La sombra del poder en el abuso infantil religioso.

La sombra del poder en el abuso infantil religioso.

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De Goya

La sombra del poder en el abuso infantil religioso.

Cuando denunciar «abuso infantil» se convierte en abuso religioso. Un análisis del nazismo-Riefenstahl y la ultraderecha y 90 años desde inicio guerra civil española

 Mikel Garcia 18 julio 2026

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Ensayo

La sombra del poder en el abuso infantil religioso.

Cuando denunciar «abuso infantil» se convierte en abuso religioso. Un análisis del nazismo-Riefenstahl y la ultraderecha y 90 años desde inicio guerra civil española

 

Mikel Garcia 18 julio 2026

 

Resumen

El ensayo analiza el abuso infantil religioso como un fenómeno estructural que trasciende la violencia física directa, involucrando mecanismos de adoctrinamiento, complicidad institucional y manipulación simbólica. Desde la experiencia clínica del autor, el abuso perpetrado por «perpetradores sagrados» —figuras investidas con autoridad divina— fractura el orden simbólico de la víctima, dejando huellas que emergen en sueños, pesadillas y estados no ordinarios de conciencia. El adoctrinamiento basado en el miedo al infierno y la represión instintiva, junto con la «conspiración del silencio» que protege a los agresores, constituyen formas de abuso psicológico que anulan la capacidad crítica y mantienen a las víctimas en un estado de infancia mental permanente.

El texto demuestra que la etiqueta de «abuso infantil» aplicada a la diversidad de género por líderes de ultraderecha constituye una modalidad de abuso religioso secularizado. Esta estrategia inviste al líder de autoridad trascendente, fabrica un infierno secular (el caos identitario), señala a un chivo expiatorio (personas LGTBIQ+, trans) y exige lealtad incuestionable mediante la posverdad. Esta violencia simbólica replica la estructura del abuso religioso tradicional: fractura la conciencia crítica, genera miedo paralizante y anula a las víctimas como sujetos.

El nazismo es presentado como el paradigma histórico del abuso religioso político. Hitler fue investido como un arquetipo del Salvador-Sacrificador, la esvástica funcionó como icono litúrgico, y la arquitectura de Speer generaba una experiencia de lo numinoso. Leni Riefenstahl, como cineasta-sacerdotisa, transformó la propaganda en liturgia visual, convirtiendo la violencia en una experiencia estético-religiosa que anulaba el juicio moral. La ultraderecha actual —Milei, Trump, Bolsonaro, y en España Vox— reproduce esta estructura arquetípica sin el poder estatal total, pero con los mismos mecanismos: líder carismático como perpetrador sagrado, pánico moral como infierno secular, y proyección de la sombra sobre minorías deshumanizadas.

El ensayo dedica una sección extensa a la Guerra Civil Española, que comenzó hace 90 años con el golpe del 18 de julio de 1936. Fue el campo de pruebas de la Segunda Guerra Mundial, donde nazis y fascistas ensayaron el bombardeo masivo sobre población civil (Guernica) y las tácticas del Blitzkrieg. El balance humano es devastador: entre 380.000 y 735.000 muertos, 114.226 desapariciones forzadas, 30.000 personas aún en fosas comunes, y entre 200.000 y 300.000 exiliados. La Iglesia española legitimó el golpe como una «Cruzada» y sostuvo el nacionalcatolicismo como ideología oficial.

La Transición española se construyó sobre un «pacto de silencio» que garantizó la impunidad de la dictadura mediante la Ley de Amnistía de 1977. Este olvido institucional no curó la herida, sino que la mantuvo latente. Las leyes de Memoria Histórica (2007) y Memoria Democrática (2022) han intentado reparar la deuda, pero el debate sigue polarizado. El auge de la idealización del franquismo entre los jóvenes —un 20% de los menores de 24 años— revela los síntomas de una sombra no integrada: desinformación en redes, falta de educación histórica y frustración ante la precariedad presente.

El autor concluye que la integración de la sombra colectiva es la única vía para la reconciliación genuina. Jung advertía que lo reprimido no desaparece, sino que regresa de forma patológica. La polarización actual, el negacionismo y la fractura social son síntomas de una memoria no elaborada. La «memoria histórica» debe ser una herramienta terapéutica: exhumar fosas, reconocer a todas las víctimas y trascender la dicotomía entre bandos. La resistencia contra el abuso religioso, en todas sus formas, comienza por la integración de la propia sombra. Quien reconoce que el fascista, el abusador y el inquisidor habitan en sí mismo como posibilidad, puede mirar el abismo sin pestañear y contribuir a una sociedad donde la memoria no sea un campo de batalla, sino un puente hacia la reconciliación.

 

Palabras clave:

Abuso religioso. Perpetrador sagrado. Sombra colectiva. Chivo expiatorio. Nazismo. Ultraderecha. Guerra Civil. Pacto de silencio. Memoria histórica. Integración.

 

 

 

Contenido

El abuso infantil religioso. 3

  1. El concepto de «Perpetradores Sagrados». 3
  2. Adoctrinamiento como «Abuso Psicológico». 3
  3. Complicidad y la «Ligazón con el Mal». 3
  4. Manifestaciones del Trauma en la Clínica. 3
  5. Uso Político y Distorsiones. 4
  6. La fabricación de un «Enemigo Funcional». 4
  7. El mecanismo del «Ataque por Sustitución». 4
  8. Desvío de la atención de problemas reales. 4
  9. El uso de la posverdad y la autorreferencialidad. 4

Abuso religioso secularizado. 4

  1. El líder como perpetrador sagrado laico. 5
  2. El miedo al infierno secularizado. 5
  3. Proyección de la Sombra y chivo expiatorio. 5
  4. Complicidad y conspiración del silencio. 5
  5. Las víctimas reales. 5

Conclusión. 6

El precedente totalitario: abuso religioso, estética sagrada y culto al Führer en el nazismo. 6

  1. La liturgia nazi: símbolos religiosos artísticos como herramienta de dominación. 6
  2. Leni Riefenstahl: la cineasta-sacerdotisa del abuso religioso estético. 6
  3. Abuso psicológico y adoctrinamiento infantil 7
  4. La proyección de la Sombra y el chivo expiatorio ritual 7
  5. Analogías con la ultraderecha actual y el caso español 7
  6. El caso español: estética neofranquista y abuso religioso solapado. 8

Conclusión del nazismo como matriz del abuso religioso político. 8

90 años de la sublevación que condujo a la guerra civil en España. 8

Los impulsores: Una trama civil y militar 9

España fue el primer escenario de la lucha global entre democracia, fascismo y comunismo. 9

La guerra civil anticipó la brutalización del conflicto. 10

El Balance Humano: Muertos, Desaparecidos y Exilio. 10

Las Consecuencias Culturales: Ruptura, Censura y Exilio Interior 11

El debate actual 11

El Despertar de la Memoria: Las Leyes de Memori 13

Síntomas del presente. 13

Trabajo personal 14

Conclusiones. 14

Apéndice. 17

¡Viva España! ¡Viva la Legión! ¡Viva el Cristo de la Buena Muerte! 17

 

 

 

El abuso infantil religioso

El abuso infantil religioso es un fenómeno complejo que involucra tanto la violencia directa por parte de perpetradores sagrados como mecanismos sistémicos de adoctrinamiento y complicidad institucional.

Basándome en mi experiencia clínica, en textos que he publicado y en la convergencia con otros autores analizo las dimensiones clave de este fenómeno:

1. El concepto de «Perpetradores Sagrados»

El abuso perpetrado en contextos religiosos es particularmente devastador porque el agresor es investido con una autoridad divina, lo que genera marcas profundas en el orden simbólico y en el inconsciente colectivo de las víctimas. Asociaciones simbólicas: En la práctica clínica, he observado cómo el trauma irrumpe en la conciencia a través de símbolos; por ejemplo, en un proceso analítico, la aparición de una serpiente en un sueño reveló la asociación inconsciente entre este animal y el falo de un sacerdote-diablo perpetrador, un periodo de la vida que el paciente había disociado. Dificultad de reintegración: El proceso de sanación para estas víctimas es arduo, requiriendo a menudo un esfuerzo por reintegrar la dimensión religiosa humana que ha sido fracturada por la violencia del perpetrador.

2. Adoctrinamiento como «Abuso Psicológico»

Autores como Richard Dawkins califican la instrucción religiosa dogmática impuesta a los niños como una forma de abuso psicológico o mental. El «Virus de la Fe»: La religión se describe como un virus que infecta el cerebro de los niños, quienes están genéticamente programados para creer ciegamente en las figuras de autoridad para sobrevivir. El miedo al infierno: El uso de imágenes de fuego eterno y condenación para vigilar la moral de los niños se considera abusivo, ya que anula su capacidad de pensar libremente y los atrapa en un estado de infancia mental permanente. Represión instintiva: La educación religiosa rígida a menudo conlleva una represión del instinto (como el rechazo a la masturbación), lo cual puede actuar como detonante de neurosis y trastornos de angustia graves durante la adolescencia.

3. Complicidad y la «Ligazón con el Mal»

Desde la ética de Erich Neumann, la complicidad con el abuso no se limita a los perpetradores, sino a todos aquellos que «han visto y no han actuado». Formas de complicidad: La omisión consciente, la evasión voluntaria e incluso la ignorancia intencional («desviar la mirada porque no se quiso ver») son modalidades que permiten que el mal persista en las instituciones. La conspiración del silencio: En muchos casos, las estructuras religiosas alimentan una «conspiración del silencio» que impide la reparación adecuada de las víctimas.

4. Manifestaciones del Trauma en la Clínica

El trauma derivado de abusos sexuales y violencia temprana deja huellas permanentes en la psique que a menudo emergen en estados no ordinarios de conciencia: Emergencia de la Sombra: Durante terapias individuales y grupales, en encuentros con plantas sagradas, suele producirse una reconexión traumática con abusos sexuales del pasado, permitiendo que la «sombra colectiva» y «el mal» emerjan para ser procesados. Mecanismos de defensa: El miedo a los «depredadores» puede manifestarse en pesadillas recurrentes, como el sueño del Hombre de los lobos analizado por Freud, que refleja aspectos disociados de la psique originados en traumas no procesados.

5. Uso Político y Distorsiones

En el ámbito sociopolítico actual, algunos líderes utilizan el concepto de «la ideología de género es abuso infantil» de forma instrumental para atacar identidades disidentes. Esto no es un fenómeno aislado, sino una estrategia de comunicación calculada que busca movilizar a las masas a través del miedo y la indignación moral, desplazando el debate de los problemas estructurales hacia una guerra cultural permanente.

a. La fabricación de un «Enemigo Funcional»

La política de la ultraderecha utiliza la técnica de construir un «enemigo funcional» para aglutinar a su base. Al vincular identidades disidentes (como el colectivo LGTBIQ+ o las personas trans) con términos extremadamente sensibles como la pedofilia o el abuso infantil, logran: Deshumanizar al oponente: Al calificar la «ideología de género» como un «cáncer a extirpar», líderes como Javier Milei habilitan una violencia simbólica que justifica políticas de exclusión. Presentarse como protectores: Se posicionan como los únicos defensores de los «niños normales» frente a una supuesta degeneración social.

b. El mecanismo del «Ataque por Sustitución»

Un ejemplo reciente de esta distorsión es el fenómeno de los therians (personas que se identifican con animales) en España. Según las fuentes, este fenómeno fue inflado deliberadamente mediante bulos —como la creación de subsidios inexistentes o la instalación de areneros en escuelas— para actuar como un caballo de Troya. El objetivo no era atacar a los adolescentes con máscaras, sino usar esa imagen para atacar a las personas trans por asociación, sugiriendo que la libre autopercepción de género conduce inevitablemente al «caos identitario» y, por extensión, a un entorno peligroso para la infancia.

c. Desvío de la atención de problemas reales

Esta narrativa de «pánico moral» cumple la función de cortina de humo. Mientras la atención pública se centra en debates sobre identidades minoritarias tildadas de «abusivas», se ignoran crisis sistémicas como: La precariedad juvenil: La falta de vivienda, el desempleo y la ausencia de futuro para las nuevas generaciones. La privatización del estrés: El sistema convierte fallos políticos y económicos en «fracasos individuales», llevando a los jóvenes a buscar chivos expiatorios para su frustración.

d. El uso de la posverdad y la autorreferencialidad

El éxito de estos discursos radica en su potencia performativa, más que en su veracidad. Se crea un campo de delirio autorreferencial donde declaraciones como «la ideología de género es abuso infantil» no buscan describir un hecho, sino reconfigurar lealtades y marcar fronteras entre «nosotros» (los virtuosos) y «ellos» (los perversos). En este ecosistema digital, los algoritmos premian el escándalo y el odio, permitiendo que estas distorsiones se conviertan en núcleos de identidad comunitaria.

Abuso religioso secularizado

Hasta aquí, he descrito los mecanismos del abuso infantil religioso tradicional y señalado, en el punto 5, su distorsión política como arma de confrontación cultural. A continuación, intento demostrar que esta misma estrategia —etiquetar la «ideología de género» como abuso infantil— constituye una modalidad estructural de abuso religioso, aunque operada en un ámbito secularizado que utiliza a las minorías como pantallas de proyección para canalizar el malestar social, evitando así cualquier transformación real del sistema y perpetuando una lógica de confrontación que Kant denominaría la antítesis de una paz verdadera

a. El líder como perpetrador sagrado laico

En el abuso religioso clásico, el perpetrador inviste su autoridad con un mandato divino, fracturando el orden simbólico de la víctima. Figuras como Milei o Trump actúan como arquetipos del Salvador o del Guerrero justiciero: se presentan como protectores únicos de la infancia «normal» frente a una degeneración social. Sus seguidores les otorgan una autoridad cuasi-trascendente e incuestionable que replica la estructura de poder del sacerdote-abusador. El discurso de «defensa de los niños» se vuelve un dogma, y cualquier disidencia es demonizada. Estos líderes funcionan como un «espejo deformante» que da permiso a la sociedad para expresar impulsos reprimidos (agresión, odio, prejuicio) bajo el manto de una «justicia superior».

b. El miedo al infierno secularizado

El miedo al infierno anula la capacidad crítica y mantiene a los niños en un estado de infancia mental permanente. En este caso, el miedo se desplaza: ya no es el fuego eterno, sino el caos identitario y la supuesta perversión de los menores por parte de colectivos LGTBIQ+ o personas trans. Este pánico moral funciona como un infierno secular: quienes aceptan la «ideología de género» son marcados como cómplices del abuso, y los niños deben ser «rescatados» mediante la exclusión del otro. Es un adoctrinamiento que impide el pensamiento complejo y exige lealtad absoluta a la narrativa del líder.

c. Proyección de la Sombra y chivo expiatorio

Al llamar «abuso infantil» a la diversidad de género, la ultraderecha proyecta su propia sombra —agresividad, deseo no regulado, miedo a la diferencia— sobre las minorías. Estas se convierten en chivos expiatorios rituales, una estructura típica de los sistemas religiosos arcaicos: se carga sobre el «otro» toda la culpa para que el grupo dominante se sienta puro. Este acto de proyección no es solo político; es abusivo en términos espirituales, porque impide que la sociedad enfrente sus propias contradicciones y obliga a las víctimas (los disidentes) a cargar con la sombra colectiva.

d. Complicidad y conspiración del silencio

La complicidad con el abuso incluye «desviar la mirada». En este caso, esa complicidad se traslada a los medios afines, los algoritmos de redes sociales y los votantes que repiten el bulo sin verificar. Se crea un campo de delirio autorreferencial (posverdad) donde la falsedad no importa: lo relevante es la lealtad al relato. Esto replica la «conspiración del silencio» de las instituciones religiosas que protegían a los perpetradores. Quienes denuncian el uso político del abuso infantil son silenciados o acusados de «defender a pedófilos», invirtiendo la realidad.

e. Las víctimas reales

El verdadero abuso religioso —entendido como manipulación de la conciencia mediante símbolos sagrados— se ejerce simultáneamente sobre dos grupos: Sobre los niños: se les instrumentaliza como símbolo abstracto de pureza, negándoles su condición de sujetos reales. Se fabrica un peligro inexistente (areneros para therians, subsidios falsos) para movilizar el miedo, mientras se ignoran los abusos reales a menores dentro de ciertas instituciones religiosas o familiares.Sobre los disidentes sexuales y de género: se les somete a una violencia simbólica que los deshumaniza («cáncer a extirpar»), repitiendo la lógica de la inquisición religiosa. Esta violencia, aunque no use una sotana, tiene estructura de abuso espiritual: exige la anulación de la identidad propia bajo amenaza de condenación social y exclusión.

Conclusión.

El punto 5 del artículo describe una modalidad de abuso religioso porque sustituye a Dios por el Líder, el infierno por el caos identitario, el pecado por la disidencia de género y la salvación por la exclusión del otro. Utiliza la proyección de la Sombra colectiva como mecanismo central de dominación, obligando a la sociedad a sacrificar a sus minorías en un ritual político de purificación ilusoria.

Este abuso no ocurre en una iglesia, sino en el espacio público digital, pero su estructura arquetípica es idéntica a la del perpetrador sagrado: inviste de autoridad trascendente a un discurso que fractura la conciencia crítica, genera miedo paralizante y exige lealtad incuestionable. La víctima —ya sea el niño real o la persona disidente— queda atrapada en un sistema simbólico que la anula como sujeto, exactamente como ocurre en el abuso religioso tradicional.

