Conspiración del silencio en el proceso de muerte, el opio de la conciencia

Conspiración del silencio en el proceso de muerte, el opio de la conciencia

Conspiración del silencio en el proceso de muerte, el opio de la conciencia

El arte de existir con la conciencia

El artículo presenta reflexiones del autor, basadas en su experiencia clínica, como investigador y personal, sobre el morir y la atención al muriente. Se denuncia la situación general de muerte indigna a lo largo de algunas décadas en las que sólo cambian las formas. Se profundiza en el uso de los analgésicos, la morfina. Se apuntan modos de transformar la realidad actual y se concluye con una hipótesis de corte junguiano.

 

Palabras clave: Muerte. Morfina. Sí-mismo. Jung. Conciencia. Muriente

 

Mikel Garcia Garcia 25 diciembre 2018

Introducción

Presentación

 

A lo largo de la historia, la muerte ha estado presente en el pensamiento humano, ya sea como acontecimiento individual, social, religioso, o político (Eccles, 1992; Evans-Pritchard, 1973; Morin, 1951).

En 42 años de práctica clínica primero como médico rural, y más adelante como psicoterapeuta he acompañado a morir a bastantes personas tanto pacientes como allegados. Cuando una muerte es digna y cuando no lo es, se reconoce por lo que se siente tanto en el proceso de muerte como por las consecuencias en el duelo de los vivos. Es un proceso de aprendizaje en el que se va entendiendo de qué factores depende una u otra forma de morir. Mucho de lo que acontece alrededor de la muerte resulta un misterio incognoscible al principio, pero con cada experiencia, sobre todo porque te transforma, se van comprendiendo más cosas.  He explicado algo sobre ello en el apartado Mi experiencia profesional de “Integración de la muerte. Pulsación de vida”[1] (García, 2015)

En tantos años ha cambiado mucho la atención al muriente, pero, después que he sido informado de algunas experiencias recientes de muertes, y leído informes recientes de trabajos sobre experiencias en unidades de cuidados paliativos, dudo de que se esté realmente avanzando hacia morir con dignidad. De ahí mi motivación en reflexionar, revisar lo que ocurre y compartir mis reflexiones.

Lo primero compartir preguntas que nos podemos hacer tan paradójicas como la física cuántica que las inspira: Si todo el universo está hecho de los mismos materiales, ¿eso significa que todo el universo está muerto? o ¿que todo el universo está vivo? ¿Se trata sólo de una cuestión de complejidad? ¿Significa eso que nunca moriremos porque nunca estuvimos vivos? ¿Son la vida y la muerte una cuestión irrelevante y no nos habíamos dado cuenta? ¿Es posible que seamos más parte del universo de lo que pensábamos?

El «morir con dignidad» ha sido un referente que he tenido presente desde el inicio de mi práctica y desde un tiempo está en el debate ético del final de la vida humana como “derecho a morir con dignidad” cobrando bastante peso en la actualidad. El debate hace emerger la necesidad de reflexionar sobre que es la dignidad humana, especialmente en relación con el sufrimiento y la muerte, reflexión que pone, además, en tensión la concepción interna y social del sentido de la vida humana.

La «muerte digna», requiere tanto un abordaje integral del muriente, en sus diferentes dimensiones: física, psicológica, social, y espiritual, como el considerar el acto de morir como un «acto humano». Pues ante la inevitabilidad de la muerte cabe un ejercicio de libertad, sobre el modo de morir, lo que requiere, necesariamente, disponer de buena información y de capacidades cognitivas conscientes en un grado suficiente para el ejercicio de esa libertad. El arte de morir consiste en marcharse con naturalidad.

Estas consideraciones sobre la “muerte digna” tienen un potencial innovador transformador propiciando un cambio de «paradigma»: desde una sociedad que anhela una medicina dominada por el «imperativo tecnológico», hacia una medicina humanizada; desde una ética dominada por hacer sólo lo que se ha prescrito como bueno a una ética postconvencional.

Los sujetos que abogan por el derecho a una «muerte digna», consideran que esta solo es posible si se acepta el derecho de cada sujeto a disponer de la propia vida, lo que le otorga y confiere el poder de demandar la eutanasia o el suicidio médicamente asistido, dado el respeto que merece la libertad y autonomía del sujeto en esa fase final de su vida. El argumento es que nadie tendría derecho a imponer la obligación de seguir viviendo a una persona que, en razón de un sufrimiento subjetivo extremo, ya no lo desea.

Llamamos eutanasia a una actuación cuyo objetivo es causar la muerte a un ser humano para evitarle indignidad. Es una forma de homicidio, pues implica que un humano da muerte a otro, sea mediante un acto directo, sea mediante la omisión de la atención y cuidados. Suicidio asistido es la acción de una persona para acabar con su vida, que cuenta con la ayuda de alguien que le proporciona los conocimientos y los medios para hacerlo.

Este escenario de “muerte digna” puede hacer que el profesional, que se ocupa de un paciente dependiente del sistema sanitario, se enfrente al dilema sobre si respondería positivamente o no ante la petición de eutanasia (E) o suicidio asistido (SA), siendo estos “actos de respeto a la voluntad del sufriente” y “de compasión” por quien los ejecuta.

Quien asiste a personas en el final de la vida está condicionado tanto por la cultura que le ha modelado como por la formación recibida en las universidades. Las convicciones morales y religiosas condicionan, más que los conocimientos científicos, tanto a quien está muriendo como a quienes lo atienden, determinando qué es lo que consideran que es el comportamiento adecuado.

Como médico hice el famoso Juramento de Hipócrates, quien reclama de los médicos el compromiso de no dar a nadie una droga mortal aun cuando les sea solicitada, ni tampoco dar consejos con tal fin. En la formación médica subyace un “complejo de Asclepio” de ser capaz de vencer la muerte. El hijo de Apolo, antecesor de Hipócrates fue formado por el centauro Quirón en las artes de curación, pero recibió de Atenea un cuenco con sangre de la Gorgona que tenía poder de resucitar a los muertos. Zeus mató a Asclepio con un rayo cuando resucitó a Hipólito. Zeus no estaba conforme con la resurrección de los mortales pues temía que se complicase el orden del mundo ya que Hades y otros protestaban.

Las leyes consideran delito todas estas modalidades citadas de E y SA. Los pacientes no lo expresan, aunque lo deseen, los sanitarios dispuestos no exploran, no escuchan porque no hay salida legal ya que realizarla podría suponer acusaciones penales.

Sin embargo, aunque no se habla la demanda está latente y la frustración de los pacientes es también un desgaste y un sufrimiento. Para un médico conocer las razones por las que una persona solicita la eutanasia o la asistencia al suicidio, podría ser un estímulo para desarrollar estrategias adecuadas de cuidados. Además, algunos pacientes hablan a pesar de todas las constricciones del contexto, en mi experiencia sobre todo los más ancianos.

Para la tradición cristiana, el significado que se atribuye al concepto «morir con dignidad» se distingue radicalmente del propuesto por los defensores de la eutanasia. Esta tradición rechaza recurrir a la eutanasia y al suicidio asistido. Lo que se entiende por «derecho a una muerte digna» es el derecho a vivir humanamente la propia muerte. Esta tradición incluye lo divino en lo humano, y, precisamente Cristo es un referente para el proceso de morir. Al principio de mi praxis era frecuente que los creyentes aceptaran un sufrimiento que les acercase al de la pasión de Cristo, sintiéndose culpables si no lo hacían, incluso algunos esperaban que ese sufrimiento les redimiese de culpas y lo que facilitaba estar más preparados para el cielo. La iglesia propiciaba esta posición. En ese escenario el ofrecimiento de analgésicos no era aceptado.

Para el ser humano muriente, morir con dignidad requiere varias dimensiones que estén operando en lo social: -Atención al moribundo con todos los medios que posee actualmente la ciencia de la salud: médica, psicológica; -Aceptar el Morir en cuanto «acción personal» que debe ejercer el paciente con su libertad; -Liberar a la muerte del «ocultamiento» a que es sometida en la sociedad actual; -Organizar los servicios sanitarios con el fin de que la muerte sea un acontecimiento asumido y vivido en clave comunitaria; -Favorecer, en la muerte, la experiencia de la dimensión religiosa en su función de religare.

La espiritualidad se puede definir en base a tres aspectos primordiales: significado y propósito; la voluntad de vivir; y la fe en uno, en los demás o en Dios. De todos ellos la religión se ocupa de una parte, aunque llega a imponerse del conjunto, hasta tal punto que es común no entender que la espiritualidad es una dimensión humana que orienta el desarrollo de la conciencia y es independiente de las creencias.

Quien muere en un hospital está en un sistema de personas que tienen visiones distintas de lo que significa morir con dignidad. Puede que distintas a la suya. Los equipos tienen a conformarse a la opinión mayoritaria, en el caso sanitario al «imperativo tecnológico» (Hans, 1979) que conduce a una «obstinación terapéutica» o «ensañamiento terapéutico». Es decir, actuando bajo el imperativo ético de considerar que “es éticamente exigible todo lo que es técnicamente posible” se implementan medios que retardan artificialmente el momento de la muerte con el fin de evitar toda duda de un posible subtratamiento. El ensañamiento terapéutico es una consecuencia del complejo de Asclepio

Zylicz, médico holandés, describe las razones más habituales por las que los enfermos piden que se les ayude a acelerar su muerte. A: Afraid (miedo) B: Burn-out (desgaste emocional) C: Control of Death (deseo de controlar la muerte) D: Depression (depresión) E: Excrutiating pain (dolor insoportable).

El deseo de controlar la muerte es una de las defensas para evitar la ansiedad y el miedo a la muerte, que es tan frecuente en nuestra cultura, que habitualmente se mantiene una “vigilancia inconsciente” (Holbrook, Sousa, & Hahn-Holbrook, 2011) en “el campo ultramarginal de la consciencia”, para detectar alarmas que pongan en riesgo la identidad, y cuando algún estímulo interno o externo, puede hace aflorar “la muerte” a la conciencia se activan automáticamente mecanismos de defensa para alejarlos (Greenberg, Pyszczynski, Solomon, Simon & Breus, 1994).

Las razones citadas por Zilicz tienen interés porque informan de la realidad y hacen ver la necesidad de una atención multidisciplinar. Una respuesta favorable de eutanasia podría suponer, en algún caso, aliarse con una defensa ante la ansiedad de la muerte del paciente. La respuesta más integradora podría ir en el sentido de ayudarle primero a superar el miedo. Los pacientes murientes aceptan afrontar el abordaje de sus defensas siempre y cuando se sientan acompañados en ese trabajo.

Una razón difícil de expresar y poco recogida es el “dolor espiritual”: El reconocimiento de la total falta de sentido de seguir estando vivo por considerar que la vida carece de la calidad mínima para que merezca el calificativo de digna, con el sufrimiento que conlleva.

Cicely Saunders, fundadora del St Christopher’s Hospice en 1967, precursora del movimiento Hospice que acabaría inspirando el término “cuidados paliativos”, definió el concepto de “Dolor total” que relaciona el grado de percepción y las dimensiones del dolor de los pacientes, además de con la enfermedad con la presencia de los otros síntomas, y también con la soledad, el miedo, la falta de comunicación, el grado de ajuste emocional y de adaptación a la enfermedad y la dimensión espiritual (capacidad de búsqueda de sentido en la vida).

Para algunos pacientes las creencias religiosas funcionan como protectoras de la ansiedad ante la muerte. Creer en otra vida, ubica el morir como un rito de paso hacia otra existencia, un corte temporal, y a la muerte como algo vencible e ilusorio. No hace falta hacer un duelo, una despedida definitiva, solo un adiós, nos veremos en un futuro, y en la medida de lo posible seguiré cuidando de ti desde el otro lado, y mejor que antes pues seré más perfecto. Y se suele esperar que les vengan a ayudar en el tránsito. Algunos fenómenos del estado no ordinario de conciencia alrededor de la muerte se interpretan como que efectivamente ya está cerca la muerte porque los familiares muertos del muriente se sienten presentes e incluso aparecen en visiones o imágenes oníricas. Hay estudios que hacen énfasis en esta función protectora de la religión y consideran que la creencia fortalece la resiliencia ya que los sujetos afrontan el proceso de morir con más calma, serenidad…

Se suele expresar que mejor es morir sin enterarte, eso es el deseo de una muerte dulce. Es un deseo negador del dolor del proceso de la muerte y de la etapa posmortem. Los fenómenos de experiencias cercanas a la muerte evidencian que una salida fácil y rápida de la vida no sirve, pues tras la muerte uno vive lo que se tiene que vivir en ese estado, y, puede experimentar tener que enfrentarse a sus propios monstruos en soledad. Desde una posición mecanicista estas experiencias de muerte cercana EMC se entienden como ilusiones por la afectación neurológica, y en su polo opuesto, místico, se toman como pruebas científicas que validan la existencia de vida tras la muerte tras la muerte.

Alrededor de la muerte muchas personas experimentan fenómenos no ordinarios de conciencia, los que encajan en las expectativas sociales se comunican y pueden tener la función de dulcificar la muerte otros fenómenos más extraños, o que contrastan con lo conocido se ocultan por la perplejidad o miedo que producen.

El trabajo para la muerte digna requiere extenderse más allá del momento de la muerte, necesita incorporar la etapa post mortem a la etapa previa a la muerte. En la etapa pre mortem el sujeto hace, en compañía, parte del trabajo de morir, separándose del mundo, de las relaciones, del cuerpo, se va preparando para la siguiente etapa para el trabajo que va a hacer en soledad. La muerte requiere que el sujeto haga el ejercicio de elaborar varios “duelos” que el yo debe hacer secuencialmente en el conjunto de las fases.

[1] https://ibiltarinekya.com/project/integracion-de-la-muerte-pulsacion-de-vida/

Dimensiones en la muerte indigna

1.    Dimensiones en la muerte indigna

Me parece útil proponer considerar cuatro fenómenos que en mayor o menor grado se producen alrededor de la muerte indigna habitual en nuestras sociedades, pues, la realidad es que, en la actualidad, muchas personas no mueren en paz. Se muere como se vive.  Las personas, que vuelven, y relata haber experimentado EMC cuentan que el estado posmortem tras la muerte clínica ha sido duro.

1.- La “conspiración del silencio”. Se oculta la información veraz al muriente. En la conspiración entran sanitarios, familia y muriente. Este tampoco quiere saberla (Fase de negación de Kubler Ross (1975). Los sanitarios no abordan dar malas noticias. Esta conspiración atenta a la veracidad, a la libertad, al beneficio del paciente, a su autonomía y a la justicia.

2.- La “desproporcionalidad terapéutica”. Platón o Aristóteles enfatizaban lo inadecuados que resultan aquellos esfuerzos médicos que sólo lograrán prolongar los sufrimientos. El juicio acerca de la proporcionalidad de una determinada intervención médica debe hacerse con referencia al beneficio global de la terapia y no sólo en relación a los posibles efectos fisiológicos que ella sea capaz de inducir. Un aspecto relevante es que se medicaliza en exceso cuando se podrían implementar técnicas psicológicas.

3.- La “no prevención”. No solo no se cuida la previsibilidad cosa que es función del sanitario, funcionando sobre la marcha, detrás de los acontecimientos. Lo más grave es que no se informa adecuadamente de las consecuencias de los tratamientos y las formas de paliarlas.

3.- El “abandono”. La no atención suficiente. La falta de seguimiento continuo. Y en grados mayores el rechazo. Evadir el trato de calidad con el muriente, que frecuentemente genera una sensación de impotencia, reforzada por la herida narcisista de no poder vencer a la muerte. En el profesional fracasa el aspecto salvífico de su acción grabado a fuego en su formación y el éxito de su trabajo.

Es sencillo entender que a más “conspiración del silencio” más de las otras dimensiones y que todas se interrelacionan retroalimentándose.

¿De qué depende?

La atención de pacientes moribundos confronta a los familiares, sanitarios y sociedad, con la mala tolerancia habitual para enfrentar el sufrimiento y la muerte.

El acompañamiento a pacientes moribundos nos confronta, así, con nuestro trabajo de aceptar la finitud propia de la condición humana y pone a prueba la verdad de nuestro respeto por la dignidad de toda persona, aun en condiciones de extrema debilidad y dependencia, tarea que no siempre resulta sencilla.

La muerte humana es un fenómeno social, aunque para cada sujeto sea individual e intransferible; lo frecuente es que sea experimentada con ansiedad frente a la muerte propia, según una configuración que depende de la personalidad, desarrollándose una serie de mecanismos defensivos contra la posible emergencia de dicha ansiedad. La Teoría de Gestión del Terror ha aportado mucho conocimiento en este terrero; es patrimonio del “estado” quien hace las valoraciones sobre qué muertes son legítimas y cuáles no. Tabú. Secuestro de la muerte.

En definitiva, existe bastante miedo a la vida (y a la libertad), lo que imposibilita integrar el yo con el todo, y, consecuentemente miedo a la muerte, que impide integrar el ser y el no-ser. Spinoza afirma: “El hombre libre en nada piensa menos que en la muerte, y su sabiduría es una meditación no sobre la muerte, sino sobre la vida”. Spinoza en Ethica, Proposición LXVII (1987).

