Alucinación

Percepción sin objeto. Se clasifica según el canal sensorial en el que se presenta: visual, auditiva, olfatoria, gustativa o táctil; junto a las percepciones táctiles se consideran, además, las relativas al estado del propio cuerpo. En ocasiones se confunde la alucinación con la hiperestesia (condición en la que se percibe de manera intensa o muy viva). Las ilusiones son deformaciones perceptivas en las que el deseo o el estado emocional afecta al modo de captar un objeto o una persona. Lo alucinado visualmente tiene distinto valor según las culturas. Asi, la tradición occidental las considera generalmente vinculadas a la ingestión o privación de sustancias psicoactivas incluyendo el alcohol, mientras que en las llamadas «culturas preliterarias» lo visual concreto es más relevante que lo auditivo abstracto. A lo largo del tiempo, la humanidad ha sido capaz de orientarse pasando de lo concreto a lo abstracto como punto de referencia. El momento histórico a partir del cual lo abstracto auditivo va tomando prioridad sobre lo concreto visual se sitúa en la Grecia clásica. La búsqueda de visiones ha sido una forma analógica (no lógica) de buscar conocimiento en la tradición chamánica. Normalmente, suele ser solitaria y en contacto con la naturaleza, aunque también puede facilitarse con el uso ritual de distintas sustancias llamadas enteógenas de cuyo estudio científico se encarga la Enteobotánica, rama de la Etnobotánica. Una alucinación es una percepción que no corresponde a ningún estímulo físico externo. Sin embargo, la persona siente esa percepción como real. Es un fenómeno en el que una realidad completamente convincente envuelve a una persona, con sus ojos abiertos, una realidad que solamente esa persona puede experimentar e interactuar con ella. Es una pseudo-percepción dada la ausencia de un estímulo externo. En ese sentido es distinta de la ilusión, que es una percepción distorsionada de un estímulo externo efectivamente existente. Las alucinaciones pueden ocurrir en cualquier modalidad sensorial – visual, auditiva, olfativa, gustativa, táctil, proprioceptiva, equilibrioceptiva, nociceptiva, termoceptiva o varias mezcladas. La alucinación como experiencia es de interés para varias ciencias tales como la psiquiatría, la neurología y la psicología. Como tal la alucinación es una palabra recurrentemente mencionada en trastornos tales como algunas variantes de esquizofrenia y la epilepsia, aunque técnicamente aparece también mencionada en experiencias místico-religiosas, y así también como parte del consumo de drogas y estupefacientes al igual que la presencia de cáncer y también en los trastornos del sueño. Hay estudios que muestran que las experiencias alucinatorias son comunes en la población general. Se piensa que es de particular importancia el neurotransmisor dopamina en estas disfunciones. A veces el cerebro construye sensaciones erróneas cuando no debería hacer nada. Por ejemplo, algunas personas que tienen un defecto en la retina, por enfermedad o accidente, empiezan a ver objetos dentro de esa zona físicamente ciega llamada escotoma. Esto es así porque al no haber señal desde la retina, el cerebro se halla ante el dilema de borrar la zona visual dañada o empezar a rellenarla de forma impredecible. Otro ejemplo de alucinación se da en el caso de miembros amputados en los que el paciente empieza a experimentar miembros fantasmas: los sigue sintiendo a pesar de que ya no los tiene. Esto es así por la misma razón que el escotoma: el cerebro se halla ante el dilema de “amputar” funcionalmente el área del cerebro encargada del miembro amputado o rellenarlo de forma imprevisible. Por lo general las alucinaciones no se analizan como un aspecto separado sino dentro de un cuadro más general de trastornos relacionados a estos episodios alucinatorios. Producir alucinaciones es una propiedad que se atribuye comúnmente a las drogas psiquedélicas, pero en la realidad es una experiencia prácticamente inexistente en el uso de dichas sustancias. En casi todas las experiencias psiquedélicas vividas por personas normales y sanas, se es consciente del entorno en el que se está. Las distorsiones visuales son frecuentes, pero nunca son confundidas con la realidad objetiva por el sujeto: la persona sabe que son distorsiones visuales y se las aprecia como tal.

Anorexia

Falta de apetito. Cuando es patológica se llama «anorexia nerviosa». Es un grave trastorno que incluso puede acabar con la vida. Incluye grave pérdida de peso junto con profundos problemas de autoirnagen y deficientes relaciones interpersonales, especialmente con la madre.