 

El precedente totalitario: abuso religioso, estética sagrada y culto al Führer en el nazismo

El nazismo no fue solo un régimen político, sino un fenómeno de abuso religioso colectivo que utilizó símbolos, rituales y una estética de lo sagrado para secuestrar la conciencia de un pueblo. Desde la psicología junguiana, este proceso representa una de las manifestaciones más extremas de la posesión arquetípica y la proyección de la Sombra.

a. La liturgia nazi: símbolos religiosos artísticos como herramienta de dominación

El Tercer Reich sustituyó sistemáticamente los símbolos del cristianismo por una parafernalia sagrada propia: La cruz gamada (esvástica) no era un mero emblema político, sino un símbolo religioso arcaico (presente en tradiciones hindúes, budistas y germánicas) que fue invertido y re-significado como signo de la raza aria pura. En su versión nazi, funcionaba como un icono litúrgico: aparecía en estandartes que se bendecían con «sangre de los mártires», en altares improvisados en los mítines y en los vitrales de algunos templos neopaganos; El culto al Führer: Hitler fue investido como un arquetipo del Salvador-Sacrificador. Los discursos en Núremberg seguían una estructura de misa pagana: procesión de antorchas, coros de miles de voces, juramentos colectivos y momentos de silencio que imitaban la consagración eucarística. Los niños del régimen aprendían a rezar: «Adolf Hitler, amén»; Estética de lo numinoso: La arquitectura de Albert Speer (catedrales de luz, tribunas monumentales) buscaba generar una experiencia de lo sagrado sin Dios. El espectador debía sentirse pequeño, sobrecogido, en presencia de una fuerza trascendente y terrible. Esa es la definición junguiana de lo numinoso: una emoción que puede ser divina o demoníaca.

b. Leni Riefenstahl: la cineasta-sacerdotisa del abuso religioso estético

Leni Riefenstahl (1902-2003) fue la directora cinematográfica que convirtió la propaganda nazi en una liturgia visual de masas. Sus dos obras maestras —El triunfo de la voluntad (1935) y Olympia (1938)— no son simples documentales: son rituales filmados que operan como abuso religioso a través de la imagen.

Datos clave de su trayectoria: Fue actriz de cine de montaña (cine de Heimat) antes de que Hitler la eligiera personalmente para filmar el Congreso de Núremberg de 1934. El triunfo de la voluntad: Utiliza 30 cámaras, ángulos contrapicados que convierten a Hitler en una figura colosal (técnica del punto de vista heroico), música wagneriana y montajes que imitan la estructura de un oratorio sacro. La película comienza con Hitler bajando de las nubes en un avión —una parusía (venida gloriosa) secularizada— y termina con el coro «Eine Nation, Ein Führer, Ein Reich» (Una nación, un Führer, un Reich) entonado como si fuera un amén litúrgico. Olympia (sobre los Juegos Olímpicos de Berlín 1936): Idealiza el cuerpo ario como un arquetipo de perfección divina, utilizando ralentíes, fundidos y planos que convierten a los atletas en estatuas griegas vivientes. La película abre con una secuencia de ruinas clásicas y una antorcha que viaja mítica y religiosamente desde Olimpia hasta Berlín, fusionando el paganismo helénico con el nazismo.

Desde la psicología junguiana: Riefenstahl actuó como una sacerdotisa de la Sombra colectiva. Su cámara no registraba la realidad; la consagraba. Transformó la violencia, el militarismo y el odio racial en una experiencia estético-religiosa que anulaba la conciencia crítica del espectador. Quien veía sus películas no razonaba: sentía lo numinoso, se entregaba al arquetipo. Eso es exactamente lo que hace el abuso religioso tradicional: usar símbolos sagrados para suspender el juicio moral.

Su complicidad y negación: Tras la guerra, Riefenstahl afirmó repetidamente que ella «solo hacía arte» y que desconocía el Holocausto. Sin embargo, documentos posteriores demostraron que utilizó prisioneros de campos de concentración como extras (aunque ella lo negó hasta su muerte). Esta conspiración del silencio —negar haber visto el mal mientras se contribuía activamente a su estetización— replica exactamente la «ligazón con el mal» descrita por Erich Neumann en el punto 3 de este artículo.

c. Abuso psicológico y adoctrinamiento infantil

Las Juventudes Hitlerianas funcionaron como un sistema de abuso religioso sistemático: Los niños eran separados de sus familias (como en las órdenes religiosas) y sometidos a rituales de iniciación violenta. Se sustituyó la cruz por la esvástica, la Biblia por Mein Kampf, y el amor al prójimo por el odio racial. El miedo al infierno cristiano fue reemplazado por el miedo a la degeneración de la raza: los niños soñaban con monstruos judíos o eslavos, proyectando la sombra colectiva sobre grupos enteros.

d. La proyección de la Sombra y el chivo expiatorio ritual

Jung lo advirtió en los años 30: el nazismo era una posesión arquetípica por Wotan (dios germánico de la furia y la guerra). La Sombra colectiva de Alemania —humillación post Versalles, crisis económica, miedo al comunismo— fue proyectada sobre: El judío: convertido en arquetipo del demonio, del envenenador de la sangre, del asesino de dioses (paralelo al Anticristo). El homosexual, el gitano, el discapacitado: otros chivos expiatorios que debían ser eliminados para «purificar» el cuerpo social.

Este mecanismo es idéntico al del abuso religioso tradicional: un líder sagrado (el Führer) señala a un grupo como «malo absoluto», los deshumaniza (los llama Untermenschen – subhumanos) y legitima su exclusión o exterminio como un acto de salvación colectiva.

e. Analogías con la ultraderecha actual y el caso español

El nazismo no es un fenómeno aislado del pasado; sus estructuras arquetípicas reaparecen en la ultraderecha contemporánea, aunque sin el poder estatal total que tuvo Hitler. Las analogías no son históricas (no hay campos de concentración), sino simbólico-estructurales:

Dimensión Nazismo Ultraderecha actual (internacional) Ultraderecha española (Vox)
Líder como perpetrador sagrado Hitler como Mesías germánico Milei (Argentina), Trump (EE.UU.), Bolsonaro (Brasil) como «salvadores de la patria» Santiago Abascal como «defensor de la cristiandad» y «España sagrada»
Símbolos religiosos artísticos Esvástica, águila imperial, catedrales de luz Cruz cristiana (apropiada como emblema de guerra cultural), banderas con iconos medievales Bandera de España con el yugo y las flechas (símbolos falangistas), uso del Valle de los Caídos como lugar de peregrinaje, la Virgen del Pilar como estandarte
Enemigo funcional (chivo expiatorio) Judío, comunista, homosexual «Ideología de género», inmigrante musulmán, «woke» «Lobbies LGTBI», «okupas», «independentistas», «menas»
Miedo al infierno secularizado Degeneración racial Caos identitario, pedofilia encubierta «Adoctrinamiento en escuelas», «dictadura de género», «destrucción de la familia»
Rituales de masas Mítines en Núremberg Convenciones del CPAC, mitines con himnos y juramentos Actos de Vox en Vistalegre, procesiones cívico-religiosas, uso del himno nacional como canto sagrado
Complicidad y conspiración del silencio Iglesias cristianas que miraron hacia otro lado Algoritmos de redes sociales, medios afines que repiten bulos Obispos españoles que bendicen políticas de Vox, jueces conservadores que silencian denuncias

f. El caso español: estética neofranquista y abuso religioso solapado

En España, Vox ha desarrollado una estética de la nostalgia sagrada que funciona como abuso religioso secularizado: Uso del Valle de los Caídos: Aunque hoy sea un monumento controvertido, para cierta ultraderecha sigue siendo un lugar de peregrinaje donde se venera a Franco como mártir de la «cruzada nacional». Esto replica la estructura del culto a los santos; La bandera con el yugo y las flechas: No es solo un símbolo político, sino un icono litúrgico que evoca la pureza de una supuesta «España eterna» cristiana y militar. En los mítines de Vox, se despliega como si fuera un estandarte de batalla religiosa; Discurso de «reconquista»: Utilizan el término «Reconquista» (evento histórico cargado de simbolismo cristiano-militar) para referirse a la lucha contra la izquierda y el independentismo. Esto convierte la política en una guerra santa donde el adversario es un infiel; Ataque a la memoria histórica: Al negar las fosas comunes o justificar la dictadura, proyectan la sombra colectiva sobre las víctimas del franquismo, a las que acusan de «revivir odios». Es el mismo mecanismo que el nazismo usó con los judíos: la víctima es culpable por recordar.

Conclusión del nazismo como matriz del abuso religioso político

El nazismo demostró que cuando un líder político se inviste de autoridad sagrada, utiliza símbolos religiosos artísticos y señala a un chivo expiatorio colectivo, se produce una modalidad de abuso religioso masivo que puede llevar al genocidio. La ultraderecha actual —incluida la española— no es idéntica al nazismo, pero reproduce su estructura arquetípica: un líder carismático que actúa como sacerdote laico, un pánico moral que funciona como infierno secular, y una proyección de la sombra sobre minorías que son deshumanizadas mediante el lenguaje de la «pureza» y la «defensa de los niños».

En el caso español, el añadido de la estética neofranquista y la connivencia con sectores de la Iglesia católica convierte a Vox en un heredero simbólico de aquel abuso religioso totalitario, aunque operando dentro del marco democrático. La diferencia no es de esencia, sino de grado y de poder.

Como mostró el nazismo —y hoy replican ciertas formaciones de ultraderecha, incluida Vox—, cuando un líder inviste su discurso de autoridad trascendente, fabrica un infierno secular y señala a un chivo expiatorio, se reproduce la misma estructura arquetípica del perpetrador sagrado: fractura de la conciencia crítica, miedo paralizante y exigencia de lealtad incuestionable. La víctima —niño, disidente, inmigrante, o la memoria histórica de un pueblo— queda anulada como sujeto, exactamente como en el abuso religioso tradicional y en el totalitarismo del siglo XX.»

 

90 años de la sublevación que condujo a la guerra civil en España

Un sábado como el del 18 julio 2026, hace 90 años llegó la noticia de la sublevación

La conspiración previa al golpe de julio de 1936 fue una trama compleja y prolongada, fraguada durante meses por un amplio espectro de fuerzas políticas y militares que buscaban poner fin al régimen republicano. Venía gestándose desde los inicios de la Segunda República, alimentada por el rechazo a las reformas del gobierno.

El general José Sanjurjo lideró un primer golpe fallido en 1932, conocido como la «Sanjurjada». La victoria electoral del Frente Popular en febrero de 1936 aceleró la conspiración, al temer los sectores conservadores que la República derivara hacia una revolución socialista.

Los impulsores: Una trama civil y militar

El núcleo militar: La dirección recayó en un grupo de generales:

José Sanjurjo: Era el líder nominal y estaba destinado a ser el jefe del nuevo Estado. Al estar exiliado en Portugal, actuaba como la autoridad máxima desde la distancia.

Emilio Mola: Fue el verdadero «cerebro» y organizador de la conspiración. Conocido como «el Director», diseñó el plan minuciosamente.

Francisco Franco: Se unió a la conspiración, pero no fue su líder principal. Su papel era clave por su prestigio al mando del Ejército de África.

Y otros militares como Gonzalo Queipo de Llano o Miguel Cabanellas

La trama civil estaba integrada por monárquicos alfonsinos, carlistas y la Falange. Figuras como José Calvo Sotelo (monárquico) y José María Gil Robles (CEDA) tuvieron contactos y ofrecieron apoyo.

Mola asumió el control total de la conspiración en abril de 1936. Su plan era un alzamiento militar coordinado y simultáneo en todas las guarniciones donde tuvieran apoyos. El objetivo era tomar el poder de forma rápida e instaurar una dictadura militar. En los meses previos, Mola trabajó en el secretismo para asegurar adhesiones y establecer contactos con las potencias fascistas (Italia y Alemania) para asegurar su apoyo logístico. Todo estaba listo para el 18 de julio, pero el asesinato de Calvo Sotelo y una filtración forzaron el adelanto del alzamiento en Melilla para la tarde del 17 de julio a las 17:00 horas. La guarnición de Melilla fue la primera en levantarse. Este adelanto se produjo porque los golpistas temían que sus planes fueran descubiertos.

Extensión a la península (18 de julio): Al día siguiente, el levantamiento se extendió a las guarniciones de la España peninsular. Fracaso inicial: El golpe no triunfó en todo el país. Logró controlar zonas del norte, oeste y sur, pero fracasó en centros clave como Madrid, Barcelona y Valencia. Esta división territorial provocó que el país quedara partido en dos zonas (republicana y sublevada), dando inicio a una larga y cruenta guerra civil.

España fue el primer escenario de la lucha global entre democracia, fascismo y comunismo.

Lo más urgente para los sublevados era trasladar el Ejército de África (las tropas más veteranas) desde Marruecos a la península, ya que la Armada republicana bloqueaba el estrecho. Hitler les proporcionó 20 aviones de transporte (Junkers 52) y cazas, permitiendo el primer puente aéreo de la historia.

Tras la muerte del general Sanjurjo en un accidente aéreo, Franco fue elegido Jefe de Estado de los sublevados en octubre de 1936, convirtiéndose en el líder indiscutible del bando nacional, y finalmente en dictador tras la victoria en 1939.

Mussolini envió decenas de miles de soldados (el Corpo Truppe Volontarie), carros de combate y aviación. Fue el principal sostén militar de Franco durante toda la guerra.

Francia y Reino Unido impulsaron un pacto para prohibir la venta de armas a ambos bandos. Fue un fracaso absoluto: Alemania e Italia lo firmaron pero lo incumplieron descaradamente, mientras que la República quedó atada de pies y manos para comprar armas legalmente.

Para contrarrestar a los fascistas, la Unión Soviética (Stalin) comenzó a enviar aviones, tanques y asesores militares a la República. Además, se organizaron las Brigadas Internacionales, con más de 35.000 voluntarios de 50 países (como Hemingway u Orwell) que acudieron a defender la democracia frente al fascismo.

Precisamente por este apoyo externo masivo, la guerra dejó de ser un simple alzamiento militar para convertirse en un campo de pruebas para la Segunda Guerra Mundial, donde nazis probaron sus tácticas (como el bombardeo aéreo masivo sobre población civil en Guernica).

La Guerra Civil Española fue, efectivamente, el campo de batalla anticipado de la Segunda Guerra Mundial, no solo en el plano militar, sino sobre todo en el ideológico. Por primera vez, las tres grandes fuerzas que dominarían el siglo XX se enfrentaron en un mismo escenario: Fascismo/Nazismo (en el bando sublevado, apoyados por Hitler y Mussolini). Democracia liberal (representada por las potencias occidentales, aunque con una trágica inacción). Comunismo soviético (en el bando republicano, con la URSS de Stalin como principal valedora).

Fue el laboratorio donde los alemanes e italianos ensayaron su maquinaria de guerra que usarían después en Europa. La Legión Cóndor probó el bombardeo masivo sobre población civil (el terror aéreo) en Guernica (1937), una técnica que luego aplicaron en Varsovia, Róterdam o Londres. Los carros de combate (tanques) y las tácticas de coordinación aire-tierra que luego perfeccionarían en el Blitzkrieg (guerra relámpago) se ensayaron en los campos de Extremadura y el Ebro.

La guerra civil anticipó la brutalización del conflicto.

No solo se combatía contra ejércitos, sino contra «ideas». Hubo persecución religiosa, asesinatos de intelectuales y una fuerte represión en la retaguardia, algo que se replicaría de forma extrema en el frente del Este durante II guerra mundial. La política de «No Intervención» de Francia y Reino Unido fue el ensayo general de la política de apaciguamiento que permitió a Hitler anexionarse Austria y Checoslovaquia. Al abandonar a la República, las democracias occidentales demostraron al Eje que no estaban dispuestas a luchar por sus valores, lo que animó a Hitler a iniciar la guerra mundial.

El bando sublevado (con Franco al final) ganó en 1939, pero el eje ideológico que representaba perdió en 1945. Por eso se dice que la guerra civil fue, simbólicamente, la «primera batalla de la Segunda Guerra Mundial», aunque con un desenlace trágico y opuesto al final europeo.

El Balance Humano: Muertos, Desaparecidos y Exilio

La Guerra Civil (1936-1939) no solo terminó con la vida de cientos de miles de personas en el campo de batalla, sino que la represión sistemática durante y después del conflicto dejó una herida demográfica y social profunda.

Cifra total de víctimas mortales: No existe una cifra única y universalmente aceptada, ya que las estimaciones varían según los historiadores y los métodos de cálculo. Las horquillas más citadas oscilan entre un mínimo de 380.000 y un máximo de 735.000 muertos. Otras fuentes hablan de alrededor de medio millón de muertos. Estudios demográficos, que comparan la población que España debería haber tenido con la real, cifran el exceso de mortalidad en 540.000 personas solo entre 1936 y 1939.

Muertos en combate y retaguardia: De esa cifra total, se estima que los muertos en el frente fueron entre 150.000 y 200.000. La represión en la retaguardia fue también masiva: se calcula que hubo más de 100.000 asesinatos en la zona sublevada y unas 50.000 en la zona republicana.

Represión franquista (1939-1975): La violencia no cesó con el fin de la guerra. La dictadura institucionalizó la represión. Se estima que hubo unas 150.000 ejecuciones por causas políticas durante y después de la guerra. Además, se contabilizan al menos 114.226 desapariciones forzadas, y se calcula que unas 30.000 personas permanecen aún desaparecidas en fosas comunes. El número de presos políticos y prisioneros de guerra que pasaron por campos de concentración y trabajos forzados asciende a más de un millón.