Las defensas más profundas de la muerte, las distales, más alejadas de la conciencia, son cosmovisiones sociales, cuya función es generar una sensación simbólica de inmortalidad, lo que es una negación profunda de la muerte (Florian & Mikulincer, 1998). Creencias religiosas, identidades nacionales… Las defensas profundas mejoran la autoestima (Greenberg, et al., 1986; Greenberg, et al., 1994). Los bajos niveles de autoestima aumentan el nivel de ansiedad a la muerte (Abeyta, Juhl & Routledge, 2014). Los sujetos y colectivos amenazados responden aferrándose con fuerza a tradiciones culturales, y con disposición al uso de la violencia para defender lo propio frente al extraño, en una suerte de fanatismo (Routledge, Juhl, & Vess, 2013). Se aumenta el nivel de fanatismo defensivo ante la incertidumbre de la muerte Hogg (2007). Cuando se enfrentan a la incertidumbre, los individuos apoyan a grupos que son percibidos como más capaces de actuar con poder (Hogg et al. , 2007) de salvarlos, dando explicaciones que reduzcan la incertidumbre.

1.1.       Evolución de estas dimensiones a lo largo de los años.

1.1.1.   En mis inicios profesionales, en los 70.

La “conspiración del silencio” era tremenda, estaba justificada por un convencimiento de que la verdad hunde al sujeto y lo que le impide poner en marcha recursos. Esta infantilización del paciente ubicaba al profesional en un lugar desde el que ejercía un paternalismo, el uso de analgésicos era limitado, se retrasaba su indicación (en parte influían mitos sobre la morfina y la lacra de conocer la cantidad de morfinómanos que había entre profesionales), el paciente estaba abandonado a su suerte, en un estado confusional.

No en todos los lugares ni por todos los profesionales. En mi experiencia rural podría hablar de un contexto distinto más cercano a la muerte digna. Con una “conspiración del silencio” parcial. Fue frecuente que los pacientes hablasen sin cortapisas conmigo, pero existiese entre nosotros una alianza en la que no estaban otros: familiares, sociedad, incluso párroco. Es frecuente que los murientes sepan los límites de sus familiares y decidan ocultarles la verdad, existen varias razones. Una frecuente es que los murientes no quieran hacerse cargo del derrumbe que los familiares puedan experimentar al saber la verdad, bastante tienen con su trabajo. En bastantes casos los vivos no dejen a los murientes abandonarse a su muerte, por dolor, por culpa, por sentirse abandonados…

En el 89 realicé un estudio sobre actitud ante la muerte en Navarra. Entre ellos una muestra de 48 médicos de Atención Primaria. Muchos médicos han elegido su profesión para curar y salvar vidas venciendo a la muerte, y quizá también, como dice Nuland, para sobreponerse al temor que a ellos mismos les causa saber que van a morir como parece desprenderse de estudios que muestran que la carrera de medicina atrae a las personas más angustiadas por la muerte.

¿Se puede decir que los médicos por su profesión están más preparados para hablar de la muerte?

Se presentan datos de la cantidad de experiencia que dicen tener en relación a la muerte, y de un test en el que puntúan la importancia que tienen 40 actitudes propias en su relación con los murientes. Las respuestas a las 40 actitudes se han estudiado en un análisis factorial que los agrupa en 12 factores, que engloban varias actitudes. En el gráfico se ve la distribución de los 12 factores entre ambos géneros, ordenados según la importancia que ese factor tiene en el estudio.

Se observa que ambos géneros tienen diferencias en casi todos los factores, en algunos muy grandes, la mayor similitud es el 1 pro, que es el que menos importancia tiene en el conjunto.

En la tabla se citan las actitudes que están en varios de los factores: 9,4,11 y 1.

El 1, último e igual en ambos géneros, es el que contiene las actitudes más favorables a una relación eficaz con el paciente: Estar seguro, ser perseverante y paciente, experto, cooperativo, dispuesto a ayudar sin estar ansioso.

Los hombres puntúan más en el factor 9 (Estar concentrados, sin ser consecuentes ni cuidadosos) y 11 (estar activos y vivaces), las mujeres más en el 4 (estar interesadas, atentas, haciendo preguntas, pero sin ser claras ni sinceras).

Lo más concluyente es que el género marca diferencias claras, los hombres están menos en la relación que las mujeres, pero estas aun estando no pueden ser claras y sinceras. La actitud más favorable es igual en ambos géneros, pero es la última.

Este estudio fue importante para detectar la necesidad de formación y para implementar programas.

 

1.1.1.   Fase intermedia.

Llegaron los estudios que demostraban que saber la verdad era más eficaz para la respuesta del paciente. Y entonces se interiorizaron como un protocolo: Se pasó a decir la verdad de golpe sin preparación del paciente ni del terreno y sin seguimiento del impacto.

Los frenos culturales y religiosos a los analgésicos fueron remitiendo lo que permitió su uso de un modo más científico.

La morfina (ver notas históricas)[i] apareció a principios del siglo XIX. Es un analgésico que se obtiene de la planta del opio (Papaver Somniferum), conocida popularmente como adormidera que en esta época se recetaba como analgésico. Por sus virtudes somníferas, en honor al dios del sueño Morfeo, se denominó con el nombre de morfina. Los opiáceos se unen a los receptores de opiáceos (que se encuentran en muchas partes del cuerpo, cerebro, médula espinal, tubo digestivo), lo que reduce la transmisión de mensajes de dolor al cerebro, y se reduce el dolor. No tratan la causa subyacente del dolor. Los opiáceos se utilizan para tratar un dolor moderado a intenso que no se trata correctamente con otros analgésicos.

La morfina, además de su efecto analgésico, tiene el efecto sedante (Morfeo) y, como estupefaciente, produce euforia en dosis iniciales y bajas. Cambia el estado de ánimo no solo por el bienestar de quitar el dolor disfórico, sino por el efecto directo euforizante.

 

1.1.2.   Actualmente

Predomina el convencimiento de la necesidad de los cuidados paliativos (CP). Y las legislaciones sobre eutanasia la van liberando de efectos penales y regulando su uso.

En Holanda, en algunos informes se recoge que 15% de los fallecidos muere por eutanasia. El 56% de los pacientes que solicitan eutanasia activa es por por un sentimiento de pérdida de dignidad y 47% abogando por tener un dolor intratable.

En opinión de los médicos tratantes en el 17% de las solicitudes de eutanasia aún había alternativas terapéuticas paliativas que ofrecer a los pacientes, pero éstos las rechazaron. La razón más importante que tuvo el 35% de los médicos para rechazar solicitudes de eutanasia fue su opinión personal de que el sufrimiento del paciente no era intolerable.

En CP la eficiencia ya no consiste en curar sino en cuidar, porque cuando ya no hay más nada curativo para hacer, hay que dejar de hacer y cambiar de objetivos para que el paciente muera bien. Por eso su objetivo radica en llegar a tiempo y lograr para el paciente y para la familia, la calma en la aceptación de la realidad de la muerte. Permitir morir, cuidando y evitando el sufrimiento evitable. El desarrollo de programas de cuidados paliativos (CP) intenta facilitar la disponibilidad de opioides y el mejorar la formación específica de los profesionales.

Un indicador del acceso al alivio del dolor de las personas en un país es el consumo de morfina per cápita/año. La JIFE (Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes) en 2007 reveló que 7 países de ingresos altos (EE.UU., Francia, Canadá, Alemania, Austria, Reino Unido y Australia) consumieron el 84% de la cantidad de morfina para uso médico en el mundo, pero tienen menos del 10% de la población mundial.

El consumo de sustancias opioides, se ha casi duplicado en los últimos años en España, según datos de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Farmacéuticos. Mientras en el 2008 se consumían 7,25 dosis diarias por cada mil habitantes, en el 2015, la utilización extrahospitalaria de opioides alcanzó las 13,31 dosis. La prescripción médica del potente fentanilo creció un 65% entre el 2008 y el 2015. «No estamos ni mucho menos en los niveles de abuso excesivo que han alcanzado en Estados Unidos, pero sí que recomendamos a oncólogos, traumatólogos y cirujanos, que tengan mucho cuidado con estas prescripciones», indica la doctora Lara Grau, psiquiatra especialista en Adicciones y Patologías Duales en el Hospital del Vall d’Hebrón.

¿Qué genera esté consumo?

Un aumento de los factores que generan sufrimiento y se añaden a los clásicos (vacío existencial, ignorancia, deseo insatisfecho, …). Entre los nuevos: Uno se debe convertir en “una empresa de sí mismo”, autovalorándose continuamente en un mercado competitivo que obliga a reinventarse permanentemente, siendo emprendedor, para sobrevivir. El mundo exige un riesgo heroico al individuo, y debe lograrlo sobrepasando las condiciones políticas estructurales de la inseguridad actual, cuando, en realidad, es incapaz de controlarlas: sufrimiento, falta autoestima y fracaso narcisita; la inconsistencia de las identidades líquidas, la difusión de identidad; la fragilidad de los vínculos sociales reales, sustituidos por los virtuales; el derrumbe de los referentes simbólico culturales que llenaban el vacío existencial.

No solo hay aumento de sufrimiento, sino necesidad de doparse para sobrevivir en una civilización competitiva para poder seguir el ritmo asumiendo implícitamente, aunque inconscientemente ser un esclavo moderno. Las políticas comunitarias del “bienestar” al ampliar el objeto inicial de los psicofármacos desde la población manicomial al conjunto de la población, marcaron un estilo de medicalizar el malestar para llegar a un bienestar.

El discurso neoliberal y la voracidad del mercado de consumo ha visto potencial de plusvalía, y ha contribuido a medicalizar o psicologizar todo tipo de sufrimiento psíquico, y a conseguir clientes creando la demanda con narrativas explicativas de enfermedad, y de nuevas enfermedades para los que hay tratamientos.

Se ha erradicado el valor del sufrimiento como adversidad que coloca al sujeto en un desafío para desplegar recursos creativos con la finalidad de superar la dificultad, crecer, y desarrollarse, aprendiendo de la adversidad. Proceso que realmente consolida capacidades de resiliencia.

El sufrimiento de la muerte, de los procesos de duelo, del dolor del parto, se presentan como objetivos a batir con los recursos modernos, presentados como efectivos e inocuos, que además del bienestar permiten seguir activo en lo cotidiano. En la sociedad el abuso de opiáceos va generando problemas de adicción a sustancias y dependencia del sistema.

Nacer y morir, dos procesos de separación radical de una existencia previa, en los dos se abusa de la analgesia.

Pero centrándonos en la muerte, y dado que da igual que el muriente se convierta en un morfinómano ¿El uso actual de la morfina está contribuyendo a un proceso de muerte digna?

El exceso de morfina tiene un efecto: es un opio de la conciencia. El paciente inicialmente está eufórico. La euforia tiene la vertiente interesante de vivir un bienestar, pero las funciones cognitivas (sedación) están disminuidas y el paciente puede valorar de un modo delirante la realidad que vive, minimizando lo negativo. A medida que va teniendo tolerancia y las dosis aumentan este efecto de dispercepción puede ir en aumento, con mayor nivel de confusión, vértigo, en algunos casos dolores de cabeza, pérdidas de memoria o alucinaciones. Estos síntomas negativos se pueden controlar con otros fármacos, y de nuevo el paciente, se siente bien. Tanto que incluso llega a dudar de que se vaya a morir y a pensar que igual se cura, aunque el deterioro corporal vaya en aumento. Percepción que también suelen tener los familiares. Una situación de delirio compartido.

Si acontece la muerte se experimenta una sorpresa inesperada.

¿Y si llega el momento en que las dosis de morfina no pueden controlar el dolor?

Queda proponer la sedación terapéutica o la sedación terminal. En ambas se administran fármacos para reducir la consciencia con el fin de aliviar uno o más síntomas refractarios y con su consentimiento explícito o por representación. La paliativa puede ser intermitente, y más o menos superficial o profunda. La terminal es una disminución profunda, continuada y previsiblemente irreversible de la consciencia de una persona cuya muerte se prevé muy próxima, con la intención del alivio de un sufrimiento físico o psicológico inalcanzable con otras medidas, y con el consentimiento explícito, o por representación.

Las preguntas comprometidas son bastantes. ¿cuándo se ha llegado a esa situación, podemos contar con que la persona tenga capacidades suficientes para entender que esa sedación significa prácticamente la muerte? ¿se le da el tiempo y espacio para que se despida definitivamente de sus allegados? ¿no estamos hablando de una eutanasia pasiva? ¿no podía haberse planteado en periodo previo en el que el sujeto tenga un estado de conciencia suficiente para hacer lo que necesite antes de morir? ¿se busca activamente el efecto de la morfina como opio de la conciencia? ¿no sería preferible introducir antes la marihuana terapéutica?

Cuando el sujeto tiene unas creencias religiosas que usa como religión segurizante antídoto de la angustia de muerte “opio del pueblo”, puede quizás aceptar mejor la morfina como opio de la conciencia, y la sedación terminal, como tránsito dulce al otro lado, sin que sea una eutanasia, sino un acto terapéutico, con consecuencias terminales que no son el objetivo principal sino uno secundario, aunque sea la muerte. Y si sucede al interior de la conspiración del silencio mejor pues las responsabilidades o culpas se diluyen al repartirse.

Esto puede interpretarse como resiliencia, la aceptación calmada del proceso de muerte debida a la protección de la religión.

El proceso de duelo de la muerte no cabe para el muriente y queda muy dificultado para la familia. El tránsito se inviste de un proceso de sufrimiento que debe llevarse con alegría. No basta la resignación. Tampoco es aceptable la fórmula de que «hay que resignarse a la voluntad de Dios». Subrepticiamente se ensalza el sufrir como un acompañar al sufrimiento de Cristo en la pasión, colaborando con él, sufrimiento que redime al muriente. Estos argumentos antes eran manifiestos, resultando un freno, a los analgésicos paliativos.

En la investigación que estoy realizando como doctorando en “Paz, conflictos y desarrollo” en la Universitat Jaime I de Castellón, Experiencias tempranas de violencia. Desarrollo moral y actitudes hacia la paz, tengo recogidos datos que permiten explorar la relación entre tipos de religiones y la muerte.

En la tabla siguiente se agrupan los tipos, cantidad de personas y porcentaje en la muestra. La categoría monoteísta en esta muestra es el 98% de cristianos, un 55% de Colombia y un 45% de España.

[i] Este opiáceo se comercializó por primera vez en 1817, anunciándose como un analgésico que, además, se podía emplear en el tratamiento de adicciones a ciertas sustancias, como el opio y el alcohol. Lo que resultó falso. Sin embargo, se produjo una incidencia de adictos a la morfina o morfinómanos, entre la “sociedad acomodada” de la época. Frecuente entre médicos y personas que tenían acceso a ellos… La farmacéutica Bayer promovió el uso de la heroína como una morfina que no causaba dependencia y se podía usar para curar la adicción a la morfina. Sin embargo, se descubrió que la heroína se transformaba muy rápidamente en el cuerpo en morfina que causaba mayor dependencia que la propia morfina.

La morfina es una sustancia altamente adictiva y entre los síntomas del síndrome de abstinencia figuran el dolor, la falta de sueño, las náuseas, el vómito, la diarrea, cambios rápidos del calor al frío, y fuertes antojos de comida, un cierto estado serotoninérgico.  Tolerancia, se necesita tomar una droga en dosis más altas para lograr el mismo efecto deseado, como por ejemplo de euforia, o de alivio del dolor. Desarrollar una tolerancia supone un aumento de la dosis para los efectos terapéuticos.

El opio también es llamado lágrimas de amapola (poppy tears) porque se cose­cha de una planta mediante una incisión en la fruta de la amapola inmadura, el látex líquido corre por la planta como si fueran lágrimas y su uso tiene una larga historia a lo largo de la humanidad. El cultivo fue usado para rituales durante el Periodo Neolítico, se sabe también que fue cultivado en la Mesopotamia. Los Sumerios lo refirieron como “plan­ta del juego” y transmitieron su uso a los Babilonios quienes a su vez lo llevaron a los egipcios, mencionado en el Papi­ro de Ebers (1550 a.n.e)

Alrededor del año 1522, Paracelso hizo referencia a la base del opio como el elixir llamado Láudano de la palabra latina laudare que significa “elogiar” y lo describió como un potente analgé­sico que debía de ser usado con mode­ración.

A finales del siglo XVIII en la India se aumentó el interés por el uso del opio volviéndose muy popular en­tre los médicos y sus pacientes

La Guerra del Opio entre China y Gran Bretaña, 1839 -1842, se desencadenó por la introducción en China de opio cultivado en la India y comercializado por la compañía británica de las Indias Orientales. El opio (una droga estupefaciente) era fuente de ingresos para los británicos que equilibraba su balanza de pagos con China al compensar el gasto del té chino que Gran Bretaña importaba. El comercio del opio fue rechazado y prohibido por el gobierno chino. La Corona británica envió una flota de guerra que finalmente derrotó a China, firmándose el Tratado de Nanking, por el que China se obligaba al libre comercio del opio con Inglaterra, a través de cinco puertos (el más importante Cantón) y a ceder la isla de Hong Kong durante 150 años. La potencia imperialista británica facilitó la irrupción de otras potencias como Estados Unidos, Francia y Rusia que forzaron a China a firmar diversos “Tratados Desiguales” con el correspondiente menoscabo de su soberanía. Y para ello el consumo de opio entre los chinos (el adormecimiento del pueblo) era un arma de dominación.

El uso de la morfina se propagó con la aguja hipodérmica de Alex y Wood en 1853, de tal modo que en la Guerra Civil Americana un gran número de soldados se volvieron adictos, a lo que se le denominó “Enfermedad del solda­do”.

Prejuicios sobre el uso de la morfina:

Si a un paciente de cáncer le han prescrito morfina, quiere decir que está muriéndose.

Esta observación era con frecuencia cierta sólo se le concedía el beneficio de un analgésico potente cuando está moribundo. En tales circunstancias, el uso de la morfina (generalmente por vía parenteral), parece precipitar la muerte del enfermo, ya agotado y desmoralizado.

