscuro» no justifica la violencia, sino que intenta explicar la dinámica psíquica arquetípica que se despliega en ella.

Caso 1: El Conflicto en Gaza

Desde una perspectiva junguiana, este conflicto es una proyección masiva de la Sombra colectiva y una constelación del Dios Oscuro en ambos bandos, en un ciclo de retroalimentación infernal.

  • Para Hamas (y sus partidarios): El «Dios Oscuro» se consteló el 7 de octubre de 2023. El ataque fue un acto de violencia absoluta y simbólica diseñado para romper brutalmente el status quo. Fue un acto que, desde su perspectiva, era «necesario» para equilibrar una justicia histórica percibida, para despertar al mundo ante la situación de Gaza y para vengar décadas de ocupación y bloqueo. Es el arquetipo del Trickster (el que rompe las reglas) y el Guerrero Oscuro que emerge de la desesperación más profunda para cometer actos atroces que, en su lógica distorsionada, son un sacrificio horrible por una causa superior. No causó placer en el sentido convencional, pero sí una sensación de poder y vindicación histórica momentánea.
  • Para el Gobierno Israelí de Netanyahu: La respuesta israelí también consteló su propio «Dios Oscuro»: el arquetipo del Dios Vengador y Guerrero Implacable (una faceta de Yahvé). La campaña militar, con su enorme costo en vidas civiles, se lleva a cabo bajo el imperativo de «borrar la vergüenza» y «aniquilar la capacidad de Hamas». Es un acto que, para gran parte de la sociedad israelí, «repugna» a su humanidad, pero se ve como «necesario» para restablecer la seguridad y la disuasión. Es la encarnación de la frase «si estamos condenados a ser verdugos, entonces seremos verdugos con dolor, pero seremos verdugos» (parafraseando a un antiguo líder israelí). Aquí, el «dolor» es el precio a pagar por una justicia y seguridad percibidas como absolutas.
  • La Dinámica de Sombra: Cada lado es la Sombra proyectada del otro. Israel proyecta en Hamas el terrorismo absoluto, la irracionalidad y el antisemitismo. Hamas e Israel proyectan en el otro el colonialismo, la opresión y el genocidio. Esta proyección mutua impide toda individuación colectiva. El «Dios Oscuro» se alimenta de esta proyección, demandando más y más sacrificios de sangre como pago para un equilibrio que nunca llega.

Caso 2: La Guerra en Ucrania

Aquí la constelación del Dios Oscuro es igual de compleja en su desarrollo.

  • Para Vladimir Putin y el Nacionalismo Ruso: El «Dios Oscuro» constelado es el arquetipo del Zar o del Imperio Perdido que debe ser restaurado. La invasión es un acto que, desde una moral convencional, es un crimen de agresión. Pero desde la lógica arquetípica de Putin, es un acto «necesario» y «doloroso» (el costo en vidas rusas y sanciones económicas) para rectificar una injusticia histórica (la desintegración de la URSS), proteger a los «hermanos» rusohablantes y restaurar el lugar «natural» de Rusia como gran potencia. Es el Dios Oscuro de la Nostalgia Tóxica y la Grandeza Imperial, que exige un sacrificio humano masivo para su realización.
  • Para Ucrania: La invasión consteló el «Dios Oscuro» ucraniano como el Guerrero Defensor que se Niega a Morir. La resistencia feroz, mientras es moralmente defendible como legítima defensa, también implica actos de violencia extrema, sacrificio de una generación joven y una militarización total de la sociedad. Ucrania ha tenido que abrazar este arquetipo guerrero de manera total para sobrevivir. Es un acto «necesario» que causa un dolor inmenso, pero que es visto como el único camino hacia la preservación de la existencia nacional.
  • La Dinámica de los Arquetipos: La guerra es una colisión entre dos constelaciones arquetípicas poderosas: el Imperio vs. la Nación-Estado soberana. Rusia está poseída por un arquetipo expansionista y aglutinante; Ucrania, por un arquetipo de autodeterminación y defensa existencial. El «Dios Oscuro» aquí es la inevitabilidad del conflicto una vez que estas energías se constelaron y chocaron. La diplomacia fracasa porque se enfrenta a fuerzas psíquicas que trascienden la racionalidad.