Exilio: La derrota republicana forzó al exilio a entre 200.000 y 300.000 personas. La mayoría se dirigió a Francia y América Latina, donde intelectuales, artistas y científicos como Antonio Machado, Rosa Chacel o Rafael Alberti continuaron su obra lejos de su patria.

La Iglesia española fue un pilar fundamental del régimen franquista, legitimando el golpe de Estado como una «Cruzada» y bendiciendo la represión.

Durante la dictadura: El nacionalcatolicismo fue la ideología oficial, y la Iglesia controló la educación y la moral pública.

En la Transición y después: La jerarquía eclesiástica ha mantenido una posición ambivalente. Por un lado, ha pedido perdón por su «falta de caridad» y ha colaborado en la exhumación de fosas. Por otro, se ha resistido a condenar explícitamente el franquismo y ha defendido el Valle de los Caídos como un lugar de reconciliación, lo que ha generado fuertes críticas por parte de los colectivos de memoria histórica.

Las Consecuencias Culturales: Ruptura, Censura y Exilio Interior

La victoria franquista supuso una profunda ruptura con la tradición cultural y científica, imponiendo un modelo basado en la censura, el nacionalcatolicismo y el aislamiento.

Exilio de intelectuales y artistas: La diáspora de una generación entera de creadores fue el golpe más duro. Figuras clave de la literatura, el arte y la ciencia se vieron obligadas a abandonar España. Su partida no solo empobreció la vida cultural del país, sino que también enriqueció a los países de acogida, especialmente en Hispanoamérica.

Censura y represión cultural: El régimen impuso un férreo control sobre toda la producción cultural. Se prohibieron libros, se persiguió a los autores disidentes y se instauró un sistema de censura previa que condicionó toda la creación artística e intelectual. Esto llevó a muchos creadores que permanecieron en España a practicar la autocensura para poder publicar o exponer su obra.

Aislamiento científico y cultural: La dictadura, especialmente en sus primeras décadas, impuso un aislamiento internacional que marginó a España de las corrientes culturales y científicas europeas. El pensamiento crítico y la innovación fueron sistemáticamente sofocados.

Una cultura oficial monolítica: El régimen promovió un arte y una cultura oficiales, identificados con el nacionalcatolicismo y los valores del «imperio». Esto generó una producción cultural, a menudo de baja calidad, que ensalzaba al régimen y sus ideales, mientras se marginaba o perseguía cualquier expresión que no encajara en ese molde.

En definitiva, la guerra y la dictadura no solo tuvieron un coste humano inasumible, sino que truncaron el desarrollo cultural de España, provocando una ruptura generacional y un aislamiento del que el país tardaría décadas en recuperarse.

El Valle de los Caídos (construido entre 1940 y 1959) es el monumento más polémico de la memoria histórica en España. Fue concebido por Franco como un mausoleo para honrar a los caídos de su «Cruzada», pero también albergó los restos de 33.833 víctimas de ambos bandos, muchas de ellas exhumadas sin el consentimiento de sus familias.

Significado para el franquismo: Era el gran símbolo del régimen, un lugar de peregrinación y exaltación de la dictadura.

El debate actual

Durante décadas, los restos de Franco estuvieron enterrados allí (hasta 2019, cuando fueron exhumados y trasladados al cementerio de Mingorrubio). La Ley de Memoria Democrática de 2022 busca convertir el Valle en un «cementerio civil» y un lugar de memoria para todas las víctimas, eliminando cualquier simbología de exaltación franquista. Sin embargo, el proceso es lento y controvertido, con tensiones entre el Estado, la Iglesia y las asociaciones de víctimas.

Una parte significativa de la juventud española tiene una visión positiva de la dictadura franquista. Según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), casi un 20% de los jóvenes de entre 18 y 24 años considera que los años del franquismo fueron «buenos» o «muy buenos». Más aún, más de un 17% de los jóvenes afirma que la democracia actual es peor que la dictadura.

Muchos jóvenes no tienen una idea clara de lo que significó vivir sin libertades fundamentales.

Falta de educación: El 80% de los jóvenes que han terminado la ESO desconoce aspectos clave de la represión franquista. Casi la mitad de la generación Z (18-28 años) no sabe situar el franquismo en el tiempo.

Desconocimiento de figuras clave: Casi la mitad de los jóvenes desconoce cómo murió el poeta Federico García Lorca, fusilado al inicio de la guerra.

Idealización por ignorancia: Al carecer de «herramientas críticas», son más permeables a narrativas simplificadas que idealizan el pasado, confundiendo «versiones legítimas de la Historia».

Mitología franquista: Se ensalzan mitos como la construcción de embalses, la prosperidad económica o la creación de la Seguridad Social, atribuyéndolos al régimen cuando, en muchos casos, fueron impulsados posteriormente.

Propaganda en redes: Creadores de contenido en plataformas como TikTok o YouTube reinterpretan la historia, difundiendo bulos y teorías conspirativas que son consumidos como verdades incuestionables.

Rebeldía y provocación: Para algunos adolescentes, reivindicar a Franco o decir «Viva Franco» se ha convertido en una forma de «retar al profesorado» o de parecer «el malote de la clase», una pulsión «antisistema» propia de la edad.

Frustración con el presente: La precariedad laboral, las dificultades para acceder a una vivienda y la sensación de que «viven peor» que sus padres generan un caldo de cultivo para discursos que prometen un pasado de orden y estabilidad.

Idealizar el franquismo implica ignorar por completo la realidad de la dictadura:

Falta de libertades y represión: Fue un régimen que prohibió los partidos políticos y los sindicatos, instauró una férrea censura y persiguió cualquier disidencia. Las mujeres, en particular, vivieron bajo un rol social y familiar extremadamente restrictivo.

Precariedad y desigualdad: La mayoría de la población vivía con salarios bajos, jornadas laborales extenuantes y sin derechos como las vacaciones pagadas o la protección por desempleo.

En resumen, la visión positiva del franquismo entre los jóvenes es un fenómeno impulsado por la desinformación, la propaganda en redes sociales y la frustración ante un presente incierto. No es el resultado de un conocimiento profundo de la historia, sino un síntoma de una memoria colectiva débil que permite que los mitos del pasado se utilicen como un espejismo para los problemas del futuro.

La relación entre «memoria histórica» y «olvido» en España es un debate central y abierto sobre cómo afrontar el legado de la Guerra Civil y la dictadura franquista. Es un conflicto que enfrenta, por un lado, el deseo de recordar y reparar a las víctimas y, por otro, la idea de que el silencio y el olvido fueron necesarios para la transición a la democracia.

La Transición española (1975-1982) se construyó en gran medida sobre la base de un «pacto de silencio» o de «olvido». Para asegurar una transición pacífica y evitar que los traumas del pasado descarrilaran el proceso, los partidos políticos acordaron dejar atrás las reivindicaciones sobre el pasado, priorizando la estabilidad y la consolidación de la democracia.

Este pacto se materializó legalmente con la Ley de Amnistía de 1977, que eximió de responsabilidad a los responsables de delitos durante el franquismo, garantizando así la impunidad de la dictadura y dejando a las víctimas sin justicia. Este «olvido» fue, por tanto, una decisión política institucionalizada.

El Despertar de la Memoria: Las Leyes de Memoria

Con el tiempo, la demanda social de justicia y reconocimiento para las víctimas fue creciendo, llevando a la aprobación de dos leyes fundamentales:

Ley de Memoria Histórica (2007): Aprobada durante el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, fue el primer gran paso oficial para reconocer a las víctimas de la Guerra Civil y la dictadura. Sus medidas incluían declarar ilegítimos los tribunales franquistas y la retirada de símbolos franquistas de edificios públicos. Sin embargo, no abordó la apertura de fosas comunes de manera efectiva, fue criticada por ser insuficiente y no contar con el apoyo del Partido Popular.

Ley de Memoria Democrática (2022): Aprobada por el gobierno de Pedro Sánchez, vino a sustituir y ampliar la ley anterior. Su objetivo es profundizar en el reconocimiento de las víctimas, declarar ilegal el régimen franquista y poner a la administración pública como responsable de la localización y exhumación de desaparecidos. Su tramitación fue polémica y recibió el voto en contra del Partido Popular, Vox y Ciudadanos.

Lejos de cerrarse, el debate sobre la memoria histórica se ha intensificado en los últimos años, polarizando a la sociedad y a la clase política.

Posturas enfrentadas: La izquierda y los partidos nacionalistas periféricos suelen abogar por políticas activas de memoria, justicia y reparación. La derecha, especialmente Vox, se opone frontalmente a estas leyes, defendiendo el «pacto de silencio» de la Transición y acusando al gobierno de reabrir heridas del pasado

El papel de la sociedad civil: Organizaciones como la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) han sido fundamentales para mantener viva la memoria. Su labor, junto con la de arqueólogos y antropólogos forenses, ha sido crucial en la exhumación de fosas comunes, dando sepultura digna a miles de víctimas. Hoy en día, aún quedan miles de fosas por exhumar y más de 10.000 cuerpos por recuperar.

La falta de educación en las aulas sobre el franquismo y el auge de la desinformación en redes sociales están creando un caldo de cultivo para la idealización de la dictadura.

Para el historiador Walther L. Bernecker, esta situación demuestra que el «pacto de silencio» no logró enterrar el pasado, sino que lo dejó latente, y que la «memoria histórica» se ha convertido en un campo de batalla ideológico en el presente.

Jung advertía que todo lo que se reprime en el inconsciente no desaparece, sino que se vuelve más potente y regresa de forma patológica. El silencio institucional sobre las víctimas y la represión franquista no curó la herida, sino que la mantuvo latente, generando un trauma colectivo que se transmite de generación en generación.

Síntomas del presente

La polarización política actual, la dificultad para alcanzar un relato común sobre el pasado y el resurgimiento de discursos que idealizan la dictadura pueden interpretarse como síntomas de esta Sombra no integrada. Es el retorno de lo reprimido, que emerge en forma de conflictos y divisiones en el presente.

En resumen, la memoria histórica en España es un campo de batalla entre el derecho a la verdad y la reparación de las víctimas, y la tentación política de mirar hacia otro lado. Es un debate que refleja las heridas no cerradas de un pasado que se niega a ser enterrado y que, hoy más que nunca, se dirime también en las aulas y en las redes sociales.

Trabajo personal

La individuación, el proceso de integrar la Sombra para alcanzar la plenitud, no es solo un camino individual, sino que también puede aplicarse a una sociedad. Para España, este proceso implicaría:

Reconocer la Sombra: Asumir la responsabilidad por los crímenes cometidos por todos los bandos, sin justificaciones ni relativismos. Esto implica un duelo colectivo por las víctimas de ambos lados.

El trabajo de la memoria: La «memoria histórica», desde esta perspectiva, no es un ejercicio de revanchismo, sino una herramienta terapéutica. Recordar, exhumar fosas y reconocer el sufrimiento de las víctimas es el primer paso para iluminar la oscuridad y comenzar a integrar aquello que se ha mantenido en la sombra.

Trascender la polaridad: El objetivo final no es que un bando «venza» sobre el otro en el relato histórico, sino trascender esa dicotomía. Se trata de construir una identidad nacional más compleja y matizada, que pueda contener ambas narrativas sin desgarrarse. Como señaló Jung, «hasta que lo inconsciente no se haga consciente, el inconsciente dirigirá tu vida y tú lo llamarás destino». El «destino» de España, su presente polarizado, es el resultado de no haber hecho consciente su Sombra colectiva.

En definitiva, la lectura junguiana nos invita a ver el conflicto sobre la memoria histórica en España no como un debate político estéril, sino como la manifestación de un proceso psicológico profundo. La dificultad para integrar el pasado, el auge de los discursos negacionistas y la fractura social actual son síntomas de una Sombra colectiva que clama por ser reconocida. La verdadera reconciliación, desde esta óptica, no vendrá del olvido, sino de la valentía de mirar de frente a los propios monstruos para, finalmente, poder trascenderlos.

 

 

Conclusiones

El ensayo «La sombra del poder en el abuso infantil religioso» desarrolla un análisis profundo y multifacético que conecta el abuso religioso tradicional con sus formas secularizadas contemporáneas, trazando un arco que va desde la psicología clínica hasta la crítica política y la memoria histórica. A lo largo del texto, el autor entrelaza la experiencia clínica con el análisis junguiano, la teoría política y la historia de España para demostrar que el abuso religioso no es un fenómeno del pasado, sino una estructura que se reproduce en diferentes contextos bajo nuevas máscaras.

Primera conclusión: el abuso infantil religioso es un fenómeno estructural que trasciende la violencia física directa. No se limita a los actos de perpetradores individuales, sino que involucra mecanismos sistémicos de adoctrinamiento, complicidad institucional y manipulación simbólica. La investidura de autoridad divina sobre el agresor —lo que el autor denomina «perpetradores sagrados»— fractura el orden simbólico de la víctima de un modo que va más allá del trauma sexual, afectando su capacidad de reintegrar la dimensión religiosa de su vida. El adoctrinamiento basado en el miedo al infierno, la represión instintiva y la «conspiración del silencio» son modalidades de abuso psicológico que dejan huellas profundas en la psique, manifestándose clínicamente en formas oníricas, pesadillas recurrentes y estados no ordinarios de conciencia donde emerge la sombra colectiva.

Segunda conclusión: la etiqueta de «abuso infantil» aplicada a la diversidad de género constituye una forma de abuso religioso secularizado. Cuando líderes políticos de ultraderecha califican la «ideología de género» como una amenaza para la infancia, están operando exactamente con la misma estructura arquetípica que el abuso religioso tradicional: invisten su discurso de autoridad trascendente (el líder como salvador), fabrican un infierno secular (el caos identitario, la pedofilia encubierta), señalan a un chivo expiatorio (personas LGTBIQ+, trans, therians) y exigen lealtad incuestionable mediante un campo de delirio autorreferencial donde la posverdad no importa como descripción, sino como marcador de lealtad. Esta violencia simbólica no ocurre en una iglesia, sino en el espacio público digital, pero su estructura es idéntica: fractura la conciencia crítica, genera miedo paralizante y anula a las víctimas como sujetos.

Tercera conclusión: la proyección de la sombra y el mecanismo del chivo expiatorio son los ejes psíquicos que sostienen tanto el abuso religioso tradicional como su versión política secularizada. En ambos casos, la comunidad (o el grupo de poder) proyecta sobre un «otro» —judío, hereje, disidente sexual, inmigrante— sus propios impulsos reprimidos (agresividad, miedo a la diferencia, deseo no regulado). Este «otro» es deshumanizado mediante un lenguaje de pureza y contaminación («cáncer a extirpar», «plaga», «enemigo»), y su exclusión o aniquilación simbólica se presenta como un acto de salvación colectiva. La violencia real contra las minorías se legitima como defensa de la infancia, invirtiendo la realidad: quienes realmente son abusados —niños reales, disidentes sexuales, víctimas de la memoria histórica— quedan invisibilizados mientras se fabrica un peligro inexistente para movilizar el miedo.

Cuarta conclusión: el nazismo constituye el paradigma histórico del abuso religioso político, y su estructura arquetípica reaparece en la ultraderecha contemporánea. El régimen nazi no fue solo un sistema político, sino un fenómeno de abuso religioso colectivo que utilizó símbolos sagrados, rituales de masas y una estética de lo numinoso para secuestrar la conciencia de un pueblo. La cruz gamada, el culto al Führer y la arquitectura de las catedrales de luz generaban una experiencia de lo sagrado sin Dios, una posesión arquetípica que Jung identificó como la activación de Wotan, el dios germánico de la furia y la guerra. Leni Riefenstahl, como cineasta-sacerdotisa, transformó la propaganda en liturgia visual, convirtiendo la violencia y el odio racial en una experiencia estético-religiosa que anulaba la conciencia crítica del espectador. Esta misma estructura —líder carismático como perpetrador sagrado, pánico moral como infierno secular, chivo expiatorio como víctima ritual— se reproduce hoy en figuras como Milei, Trump o Bolsonaro, y en España en la estética neofranquista de Vox, que utiliza el Valle de los Caídos como lugar de peregrinaje, la bandera con el yugo y las flechas como icono litúrgico, y el discurso de la «reconquista» como guerra santa.

Quinta conclusión: la Guerra Civil Española fue el primer escenario de la lucha global entre democracia, fascismo y comunismo, y su memoria sigue siendo un campo de batalla abierto. El golpe militar del 18 de julio de 1936, apoyado por Hitler y Mussolini, convirtió a España en el laboratorio donde se ensayaron las tácticas de la Segunda Guerra Mundial: el bombardeo aéreo masivo sobre población civil (Guernica), la coordinación aire-tierra del Blitzkrieg y la brutalización del conflicto ideológico. La política de «No Intervención» de Francia y Reino Unido fue el ensayo general del apaciguamiento que permitió a Hitler anexionarse Austria y Checoslovaquia. El balance humano es devastador: entre 380.000 y 735.000 muertos, más de 100.000 ejecuciones en la zona sublevada, 114.226 desapariciones forzadas, 30.000 personas aún desaparecidas en fosas comunes, y entre 200.000 y 300.000 exiliados. La Iglesia española legitimó el golpe como una «Cruzada» y sostuvo el nacionalcatolicismo como ideología oficial durante la dictadura, manteniendo una posición ambivalente en la Transición y en la actualidad.