Probablemente sigue siendo cierta en muchos países que no tiene suficientes recursos de morfina como ha quedado señalado

El paciente usará la morfina para suicidarse.

Cuando un enfermo de cáncer decide quitarse la vida, utiliza otros métodos, entre otras cosas porque no controla el producto.

Que no se haya comunicado ningún caso de alguien que haya utilizado la solución de morfina con este fin, no quiere decir que no lo hayan hecho, si ha ocurrido será secreto.

La morfina es peligrosa porque causa depresión respiratoria.

Es extremadamente raro que la morfina oral provoque una depresión respiratoria cuando se utiliza para neutralizar el dolor provocado por el cáncer. La morfina parenteral en dosis altas hay que manejarla con cuidado.

El sujeto que toma morfina es una especie de muerto que vive.

En su uso adecuado no suministrarla sitúa al sujeto a ser «una especie de muerto que vive» el dolor le impide la atención, la relación, …, en dosis altas prolongando la vida innecesariamente podría tener sentido la idea.

 

En la tabla siguiente se presentan las puntuaciones medias de varias variables en función de los tipos de religiosidad.

“Miedo a la muerte” es un test. “Competencia personal” es una escala del test de Resiliencia. “Sentirse bien solo” es una subescala del test de resiliencia. Las dos formas de practicar la eutanasia son Subescalas del test de Competencia Moral.

Las diferencias de puntuaciones que hay en todas las escalas y Subescalas entre la categoría “monoteísta” y la “no creyente” son estadísticamente significativas mediante el análisis de Diferencia de Medias T-Student.

Esto significa que en esta muestra los monoteístas, tienen más miedo a la muerte, menos resiliencia en ambas medidas de Competencia personal y capacidad de sentirse bien solos, y se oponen a la eutanasia siento mucho mayor la oposición cuando la razón es por estar de acuerdo a su conciencia que cuando es por no atender el deseo del paciente que lo solicita.

 

Se han explorado estos 12 tipos de representación de muerte en un test de la investigación:

Alegre farsante; Figura Macabra; Afable Consoladora; Autómata; Vacía; Figura Amorosa; Figura acogedora; Figura específica; sabia; maestra; compañera vida; experimentada

En la siguiente tabla aparecen los resultados de 3 formas de representarse la muerte que tienen diferencias significativas entre las categorías de creencias religiosas.

Los monoteístas se representan la muerte de modo significativo como “Afable consoladora” y como “Autónoma”, mientras que los Agnósticos Ateos lo hacen como “alegre farsante”

La acepción Afable consoladora, podría estar relacionada con la esperanza maternal de ser un tránsito dulce, quizás facilitado por figuras acompañantes de familiares que les esperan o como alguno ha escrito en la personificación de la muerte la misma virgen María. La acepción de autónoma le confiere frialdad, distancia, cumple su función, puede ser vencida.

En la siguiente tabla se presentan las medias en Asco a la muerte y Pensamiento Mágico, siendo mayor en monoteístas respecto a No creyentes, aunque solo esta diferencia es significativa en Pensamiento Mágico (Sig=,030 para p<,005).

 

 

Podría decirse que las creencias no les protegen a los monoteístas del miedo a la muerte, aunque las creencias sí que les aporten un significado que la hace más soportable imaginando serán acompañados y consolados, con una conciencia mágica, en la convicción de que no tienen que elaborar un final.

Los budistas presentan más miedo a la muerte y son más deontologistas que los monoteístas. La muestra es bastante más pequeña y estos resultados poco sólidos. Pero tiene sentido. Para los budistas la muerte representa un estado de bastante trabajo. En el bardo posmortem esperan experimentar un estado confuso en el que las ilusiones les pueden despistar de seguir su camino hacia una nueva reencarnación. Los budistas se preparan para la muerte ya que son conscientes de la importancia de ese estado, cuyo trabajo empieza tras la muerte clínica. Los médicos tibetanos de la muerte se especializan en ese acompañamiento posmortem.

Estos datos anticipan como podrían llegar al momento de la muerte. Son sujetos que aún no están en el proceso y cabe la posibilidad de que cuando les toque se movilicen otros recursos y cambien, pero en la experiencia clínica sabemos que es más probable que la reacción inicial sea la de incrementar las defensas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Transformar lo actual. Imaginar la muerte. Trabajo personal, social y político

Es posible desarrollar la habilidad de mantener una relación con la muerte que sirva para mejorar la vida, como propone Platón, quien afirma en su diálogo Phaedon, que “la filosofía es una meditación de la muerte” (Cooper, 1997). Imaginarla, personificarla, dialogar con la imagen para aceptar su enseñanza como límite que enseña a vivir integrando el no-ser.

“Ciertamente la muerte es una terrible brutalidad – no hay que dejarse engañar acerca de eso- no sólo como acontecimiento físico, sino mucho más aún como psíquico: un ser humano es alejado de nosotros y lo que permanece es el glacial silencio de la muerte. Ya no existe más esperanza de relación alguna, pues todos los accesos se han roto. Hombres a los que se desearía una larga vida desaparecen a mitad de su vida y hombres inútiles alcanzan una avanzada edad. Esto es una cruel realidad que no debe paliarse. La brutalidad y arbitrariedad de la muerte puede amargar a los hombres hasta el punto de que concluyan que no existe dios misericordioso alguno ni justicia ni bondad” Jung “Recuerdos, sueños, pensamientos” (Jung, 1998a, p. 368).

Prevención. Preparación para la muerte. Desarrollar la capacidad de ir resolviendo los duelos de pérdida de estados que necesitan evolucionar para desarrollarse.

La realidad realmente importante para el humano tiene la estructura de un acontecimiento, no la de un contenido objetivo, y puede expresarse únicamente, como diría Aristóteles, en una práxeos mímesis, en la representación de una acción, es decir, en una «historia».

Recuerdo que al explicar a una madre la muerte de su hijo por SIDA le citaba argumentos científicos. Ella no entendía. Tenía que aceptar la muerte, por una enfermedad rara, nueva y que generaba mucha incertidumbre. Me di cuenta que le tenía que contar una historia. Cuando le dije que los virus eran un ejército que lanzaba flechas que mataban las células defensivas de su hijo, lo entendió. Necesitaba primero entender el SIDA como un sujeto que actuaba con una intención. Después ya entendió lo científico

Cada sujeto construye un relato mítico de su historia biográfica. Ayuda a descubrirlo el conocer, descubrir, leer otras historias míticas que presentan conflictos existenciales similares a los que cada uno tiene que vivir.

 

1.1.       Duelos y sacrificios para crecer. Un antiguo cuento africano: Mujer Celestial

Un padre que advierte a su joven hijo que la mujer celestial vendrá una noche y querrá acostarse a su lado. El padre describe la belleza y el poder de seducción de esta visión celestial, y le dice que amanecerá muerto si acce­de al ofrecimiento de la mujer celestial. El padre parece cada vez más preocupado por el riesgo que corre su hijo (quizá conoció a la mujer celestial cuando era más joven) y decide trasladarse a otro pueblo para que ella no pueda encontrar al joven. Pero en ausencia de los padres, una noche llega la mujer celestial y le dice al hijo que quiere acostarse a su lado. A pesar de todas las advertencias, el hijo queda tan impresionado por la be­lleza de la doncella que acepta dejarla acostarse a su lado durante la noche. Pero a la mañana siguiente el hijo está muerto, y la mujer celestial se horroriza porque no era su intención causarle ningún daño. Va a ver ense­guida a un viejo chamán que vive por allí y le pide ayuda. Viene el chamán y, al cabo de un tiempo, encien­de una gran hoguera y echa una lagartija en la parte más ardiente. Dice que le devolverá la vida la persona que ame tanto al joven muerto como para atreverse a entrar en la hoguera. Lo intenta la mujer celestial, pero fracasa; la madre del joven fracasa también, al igual que su pa­dre. El fuego quema mucho. Entonces viene una joven sencilla del pueblo que amaba al joven en secreto; entra en la hoguera y rescata la lagartija. Su amor humano, común y corriente tiene la facultad de salvar al joven. El muchacho despierta. Se realiza un festejo para celebrarlo al que acuden todos los protagonistas.

En medio de los fes­tejos, el viejo chamán comunica al pueblo que hay que tomar una decisión más. Vuelve a encender la hoguera, echa la lagartija en medio de las llamas y le dice al joven que tiene que tomar una decisión. Si rescata la lagartija del fuego (y ahora tiene poder para hacerlo), la joven vivirá y su madre morirá. Pero si deja la lagartija en el fuego, entonces morirá la joven y vivirá su madre.

 

1.2.       Atención al muriente.

            Basada en dimensiones opuesta a las que propician la muerte indigna: alianza en la búsqueda dela verdad, intervenciones proporcionadas; previsibilidad y prevención de los efectos interventores; atención continuada, seguimiento.

“La verdad más bella no sirve de nada si no se ha convertido en la experiencia más íntima del individuo. Toda respuesta unívoca, ‘clara’, permanece estancada en el cerebro y penetra sólo en casos muy raros hasta el corazón. No nos urge ‘saber’ la verdad, sino ‘experimentarla’.” (Carl G. Jung).

 

Los cuidados paliativos CP son un avance. Aún falta mucho para desarrollar su potencial. Pero se quedan cortos. Lo mismo que evolucionaros desde Hospice, podrían evolucionar hacia otra terminología. El término paliativo denota acomodación a lo irreversible de la mejor forma posible.

En el período muriente se puede crecer y desarrollar la conciencia por eso algo como “Cuidados para morir con dignidad” podía ser más adecuado.

La siguiente fábula tiene interés para el cambio conceptual en el tipo de cuidado.

 

1.2.1.    “Fábula-mito Cuidado” de Higinio (Gaius Julios Hyginus)[1]

“Un día cuando se disponía a atravesar un río, Cuidado se sintió inspirado al fijarse en un pedazo de barro. Entonces maravillado comenzó a darle forma, cuando apareció Júpiter. Cuidado pidió a Júpiter que le soplara con su espíritu, lo que éste hizo de buen agrado. Cuidado quiso nombrar a su criatura, pero Júpiter se lo prohibió, a menos que le llamara como él. Esto suscitó una discusión entre Cuidado y Júpiter, el padre de los dioses. En eso apareció Tierra, quien también quiso llamar a la criatura con su nombre pues ésta estaba hecha de su propia materia. Ahora eran tres los envueltos en una discusión, de manera que pidieron a Saturno que actuara como árbitro. Este tomó la siguiente decisión que pareció justa:” Usted, Júpiter quien le otorgó el espíritu, recibirá de vuelta este espíritu cuando la criatura muera. Usted, Tierra quien le otorgó el cuerpo, recibirá de vuelta la corporeidad de la criatura cuando esta muera.  Más usted, Cuidado, quien moldeó a la criatura, determinará cuales son los cuidados que debe recibir la criatura mientras ésta viva.”. Una vez más comenzaron a discutir sobre el nombre de la criatura, cuando Saturno decidió que sería llamada hombre que se deriva de “humus” que quiere decir tierra fértil.”

 

En el modo de ser de Cuidado la centralidad para el pensamiento es el pathos o sentimiento.

Los humanos nos sentimos ligados los unos con los otros, sin los otros no somos, en un todo orgánico diverso e incluyente. Un útero cósmico: Una fuente que une, sustenta y energiza, con carácter de misterio. Ese misterio es un atractor no atemoriza, sino que fascina.
Cuidado revela la dimensión de lo femenino en lo humano: hombre y mujer. Lo femenino se consolidó en la historia a partir del neolítico cuando las culturas vivían en comunión con la naturaleza. Eran sociedades matrilineales con un profundo sentido de lo sagrado de la vida y la tierra. Esto fijó en la humanidad una memoria permanente en el inconsciente colectivo que se manifiesta a través de símbolos, sueños y arquetipos.

La evolución histórica ha supuesto una hegemonía creciente del patriarcado, que reprime lo femenino, lo relega a un segundo orden. La aportación del pensamiento analítico instrumental (logos) abriría el camino para el raciocinio cordial o espíritu de delicadeza siempre y cuando se haga sin la represión de lo femenino.

El demiurgo patriarcal usurpa poder y función al útero cósmico, con el soplo de su aliento crea la vida, concentra en él todo el poder de nombrar haciendo de toda la creación una posesión privada.

Los nuevos cuidados requieren una integración de lo femenino relegado. En el estudio citado del 89, el dato de las mujeres médicas que podían relacionarse, pero sin poder ser claras ni sinceras, puede ser una señal del drama de estar atrapadas en el modelo patriarcal imperante.

 

1.2.2.   El acompañamiento es un arte de alianza.

La relación de demanda de ayuda, aunque sea para una eutanasia, requiere una respuesta de alianza con las partes más sanas del sujeto demandante para promover la participación transformadora.

La alianza requiere por parte del terapeuta estar activo hacia abrir la escucha, anticipar las necesidades para orientar al sujeto hacia el contacto con las mismas, y que pueda expresarlas.

Va más allá de un derecho del paciente pues es una relación de ética, aunque hay que despenalizar, «El alivio del dolor es un objetivo en común de la medicina y los derechos humanos, y el alivio del dolor y el sufrimiento de los enfermos en etapa terminal es un derecho humano que requiere atenderlo de un modo creativo, no mecánico».

Encontrar un equilibrio. Trabajar los miedos, el desgaste emocional, … puede conducir a que el dolor espiritual sea más intenso y se convierta en la razón final de petición de eutanasia o suicidio asistido.

Las creencias, además de merecer profundo respeto, en sí mismas no son analizables. Lo que es analizable es el uso que el sujeto hace de las creencias como modo de resistirse a hacer el trabajo del duelo en la muerte. El espacio privilegiado de la religión es la gestión de las condiciones para acceder a la otra vida. En muchas ocasiones esto dificulta el realizar un duelo adecuado tanto para quien muere como para quienes le sobreviven. Si el muerto o muerta era un cuidador maternal, la creencia de la continuidad de la vida en una dimensión poderosa, como es estar en el cielo, puede hacer que el vivo siga esperando ser cuidado por el muerto y de una forma incluso más eficaz que antes.

Sin embargo, las mismas defensas pueden convertirse en aliados para una trasformación hacia la muerte digna. La convicción del más allá puede motivar que muriente y vivo acepten la separación sintiéndola temporal. Aceptar que el muerto ya está en el cielo ocupándose de su situación sin hacerse cargo del sujeto que ha quedado vivo y que el vivo continúa sin tutelaje y rehace su vida. Poniendo la motivación para la separación en la esperanza de un rencuentro futuro en el que podrán tener la curiosidad de conocer como les ha ido solos, a cada uno en sus respectivos viajes de vida o evolución en planos muy distintos. Ese trabajo suele ser bastante útil.

En el momento de la muerte el sujeto puede hacerse cargo de sus decisiones morales e ir más allá de las creencias convencionales.

Hace muchos años, en mi etapa de médico rural A. un anciano de 88 años estaba muriendo en casa por un cáncer de pulmón.  Ya le administraba morfina en dosis bajas. Me dijo si no se podía hacer nada más. Le contesté, sin entenderle, y con extrañeza por lo que me preguntaba, que haría lo que fuera necesario. Me dijo, sí, pero me refiero a lo mismo que yo hago con mis animales cuando ya no tiene sentido que vivan, les pego un tiro y acabo con su agonía y sufrimiento. Entonces entendí. Me parecía extraño lo que pedía siendo cristiano. Le contesté señalando sobre si se daba cuenta que lo que pedía no lo permitía su religión y que eso le podía perjudicar, vamos, ir al infierno. No estaba seguro de porqué se lo decía por frenar una petición que me ponía en un aprieto, porque necesitaba sentir si su demanda era firme o podía dar bandazos. Me contestó: “He sido bueno toda mi vida y sé que por morir así Dios no me va a rechazar. Es amoroso y me recibirá. Pero quiero que esto quede entre tú y yo. No se lo digas a mi mujer, ni a mis hijos ni al cura. No lo entenderían o se opondrían”. Tuve la constatación de que sabía bien lo que quería y me daba una lección de vida yendo más allá de lo que yo podía pensar antes de ser testigo de su manejo de la situación.

Era un hombre vasco, y en su cultura el animismo era el sustrato profundo de la religiosidad, aunque la religión era la católica. Fue la primera vez que me demandaron eutanasia. Una enseñanza de vida que me forjó y abrió a salir de prejuicios morales y científicos. Aprendí mucho.

Bastante más adelante entendí que el sí-mismo de A. inició un movimiento a la caza de un sujeto, presumiblemente receptivo, que pudiera actuar realizando una acción que daba sentido a la muerte de A. como el paso final de su vida digna. Un empuje a una totalidad. Muchos pacientes callan pues no encuentran contextos propicios.

Llega un momento en el que los murientes sienten que es verdad que se mueren. En algunos casos pareciera que todo lo anterior no era realmente para morir, incluso aunque estaban haciendo un trabajo para ello. Mejoras del estado general vividas con euforia son, de golpe, anuladas y la facticidad de la realidad de la muerte se impone en la conciencia. A veces he tenido que hacer un trabajo intenso y prolongado porque la cantidad de informaciones y el material que aflora es enorme y variado cualitativamente, emociones, recuerdos, fantasías, materiales oníricos fragmentados, casi todo relacionado presentado de forma caótica. Las asociaciones que se producen cada vez que se aborda un material son ricas e interconectan las informaciones, entre lo actual, la infancia, lo inacabado. Se está inmerso en un estado no ordinario de conciencia en el que diversos estados de la conciencia se presentan de forma simultánea. El haber tenido una EMC me facilita tener la calma porque sé que ese período caótico acaba en un orden que de sentido a la experiencia. Ayuda el haber navegado en esas interfaces y poder anticipar cosas que van a pasar. La ocasión más intensa duró 90 minutos, a partir de los cuales la muriente llegó a calmar sus preocupaciones y aceptar la muerte. En mi experiencia estos procesos suceden porque el muriente lo necesita, no lo “elije” conscientemente, ocurre si hay acompañantes preparados cercanos. Se tiene la sensación de que ocurre cuando están disponibles estos, cuando llegan de visita.