Conclusión Junguiana: El Peligro y la Necesidad de la Conciencia

El concepto de «constelar al Dios Oscuro» nos muestra que:

  1. No se trata de buenos vs. malos: Se trata de colectivos poseídos por arquetipos poderosos y a menudo destructivos que justifican la atrocidad en nombre de una «necesidad» superior (seguridad, venganza, destino histórico, restauración).
  2. El precio es siempre la humanidad: Para actuar desde este lugar, un colectivo (o un líder) debe suprimir su propia compasión, su individualidad y su moral personal (su Ánima) en favor del mandato impersonal y despiadado del arquetipo.
  3. La única salida es la conciencia: La individuación colectiva, aunque enormemente difícil, requiere des-identificarse del arquetipo. Esto significa que un lado debe ser capaz de ver su propia Sombra, de dejar de proyectar toda la maldad en el enemigo y de entender la dinámica psíquica en la que está atrapado. Es el proceso de escuchar la voz del «Rey» (el sí-mismo) que grita: «¡Deténganse! Esta no es la misión real. La misión real es la convivencia, no la aniquilación».

En la práctica política, esto se traduce en procesos de justicia transicional, comisiones de la verdad y diálogos increíblemente difíciles donde cada parte acepta su parte de responsabilidad. Es un camino casi imposible de transitar cuando el Dios Oscuro está en plena marcha, pero es el único que conduce a una paz verdadera y no simplemente a una tregua hasta el próximo episodio de violencia.

Advertencia Ampliada: La Cooptación del Concepto por Ideologías Violentas

El concepto de «constelar al Dios Oscuro» es un instrumento de análisis psicológico, no un manual de acción. El peligro mortal reside en que un grupo o individuo, ya poseído por su propia Sombra, utilice esta idea junguiana para justificar ideológicamente sus impulsos destructivos, revistiéndolos de un falso manto de «necesidad arquetípica» o «justicia superior».

Ejemplo de Cooptación Peligrosa:

Imaginemos a un grupo extremista que predica el odio racial. Podrían apropiarse del discurso del «Dios Oscuro» de la siguiente manera:

  • Su Narrativa Distorsionada: «Nuestra pureza racial está siendo aniquilada por la inmigración (el ‘dragón’ de la mezcla cultural). Debemos actuar de manera que la sociedad blanda y corrupta considere repugnante: debemos intimidar, segregar o incluso eliminar a estos ‘invasores’. No lo hacemos por placer, sino con el dolor de tener que cargar con esta cruz necesaria para salvar nuestro futuro. Es nuestro deber constelar al Dios Oscuro de la Preservación Étnica».
  • Por qué es una Cooptación: Esta narrativa pervierte completamente el concepto. En primer lugar, proyecta su propia Sombra (su miedo, su odio, su inseguridad) en un chivo expiatorio externo (los inmigrantes), al que llama «dragón». En segundo lugar, se identifica por completo con el arquetipo destructivo, creyendo que él es la mano ejecutora de una voluntad superior, en lugar de ser un canal consciente y crítico. No hay introspección, solo proyección y justificación.

La advertencia clave es: El verdadero trabajo con el «Dios Oscuro» junguiano es un proceso interno y de conciencia. Cualquier aplicación que busque destruir o oprimir a otros en el mundo exterior ha malinterpretado el concepto catastróficamente. Es una señal de que la Sombra ha ganado, no de que se la esté integrando.

Criterios para Distinguir una Acción Dura de una Atrocidad

La línea que separa una acción éticamente compleja de una atrocidad es abismal. Aquí se desarrollan criterios para discernirla, usando los ejemplos propuestos: un boicot económico (acción dura) vs. un crimen de guerra (atrocidad).

 

Aplicación Práctica:

  • Boicot a empresas que financian campañas anti-LGTBIQ+: Es una acción estratégica, económica, reversible y dirigida a una estructura. Causa daños colaterales (accionistas, algunos empleados) pero su objetivo es presionar para un cambio político, no aniquilar a las personas que piensan distinto.
  • Bombardear un hospital porque «sirve de escudo» a un enemigo: Es una atrocidad. El daño es físico, irreversible y desproporcionado. El blanco directo es la población civil y la infraestructura humanitaria. La justificación es una deshumanización del enemigo («usan humanos como escudos») que sirve para excusar lo inexcusable.