Sexta conclusión: el «pacto de silencio» de la Transición no curó la herida, sino que mantuvo latente la sombra colectiva. La Ley de Amnistía de 1977 garantizó la impunidad de la dictadura y dejó a las víctimas sin justicia. Este olvido institucionalizado no fue neutral: permitió que la memoria traumática se transmitiera de generación en generación como un trauma no elaborado. Las leyes de Memoria Histórica (2007) y Memoria Democrática (2022) han intentado reparar esta deuda, pero el debate sigue polarizado, y el auge de discursos que idealizan el franquismo entre los jóvenes —un 20% de los menores de 24 años considera que la dictadura fue «buena» o «muy buena»— revela los síntomas de una sombra no integrada. La desinformación en redes sociales, la falta de educación sobre el franquismo en las aulas y la frustración ante la precariedad presente crean un caldo de cultivo para la idealización del pasado como un espejismo de orden y estabilidad.

Séptima conclusión: la integración de la sombra colectiva es la única vía para una reconciliación genuina. Jung advertía que todo lo que se reprime en el inconsciente no desaparece, sino que se vuelve más potente y regresa de forma patológica. La polarización política actual, la dificultad para alcanzar un relato común sobre el pasado y el resurgimiento de discursos negacionistas son síntomas de esta sombra no integrada. La «memoria histórica» no debe ser un ejercicio de revanchismo, sino una herramienta terapéutica: exhumar fosas, reconocer el sufrimiento de todas las víctimas y asumir la responsabilidad por los crímenes cometidos por todos los bandos. El objetivo final no es que un bando venza en el relato histórico, sino trascender esa dicotomía y construir una identidad nacional más compleja y matizada, capaz de contener ambas narrativas sin desgarrarse.

Octava conclusión: la Iglesia española, como institución, ha sido cómplice de la represión y el olvido, pero también puede ser agente de reconciliación si se atreve a integrar su propia sombra. Su papel en la legitimación del golpe de Estado, su bendición de la represión y su defensa del Valle de los Caídos como lugar de reconciliación han sido formas de complicidad con el mal. La jerarquía eclesiástica ha mostrado una posición ambivalente: por un lado, ha pedido perdón por su «falta de caridad»; por otro, se ha resistido a condenar explícitamente el franquismo. La verdadera reparación exigiría un reconocimiento público de su responsabilidad histórica, la colaboración activa en la exhumación de fosas y la renuncia a la defensa de símbolos que exaltan la dictadura. Sin esa integración de su sombra institucional, la Iglesia seguirá siendo parte del problema, no de la solución.

Novena conclusión: el abuso religioso no es un fenómeno exclusivamente católico, sino una estructura universal que puede manifestarse en cualquier sistema que invista a una autoridad con un mandato trascendente y utilice el miedo y la proyección para controlar la conciencia. El análisis del nazismo, la ultraderecha actual y el caso español demuestra que esta estructura puede operar en contextos seculares, sustituyendo a Dios por el Líder, el infierno por el caos identitario, el pecado por la disidencia y la salvación por la exclusión del otro. La pornografía, las redes sociales y la política de la indignación son versiones contemporáneas de esta misma lógica: ofrecen un goce inmediato que anula la capacidad de pensar críticamente, exactamente como el miedo al infierno anulaba la capacidad de cuestionar al sacerdote.

Décima conclusión: la resistencia contra el abuso religioso, en todas sus formas, comienza por la integración de la propia sombra. No hay vacuna política contra el fascismo que no pase por el trabajo interior de cada ciudadano. El primer paso para no convertirse en un perpetrador o en un cómplice es reconocer que el fascista, el abusador y el inquisidor están en uno mismo, esperando su oportunidad. Ese reconocimiento no es motivo de vergüenza, sino la condición de posibilidad de la libertad. Quien integra su sombra —quien siente odio pero no actúa desde él, quien desea poder pero no lo convierte en destructividad, quien teme a la diferencia pero no la convierte en enemigo— puede mirar el abismo de la historia sin pestañear y contribuir a construir una sociedad donde la memoria no sea un campo de batalla, sino un puente hacia la reconciliación.

 

Apéndice

 

¡Viva España! ¡Viva la Legión! ¡Viva el Cristo de la Buena Muerte!

En la mañana del Jueves Santo (2 de abril de 2026), cientos de legionarios desembarcaron en el puerto de Málaga procedentes de Almería a bordo del buque de asalto anfibio ‘Galicia’. Tras formarse, desfilaron marcialmente por las calles de la ciudad al ritmo de cornetas y tambores hasta llegar a la Plaza de Fray Alonso de Santo Tomás, donde se encuentra la Congregación de Mena, la sede de la hermandad.

Se trata de una tradición con casi un siglo de antigüedad que se ha convertido en un símbolo de identidad de la ciudad y de la propia Legión.

La misión de la Legión era participar en la ceremonia de traslado y entronización del «Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Ánimas», conocido popularmente como el Cristo de Mena, y colocarlo en el trono procesional para salir esa misma noche.

El Significado del Nombre «Cristo de Mena»: Aunque oficialmente se llama «Cristo de la Buena Muerte», la imagen es universalmente conocida como el «Cristo de Mena». Este nombre proviene de su autor original, el célebre escultor del Barroco español Pedro de Mena y Medrano, quien talló la primera versión de esta imagen en 1660. La imagen original fue destruida durante la Guerra Civil en 1931 y reemplazada por la actual, una obra de 1942 del imaginero malagueño Francisco Palma Burgos, aunque la advocación y el nombre popular se mantuvieron.

El Significado del «Cristo de la Buena Muerte»

Esta imagen es mucho más que una talla religiosa; es un poderoso símbolo espiritual e identitario para la Legión Española.

Patrón y Protector de la Legión: El título del «Cristo de la Buena Muerte» es el Patrón y Protector oficial de la Legión Española. Esta vinculación se remonta a 1928, cuando los mandos del Tercio, recién creado, solicitaron a la hermandad que esta imagen se convirtiera en su protectora celestial. La devoción se hizo oficial en 1930 y, desde entonces, su presencia es consustancial a la identidad legionaria.

Un Vínculo Forjado en el Norte de África: El origen de esta devoción está estrechamente ligado a los primeros años de la Legión, cuando combatía en las duras campañas del norte de África. Los legionarios, que enfrentaban la muerte diariamente en el frente, buscaron en esta imagen un protector que les ofreciera el valor para luchar y la esperanza de una «buena muerte» en el campo de batalla.

«El Cristo de los Legionarios»: La conexión es tan intensa que la imagen es popularmente conocida en Málaga como «El Cristo de los legionarios». Su influencia es tal que en cada acuartelamiento de la Legión en España existe una réplica de esta imagen presidiendo los actos más solemnes.

«El Novio de la Muerte»: El acto alcanza su clímax emocional cuando los legionarios, con la imagen ya en el trono, entonan el «Novio de la Muerte». Esta marcha militar se ha convertido en el himno no oficial de la Legión y su letra, que habla de una relación de amor y entrega con la muerte, resuena con una fuerza extraordinaria en este contexto, creando una atmósfera de profunda emotividad y fervor.

Un Acto de Fe y de Identidad Militar: Para los legionarios, cargar al Cristo de la Buena Muerte a hombros y trasladarlo a su trono no es solo un acto religioso. Es una ceremonia de exaltación de sus señas de identidad: el honor, el sacrificio, la disciplina y la hermandad, todo ello envuelto en una tradición que se ha perpetuado durante casi un siglo.

Reflexiones

El «complejo cultural de la Buena Muerte» y sus sombras

El «Complejo cultural de la Buena Muerte» es una estructura poderosa:

Arquetipo del héroe sacrificial: El Cristo guerrero, el legionario que ofrece su vida por la patria. Es una forma del «Complejo del Salvador» aplicado a la muerte propia: uno se salva a sí mismo (en el sentido de obtener honor, gloria, trascendencia) muriendo de una determinada manera.

Sombra patriarcal y militarista: El desfile, los vítores, la masculinidad exaltada, la disciplina. Todo ello forma parte de un sistema que valora ciertas muertes (las del guerrero) e invisibiliza otras (las de las víctimas silenciosas del abandono social). El «Cristo de la Buena Muerte» es, en ese sentido, un símbolo que puede operar como mecanismo de distracción colectiva que acrecienta la idealización de unas formas de muerte y desvaloriza otras formas de muerte: mientras se aplaude al legionario que muere con honor, se deja en el desamparo a quienes mueren sin épica, sin ritual, sin comunidad.

Negación del sufrimiento ordinario: Este complejo solo valora la muerte que ocurre en condiciones extraordinarias (combate, martirio, heroísmo).

Autor

Mikel García García

Médico y cirujano (Universidad Navarra, 1975). Psicólogo (Universidad San Sebastián, 1982). Psicoanalista junguiano. Formación experiencial y teórica en: Psicoanálisis, Terapia Sistémica Familiar, Psicoanálisis Reichiano (vegetoterapia caracteroanalítica), Psicología Analítica Junguiana, Psicoterapia Transpersonal. Experiencia de Muerte Cercana a los 33 años. Máster en “Astronomía y astrofísica” VIU (Universidad Valencia, 2014). Doctor Internacional en «Estudios Internacionales en Paz, Conflictos y Desarrollo», Universitat Jaume I (UJI Castellón, 2020). Máster en Fotografía Artística y Narrativa Visual (Universidad Internacional de la Rioja, 2022). Máster en Inteligencia Artificial (BIG SCHOOL, Madrid 2024) y Máster en Inteligencia Artificial (Universidad Isabel I, Madrid 2025). 

Colaborador con ONG médicas de intervención internacional, y en programas de formación a personal sanitario de atención Primaria; SIDA; maltrato infantil; muerte digna y a docentes. Especializado en maltrato infantil, trauma, duelo, tanatología, acompañamiento al muriente, integración de sistemas, estados de trance y místicos. Terapeuta de “Grupos de Duelo Online Ventana a ventana” desde confinamiento COVID-19. Psiconauta, antropólogo investigador del alma en la clínica médica y psicoterapéutica y trabajos de campo antropológicos cualitativos y cuantitativos, con énfasis en la Acción Participativa, docencia y divulgación psicopolítica de los hallazgos. Promotor de acciones participativas para el despertar del desierto interior y para la transformación social. Didacta  de la Sociedad Internacional Para el Desarrollo del Psicoanálisis Junguiano (SIDPaJ). Fotógrafo. Buceador. Alquimista. Hilozoísta. Hijo de Hermes. Creador herido. https://bit.ly/mikelcurriculum  iratxomik@gmail.com

El agua que nos habla y su memoria: mitos de inundación y crisis civilizatoria.

El agua que nos habla y su memoria: mitos de inundación y crisis civilizatoria.

El agua que nos habla y su memoria: mitos de inundación y crisis civilizatoria.
Mikel Garcia 29 agosto 2025

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Descripción de la imagen

Trabajando con inteligencia artificial. Por Mikel García.

 

Autor
 

Mikel García García[i]

[i] Médico y cirujano (Universidad Navarra, 1975). Psicólogo (Universidad San Sebastián, 1982). Psicoanalista junguiano. Formación experiencial y teórica en: Psicoanálisis, Terapia Sistémica Familiar, Psicoanálisis Reihiano (vegetoterapia), Psicología Analítica Junguiana, Psicoterapia Transpersonal. Experiencia de Muerte Cercana a los 33 años. Máster en “Astronomía y astrofísica” VIU (Universidad Valencia, 2014). Doctor Internacional en «Estudios Internacionales en Paz, Conflictos y Desarrollo», Universitat Jaume I (UJI Castellón, 2020). Máster en Fotografía Artística y Narrativa Visual (Universidad Internacional de la Rioja, 2022). Máster en Inteligencia Artificial (BIG SCHOOL, Madrid 2024) y Máster en Inteligencia Artificial (Universidad Isabel I, Madrid 2025). 

Colaborador con ONG médicas de intervención internacional, y en programas de formación a personal sanitario de atención Primaria; SIDA; maltrato infantil; muerte digna y a docentes. Especializado en maltrato infantil, trauma, duelo, tanatología, acompañamiento al muriente, integración de sistemas, estados de trance y místicos. Terapeuta de “Grupos de Duelo Online Ventana a ventana” desde confinamiento COVID-19. Psiconauta, antropólogo investigador del alma en la clínica médica y psicoterapéutica y trabajos de campo antropológicos cualitativos y cuantitativos, con énfasis en la Acción Participativa, docencia y divulgación psicopolítica de los hallazgos. Promotor de acciones participativas para el despertar del desierto interior y para la transformación social. Didacta  de la Sociedad Internacional Para el Desarrollo del Psicoanálisis Junguiano (SIDPaJ). Fotógrafo. Buceador. Alquimista. Hilozoísta. Hijo de Hermes. Creador herido. https://bit.ly/mikelcurriculum  iratxomik@gmail.com

Presentación y contenido

El artículo «El agua que nos habla y su memoria: mitos de inundación y crisis civilizatoria» de Mikel García utiliza la tragedia de la DANA de octubre de 2024 en la Comunidad Valenciana (232 fallecidos) como punto de partida para una profunda reflexión sobre la relación entre la humanidad y el agua. Frente a la mirada tecnocrática y las disputas políticas que siguieron al desastre, el texto propone recuperar la dimensión simbólica del agua a través de los mitos de inundación universales.

Estas narraciones ancestrales, desde el Diluvio Universal de Noé y el mito de Gilgamesh hasta las tradiciones mapuche, yanomami y griega, no ven en el agua solo un elemento destructor, sino un principio de purificación y renacimiento. Autores como Mircea Eliade y Carl Jung explican que el agua representa un arquetipo del inconsciente colectivo: el retorno al caos primordial necesario para una nueva creación. Jung y Bachelard aportan perspectivas complementarias: para el primero, una inundación es la manifestación de un inconsciente colectivo desbordado por el desequilibrio psíquico con la naturaleza; para el segundo, el agua es la materia de la ensoñación que disuelve las formas para permitir un renacer poético.

La crisis climática actual y el aumento de catástrofes hídricas se interpretan así como la consecuencia de una «hybris» moderna, una arrogancia que ha roto el pacto simbólico con la naturaleza, canalizando ríos, urbanizando humedales y reduciendo el agua a un mero recurso (H₂O). La supresión de los mitos y rituales asociados al agua por parte del capitalismo extractivista y la visión mecanicista ha creado un vacío que nos impide comprender el significado profundo de estas catástrofes.

El autor concluye que el desafío no es solo técnico, sino espiritual. Es necesario un nuevo pacto con el agua, recuperando la memoria mitológica que entiende la naturaleza como un organismo vivo (anima mundi). Solo reconciliando la ciencia con el símbolo, la ingeniería con el ritual, y reconectando con el alma del mundo, podremos dejar de proyectar nuestras sombras sobre las catástrofes y encarar transformativamente la crisis civilizatoria que las inundaciones nos señalan. La pregunta final es ominosa: si la DANA no fue suficiente para esta regeneración, ¿Qué catástrofe mayor necesitaremos?

Ensayo
Fuego, diosas y sombra: Deméter, Artemisa, Casandra y los incendios en España

Fuego, diosas y sombra: Deméter, Artemisa, Casandra y los incendios en España

Fuego, diosas y sombra: Deméter, Artemisa, Casandra y los incendios en España
Mikel Garcia 26 agosto 2025

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Descripción de la imagen

Trabajando con inteligencia artificial. Por Mikel García.

 

Autor
 

Mikel García García[i]

[i] Médico y cirujano (Universidad Navarra, 1975). Psicólogo (Universidad San Sebastián, 1982). Psicoanalista junguiano. Formación experiencial y teórica en: Psicoanálisis, Terapia Sistémica Familiar, Psicoanálisis Reihiano (vegetoterapia), Psicología Analítica Junguiana, Psicoterapia Transpersonal. Experiencia de Muerte Cercana a los 33 años. Máster en “Astronomía y astrofísica” VIU (Universidad Valencia, 2014). Doctor Internacional en «Estudios Internacionales en Paz, Conflictos y Desarrollo», Universitat Jaume I (UJI Castellón, 2020). Máster en Fotografía Artística y Narrativa Visual (Universidad Internacional de la Rioja, 2022). Máster en Inteligencia Artificial (BIG SCHOOL, Madrid 2024) y Máster en Inteligencia Artificial (Universidad Isabel I, Madrid 2025). 

Colaborador con ONG médicas de intervención internacional, y en programas de formación a personal sanitario de atención Primaria; SIDA; maltrato infantil; muerte digna y a docentes. Especializado en maltrato infantil, trauma, duelo, tanatología, acompañamiento al muriente, integración de sistemas, estados de trance y místicos. Terapeuta de “Grupos de Duelo Online Ventana a ventana” desde confinamiento COVID-19. Psiconauta, antropólogo investigador del alma en la clínica médica y psicoterapéutica y trabajos de campo antropológicos cualitativos y cuantitativos, con énfasis en la Acción Participativa, docencia y divulgación psicopolítica de los hallazgos. Promotor de acciones participativas para el despertar del desierto interior y para la transformación social. Didacta  de la Sociedad Internacional Para el Desarrollo del Psicoanálisis Junguiano (SIDPaJ). Fotógrafo. Buceador. Alquimista. Hilozoísta. Hijo de Hermes. Creador herido. https://bit.ly/mikelcurriculum  iratxomik@gmail.com

Presentación y contenido

Los incendios forestales que cada verano asolan España son analizados en este texto más allá de sus causas inmediatas —factores meteorológicos y negligencia humana— a través de un prisma mitológico que revela una crisis cultural y espiritual profunda. El fuego, como fuerza arquetípica, se manifiesta en su dualidad creadora y destructiva, evocando la figura de Prometeo, quien robó el fuego a los dioses para darlo a los humanos, simbolizando tanto el progreso técnico como el riesgo de la hybris.