Un muriente que intuía que sus acompañantes en el trance provenían del interior de su psique sin ser espíritus objetivos se sentía perplejo, no quería comunicarlo. La escucha activa propicia que se comuniquen muchas cosas y se ayude a situarlas.

En otras ocasiones el muriente dice que se muere, hace una señal, un gesto, puede hablar unos minutos despedirse y entra en coma. También parece que “elijen” hacerlo cuando están acompañados por alguien que no va a frenar su abandono a la muerte.

El parto es la separación de dos en los que uno no es consciente siquiera de la existencia del otro, pero lo va a conocer en un futuro. En la muerte es la separación de lo que se conoce, del Otro, siendo conscientes ambos del cese de la relación.

Aun después de muerto sigue la conciencia activa y más lúcida que cuando estaba ligada a la materia biológica del cuerpo recibiendo múltiples informaciones sensoriales. El muriente puede despertar de golpe y entender que se está muriendo, o puede no hacerlo y vivir el inicio de ese período como si fuese un sueño extraño, más lúcido de lo habitual.

La experiencia más dramática que me relataron fue la de un amigo, quien, a los minutos de morir, se levantó bruscamente desde la cintura, con los brazos hacia delante, los ojos abiertos y la mirada aterrorizada, cayendo inmediatamente y sin moverse más. La enfermera que estaba cerca, acostumbrada a movimientos corporales posmortem debidos a descargas de tensiones musculares, dijo no haber visto nunca algo similar y menos con esa expresión emocional. Sé que había muerto confuso, agarrado a creencias.

Es probable que el trabajo de revisión de la existencia que se produce de modo automático tras la muerte pueda lograr elaborar lo que no se había hecho antes.

Sin embargo, la atención al muriente debería contemplar que llegue preparado para reconocer esa etapa en la que ya va a hacer en soledad una revisión y evaluación del sentido de su existencia. Los budistas lo saben bien.

La muerte digna, además de lo que significa para el muriente, que no podemos verificar del todo pues se interrumpe la comunicación habitual, facilita los procesos de duelo de los sobrevivientes. Eso sí que es verificable.

“Hay una ignorancia ligada al desarrollo mismo de la ciencia, esta se debe a la forma en la que se organizan los conocimientos dentro de cada disciplina, incapaces de reconocer y aprehender la complejidad de lo real.”

(Morin, 1990, p. 27)

 

Sin embargo, la comunicación aún tras la muerte clínica es posible. En muchas experiencias de muerte cercana (EMC) que describen personas que se reaniman tras la muerte clínica y en sincronías que se producen en los vivos se constatan fenómenos de comunicación que ayudan a la elaboración de los duelos.

En mi experiencia EMC, lo mismo que se recoge en otros testimonios, experimenté ciclos continuos de polaridades, multinivel, en una conciencia dialógica, de modo que se exploran aspectos profundos ocultos y se hacen conscientes, se revisa la existencia y las acciones desarrolladas en sus polos buenas-malas. Todo sucede como siguiendo una fuerza directriz que lo ordena y uno siente que crece en el conocimiento de uno mismo, lo que simultáneamente, produce un efecto de trascender los momentos concretos vividos y experimentar cambios de conciencia. En mi EMC esto me condujo a reconciliarme conmigo mismo, aceptar morir en paz. Debido al modo en que se experimenta un amor profundo al ser propio que se va descubriendo que es uno, y más allá del juicio, que sitúa en su lugar correcto aquello que ha sido bueno o malo, se siente finalmente un estado de beatitud que te permite abandonarte a la muerte con una calma y curiosidad enorme por lo que iba a pasar en adelante. Empezar a tener curiosidad por los fenómenos extraños que iba percibiendo, que fenomenológicamente pertenecían a un estado no ordinario de conciencia, que empezaba a experimentar y atribuir a que era un estado ordinario del otro lado de la vida que había conocido. Pero no morí. Volví y lo que experimenté lo trabajé en psicoterapia.

[1] Higinio en su obra “Fabulae seu Genealogiae”, traducido como “Genealogía de la fábula” recopila historias y mitos de la tradición griega y latina (contiene 300 leyendas, historia y mitos). Aquí se encuentra el mito-fábula sobre Cuidado y su creación del primer ser humano, así que podemos categorizarlo como un mito de creación. El mito-fábula de Cuidado constituye el número 220 y es de origen griego.

 

Aportaciones junguianas. Hipótesis propuesta

En este apartado voy a mencionar algunos aspectos que considero de interés y que me permiten formular una hipótesis que es novedosa y necesita más investigación para poder verificarla.

«En realidad, lo inconsciente colectivo no existe en sí mismo, ya que no es más que una posibilidad, concretamente esa posibilidad que hemos heredado de tiempos inmemoriales en forma de imágenes mnémicas o, en términos anatómicos, en nuestra estructura cerebral. No hay representaciones innatas, pero sí posibilidades innatas de representación que imponen determinados límites incluso a las fantasías más audaces, una especie de categorías de la actividad imaginativa o ideas a priori, cuya existencia, sin embargo, no puede ser captada sin la experiencia. (…) Cada una de estas imágenes encierra un fragmento de psicología y de destino humano.» – C. G. Jung, Sobre el fenómeno del espíritu en el arte y en la ciencia, OC 15  (1999, p. § 126 y 127)

 

El inconsciente produce “símbolos religiosos” para unir (re-ligare), hacer un puente entre consciente e inconsciente. Cada símbolo es, en un sentido, un puente, pues cada símbolo tiene un pie en el inconsciente y un pie en el consciente. Hacer una elección implica un ejercicio de discriminación por el yo, teniendo en cuenta las posibilidades y las relaciones entre las elecciones posibles. Jung enfatiza que existe una tendencia innata a que los contenidos opuestos puedan dialogar entre ellos y engranen, en mutua influencia, lo que puede verdaderamente hacer que se trasciendan sus viejas oposiciones entre consciente e inconsciente y se “encuentre” una nueva posición adscrita al yo. A esa tendencia la denomina «función trascendente». En definitiva, es una fuerza teleológica del inconsciente colectivo, específicamente del sí-mismo, con una finalidad integrativa, para el desarrollo de la conciencia en el camino de la individuación.

Anteriormente he descrito fenómenos de EMC que describen personas incluida la mía, de la que puedo dar testimonio más exacto.

Experiencias recientes de muertes de allegados me han abierto a otra perspectiva que yo no experimenté y que lanzo como hipótesis:

tras la muerte clínica, y en un período corto para los parámetros temporales de la vida consciente, se puede hacer un trabajo impulsado por el sí-mismo que complete la individuación.

Explicación. En el momento en que el cuerpo pierde su integración funcional por la muerte, la corteza cerebral deja de inhibir el cerebro límbico, y este deja de inhibir el cerebro reptiliano (Mc Lean). La conciencia se expande, la función trascendente queda brutalmente activada y emergen los instintos arquetípicos que conducen a la individuación. Eros y logos muy activados e integrados.

“… Sin embargo, bajo otro punto de vista, la muerte aparece como un suceso alegre. Sub specie aeternitatis es una boda, un Misterium Coniunctionis. El alma alcanza, por así decirlo, la mitad que le falta, alcanza su plenitud. En los sarcófagos griegos se representaba el elemento alegre por medio de bailarinas, en las tumbas etruscas, por medio de banquetes. Cuando murió el famoso cabalista Rabbi Simon Ben Jochai, sus amigos dijeron que celebraba bodas. Todavía hoy existe cierta costumbre de celebrar en el día de los difuntos un picnic en los cementerios. Todo esto expresa la sensación de que la muerte es una fiesta alegre” Jung en Recuerdos, sueños, pensamientos”

Terminar sin completud es un sentimiento doloroso difícil de soportar. En mi opinión este sentimiento puede conducir a la necesidad de otras oportunidades para completar la totalidad: purgatorios, reencarnaciones, …

El «Libro Tibetano de los Muertos» anticipa la posibilidad de que la muerte no sea solamente un momento trágico sino una oportunidad. Su título original «Bardo Thodol» quiere decir «la Gran Liberación por la Audición en el Estado Intermedio». Pertenece a la tradición budista «Nyingma». Da una descripción de la experiencia de morir, pasar por un estado intermedio y renacer. El propósito del texto es darnos instrucciones para aprovechar espiritualmente del momento de la muerte tanto para el muriente como para ayudar una persona moribunda, y para toda la vida y no solo para nuestros últimos momentos.

A veces el sentimiento genera en el muerto clínico un movimiento de volver a la vida, si su cuerpo lo permite por no estar demasiado deteriorado (como se recoge de testimonios de algunos que vuelven), o para comunicarse con los vivos como se recoge en testimonios de vivos que reciben informaciones en el sentido de terminar algo no resuelto.

La hipótesis que lanzo introduce un cambio sustancial y es la posibilidad de que se pueda terminar la individuación post mortem sin necesidad de más oportunidades. Libera de la pesadez de la rueda del Saṃsara que termina con el logro del moksha (unión con dios), en términos junguianos con el inconsciente colectivo.

La hipótesis completa un ciclo pues la activación de la función trascendente se hace ya antes de la muerte cuando esta llega por un deterioro progresivo. Los materiales arquetípicos que afloran, simbolizados en figuras humanizadas, pero numinosas, pueden ser literalizados como espíritus exteriores, ya que metonímicamente por la familiaridad y pre conocimiento que se tiene de ellas se desplazan a figuras de familiares muertos que acompañan al sujeto. Los muertos acceden a la consciencia. Los propios o del colectivo de los muertos. El muriente no siempre percibe que vienen a ayudar en el tránsito. A veces son una carga ya que necesitan entender su situación, pero hacerlo es para el muriente una parte de su trabajo de individuación, pues son sus muertos de los que debe liberarse mediante ese trabajo que s un duelo.

En el «país de los muertos» el alma experimenta una secreta vivificación y da forma a las huellas ancestrales, a los temas colectivos del inconsciente. Igual que una médium, da a los muertos posibilidad de manifestarse. Por ello, muy pronto después de la desaparición del alma aparecieron en mí los «muertos», y surgieron los «Septem Sermones ad Mortuos» Recuerdos, sueños, pensamientos (Jung, 1998b, p. 228).

Esa hipótesis extiende la posibilidad de muerte digna a un período postmortem.

En las muertes que atrapan de improviso, sin avisar, el proceso sería más brusco, pero la finalización la misma.

¿Todo sujeto puede hacerlo? Probablemente no. Las experiencias de negación de la muerte se extienden postmortem al menos en un período inicial, como también informan algunos que vuelven que experimentan su estado como un estado onírico sin reconocer que están muertos.

¿Tras eso hay algo más? Es un tema de creencias. La lucha entre ciencia y religión, se expresa también en la interpretación de los fenómenos no ordinarios de conciencia alrededor de la muerte. Si la ciencia habitual los reduce a ilusiones o alucinaciones por anoxia, para las personas con creencia religiosa avalan la vida tras la muerte, y se apoyan en datos científicos sobre estos fenómenos para afirmar que la muerte no existe, que es una etapa de transición a otra etapa menos limitada, ya que la existencia física es un período puntual de la existencia espiritual.

¿El sí-mismo nos prepara para la muerte? Una pregunta a desarrollar en trabajos posteriores.

mico.

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Routledge, C., Juhl, J., & Vess, M. (2013). Mortality salience increases death-anxiety for individuals low in personal need for structure. Motivation and Emotion, 37(2), 303-307. https://doi.org/10.1007/s11031-012-9313-6

Spinoza, B. (1987). Etica. Alianza Editorial.

Apéndice. Datos sobre morfina

[1] Este opiáceo se comercializó por primera vez en 1817, anunciándose como un analgésico que, además, se podía emplear en el tratamiento de adicciones a ciertas sustancias, como el opio y el alcohol. Lo que resultó falso. Sin embargo, se produjo una incidencia de adictos a la morfina o morfinómanos, entre la “sociedad acomodada” de la época. Frecuente entre médicos y personas que tenían acceso a ellos… La farmacéutica Bayer promovió el uso de la heroína como una morfina que no causaba dependencia y se podía usar para curar la adicción a la morfina. Sin embargo, se descubrió que la heroína se transformaba muy rápidamente en el cuerpo en morfina que causaba mayor dependencia que la propia morfina.

La morfina es una sustancia altamente adictiva y entre los síntomas del síndrome de abstinencia figuran el dolor, la falta de sueño, las náuseas, el vómito, la diarrea, cambios rápidos del calor al frío, y fuertes antojos de comida, un cierto estado serotoninérgico.  Tolerancia, se necesita tomar una droga en dosis más altas para lograr el mismo efecto deseado, como por ejemplo de euforia, o de alivio del dolor. Desarrollar una tolerancia supone un aumento de la dosis para los efectos terapéuticos.

El opio también es llamado lágrimas de amapola (poppy tears) porque se cose­cha de una planta mediante una incisión en la fruta de la amapola inmadura, el látex líquido corre por la planta como si fueran lágrimas y su uso tiene una larga historia a lo largo de la humanidad. El cultivo fue usado para rituales durante el Periodo Neolítico, se sabe también que fue cultivado en la Mesopotamia. Los Sumerios lo refirieron como “plan­ta del juego” y transmitieron su uso a los Babilonios quienes a su vez lo llevaron a los egipcios, mencionado en el Papi­ro de Ebers (1550 a.n.e)

Alrededor del año 1522, Paracelso hizo referencia a la base del opio como el elixir llamado Láudano de la palabra latina laudare que significa “elogiar” y lo describió como un potente analgé­sico que debía de ser usado con mode­ración.

A finales del siglo XVIII en la India se aumentó el interés por el uso del opio volviéndose muy popular en­tre los médicos y sus pacientes

La Guerra del Opio entre China y Gran Bretaña, 1839 -1842, se desencadenó por la introducción en China de opio cultivado en la India y comercializado por la compañía británica de las Indias Orientales. El opio (una droga estupefaciente) era fuente de ingresos para los británicos que equilibraba su balanza de pagos con China al compensar el gasto del té chino que Gran Bretaña importaba. El comercio del opio fue rechazado y prohibido por el gobierno chino. La Corona británica envió una flota de guerra que finalmente derrotó a China, firmándose el Tratado de Nanking, por el que China se obligaba al libre comercio del opio con Inglaterra, a través de cinco puertos (el más importante Cantón) y a ceder la isla de Hong Kong durante 150 años. La potencia imperialista británica facilitó la irrupción de otras potencias como Estados Unidos, Francia y Rusia que forzaron a China a firmar diversos “Tratados Desiguales” con el correspondiente menoscabo de su soberanía. Y para ello el consumo de opio entre los chinos (el adormecimiento del pueblo) era un arma de dominación.

El uso de la morfina se propagó con la aguja hipodérmica de Alex y Wood en 1853, de tal modo que en la Guerra Civil Americana un gran número de soldados se volvieron adictos, a lo que se le denominó “Enfermedad del solda­do”.

Prejuicios sobre el uso de la morfina:

Si a un paciente de cáncer le han prescrito morfina, quiere decir que está muriéndose.

Esta observación era con frecuencia cierta sólo se le concedía el beneficio de un analgésico potente cuando está moribundo. En tales circunstancias, el uso de la morfina (generalmente por vía parenteral), parece precipitar la muerte del enfermo, ya agotado y desmoralizado.

Probablemente sigue siendo cierta en muchos países que no tiene suficientes recursos de morfina como ha quedado señalado

El paciente usará la morfina para suicidarse.

Cuando un enfermo de cáncer decide quitarse la vida, utiliza otros métodos, entre otras cosas porque no controla el producto.

Que no se haya comunicado ningún caso de alguien que haya utilizado la solución de morfina con este fin, no quiere decir que no lo hayan hecho, si ha ocurrido será secreto.

La morfina es peligrosa porque causa depresión respiratoria.

Es extremadamente raro que la morfina oral provoque una depresión respiratoria cuando se utiliza para neutralizar el dolor provocado por el cáncer. La morfina parenteral en dosis altas hay que manejarla con cuidado.

El sujeto que toma morfina es una especie de muerto que vive.

En su uso adecuado no suministrarla sitúa al sujeto a ser «una especie de muerto que vive» el dolor le impide la atención, la relación, …, en dosis altas prolongando la vida innecesariamente podría tener sentido la idea.

El «Ego» y sus usos

El «Ego» y sus usos

Existe mucha confusión sobre lo que es el Ego y su relación con el Yo, pero lo que es muy común -y eso mismo es síntoma de la confusión y estado de “neurosis social”-, es que se construya un “engendro fantasmático” para representar el EGO y que se use como “arma de guerra”. 

 

La percepción, o sentimiento, mayoritario es que ese engendro tiene connotaciones negativas, y rechazables, y que es algo estático: un cuerpo, o cosa, que es inmutable.

 

Expresiones como: ¡Tiene tanto ego! ¡Menudo ego tiene!, se proyectan, con gran eficacia, sobre alguna diana-sujeto con la intención de “matarlo socialmente”. Se intenta desacreditar a la persona que defiende, con argumentos, una postura señalando su ego, de esa forma se induce al convencimiento de que lo que sostiene es falso. Es la falacia lógica denominada ad hominem, que es muy poderosa para convencer a quienes se mueven más por sentimientos y por costumbres acomodaticias que por razones. Se atacan no los argumentos sino a quien los produce y, más concretamente, se ataca su origen, raza, educación, estatus social, pasado, moral, familia, posición política, religión, nación, etcétera.