 

La clave para «constelar al Dios Oscuro» sin caer en la barbarie es nunca traspasar la línea que separa el daño reversible al sistema del daño irreversible a las personas. La acción debe estar siempre guiada por un faro ético último: la preservación de la humanidad y la posibilidad de un futuro común, por difícil que este parezca. Si la acción destruye irrevocablemente esa posibilidad, se ha convertido en parte de la patología que dice combatir.

Conclusiones para una Paz Resiliente Individual y Colectiva

 

El camino hacia una paz resiliente, tanto individual como colectiva, que se desprende de este análisis, requiere varios pasos conscientes:

  1. Autoconocimiento como Base (Individuación): La paz externa es imposible sin una paz interna relativa. El individuo debe emprender el viaje de la nekyia: confrontar su Sombra, integrar su Ánima (o Ánimus) y dejar de proyectar sus aspectos negados en el «enemigo». Esto rompe el ciclo de la violencia psicológica que precede a la física.
  2. Desidentificación de los arquetipos y complejos culturales colectivos: Los colectivos deben aprender a reconocer cuándo están siendo «poseídos» por un arquetipo (el Guerrero Vengativo, el Imperio Nostálgico, el Fundamentalista Rígido). La conciencia de este proceso es el primer paso para desactivar su poder destructivo. Esto implica fomentar el pensamiento crítico y la educación emocional.
  3. Diálogo desde la Sombra Compartida: La paz resiliente no surge del evitar el conflicto, sino de transformar su naturaleza. El diálogo debe pasar de debatir posiciones superficiales a reconocer las heridas, los miedos y las sombras proyectadas mutuamente. Es un diálogo que acepta la paradoja y la ambigüedad.
  4. Acción Consciente con Límites Éticos Claros: La lucha contra la injusticia es necesaria, pero el «Dios Oscuro» debe ser un último recurso, un concepto manejado con extremo cuidado y siempre subordinado al objetivo final de rescatar al «Ánima» (la humanidad, la compasión, la comunidad). Las tácticas deben ser proporcionales y tener como meta final la reconciliación, no la aniquilación del oponente.
  5. Instituciones para la Individuación Colectiva: La paz resiliente requiere estructuras que faciliten este proceso: sistemas educativos que enseñen gestión emocional, medios de comunicación que eviten la demonización, mecanismos de justicia transicional que prioricen la verdad y la reparación sobre la venganza, y espacios culturales que exploren narrativas de encuentro y complejidad.

En última instancia, la conclusión más potente es que la paz no es un estado final que se alcanza, sino un proceso continuo de individuación colectiva. Es la capacidad constante de una sociedad de reconocer sus propias patologías, integrar sus aspectos negados y elegir conscientemente el camino de la complejidad y la conexión sobre el de la simplificación y la destrucción.

 

El proceso de desidentificación a escala social no se inicia con un decreto, sino con la creación de experiencias comunes alternativas. La conciencia colectiva emerge cuando un número crítico de individuos dentro de la sociedad comienza a practicar la autorreflexión y a entablar diálogos auténticos a pequeña escala. Las instituciones deben entonces detectar, apoyar y escalar estas «islas de sentido común», proporcionando el marco seguro y legitimador para que esta nueva conciencia se convierta en la norma cultural y política, sentando las bases de una paz que es resiliente porque está basada en la autoconciencia de la sociedad sobre sus propias patologías, y no en la simple ausencia temporal de violencia.

 

Algunas ideas para hacerlo.

Nivel 1: Intervenciones Individuales y Comunitarias

Estas acciones buscan crear «células de conciencia» dentro del cuerpo social.

