Ambientalismo

Es un término utilizado para indicar que todo lo que el organismo hace es reaccionar mecánicamente a las provocaciones del ambiente, de ahí el nombre. Quienes suscriben este punto de vista consideran al organismo en relación con su entorno, tanto físico como social, y suponen que todo lo que el individuo es y hace se debe al ambiente y no a la voluntad, estando regulado por factores externos, y no por factores o decisiones internas.

Consciencia

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define así el término “consciencia”: “Propiedad del espíritu humano de reconocerse en sus atributos esenciales y en todas las modificaciones que en sí mismo experimenta. Conocimiento exacto y reflexivo de las cosas”. “En estado normal, nuestra consciencia funciona de acuerdo a procesamientos dualistas y disyuntivos (o esto o aquello, o ahora o más tarde, o aquí o allá, o Ud. o yo), y el análisis tiene como finalidad frenar el funcionamiento dualista de nuestra mente entrenándola para realizar una integración no conflictiva de elementos opuestos (y aquí deberíamos remitirnos a la conocida y enriquecedora teoría de los holones, o del orden sistémico holístico, propuesta por A Koestler).El dialogismo es parte de la acción procesual que se da dentro de los niveles holorénicos de funcionamiento de la consciencia. Dicho de otro modo, la consciencia dialógica sería un estado estructuralmente similar al de la locura, pero controlado. Hay una segmentación de la mente en partes constituyentes y al mismo tiempo un observar global situado más allá de cada una de las partes. Así, un nivel de consciencia jerárquicamente superior (KOESTLER, 1983) al dualismo disyuntivo cotidiano lo constituye el dialogismo cognitivo, como concepto fundamental en todo lo relacionado con los espíritus, muertos, experiencias de sacralidad y trance, y excursiones psíquicas. De aquí que, como se ha expuesto anteriormente, para los shuar y otros muchos pueblos no occidentales, el mundo de los sueños nocturnos y la experiencia con enteógenos formen parte de un mismo ámbito de su realidad subjetiva; no hay diferencia, son estados mentales durante los cuales la propia mente se expresa y observa su propia expresión al unísono. La consciencia sigue un espectro ordenado de desarrolllo en cuatro niveles: mágico, imaginal, yoico-mental y analítico-integrativo. Este ordenamiento supone un movimiento de la consciencia desde la unidad del sujeto con su medio, en donde es escasa la diferenciación de éste con el marco natural que habita (consciencia mágica), hasta de total diferenciación, en donde aparecen profundas dicotomías como sujeto-objeto, mente-cuerpo, consciente-inconsciente, espíritu -materia (consciencia yoico-mental), pasando por una etapa intermedia definida por una cierta diferenciación pero que incluye lo paradójico y multiforme (consciencia imaginal) y por último, la posibilidad del desarrollo de una consciencia de integración, que desde la diferencia incluya los otros niveles de consciencia (consciencia analítico-integrativa).

Dilemas morales o éticos

Es frecuente que las personas se enfrenten con dilemas morales o éticos. El dilema se presenta cuando existe conflicto entre modos de acción. En algunos casos se identifica el dilema con la presencia de sólo dos modos de acción posibles y en el hecho de que cada uno de ellos requiere realizar una acción que resulta moralmente inaceptable. En otros casos se señala que el dilema se presenta entre lo correcto y lo bueno. Es decir que hacer lo que es moralmente correcto puede tener malas consecuencias y, viceversa, ejecutar una acción que es moralmente incorrecta podría tener buenas o mejores consecuencias que la acción anterior.En realidad, a veces se trata de tener que elegir entre dos males o, tal vez, entre dos bienes. Pero ¿cual sería el criterio para realizar la elección?. Hay tres cuestiones que deberían ser tenidas en cuenta al intentar resolver el dilema. La primera se refiere a la necesidad de identificar las obligaciones morales que tiene la persona implicada en el conflicto. La segunda requiere analizar el impacto de las eventuales acciones en los valores importantes del individuo. Finalmente deben considerarse los efectos de las acciones.Para distinguir si se trata de un dilema moral o de un dilema ético habría que considerar si el conflicto se produce entre valores propios del individuo o entre normas del grupo social. W.D. Ross sugiere recurrir a los principios prima facie para poder identificar en cada caso cuales son los principios que entran en conflicto y determinar cual sería el más importante en la situación que se está considerando, aquél que constituye la obligación principal. Si ello es posible el dilema se resuelve, en muchos casos en forma espontánea y sin reflexionar. Pero en otros casos, y estos pueden ser definidos como los auténticos dilemas, esta solución no es posible ya que no resulta factible determinar cual de los principios implicados en la situación es el más significativo, cual de los cursos asequibles constituye una obligación de carácter absoluto. Algunos sugieren recurrir al concepto del “bien intrínseco más elevado”, el principio moral de mayor nivel.