 

Una primera aproximación a la comprensión del mecanismo que sostiene ese uso es considerar que es un mecanismo final de defensa porque la realidad (lo que sostiene o argumenta el sujeto diana) es insoportable para los sujetos que no están preparados para gestionarla con responsabilidad. Existe una defensa estructural previa: la ideología. “La ideología es un discurso que se enuncia desde una cámara oscura. Es un discurso en el que la imagen de la realidad aparece invertida. Constituye unas gafas que impiden la visión de la realidad” (Pág. 118. De “Teoría de las ideologías, ediciones de bolsillo, Editorial Península”, Eugenio Trias, 1975). El sujeto aferrado a la ideología (política, religiosa, …) está protegido, y de ahí su aferramiento-fanatismo, frente a la realidad que podría ponerle en crisis. Cuando alguien amenaza su estabilidad se activa el mecanismo de la falacia ad hominem, canalizada por “agentes”: individuos y, las instituciones que sustentan las ideologías.

 

Sigmund Freud consideraba el hecho de matar al mensajero como “un caso marginal de este tipo de defensa (…) para enfrentar lo insoportable”, citando el ejemplo de «el famoso lamento de los moros españoles Ay de mi Alhama», el cual relata como el rey Boabdil recibe la noticia de la caída de Alhama. El rey siente que su pérdida significa el fin de su mandato, pero no lo permitirá convertirse realidad, “tiró las cartas al fuego y mató al mensajero”. Freud agrega que otro factor determinante fue la necesidad de combatir su sentimiento de inutilidad. Al quemar las cartas y matar al mensajero todavía estaba intentando demostrar su poder absoluto.

 

Una segunda aproximación tiene que ver con la hipótesis junguiana de la proyección inconsciente de lo que no se acepta de nosotros “la sombra personal y colectiva”. Esto convierte al “sujeto-diana” en un chivo expiatorio en el que se deposita “la basura” que cada uno rechaza de sí mismo. Con la proyección la peligrosidad del sujeto, y, consecuentemente, las necesidades de defenderse de él se incrementan. El proceso se realimenta, se enriquece con aportes de otras defensas y proyecciones (paranoia, arquetipo del extraño, …) y puede terminar en la muerte real del “sujeto”.

 

Estos mecanismos de defensas y proyecciones personales y colectivas son expresión de la estructura que subyace que resulta del proceso imperante de “la construcción social de la falsedad” con sus claves: “falsedad y desconocimiento”. En su libro del 1968 “La construcción social de la realidad”, P. Berger & T. Luckmann, mostraron los procesos “constructivistas”, que siguen siendo válidos si se sustituye realidad por falsedad.

 

Se construyen “unidades culturales de información” transmisibles de un individuo a otro, o de una mente a otra, o de una generación a la siguiente. Filósofos como Daniel Dennett, Donald Davidson y Jesús Mosterín han contribuido a desarrollar una teoría de la cultura que saca partido a la noción de “meme” propuesta inicialmente por Richard Dawkins en El gen egoísta por la semejanza con «gene» —gen en idioma inglés— y para señalar la similitud con «memoria» y «mimesis».

 

El uso del ego en la falacia ad hominem es un meme pragmático, versátil, insidioso, que se aplica en muchos espacios y situaciones y se va constelizando según las particularidades de quien los aplica. Este imaginario social opera como organizador de sentido de los actos humanos y regula los comportamientos, construye realidad y tendrá una incidencia directa en el devenir psíquico de las nuevas crías.

 

En situaciones de incertidumbre, confusión, alienación, se toman decisiones no racionales apoyadas en valorar las probabilidades en base a los ejemplos más sencillos que acuden a la mente. La función principal es evitar situaciones de riesgo: El razonamiento es sustituido por un automatismo defensivo. La dependencia del marco de referencia o del contexto perceptivo en la decisión tienen un efecto sobe el razonamiento moral (Kahneman y Tversky, 1981). Este uso del Ego como arma, sirve, también de señal diagnóstica sobre el funcionamiento moral de los sujetos, y es más evidente en sujetos que carecen de una conciencia moral madura (postconvencional o cósmica según Kholberg). En los estudios resulta ser mayoritario el funcionamiento de la moral heterónoma, dependiente de las normas que dicta la autoridad. La amoralidad de la falacia, su insolidaridad, su destructividad, no es frenada por actitudes deontológicas, ni por actitudes consecuencialistas, pues ambas buscan un “bien”.  La solidaridad necesaria para que exista una sociedad no proviene de la bondad espontánea de los sujetos sino de un pacto entre múltiples agentes individuales que muestran también su sombra. De un modo u otros estarían en ello Maquiavelo, Hobbes, Mandeville, Montesquieu, Kant, Adam Smith, Hegel, Marx, Deleuze, Jung, …

 

El mismo Ego puede irse percibiendo cada vez más negativo, desde un grado de engendro fantasmático desagradable hasta algo más maligno: “el enemigo”. En cuyo caso el propio Ego se convierte en la sombra que se proyecta. El ego o la conciencia individual perjudicaría el crecimiento personal pues ni se entera que existe una conciencia universal. Algo así como “un tapón que impide la ascensión de la mente a los estados superconscientes”, afirma Iván Durán Garlick, en su libro “El Ego». Se puede llegar a demonizar la mente equiparándola a un ego que obstaculiza el contacto con lo divino. “¿Te escudaste en tus aspiraciones más elevadas para evitar sentir celos o enojo, por considerarlas emociones ´poco espirituales´?” (John Welwood en “bypass espiritual” 1984). K. Wilberg lo explicó como la falacia pre-trans personal. Como antítesis de la oscuridad-mal, se ensalza la luz, en la creencia ingenua de que si prestamos atención al lado luminoso todo funcionará bien. Art Levine (1985) ha caricaturizado este enfoque de “pensamiento positivo” como «el paradigma de Pollyanna».

 

Algunos grupos acusan a otros de ser pseudoescépticos. El término lo usó en 1908 Henry Louis Mencken en una carta dirigida a Friedrich Nietzsche para criticar al filósofo David Strauss por su excesiva seguridad al convertir las dudas en certezas. El término fue popularizado en 1987 por Marcello Truzzi, quien afirmó que los «pseudoescépticos» tienen más tendencia a negar que a dudar, a desprestigiar más que a investigar; usan ataques ad hominem al referirse peyorativamente a los que proponen determinadas disciplinas; e insinúan que el que una evidencia sea poco convincente es suficiente para descartarla por completo.

 

Según Jung, todo ser humano conoce intuitivamente el significado de los términos sombra, personalidad inferior y alter ego. «Y si lo ha olvidado» -agregaba bromeando sobre el hombre normal- «ahí están las homilías, su esposa o el recaudador de impuestos para recordárselo».

 

El yo, en castellano, tiene etimología netamente latina ya que es una variación del antiguo latín vulgar eo >i̯o que a su vez es una simplificación de la palabra latina clásica egō.

 

El yo se construye en el desarrollo evolutivo del infante y llega a ser una instancia reguladora e integradora de las dimensiones humanas internas y relacionales. La cría humana es un “ser de necesidades” que sólo se satisfacen socialmente en relaciones que lo determinan. ¡El sujeto no es sólo un sujeto relacionado, es un sujeto producido! El yo solo puede ser definido, y existente, en una instancia discursiva y en relación con otro.

 

No es objeto de este escrito describir el Ego, sino hablar sobre sus usos para que el lector amplié la percepción y pueda hacerlo más consciente y detectar de qué forma lo percibe y usa. Para, así, poder “contener” las espirales de violencia que terminan en holocaustos, genocidios, de los que todos/as somos responsables. El nazismo utilizó la falacia del Ego del judío para el genocidio. El neofascismo usa la falacia del Ego del inmigrante-refugiado. El mismo fascismo es también un meme que se transmite transgeneracionalmente adoptando formas distintas según el momento histórico.

 

“Los genocidios por el hambre, la comida basura, las enfermedades, las condiciones laborales homicidas, los accidentes de tráfico, las invasiones y las guerras preventivas, son solo ‘daños colaterales’ de esa economía globalizada” (Morán, “Globalización y crisis civilizatoria”. 2009, p. 1).

 

Ser conscientes de lo propio es costoso, pero necesario para salir de la barbarie, y para salir de la ignorancia. “No hay luz sin sombra ni totalidad psíquica exenta de imperfecciones … La vida no exige que seamos perfectos sino completos; y para ello, se necesita la ´espina en la carne´, el sufrimiento de defectos sin los cuales no hay progreso ni ascenso”. Carl G. Jung.

 

“.. hoy está en juego el propio sujeto cognoscente, con indicios alarmantes de hundimiento de los espacios simbólicos, nos acercamos cada vez más a un sujeto al que habremos de concienciar de que está vacío, y que desde su vacío no podrá pensar que está vacío. Por lo que categorías como enajenación resultan insuficientes para describir a ese sujeto roto, y los procesos de concienciación requieren de un trabajo diferente que atienda la propia subjetividad en juego”. (Cucco, “Ayer y hoy de la Educación popular. Algunas reflexiones. Rescoldos. Revista de diálogo social. Nº 13. Madrid 2005)

 

Te puedes preguntar acerca del ego: ¿Cómo lo uso? ¿Es una sustancia o una ilusión? ¿Un medio o un fin? ¿es un “habitante” de la conciencia o «está afuera de la conciencia»? ¿es un «punto de referencia» que da sentido al sujeto, un fractal, o un epifenómeno? ¿se construye en el desarrollo o es previo al mismo? ¿si se construye se hace de modo lineal o dinámico mediante progresiones-regresiones? ¿fundamenta el egoísmo y la egolatría? ¿es lo opuesto al altruismo? ¿favorece la industria del humanitarismo? ¿qué sentido tiene para mí? ¿me protege del caos? ¿me protege de o facilita mis enfermedades? ¿fundamenta mi moralidad? ¿tiene relación con que haya acumulado karma positivo o negativo?

 

Los autores que he ido citando aportan explicaciones. Además, podrías leer a Kant, Descartes, Foucault, Sartre, Schopenhauer, Von Franz, Bateson, Prigogyne, Nietsche, W. D. Hamilton, Maynard Smith, ….

 

Las manifestaciones de la falsedad las experimentamos cotidianamente: alienación, plutocracia, corrupción, identidades líquidas, reificación, aporofobia, neofascismo, … He ido profundizando sobre estos temas en varios escritos: Poder Personal Poder Político; El lado siniestro de la corrupción; Debate sobre el Complejo de Jonás; Futuro de la monarquía.

22 junio 2017

Mikel Garcia Garcia

 

Poder personal poder político

Poder personal poder político

Poder personal, poder político: Ego y sombra.

Imagen Cuadro «Sisyphus» de Tiziano1549

Mikel García Garcia  2017

Texto

El poder personal, es un sentimiento, no una emoción. Como tal tiene una historia de desarrollo que se inicia en el nacimiento hasta “construirse”. Un poder personal real resulta de la capacidad de hacer concordar emociones, representaciones y actos en una conducta bien articulada, integrada internamente y adecuada a la situación exterior. Se obtiene mediante la experiencia de resolución de los conflictos internos y externos, la educación y la capacidad de enfrentamiento agresivo (no violento), en un contexto de haber sido amados y pudiendo llegar a amar la vida y desear vivir en ella. Implica creación y conocimiento de nuestros límites y posibilidades. Es el fundamento para ejercer nuestra libertad asumiendo la responsabilidad que conlleva.

El poder político, tiene una acepción más pragmática. Es una extensión del poder personal aplicado a la relación con otros, aunque sean dos sujetos. Ejercer el poder implica siempre un acto de cierto dominio. Aceptamos el poder político cuando el dominio propicia bienestar y no se hace contra el individuo, aunque le fuerce a ser activo y a abandonar la comodidad.
La dominación es prepotencia, terror, injusticia, mentira, genera victimización y resentimiento, es causa del sufrimiento. La tiranía, basada en el miedo, es el ejemplo más eficaz del ejercicio de dominación.
Sabemos distinguir si en nuestras familias, escuelas e instituciones, nos han impulsado hacia el poder personal o hemos vivido la dominación y la tiranía. Hoy es difícil encontrar una comunidad libre de tiranía.
Los poderes políticos, religiosos y económicos, se fortalecen a partir de renuncias individuales que hacemos cotidianamente para adaptarnos a un ambiente opresor tratando de evitar el sufrimiento: el «pesimismo» por fijarse solo en las carencias y desconfiar de las capacidades propias; el «relativismo» por el miedo a la decisión y sus riesgos; la “resignación”, aceptada por parecer «realismo» que justifica cualquier abuso; la «patología mental» cada vez más extensa que conduce a pedir pastillas que resuelvan mágicamente los problemas; la “identificación con el agresor” para negar el conflicto; ..
Y acabamos aceptando los argumentos del poder, sin percibir su grado de crueldad extrema, en una escalada en la que cada vez tenemos menos poder personal, hasta llegar a ser muertos vivientes, fríos, adictos a cualquier cosa que caliente un poco.

En situaciones de incertidumbre, confusión, alienación, se toman decisiones no racionales apoyadas en valorar las probabilidades en base a los ejemplos más sencillos que acuden a la mente. La función principal es evitar situaciones de riesgo: El razonamiento es sustituido por un automatismo defensivo.

Expresiones como: ¡Tiene tanto ego! ¡Menudo ego tiene!, se proyectan, con gran eficacia, sobre alguna diana-sujeto con la intención de “matarlo socialmente”. Se intenta desacreditar a la persona que defiende, con argumentos, una postura señalando su ego, de esa forma se induce al convencimiento de que lo que sostiene es falso. Es la falacia lógica denominada ad hominem, que es muy poderosa para convencer a quienes se mueven más por sentimientos y por costumbres acomodaticias que por razones. Se atacan no los argumentos sino a quien los produce y, más concretamente, se ataca su origen, raza, educación, estatus social, pasado, moral, familia, posición política, religión, nación, etcétera.

Este uso del Ego como arma, sirve, también de señal diagnóstica sobre el funcionamiento moral de los sujetos, y es más evidente en sujetos que carecen de una conciencia moral madura (postconvencional o cósmica según Kholberg). En los estudios resulta ser mayoritario el funcionamiento de la moral heterónoma, dependiente de las normas que dicta la autoridad. La amoralidad de la falacia, su insolidaridad, su destructividad, no es frenada por actitudes deontológicas, ni por actitudes consecuencialistas, pues ambas buscan un “bien”.  La solidaridad necesaria para que exista una sociedad no proviene de la bondad espontánea de los sujetos sino de un pacto entre múltiples agentes individuales que muestran también su sombra. De un modo u otros estarían en ello Maquiavelo, Hobbes, Mandeville, Montesquieu, Kant, Adam Smith, Hegel, Marx, Deleuze, Jung, …

¡Quien muere antes de morir no muere cuando muere!
¿Hasta cuándo vamos a vivir así?
¿Cuándo te encuentres a ti mismo, será la más feliz o la más amarga de tus horas? ¿Y cuánto te quedará de vida?

Encuesta de opinión

Se trata de puntuar, desde 1 hasta 5, cada concepto según entiendas que influye limitando o facilitando el poder personal – político de los sujetos.

Los conceptos se te presentan aleatorios e incluye unas preguntas sobre género y edad. Para poder enviar hay que contestas a todas. Al finalizar y tras enviar, podrás ver unas estadísticas descriptivas de las respuestas que se van dando incluidas las tuyas. Si hay un conjunto suficiente de gente que conteste haré un estudio analítico que colocaré a finales de junio en esta página.

Gracias por tu colaboración. Mikel Garcia


 

Ir a la Encuesta de opinión

Estos son los conceptos:

Género; Edad; Justicia; Mito; Ignorancia; Conciencia; Anarquismo; Espiritualidad; Instinto; Ciencia; Amor; Sufrimiento; Neoliberalismo; Comunismo; Represión sexual; Patriarcalismo; Religión; Agresividad

 

Un ejemplo de cómo los vas a ver

ciencia

Resultados Encuesta

Hasta 1 de junio 2017     Ver informe y descargarlo en archivo pdf

Género Porcentaje
femenino 66,7
masculino 26,7
transgénero femenino 6,7

 

Integración de la muerte. Pulsación de vida

Integración de la muerte. Pulsación de vida

Integración de la muerte. Pulsación de vida

Es importante ir compartiendo informaciones que vayan abriendo la percepción a la complejidad de la conciencia humana. En este escrito pretendo ser más experiencial que técnico, y no voy a desarrollar demasiado la exposición, aunque tenga que introducir términos que utilizo actualmente del psicoanálisis, especialmente en la acepción de Carl Gustav Jung. Se trata de reflexionar sobre el sentido de la muerte como compañera de la vida y situar las respuestas a la pregunta sobre si hay vida tras la muerte.

 

Mikel Garcia Garcia 18 octubre 2015

Extracto      Texto Completo en tienda

Introducción

El cese de la existencia conocida genera zozobra, incertidumbre, sufrimiento, emociones que nuestra sociedad española trata de anestesiar o anular con ideologías, con psicofármacos u otros recursos.