  1. Educación Emocional y Arquetípica:
    • Práctica Concreta: Introducir en escuelas y espacios comunitarios programas que enseñen a identificar y nombrar emociones complejas (ira, miedo, vergüenza) y a reconocerlas como propias, no como algo provocado únicamente por un «enemigo externo».
    • Ejemplo: Talleres donde se usen cuentos y mitos (como el del caballero y el dragón) para que las personas identifiquen qué «dragones» (arquetipos posesivos) operan en su comunidad (ej: «el guerrero herido», «la víctima eterna», «el patriarca rígido») y qué «doncellas» (valores como la compasión, el diálogo) están cautivas.
  2. Espacios de Diálogo Seguro y Facilitado:
    • Práctica Concreta: Crear Círculos de Diálogo con facilitadores entrenados que guíen conversaciones entre grupos enfrentados (ej: simpatizantes de diferentes partidos políticos, familiares de víctimas y excombatientes). La regla de oro es: «Habla desde tu experiencia, no desde la acusación».
    • Ejemplo: El modelo de Círculos Restaurativos, donde no se debate quién tiene la razón, sino que cada persona expone cómo el conflicto le ha herido personalmente. Esto humaniza al «otro» y comienza a romper la proyección de la Sombra.
  3. Prácticas Contemplativas Colectivas:
    • Práctica Concreta: Fomentar la meditación en comunidad o prácticas artísticas colaborativas (murales, teatro foro) que no tengan un fin propagandístico, sino de expresión y conexión emocional grupal.
    • Ejemplo: Proyectos de «Bosques de la Paz», donde comunidades en conflicto se reúnen para reforestar juntas un terreno simbólico. El acto conjunto de cuidado y creación literal de vida nueva es una potente metáfora en acción que fomenta la identificación con un arquetipo de «cuidador» sobre el de «destructor».

Nivel 2: Estructuras e Instituciones

Estas acciones crean el marco que permite y sostiene las transformaciones individuales.

  1. Comisiones de la Verdad con Enfoque Junguiano:
    • Cómo se inicia: Su mandato debe ir más allá de establecer hechos históricos. Debe incluir explícitamente la curación de las proyecciones colectivas.
    • Práctica Concreta: Además de recoger testimonios, estas comisiones pueden crear «Archivos de la Sombra Nacional», donde se documenten no solo los actos atroces, sino también los discursos de deshumanización que los hicieron posibles. El objetivo es que la nación vea reflejada su propia capacidad para el mal en un espejo institucional, facilitando la integración de su Sombra colectiva en lugar de su proyección continua.
  2. Políticas de Comunicación y Medios Públicos:
    • Práctica Concreta: Leyes y códigos éticos que penalicen el lenguaje de deshumanización en los medios (llamar «cucarachas» o «animales» al adversario) y financien contenidos que complejizan la narrativa, mostrando las motivaciones, miedos y humanidad de todos los bandos.
    • Ejemplo: Una serie de televisión financiada con fondos públicos que, sobre un conflicto, muestre la historia desde la perspectiva de tres familias de ideologías diferentes, forzando al espectador a empatizar con cada una de ellas y a entender que no hay un monopolio de la virtud o del victimismo.
  3. Educación Transformadora:
    • Práctica Concreta: Reformar los currículos educativos para que enseñen historia de las ideas y de los conflictos desde una perspectiva consiliente y psicológica.
    • Ejemplo: En lugar de enseñar «los buenos vs. los malos» en una guerra civil, se analizaría: «¿Qué arquetipos (libertad, seguridad, tradición) estaban en pugna? ¿Qué miedos impulsaron a cada lado? ¿Cómo se deshumanizó al adversario?». Esto entrena a las nuevas generaciones en el análisis de la dinámica psíquica de los conflictos, inmunizándolas relativamente contra la propaganda simple.

 

El agua que nos habla y su memoria: mitos de inundación y crisis civilizatoria.

El agua que nos habla y su memoria: mitos de inundación y crisis civilizatoria.

El agua que nos habla y su memoria: mitos de inundación y crisis civilizatoria.
Mikel Garcia 29 agosto 2025

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Descripción de la imagen

Trabajando con inteligencia artificial. Por Mikel García.