La lectura simbólica se articula a través de varias deidades griegas. Deméter, diosa de la agricultura, representa el abandono de los campos y la despoblación rural; su retirada, como narra el Himno Homérico, trae la esterilidad, y hoy se traduce en un paisaje convertido en combustible debido al abandono de las prácticas agrícolas tradicionales. Por su parte, Artemisa, señora de los bosques, encarna la naturaleza indómita que responde con furia vengativa cuando es profanada, tal como castigó a Acteón. Los rayos, armas de Zeus, recuerdan el poder soberano e incontrolable de lo divino, mientras que los pirómanos son interpretados como «elegidos oscuros», sacerdotes involuntarios de una liturgia destructiva que actúan fascinados por una alquimia invertida del fuego, representando la sombra colectiva.

El texto también señala cómo los grandes incendios modernos han adquirir características de seres vivos autónomos, generando sus propios sistemas de viento y comportamiento. La negligencia humana, por otro lado, se vincula a una cosmovisión judeocristiana de dominio sobre la tierra (Génesis 1:28), que ha legitimado una relación de explotación y ha generado una rabia inconsciente hacia lo incontrolable. Finalmente, la figura de Casandra simboliza la advertencia ignorada: al igual que la profetisa a la que nadie creía, los científicos y ecologistas anuncian los riesgos sin lograr la movilización social necesaria, carentes de la autoridad simbólica que permitiría una verdadera escucha.

La conclusión apela a la necesidad de un nuevo pacto con el fuego y la naturaleza. Superar la crisis exige un cambio de mirada radical: integrar la dimensión simbólica y espiritual, pasar de una relación de dominio a una de reciprocidad, y alinear la técnica con una ética al servicio de la vida. Los incendios no son solo un desastre ecológico, sino el espejo de una humanidad desconectada de los ciclos naturales, que debe reconciliarse con las fuerzas que, como el fuego, pueden dar la vida o destruirla.

Ensayo
Felicidad ignorante

Felicidad ignorante

FELICIDAD IGNORANTE

Mikel García. 25 julio 2025

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Descripción de la imagen

Trabajando con inteligencia artificial. Por Mikel García.

 

Autor

 

Mikel García García[i]

[i] Médico y cirujano (Universidad Navarra, 1975). Psicólogo (Universidad San Sebastián, 1982). Psicoanalista junguiano. Formación experiencial y teórica en: Psicoanálisis, Terapia Sistémica Familiar, Psicoanálisis Reihiano (vegetoterapia), Psicología Analítica Junguiana, Psicoterapia Transpersonal. Experiencia de Muerte Cercana a los 33 años. Máster en “Astronomía y astrofísica” VIU (Universidad Valencia, 2014). Doctor Internacional en «Estudios Internacionales en Paz, Conflictos y Desarrollo», Universitat Jaume I (UJI Castellón, 2020). Máster en Fotografía Artística y Narrativa Visual (Universidad Internacional de la Rioja, 2022). Máster en Inteligencia Artificial (BIG SCHOOL, Madrid 2024) y Máster en Inteligencia Artificial (Universidad Isabel I, Madrid 2025). 

Colaborador con ONG médicas de intervención internacional, y en programas de formación a personal sanitario de atención Primaria; SIDA; maltrato infantil; muerte digna y a docentes. Especializado en maltrato infantil, trauma, duelo, tanatología, acompañamiento al muriente, integración de sistemas, estados de trance y místicos. Terapeuta de “Grupos de Duelo Online Ventana a ventana” desde confinamiento COVID-19. Psiconauta, antropólogo investigador del alma en la clínica médica y psicoterapéutica y trabajos de campo antropológicos cualitativos y cuantitativos, con énfasis en la Acción Participativa, docencia y divulgación psicopolítica de los hallazgos. Promotor de acciones participativas para el despertar del desierto interior y para la transformación social. Didacta  de la Sociedad Internacional Para el Desarrollo del Psicoanálisis Junguiano (SIDPaJ). Fotógrafo. Buceador. Alquimista. Hilozoísta. Hijo de Hermes. Creador herido. https://bit.ly/mikelcurriculum  iratxomik@gmail.com

Presentación y contenido

El ensayo “Felicidad ignorante” explora las dimensiones filosóficas, psicológicas y políticas de la ignorancia, contraponiendo su versión impuesta —como manipulación y control— con su forma consciente y humilde, vinculada al límite del conocimiento y la apertura a lo numinoso. A través de una mirada junguiana y simbólica, el texto plantea que la ignorancia puede ser tanto un obstáculo a la individuación como una vía hacia una sabiduría más profunda, dependiendo de cómo se la entienda y practique.

En la primera parte, la ignorancia aparece como arma de dominación. El autor analiza la agnotología, disciplina que estudia la producción deliberada de ignorancia o duda con fines políticos, económicos o ideológicos. Esta manipulación se vincula a la Sombra colectiva (Jung): los grupos proyectan sus miedos, niegan verdades incómodas y reprimen conocimientos que amenazan su autoimagen. Las estrategias agnotológicas, asociadas al arquetipo del Trickster o embaucador, generan confusión y distorsionan la realidad, perpetuando una conciencia infantil y dependiente. La ignorancia, en este sentido, es esclavitud y regresión.

El texto analiza también los sistemas que cultivan la ignorancia: el fideísmo religioso que prohíbe la duda; los movimientos que rechazan la ciencia y el pensamiento crítico; y las doctrinas esotéricas que reservan el saber a unos pocos. En todos los casos, la ignorancia se usa para sostener jerarquías y evitar el crecimiento interior. El fascismo se presenta como su culminación política: convierte la ignorancia en rito de pertenencia, suprime la función del pensamiento y proyecta la Sombra colectiva en “enemigos”. La propaganda, la censura y el culto al líder sustituyen la conciencia individual por una psique de masa, anulando la maduración espiritual y racional.

En la segunda parte, la ignorancia se reconsidera como límite fértil del saber. Desde el escepticismo antiguo (Pirrón) hasta Borges, se propone una ignorancia consciente y serena: reconocimiento de los límites del conocimiento humano y aceptación del misterio. En esta versión, la ignorancia no se impone ni defiende el poder, sino que invita a la humildad ante lo incomprensible. Se exploran las resonancias en Nietzsche, el posmodernismo y el zen: el no saber como apertura y libertad interior, la “mente de principiante” como percepción directa sin preconceptos.

La tercera parte presenta la ignorancia como sabiduría. Poetas como Cavafis o Ryōkan muestran que la incertidumbre y el desconocimiento del destino son condiciones para el crecimiento y la plenitud. El viaje de Ítaca o la atención zen al presente simbolizan una ignorancia lúcida, necesaria para la individuación.

La conclusión critica la posverdad contemporánea como “agnotología 2.0”: una industria de la ignorancia que ofrece placer dopaminérgico en lugar de verdad. Las redes sociales crean burbujas cognitivas donde la ignorancia se vende como bienestar emocional. Esta “felicidad feliz” es, en realidad, infantilización y evasión de la complejidad. Solo una cultura del conocimiento ético y del pensamiento crítico puede evitar la “estupidocracia”. La verdadera felicidad no reside en volver al paraíso perdido de la inconsciencia, sino en avanzar con coraje por el camino del saber incierto, donde la conciencia de no saber se convierte en brújula de libertad y madurez.

Ensayo

A menudo esa felicidad se asocia a un estado primordial (antes de la caída, como en el Edén) o a la infancia (Rousseau: el «buen salvaje»). Es, de este modo, una inocencia perdida, no es un simple desconocimiento.

La ignorancia ¿es un reconocimiento humilde de los límites del conocimiento, necesario para la apertura a lo numinoso? ¿O es una imposición dogmática para evitar el crecimiento psíquico, mantener el control y explotar los miedos inconscientes?

Primero conviene alertar contra la segunda opción.

Parte I: Ignorancia como arma.

Los historiadores y filósofos de la ciencia contemplan la ignorancia como un vacío en constante expansión que absorbe el conocimiento -un agujero negro-, o incluso, como lo expresó Johannes Kepler (De stella nova, 1606), como la madre que debe morir para que nazca la ciencia. Sin embargo, la ignorancia es más compleja.

Sócrates: «Una vida no examinada no merece vivirse». La ignorancia es esclavitud. Kant define la minoría de edad como incapacidad de usar la razón sin tutela. La felicidad basada en ignorancia es infantilismo.

Dentro de la sociología del conocimiento, la agnotología es el estudio de la ignorancia o duda deliberada e inducida culturalmente, típicamente para vender un producto, influir en la opinión o ganar favores, particularmente a través de la publicación de datos científicos inexactos o engañosos (desinformación). De manera más general, el término incluye la condición en la que un mayor conocimiento de un tema crea una mayor incertidumbre.

La relación entre la agnotología (estudio de la ignorancia inducida) y las teorías de Carl Jung puede explorarse a través de varios conceptos clave de la psicología analítica.

Agnotología como manipulación de la Sombra colectiva: La creación deliberada de ignorancia o duda (agnotología) puede verse como una manipulación consciente de la Sombra colectiva. Quienes promueven la desinformación explotan o refuerzan activamente los aspectos inconscientes y negados de un grupo:

Proyectando miedos: Dirigiendo la atención hacia chivos expiatorios o amenazas falsas que resuenan con contenidos de la Sombra.

Negando aspectos incómodos: Promoviendo la ignorancia sobre hechos que desafían la autoimagen colectiva o los valores conscientes (ej.: impacto ambiental de ciertas industrias, consecuencias de políticas).

Manteniendo contenidos reprimidos: Evitando que ciertos conocimientos (a menudo incómodos o que amenazan el poder establecido) emerjan a la conciencia colectiva.

Agnotología como expresión del Trickster: Las estrategias agnotológicas encarnan el aspecto negativo del Trickster. Quienes las emplean actúan como «embaucadores modernos».

Creando confusión: Generan deliberadamente ambigüedad y duda (la «incertidumbre inducida») donde podría haber conocimiento claro.

Subvirtiendo la verdad: Distorsionan la realidad para servir a intereses particulares (económicos, políticos), rompiendo con el principio de veracidad.

Explotando la credulidad: Se aprovechan de las tendencias inconscientes de los grupos para creer en narrativas simples o que confirman sus sesgos (otra conexión con la Sombra).

«La madre que debe morir»: La metáfora de Kepler (ignorancia como madre que muere para que nazca la ciencia) tiene un eco junguiano. Simbólicamente, la «madre» puede representar un estado de inconsciencia primordial o una visión del mundo caduca que debe ser trascendida (simbólicamente «muerta») para que emerja una nueva conciencia (ciencia, conocimiento tras el complejo materno).

Agnotología como negación de la «muerte necesaria»: La agnotología busca evitar precisamente esa «muerte». Intenta perpetuar la inconsciencia (la «madre» ignorancia) o reemplazarla con una ilusión controlada, impidiendo el nacimiento de un conocimiento liberador pero potencialmente disruptivo.

Ignorancia como obstáculo a la Individuación: La ignorancia inducida (agnotología) actúa como un freno poderoso:

Impide que una sociedad enfrente y asimile aspectos oscuros o problemáticos de sí misma (su Sombra colectiva). Mantiene a los individuos y grupos en un estado de inconsciencia respecto a realidades cruciales, dificultando el crecimiento y la maduración psíquica colectiva.

La «incertidumbre creciente con mayor conocimiento» mencionada puede relacionarse con el desafío de integrar información compleja y contradictoria durante el proceso de individuación. Sin embargo, la agnotología explota esta complejidad natural para generar confusión paralizante, no para promover una comprensión más profunda.

Sistemas que abogan por la ignorancia inducida:

Fideísmo Religioso (dentro de varias tradiciones). Práctica: Desalentar o prohibir el cuestionamiento crítico de dogmas, textos sagrados o autoridad religiosa. «La fe basta». La duda es pecado o debilidad. Es una defensa rígida de la Persona religiosa, rechazando integrar elementos de la Sombra (dudas, críticas, interpretaciones alternativas) o contenidos del inconsciente colectivo (otros saberes, ciencia). Congela el proceso de individuación espiritual.

Tradiciones que rechazan el conocimiento secular/científico. Sectas o movimientos fundamentalistas que ven la ciencia, la filosofía secular o la educación crítica como amenazas al dogma. Ej.: Creacionismo que rechaza la evolución; grupos que prohíben ciertos estudios a sus miembros. Refleja una Sombra Colectiva proyectada sobre la ciencia/razón, vista como caótica (Trickster) o diabólica. Busca mantener una conciencia colectiva infantil bajo la autoridad del arquetipo del Viejo Sabio (líder) o el Padre (jerarquía).

Uso de Misterios y Doctrinas Ocultas. Algunas tradiciones reservan el conocimiento profundo a iniciados, considerando peligroso o inútil para las masas. La «ignorancia» del vulgo es necesaria para el orden. Aspecto negativo del arquetipo del Mago. Puede tener un aspecto protector (lo numinoso es abrumador), pero fácilmente degenera en control jerárquico (Sombra del Poder). Impide que los individuos accedan a símbolos que podrían catalizar su individuación.

Mecanismos del Fascismo para cultivar la Ignorancia:

El mayor peligro es la ignorancia fabricada con herramientas arquetípicas. El fascismo convierte la ignorancia en un ritual de pertenencia donde dudar es herejía y someterse es «sabiduría», condenando a la colectividad a un estado de sueño violento.

El fascismo no solo niega la Sombra propia, la industrializa como arma política. Convertir al «otro» en encarnación del mal (proyección masiva de la Sombra) requiere suprimir todo conocimiento que humanice al enemigo. Propaganda y simplificación maniquea, reducción de la complejidad social a consignas binarias («nosotros vs. ellos», «héroes vs. traidores»).

Bajo estrés, los grupos regresan a un inconsciente colectivo indiferenciado. El fascismo explota esto, reemplazando la conciencia individual por una psique de rebaño donde la ignorancia es norma. Censura y Control Informativo: Destrucción de libros («El Ministerio de Ilustración Pública de Goebbels quemó 20,000 libros en 1933»), persecución de intelectuales. Anular la función pensamiento (una de las cuatro funciones de la conciencia), impidiendo el discernimiento crítico. La sociedad queda atrapada en un estado pueril de dependencia del líder.

Culto al líder y pensamiento mágico. El líder es presentado como encarnación de la voluntad colectiva, infalible y mesiánico. Inflación arquetípica. El líder absorbe la proyección del Viejo Sabio (arquetipo de sabiduría) o del Héroe, pero en su versión degradada. La duda se sataniza como «traición». El fascismo construye una identidad basada en la exclusión (racial, nacional, ideológica), proyectar la Sombra colectiva en chivos expiatorios (judíos, inmigrantes, intelectuales). La ignorancia sobre la propia historia y complejidad humana es esencial para mantener este relato.

Parte II: Ignorancia como límite.

Escepticismo antiguo. Pirrón de Elis propone suspender el juicio (epoché) ante la imposibilidad de certeza absoluta. La ignorancia consciente (no dogmatismo) como camino a la tranquilidad (ataraxia). Se relaciona con la humildad del ego frente al inconsciente. Reconoce los límites de la conciencia racional (Persona) y la complejidad de lo Real (Sombra/Inconsciente Colectivo). No es «ignorancia inducida», sino reconocimiento de la incertidumbre inherente.

Posmodernismo (algunas corrientes, ej. Rorty en ciertos aspectos). Cuestiona las «grandes narrativas» y la objetividad del conocimiento. El saber es relativo, construido socialmente. Esto puede llevar a una forma de agnosticismo epistemológico radical. Resuena con el Trickster, que socava las verdades absolutas.

Nietzsche (crítica al conocimiento «objetivo»): El conocimiento no es puro, sino expresión de la «voluntad de poder». La «verdad» puede ser una ilusión necesaria para la vida. Critica la búsqueda de conocimiento como fin en sí mismo si debilita la vitalidad.  Nietzsche intuyó la Sombra del racionalismo. Su escepticismo apunta a integrar instinto y razón (equivalente a integrar Sombra y Ego). Pero su crítica puede ser instrumentalizada para justificar el rechazo a verdades incómodas (ej.: negacionismos).

«Elogio de la Sombra» (y otros poemas): Borges, especialmente en su vejez, reflexionó profundamente sobre los límites del conocimiento, la memoria y la percepción. «Elogio de la Sombra» celebra la penumbra, lo no visto, lo que se pierde. La ignorancia aquí no es estupidez, sino un reconocimiento humilde de los límites humanos frente al misterio del universo y del tiempo. Aquí la sombra no se proyecta, sino que se integra.

Fragmento relevante: «Ahora puedo olvidar. Llega a mis ojos / la vasta Sombra que anhelé. El camino / fue ciego y desdichado, pero… / …Ahora soy / el ámbito que abarcan mis cansados / ojos. Repetidas cosas materiales / ya no me importan.» → Esta aceptación serena de lo desconocido y lo olvidado contrasta radicalmente con la ignorancia impuesta del fascismo o la agnotología.

Parte III: Ignorancia como sabiduría.

«Ítaca» (1904) Constantino Cavafis. Aunque es un elogio del viaje, implícitamente valora la experiencia sobre el conocimiento absoluto del destino. El poema aconseja no temer a lo desconocido (monstruos, Poseidón), sino a llegar a Ítaca «viejo», «rico» pero sin haber vivido el camino. La «ignorancia» del destino final es lo que hace valioso el viaje (la búsqueda). El proceso de individuación (el viaje) es más importante que un «saber» estático y absoluto. La ignorancia como espacio para el crecimiento.