Ética

La ética o filosofía moral es la disciplina que justamente se ocupa de aquello que es moralmente bueno o malo, correcto o incorrecto. Es la rama de la filosofía que evalúa el comportamiento humano y, en tal sentido, sistematiza, defiende y recomienda criterios referidos a comportamientos correctos e incorrectos. El término se deriva de la palabra griega ethika que proviene de ethos que significa comportamiento o costumbre. En general, los términos ética y moral son utilizados como sinónimos (el primero proviene del griego y el segundo del latín). Pero muchos afirman que no es correcto hacerlo. Algunos sostienen que la ética es el estudio de la moral. Otros que la ética se ocupa del comportamiento del individuo que puede ser derivado de su propio carácter (ethos) y la moral se refiere en cambio a las costumbres (mores) que regulan los comportamientos de las personas en tanto que miembros de un grupo social. Cf. Pelayo García Sierra, Diccionario Filosófico, Filosofía en español, Oviedo, 2000.Teorías deontológicas (no consecuencialistas) la moralidad de basa en principios fundamentales de obligaciones que los seres humanos tienen que cumplir con independencia de las consecuencias que puedan derivarse de sus acciones. Teorías consecuencialistas o teleológicas. Tal como el término “teleológico” indica es el resultado final de una acción el sólo determinante de su carácter moral. Este enfoque requiere de las personas que actúen de modo de producir el mayor bien en general. A lo largo de la vida y en todo tipo de situaciones las personas se ven enfrentadas al hecho de tener que tomar decisiones que pueden tener algún tipo de implicación moral. En muchos casos no se tiene noción de ello y, en consecuencia, no se definen o identifican los valores y reglas morales que han orientado las acciones emprendidas. Pero, aun implícitamente, los mismos existen a pesar de que la falta de conocimiento puede conducir a tomar decisiones pobremente razonadas e informadas.

Falacia

Un razonamiento es falaz cuando, a primera vista, parece apropiadamente fundado en razones que, un análisis más profundo y cuidadoso revela que no ofrecen un real sustento para los juicios morales que del mismo se derivan. Los lógicos han analizado un conjunto numeroso de falacias. Algunas de las más comunes en son las siguientes: Falacia naturalista: no incluye en el argumento una premisa con principios normativos y, a partir de un razonamiento que sólo incluye enunciados descriptivos, se pretende inferir conclusiones prescriptivas (juicios morales). Ejemplo: El capitalismo se caracteriza por la competencia y la apropiación de recursos. En la naturaleza compiten tanto los animales como las plantas. Por lo tanto, el capitalismo es la forma más natural de organización económica. Falacia del non sequitur: se presenta en el argumento un tópico irrelevante para distraer la atención de la cuestión principal. Esto implica que la conclusión (juicio moral) no se deriva de las premisas. Ejemplo: Los cursos para dejar de fumar son muy efectivos. Muchos dejan el hábito y aun hay quienes nunca lo adquieren. Falacia del legalismo moral: sostiene que alguna acción es moralmente aceptable o inaceptable de acuerdo con que las leyes la acepten o la proscriban. Ejemplo: Es lógico que se comporte de esa manera pues los seres humanos siempre lo han hecho así. Está en la misma naturaleza humana.