“Ciertamente la muerte es una terrible brutalidad – no hay que dejarse engañar acerca de eso- no sólo como acontecimiento físico, sino mucho más aún como psíquico: un ser humano es alejado de nosotros y lo que permanece es el glacial silencio de la muerte. Ya no existe más esperanza de relación alguna, pues todos los accesos se han roto. Hombres a los que se desearía una larga vida desaparecen a mitad de su vida y hombres inútiles alcanzan una avanzada edad. Esto es una cruel realidad que no debe paliarse. La brutalidad y arbitrariedad de la muerte puede amargar a los hombres hasta el punto de que concluyan que no existe dios misericordioso alguno ni justicia ni bondad”  Jung “Recuerdos, sueños, pensamientos” Página 368.

El tabú a la muerte es cada vez más intenso. La religión es un factor clave en las expectativas sociales sobre la muerte. Toda sociedad tiene sus explicaciones religiosas sobre el sentido de la vida que incluyen proposiciones sobre a quién pertenece esta. En las monoteístas la vida pertenece a dios y el modo de acceso al más allá depende del cumplimiento o no de las normas morales. En las religiones ateas la conciencia es responsabilidad del sujeto. Parece evidente que al ser humano le cuesta aceptar su desaparición total.

Los estudios de neurociencia apuntan a que el cerebro tiene mecanismos automáticos para la preservación de la existencia y que el más allá podría ser una ilusión de continuidad.

Jung “Recuerdos, sueños, pensamientos” Pagina 358: “En esa época la difunta tenía miedo de su muerte y quería apartar cuanto antes esa posibilidad de su conciencia. Sin embargo es uno de los intereses más importantes de los hombres que envejecen, llegar a comprender esta posibilidad. Se les presenta, por así decirlo, una cuestión ineludible a la que deben responder. A este fin debería poseer un mito de la muerte, pues “la razón”, no le muestra más que la oscura fosa a la que se dirige. El mito en cambio, podría presentarles una imagen útil e ilustrativa de la vida en el país de los muertos. Si el hombre cree en ellos o les concede algo de crédito, tiene tanta razón como le falta, igual que el que no cree en ellos. Mientras que el que los niega se enfrenta con la nada,  el que se obliga al arquetipo sigue las huellas de la vida hasta la muerte… Ambos están en incertidumbre, uno en contra de sus instintos, el otro de acuerdo con ellos, lo que significa una considerable ventaja en favor de este último “.

La lucha entre ciencia y religión, se expresa también en la interpretación de los fenómenos no ordinarios de conciencia alrededor de la muerte. Si la ciencia habitual los reduce a ilusiones o alucinaciones por anoxia, para las personas con creencia religiosa avalan la vida tras la muerte, y se apoyan en datos científicos sobre estos fenómenos para afirmar que la muerte no existe, que es una etapa de transición a otra etapa menos limitada, ya que la existencia física es un período puntual de la existencia espiritual. Ciencia y religión, aparentemente son antagónicas, pero confluyen en una finalidad común, imponer sus preceptos a los sujetos. Sin embargo todas estas superestructuras, no determinan lo que acontece al sujeto humano cuando se enfrenta a la muerte, y el hecho de confrontarla, incluso puede revitalizarle de un estado previo de “muerto viviente” y remontar enfermedades psicosomáticas graves, cánceres… La amenaza de la muerte hace temblar la estructura emocional, cognitiva, espiritual del sujeto, lo pone en crisis que es una oportunidad de evolución de la conciencia aunque acabe muriendo.

Mi experiencia profesional

En mi experiencia profesional como médico, sobre todo en la época en que fui médico rural durante 10 años, en una zona de Navarra bastante aislada, atendí varios casos de sujetos murientes (prefiero este término al de terminales), en general por tumores y otras enfermedades degenerativas, y en la medida en que la relación que yo propiciaba, como médico de cabecera, era muy estrecha, cercana, de soporte emocional, con una escucha al muriente que le permitiera expresarse, compartir sus miedos, anticipar sus deseos, se generaba un clima donde poder estructurar una muerte digna en cada caso.

Es radicalmente distinto el contexto de una muerte en la casa del paciente o en un medio hospitalario, tanto para el paciente como para el profesional. En ambos el profesional se ve confrontado con sus propios límites, con sus ansiedades ante la muerte, pero en el pueblo la presión institucional social del equipo de trabajo es menor. Mi relación con el paciente podía tener menos interferencias. Sin embargo la disposición del profesional es fundamental ya que como el contexto habitual que vive un paciente es el de la superficialidad, la banalización y la falta de actitud de escucha a sus necesidades emocionales y cognitivas, es importante que quien atiende propicie una situación en la que emita señales claras para generar la confianza que permita al paciente expresarse de una manera más profunda y real, abandonando los juegos.

Los profesionales sanitarios que trabajan de este modo con los pacientes murientes pueden conocer de primera mano el alcance y variedad de las necesidades del sujeto y estas posibles “extrañas experiencias” que viven. Para mí fue una sorpresa el constatar cómo muchos muriente, viven fenómenos de “conciencia no ordinaria”, que yo desconocía, que se escapaban a explicaciones racionales coherentes con la formación que yo tenía en esos momentos, y sobre todo los cambios que se producían en su conciencia, que en muchos casos les conducía a tomar la determinación de solicitar una muerte digna, dejando de lado los límites que su ideología previa, o moral religiosa les imponía para actuar con libertad en los momentos finales de su vida.

Alrededor de la muerte muchas personas experimentan fenómenos no ordinarios de conciencia, los que encajan en las expectativas sociales se comunican y pueden tener la función de dulcificar la muerte, por ejemplo escuchar a murientes expresar que familiares muertos les esperan o acompañan es aceptable para muchas personas, aunque contrasta con una actitud antropológica bastante habitual  que trata de que los muertos estén bien distantes de los vivos  y no sean una amenaza desde el más allá que trata de arrebatar la vida a alguien, otros fenómenos más extraños se ocultan por la perplejidad o miedo que producen. Un paciente que intuía que sus acompañantes en el trance provenían del interior de su psique sin ser espíritus objetivos se sentía perplejo, no quería comunicarlo. Los fenómenos son una oportunidad que ponen en crisis al sujeto pero aprovecharlos o no es más complejo.

En aquel momento, yo estaba aprendiendo en una escuela de vida más profunda que la académica, tuve que replantearme mis ideas previas, y transformarme como sujeto, afianzando que la medicina es un arte de la conciencia y que lo que ocurre en la relación es un espacio único (un témenos, que actúa como un «espacio cuadrado» o «lugar seguro», donde se puede «trabajar» mentalmente) que transforma a los participantes por la movilización de recursos de la conciencia que, en muchos casos, son potencialidades reprimidas o relegadas a la “sombra” (concepto junguiano). El infante encuentra el personaje que percibe va a ser aceptado por sus adultos y rechaza, relegando a «la sombra» lo que le crearía problemas para ser «mínimamente amado y aceptado». En la sombra hay tanto lo negativo como lo positivo. Por eso el trabajo de integrar la sombra despliega potencialidades latentes. Pero es un trabajo iniciático, duro, de enfrentarse con lo rechazado y con los represores interiorizados. Vivencias compartidas por las personas que acompañan a los que están en trance de muerte, se recogen en muchos estudios sobre el tema, y, efectivamente, transformadoras para los participantes. Mi transmutación me permitía ser más eficaz en siguientes casos. Fui consciente que necesitaba formarme más y empecé a estudiar psicología. Las diversas soluciones que en cada caso se pactaban se quedaban como algo confidencial entre el muriente y yo, pues en muchos casos los sujetos no querían que sus familiares supiesen sus decisiones. Muchas veces los familiares, por temor a vivir los duelos, impiden que los murientes se sientan libres para acabar de irse, les reclaman que sigan siendo padres no abandónicos, o no pueden digerir ver como sus hijos se mueren (han depositado en los hijos su propio proyecto vital).  La muerte en estas circunstancias dignas se nota de un modo muy especial en el ambiente familiar, y los duelos de los vivos se facilitan mucho.

Tengo que señalar que no fue una casuística tan grande en relación al conjunto de los murientes que atendí. La mayoría seguía muriendo como habitualmente, con enredos, insidias, negaciones,… Se consolidaba en mí la convicción de que el proceso dependía de la personalidad del muriente, de sus defensas y ansiedades, de que sintiera haber vivido su vida con cierta plenitud y se sintiera bastante conforme  con el conjunto de su existencia, y  lo trágico estaba en el modo de vida previo, que vivían muchos e que impedía el acceso a aspectos profundos de la conciencia.

Muchas de las descripciones de Penny Sartori las comparto, aunque con matices diferenciales en cómo se pueden interpretar.

…Pacientes que intuyen el momento exacto en el que van a morir, otros que parecen decidir por sí mismos el día y la hora, adelantando o retrasando su muerte, sueños premonitorios de familiares o presentimientos de terceras personas que, sin ni siquiera saber que alguien está ingresado o ha sufrido un accidente, están seguros de que ha fallecido. Los pacientes que viven estos estados de conciencia no ordinaria viven la muerte de forma más tranquila y feliz, al igual que los familiares que presienten la muerte de sus seres queridos.

Esta aseveración: “Entre el 70 y el 80% de los pacientes esperan a estar solos en la habitación para morirse” la considero real cuando el muriente siente que no le dejan ir, sin embargo en mi experiencia me pedían que estuviera hasta el final con ellos, querían sentirse acompañados pero sin interferencias, aunque en los momentos finales estaban totalmente volcados hacia dentro en un proceso de introversión. En los casos de niños sí parece que los estudios indican que prefieren morirse solos, en mi experiencia solo he tenido un caso y efectivamente no demandaba mi presencia de adultos.

Mi experiencia de muerte cercana (EMC)

Tuve una experiencia propia de muerte cercana (EMC) en Nicaragua, en la que pude morir ahogado. En mi EMC experimenté bastantes de los fenómenos que se describen, tanto en la experiencia misma como en las consecuencias posteriores (Raymond Moody, acuñó el concepto de experiencias cercanas a la muerte a finales de los 70). Sin embargo, siendo agnóstico, las explicaciones propias de lo que experimenté no me volcaron hacia la convicción de la existencia de un mundo tras la muerte como se propone en las religiones. Me abrió el contacto con una espiritualidad profunda en el sentido de “religare”, que forma parte de la dimensión humana de la conciencia, y que es motor del despliegue de la misma, y que no necesita explicaciones religiosas, que muchas veces son ansiolíticas para calmar la ansiedad ante la muerte con creencias de continuidad de la vida tras la muerte. Experimenté la dimensión trascendente, que es inefable, se vive con clarividencia (intensa, de certeza incuestionable) la convicción de que la conciencia está conectada con el cuerpo, pero que va más allá y precisamente cuando el cuerpo está prácticamente muerto y el cerebro no funciona, la conciencia es más lúcida, tiene capacidades extraordinarias, de comprender el sentido de la existencia, de revisar la vida,..

El inconsciente produce “símbolos religiosos” para unir (re-ligare), hacer un puente entre consciente e inconsciente. Cada símbolo es, en un sentido, un puente, pues cada símbolo tiene un pie en el inconsciente y un pie en el consciente. Hacer una elección implica un ejercicio de discriminación por el yo, teniendo en cuenta las posibilidades y las relaciones entre las elecciones posibles. Jung enfatiza que existe una tendencia innata a que los contenidos opuestos puedan dialogar entre ellos y engranen, en mutua influencia, lo que puede verdaderamente hacer que se trasciendan sus viejas oposiciones entre consciente e inconsciente y se “encuentre” una nueva posición adscrita al yo. A esa tendencia la denomina «función trascendente». En definitiva es una fuerza teleológica del inconsciente colectivo, específicamente del Si-mismo, con una finalidad integrativa, para el desarrollo de la conciencia en el camino de la individuación. En muchas EMC que describen personas y en la mía, se experimentan ciclos continuos de polaridades, multinivel, en una conciencia dialógica, de modo que se exploran aspectos profundos ocultos y se hacen conscientes, se revisa la existencia y las acciones desarrolladas en sus polos buenas-malas. Todo sucede como siguiendo una fuerza directriz que lo ordena y uno siente que crece en conocimiento de uno mismo. Lanzo la hipótesis de que en el momento en que el cuerpo pierde su funcionalidad, la corteza cerebral deja de inhibir el cerebro límbico, y este deja de inhibir el cerebro reptiliano (Mc Lean), la función trascendente queda brutalmente activada y surgen los instintos arquetípicos que conducen a la individuación. Eros y logos muy activados e integrados, de modo que se experimenta un amor  profundo al ser propio que se va descubriendo que es uno, y más allá de juicio que sitúa en su lugar correcto aquello que ha sido bueno o malo, se siente finalmente un estado de beatitud que te permite abandonarte a la muerte con una calma  y curiosidad enorme por lo que iba a pasar en adelante.

Jung “Recuerdos, sueños, pensamientos”… Sin embargo bajo otro punto de vista, la muerte aparece como un suceso alegre. Sub specie aeternitatis es una boda, un Misterium Coniunctionis. El alma alcanza, por así decirlo, la mitad que le falta, alcanza su plenitud. En los sarcófagos griegos se representaba el elemento alegre por medio de bailarinas, en las tumbas etruscas, por medio de banquetes. Cuando murió el famoso cabalista Rabbi Simon Ben Jochai, sus amigos dijeron que celebraba bodas. Todavía hoy existe cierta costumbre de celebrar en el día de los difuntos un picnic en los cementerios. Todo esto expresa la sensación de que la muerte es una fiesta alegre”…

 

Sin embargo sentí un estímulo que sabía me empujaba y no comprendía, al tercer empuje intuí que algo trataba de sacarme del agua, se me activó el instinto de conservación, pensé que quería vivir y me sacaron del agua.

Queda una profunda convicción de que  “la muerte no es tan temible como nos la solemos imaginar”, y, al menos en mí, otra convicción de propiciar en el muriente el despliegue de sus recursos profundos, pues el acto de morir es duro, supone hacer un duelo de la vida, de la existencia actual, del cuerpo,…

Aun habiendo tenido esa experiencia de muerte cercana, no he muerto, como nadie que relata estas experiencias. No tengo la convicción de que lo vivido es una prueba de nada más allá del estado de existencia actual.

Cuando experimentas una EMC que te surge sin esperarlo, de sorpresa, sigues vivo, y eres consciente de la transformación hacia amar más la vida y comprometerte a ella, entiendes que te has preparado solo un poco para cuando de verdad mueras. Entiendes la conveniencia de que todo sujeto confronte sus miedos y ansiedades ante la muerte, pues en definitiva la muerte es algo fáctico que nos pone en la realidad de nuestro existir efímero, no somos inmortales, y si queremos vivir la vida, hay que hacerlo en cada momento o ya no la viviremos. Aceptar eso es una actitud de humildad que rompe la inflación narcisista, de vencer y traspasar los límites que la sociedad propone y muy eficaz,  pues permitiría vivir con plenitud, ya que el anhelo de inmortalidad proyecta a hacer en un futuro lo que no se hace en un presente, y eso es una falacia mortal. Tener la muerte al lado, como compañera que te hace sentir la finitud de la existencia, es muy útil para ejercitar la libertad de existir con plenitud en cada presente. Prepararse para la muerte propia es una actitud que entraña coraje y valentía, casi más que vivir, sin buscarlo, una experiencia de muerte cercana. Tomé la determinación de hacer una psicoterapia, atender a mi espiritualidad (el poderoso efecto de los símbolos espirituales nos guían en el camino de la autorrealización) e investigar lo publicado sobre EMC: Experiencias de muerte cercana. ¿Qué son? Estudios retrospectivos y prospectivos. Tratando de comprender más realicé sesiones de hipnosis, que me refrescaban las vivencias y recuerdos de lo vivido pero no aportaban nada nuevo y definitivamente las abandoné cuando en una “terapia regresiva” se me llegó a decir que efectivamente había muerto y que mi cuerpo había sido ocupado por su ser de las pléyades. En mi EMC había conectado con muchos materiales propios de mi existencia y sabía mucho sobre mis errores pero carecía de un método para entender por qué se habían producido. Además la perplejidad ante la experiencia que te ha arrastrado induce a unos cambios que pueden consolidarse o ser objeto de anulación y que requieren ser atendidos para realmente consolidarlos.

Estados de conciencia

Tras mi psicoterapia decidí ser psicoterapeuta. En mi trabajo clínico como médico y psicoterapeuta he tenido especial cuidado en propiciar este trabajo de integración de la muerte con mis pacientes en su momento apropiado, he hecho estudios psicosociales sobre la muerte y realizado diversos talleres “Integración de la muerte. Pulsación de la vida”. La elaboración de las motivaciones inconscientes en la toma de decisiones permite mayor libertad para decidir. La decisión de ser incinerado puede ser una decisión neutra o un mecanismo de defensa ante el temor a que el cuerpo sea profanado, comido por los gusanos o devorado por la madre-bruja-tierra. La decisión de ser enterrado en tierra sin caja, en contacto directo, puede ser neutra o un deseo de fusión oceánica con el útero de la madre tierra que sea expresión de un complejo materno. El trabajo conduce también a situar adecuadamente si lo que se percibe como algo realmente vivido y previo a la historia personal antes de empezar a ser autoconscientes (alrededor de los 2,5 años) es o no indicio de vidas previas, de existencias reencarnadas,.. En muchos casos esas ideas se desmoronan al constatar que son fantasías que la mente crea para explicarse lo vivido.

Si has podido acceder a ser psiconauta de fenómenos no ordinarios de conciencia puedes detectarlos, captarlos en otro, entenderlos y ayudar a otro a situarlos. Estos estados no ordinarios ocurren más de lo que se admite, en ocasiones dejan perplejos a los sujetos y estos los reprimen y olvidan para que su estabilidad no se resienta. La conciencia la experimentamos fragmentada, a veces de vigilia, a veces onírica, como si no fuesen estados puntuales de la misma función. Consiliencia es la disposición de unir los conocimientos y la información de distintas disciplinas para crear un marco unificado de entendimiento y praxis.

