Alter ego

Alter ego

Alter ego

Mikel García Garcia 2010

Ejercicio escitura creativa

Para evadirse de la zozobra que le poseía, lanzó una fugaz mirada a la portada del periódico que su vecina de viaje no soltaba en toda la mañana, ¡menuda puta! sabía que ansiaba leerlo y cuando él se mostraba más inquieto ella incrementaba su parsimonia. No le importaba la información solo necesitaba un distractor al que asirse.

Una imagen arrancó su alma de sus goznes haciendo tal estrépito que temió morir en ese instante. Allí estaba su alter ego Gerard Yantil con el emperador japonés y sus zapatillas rosas en primer plano. ¡Qué humillación! Comprensión y rabia cabalgaron juntas desde las tripas hacia la garganta. Comprensión tomó la bifurcación hacia el cerebro. Pero antes de que llegara, Gerad sabía no solo el porqué de las incesantes miradas, portadoras de desprecio, que se habían clavado en el toda la mañana sino el destino que le esperaba. Rabia cerró la garganta y pintó la piel de rojo carmín.

El espejo del vagón le devolvía una imagen que trepidaba más veloz a medida que el calor su de rostro aumentaba, parecía la pantalla de un ordenador buscando rostros en una base de datos.  Se estabilizó en la imagen estática de un enorme glande. Gerard ensayó movimientos con el rostro y el glande los imitaba. Ensimismado en el juego acabó la imagen de su rostro en el wáter donde había follado. El calor se había congelado, el movimiento enlentecido, unos ojos muy abiertos le hacía vibrar al son de una tristeza profunda.  Ni en sus más atrevidas fantasías sexuales pudo esperar una situación como la que vivió en aquel wáter, sin embargo todo sucedió muy rápido y su alma no habitó en el templo de su cuerpo, el orgasmo fue tan intenso como frío, ¡tan cerca del culmen y que anhedonia! Ni siquiera fue un objeto sexual elegido, fue tomado por error. Sin embargo ella pareció disfrutar a su aire, seguramente porque pensaba que estaba con otro, sin enterarse de la falta de acompañamiento. Se sentía como la estatua de Príamo con el pene inhiesto siendo usado por la mujer, pero a diferencia del dios él no tenía ningún poder. ¡Qué situación alienante! ¡Qué desencuentro entre dos criaturas que tienen en la mano el tesoro más preciado y lo disipan! Realmente nada extraño hoy en día.

Gerard se daba cuenta de que no había pasado nada distinto a su relación anterior, en aquella también era pasivo y ambos cabalgaron en una espiral autodestructiva hasta que ella se buscó otro para romper el ciclo. Había jurado no volver a emparejarse, ser un soltero que usara el sexo como arma de venganza. Era tanta la rabia que no podía sino canalizarla en fantasías. En la realidad le asustaba que se le pudiera escapar y se comportaba como un tímido contenido sobre todo cuando empezaba algo de química como con la mujer del autobús. No había follado desde hacía tiempo. Ahora se sentía violado por la mujer del wáter y con rabia contra el mismo. ¡No podía continuar así! Intuía que se estaban dando señales en su vida para replantearse las cosas: El viaje a Madrid, la violación, el emperador,… todo le sacaba de su pasividad mortal y le empujaba hacia revitalizarse. Se daba cuenta de que estaba pensando de un modo distinto que antes, no se reconocía en ese estado pero le era grato. Sentía un cierto agradecimiento interno, incluso a la mujer que lo había usado. Le había inoculado, vergüenza, rabia,.. Multitud de emociones y fueran de una u otra índole eran vida. ¿Y el emperador? Su invitación le turbaba, antes sentía temor ¿no querrá violarme también? Al menos en esta ocasión era visto como el mismo, no se le confundía con otro. Eso le había inoculado el emperador: un reconocimiento a él mismo a pesar del ridículo de las zapatillas. Sin duda al llegar a Barcelona tendría que tomar decisiones.

Gerard se dio cuenta de que estaba solo en el vagón del tren. Se levantó y fue consciente de que no había nadie en el pasillo y que de un modo extraño el tren circulaba a mucha velocidad por un paisaje ralentizado, insonoro, que le recordaba a Gerona. ¡Se había pasado de estación! Una mueca sardónica se apoderó de su rostro, cogió la petaba del whisky y se la bebió de un trago.

 

Mikel Garcia Garcia