«Mente de Principiante» (Shoshin): Aunque no son «odas» formales, muchos haikus y poemas zen exaltan la percepción pura, libre de preconceptos y conocimiento acumulado que nubla la realidad presente. Es una ignorancia activa y despierta, no pasiva. Ryōkan: «¿Cómo es la verdad última? / Como cuando, antes de hablarte, / te llamo por tu nombre.» → El conocimiento directo, no conceptual, que trasciende el lenguaje y la doctrina. La «Mente de Principiante» se asemeja a un estado de conciencia despojado de la Persona rígida y abierto al Inconsciente y a lo numinoso. Es la antítesis de la ignorancia dogmática.

 

Conclusión:

Posverdad como agnotología 2.0, para vender la ignorancia feliz como producto de mercado para la anestesia emocional. Las burbujas algorítmicas (redes sociales) ofrecen entornos cognitivamente seguros. Eliminan disonancia (solo ves lo que confirma tus sesgos). Convierten la ignorancia en placer (dopamina por confirmación, no por verdad): «Mi verdad me hace feliz, no la Verdad». Ignorar verdades incómodas (desigualdad, colapso ecológico) se promueve como «autocuidado», pero en realidad es una felicidad-quimera para una satisfacción inmediata vs. vacío existencial y una regresión al puer aeternus, evitando la adultez emocional mediante la infantilización cognitiva.

La «ignorancia feliz» sería una regresión a la conciencia indiferenciada (paraíso infantil o colectivismo tribal), donde la Sombra permanece oculta. Pero la individuación exige integrar el conocimiento doloroso para alcanzar una felicidad más profunda y consciente. La «ignorancia feliz» refleja una nostalgia por la inconsciencia —un deseo de volver al útero simbólico—, pero la historia humana sugiere que, tras comer el fruto del árbol del conocimiento, el único camino hacia una felicidad auténtica es avanzar, no retroceder.

La tragedia en tres actos: Acto I (Felicidad ignorante): Sociedades beben el elixir del «no saber para ser felices». Acto II (Estupidocracia): Llegan líderes que destapan el frasco de la estupidez, vendiéndola como libertad. Acto II (Retroalimentación): El sistema recompensa la estupidez performativa (viralización de absurdos) y castiga el pensamiento crítico. Como advirtió Umberto Eco, el fascismo eterno vuelve disfrazado de folklorismo.

La neurociencia actual muestra que el cerebro fabrica ilusiones para protegernos (sesgos cognitivos). La ignorancia puede ser un mecanismo de supervivencia en una fase inicial de la evolución. En un desarrollo saludable los recursos para sobrevivir maduran. Pero la agnotología (como industria de la duda) explota esa ilusión, calando en sujetos que mantienen los sesgos primitivos: crea «felicidad» artificial mediante desinformación (ej.: negacionismo climático).

La ignorancia puede ser tanto un refugio necesario (protección neurocognitiva) en unas etapas iniciales del desarrollo, como una prisión (agnotología). La clave está en distinguir cuándo es un velo humilde ante lo numinoso y cuándo un muro construido por el poder (fascismo) para lograr sociedades inmaduras que prefieren soluciones mágicas (ej.: «Un muro resolverá la migración») a procesos complejos. La luz más peligrosa es la que se apaga para no desvelar las sombras.

La auténtica felicidad humana -la posible, la no idealizada- no yace en la ignorancia primordial, sino en el coraje de navegar la incertidumbre en un viaje donde la conciencia de no saber es la brújula, no el naufragio, y navega hacia una ética del conocimiento que acepta lo ignoto sin renunciar a develar lo oculto. Solo una cultura de la complejidad (Edgar Morin), donde la felicidad se construya con verdad y sentido, evitará la farsa convertida en tragedia. El antídoto contra la estupidocracia no es la élite ilustrada, sino ciudadanos que abracen la incomodidad de saber. Como escribió Brecht: El peor analfabeto es el analfabeto político, quien no reconocerá al político-estafador que encarna la sombra del Trickster -el embaucador moderno- que rompe normas, crea caos y lo vende como «liberación».

Un viaje-odisea duro y comprometido que pocos quieren hacer y a muchos se les embarca muy a su pesar en la diversas crisis -oportunidades- que la vida presenta.

«Hasta que lo inconsciente no se haga consciente, seguirá dirigiendo tu vida y tú lo llamarás destino» (Jung)

 

Fascismo como síndrome civilizatorio: la “caza del moro”.

Fascismo como síndrome civilizatorio: la “caza del moro”.

Fascismo como síndrome civilizatorio: la “caza del moro”.

Mikel Garcia. 17 julio 2025

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Trabajando con inteligencia artificial. Por Mikel García.

 

Autor

 

Mikel García García[i]

[i] Médico y cirujano (Universidad Navarra, 1975). Psicólogo (Universidad San Sebastián, 1982). Psicoanalista junguiano. Formación experiencial y teórica en: Psicoanálisis, Terapia Sistémica Familiar, Psicoanálisis Reihiano (vegetoterapia), Psicología Analítica Junguiana, Psicoterapia Transpersonal. Experiencia de Muerte Cercana a los 33 años. Máster en “Astronomía y astrofísica” VIU (Universidad Valencia, 2014). Doctor Internacional en «Estudios Internacionales en Paz, Conflictos y Desarrollo», Universitat Jaume I (UJI Castellón, 2020). Máster en Fotografía Artística y Narrativa Visual (Universidad Internacional de la Rioja, 2022). Máster en Inteligencia Artificial (BIG SCHOOL, Madrid 2024) y Máster en Inteligencia Artificial (Universidad Isabel I, Madrid 2025). 

Colaborador con ONG médicas de intervención internacional, y en programas de formación a personal sanitario de atención Primaria; SIDA; maltrato infantil; muerte digna y a docentes. Especializado en maltrato infantil, trauma, duelo, tanatología, acompañamiento al muriente, integración de sistemas, estados de trance y místicos. Terapeuta de “Grupos de Duelo Online Ventana a ventana” desde confinamiento COVID-19. Psiconauta, antropólogo investigador del alma en la clínica médica y psicoterapéutica y trabajos de campo antropológicos cualitativos y cuantitativos, con énfasis en la Acción Participativa, docencia y divulgación psicopolítica de los hallazgos. Promotor de acciones participativas para el despertar del desierto interior y para la transformación social. Didacta  de la Sociedad Internacional Para el Desarrollo del Psicoanálisis Junguiano (SIDPaJ). Fotógrafo. Buceador. Alquimista. Hilozoísta. Hijo de Hermes. Creador herido. https://bit.ly/mikelcurriculum  iratxomik@gmail.com

Presentación y contenido

El ensayo “Fascismo como síndrome civilizatorio: la caza del moro” de Mikel García (julio 2025) analiza los disturbios racistas en Torre Pacheco y otros episodios recientes en Europa como síntomas de un fenómeno más profundo que trasciende la política: el fascismo entendido como estructura emocional colectiva y síndrome civilizatorio. Lejos de ser un hecho aislado, el fascismo se presenta como una patología de masas basada en la represión afectiva, el miedo a la libertad, la sumisión a la autoridad y la proyección del odio reprimido hacia el “otro”, especialmente el inmigrante.

El autor sostiene que la personalidad potencialmente fascista, descrita por Adorno, no pertenece a individuos excepcionales, sino que habita en ciudadanos comunes. Esta personalidad combina moralismo sexual, obediencia autoritaria, pensamiento binario, agresión hacia la diferencia y miedo a la introspección. Estas disposiciones, cultivadas por estructuras familiares rígidas y contextos de inseguridad, pueden activarse políticamente mediante discursos simplificadores. Goebbels sintetizó este proceso en sus principios de propaganda —simplificación, repetición y unanimidad— que hoy se reproducen amplificados por redes sociales y algoritmos, generando una psicopolítica del odio.

El texto aborda la misoginia como núcleo del fascismo español, herencia del franquismo y del catolicismo patriarcal. La mujer libre o feminista sigue siendo presentada como amenaza, reapareciendo en el discurso digital de la extrema derecha a través del acoso en redes y la deslegitimación del feminismo. Esta “falocracia virtual” perpetúa el ideal de pureza y orden masculino frente al “caos” femenino, reeditando la represión de la libertad sexual y emocional como base del autoritarismo.

García recurre a una amplia genealogía teórica. Freud explica el narcisismo de las pequeñas diferencias, que convierte diferencias mínimas en odios profundos; Reich interpreta el fascismo como producto de la represión sexual; Jung analiza la proyección de la Sombra colectiva sobre el extranjero, en el caso español el “moro”, evocando fantasmas coloniales e históricos; Adorno y Marcuse examinan la educación autoritaria y la industria cultural como reproductoras del pensamiento fascista; Foucault y Han relacionan el racismo con el biopoder y la psicopolítica neoliberal; Deleuze y Guattari describen el fascismo como máquina deseante que canaliza la frustración social hacia la violencia tribal.

El ensayo ilustra estas dinámicas con el personaje ficticio MKG, un obrero español educado en valores autoritarios que encuentra en el odio al inmigrante una forma de pertenencia y sentido. MKG encarna la banalidad del mal: no es un monstruo, sino un síntoma de la soledad, represión y precariedad contemporáneas.

El autor distingue entre discurso de odio y delito de odio, subrayando cómo la propaganda se cuida de incitar indirectamente la violencia que otros ejecutan. La “caza al moro” es, así, una manifestación de la psique colectiva enferma y de la manipulación política del miedo.

En sus conclusiones, García propone estrategias de prevención del fascismo desde una perspectiva integral: educación emocional y crítica, memoria histórica, cultura del disenso, empatía radical, redes comunitarias y ética del cuidado. La cura del síndrome fascista no se limita al plano ideológico, sino que requiere una transformación del deseo, del cuerpo y de los vínculos sociales. Prevenir el fascismo, concluye, es integrar la sombra colectiva, reconocer la diferencia y convertir la vulnerabilidad en fuente de humanidad compartida.

Ensayo

Los disturbios en Torre Pacheco, Murcia, España, en julio 2025, como los vividos en los últimos años —incluyendo episodios de violencia racial, agresiones físicas y simbólicas contra migrantes, en España (El Ejido 2000, tras el asesinato de tres vecinos por inmigrantes marroquíes, se produjo una ola de violencia xenófoba), Reino Unido (agosto 2024. Tras un apuñalamiento en Southport el 29 de julio que mató a tres niñas y fue atribuido falsamente a un musulmán) y América— generan miedo, y suscitan preguntas que requieren investigación profunda más allá de las respuestas superficiales y estereotipadas que abundan. ¿Cómo es posible que los discursos de odio de unos pocos calen en la población que vota cada vez más a la extrema derecha? ¿Es cierto que la condición humana es tan oscura que estos episodios sacan lo peor de las personas?
En este artículo voy a investigar lo que han aportado autores que citaré en adelante y me centraré en las singularidades de España. Finalizaré con sugerencias acerca de qué hacer para combatir el fascismo. El artículo es un borrador que presenta ideas y explicaciones aún no suficientemente articuladas, pero que pueden tener cierta utilidad para que el lector pueda reflexionar sobre perspectivas que quizás no conoce y sacar sus conclusiones.
Miguel de Cervantes define la Historia en el capítulo IX de su Don Quijote como “camino de la verdad, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir”.

El fascismo no es únicamente una ideología política, sino una estructura emocional colectiva, un tipo de organización de la psique de masas que se basa en: La represión sexual y emocional; La autoridad patriarcal rígida; El miedo a la libertad y la proyección del odio reprimido hacia un enemigo externo (judío, extranjero, comunista, etc.). El fascismo se alimenta de pulsiones inconscientes manipuladas políticamente, los discursos de odio son alimentados desde ciertos sectores mediáticos y políticos, exacerbando el miedo y fomentando una identidad colectiva basada en la exclusión del diferente.
El fascismo es una estructura latente, un síndrome civilizatorio con diversos síntomas, entre ellos la xenofobia -islamofobia- y la aporofobia, muchas veces relacionadas, que no es un problema de ignorancia, sino una patología de la estructura emocional de masas, reproducida en lo cotidiano.
¿Qué es una personalidad potencialmente fascista? El concepto proviene principalmente de Theodor W. Adorno. La personalidad potencialmente fascista no es un “monstruo externo” sino que está latente en muchos ciudadanos comunes. La personalidad fascista se estructura en torno a Ideales del Yo y a la identificación con un Amo que encarna el orden. El sujeto potencialmente fascista tiene algunas de estas características clave:
Sexualidad reprimida: Moralismo y miedo a la libertad sexual.
Convencionalismo: Adhesión rígida a valores sociales convencionales.
Sumisión autoritaria: Obediencia acrítica a figuras de autoridad.
Agresión autoritaria: Hostilidad hacia quienes infringen los valores convencionales.
Anti-intracepción: Oposición a la introspección, emociones y subjetividad.
Superstición y estereotipia: Pensamiento mágico, clichés sobre el mundo.
Suspicacia paranoica: conspiparanoica.
Poder y dureza: Idealización de fuerza, dominación, disciplina.
Destructividad y cinismo: Tendencia a ver el mundo como hostil y a justificar la violencia.
Proyección: Atribuir a otros los propios impulsos reprimidos.
Militantismo fanático: Se pasa a la acción y se crean los entornos favorables para pasar a la acción con justificación.

¿Te reconoces en alguna?

La praxis fascista cala en poblaciones con personalidades potencialmente fascistas, especialmente en contextos de inseguridad, desigualdad o crisis identitaria. Estos contextos pueden sembrarse intencionadamente apelando a los miedos profundos de la estructura fascista de la población. La praxis fascista busca el poder y la dominación y utiliza herramientas para lograrlo. Joseph Goebbels, el “enano cojo y diabólico” -un enano místico- tal y como lo definía Goering, desarrolló durante su infancia un “enorme complejo de inferioridad” debido a su escasa estatura y a una malformación en el pie que le condenaría a una cojera permanente. Terminó desarrollando los 11 principios de la propaganda nazi. Principios “ilustrados”, metódicos, y eficaces para crear una disposición mental en la población que justifique la violencia. Actualmente los 11 principios se siguen usando y su eficacia de multiplica gracias a la tecnología, las redes sociales y el concurso de la Inteligencia Artificial (Durante 16 horas, Grok 3 empezó a soltar barbaridades como elogios a Hitler, amenazas al presidente de Turquía y respuestas cargadas de racismo. Tanto se le fue la pinza que lo apagaron, aunque seguía respondiendo con imágenes que decían “me están censurando”).
Cito 3 de los 11: 1. Principio de simplificación y enemigo único. «Reducir todo a un antagonismo binario y personificar la culpa en un solo grupo». Ejemplo en España: VOX reduce problemas complejos (precariedad laboral, crisis agrícola) al binomio «españoles vs. invasores moros», como en Torre Pacheco (2025). VOX llama sistemáticamente MENA a todos los menores migrantes, reduciendo su complejidad a un único enemigo: “Un mena, 4.700 € al mes; tu abuela, 426 €”. 6.- Principio de orquestación. “La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas”. De aquí viene también la famosa frase: “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”. «Bombardear con mensajes constantes para anular el pensamiento crítico»: 500 tuits/hora con hashtags como StopInvasión. 11. Unanimidad. Se difunde la idea de que “todo el mundo” comparte ese pensamiento: “Tu abuela y tus valores están amenazados…”, reforzando la impresión de consenso mayoritario.
La misoginia como núcleo del proyecto fascista en España. El fascismo español proyectó su Sombra colectiva (miedo, deseo reprimido, culpa, odio a la debilidad) en la figura de la mujer republicana, sexualmente libre, activa políticamente.
El fascismo español fusionó el catolicismo integrista con doctrinas autoritarias, promoviendo un modelo de mujer centrado en la «tríada sagrada»: madre, esposa y ángel del hogar. Este ideal se basaba en interpretaciones pseudocientíficas del darwinismo social y la eugenesia, que justificaban la inferioridad biológica femenina. El odio hacia las mujeres perpetuaba la supremacía masculina y prefiguraba todas las formas de autoritarismo social. La mujer fue estigmatizada como «caos» frente al «orden» masculino, necesitando control moral y político.
La extrema derecha actual emplea redes sociales como armas de hostigamiento. Esto es una reactualización del mito: la mujer libre como portadora del mal social. Trolls misóginos (anonimizados) atacan a mujeres públicas con insultos sexualizados, acusándolas de «subvencionadas» o «traidoras». Este odio refleja la resistencia ante la pérdida de privilegios patriarcales. Falocracia virtual: Según análisis periodísticos, grupos como Forocoches o seguidores de VOX operan con una «lógica de falo violador»: humillan a mujeres mediante comentarios sobre su físico, amenazas sexualizadas y desprecio al feminismo. Deslegitimación de políticas igualitarias: Como en el franquismo, se atacan subvenciones a asociaciones feministas o LGTBI, tachándolas de «fraude» o «caprichos». Esta retórica, alimentada por medios conservadores, oculta su función redistributiva y de reparación histórica.