 

Autor
 

Mikel García García[i]

[i] Médico y cirujano (Universidad Navarra, 1975). Psicólogo (Universidad San Sebastián, 1982). Psicoanalista junguiano. Formación experiencial y teórica en: Psicoanálisis, Terapia Sistémica Familiar, Psicoanálisis Reihiano (vegetoterapia), Psicología Analítica Junguiana, Psicoterapia Transpersonal. Experiencia de Muerte Cercana a los 33 años. Máster en “Astronomía y astrofísica” VIU (Universidad Valencia, 2014). Doctor Internacional en «Estudios Internacionales en Paz, Conflictos y Desarrollo», Universitat Jaume I (UJI Castellón, 2020). Máster en Fotografía Artística y Narrativa Visual (Universidad Internacional de la Rioja, 2022). Máster en Inteligencia Artificial (BIG SCHOOL, Madrid 2024) y Máster en Inteligencia Artificial (Universidad Isabel I, Madrid 2025). 

Colaborador con ONG médicas de intervención internacional, y en programas de formación a personal sanitario de atención Primaria; SIDA; maltrato infantil; muerte digna y a docentes. Especializado en maltrato infantil, trauma, duelo, tanatología, acompañamiento al muriente, integración de sistemas, estados de trance y místicos. Terapeuta de “Grupos de Duelo Online Ventana a ventana” desde confinamiento COVID-19. Psiconauta, antropólogo investigador del alma en la clínica médica y psicoterapéutica y trabajos de campo antropológicos cualitativos y cuantitativos, con énfasis en la Acción Participativa, docencia y divulgación psicopolítica de los hallazgos. Promotor de acciones participativas para el despertar del desierto interior y para la transformación social. Didacta  de la Sociedad Internacional Para el Desarrollo del Psicoanálisis Junguiano (SIDPaJ). Fotógrafo. Buceador. Alquimista. Hilozoísta. Hijo de Hermes. Creador herido. https://bit.ly/mikelcurriculum  iratxomik@gmail.com

Presentación y contenido

El artículo «El agua que nos habla y su memoria: mitos de inundación y crisis civilizatoria» de Mikel García utiliza la tragedia de la DANA de octubre de 2024 en la Comunidad Valenciana (232 fallecidos) como punto de partida para una profunda reflexión sobre la relación entre la humanidad y el agua. Frente a la mirada tecnocrática y las disputas políticas que siguieron al desastre, el texto propone recuperar la dimensión simbólica del agua a través de los mitos de inundación universales.

Estas narraciones ancestrales, desde el Diluvio Universal de Noé y el mito de Gilgamesh hasta las tradiciones mapuche, yanomami y griega, no ven en el agua solo un elemento destructor, sino un principio de purificación y renacimiento. Autores como Mircea Eliade y Carl Jung explican que el agua representa un arquetipo del inconsciente colectivo: el retorno al caos primordial necesario para una nueva creación. Jung y Bachelard aportan perspectivas complementarias: para el primero, una inundación es la manifestación de un inconsciente colectivo desbordado por el desequilibrio psíquico con la naturaleza; para el segundo, el agua es la materia de la ensoñación que disuelve las formas para permitir un renacer poético.

La crisis climática actual y el aumento de catástrofes hídricas se interpretan así como la consecuencia de una «hybris» moderna, una arrogancia que ha roto el pacto simbólico con la naturaleza, canalizando ríos, urbanizando humedales y reduciendo el agua a un mero recurso (H₂O). La supresión de los mitos y rituales asociados al agua por parte del capitalismo extractivista y la visión mecanicista ha creado un vacío que nos impide comprender el significado profundo de estas catástrofes.

El autor concluye que el desafío no es solo técnico, sino espiritual. Es necesario un nuevo pacto con el agua, recuperando la memoria mitológica que entiende la naturaleza como un organismo vivo (anima mundi). Solo reconciliando la ciencia con el símbolo, la ingeniería con el ritual, y reconectando con el alma del mundo, podremos dejar de proyectar nuestras sombras sobre las catástrofes y encarar transformativamente la crisis civilizatoria que las inundaciones nos señalan. La pregunta final es ominosa: si la DANA no fue suficiente para esta regeneración, ¿Qué catástrofe mayor necesitaremos?

Ensayo