Con la aparición de las ciencias modernas, el sentido de unidad se perdió gradualmente en la creciente fragmentación y especialización del conocimiento de los últimos dos siglos. De esta manera, el Reduccionismo imperante es lo opuesto a consiliencia. Unir los conocimientos de la subjetividad, del inconsciente colectivo, del alma humana, de la física cuántica… es complejo pero es la vía regia de investigación. Integración de cartografías de la conciencia. Aportaciones psicodinámicas, de la psicología transpersonal, de la neurociencia. Sincronicidad. Ciencia de la complejidad. Un proceso prometeico de desarrollo de conocimiento humano que confronta mitológicamente con los castigos de divinidades, sea Yahveh  expulsando del paraíso, sea Zeus quien deseoso de vengarse de Prometeo por haber robado el fuego y dárselo a los humanos, presentó al hermano de éste, Epimeteo, una mujer llamada Pandora (que fue la primera mujer creada por Hefesto por orden de Zeus), con quien éste se casó. Como regalo de bodas, Pandora recibió un misterioso pithos —una tinaja ovalada, aunque actualmente sea citada como una caja— con instrucciones de no abrirlo bajo ninguna circunstancia. Los dioses habían otorgado a Pandora una gran curiosidad, por lo que decidió abrir la tinaja para ver qué había dentro. Al abrirlo, escaparon de su interior todos los males del mundo. Comprendiendo el grave error cometido, rápidamente cerró el recipiente, pero ya era demasiado tarde: todos los males ya habían sido liberados. Solo uno permaneció en el fondo: Elpis, el espíritu de la esperanza. Los mitos indican que el trabajo es delicado, se va a enfrentar a sufrimiento, y debe hacerse con cuidado.

Cuando un sujeto avanza en su integración personal, en su individuación, tiene un yo suficientemente fuerte, puede soportar tener un sueño en estado de conciencia de vigilia sin creer que está loco o alucinando y aprender algo del mismo. Como suelo decir existir con la conciencia desarrollada en su complejidad es un arte creativo y delicado. Hay una sentencia china que dice: “Si un hombre solo y sentado en su cuarto piensa los rectos pensamientos, éstos serán escuchados a mil millas de distancia”. La señalo para enfatizar la dificultad de aceptar una responsabilidad ética que va más allá de la moral heterónoma en la que muchos sujetos están atrapados. La conciencia integrada funciona con una ética autónoma que asume su responsabilidad como sujeto en el “orden” cósmico.

Confrontar el mal

Abraham Maslow acuñó la expresión «complejo de Jonás» (en alusión al pasaje bíblico en el que Dios encomendó a Jonás que hiciese llegar su mensaje a Nínive, lugar donde reinaba el mal, y este huyó no creyéndose capaz de hacerlo. Entonces Dios le envió una ballena que se lo tragaría por 3 días y 3 noches. Después de ese lapso, la ballena lo vomitó y Jonás aceptó el destino para el que había sido escogido y llevó su mensaje a Nínive) describiendo aquel fenómeno por el cual tememos a lo mejor de nuestra interioridad: a nuestras máximas posibilidades, a nuestras cualidades más bellas, a nuestros talentos; nos asusta llegar a ser aquello que vislumbramos en nuestros mejores momentos.

La tarea encomendada: “confrontar el mal» es crucial en la individuación. Ante ella Jonás huye. La función trascendente, propuesta por Jung, empuja a su realización. En la historia de Jonás se cuenta como un mandato de Dios. Muchos empujes del Si-mismo se experimentan como algo trascendente numinoso que se interpreta religiosamente. Nadie puede escapar a esa tarea, pero pocos se sienten preparados. Desconfianza de la capacidad, miedo a la aniquilación por el mal o a ser poseído por el mismo. Sin resolver la tarea el sujeto no sale de una participación mística que escinde el bien y el mal, considerándolos antagónicos y refugiándose en seguir los parámetros que marca lo que es un buen actuar desde una moral heterónoma. Así uno no es bueno sino beato y posible candidato a juzgar y condenar a muerte a los transgresores de la moral imperante. La tarea requiere sacrificio, enfrentar miedos, abandonar seguridades aparentes que castran, elaborar la propia neurosis, fortalecer el yo que se torna más humilde cuanto más fuerte. Mas conectado con las dimensiones arquetípicas. Más complejo, integrado en los ciclos de la naturaleza sintiéndose participe de los mismos y comprendiendo la necesidad de acciones de colaboración activa para mantenerlos vivos. Sin miedo a destruir lo que los destruye. Filosofar a martillazos… Pues integrar bien y mal implica experimentar que son dos aspectos para la conciencia humana. Uno puede ser juzgado como malo desde una óptica estrecha de moral heterónoma, pero siendo consciente de los riesgos y protegiéndose, actuará si es necesario ya que su funcionamiento será el de un sujeto con moral autónoma, que es lo más cercano a la ética del individuo humano. El trabajo esencial se cumple en el silencio y fructifica en la mente de unos pocos. Es difícil llegar a rasgos de la vida integrada, como describe Washburn, como son: transparencia e intimidad yo-tu; contemplación madura (éntasis); cognición terciaria; beatitud; encarnación del espíritu en el cuerpo. La mayoría de los sujetos humanos ni siquiera han evolucionado del estadio evolutivo de pensamiento concreto mágico, aunque a veces tengan atisbos de uso de pensamiento lógico formal.

Vivir es experimentar periodos de muertes y resurrecciones

Todo sujeto humano puede llegar a tener conciencia de que vivir significa experimentar periodos de muertes y resurrecciones. Morimos a la infancia para ser adultos, se mueren las relaciones con los padres para ser adultos,.. Morir significa dejar de funcionar como niño o hijo, pero ser adulto no implica abandonar valores de la infancia: ser espontáneo, investigador, explorador,… Esos ciclos de muerte-renacimiento que incorporan los valores previos a un estado nuevo diferente y más complejo, dejan una convicción profunda de que vivir es una línea de desarrollo que implica varias muertes previas (son muertes simbólicas, pero no la real) y que eso es lo que permite un desarrollo de la conciencia, como una unidad que trasciende ciclos de existencia y la propia materia espacio temporal, la muerte entonces es solo un pasaje doloroso y necesario para vivir y desplegar la conciencia, un rito iniciático. ¿Pero esta convicción se puede extrapolar al momento posterior de la muerte física? ¿No se aferran más a la convicción quienes realmente no han hecho duelos y siguen siendo niños aún con 90 años? ¿La negación del duelo de la pérdida del cuerpo no puede ser la base del deseo de la resurrección de la carne propugnado por alguna religión para la recomposición real del sujeto pues mientras esté sin cuerpo no es completo?

En el trabajo psicoterapéutico muchas personas descubren el sentido defensivo de estas ideas y se constata como los duelos no resueltos, se proyectan en otros sujetos futuros o en las fantasías de construcción de un mundo ideal, como mecanismo de defensa, que es una negación y huida del sufrimiento del dolor, y es un freno al desarrollo de la conciencia. Una muerte sin elaboración del duelo de lo que se deja: la res extensa, las relaciones, el cuerpo, puede ser dulce si se recurre a explicaciones sobre mundos ideales como el cielo, puede ser ansiolítico… Pero resulta extraño que un acto final de la vida no se aproveche para seguir desarrollando la conciencia, aunque esta termine o se disuelva. Incluso con la hipótesis de una vida posterior lo que se pueda vivir será más digno si se ha hecho el duelo. Ese duelo puede requerir compañía para elaborarse pues la relación es un potencializador alquímico de las transformaciones necesarias en el proceso. Explorar los asuntos inacabados del alma. El acompañamiento puede incluso seguir unos días tras la muerte pues hay fenómenos no ordinarios que apuntan a persistencia da la conciencia tras la muerte en un lapso temporal (Fases del tránsito. Estados de Bardo).  El trabajo es individual del muriente, por mucho que se le pueda acompañar su trabajo lo hace solo. Nacemos solos y morimos solos, pues el nacimiento y la muerte de cada ser es un proceso único e irrepetible. . Pero pasado un tiempo cesan los fenómenos y sólo se puede esperar que el trabajo haya sido útil, y no se puede saber que ha pasado finalmente con la conciencia. Si hay algo se sabrá más tarde cuando se esté en esa fase del tránsito.

¿Respuestas a preguntas?

Si hay algo más allá de la muerte se sabrá más tarde cuando se esté en esa fase del tránsito.

¿Pero realmente te importa saberlo YA? Respóndete a esta pregunta con calma y dedicación y quizás puedas, en el proceso de respuesta, descubrir fantasías, angustias, proyecciones que tienen que ver contigo y que te limitan para vivir tu vida.

Respóndete también a esta pregunta: ¿Realmente has decidido vivir o solo sigues la corriente de la vida? ¡Pocos se la han hecho y menos tienen una respuesta clara, pero de tenerla las cosas cambian!

No podemos obviar la acción político ecológica necesaria para la transformación de las cosas. El ofuscamiento del entendimiento de la realidad sobre la estrecha conexión del individuo con su entorno, de la interdependencia entre todos los seres y de la unidad entre el sujeto con la vida cósmica y todos los entes vivientes del universo, es reflejo de una profunda ignorancia (pasiva o consciente), condición en que la persona está privada de la visión de que cada uno es un componente de la vida misma, que posee infinitas posibilidades. El sujeto, bajo la ignorancia, tiende a buscar su realización en la posesión material, el poder,… con una codicia impulsiva, descontrolada y frustrante centrada en la satisfacción de unos deseos compensadores de las carencias, y convierte las relaciones con los otros seres animados e inanimados en un campo de batalla, dominio y odio. El sistema somete con la ignorancia, esclaviza generando deseos compensatorios y miedo, seduce con la búsqueda del principio del placer individual, la búsqueda del éxito y la gratificación personal, y asegura resolver todos los problemas de los sujetos si se le delega el poder y se acepta su autoridad. El estado del nivel de estancamiento de la conciencia tiene que ver con los intereses estratégicos políticos. La decisión de cambio, aún individual, es un ejercicio político en si mismo, los cambios cuantitativos, aún pequeños van propiciando un salto cualitativo, una función de onda cuántica que reorganiza un estado de caos previo en un nuevo orden más complejo y estructurado. Participar en debates, compartir experiencias, participar en movimientos sociales que propician el derecho a la muerte digna, contribuye al cambio necesario. Informarse enterarse….

¡Ni se puede estar sometido al estado ni poner velas o rezos para que Gaia reaccione y resuelva el calentamiento global!

«Y como no hay ningún camino que regrese avancé sobre las aguas negras por el corazón de la noche» (Final de «Sueño de flautas» de Hermann Hesse).  http://www.cuentosinfin.com/sueno-de-flautas/

Derecho a Morir Dignamente (DMD) es una asociación federal española que promueve el derecho de toda persona a disponer con libertad de su cuerpo y de su vida, y a elegir libre y legalmente el momento y los medios para finalizarla, y defender el derecho de los enfermos terminales e irreversibles a, llegado el momento, morir pacíficamente y sin sufrimientos, si éste es su deseo expreso Asociación del derecho a morir dignamente http://www.eutanasia.ws/    http://blog.afdmd.org/

El Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha aceptado a trámite la denuncia interpuesta por la Asociación Madrileña de Ateos y Librepensadores (AMAL) http://ateosdemadrid.org/  que aboga por la ilegalidad del currículo de la asignatura de Religión.

Tanto la semilla intacta
como la que rompe su cáscara
tienen las mismas propiedades.
Sin embargo, sólo la que rompe su cáscara
es capaz de lanzarse a la aventura de la vida.
Esta aventura requiere una única osadía:
descubrir que no se puede vivir
a través de la experiencia de los otros,
y estar dispuesto a entregarse.
No se puede tener los ojos de uno,
los oídos de otro, para saber de antemano
lo que va a ocurrir;
cada existencia es diferente de la otra.
No importa lo que me espera,
yo deseo estar con el corazón abierto para recibir.
Que yo no tenga miedo de poner mi brazo
en el hombro de alguien, ni aunque me lo corten.
Que yo no tema hacer algo que nadie hizo antes,
ni aunque que me hieran.
Déjenme ser tonto hoy,
porque la tontería es todo lo que tengo
para dar esta mañana;
me pueden reprender por eso,
pero no tiene
importancia.
Mañana, quien sabe, seré menos tonto.
(O tal vez no.)
Gibran Khalil Gibran

Debate sobre el “complejo de Jonás”

Debate sobre el “complejo de Jonás”

Abraham Maslow acuñó la expresión «complejo de Jonás” . Aquí debato sobre este concepto pues en ocasiones se interpreta de un modo muy light, banalizando su complejidad y proponiendo «abandonar», como si resultará una nimiedad, la estructura defensiva que lo mantiene y obviando el análisis de su origen. Usaré los conceptos en su acepción junguiana.

Mikel García Garcia 18 diciembre 2015

Panteamiento del debate

Abraham Maslow acuñó la expresión «complejo de Jonás” describiendo aquel fenómeno por el cual tememos a lo mejor de nuestra interioridad: a nuestras máximas posibilidades, a nuestras cualidades más bellas, a nuestros talentos; nos asusta llegar a ser aquello que vislumbramos en nuestros mejores momentos.

Maslow se basó en el pasaje bíblico en el que Dios encomendó a Jonás que hiciese llegar su mensaje a Nínive, lugar donde reinaba el mal, y este huyó no creyéndose capaz de hacerlo. Entonces Dios le envió una ballena que se lo tragaría por 3 días y 3 noches. Después de ese lapso, la ballena lo vomitó y Jonás aceptó el destino para el que había sido escogido y llevó su mensaje a Nínive.

Aquí debato sobre este concepto pues en ocasiones se interpreta de un modo muy light, banalizando su complejidad y proponiendo «abandonar», como si resultará una nimiedad, la estructura defensiva que lo mantiene y obviando el análisis de su origen. Usaré los conceptos en su acepción junguiana.

El grado de complejo que atrapa a la persona puede ser mayor o menor intensidad: la persona se autolimita, se restringe, como si huyera del destino que estaría, más idóneamente, en condiciones de cumplir. Puede ver sus dones como una amenaza, y en vez de desplegarlos, los reprime. Con ello, reprime su más genuina identidad, su esencia, generándose a sí misma una tristeza muy característica que tiene, en verdad, cierto sabor a autotraición. Experimenta nostalgia del «sí mismo» que está amordazado.

El Complejo de Jonás, como todo complejo, se estructura en la interface de las presiones del inconsciente colectivo y las relaciones objetivas del sujeto con sus personajes cercanos en la crianza. El infante encuentra el personaje que percibe va a ser aceptado por sus adultos y rechaza, relegando a «la sombra» lo que le crearía problemas para ser «mínimamente amado y aceptado». En la sombra hay tanto lo negativo como lo positivo. Por eso el trabajo de integrar la sombra despliega potencialidades latentes. Pero es un trabajo iniciático, duro, de enfrentarse con lo rechazado y con los represores interiorizados. En el complejo de Jonás aparecen también, entre otras cosas, rasgos masoquistas de autoboicot,… La alusión a la ballena indica la existencia de un complejo materno atrapante que hay que traspasar, estando en él un tiempo suficiente, tres ciclos de noche y día, para elaborarlo. En un proceso terapéutico elaborar un complejo requiere profundizar en sus raíces, regredir, sufrir, reexperienciarlo, mantener la tensión, pasar por las fases alquímicas: nigredo,….

Es muy simple pensar que basta hablar de ello, mencionarlo, para superarlo, además del componente superyoico que interoduce en la dinámica del sujeto «ya lo sabes, ahora deja el complejo».

Es una expresión sádica, decir a alguien «lo que te pasa te lo has generado, ya lo sabes y si sigues en ello es porque quieres». Esto se aplica sea al complejo Jonás, a un cáncer,.. Y no es inocuo, genera indefensión, sentimientos de culpa,.. Y agrava el problema.

He tratado personas culpabilizadas por estar enfermas, presionadas por comunidades espirituales, víctimas del pensamiento simple, sádico y alienado que impera en nuestras sociedades.

Lo complejo es precisamente eso COMPLEJO y requiere una escucha abierta, amplificadora, analítica… de interiorización, hacia la individuación que integra el yo con el sí-mismo, el bien y el mal,.. Todas son facetas necesarias de existir y experimentar en el despliegue de la conciencia humana.

Reflexión sobre la tarea encomendada por dios a Jonás.

Al definir el Complejo de Jonás solo se aborda la superficie: no creerse sus potencialidades. Eso focaliza la atención e impide hablar sobre el fondo de la tarea encomendada: “confrontar el mal».

Confrontado a ella Jonás huye. Esta tarea es crucial en la individuación. La función trascendente, propuesta por Jung, empuja a su realización. Muchos empujes del Si-mismo se experimentan como algo trascendente numinoso que se interpreta religiosamente según los esquemas culturales.

Nadie puede escapar a esa tarea, pero pocos se sienten preparados. Desconfianza de la capacidad, miedo a la aniquilación por el mal o a ser poseído por el mismo. Sin resolver esta tarea el sujeto no sale de una participación mística que escinde el bien y el mal, considerándolos antagónicos y refugiándose en seguir -abrazándose a ellos como clavo ardiente-  los parámetros que marca lo que es un buen actuar desde una moral heterónoma. En esta tesitura uno no es bueno sino beato y posible candidato a juzgar y condenar a muerte a los transgresores de la moral imperante.