Qué explican algunos autores:
S. Freud. Introdujo el término «narcisismo de las pequeñas diferencias» en «El malestar en la cultura» (1930), describiéndolo como un fenómeno paradójico donde comunidades con profundas similitudes (étnicas, lingüísticas, culturales) desarrollan hostilidad mutua precisamente por sus diferencias mínimas. Este mecanismo ofrece una «satisfacción cómoda e inofensiva de la inclinación violenta» que fortalece la cohesión interna al proyectar la agresión hacia un «enemigo próximo». Cuando aparece el extraño y conviven, se convierte en el enemigo próximo prevalente, el chivo expiatorio con el que se ejerce una violencia sutil, que podría denominarse racismo “blando”. El racismo «blando» no es un residuo de la barbarie, sino un producto perverso de la civilización que instrumentaliza diferencias mínimas para sostener jerarquías. Su violencia es sutil, pero no menos letal. En Moisés y el monoteísmo, Freud vincula el monoteísmo con la represión violenta de tradiciones anteriores. El monoteísmo judío surge de la imposición de creencias mediante la fuerza, generando un legado de culpa y conflicto
W. Reich —psicoanalista marxista y discípulo de Freud— en su obra La psicología de masas del fascismo (1933), intenta responder a una pregunta central: ¿Por qué las masas obreras apoyan al fascismo, incluso en contra de sus propios intereses materiales?: El fascismo emerge de la represión sexual en la familia patriarcal autoritaria, generando sujetos sumisos identificados con figuras de autoridad. Esta estructura es la «célula germinal del fascismo» que proyectan su agresión en chivos expiatorios (inmigrantes como «contaminación racial»). La represión sexual se proyecta en modos concretos como: acusación de perversión sexual (los judíos eran definidos por los nazis como perversos sexuales); o violación (Migrantes como violadores en el discurso racista contemporáneo. Migrantes —especialmente árabes, africanos y musulmanes— como el nuevo “peligro sexual”). Es una estrategia clásica del racismo y el fascismo que sirve para deshumanizar, movilizar el miedo, y justificar políticas de exclusión, violencia o exterminio, y es un discurso profundamente afectivo y simbólico, que apela al miedo visceral al cuerpo del otro: como si el cuerpo racializado tuviera un goce excesivo, una potencia peligrosa, una “amenaza animal”. Mecanismos de manipulación colectiva: Los símbolos (como la esvástica), la religión represiva y el terror sistemático explotan traumas inconscientes y fantasías colectivas. Así como en el fascismo clásico el “judío” era culpado de la decadencia moral y económica, en estos casos el “moro” se convierte en el blanco del odio reprimido.
C. Jung (Arquetipos e inconsciente colectivo, 1934). El arquetipo del “extraño” y la sombra proyectada. El extraño (el outsider, el otro) representa en muchas culturas una figura ambivalente: es peligroso y fascinante, temido y deseado. Suscita sentimientos paranoides. En términos junguianos, el extraño encarna aspectos inconscientes que el yo no reconoce ni acepta -la sombra-, que se proyecta hacia fuera especialmente sobre los que son distintos, vulnerables o marginales. Se proyectan en el «moro» los traumas y fantasmas coloniales no resueltos de España y hechos históricos no resueltos (pérdida de Al-Ándalus, memoria del Protectorado, el miedo a la «contaminación» cultural, la barbarie de la expulsión de judíos y musulmanes en la edad media). Consignas como «Defendemos nuestro pueblo» reactivan el mito de la Reconquista. Aquí la xenofobia y el racismo funcionan como mecanismos de defensa psíquicos colectivos: Rechazar al otro no solo evita el dolor de confrontar el mal interno, sino también la amenaza de transformar la identidad mediante la luz que el otro irradia. Cuando el yo se identifica con una identidad colectiva (raza, nación, género, religión), cualquier diferencia se vive como: Una amenaza de fragmentación; Una pérdida de seguridad ontológica; Un riesgo de contagio simbólico. De ahí nacen fantasías de invasión, descontrol, de “ser borrado” o “reemplazado” por el otro (como en el Gran Reemplazo), típicas de ideologías xenófobas. La violencia en Torre Pacheco refleja una psicosis colectiva: se temen amenazas inexistentes y se rechaza lo desconocido con pánico. El anciano agredido se convierte en la excusa para legitimar una agresión colectiva y el “efecto llamada”.
T. Adorno (La personalidad autoritaria, 1950): La familia autoritaria fomenta la «personalidad autoritaria» mediante la obediencia ciega y el castigo, creando sujetos propensos a la adhesión a líderes fuertes y la hostilidad hacia grupos marginalizados. La industria cultural difunde estereotipos que anulan el pensamiento crítico. El «síndrome fascista» incluye pensamiento dicotómico (nosotros/ellos). La industria cultural amplifica este proceso mediante bulos en medios sensacionalistas (ej.: vinculación automática, magrebí-delincuencia), legitimando la violencia.
J. Lacan (Escritos, 1966): El goce (jouissance) se canaliza mediante un objeto a (el inmigrante como «amenaza») que satisface pulsiones agresivas bajo un gran Otro simbólico (la «España Pura»). El Universo Desokupa (la empresa ultra que quiere enseñar a España a defenderse de lo que sea) encarna líderes que prometen restituir un orden perdido mediante la violencia. Lo Real lacaniano —aquello que resiste la simbolización— irrumpe en fenómenos como la «caza al moro» como trauma no procesado: la imposibilidad de integrar la diversidad cultural en el relato nacional herido por la «declinación de la imago paterna» en la estructura social.
H. Marcuse (El hombre unidimensional, 1964): El capitalismo genera el «hombre unidimensional» incapaz de criticar el sistema. La represión desublimadora canaliza frustraciones hacia falsas liberaciones (xenofobia), evitando la crítica al capitalismo. La clase trabajadora ataca a inmigrantes (sus compañeros de explotación) en lugar de al sistema capitalista. Vox instrumentaliza este malestar, con discursos de «autodefensa», ofreciendo una falsa «liberación» mediante la xenofobia.
M. Foucault (Vigilar y castigar, 1975; Historia de la sexualidad, 1976): El racismo opera como biopoder: el Estado gestiona poblaciones mediante la exclusión del «indeseable». El fascismo de masas es una extensión de este mecanismo. Foucault explica cómo las instituciones religiosas monoteístas (Iglesia, confesión, dogma) han sido mecanismos de control de los cuerpos, la sexualidad y el deseo, especialmente desde la infancia. El sujeto religioso se constituye por medio de la culpa, el pecado y la autovigilancia. Esta subjetividad culpabilizada es altamente manipulable por el poder, facilitando el sometimiento político o moral.
Deleuze/Guattari (El Anti-Edipo, 1972; Mil Mesetas, 1980): Las turbas son máquinas de guerra deseantes: flujos de agresión que se territorializan en «cacerías humanas». El fascismo es una «máquina de guerra deseante» que captura flujos de deseo colectivo hacia la destrucción. Las turbas actúan por «producción deseante» (éxtasis de la cacería), no por ideología. «¡Vamos a cazar moros!», crea una multitud fascista temporal. Esto refleja la «línea de fuga revertida»: el deseo de comunidad, frustrado por el capitalismo, se satisface en violencia tribal.
E. Laclau (La razón populista, 2005). El pueblo vs la élite: el populismo se articula en torno a una frontera política entre un nosotros (el pueblo) y un ellos (la oligarquía, el sistema, los corruptos, etc.). El populismo de derecha construye significantes vacíos (ej.: «inmigración ilegal») que unifican demandas dispersas bajo un enemigo común. Vox articula malestares rurales (abandono estatal, desempleo) en un relato de «invasión mora”. VOX y el discurso populista: Construye un pueblo ideal (españoles trabajadores, cristianos, víctimas del separatismo o de la inmigración); Identifica un enemigo (progresistas, feminismo, inmigrantes ilegales, «la casta»); Utiliza significantes vacíos como «España», «libertad», «sentido común», que permiten sumar demandas diversas bajo un mensaje común. Una versión perversa de esta lógica populista: Se construye un “nosotros” (autóctonos explotados o abandonados) frente a un “ellos” (emigrantes supuestamente beneficiados, delincuentes o invasores); Este “pueblo” es activado emocionalmente mediante discursos de miedo y pérdida (trabajo, seguridad, cultura); Movilizan estas pasiones populares en forma de odio.
Jan Assmann (Violencia y Monoteísmo, 2014). El monoteísmo introduce una «violencia estructural» al establecer una división radical entre religión verdadera (propia) y falsa (ajena), lo que justifica la exclusión del «otro». La creencia en un Dios único fomenta la intolerancia mediante lógicas binarias (ej.: elegido/rival, sagrado/profano). Las grandes religiones monoteístas (judaísmo, cristianismo, islam) tienden a estar organizadas bajo jerarquías rígidas que reflejan una visión del mundo patriarcal, con un Dios único, masculino, omnipotente y juez. Características comunes: Autoridad vertical: Dios → profetas → líderes religiosos → fieles; Moral binaria: bien/mal, puro/impuro, creyente/hereje; Sumisión del individuo: obediencia como virtud suprema; Control del cuerpo y la sexualidad: especial énfasis en la contención y represión. Estas características pueden fomentar una interiorización del autoritarismo: el “padre celestial” se convierte en modelo de todas las autoridades (padre, Estado, jefe, ley). La estructura familiar tradicional, con un padre como figura de orden y castigo, reproduce este esquema divino. En los textos fundacionales de las tres religiones monoteístas, encontramos episodios violentos autorizados o mandados por Dios: En la Biblia hebrea (Tanaj), Yahvé ordena la aniquilación de pueblos enteros (Amalecitas, Cananeos). En el cristianismo medieval, las Cruzadas fueron impulsadas con la promesa de indulgencia total: “Dios lo quiere”. En el islam, en el Corán hay versos que han sido usados para justificar la guerra santa (yihad) defensiva o expansionista.
Byung-Chul Han (Psicopolítica, 2014; La expulsión de lo distinto, 2017): La autoexplotación neoliberal genera fatiga social que deriva en violencia inmunitaria contra «lo otro». Las redes sociales amplifican el odio. El agotamiento neoliberal convierte al cuerpo migrante en diana de la frustración acumulada. La «violencia de lo idéntico» hacia el «diferente». Hacia el migrante, percibido como alteridad disruptiva en una comunidad obsesionada con la homogeneidad identitaria.
Vladislav Šolc y George Didier (Dark Religion: Fundamentalism from The Perspective of Jungian Psychology 2018. Religión Oscura: Fundamentalismo desde la Perspectiva de la Psicología Junguiana) El libro explora con detalle el impacto de la religión oscura como estructuras defensivas que protegen contra las experiencias numinosas en lugar de integrarlas en la consciencia. Este aspecto se destaca como un elemento que conduce al desarrollo de la hybris, la inflación, la posesión, las personalidades maná, la unilateralidad y otras formas de adaptación psicológica inadecuada. El libro introduce el concepto de «credo fuerte», que abarca diferentes denominaciones para el fenómeno de la posesión por arquetipos, como el fanatismo, el fundamentalismo, el radicalismo y el sectarismo. Los autores se refieren a este concepto como «teocalipsis».

Una personalidad fascista contemporánea

Presento un perfil narrativo ficcional de una personalidad fascista contemporánea en un sujeto que llamo MKG. Es una figura verosímil, no caricaturesca, que permite comprender cómo se encarna hoy el fascismo subjetivo. He procurado que el perfil no se identifique con ningún sector económico:
MKG: «No es racismo, es sentido común. Esto no es lo que era.»
MKG no se define como político. Nunca lo ha sido. Dice que le da igual la izquierda o la derecha, pero cada vez que abre la boca suelta un juicio que parece salido de un manual de propaganda nacionalista. «Mi abuelo con 14 años ya trabajaba en lo que fuera para ganarse la vida. No como estos que vienen y se lo damos todo». MKG trabaja con máquinas. Su día es rutinario, preciso, repetitivo. Como su pensamiento. Las cosas son o no son. Lo ambiguo le irrita. No soporta a quienes dudan, vacilan o se contradicen. La inseguridad le produce angustia. Prefiere repetir frases de youtubers o políticos que siente “claros”, que “van de frente”.
Estructura de personalidad
Educado en una familia autoritaria, donde el padre era «el que mandaba» y la madre “callaba, pero era la que te miraba con culpa”, creció reprimiendo el miedo y la ternura. Aprendió que sentir era debilidad. Que llorar era de maricas. Que los que protestan “no aguantan nada”. Reprime el deseo, pero lo proyecta en forma de violencia: sueña con castigar a los «okupas», a los marroquíes que ve en su barrio, a las mujeres que “juegan con los hombres” y a los “pijos progres que viven en barrios sin gitanos”. Le perturba profundamente la ambigüedad de género y la libertad sexual. El cuerpo libre le parece amenazante. Siente una mezcla de atracción y odio ante la feminidad emancipada, que percibe como burlona y superior. A veces ve porno de dominación. Después se siente sucio. No tolera la complejidad. En el fondo, teme que su mundo se desmorone. Por eso necesita creer que España es una, que la historia es gloriosa, que hay héroes y traidores. Cada vez que siente que algo se le escapa, busca una causa externa: los políticos, los inmigrantes, los “globalistas”, los antifascistas.
Sobre MKG
Lacan diría que su goce está en el odio compartido. Encuentra comunidad en el desprecio. En los grupos de Telegram donde se comparten vídeos de robos, donde se exageran cifras de ayudas a extranjeros. Allí se siente parte de algo. Allí es escuchado. Allí es alguien.
Adorno habría dicho que MKG tiene una personalidad autoritaria: sumiso con los de arriba, agresivo con los de abajo. Solo respeta la fuerza. Siente asco por la debilidad.
Byung-Chul Han diría que su soledad posmoderna se convierte en violencia defensiva: su identidad frágil necesita enemigos para no disolverse.
Laclau explicaría cómo MKG es interpelado por una retórica populista que construye un “nosotros” y un “ellos” con fuerza afectiva. Cuando grita “¡Fuera moros!” no está hablando de inmigración, sino de su angustia existencial.
Reich lo habría visto como el producto perfecto de una educación que castra el cuerpo, el deseo, la ternura. Un sujeto moldeado para obedecer y odiar.
Deleuze y Guattari lo describirían como un fascista deseante: un sujeto que desea su propia servidumbre, que encuentra placer en los límites, en las jerarquías, en las órdenes.
Epílogo simbólico. MKG no es un monstruo. Es un síntoma. Es la expresión humana de una sociedad que reprime el afecto, destruye el lazo social y alimenta la exclusión como identidad. Vive entre el miedo a no ser nada y la ilusión de pertenecer a algo. Pero sin ser un monstruo puede ser carne de cañón para la violencia justificada.

Dinámica de la cadena de odio: De la retórica a la violencia.
Discurso vs. delito de odio.
Los delitos de odio se definen en el artículo 510 del Código Penal español como actos que «fomentan, promueven o incitan al odio, hostilidad o violencia» por motivos como origen étnico, religión u orientación sexual. Incluyen desde humillaciones públicas (pena: 6 meses-2 años) hasta incitación a la violencia (1-4 años de prisión). Mientras el discurso de odio (lenguaje discriminatorio en redes o medios) puede no ser delito si no incita directamente a la violencia, el delito de odio implica acciones penales con motivación discriminatoria. La ONU destaca su papel en la deshumanización de grupos vulnerables.
La propaganda nazi crea el caldo en el discurso, cuidando no llegar al delito, solo dicen la verdad, es difícil demostrar que esperen que el delito lo cometerán otros ejecutores. La ley actual no es suficiente.
Las “cacerías” no son actos espontáneos. Estos episodios de odio no son meras explosiones raciales, sino el producto de una interacción entre estructuras psíquicas, discursos políticos y dinámicas sociales. Son fenómenos complejos donde: La estructura autoritaria interna (Reich, Adorno) permite la obediencia violenta. El discurso político articula esa obediencia como defensa colectiva (Laclau). Los discursos de odio circulan libremente gracias a una tolerancia represiva (Marcuse).
En redes, se activa una psicopolítica emocional que genera miedo, solidaridad antagónica y auto-vigilancia (Han, Foucault). El agresor proyecta en el inmigrante una sombra personal y colectiva (Jung). La violencia se realiza como una defensa de un territorio simbólico y grupal (Deleuze/Guattari).
Los perfiles que participan en agresiones racistas como la “caza al moro” suelen compartir: Frustraciones personales y sociales acumuladas. Deseo de pertenecer a un grupo con poder. Identificación con figuras políticas que refuerzan su visión. Narrativas de odio, compartidas emocionalmente en redes sociales.

Amor vs odio.
El odio y el amor son sentimientos fundamentales, profundamente entrelazados en nuestra biología y en la estructura de la psique. Aunque pueden parecer opuestas, desde una perspectiva neurocientífica y psicodinámica, comparten raíces comunes y revelan mucho sobre el funcionamiento humano en sus niveles más profundos.
Estudios de neuroimagen (como los de Semir Zeki y colegas) han demostrado que amor y el odio activan áreas cerebrales superpuestas, especialmente en regiones relacionadas con: la motivación (putamen, ínsula), la planificación de acciones (corteza frontal medial), y las emociones viscerales.
Ambos sentimientos pueden transformarse uno en otro. En relaciones intensas, especialmente de apego inseguro, el amor frustrado puede volverse odio. Esta labilidad emocional tiene correlatos en la plasticidad de las redes cerebrales implicadas en el apego y la agresión. Odio como defensa: Puede ser una defensa contra el dolor del amor frustrado o la dependencia. El odio muchas veces protege del sentimiento de vulnerabilidad que genera el amor. El odio puede surgir como respuesta al reconocimiento de lo que el otro revela de nosotros mismos: el odio al semejante puede estar ligado al narcisismo herido. “No entiendo por qué lo amo tanto si me hace tanto daño. Y al mismo tiempo, a veces lo odio con todo mi ser.”

