Judith

La decapitación de Holofernes por Judith ha sido objeto de plasmación en multitud de obras de arte a lo largo de los tiempos. La feminidad sexualizada o erotizada de Judith es de interés para muchos artistas y tratadistas, especialmente por su combinación problemática con la violencia masculinina (interpretada como «castradora») y por su relativa ambigüedad moral (es una heroína propuesta como modelo de comportamiento, aunque obtiene su victoria con sus «armas de mujer» a través del engaño, aprovechando los vicios del enemigo en contra de éste). Judith es una de las «mujeres virtuosas» que Van Beverwijck menciona en su apología de la superioridad de la mujer sobre el hombre (1639).
La importancia no está en lo heroico del personaje de Judith, sino en la tensión concentrada y fuerza racional de una mujer que decapita sin alterarse en lo más mínimo.

Se relata que el rey de Babilonia Nabucodonosor envió a Holofernes a vengarse de las naciones del oeste que habían evitado ayudar a su reino. El general puso sitio a Betulia y la ciudad casi se rinde. Fue salvada por Judith, una bella viuda judía que se introdujo en el campamento de asedio de Holofernes, compartió banquete con él y lo embriagó. Judith lo decapitó mientras dormía. Según relata la Biblia, ella regresó a Betulia con la cabeza del decapitado y los judíos vencieron al enemigo.