La tarea requiere sacrificio, enfrentar miedos, abandonar “seguridades aparentes” que castran, elaborar la propia neurosis, fortalecer el yo que se torna más humilde cuanto más fuerte, más conectado con las dimensiones arquetípicas. Un yo más complejo, integrado en los ciclos de la naturaleza sintiéndose participe de los mismos y comprendiendo la necesidad de acciones de colaboración activa para mantenerlos vivos. Sin miedo a destruir lo que los destruye. Filosofar a martillazos…

Pues integrar bien y mal implica experimentar que son dos aspectos necesarios para la conciencia humana. Uno puede ser juzgado como malo desde una óptica estrecha de moral heterónoma, pero siendo consciente de los riesgos y protegiéndose, actuará si es necesario en contra de la corriente ya que su funcionamiento será el de un sujeto con moral autónoma, que es lo más cercano, que podemos imaginar, a la ética del individuo humano.

Y, si se quiere, y uno asume sus consecuencias, no solo se puede negar a cumplir el mandato de dios a Jonás sino hacerle ver a este que está profundamente escindido y que necesita integrar su sombra, dejando en paz al hombre, sin exigirle que complete esa tarea suya. Mientras no lo haga no deja de interferir en el mundo de un modo negativo. ¿No era dios quien tenía que enfrentarse al mal de Nínive sin delegar a Jonás, ni usarlo como emisario de su poder?

Dios trató de reparar su pecado original enviando a su hijo a morir en la cruz, lo cual no resolvió el origen del error sino que introdujo otros inputs que aún se lo ponen más difícil al hombre, incrementando la confusión y reificación, solo cito alguno de ellos:

-La culpa del hombre solo la puede redimir dios (aunque para ello se haga hombre). El pecado original de Adán, fue inducido por Eva, seducida por el diablo (la sombra de dios).

Corolarios:

  1. Uno no puede redimir sus culpas, hay otros que lo pueden hacer por uno. ¡Cuántos trabajos de constelaciones familiares mezclan cristianismo y reencarnación! Pueden llegar a decir “… ahora sabemos que tu asma era consecuencia de que tu tatarabuelo mató a su criada y su crimen fue ocultado por la familia y quedó sin castigo en la tierra. Tú lo estás redimiendo y ahora él ha sido liberado de la culpa y tú te vas a curar del asma”
  2. Si Cristo ha sufrido tanto por ti, para redimirte, ¿Qué derecho tienes a desear una muerte sin dolor? ¡Se valiente, afronta el dolor y este lavará tus culpas! ¡Si no puedes no pasa nada, ya sabemos que eres imperfecto! ¡Que resistencia tienen los cristianos familiares y sanitarios, a empatizar con el muriente, aunque, a regañadientes han aceptado dulcificar su estado, por la presión social! No digamos la negativa a cualquier acción que se aproxime a una eutanasia: ¡la vida es de dios!

-Otra forma, secundaria, es la identificación del hombre con el amor de Cristo. ¡El amor redime! Sobre todo se les enseña a las mujeres a redimir a la bestia, y esperan, en su ideal del yo, ser capaces de perdonar al maltratador como prueba de amor que finalmente logrará que la bestia la trate bien y se cure de su brutalidad.

¿Qué es el mal?

Es frecuente aproximarnos mediante una definición negativa: la ausencia de bien o la inclinación a no hacer el bien. Pero entonces no encontramos con otro problema ¿Qué es el bien?

Ambos polos opuestos pueden ser idealizados, investidos y cargados de proyecciones, de necesidades… Se vive, como un caos, esa relación antitética que solo parece puede ser resulta con el predomino de uno de los dos polos sobre el otro.

Sin embargo Dios y el Diablo, personificaciones culturales de ese par antitético, están unidos en una colusión narcisista. Continuando con los relatos bíblicos, en el pasaje de las tentaciones de Job, se describe un desafío entre ambos. Usan a Job como prueba de su poder. Dios permite al diablo que vaya martirizando a Job para demostrar que este no perderá la fe. Gana Dios, pero ¿era necesaria esa tortura? Quizás Job la pudo soportar, pero muchos hijos (de padres que triangulan sus peleas con los hijos) sucumben, y se quedan atrapados en uno u otro de los progenitores. De hecho Job quedó atrapado en el lado de Dios.

El diablo por muy temible que sea no es más que una pequeña aproximación al Mal, pues es casi humano, es reconocible y representable, hace los mismos juegos de poder que los humanos, y como muchos hombres entra en pánico al contemplar los genitales femeninos que le muestra una mujer que no tiene miedo (cuadro de la edad media)..

¿Hay otros niveles del Mal? Si. Lo no representable, aquello que sentimos fuera de cualquier connotación objetal. Aquello que te mira sin deseo y para lo cual tú no entras en ningún tipo de valoración pues no eres nada.

Soportar esa experiencia del mal es muy difícil. ¡Es terrible!

La pareja colusionada de dios-diablo (pareja combinada), es un mal tolerable,…Más fácilmente son soportables dios o el diablo solo, cada uno por su parte, como luz y sombra uno del otro.

Es necesario salirse de esa colusión narcisista y de devolver a dios la parte que le corresponde de trabajo con su sombra.

¡Lo mismo que salirse de la colusión narcisista cuando los hijos son abocados a hacer las tareas no resultas de los padres!

Nicolás von der Flúe santo suizo que vivió en el siglo XV y tuvo una visión de la cara enojada de Dios ¡tan terrible que le afectó profundamente!, contemplar su propio rostro desde ese momento fue aterrador. ¿Significaría que el poder y la mente de Dios están escindidas del corazón de Dios y de los instintos de la naturaleza?

La tradición cristiana obliga a vivir bajo un solo punto de vista: lo que hace sentir bien es sentir que se es bueno, rechazando aspectos instintivos que se consideran negativos y, por extensión, hay que rechazar el Mal. Si “somos malos”, pero hacemos un acto de contrición todo queda perdonado. Esta es una defensa para no elaborar la culpa, que es la condición para asumir la propia responsabilidad.

Para que sea posible la evolución, no se puede vivir de acuerdo solamente a uno de los polos opuestos, vivir de manera unilateral, pues así se mantiene una psique sin energía. La energía psíquica se genera en el conflicto entre tendencias opuestas. El Árbol del Bien y del Mal, contiene los opuestos, representa el árbol del conocimiento, no es posible conocer algo en profundidad, sin conocer la existencia de su opuesto. Cuando Adán, inspirado por su parte femenina instintiva, decide comer su fruto, abre el camino a la posibilidad de una nueva existencia.

Al ser arrojado del paraíso, el hombre y la mujer  van a tener que sufrir y vivir de su propio esfuerzo, ¡cierto! La tensión en la confrontación con lo diferente en el proceso de maduración es constante. El reconocimiento y la aceptación de aspectos en uno mismo, conlleva sufrimiento.

Por lo tanto para hacer bien hay que hacer mal, como para construir primero hay que destruir. La materia orgánica se organizó seguramente de un colapso del estado caótico previo. Hacer el mal sin justificación, como elección, es la condición para poder elegir de verdad en qué posición quedarte.

El mal sin objeto va más allá. Lo anterior no es nada comparado con eso. El encuentro interno con el mal conlleva el terror a la locura, y el miedo todavía más aterrador, a ser poseído por las fuerzas obscuras. Quienes padecen un encuentro así, no desean confiárselo a nadie, situación que redunda en beneficio de los poderes obscuros que siempre se esfuerzan por mantenerse ocultos.

Jung habla del dios obscuro que quiere encarnarse: esto puede significar la aceptación de acciones ‘malas’, incluso espantosas, que la vida nos invita a cometer en aras de un propósito mayor. Solamente podría ser válido para la vida si la acción, rechazable desde una moralidad prevalente, se produce en consonancia con el Self, no con el ego. Esto generará al sujeto un sufrimiento real, al renunciar al ideal de una conciencia pura, en una interacción exigente entre el bien y el mal. El requisito de veracidad es que el sujeto de la acción sufra en su propia alma, sin dejarse vencer por la culpa, pues esta mantendría al sujeto paralizado y en la inercia de la negación de la vida, o podría llevarle a la autocompasión o ser causa de una inflación negativa.

Donald Meltzer también ha hecho una aproximación psicoanalítica al Mal.

Centrándome en, lo más digerible de, la discusión sobre Jonás.

Empezaré con esta cita de Jung en Recuerdos, sueños, pensamientos   Pág. 206

..Entonces se repitió una fantasía terrible: allí había algo muerto que todavía vivía. Por ejemplo, se llevaban cadáveres a crematorios y entonces se observaba que todavía vivían. Estas fantasías se agudizaron y se confundieron en un sueño:

Estaba en un lugar que me recordaba los Alyscamps junto a Arles. Allí se encuentra una avenida de sarcófagos que se remontan hasta la época de los merovingios. En el sueño, salía yo de la ciudad y veía ante mí una avenida parecida, con una larga hilera de tumbas. Se trataba de pedestales cubiertos de losas, sobre los cuales estaban los muertos de cuerpo presente. Yacían vistiendo antiguos sepulcrales los caballeros en sus armaduras, pero con la diferencia de que los muertos de mi sueño no estaban esculpidos en piedra, sino momificados de un modo extraño.

Me detuve ante la primera tumba y observé al muerto. Era un hombre de los años treinta del siglo XIX. Con interés contemplé sus vestiduras. De repente se movió y volvió a la vida. Separó sus manos y supe que ello sucedía, sólo porque yo lo estaba mirando. Con una sensación desagradable proseguí mi camino y llegué ante otro muerto que pertenecía al siglo XVIII. Sucedió lo mismo: cuando lo miré, volvió a la vida y movió las manos. Así fui recorriendo toda la hilera hasta que llegué, por así decirlo, al siglo XII, a un cruzado en cota de mallas, que también yacía con las manos juntas. Su semblante parecía tallado en madera. Le contemplé largamente, convencido de que estaba realmente muerto. Pero de pronto ví que un dedo de la mano izquierda comenzaba lentamente a moverse.

El sueño me preocupó durante mucho tiempo. Naturalmente había aceptado anteriormente la idea de Freud de que en el inconsciente se hallan reliquias de antiguas experiencias. Sueños como éste y la auténtica vivencia del inconsciente me llevaron a la opinión de que estos restos no son, sin embargo, formas muertas, sino que forman parte de la psiquis viva. Mis posteriores investigaciones confirmaron esta hipótesis y en el transcurso de los años surgió de ella la teoría de los arquetipos.

La finalidad de la cita es hacer hincapié en la necesidad del eje Sí-Mismo -yo, para la individuación. En la cita está claro que el yo despierta la vida del arquetipo al mirarlo con cierto temor, curiosidad e incluso desagrado. Jung, más delante, otorga a “la función trascendente” una fuerza motriz que tiende a integrar los dos polos. Esa puede expresarse mediante la compensación de una actitud unilateral de la conciencia haciendo que el inconciente presente una información del otro polo, en sueños, en sincronías….

La historia de Jonás, como otras de la biblia puede leerse desde varias perspectivas.

1.- La pedagógica literal que transmite y refuerza el mensaje que también está en otras partes de la biblia, como Job, Abraham…: Tienes que obedecer a Dios, él es bueno a pesar de que actúe de modo despiadado o tiránico, sabe lo que hace, y plegarte a sus designios, aunque no los entiendas, porque te resultará finalmente beneficioso. Si te resistes no te dejará en paz y sufrirás.

En el caso de Jonás la particularidad es predicar la destrucción de Nínive por el mal que reina en la ciudad.

¿Qué hace Jonás? No acepta el mandato. Se escapa (más adelante se excusa diciendo que no creía que Dios fuese a destruir pues ¡es bueno!). Se pliega al deseo de Dios tras la ballena. Se identifica con el mensaje hasta el punto de que cuando Dios perdona a Nínive se enfada con él y, además, pide la muerte antes de seguir vivo con esa afrenta.

¿Qué hace Dios? Le ordena. Lo castiga si no obedece y, hasta el extremo de que lo hace también cuando Jonás se enoja al sentirse engañado. Parece que dios le está enseñando algo: cuando hay arrepentimiento, es posible el perdón y la compasión.

2.- Una psicoanalítica. El superyó somete al yo, que se pliega masoquísticamente, y se defiende de la angustia incorporando al “yo ideal” el mensaje del superyó. Mediante esa defensa el yo es más fanático que el superyó original. Si el superyó le increpa por el fanatismo, no le queda al yo más que desear morir. Eso lo vemos en la dinámica de las relaciones padres (dioses) e hijos.

1 y 2, convergen en una explicación del fanatismo como consecuencia del sometimiento para no perder el amor o para sobrevivir. El fanático puede llegar a matar o aplaudir la represión, del distinto, del que no cumple la ley, del disidente, pues estos denuncian que ante la ley uno puede rebelarse y eso no es tolerable para el fanático pues le pone en crisis al mostrar su actitud como una defensa (brujas quemadas en la hoguera por la inquisición, chivos expiatorios…).

3.- La junguiana que también participa de una mitología común, del axis mundi, que está representado por el eje Sí-Mismo -yo, como árbol que conecta la tierra (historia, inconciente colectivo) y el alma (conciencia).

La junguiana va un poco más allá ya que contempla las anteriores (1 y 2) como verdades parciales.

El inconciente es mitológico, y algunos de sus contenidos están cargados de valores cósmicos, que reflejan las modalidades, los procesos y los destinos de la vida y de la materia viva. Se puede decir incluso que el único contacto real del hombre con la sacralidad cósmica se efectúa por el inconciente, ya se trate de sus sueños y de su vida imaginativa, ya de las creaciones que surgen del inconciente, (poesía, juegos, etc. etc.)’

El mito es el relato que nos hacemos, con nuestra capacidad simbólica, de un valor de la materia viva de los antecesores humanos que ha dejado una impronta cósmica. Tenemos una capacidad simbólica en los márgenes que permite nuestro desarrollo biológico (cerebro y otros órganos).

En la mitología babilónica Marduk ordena a Ea que cree al hombre, quien tendrá por tarea servir a los dioses para que éstos puedan descansar. Muchas serán las religiones que ‘aparecerán’ después de la ‘desaparición’ de los dioses, algunos de éstos matados por el hombre, vacío que es inmediatamente ocupado por otras figuras religiosas: La ciencia, la política…

Sin embargo la divinidad sobrevive en los arquetipos, y en ritos mediante los cuales se reactualiza, no se olvida jamás.

El hombre continúa la creación, pero necesita aprender, y ser enseñado.

Para el filósofo cultural alemán Jean Gebser que conoció y se hizo amigo del Psicólogo C.G. Jung, en la estructura integral de la conciencia, el origen se hace perceptible, lo espiritual se “concretiza” y la “luz no creada” se manifiesta.

 

El mito de Jonás, en lectura junguiana.

La función transcendente presenta en la conciencia la tarea de integrar el mal (un sueño en el que dios manda, una crisis personal o cualquier otra manifestación…), el sujeto afronta la tarea confrontando su sombra (que contiene “lo malo” rechazado), y lo hace según sus complejos, que ponen en marcha escapismos. Jonás con justificación (defensa neurótica) y seducción masoquista. Pero la tarea retornará complicando la existencia, incluso generando sincronías negativas (tormentas que pueden aniquilar al sujeto y a otros). Son sincronías porque el sujeto las reconoce relacionadas con el trabajo que no hace y del que se escapa. La evolución de Jonás no es hacia la individuación. Se defiende de integrar la sombra, el mal, con sus complejos. El arquetipo no es aprovechado Jonás acaba deseando morir, no ha aprendido a integrar su sombra y trascender el mal.

¿Por qué?

Seguramente porque tiene demasiados complejos: materno, paterno… y el paso por la nigredo o “noche oscura del alma” (ballena) no le sirve para un trabajo alquímico…

¡Necesita psicoterapia para elaborar el proceso!

Corolarios

Corolarios

Conviene hacer hincapié en que uno de los factores explicativos de sus complejos es la influencia que la posición 1 ha tenido sobre su desarrollo, pues la religión organizada contribuye, de varias formas, en el frenazo a la individuación.

Esta afirmación contradice las lecturas simplistas que afirman que el poder del arquetipo es suficiente para forzar al desarrollo y trascender las resistencias.

También desmonta la literalidad de considerar que el destino del hombre es descubrir y realizar lo que el Sí-Mismo le encomienda como tarea.

A veces se usa así la acepción “Deo Concedente” en el sentido de considerar que la individuación no la hace el sujeto sino que le acontece, poniendo énfasis en que lo importante es dejarse llevar por el Si-Mismo.

Sin embargo Jung tiene otra consideración como en el sueño referido al principio.

Según Paracelso la fuerza de la acción del astro en el hombre es la imaginatio, por la que fluye la influencia del «hombre interior superior», del Antrhopos, que es el Sí-Mismo de la psicología junguiana… «Nada hay en el hombre que no le sea dado por la luz de la naturaleza y lo que está en la luz de la naturaleza es obra del astro». La «lumen naturae», como ‘sapientia’ y ‘scientia’, es, en la alquimia paracélsica, la quinta essentia y yace «en nuestro corazón». Tal luz consiste en una especie de «captación intuitiva de las circunstancias, una forma de iluminación», estima Jung.

El Antrophos cobra vida cuando el yo lo mira.

Para finalizar el eje Si-Mismo – yo, hace manifiesto que la integración es de un orden superior a los componentes del sistema. No presupone que uno u otro polo son más importantes

El hombre interno superior, necesita ser iluminado por la conciencia, lo que cambia a ambas partes. Ambas crecen, los arquetipos cambian y la información del inconsciente colectivo se hace más saludable.

 

 

Mikel Garcia Garcia