Apotemnofilia

El desorden de identidad de la integridad corporal o BIID (Body Integrity Identity Disorder) es una enfermedad que provoca en el individuo afectado un irresistible deseo por amputarse una o más extremidades sanas del cuerpo. Una persona que sufre de BIID desea tener amputadas una o más de sus extremidades. Este trastorno no debería confundirse con la acrotomofilia, que es el deseo sexual por alguien que ya tiene algún miembro amputado. Dentro de la comunidad BIID, los acrotomófilos son llamados «devotos». De todos modos, parece haber alguna relación entre los dos desórdenes, habiendo individuos que padecen ambos.

Aunque la definición oficial del «desorden de identidad de la integridad corporal» precisa que es sólo el deseo de amputación, el Dr. Michael B. First concuerda en que la enfermedad podría incluir la necesidad de otros impedimentos, como la paraplejía. Evidencia anecdótica demuestra que un gran porcentaje de personas con BIID necesita sufrir de distintas discapacidades. Para confirmar esto, el Dr. First comenzó un estudio en abril de 2007 como seguimiento a su investigación realizada para la quinta edición del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Si se descubre que la principal motivación de los pacientes con BIID es tener alguna discapacidad, este trastorno podría considerarse como una forma del síndrome de Munchausen.

En la actualidad, pocos cirujanos cumplirán los deseos de las personas con desorden de identidad de la integridad corporal. Algunos de éstos actúan como si fueran verdaderos amputados, usando prótesis y otras herramientas que ayudan a calmar sus ansias de invalidez. Otros, que realmente se han amputado algún miembro, han llamado a los medios de comunicación para conceder entrevistas telefónicas. En estos testimonios se narra cómo algunas personas han permitido, por ejemplo, que un tren pase sobre ellos, o que han dañado sus extremidades tan severamente que los médicos no tienen otra opción que cercenarlas. A menudo, la obsesión se centra en un sólo miembro. No obstante, el desorden de identidad de la integridad corporal no envuelve solamente la amputación. Se trata de alterar significativamente la integridad del cuerpo. Algunas personas sienten el deseo de convertirse en paralíticas, ciegas, sordas, o usar dispositivos ortopédicos. Otros fingen ser amputados al utilizar muletas y sillas de ruedas en la vía pública o en sus hogares.

Los enfermos con BIID se sienten incompletos con sus cuatro extremidades y se alivian después de la amputación. Saben exactamente qué parte de qué miembro debe ser cercenada para calmar su sufrimiento. El pedido más común es la amputación sobre la rodillade la pierna izquierda. Los enfermos sienten una profunda envidia hacia la gente amputada y perciben los síntomas antes mencionados como extraños y anormales. Se sienten solos con estos pensamientos y creen que nadie podría entender sus impulsos. Por lo general sienten vergüenza de sus ideas e intentan ocultarse del resto, incluso de los terapeutas y profesionales de la salud. Desde el psicoanálisis, una compulsión a dañarse el cuerpo o cercenarse una parte remite necesariamente a lo que se denomina como «castración», una operación fundamental por la que atraviesa todo sujeto y que se efectúa a nivel simbólico. La denegación de la castración simbólica es lo que marca el salto a lo real del cuerpo, por eso se trata en general de estructuras ligadas a la psicosis, en ocasiones a la perversión.

Cleptomanía

Fracaso recurrente en resistir los impulsos a robar objetos que no son de uso inmediato o que no tienen un especial valor monetario. Antes de cometer el acto el sujeto sufre una sensación progresiva de tensión y experimenta placer o alivio en el momento de cometer el robo, que se efectúa sin una planificación previa y sin ayuda o colaboración de otros. Estas acciones no se deben a un trastorno de conducta ni a un trastorno antisocial de la personalidad. De alguna manera son voluntarias, no son compulsiones racionalizadas ni trastornos psicóticos ni neuróticos obsesivo-compulsivos.

Confabulación (o fabulación)

Fabricación de hechos o acontecimientos relatados amena y detalladamente para llenar y cubrir lapsus de memoria en respuesta a preguntas sobre situaciones o acontecimientos. Se distingue de la mentira en que el individuo no parece tener consciencia de su engaño. Las fabulaciones pueden presentarse tras el abuso de sustancias, por ejemplo el alcohol o mezclas de drogas.