¿Es España racista?
Hay evidencias de racismo estructural y social. También hay respuestas: Marco legal progresista. España tiene una de las legislaciones más avanzadas de Europa contra delitos de odio (Art. 510 CP) y cuenta con un III Plan de Acción (2025-2028); Y una sociedad civil activa. En el contexto europeo, España es menos racista que la media UE: Según el European Social Survey (2023), España ocupa el puesto 11/27 en tolerancia, por encima de Francia o Alemania.
La invención de «razas» (blancos, indios, negros) durante la colonización fue un dispositivo para: Justificar la explotación laboral (esclavitud, encomiendas). Establecer una jerarquía global de humanidad: lo «europeo» como sinónimo de racionalidad/progreso, lo «no-europeo» como atraso.
El racismo estructural tiene un nivel básico de «racismo blando» (o racismo sutil) que se refiere a manifestaciones de discriminación racial menos evidentes que el racismo abierto y violento, pero igualmente dañinos. Estas prácticas suelen estar normalizadas, camufladas en lo cotidiano, y se basan en estereotipos, microagresiones o exclusiones sistémicas. El racismo blando genera consecuencias muy importantes. Daño psicológico: Estrés, ansiedad y sentimiento de no pertenencia. Desigualdad estructural: Menos oportunidades laborales, educativas y de vivienda. Normalización y banalización de la violencia: La sutileza hace difícil identificarlo y combatirlo, perpetuando el ciclo.
Raíces y factores contextuales:
El narcisismo de las pequeñas diferencias y las peculiaridades de la personalidad potencialmente fascista en un momento histórico en el que la guerra civil y las condiciones educativas en la dictadura franquista incrementaron los factores de familias autoritarias.
Herencia colonial: La historia de España con esclavitud, colonialismo en África y América, la expulsión de judíos y musulmanes, y la persecución al pueblo gitano, dejó jerarquías raciales internalizadas. La «Leyenda Negra» (mito de la crueldad española en América) alimenta un nacionalismo defensivo que estigmatiza lo «no europeo».
Narrativa de «homogeneidad»: La idea de una España «blanca y católica» excluye a minorías étnicas (judíos, musulmanes, gitanos) que llevan siglos en el país.
«El racismo es la colonialidad del poder incrustada en los hábitos más íntimos, en los pliegues del alma.» Silvia Rivera Cusicanqui, quien explica un racismo internalizado en sociedades poscoloniales).
La democracia occidental se construyó sobre el genocidio colonial. Cuando VOX llama «invasores» a migrantes, repite el discurso de los conquistadores contra los «indios bárbaros».
Las Leyes de Limpieza de Sangre (estatutos de limpieza de sangre) surgieron en la España del siglo XV como un sistema jurídico-religioso de segregación racial. Su objetivo era excluir a descendientes de judíos y musulmanes convertidos (conversos y moriscos) de cargos públicos, instituciones educativas, órdenes militares y religiosas. Tras las revueltas antisemitas de 1391 y la presión de la Inquisición (1478), miles de judíos y musulmanes se convirtieron al cristianismo. Surgió la sospecha de que los conversos practicaban su fe en secreto (criptojudaísmo). Pruebas de «pureza»: Genealogías: Investigar ancestros hasta 3-4 generaciones. Testigos: Declaraciones bajo juramento sobre la «limpieza» del candidato. Documentos notariales: Certificados de bautismo y matrimonio cristiano antiguo. Quienes no podían probar limpieza perdían estatus social (deshonra) frente al surgimiento de una aristocracia de sangre frente a una masa de «manchados». Economía racializada: Exclusión de judíos y moriscos de gremios y comercios, consolidando élites cristianas viejas. Su legado permea aún el racismo contemporáneo como una lógica perversa del racismo como teología política. La «mancha» judía/musulmana era hereditaria, no se borraba con el bautismo. VOX hoy habla de «invasión» como contaminación étnica-cultural. Creación de archivos raciales (Libros Verdes de Aragón), hoy perfilamiento racial en bases policiales de «etnia». Así como los estatutos demonizaban al converso como «infiltrado», hoy se estigmatiza al migrante magrebí como «invasor encubierto». La defensa de la «España eternamente católica» (usada por Franco) es herencia directa de la teocracia de los estatutos. Estos estatutos no fueron un «error histórico»: fueron la primera burocracia racial moderna, donde Iglesia y Estado unieron fe, sangre y poder. Su sombra persiste porque: El fascismo necesita cuerpos «impuros» para movilizar odio. La democracia española no ha desmontado los mitos de pureza identitaria.
Manifestaciones de racismo blando en España:
Microagresiones cotidianas: Comentarios como «Eres muy listo para ser moro», «No pareces gitana» o «¿De dónde eres de verdad?». Chistes étnicos («humor» que ridiculiza culturas o rasgos físicos). Elogios exotizantes: «Qué bonito es tu pelo afro» (tratándolo como algo ajeno).
Estereotipos internalizados: Asociar a personas latinas con trabajos domésticos o de bajos salarios. Presuponer que personas negras o magrebíes son «inmigrantes recientes» (incluso si son españolas). Vincular a la comunidad gitana con delincuencia o absentismo escolar.
Exclusión en espacios públicos y servicios: Perfilamiento racial (racial profiling): Controles policiales desproporcionados a personas racializadas (documentados por ONGs como SOS Racismo). Discriminación en ocio: Acceso denegado a discotecas («por aforo»), especialmente a hombres negros o magrebíes. Trato diferenciado en tiendas: seguimiento constante por parte de seguridad.
En España, un migrante marroquí es tratado como «cuerpo explotable» (jornalero en Murcia), no como sujeto de derechos. Emigrantes africanos trabajan 12h/día por 30€, mientras supermercados europeos multiplican ganancias.
Medios españoles llaman «MENAs» a niños migrantes (criminalizándolos), repitiendo lógicas coloniales.
Las vallas de Melilla/Ceuta son tecnologías raciales: disfrazan de «control migratorio» lo que es caza humana de cuerpos no-europeos.
Tokenismo y apropiación cultural: Incluir a una persona racializada en un equipo/publicidad solo para «aparentar diversidad». Usar símbolos culturales (como trenzas africanas o indumentarias gitanas) como «moda», sin respetar su significado.
Aunque existen normas contra la discriminación (como la Ley 15/2022 contra el racismo), su aplicación es débil.
Medios de comunicación: Cubrimiento sesgado de migración (vinculándola a delincuencia) o representación estereotipada de minorías.
Capitalismo racializado: «El salario del obrero blanco en Europa se subsidia con la superexplotación del cuerpo racializado en el Sur Global». Migrantes marroquíes en la agricultura murciana trabajan en condiciones neoesclavas.
El «otro» (musulmán, migrante subsahariano) encarna la colonialidad reactualizada: no es un extranjero, sino un cuerpo colonizable.
Negación del racismo: Frases como «En España no hay racismo», «Aquí todos somos iguales» o «Eso es cosa del pasado», que invisibilizan experiencias de las víctimas. Minimizar denuncias: «Es una broma», «No fue con mala intención».

¿Cómo prevenir la emergencia del fascismo en el sujeto?
¿Cómo aprovechar la crisis de la emergencia del conflicto en Torre Pacheco?
Prevenir la emergencia de tendencias fascistas en el sujeto requiere más que rechazar ideologías totalitarias. Supone intervenir en las raíces emocionales, simbólicas y sociales que predisponen al autoritarismo. Como advertía Theodor Adorno en La personalidad autoritaria, el fascismo no es solo un fenómeno político, sino una estructura psíquica latente que puede activarse ante situaciones de crisis.
Presento a continuación un esbozo de ideas, dimensiones y acciones posibles a realizar bastantes ya propuestas y desarrolladas por diversos autores.
El fascismo encuentra terreno fértil, allí donde hay miedo, humillación, fragmentación simbólica, ausencia de pensamiento crítico y rechazo de la diferencia. La tarea, entonces, es individual y colectiva, política y espiritual, emocional y estructural. Prevenir el fascismo en el sujeto no es solo una tarea ideológica, sino una praxis integral que articula cuerpo, palabra, historia, deseo y comunidad. Es sembrar instituciones, narrativas y vínculos que disuelvan la fantasía de pureza identitaria y abracen la pluralidad como potencia.
Como señala Hannah Arendt en Los orígenes del totalitarismo, el fascismo surge cuando el sujeto se siente superfluo. La respuesta es crear espacios donde cada vida sea irrepetible e imprescindible. Esto exige combinar la revolución libidinal (Marcuse) con instituciones que encarnen justicia material (Fraser).
Como dijera Jung: “La individuación no es separación, sino la integración de la diferencia”.
Prevenir el fascismo es cultivar la potencia de lo diverso en cada subjetividad. No basta con negar el odio; hay que hacer del cuidado un ritual político y de la diferencia un goce existencial.
No se busca solo la convivencia pacífica, sino también la integración con enriquecimiento cultural recíproco. El emigrante trabaja con brecha salarial y aporta riqueza a la nación, pero ese hecho no debe ser el fundamento de la aceptación de la inmigración.
Objetivos.
Educación emocional: Fomentar la expresión de afectos, el pensamiento crítico y la empatía.
Autoconocimiento: Explorar la sombra (Jung), la pulsión (Freud), El instinto (Reich), el deseo (Deleuze) para evitar proyectarlos.
Discurso político inclusivo: Desarticular cadenas que construyen enemigos internos.
Resistencia cultural: Promover narrativas que celebren la diferencia y la complejidad.
Dimensiones y acciones
1. Dimensiones psicodinámicas y afectivas
Autoconocimiento y sombra. Carl Jung propone explorar la sombra personal y colectiva para evitar proyecciones destructivas sobre el otro: “Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma”. Además, el concepto de «sombra dorada» sugiere que también proyectamos potenciales reprimidos (creatividad, libertad, espiritualidad) que nos incomodan. Técnicas de diálogo con la sombra (identificar proyecciones de miedo/odio en «el otro»).
Pulsión y represión. Sigmund Freud y Wilhelm Reich señalan que la pulsión reprimida, cuando no se sublima ni se canaliza creativamente, puede devenir en violencia o sumisión. Herbert Marcuse propone una revolución libidinal que libere la energía creativa de la psique (Eros y civilización). Talleres de bioenergía social que transformen ira en acción colectiva (ej.: teatro foro sobre xenofobia).
Deseo y máquinas sociales. Deleuze y Guattari entienden el deseo como una fuerza colectiva. El fascismo captura el deseo social, creando una máquina de goce autoritaria. Prevenirlo implica producir otras formas de deseo colectivo (cooperación, alegría, justicia). Mapear flujos deseantes capturados por discursos fascistas y reconectarlos con redes solidarias. Insurrección deseante: Crear máquinas de guerra nómadas (Deleuze) que reconfiguren el placer lejos del autoritarismo.
Incluir a Paulo Freire (Pedagogía del oprimido): Educación dialógica donde el sujeto identifique sus propias opresiones internalizadas. Ejemplo: Debates en escuelas sobre cómo el fascismo surge de crisis económicas no resueltas.
2. Educación crítica y memoria histórica
Pensamiento complejo. Superar relatos simplistas que culpan a «otros» (migrantes, pobres, mujeres) de problemas estructurales. Incluir educación filosófica, mediática y narrativa en el sistema educativo. Enseñar ecología de saberes (Boaventura de Sousa Santos) para analizar problemas estructurales.
Historia y trauma. Enseñar las consecuencias reales del fascismo: Holocausto, franquismo, genocidios. Evitar la idealización de pasados autoritarios como formas de «orden». Recuperar testimonios del franquismo y Holocausto mediante archivos orales (como los de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica).
Walter Benjamin (Tesis sobre la historia): Recuperar historias de los vencidos mediante archivos contra-monumentales.
Vacunas narrativas (Sander van der Linden): Exponer previamente a micro-dosis de discursos fascistas con desmontaje crítico.
Talleres de memoria corporal (ejercicios que confrontan gestos internalizados de sumisión/dominación racial). Luchas por el territorio-cuerpo: Movimientos por el derecho para vestir trajes tradicionales en espacios formales.
3. Fortalecer valores democráticos y cuidado comunitario
Cultura del disenso. Aprender que disentir no es traición. La ciudadanía crítica requiere debate, conflicto productivo y negociación. Talleres de alfabetización mediática para identificar discursos de «chivo expiatorio» (ej.: vincular inmigración con inseguridad).
Empatía radical. Fomentar experiencias reales con la diferencia (voluntariados, intercambios culturales, diálogo interreligioso). Cartografiar necesidades locales (ej.: acceso a agua en zonas rurales) para vincular libertades y bien común. Crear asambleas de controversia (espacios para debatir conflictos con reglas de respeto).
Contacto con diversidad: Programas de intercambio intercultural (ej.: «Vecinos por un mes» en barrios multiétnicos).
Ética del cuidado. Byung-Chul Han propone una comunidad basada en la vulnerabilidad compartida, no en la competencia narcisista.
Nancy Fraser (Escalas de justicia): Combina redistribución económica (políticas públicas) con reconocimiento identitario (luchas simbólicas). Ejemplo: Cooperativas agrícolas mixtas que garanticen salarios dignos y respeto a tradiciones culturales.
Julia Kristeva (Poderes de la perversión): Trabajar la abyección hacia lo extraño mediante literatura migrante.
Frantz Fanon (Piel negra, máscaras blancas): Dinámicas de descolonización del deseo en espacios educativos.
4. Fortalecimiento emocional e identitario
Gestión del miedo. El fascismo prospera cuando el sujeto no puede nombrar ni simbolizar sus miedos. Es necesario trabajar la alfabetización emocional. Mapear zonas de inseguridad existencial en territorios (ej.: barrios desindustrializados).
Espacios de pertenencia. Crear redes afectivas reales que ofrezcan comunidad sin exclusión: asociaciones, cooperativas, asambleas barriales. Rituales de pertenencia: Ceremonias públicas de investidura ciudadana para jóvenes en riesgo de exclusión.
Llenar vacíos identitarios: Redes de apoyo mutuo (ej.: bancos de tiempo donde se intercambian habilidades sin dinero).
Judith Butler (Marcos de guerra): Frente a la deshumanización, promover duelos públicos por vidas precarizadas (ej.: ceremonias por migrantes fallecidos). Esto confronta la diferencia jerarquizada que alimenta el fascismo.
La diversidad como portadora de lo luminoso. Lo paradójico es que al otro también se le proyectan en la sombra (sombra dorada) valores reprimidos positivos por los sujetos que temen perder su hegemonía o su identidad rígida: Vitalidad; Creatividad; Sexualidad libre; Pluralidad; Sensibilidad; Conexión con la tierra o con lo espiritual. Rechazar al otro no solo evita el dolor de confrontar el mal interno, sino también la amenaza de transformar la identidad mediante la luz que el otro irradia. Reconocer al otro como proyección de lo propio. Asumir la sombra personal y colectiva. Aceptar que la identidad se enriquece con la diferencia. La diversidad no es amenaza, sino posibilidad de individuación colectiva: nos permite integrar aspectos reprimidos y evolucionar. Crear laboratorios de proyección donde se identifiquen valores reprimidos (vitalidad/creatividad) atribuidos al «otro».
Talleres de mitos, cuentos y leyendas de otras culturas que narran problemas existenciales universales.
Bancos de sombra dorada. Intercambio de habilidades donde los migrantes enseñen saberes ancestrales (medicina andina, tejido bereber).
Édouard Glissant (Poética de la relación): Fomentar identidades-rizoma frente a raíces únicas excluyentes.
5. Vigilancia ante señales de radicalización
Indicadores
Lenguaje deshumanizador («plaga», «invasores»).
Nostalgia autoritaria («con Franco esto no pasaba»).
Teorías conspirativas (antisemitismo, xenofobia, negacionismo).
Estrategias
Cuestionar con empatía y pensamiento crítico:
“¿Qué pruebas tienes?”
“¿Qué alternativa no violenta propones?”
“¿Has hablado con alguien que vive eso?”
«¿Quién se beneficia de que odies a este grupo?» (revelar intereses políticos/económicos).
«¿Qué perderías si este grupo tuviera derechos plenos?» (cuestionar privilegios).
Talleres de teatro social (Augusto Boal) para canalizar la rabia en acción política no violenta.
6. Herramientas sociales e institucionales
Escuelas: Filosofía política, arte, alfabetización mediática. Incluir filosofía política desde primaria (ej.: manuales de Adela Cortina sobre ética aplicada). Cátedras de filosofía de patio (discusión ética en recreos). Corresponsales juveniles para detectar discursos de odio.
Medios de comunicación: Evitar sensacionalismo, promover pluralismo. Auditar algoritmos de redes sociales que amplifican discursos de odio (inspirado en Safiya Umoja Noble). Consejos de redacción ciudadana.
Políticas públicas: Garantizar acceso a vivienda, salud, cultura. Renta Básica Universal (Van Parijs) para reducir miedos económicos explotados por fascismos. Presupuestos feministas para cuidados.
Foros ciudadanos: Espacios deliberativos locales (asambleas interculturales, círculos de diálogo).
7. Modelos comunitarios:
Democracia laboral reichiana: Cooperativas con autogestión rotativa y educación sexual integral. Principios de la democracia laboral (Reich): 1. Autogestión: Decisiones colectivas sin jerarquías coercitivas. 2. Canalización saludable de la libido: Educación sexual, arte y conocimiento crítico. 3. Ética del cuidado: «El amor, el trabajo y el conocimiento deben gobernar la vida»
Comunidades del cuidado (Byung-Chul Han): Huertos urbanos interculturales como espacios de vulnerabilidad compartida.
Populismo emancipatorio (Laclau): Articular luchas dispersas bajo significantes como «Dignidad Rural» (campesinos + inmigrantes).
Psicopolítica local: Asambleas vecinales con metodologías de consenso (inspiradas en zapatistas) para gestionar conflictos.
Arte como antídoto: Residencias artísticas en zonas rurales (ej.: murales colaborativos que narren migraciones).
Alianzas transclase: Sindicatos de plataformas digitales (repartidores) + agricultores, exigiendo seguridad social universal.